La chispa: Cómo activar los 10 impulsores humanos que te hacen sentir vivo

La chispa: Cómo activar los 10 impulsores humanos que te hacen sentir vivo

by Brendon Burchard
     
 

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From the author of the #1 New York Times bestseller The Millionaire Messenger, an electrifying and inspiring book that provides the keys to motivating yourself to satisfy your highest, most essential creative and intellectual needs.See more details below

Overview

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Editorial Reviews

From the Publisher
“Hace tiempos no teníamos un libro sobre desarrollo personal que cambiara totalmente las reglas del juego. La espera ha terminado. La carga es un reto a nuestras más íntimas creencias acerca de lo que nos impulsa como seres humanos e ilumina de forma muy brillante el camino que nos lleva hacia la manera como podemos llegar a sentirnos más activos, más productivos y más plenos. Después de leer este libro, notará un nuevo cambio interno más fuerte y más energizado que lo que jamás habría podido imaginar”.

—Jack Canfield, coautor de la serie Sopa de pollo para el alma y autor de Los principios del éxito.

Product Details

ISBN-13:
9781451679106
Publisher:
Free Press
Publication date:
05/29/2012
Sold by:
SIMON & SCHUSTER
Format:
NOOK Book
Pages:
304
File size:
2 MB

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Meet the Author

Brendon Burchard is the founder of High Performance Academy and author of the #1 Wall Street Journal bestseller The Charge: Activating the 10 Human Drives that Make You Feel Alive, and the #1 New York Times and #1 USA TODAY bestseller The Millionaire Messenger. He is widely recognized as the world’s leading trainer on the topics of motivation and high performance. His famous training events and videos inspire millions of people to start anew, find their voice, live more fully, and make a greater difference in the world. Visit him at BrendonBurchard.com.

Read an Excerpt

Capítulo uno

SALIR DE LA OSCURIDAD

Durante los últimos quince años como estudiante y entrenador de alto rendimiento, he tenido la fortuna de ver las dramáticas transformaciones que las personas pueden lograr día tras día en sus vidas, cuando simplemente se deciden a ascender y salir de esa mediocridad de media luz de una existencia sin compromisos ni satisfacciones. He visto también otros que aunque ya llevan vidas felices, amplían sus niveles de gozo y satisfacción hasta un punto que jamás habrían imaginado. Sin importar en qué punto de ese espectro se encuentre, le ayudará saber en qué tipo de vida se encuentra y qué tipo de persona es, ya que ha llegado temprano y no más tarde a tener esa vida. Teniendo esto en mente, comenzamos con una exploración de tres tipos de vida muy diferentes.

Tres vidas

Una vida con Chispa es muy diferente del tipo de vida que lleva la mayoría de las personas. No porque sea inalcanzable sino más bien porque la mayoría no piensa (o no maneja estratégicamente) lo que será su energía y su compromiso a largo plazo a través de su vida —lo que llamaremos su “nivel de chispa”. No es así como piensan en sus vidas, porque la mayoría simplemente procura hacer acopio de la energía suficiente para soportar cada uno de sus recargados y extenuantes días. Van avanzando de una semana a la próxima, sólo intentando llegar hasta el sábado, cuando se dejan caer en el sofá o hacen algo que realmente quieran hacer. Lo que con frecuencia no entienden es que debido a las múltiples ocupaciones de nuestras vidas, se va creando un curioso efecto de miopía que nos impide ver lo que realmente es posible. Cuando uno no puede ver más allá de su agenda, es difícil ver la realidad acumulativa de la persona en la que nos hemos convertido y hacia dónde vamos.

A veces conviene detenerse en medio de todo este frenesí, levantar la cabeza de nuestro ajetreado trabajo y de las pantallas de la computadora y preguntarnos acerca de qué sentimos y cuál es la calidad de vida que llevamos. Deberíamos medir nuestros propios niveles de carga y preguntarnos qué tan entusiasmados estamos con nuestra realidad actual y con nuestro futuro.

