La Comunicacion integral

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Comunicarse es mucho más que hablar, precisa voluntad de entendimiento y empatía. Estamos en la era de la comunicación y, paradójicamente, siguen existiendo graves problemas de entendimiento entre personas, estructuras sociales, culturas y países. Hay quienes siguen empeñados en condicionar y manipular a la opinión pública y personal, y lo confunde con la comunicación. Pero la comunicación integral sólo se da en un ámbito de respeto, reconocimiento mutuo y libertad. ¿Estamos en condiciones de dar los pasos ...

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Comunicarse es mucho más que hablar, precisa voluntad de entendimiento y empatía. Estamos en la era de la comunicación y, paradójicamente, siguen existiendo graves problemas de entendimiento entre personas, estructuras sociales, culturas y países. Hay quienes siguen empeñados en condicionar y manipular a la opinión pública y personal, y lo confunde con la comunicación. Pero la comunicación integral sólo se da en un ámbito de respeto, reconocimiento mutuo y libertad. ¿Estamos en condiciones de dar los pasos adecuados para construir ese mundo mejor que todos añoramos? ¿Cuáles son nuestros puntos fuertes y débiles en el ámbito de la comunicación? En este libro encontraremos muchas respuestas.

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Product Details

  • ISBN-13: 9788415968023
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 11/30/2013
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 200
  • Product dimensions: 6.10 (w) x 9.00 (h) x 0.90 (d)

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LA COMUNICACIÓN INTEGRAL

Teoría y prácticas


By Juan Antonio López Benedí

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2013 Juan Antonio López Benedí
All rights reserved.
ISBN: 978-84-15968-02-3



CHAPTER 1

El hecho de la comunicación


¿Qué es comunicarse?

La etimología de la palabra "comunicación" nos lleva al término de origen latino comunis que significa 'común'. Comunicar, por lo tanto, tiene que ver con poner en común pensamientos y mensajes emocionales, con el objetivo de compartir, proponer o hacer algo con otra persona o con nosotros mismos. Así pues, necesariamente, la comunicación exige la utilización de un código compartido.

Llamamos código a un conjunto de símbolos y signos que deben ser conocidos por los intervinientes, las diferentes partes o protagonistas del proceso de la comunicación. Pongamos un ejemplo para entenderlo: imaginemos que habiendo nacido en España y acostumbrados a esta lengua que nos fue mostrando nuestro mundo y cultura, hiciéramos un viaje a China, aprovechando las maravillosas ofertas turísticas con que algunas agencias nos bombardean. ¿Qué ocurriría al llegar a Pekín y no poder leer los carteles, indicaciones de trasporte público ni hablar con nadie? Sería una forma clara, intensa y directa de comprobar la importancia de compartir un mismo código para la comunicación. Tal vez de esa forma podamos ser también más comprensivos y tolerantes cuando vamos a un restaurante chino, dando por supuesto que quienes allí trabajan dominan a la perfección nuestra lengua.

Difícil será que pueda compartirse una idea con eficacia en tales circunstancias. El desconocimiento de un código limita gravemente la posibilidad de trasmitir aquello que podríamos llegar a tener muy claro en la cabeza y tener la posibilidad de comprender lo que la otra persona quiere expresarnos. Sin embargo, a pesar de esta rotunda verdad, es posible ir a China y salir adelante, aunque no tengamos un intérprete contratado, a través de otra de las maravillas comunicativas de nuestra naturaleza humana: la comunicación no verbal. En ella también se da un código, pero partes de ese código, sus raíces, parecen ser comunes a todos los seres humanos. Estas raíces comunes se encuentran siempre a nuestra disposición, como el lenguaje rítmico de nuestro corazón, pero sólo somos capaces de usarlas cuando nos olvidamos de razonar y nos comunicamos, por la necesidad vital o la potencia arrebatadora de nuestros sentimientos, a través de la auténtica música de la existencia. El código es pues, lo que permite que los mensajes puedan ser trasmitidos de persona en persona, de una forma u otra; desde el corazón o la cabeza, a través de los gestos o las palabras.

De forma resumida y esquemática podemos entender que la comunicación de un determinado mensaje, originado en un punto A, debe llegar a otro punto determinado B, distante del anterior en el espacio o en el tiempo, además de la cercanía o distancia afectiva. Así podemos considerar que se lleguen a dar ciertas paradojas, como que haya personas que se entiendan estando muy lejos y no lo consigan estando cerca o al contrario. Por ejemplo, cuando estamos enamorados es muy fácil entenderse y cuando estamos enfadados resulta imposible, independientemente de la distancia física a la que nos encontremos. Incluso puede observarse también que dos personas enfadadas se entienden mejor cuando están lejos físicamente. En este proceso, la información tiende a ser afectada y experimenta cambios. Debe entenderse por ello como un proceso complejo, en el que será necesario ir haciendo distinciones y determinando diferentes elementos:

• Código lingüístico: Sistema de signos y reglas para combinarlos, que por un lado es arbitrario y por otra parte debe estar organizado de antemano.

• Canal de trasmisión: Medio a través del cual se organiza el sistema de códigos lingüísticos.

• Emisor: Persona que trasmite el mensaje. Elige y selecciona los signos que le convienen, es decir, realiza un proceso de codificación.

• Receptor: Persona a quien va dirigido el proceso de la comunicación. Realiza un proceso inverso al de quien emite el mensaje: descifra e interpreta los signos elegidos por la persona emisora; descodifica el mensaje.

