La caida de los gigantes (Fall of Giants)

( 3 )

Overview

"ESTA ES LA HISTORIA DE MIS ABUELOS Y DE LOS VUESTROS, DE NUESTROS PADRES Y DE NUESTRAS PROPIAS VIDAS. DE ALGUNA FORMA ES LA HISTORIA DE TODOS NOSOTROS". —KEN FOLLETT

Tras el éxito de Los pilares de la Tierra y Un mundo sin fin, Ken Follett presenta esta gran novela épica que narra la historia de cinco familias durante los años turbulentos de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la lucha de hombres y mujeres por sus derechos.

La historia empieza en 1911, el día de la ...

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La caída de los gigantes

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Overview

"ESTA ES LA HISTORIA DE MIS ABUELOS Y DE LOS VUESTROS, DE NUESTROS PADRES Y DE NUESTRAS PROPIAS VIDAS. DE ALGUNA FORMA ES LA HISTORIA DE TODOS NOSOTROS". —KEN FOLLETT

Tras el éxito de Los pilares de la Tierra y Un mundo sin fin, Ken Follett presenta esta gran novela épica que narra la historia de cinco familias durante los años turbulentos de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la lucha de hombres y mujeres por sus derechos.

La historia empieza en 1911, el día de la coronación del rey Jorge V en la abadía de Westminster. El destino de los Williams, una familia minera de Gales, está unido por el amor y la enemistad al de los Fitzherbert, aritócratas y propietarios de unas minas de carbón. Lady Maud Fitzherbert se enamorará de Walter von Ulrich, un joven espía en la embajada alemana de Londres. Sus vidas se entrelazarán con la de un asesor progresista del presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, y la de dos hermanos rusos a los que la guerra y la revolución les ha arrebatado su sueño de buscar fortuna en América.

Desde Washington hasta San Petersburgo, desde la inmundicia y los peligros de las minas de carbón hasta los candelabros lujosos de los palacios de la aristocracia, pasando por los pasillos de la Casa Blanca y el parlamento de Westminster, Ken Follett, en su novela más ambiciosa, nos ofrece un esmerado retrato de una época y de las pasiones que espolearon la vida de sus personajes.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780307741189
  • Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
  • Publication date: 9/28/2010
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish Language Edition
  • Pages: 1024
  • Sales rank: 364,245
  • Product dimensions: 5.22 (w) x 8.00 (h) x 1.70 (d)

Meet the Author

Ken Follett nació en Cardiff (Gales) y cuando tenía diez años su familia se mudó a Londres. Se licenció en filosofía en la Universidad de Londres y posteriormente se dedicó al periodismo. Durante sus años de reportero empezó a escribir obras de ficción. Sin embargo hasta 1978 no se convirtió en escritor de éxito, con la publicación de El ojo de la aguja. A partir de entonces, cada novela de Ken Follett se convierte en un éxito internacional. Actualmente vive en una vieja rectoría de Hertfordshire con su esposa Barbara.

Biography

As a young boy growing up in Cardiff, Wales, Ken Follett's love for all things literary began early on. The son of devoutly religious parents who didn't allow their children to watch television or even listen to the radio, Follett found himself drawn to the library. It soon became his favorite place -- its shelves full of stories providing his escape, and ultimately, his inspiration.

Follett's more formal education took place years later at London's University College, where he studied philosophy -- a choice that, as he explains on his official Web site, he believes guided his career as an author. "There is a real connection between philosophy and fiction," Follet explains. "In philosophy you deal with questions like: ‘We're sitting at this table, but is the table real?' A daft question, but in studying philosophy, you need to take that sort of thing seriously and have an off-the-wall imagination. Writing fiction is the same."

After graduating in 1970, a journalism class touched off Follett's career as a writer. He started out covering beats for the South Wales Echo, and later wrote a column for London's Evening News. Becoming more and more interested in writing fiction on evenings and weekends, however, Follett soon realized that books were his true business, and in 1974 he went to work for Everest Books, a humble London publishing house.