Sentirse totalmente cargado, encendido, significa sentirse comprometido, energético y entusiasta; estoy seguro de que eso es algo que todos queremos. Nuestros niveles de carga tienen dos propiedades: calidad e intensidad. La calidad de la carga emocional que tenemos en la vida puede ser positiva o negativa, y puede ser también de baja intensidad (como un motor que escasamente hace ruido) o de alta intensidad (como un motor que suena a todo volumen). Entonces, en la situación ideal, todos tendríamos una intensa carga positiva deseable en nuestras vidas. Pero ¿tiene usted esa carga intensa y positiva? ¿Es la calidad e intensidad de la carga que actualmente experimenta día tras día lo que siempre había esperado experimentar en la vida? ¿Esa energía que usted trasmite a su trabajo tiene la calidad e intensidad como para inspirarlo e inspirar a los demás? ¿Esa carga de energía que trasmite a su cónyuge, a sus hijos, tiene la calidad e intensidad que comunique de manera efectiva la adoración y el afecto que siente hacia ellos?

Después de quince años de estudiar la condición humana, he llegado a ver que las personas tienden a vivir uno de tres tipos de vida. Usted corresponde a una de esas vidas en la actualidad y puede decidir mantenerla, ampliarla o cambiarla por completo. Examinemos en detalle los tres tipos de vida para poder diferenciar mejor la vida que realmente tiene Chispa, de las otras y luego entrar al proceso de crearla de forma estratégica.


Muchos viven su vida enjaulados ya sea en el pasado o en las expectativas de otros. Nunca se han aventurado realmente a salir a lo desconocido ni han buscado la forma de romper los límites que otros les han fijado. Debido a que han permitido que otras personas o que su pasado les indique quiénes son, sus identidades están confinadas en una caja hermética de creencias acerca de lo que es posible para ellos. Por consiguiente, su experiencia en la vida y sus pensamientos, sentimientos y comportamientos en su diario vivir son restringidos. Generalmente se sienten atados al lugar donde se encuentran, restringidos por experiencias que nunca pudieron superar, dominados por los resultados de ayer, temerosos de decepcionar a sus amos—amos que, muy probablemente, sólo existen en sus mentes. Sentir que el mundo los ha encajonado en una cierta forma de ser y que no les permite escapar, atándolos a falsos o injustos rótulos, expectativas o suposiciones.

Desde que nacemos se nos engaña con palos y zanahorias para que hagamos lo que otros quieren. Quienes nos “manejaban” o nos cuidaban, querían que presentáramos ante el mundo una cierta imagen o una determinada identidad. A veces, nos instaban a comportarnos como ellos querían, ofreciéndonos premios de aceptación y amor. En otras oportunidades, es posible que hayan sido más estrictos. El resultado final fue, inevitablemente, que adaptamos nuestras conductas y nuestros deseos de forma que concordaran con recompensas externas. Después de un tiempo, fue fácil aceptar esta realidad como rutina. Siempre que recibiéramos atención, cuidado y recompensas, estar en un corral era, hasta cierto punto, algo muy ventajoso.

Así se sentía Moriah, una cliente que atendí en una ocasión; atrapada por su deseo de ganarse la aprobación y el amor de los demás. Cuando empecé a tratarla, no dejaba de quejarse, “Nadie me entiende ni me da una oportunidad; soy sólo una prisionera de lo que quieren y piensan de mi los demás”. A pesar de esta queja, nunca se arriesgó a expresar quién era y lo que ella esperaba de la vida. Había ido al colegio al que sus padres quisieron que fuera, aceptó un empleo que sus amigos pensaron que era bueno para ella, y se mudó a una ciudad en la que su novio siempre había deseado vivir (y que ella odiaba, en secreto). Se movía, hablaba y actuaba como pensaba que los demás querían que lo hiciera y nunca se atrevió a separarse mucho de sus rutinas por miedo a fallar y ser juzgada por los demás. Toda su existencia era una proyección de los deseos de otros, y nunca tuvo la fuerza suficiente para mirarse al espejo y preguntarse qué era lo que realmente quería.

Esta es una vida aprisionada, obediente. En algún momento, todos hemos experimentado esta represión que nos hace ver como seres sin voluntad. Nos sentimos atrapados, controlados, ansiosos por liberarnos. No todos nos hemos liberado, y esta es la parte que realmente nos hace pensar: algunos nunca lo lograrán.

