La catastrofe que viene: El Hombre, naturaleza y calentamiento global
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La catastrofe que viene: El Hombre, naturaleza y calentamiento global

by Elizabeth Kolbert
     
 

La catástrofe que viene es el libro de referencia sobre el cambio climático, un tema crucial y el mayor desafío de nuestros tiempos

Conocida por su periodismo político perspicaz e inquisitivo, Elizabeth Kolbert nos trae un libro clave del ecologismo contemporáneo que muchos han comparado con el mítico Primavera silenciosa.

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Overview

La catástrofe que viene es el libro de referencia sobre el cambio climático, un tema crucial y el mayor desafío de nuestros tiempos

Conocida por su periodismo político perspicaz e inquisitivo, Elizabeth Kolbert nos trae un libro clave del ecologismo contemporáneo que muchos han comparado con el mítico Primavera silenciosa. Uniendo sus vastos conocimientos científicos a entrevistas a pie de campo con personas que han presenciado la innegable variación del clima en los últimos años, Kolbert ha escrito un libro imprescindible para comprender la manera en que el calentamiento global está afectando nuestras vidas. La autora se pregunta qué podemos hacer, si es que podemos hacer algo, para salvar el planeta.

Product Details

ISBN-13:
9780061713514
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
04/07/2009
Edition description:
Spanish Language Edition
Pages:
224
Product dimensions:
5.31(w) x 8.00(h) x 0.50(d)

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La catastrofe que viene
Hombre, la naturaleza y calentamiento global<p><b>Cap&#237;tulo Uno</b></p>

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Shishmaref, Alaska
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El pueblo de Shishmaref, en Alaska, está situado en un isla conocida como Sarichef, a ocho kilómetros de la costa de la península de Seward. Es una isla pequeña, de apenas medio kilómetro de ancho y cuatro de largo, y ese núcleo de población es prácticamente lo único que hay en ella. Al norte, limita con el mar de Chukchi, y en el resto de las direcciones con la Reserva Nacional del Puente de Tierra de Bering, que tal vez sea uno de los menos visitados del país. Durante la última era glaciar, esta lengua de tierra&#8212;expuesta por un descenso del nivel del mar de más de noventa metros&#8212;alcanzó casi los mil quinientos kilómetros. La reserva ocupa la parte de la misma que, después de diez mil años de calor, aún sobresale del agua.
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Shishmaref (591 habitantes) es una aldea inupiat y ha estado habitada, al menos de manera estacional, durante muchos siglos. Como ocurre con muchas aldeas indígenas de Alaska, allí la vida combina&#8212;a veces de manera desconcertante&#8212;lo muy antiguo con lo rotundamente moderno. Casi todo el mundo sigue viviendo de la caza, básicamente de la foca barbuda, pero también de la morsa, el alce, el conejo y las aves migratorias. Cuando visité la aldea una mañana de abril, empezaba el deshielo primaveral, y la estación de la caza defocas estaba a punto de iniciarse. (Al deambular por allí, estuve a punto de pisar los restos de las capturas del año anterior, que emergían ahora de su almacén bajo la nieve.) Al mediodía, el planificador de transporte de la aldea, Tony Weyiouanna, me invitó a almorzar en su casa. En la sala de estar, en un enorme aparato de televisión sintonizado con la emisora local pública, sonaba música de rock. En la pantalla iban apareciendo mensajes como "Feliz cumpleaños a las siguientes personas mayores . . . ".
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Tradicionalmente, los hombres de Shishmaref cazaban focas internándose en el océano helado con trineos tirados por perros; más recientemente, lo hacen con motonieves. Cuando regresan al poblado con la carga de focas, las mujeres las despellejan y curan la carne, un proceso que dura varias semanas. A principios de la década de 1990, los cazadores empezaron a darse cuenta de que el hielo oceánico estaba cambiando. (Aunque eso de que los esquimales tienen cientos de palabras para referirse a la nieve es una exageración, sí es cierto que los inupiat distinguen entre muchos tipos diferentes de hielo, como es el caso del <i>sikuliaq</i>, "hielo nuevo", el sarri, "hielo compacto" y el <i>tuvaq</i>, "hielo terrestre".) El hielo empieza a formarse a finales del otoño, y a resquebrajarse a principios de la primavera. En el pasado, se podían adentrar hasta treinta kilómetros en el mar; ahora, en la época de la llegada de las focas, el hielo estaba quebradizo a la mitad de esa distancia de la costa. Weyiouanna dijo que tenía la consistencia de un "cachorro peludo". "Cuando te lo encuentras&#8212;dijo&#8212;, se te erizan los cabellos. Debes estar muy alerta. Ni siquiera puedes pestañear." Resultaba demasiado peligroso cazar entonces usando las motonieves, y los hombres tuvieron que recurrir a los botes.
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Muy pronto, los cambios experimentados por el hielo marino ocasionaron otros problemas. En su punto más elevado, Shishmaref está a sólo unos seis metros y medio por encima del nivel del mar, y las viviendas, en su mayoría construidas por el gobierno de los Estados Unidos, son pequeñas, cuadradas y no parecen especialmente sólidas. Cuando el mar de Chukchi se congela pronto, la capa de hielo protege la aldea del mismo modo que una lona plástica evita que el viento agite las aguas de una piscina. Pero cuando la congelación del mar se retrasa, Shishmaref es muy vulnerable al oleaje provocado por las tormentas. Una de ellas, en octubre de 1997, se llevó una franja de unos cuatrocientos metros de ancho del lado norte del poblado; varias viviendas quedaron destruidas y fue necesario cambiar de lugar una docena de ellas. En octubre de 2001, otra tormenta puso en peligro la aldea con olas de hasta cuatro metros. En el verano de 2002, los habitantes de Shishmaref decidieron, por ciento sesenta y un votos a favor y veinte en contra, trasladar el poblado a tierra firme. En 2004, el cuerpo de ingenieros de la marina de los Estados Unidos completó un estudio sobre los lugares más adecuados. La mayor parte de los considerados para levantar el nuevo poblado están en zonas tan remotas como Sarichef, sin caminos de acceso ni ciudades próximas ni otro tipo de asentamiento cercano. Se calcula que el cambio completo le costaría al gobierno estadounidense unos 180 millones de dólares.
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La gente con la que hablé en Shishmaref expresaba sentimientos contradictorios con respecto a la mudanza propuesta. Algunos temían que el abandono de la pequeña isla los aislase del mar, sin el cual se sentirían perdidos. "Me produce un sentimiento de soledad", me dijo una mujer. Otros parecían eufóricos ante la perspectiva de conseguir ciertas comodidades, como agua corriente, de la que carece Shishmaref. En cualquier caso, todos parecen estar de acuerdo en que la situación del poblado, que ya es pésima, sólo podría ir a peor.
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Morris Kiyutelluk, que tiene sesenta y cinco años, ha vivido en Shishmaref casi toda su vida. (Según me dijo, su apellido significa "sin cuchara de madera".) Hablé con él mientras esperaba en el sótano de la iglesia del poblado, que sirve también de sede a un grupo denominado Coalición de Erosión y Traslado de Shishmaref. "La primera vez que oí hablar del calentamiento global pensé, no creo ni una palabra de estos japoneses&#8212;me comentó Kiyutelluk&#8212;. Pero, el caso es que tienen muy buenos científicos, y resultó ser cierto."
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La catastrofe que viene
Hombre, la naturaleza y calentamiento global
. Copyright (c) by Elizabeth Kolbert . Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

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