After releasing a few of his own novels to less than thunderous acclaim --including The Shakeout (1975) and Paper Money (1977) -- Follett finally hit it big with 1978's Eye of the Needle. The taut, edgy thriller with more than a dash of sex appeal flew off the shelves, winning the Edgar award and allowing Follett to quit his job and get to work on his next book, Triple. Showing no signs of a sophomore slump, Triple went on to spark a string of bestselling spy thrillers, including The Key to Rebecca (1980), The Man from St. Petersburg (1982), and Lie Down with Lions (1986). 1983's On Wings of Eagles was an interesting departure -- a nonfiction account of how two of Ross Perot's employees were rescued from Iran in 1979.

Follett changed direction even more sharply in 1989, surprising fans with The Pillars of the Earth -- a novel set in the Middle Ages many critics considered his crowning achievement. "A novel of majesty and power," said The Chicago Sun-Times of Follett's epic story. "It will hold you, fascinate you, surround you."

Follett's next three books were a trio considered to be more suspenseful than thrill-filled -- Night Over Water (1991), A Dangerous Fortune (1993) and A Place Called Freedom (1995), but The Third Twin (1996) and The Hammer of Eden (1998) marked a return to Follett's trademark capers. The wartime novels Code to Zero (2000) and Jackdaws (2001) showcased Follett's "unique ability to tell stories of international conflict and tell them well," according to Larry King in USA Today.

Follett "hits the mark again" (Publishers Weekly) with his latest story of international intrigue, Hornet Flight (2002) -- the WWII story of a young couple trying to escape occupied Denmark in a rebuilt Hornet Moth biplane who become unwitting carriers of top-secret information.

In a way, Follett's smash-hit success has allowed him to give back to the library of Cardiff, Wales -- by filling its shelves with his own transporting tales.

Good To Know

Eye of the Needle was made into a major motion picture, and four of Follett's books have been made into television mini-series: The Key to Rebecca, Lie Down with Lions, On Wings of Eagles and The Third Twin -- the rights for which were sold to CBS for the record sum of $1,400,000.

A very civic-minded soul, Follett is quite involved in his Hertfordshire community, serving as President of the Dyslexia Institute, Council Member of the National Literacy Trust, Fellow of the Royal Society of Arts, Chair of Governors of the Roebuck Primary School & Nursery, Patron of Stevenage Home-Start, director of the Stevenage Leisure Ltd. and Vice-President of the Stevenage Borough Football club.

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    1. Hometown:
      Hertfordshire, England
    1. Date of Birth:
      June 5, 1949
    2. Place of Birth:
      Cardiff, Wales
    1. Education:
      B.A. in Philosophy, University College, London, 1970

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Primera Parte

El cielo amenazador

2
Enero de 1914

I
El conde Fitzherbert, de veintiocho años de edad, conocido por su familia y amigos como Fitz, era el noveno hombre más rico de toda Gran Bretaña.

No había hecho nada en absoluto para ganar sus cuantiosos ingresos, sino que sencillamente, se había limitado a heredar miles de hectáreas de tierra en Gales y en Yorkshire. Las granjas no producían muchos beneficios, pero debajo de ellas había grandes cantidades de carbón, y el abuelo de Fitz se había hecho inmensamente rico otorgando las concesiones para le explotación del mineral.

Estaba claro que era la voluntad de Dios que los Fitzherbert gobernasen a sus semejantes y que viviesen de manera acorde a su condición, pero Fitz pensaba que no había hecho nada que justificase la fe que Dios había depositado en él.

Su padre, el anterior conde, había sido un caso distinto. Oficial de la Armada, había sido nombrado almirante tras el bombardeo de Alejandría en 1882, se había convertido en embajador británico en San Petersburgo y, finalmente, había sido ministro en el gabinete de lord Salisbury. Los conservadores perdieron las elecciones generales de 1906 y el padre de Fitz murió escasas semanas más tarde, una muerte precipitada —de eso Fitz estaba seguro— por el hecho de ver a liberales irresponsables como David Lloyd George y Winston Churchill hacerse cargo del gobierno de Su Majestad.