Hay sólo dos formas de salir del corral. La primera se da cuando por casualidad o por cosas del destino, la vida da un vuelco y destroza nuestra cómoda realidad haciendo que se rompa la cerca para siempre. La segunda forma de salir de allí es por voluntad propia, y requiere un enorme esfuerzo personal. Sucede cuando al fin decidimos explorar más allá de la cerca del corral de nuestra experiencia motivada por el afán de aprobación y el temor de no ser aceptados para ver si la vida ofrece algo más que estar simplemente restringidos en el corral de otro. Esto sucede cuando hacemos lo único que ha permitido que alguien diseñe su futuro de forma diferente: optar conscientemente por una nueva autoimagen y una nueva vida y luchar para forjarla y hacerla realidad al alinear de forma consistente nuestros pensamientos y conductas para lograrlo.


Para muchos de nosotros nuestra vida no es algo tan aterrador como la vida encajonada. A través del trabajo, la dedicación y las circunstancias afortunadas, somos muchos los que vivimos lo que yo llamaría la vida cómoda. Hemos tomado caminos similares hacia la independencia, la oportunidad y la libertad. Tenemos casas, cónyuges, autos e hijos. Nos sentimos comprometidos y agradecidos por nuestras vidas. Sabemos que hemos renunciado a ciertas cosas —nuestra vida ahora tiene un menor componente de aventura, unas cuantas horas más de trabajo en la oficina— pero sabíamos a qué nos estábamos comprometiendo. Veíamos a nuestros amigos y compañeros en una situación similar, y parecían satisfechos.

Después, un buen día, viene alguien que nos pregunta sobre nuestra vida, y uno se sorprende al oír que responde, “Bueno, todo está… ya sabes… muy bien”.

Los problemas comienzan cuando en el subconsciente empiezan a aparecer interrogantes como: ¿Es esto lo que realmente quería? ¿Es esto todo lo que la vida ofrece? ¿He renunciado a demasiadas cosas? ¿Estoy viviendo mi vida o estoy viviendo la de alguien más? ¿No soy yo una persona más creativa, más atractiva y espontánea y más ambiciosa que esto?

Con frecuencia, nuestro cerebro responde a estos pensamientos con una aguda herramienta de culpabilidad: No sabes la vida tan buena que tienes. Deberías ser mucho más agradecido. ¿No puedes conformarte simplemente con lo que tienes?

Debido más a la rutina que a un corral, empezamos a sentirnos atrapados. No te engañes: las trampas son mucho menos incómodas y la puerta que lleva a la posibilidad es mucho más grande y más accesible —es un portal de vaivén que te lleva a más y más cada vez. Pero, aún dentro de esta comodidad, hay una cierta inquietud que va tomando cuerpo.

La vida no se considera como algo sin sentido sino como algo misterioso. Uno se pregunta: ¿Cómo vine a terminar aquí? ¿A dónde se fueron mi ambición, mi impulso y mi entusiasmo?

Mientras que el ser encajonado ve el mundo como algo aterrador, el ser cómodo lo ve como insulso. El ser encajonado siente que no tiene potencial; el ser cómodo ha procurado activamente alcanzar su pleno potencial, pero teme que éste haya llegado a su punto máximo. El ser encajonado se siente limitado por las condiciones externas, el ser cómodo se siente limitado por su propio éxito. El ser encajonado siente que no tiene voz y, por consiguiente, no la utiliza; el ser cómodo ha utilizado, compartido y aprovechado su voz… pero ahora se pregunta si esa voz es la correcta, la auténtica.

Hay, sin embargo, una innegable similitud entre la persona encajonada y la que lleva una vida cómoda: ya sea que estén atrapadas dentro de un corral o dentro de las trampas del éxito, ambas desean más color, variedad, creatividad, libertad y conexión. Ambas anhelan una vida con Chispa.


Lo único que se pregunta la persona encajonada es: ¿Sobreviviré? Por consiguiente, el enfoque está siempre en si la persona va a estar segura o resultará herida o lesionada. La persona que lleva la vida cómoda se pregunta: ¿Seré aceptado y tendré éxito? Así que, por lo general, se centra en alcanzar el sentido de pertenencia y en saciarse. La persona que tiene Chispa en su vida se pregunta: ¿Vivo realmente mi verdad y actualizo mi potencial? ¿Llevo una vida inspirada e inspiro a los demás? El hastío, o la falta de propósito, que siente la persona que lleva una vida cómoda no es el repertorio emocional de quien tiene Chispa en su vida, porque el gozo y el propósito de una persona que lleve una vida encendida es comprometerse en el desempeño de nuevas y desafiantes actividades. Mientras que para el ser que lleva una existencia confortable la vida es un misterio, el ser que tiene Chispa considera la vida como algo mágico y significativo. El ser cómodo ve el mundo como algo familiar y, por lo tanto, carente de interés; la persona que vive una vida con Chispa ve ese mismo mundo lleno de posibilidades ilimitadas y emocionantes de crecimiento y progreso.

