La ciudad de las bestias (City of the Beasts)

La ciudad de las bestias (City of the Beasts)

4.4 20
by Isabel Allende
     
 

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Alexander Cold, un joven de quince años está a punto de embarcarse con su temeraria abuela, en el viaje de su vida. Una expedición de la International Geographic se dirige hacia la remotas y peligrosas tierras salvajes de Suramérica para documentar al legendario Yeti del Amazonas, más conocido como "La Bestia."

Alex y su amiga Nadia

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Overview

Alexander Cold, un joven de quince años está a punto de embarcarse con su temeraria abuela, en el viaje de su vida. Una expedición de la International Geographic se dirige hacia la remotas y peligrosas tierras salvajes de Suramérica para documentar al legendario Yeti del Amazonas, más conocido como "La Bestia."

Alex y su amiga Nadia descubrirán que el impenetrable mundo de la selva tropical esconde mucho más de lo que jamás hubieran imaginado. Con la fuerza de sus dos animales totémicos — el jaguar para Alexander, y el águila para Nadia — ambos jóvenes se embarcan en una apasionante e inolvidable aventura que los lleva al descubrimiento de . . .

Editorial Reviews

Criticas
YA-This best-selling Chilean author is known for her poetic, subtly feminist, and politically charged novels such as La casa de los espiritus (The House of the Spirits, Rayo, 2001) and most recently Retrato en sepia (Portrait in Sepia, Rayo, 2001). Allende's celebrated mixture of magic realism, lush description, and psychological insight grace the pages of this, her first young adult novel. Alexander Cold, an introspective 15-year-old, is ripped from his comfortable California existence and launched into the heart of darkness. On a journalistic assignment for International Geographic, the teen, his grandmother Kate, and crew embark on a deadly mission into the Amazon jungle to find the mythical beast, the South American equivalent of the Abominable Snowman. In this coming-of-age story, Alexander and his new friend, Nadia, discover their hidden powers as they strive to save the indigenous people or "la gente de la neblina" ("the people of the mist"). This tale anchors itself in the need to protect the resplendent secrets of the Amazon and its people, beasts, and resources. Suspenseful chapters like "Raptados" ("Kidnapped") and beautifully crafted descriptions do not, however, nullify this novel's repetitive nature and sometimes predictable plot. While the language is easily understood, the novel's length may be daunting to most young adult readers. Recommended for libraries and bookstores with large Spanish-language teen sections.Salwa Jabado, Astoria, NY Copyright 2002 Cahners Business Information.

Product Details

ISBN-13:
9780060510329
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
08/28/2003
Series:
Alexander Cold Series, #1
Edition description:
Spanish Language Edition
Pages:
416
Sales rank:
164,024
Product dimensions:
5.12(w) x 7.62(h) x 0.93(d)
Age Range:
12 - 17 Years

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Capítulo Uno

Alexander Cold Despertó al amanecer sobresaltado por una pesadilla. Soñaba que un enorme pájaronegro se estrellaba contra la ventana con un fragor de vidrios destrozados, se introducía en la casa y se llevaba a su madre. En el sueño él observaba impotente cómo el gigantesco buitre cogía a Lisa Cold por la ropa con sus garras arnarillas, salía por la misma ventana rota y se perdía en un cielo cargado de densos nubarrones. Lo despertó el ruido de la tormenta, el viento azotando los árboles, la lluvia sobre el techo, los relámpagos y truenos. Encendió la luz con la sensación de ir en un barco a la deriva y se apretó contra el bulto del gran perro que dormía a su lado. Calculó que a pocas cuadras de su casa el océano Pacífico rugía, desbordándose en olas furiosas contra la cornisa. Se quedó escuchando la tormenta y pensando en el pájaro negro y en su madre, esperando que se calmaran los golpes de tambor que sentía en el pecho. Todavía estaba enredado en las imágenes del malsueño.

El muchacho miró el reloj: seis y media, hora de levantarse. Afuera apenas empezaba a aclarar. Decidió que ése sería un día fatal, uno de esos días en que más valía quedarse en la cama porque todo salía mal. Había muchos días así desde que su madre se enfermó; a veces el aire de la casa era pesado, como estar en el fondo del mar. En esos días el único alivio era escapar, salir a correr por la playa con Poncho hasta quedar sin aliento. Pero llovía y llovíadesde hacía una semana, un veredadero diluvio, y además a Poncho lo había mordido un venado y no quería moverse. Alex estaba convencido de que tenía el perro más bobalicón de la historia, el único labrador de cuarenta kilos mordido por un venado. En sus cuatro años de vida, a Poncho lo habían atacado mapaches, el gato del vecino y ahora un venado, sin contar las ocasiones en que lo rociaron los zorrillos y hubo que bañarlo en salsa de tomate para amortiguar el olor. Alex salió de la cama sin perturbar a Poncho y se vistió tiritando; la calefacción se encendía a las seis, pero todavía no alcanzaba a entibiar su pieza, la última del pasillo.