Fitz ocupó su escaño en la Cámara de los Lores, la cámara legislativa superior del Parlamento británico, como par conservador. Hablaba un francés muy correcto y se defendía en ruso, y su sueño era llegar a convertirse algún día en jefe del Foreign Office. Por desgracia, los liberales no dejaban de ganar las elecciones continuamente, de modo que aún no había tenido ocasión de ser ministro del gobierno.

Su carrera militar había sido igual de mediocre. Había asistido a la academia de entrenamiento de oficiales del ejercito de Sandhurst, y pasó tres años con el regimiento de los Fusileros Galeses para convertirse en capitán. Tras su matrimonio abandonó la carrera militar, pero pasó a ser coronel honorífico de los Territorials de Gales del Sur. Lamentablemente, los coroneles honoríficos nunca ganaban medallas.

Sin embargo, había algo de lo que sí se sentía orgulloso, pensaba mientras la locomotora de vapor avanzaba por los valles del sur del País de Gales: dos semanas más tarde, el rey en persona iba a pasar unos días en la casa de campo de Fitz. El rey Jorge V y el padre de Fitz habían sido compañeros en la Armada en su juventud. Recientemente, el rey había expresado su deseo de conocer qué era lo que pensaban sus súbditos más jóovenes, y Fitz había organizado una discreta velada en casa para que Su Majestad conociera a algunos de los más brillantes de su generación. En aquellos momentos, Fitz y su esposa, Bea, iban de camino a la mansión para terminar de disponerlo todo para la visita del monarca.

Fitz sentía un gran apego por las tradiciones. No había nada en la historia de la humanidad capaz de rivalizar con la estabilidad que proporcionaba el orden establecido, basado en los cuatro estamentos de la sociedad: monarquía, aristocracia, comerciantes y campesinado. Sin embargo, al mirar por la ventanilla del tren, como en esos precisos momentos, veía que la sombra de una seria amenaza pendía sobre las costumbres tradicionales de la sociedad británica, una amenaza mayor que cualquiera de las que se hubiesen cernido sobre ella en los cuatrocientos años anteriores. Cubriendo por completo las laderas de los montes, otrora tan verdes, extendiéndose como una plaga de manchas grisáceas en las hojas de los rododendros, surgían las casas de los mineros del carbón. En aquellas mugrientas casuchas se hablaba de republicanismo, de ateísmo y de revolución. Solo había pasado un siglo más o menos desde que habían llevado a la nobleza francesa en carretas hasta la guillotina, y lo mismo ocurriría allí si algunos de aquellos mineros musculosos con la cara tiznada lograban salirse con la suya.

Fitz estaría encantado de renunciar a las ganancias que obtenía del carbón, se dijo, con tal de que Gran Bretaña volviese a la sencillez de otros tiempos. La familia real era un poderoso bastión contra la insurrección. Sin embargo, además de hacerle sentirse orgulloso, la visita del monarca también le provocaba cierta inquietud, pues había muchas cosas que podían salir mal. Con la realeza, cualquier descuido podía ser una señal de negligencia y, por tanto, una falta de respeto. Hasta el último detalle del fin de semana sería comentado posteriormente, por los sirvientes de los visitantes a otros sirvientes y, de estos, a los señores de dichos sirvientes, por lo que todas las damas de la alta sociedad londinense acabarían sabiendo si, durante su estancia en Ty Gwyn, al rey la habían dado una almohada demasiado dura, una patata podrida o la botella de champán equivocada.

El Rolls-Royce Silver Ghost de Fitz estaba esperándolos en la estación de ferrocarril de Aberowen. Se sentó junto a Bea y el chófer los condujo a lo largo de un kilómetro y medio hasta Ty Gwyn, su casa de campo. Estaba cayendo una llovizna fina pero pertinaz, como era habitual en Gales.

«Ty Gwyn» significaba «Casa Blanca» en galés, pero el nombre había acabado resultando un tanto irónico porque, como todo lo demás en aquel rincón del mundo, el edificio estaba cubierto por una capa de polvo de carbón, y los bloques de piedra que en otros tiempos habían sido de un blanco inmaculado ofrecían en esos momentos un color gris oscuro que emborronaba las faldas de las señoras que, en un descuido, rozaban las paredes.