Quienes llevamos una vida plenamente encendida no nos sentimos distantes ni intranquilos debido a los peligros que podamos enfrentar. No somos pasajeros en una marcha de progreso colectivo —creamos nuestro propio mundo y nuestras propias definiciones de lo que significa vivir y progresar. Llevamos una vida plena y experimentamos la vida que deseamos, sin desear ni pretender llevar las vidas de los demás.

No llevamos años de avanzando a velocidad controlada. Experimentamos la emoción de un control y una presencia plenamente conscientes, la presión que ejercemos sobre el acelerador es exactamente la que requerimos en cada momento, ya sea que queramos avanzar a toda velocidad o ir despacio para disfrutar el panorama.

No estamos atrapados en la monotonía de la rutina ni en una serie de destrezas antiguas o familiares; por el contrario, estamos comprometidos con el presente. A diferencia de lo que ocurre con el ser confortable, deseamos y estamos ansiosos de encontrar retos que pongan a prueba nuestras destrezas. No cuestionamos nuestros méritos ni dudamos de nuestras fortalezas; nos concentramos, en cambio, en una deseo altruista de contribuir al progreso y el bienestar del mundo y orientamos toda nuestra energía a lograrlo.

Cuando vivimos una vida con Chispa no nos preocupa el oleaje; nos preocupa hacer lo que es correcto y significativo. Si por el camino encontramos controversias o sentimientos heridos, los enfrentamos con la debida precaución —pero seguimos adelante.

A primera vista parecería que quienes llevan una vida con Chispa hubieran superado todos los obstáculos y vivieran una existencia encantada. Pero eso no es exactamente así. Es sólo que quienes tienen la Chispa totalmente encendida disfrutan el viaje en el que se encuentran a pesar de los obstáculos que puedan encontrar en el camino; tienen un profundo entusiasmo por enfrentar los retos de la vida y diseñar sus propios destinos. Saben que son obras en construcción, pero disfrutan el hecho de forjarse y de reinventar sus realidades. Así, a diferencia del que lleva una vida encajonada o del que vive una vida confortable, no le piden en absoluto a la realidad ni a la vida que los mantenga saciados. En cambio, se interesan por buscar oportunidades para el cambio y el crecimiento. Se centran con servir y contribuir al mundo. Su credo es: no preguntes qué es lo que recibes del mundo sino más bien qué es lo que le estás dando al mundo.

Para los que viven encajonados o confortables, tener Chispa en la vida parece como una estrella inalcanzable en el firmamento, una energía fogosa y encendida en sui propia órbita. De hecho, la vida con Chispa les parece algo fuera de lo común, impulsada por una energía totalmente diferente y orientada hacia un destino completamente distinto. Sin embargo, quienes viven la vida con Chispa están bien centrados y muchos señalan que también ellos estuvieron alguna vez encajonados o cómodos, o inclusive en ambas situaciones. Porque con frecuencia la condición humana pasa por las etapas de cumplir con obediencia al principio, luego afirmarse pero continuar cooperando o llegando a acuerdos, y por último, descubriendo, decidiendo, exigiendo, la madurez y una búsqueda cada vez más impetuosa de la libertad, la expresión y la contribución. Entonces, la vida con Chispa generalmente nos llama después de que hemos hecho lo que se suponía que debíamos hacer, después de que nos hemos convertido en quienes pensábamos que deberíamos ser, después de que hemos vivido como pensábamos que debíamos vivir. Entonces, la seguridad y la comodidad y el compromiso nos hastían y una ola de intranquilidad y de revolución nos hace avanzar en busca de mayores aventuras y mayor significado.

Cuando la encontramos, la vida con Chispa no se parece a nada de lo que hayamos conocido. Es una constante fuerza de entusiasmo por la vida que parece perpetuarse cualesquiera que sean las circunstancias o retos que enfrentemos.