A la hora del desayuno Alex estaba de mal humor y no tuvo ánimo para celebrar el esfuerzo de su padre por hacer panqueques. John Cold no era exactamente buen cocinero: sólo sabía hacer panqueques y le quedaban como tortillas mexicanas de caucho. Para no ofenderlo, sus hijos se los echaban a la boca, pero aprovechaban cualquier descuido para escupirlos en la basura. Habían tratado en vano de entrenar a Poncho para que se los comiera: el perro era tonto, pero no tanto.

--¿Cuándo se va a mejorar la mamá? --preguntó Nicole, procurando pinchar el gomoso panqueque con su tenedor.

--¡Cállate, tonta! --replicó Alex, harto de oir la misma pregunta de su hermana menor varias veces por semana.

--La mamá se va a morir! --comentó Andrea.

¡--Mentirosa! ¡No se va a morir! --chilló Nicole.

--¡Ustedes son unas mocosas, no saben lo que dicen! --exclamó Alex.

--Vamos, niños, cámense. La mamá se pondrá bien... --interrumpió John Cold, sin convicción.

Alex sintió ira contra su padre, sus hermanas, Poncho, la vida en general y hasta contra su madre por haberse enfermado. Salió de la cocina a grandes trancos, dispuesto a partir sin desayuno, pero tropezó con el perro en el pasillo y se cayó de bruces.

--¡Quitate de mi camino, tarado! --le gritó y Poncho, alegre, le dio un sonoro lengüetazo en la cara, que le dejó los lentes llenos de saliva.

Sí, definitivamente era uno de esos días nefastos. Minutos después su padre descubrió que tenía una rueda de la camioneta pinchada y debió ayudar a cambiarla, pero de todos modos perdieron minutos preciosos y los tres niños llegaron tarde a clase. En la precipitación de la salida a Alex se le quedó la tarea de matemáticas, lo cual terminó por deteriorar su relación con el profesor. Lo consideraba un hombrecito patético que se había propuesto arruinarle la existencia. Para colmo también se le quedó la flauta y esa tarde tenía ensayo con la orquesta de la escuela; él era el solista y no podía faltar.

 

La flauta fue la razón por la cual Alex debió salir durante el recreo del mediodía para ir a su casa. La tormenta había pasado, pero el mar todavía estaba agitado y no pudo acortar camino por la playa, porque las olas reventaban por encima de la cornisa, inundando la calle. Tomó la ruta larga corriendo, porque sólo disponía de cuarenta minutos.

En las últimas semanas, desde que su madre se enfermó, venía una mujer a limpiar, pero ese día había avisado que no llegaría a causa de la tormenta. De todos modos, no servía de mucho, porque la casa estaba sucia. Incluso desde afuera se notaba el deterioro, como si la propiedad estuviera triste. El aire de abandono empezaba en el jardín y se extendía por las habitaciones hasta el último rincón.

Alex presentía que su familia se estaba desintegrando. Su hermana Andrea, quien siempre fue algo, diferente a las otras niñas, ahora andaba disfrazada y se perdía durante horas en su mundo de fantasía, donde había brujas acechando en los espejos y extraterrestres nadando, en la sopa. Ya no tenía edad para eso, a los doce años debiera estar interesada en los chicos o en perforarse las orejas, suponía él. Por su parte Nicole, la menor de la familia, estaba juntando un zoológico, como si quisiera compensar la atención que su madre no podía darle. Alimentaba varios mapaches y zorrillos que rondaban la casa; había adoptado seis gatitos huérfanos y los mantenía escondidos en el garaje; le salvó la vida a un pajarraco con un ala rota y guardaba una culebra de un metro de largo dentro de una caja. Si su madre encontraba la culebra se moría allí mismo del susto, aunque no era probable que eso sucediera, porque cuando, no estaba en el hospital, Lisa Cold pasaba el día en la cama.

Ciudad de las Bestias, La. Copyright � by Isabel Allende. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

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