Pese a todo, era un edificio manífico que llenaba a Fitz de orgullo a medida que el vehículo avanzaba por el camino de entrada a la casa. La mansión privada más grande de todo el País de Gales, Ty Gwyn contaba con doscientas habitaciones. Una vez, de pequeño, él y su hermana, Maud, contaron las ventanas hasta sumar un total de 523. Había sido construida por su abuelo, y en el diseño de las tres plantas se apreciaba una agradable armonía. Los ventanales de la planta noble eran altos y dejaban entrar una gran cantidad de luz en los majestuosos salones. En la planta superior había multitud de habitaciones de invitados, mientras que en la buhardilla se hallaban los innumerables dormitorios del esrvicio que, aun siendo minúsculos, eran evidentes por las largas hileras de lucernarios que poblaban los tejados en pendiente.

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First Chapter

La caída de los gigantes


By Ken Follett

Vintage

Copyright © 2010 Ken Follett
All right reserved.

ISBN: 9780307741189

Primera Parte

El cielo amenazador


2
Enero de 1914

I
El conde Fitzherbert, de veintiocho años de edad, conocido por su familia y amigos como Fitz, era el noveno hombre más rico de toda Gran Bretaña.

No había hecho nada en absoluto para ganar sus cuantiosos ingresos, sino que sencillamente, se había limitado a heredar miles de hectáreas de tierra en Gales y en Yorkshire. Las granjas no producían muchos beneficios, pero debajo de ellas había grandes cantidades de carbón, y el abuelo de Fitz se había hecho inmensamente rico otorgando las concesiones para le explotación del mineral.

Estaba claro que era la voluntad de Dios que los Fitzherbert gobernasen a sus semejantes y que viviesen de manera acorde a su condición, pero Fitz pensaba que no había hecho nada que justificase la fe que Dios había depositado en él.

Su padre, el anterior conde, había sido un caso distinto. Oficial de la Armada, había sido nombrado almirante tras el bombardeo de Alejandría en 1882, se había convertido en embajador británico en San Petersburgo y, finalmente, había sido ministro en el gabinete de lord Salisbury. Los conservadores perdieron las elecciones generales de 1906 y el padre de Fitz murió escasas semanas más tarde, una muerte precipitada —de eso Fitz estaba seguro— por el hecho de ver a liberales irresponsables como David Lloyd George y Winston Churchill hacerse cargo del gobierno de Su Majestad.

Fitz ocupó su escaño en la Cámara de los Lores, la cámara legislativa superior del Parlamento británico, como par conservador. Hablaba un francés muy correcto y se defendía en ruso, y su sueño era llegar a convertirse algún día en jefe del Foreign Office. Por desgracia, los liberales no dejaban de ganar las elecciones continuamente, de modo que aún no había tenido ocasión de ser ministro del gobierno.

Su carrera militar había sido igual de mediocre. Había asistido a la academia de entrenamiento de oficiales del ejercito de Sandhurst, y pasó tres años con el regimiento de los Fusileros Galeses para convertirse en capitán. Tras su matrimonio abandonó la carrera militar, pero pasó a ser coronel honorífico de los Territorials de Gales del Sur. Lamentablemente, los coroneles honoríficos nunca ganaban medallas.

Sin embargo, había algo de lo que sí se sentía orgulloso, pensaba mientras la locomotora de vapor avanzaba por los valles del sur del País de Gales: dos semanas más tarde, el rey en persona iba a pasar unos días en la casa de campo de Fitz. El rey Jorge V y el padre de Fitz habían sido compañeros en la Armada en su juventud. Recientemente, el rey había expresado su deseo de conocer qué era lo que pensaban sus súbditos más jóovenes, y Fitz había organizado una discreta velada en casa para que Su Majestad conociera a algunos de los más brillantes de su generación. En aquellos momentos, Fitz y su esposa, Bea, iban de camino a la mansión para terminar de disponerlo todo para la visita del monarca.