Conozca a quienes tienen esa Chispa en su vida

Cuando uno descubre que está llevando esa Vida Encendida, somos conscientes de que tenemos una energía alegre y permanente. Nuestra energía es alta, con un total compromiso en lo que realizamos y un entusiasmo palpable por nuestra vida y nuestro futuro.

Hay quienes sugieren que no todo el mundo puede llevar este estilo de vida. Pero ¿por qué no? Quienes tienen “la Chispa” como llamo a los que viven una Vida totalmente Energizada, no nacen con algún tipo de relámpago en sus mentes. No son diferentes de los demás, de ustedes ni de mí. Si en algo se diferencian es en que actúan y perciben tanto al mundo como a ellos mismos de forma diferente. Pocos de ellos culpan a su niñez de lo que hayan decidido o los retos que hayan enfrentado como adultos. No guardan mucho resentimiento ni apego en cuanto a su pasado. No parecen estar desorientados en el presente. Por otra parte, no temen en futuro ni los inevitables obstáculos que la vida les presenta. En esto, de hecho, parecen diferir de los demás.

Pero no es por su falta de apego al temor o a los aspectos negativos de la vida lo que hace que estas personas sean tan fascinantes y estén tan empoderadas. Es más bien su capacidad de irradiar una energía, un compromiso y un entusiasmo bien fundados, positivos y constantes y un entusiasmo por la vida cualquiera que sea la situación en la que se encuentre. Esto no es siempre fácil. Algo que escucho con frecuencia de quienes tiene la Chispa es cómo se esfuerzan, de forma consistente de ser conscientes de sus reacciones y realidades. Se esfuerzan por mantener la Chispa y saben que deben hacerlo. Quienes tienen la Chispa no piensan que su fuerza interna sea un don o una forma “fija” de pensar, ni una personalidad permanente. (Y tienen razón: los expertos en neurociencia han escrito acerca de que el cerebro y la personalidad de los adultos no son “fijos” sino que siguen desarrollándose y madurando con base en nuevas ideas, experiencias y condicionamientos. Estas son buenas noticias para alguien que crea que su cerebro o su personalidad le impiden tener la Chispa.) El hecho es que, quienes tienen la Chispa prestan una atención increíble a sus realidades internas y externas y se esfuerzan por desarrollar las características que todos podrían suponer que son naturales en ellos.

Los siguientes son los siete atributos más comunes que he descubierto en quienes tienen la Chispa:

1. Quienes tienen la Chispa mantienen una actitud abierta y observante del momento.

Conscientes de su pasado, pero no confinados a él, quienes tienen la Chispa conocen y aceptan el presente. Tienden a interrelacionarse con el mundo que se despliega a su alrededor con gran curiosidad, espontaneidad y flexibilidad. No se apresuran a juzgar el significado de las cosas ni se aferran a suposiciones de cómo “deberían” resultar las cosas. Con esta completa paleta de percepción, tienden a ser más pacientes, tolerantes y receptivos acerca de cualquier cosa a la que se enfrenten y a ser más creativos en la forma como interpretan una situación. Consideran que el viaje es tan importante como el destino, por lo que procuran compenetrarse y comprometerse plenamente con el ahora.

2. Quienes tienen la Chispa se orientan hacia el futuro.

Aunque tienen la capacidad de estar presentes en el momento actual, quienes tienen la Chispa tienen visiones y ambiciones muy amplias. Tienen una visión extremadamente detallada del futuro y se esfuerzan por convertir esas visiones en realidades. Quienes tienen la Chispa son optimistas acerca del futuro, y ese optimismo es como un imán que atrae hacia ellos el futuro que desean. Son sinceramente entusiastas acerca de los futuros que prevén para ellos y sienten que tienen la capacidad de dar los pasos necesarios para hacer sus sueños realidad. Consideran que los problemas del presente tienen solución y, por consiguiente, se esfuerzan por resolverlos y por hacer del mundo futuro un mejor lugar.

3. Quienes tienen la Chispa buscan los retos.

Gran parte del entusiasmo por la vida de quienes tienen la Chispa es el resultado de su búsqueda constante de nuevos retos. Como lo podrá ver en los próximos capítulos, los nuevos retos son como golosinas para el cerebro, activan sus centros de placer y sus hormonas. Quienes tienen la Chispa desean esforzarse, expresarse y realizarse y saben que esto no será posible sin enfrentar retos. Quienes tienen la Chispa están dispuestos a hacer frente a cualquier situación que la vida les presente porque están convencidos de que pueden responder a las exigencias de cualquier situación. Esto les permite disfrutar e inclusive encontrar aspectos divertidos dentro del incierto y tumultuoso proceso de desarrollo.

4. Quienes tienen la Chispa se interesan profundamente en los demás y se conectan con ellos.

En otras palabras, quienes tienen la Chispa aman a las demás personas. Tienen un profundo sentido de curiosidad y respeto hacia los demás. Hacen muchas preguntas y con un interés genuino escuchan sus sueños, temores y realidades diarias.

No son simplemente mariposas sociales, ni toman a la ligera sus interacciones con los demás. Por el contrario, tienden a centrarse intensamente en ellos y a establecer auténticas interacciones con todos y sus relaciones tanto con sus amigos como con sus familias son estrechas. Aunque, por lo general, son considerados como personas más abiertas y extrovertidas que otras, son conversadores conscientes, y tienen pocas relaciones superficiales. Ven cada relación en la vida como una oportunidad para conectarse, aprender, crecer y compartir algo de ellos mismos. Quienes tienen la Chispa sostienen que sus relaciones con los demás suelen ser lo más importante en sus vidas; consideran las relaciones como el vehículo clave para tener una vida plena y participativa.

5. Quienes tienen la Chispa confían en ellos mismos.

A pesar de su interés por conectarse con los demás, quienes tienen la Chispa son extremadamente independientes y recursivos. Avanza a su propio ritmo; les agrada tener compañía en sus viajes, pero no hasta el grado de estar dispuestos a cambiar de rumbo. No se sienten responsables de hacer que todos los que nos rodean estén a gusto si esto significa poner en juego sus propios valores. Por esta razón suelen considerarse injustamente como tercos o autosuficientes. Pero la realidad es que simplemente tienen el valor necesario para fijar sus propios cursos y confianza suficiente en lo que están haciendo para ensayar nuevas ideas e incluso para fracasar y sacar sus propias conclusiones del fracaso.

6. Quienes tienen la Chispa son personas creativas.

La expresión creativa es parte importante de las vidas de quienes tienen la Chispa. Tienden a buscar trabajos, profesiones, proyectos, causas y oportunidades con base en si consideran que podrán ser creativos y expresivos. Por lo tanto, en una determinada situación, quienes tienen la Chispa tienden a ser creadores, artistas, diseñadores, cuentistas y líderes de opinión. Se desempeñan activamente en sus capacidades creativas y se centran en sus propias y exclusivas perspectivas expresivas. Así, sus talentos expresivos tienden a hacerlos sobresalir. Tienden también a no disculparse por sus estilos o perspectivas, y en cambio se precian de su osadía y su compromiso para compartir sus obras.

7. Quienes tienen la Chispa son forjadores de significado.

Quienes tienen la Chispa tienen un profundo respeto por el significado que impregna cada día y un deseo igualmente intenso de crear momentos significativos en sus vidas. Al buscar esos momentos significativos, pueden evitar quedar atrapados en los detalles que tienden a atraer a otras personas y les impiden avanzar. Son personas que aprecian realmente la “totalidad del panorama”; dedican sus vidas a esforzarse por lograr metas realmente valiosas relacionadas con las pasiones y propósitos de sus vidas. Saben, como nos enseñó Viktor Frankl, que lo que el hombre verdaderamente busca es una existencia significativa. Al comprender esto, adquieren una gran facilidad de determinar en forma consciente lo que significan las cosas, con la tendencia a interpretar de modo positivo tanto sus luchas como sus éxitos en la vida. Quienes tienen la Chispa procuran también crear momentos y recuerdos significativos con los demás, sorprendiéndolos frecuentemente con regalos, experiencias únicas o, simplemente, con amables palabras de amor, admiración o aprecio.

Al leer estas descripciones de quienes tienen la Chispa podría parecer que poseen algún don excepcional o que “siempre han sido así”. Pero, una vez más, quienes tienen esta Chispa en sus vidas nos dirán con frecuencia que alguna vez llevaron vidas enjauladas o vidas cómodas. La transformación de sus vidas ocurrió cuando ellos mismos decidieron transformarse. Sintieron el deseo de tener más vida en sus vidas, y se esforzaron por hacerlo realidad. De la misma forma, usted y yo podemos tener más Chispa en nuestras vidas, mediante decisiones conscientes y acciones consistentes. Pero ¿cómo empezar?