Fitz sentía un gran apego por las tradiciones. No había nada en la historia de la humanidad capaz de rivalizar con la estabilidad que proporcionaba el orden establecido, basado en los cuatro estamentos de la sociedad: monarquía, aristocracia, comerciantes y campesinado. Sin embargo, al mirar por la ventanilla del tren, como en esos precisos momentos, veía que la sombra de una seria amenaza pendía sobre las costumbres tradicionales de la sociedad británica, una amenaza mayor que cualquiera de las que se hubiesen cernido sobre ella en los cuatrocientos años anteriores. Cubriendo por completo las laderas de los montes, otrora tan verdes, extendiéndose como una plaga de manchas grisáceas en las hojas de los rododendros, surgían las casas de los mineros del carbón. En aquellas mugrientas casuchas se hablaba de republicanismo, de ateísmo y de revolución. Solo había pasado un siglo más o menos desde que habían llevado a la nobleza francesa en carretas hasta la guillotina, y lo mismo ocurriría allí si algunos de aquellos mineros musculosos con la cara tiznada lograban salirse con la suya.

Fitz estaría encantado de renunciar a las ganancias que obtenía del carbón, se dijo, con tal de que Gran Bretaña volviese a la sencillez de otros tiempos. La familia real era un poderoso bastión contra la insurrección. Sin embargo, además de hacerle sentirse orgulloso, la visita del monarca también le provocaba cierta inquietud, pues había muchas cosas que podían salir mal. Con la realeza, cualquier descuido podía ser una señal de negligencia y, por tanto, una falta de respeto. Hasta el último detalle del fin de semana sería comentado posteriormente, por los sirvientes de los visitantes a otros sirvientes y, de estos, a los señores de dichos sirvientes, por lo que todas las damas de la alta sociedad londinense acabarían sabiendo si, durante su estancia en Ty Gwyn, al rey la habían dado una almohada demasiado dura, una patata podrida o la botella de champán equivocada.

El Rolls-Royce Silver Ghost de Fitz estaba esperándolos en la estación de ferrocarril de Aberowen. Se sentó junto a Bea y el chófer los condujo a lo largo de un kilómetro y medio hasta Ty Gwyn, su casa de campo. Estaba cayendo una llovizna fina pero pertinaz, como era habitual en Gales.

«Ty Gwyn» significaba «Casa Blanca» en galés, pero el nombre había acabado resultando un tanto irónico porque, como todo lo demás en aquel rincón del mundo, el edificio estaba cubierto por una capa de polvo de carbón, y los bloques de piedra que en otros tiempos habían sido de un blanco inmaculado ofrecían en esos momentos un color gris oscuro que emborronaba las faldas de las señoras que, en un descuido, rozaban las paredes.

Pese a todo, era un edificio manífico que llenaba a Fitz de orgullo a medida que el vehículo avanzaba por el camino de entrada a la casa. La mansión privada más grande de todo el País de Gales, Ty Gwyn contaba con doscientas habitaciones. Una vez, de pequeño, él y su hermana, Maud, contaron las ventanas hasta sumar un total de 523. Había sido construida por su abuelo, y en el diseño de las tres plantas se apreciaba una agradable armonía. Los ventanales de la planta noble eran altos y dejaban entrar una gran cantidad de luz en los majestuosos salones. En la planta superior había multitud de habitaciones de invitados, mientras que en la buhardilla se hallaban los innumerables dormitorios del esrvicio que, aun siendo minúsculos, eran evidentes por las largas hileras de lucernarios que poblaban los tejados en pendiente.

Continues...

Excerpted from La caída de los gigantes by Ken Follett Copyright © 2010 by Ken Follett. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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  • Posted November 18, 2010

    A british Tolstoi!

    Great book, great writer! Here´s a work of unusual scope. The real thing, really. If you loved, like me, Follett´s previous novels, you can´t miss this one. This trilogy might very well be the War and Peace of the 21st century.

    3 out of 3 people found this review helpful.

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  • Posted July 7, 2014

    Highly recommended

    Excelente. Ubica al lector en tiempo, ciudades y paises, que son parte de la historia contada.

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  • Anonymous

    Posted September 10, 2013

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