Los 10 impulsores humanos

Si pudiera diseñar conscientemente su vida ideal, ¿qué debería tener en cuenta y qué palancas podría activar para mejorar de forma consistente su vida y mantener niveles más altos de energía, compromiso y entusiasmo?

Piénselo por un momento. En los mejores momentos de su vida, se produjo una chispa. Usted la sintió y nunca la olvidó del todo. La pregunta entonces es: ¿qué dio lugar a esa Chispa? ¿Qué la hizo tan intensa? Y ¿cómo hago para tener esa sensación todos los días de la vida? Mejor aún ¿cómo convertir esa chispa en una llama constante, en fuego en el alma —en una Chispa interior que jamás se acabe?

Las respuestas a estas preguntas no implican soluciones rápidas ni enfoque superficiales que le den una energía rápida. Eso puede hacerse con una bebida energética, pero como ya sabe, no perdura. Crear una vida con Chispa requiere que profundicemos en nosotros mismos para activar aquellos impulsores que nos hacen realmente humanos.

Mi investigación y mi práctica siempre han buscado comprender cómo activar esos impulsores de modo que produzcan un cambio verdadero y permanente y un compromiso con el caótico mundo de hoy. He creado el marco conceptual de 10 impulsores humanos y he tenido un éxito enorme enseñando a otros a utilizarlo para cambiar sus vidas de manera estratégica y radical. Además les he indicado cómo utilizar estos impulsores humanos en el contexto actual —cómo activar los impulsores básicos que todos hemos sentido como humanos, aproximadamente durante los últimos cincuenta años— de modo que los hagan sentirse contentos y energizados en esta diferente y abundante sociedad.

Antes de entrar en materia, quisiera aclarar lo que quiero decir con “impulsores humanos”. Pienso en los impulsores humanos como motivadores psicológicos más relacionados con nuestros deseos que con nuestras necesidades. No necesariamente tenemos que tener o cumplir con ninguno de los elementos en mi modelo. En el siglo XX, una serie de teorías psicológicas conocidas como “teorías impulsoras” propusieron la idea de que todos nacemos con ciertas necesidades físicas y que de no lograr satisfacerlas lo más pronto posible, experimentaríamos estados de tensión adversos y emociones negativas. Cuando utilizo el término “impulsor” no lo considero como una necesidad física o psicológica en absoluto. De hecho, con excepción de una serie muy limitada de necesidades vitales —alimentos, agua, sueño, protección contra los elementos, cuidados después de nacer— no creo que tengamos más necesidades reales. Algunos ven el desarrollo personal o la “actualización” como una necesidad humana, pero entonces, ¿cómo explicamos la actitud del hijo de treinta y cinco años de un vecino que no desea levantarse del sofá y esforzarse por llegar a ser alguien en el mundo? Otras actitudes y características populares, como la moralidad, el amor, a la autoestima, el respeto, la fe y la trascendencia, tampoco son necesidades reales. ¿Son deseos intensos e importantes que mejoran la vida? Por supuesto que sí. Pero, ¿son aspectos de vida o muerte? No para la mayoría.

Consideremos uno de los primeros impulsores humanos, el impulsor de control. Claro está que todos estamos orientados a tener más control en nuestras vidas porque creemos que un mayor control nos puede llevar a una mayor felicidad. Pero si no tenemos más control, no quiere decir que seamos inútiles ni que perdamos nuestra capacidad de comprometernos, funcionar o ser productivos. La expresión creativa —un impulsor más que propongo dentro de ese marco conceptual— es también algo que todos deseamos, aunque muchos pueden vivir sin necesidad de tenerlo. Sí, es cierto que sin él no seremos tan felices, pero aún podemos sobrevivir. El control y la expresión creativa son realmente cosas que deseamos, no cosas que necesitemos para poder vivir. Lo mismo se aplica a todos los impulsores a los que me refiero; nos impulsan a todos porque pueden llevarnos y realmente nos llevan a una existencia mejor, pero no son algo que realmente necesitemos.

¿Por qué toda esta disertación semántica en este momento? Porque quiero ser directo y franco desde el comienzo. Usted está impulsado por los 10 impulsores que propongo, pero realmente no necesita ninguno de estos conceptos —o ninguno de los modelos, ni siquiera este libro— para ser feliz. No cabe duda de que puede seguir adelante con su vida sin más control ni más expresión creativa.

Después de todo, podría decidir en este mismo instante ser feliz si tener más de nada. Si lo decide, en este preciso momento puede simplemente cerrar los ojos y entrar en un estado de felicidad llamado nirvana. Es el poder de la mente humana. Sólo hay un problema: es algo que no dura.

Estoy convencido de que los 10 impulsores humanos son lo que realmente deseamos en la vida y si nos esforzamos por activarlos, nuestros esfuerzos nos llevarán a un estado de energía, compromiso y entusiasmo mucho mayor —sí, a una felicidad— que, simplemente nos sorprenderá.

En la Sección I de este libro, describiré los primeros cinco impulsores de la motivación humana, que llamaré los “impulsores básicos”: control, competencia, congruencia, preocupación por los demás y conexión. Son los impulsores clave que contribuyen a nuestra estabilidad en nuestro sentido de ser y pertenecer a la realidad.

Si podemos activar todos estos impulsores básicos e incrementarlos de forma más consistente, nos encontraremos de pronto convertidos en personas más seguras y más conectadas desde el punto de vista social. Es una excelente receta para la felicidad, pero no es suficiente. Activar los primeros cinco impulsores es algo similar a satisfacer sus necesidades básicas en una sociedad moderna: es un punto de partida, pero no ofrece satisfacción total. Es por eso que los llamo impulsores básicos; tenemos que tenerlos, pero todo lo que hacen es incluirnos en el juego. La anotación de las carreras se logra con los otros cinco impulsores que llamo impulsores para avanzar: cambio, reto, expresión creativa, contribución y conciencia. En la Sección II, cubriré estos impulsores de avance y podrá descubrir por qué suelen llevar la aguja del cuadrante indicador a los niveles más altos de seguridad en la vida. Aunque los impulsores de avance son impulsores de más alto orden que los primeros cinco, todos los 10 impulsores son, en realidad, vitales e importantes. ¿Puede imaginarse no activar bien uno de estos impulsores en su vida? Si quitamos cualquiera de ellos, su ecuación de felicidad se derrumba. Entender y dominar todos los 10 impulsores humanos parece algo inalcanzable, pero las buenas noticias son que, puede leer este libro una y otra vez, hasta lograrlo.

Los próximos capítulos, cada uno de los cuales analiza en detalle uno de los 10 impulsores humanos, están todos escritos teniendo en mente la acción. Cubro muchos aspectos acerca de cómo se debe pensar en cada uno de ellos, pero, al final, propongo sólo tres estrategias específicas que se pueden utilizar para desplazar en forma dramática la aguja del medidor para la activación de cada uno de ellos. Diez impulsores humanos, tres estrategias para llevar la aguja a niveles más altos, treinta estrategias en total. Y no tiene que utilizarlas todas a la vez. Simplemente va eligiendo una por una para concentrarse en ella y ver cómo afecta su vida.

Al terminar éste y cada uno de los capítulos siguientes, me gustaría animarlo a realizar una serie de actividades en las que se completan algunas frases, y a las que les he dado el título de Puntos de Ignición. Son cosas que puede utilizar para activar su forma de pensar y encontrar respuestas, a su propio ritmo, después de reflexionar acerca de los conceptos que se presentan en cada capítulo. Yo comenzaré las frases y usted las terminará. Le recomiendo escribirlas en un diario personal a medida que avanza en la lectura del libro. Le ayudará a reflexionar sobre las lecciones y a integrarlas.


1. Si me he sentido encajonado o demasiado cómodo en mi vida reciente, es probable que se deba a…

2. Si voy a comenzar a experimentar una vida con más Chispa, tendría que…

3. De todas las características de las personas que tienen Chispa en la vida —abiertas al momento actual y observadoras del mismo, orientadas hacia el futuro, buscadoras de retos, profundamente interesadas en los demás, confiadas en sí mismas, impulsadas por la creatividad y forjadoras de significado— la que mejor podría integrar o ampliar en mi vida, sería…

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