• Mensaje: Lo que se comunica. En él se encuentra un contenido concreto, relacionado con un proceso que comprende sus aspectos previos, así como las consecuencias generadas.

• Contexto de la situación: Circunstancias que rodean el hecho de la comunicación; contexto en que se trasmite el mensaje y que contribuye a determinar su significado.

• Referente: Base de la comunicación; la realidad objetiva.


Estos elementos, que conforman el esquema de la comunicación, tienen como propósito el logro de una eficacia en la trasmisión de la información, mayor o menor en función de la adecuada organización de la estructura del proceso, aunque también deben tenerse en cuenta otros elementos:

• Ruido: Perturbación experimentada por la señal o el código, en el proceso de comunicación. Se relaciona con cualquier factor que dificulte o impida el desarrollo eficaz de cualquiera de sus elementos: distorsiones del sonido en la conversación, la radio, la televisión o el teléfono; distorsión de la imagen de la televisión, alteración de la escritura en un viaje, afonía de la persona que habla, sordera de quien oye, la ortografía defectuosa, la distracción de la persona receptora del mensaje, el alumno que no atiende aunque esté en silencio ...

• Redundancia: Procura evitar o paliar la inevitable presencia del ruido en la comunicación, repitiendo o reforzando elementos del proceso. Consiste en un desequilibrio entre el contenido informativo y la cantidad de distinciones requeridas para trasmitir la información en el mensaje. Podemos entenderla como aquella parte del mensaje que podría omitirse sin producir pérdidas de información. Suele introducirse siempre algún grado de redundancia, para asegurar la trasmisión de la información esencial.


Semiótica

La semiótica o semiología es la ciencia que trata de los sistemas de comunicación en los grupos humanos.

Saussure fue el primero que habló de la semiología y la definió como:

"Ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social. Nos enseña en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan".

Peirce fue considerado creador de la semiótica y la concibe como una teoría general de los signos lingüísticos. Ambos nombres (semiología y semiótica), basados en el griego Semenion ("signo") se emplean hoy como sinónimos.

Hay diferentes corrientes, a veces dispares, por lo que tiende a verse como un conjunto de aportaciones más que como una ciencia. De ello se han ocupado, entre otros, Prieto, Barthes y Umberto Eco. A estos últimos se debe la aplicación del concepto de signos a todos los hechos significativos humanos como son: la moda, las costumbres, los espectáculos, los ritos y ceremonias o los objetos de uso cotidiano.

La semiótica estudia el concepto de signo y sus implicaciones filosóficas, la naturaleza y clases de signos o el análisis de códigos completos. Hoy en día se centra, fundamentalmente, en el estudio de la naturaleza de los sistemas autónomos de comunicación y en el lugar que la misma semiología o semiótica ocupa en el saber humano.

Peirce estableció diversas calificaciones del signo:

• Índices (indicios). Son signos que tienen conexión física real con el referente, es decir, con el objeto al que remiten; la conexión puede consistir en la proximidad, la relación causa efecto u otras. Son índices los signos que señalan un objeto presente o la dirección en que se encuentran, como pueden ser una flecha indicativa o un dedo señalando algo. También lo son aquellos signos que rotulan objetos designados en otro código, como el título escrito bajo un cuadro o un pie de foto, así como los naturales producidos por objetos o seres: la huella de unas pisadas, el humo como indicativo de fuego, el cerco de un vaso o la palidez de una persona.

• Iconos. Son signos que tienen semejanza de algún tipo con el referente. La semejanza puede consistir en un parecido en la forma o afectar a cualquier cualidad o propiedad del objeto, como ocurre con los cuadros, las esculturas figurativas, las fotografías, los dibujos animados, las caricaturas, las onomatopeyas o imitaciones del sonido, mapas, planos o gráficos que representan proporciones. En ella pueden distinguirse grados: una fotografía en color de un gato es más icónica que una silueta esquemática de éste.

• Símbolos. Son signos arbitrarios, es decir, que su relación con el objeto se basa exclusivamente en una convención. El símbolo no tiene carácter icónico por no parecerse ni guardar relación con lo que designa. Entre ellos se encuentran los alfabetos, la anotación clínica, los signos matemáticos o las banderas nacionales. A esta categoría pertenece el signo lingüístico.

• Signo lingüístico. Se presenta con características propias. En él se da la no-analogía del símbolo y además puede descomponerse y analizarse en unidades situadas a diferentes niveles, como ocurre con el llamado triángulo semiótico: significante, significado y referente.


Características del signo:

1. Arbitrariedad: La relación que existe entre el significante y el significado no es necesaria sino convencional. Por ejemplo, el concepto que expresa la palabra casa (significado) no tiene ninguna relación natural con la secuencia de sonidos /kása/ (significante). La asociación entre ambos es resultado de un acuerdo tácito entre los hablantes de una misma lengua. Por ello, en cada lengua se emplean palabras distintas para referirse al mismo concepto (house, inglés; maison, francés).

2. Carácter lineal del significante: El significante se desarrolla en el tiempo y en el espacio; los significantes acústicos se presentan uno tras otro y forman una cadena.

3. Mutabilidad e inmutabilidad del signo: Desde un punto de vista diacrónico (estudio de la evolución a través del tiempo) puede cambiar o incluso desaparecer, por lo que puede ser mutable. Ahora bien, desde el punto de vista sincrónico (estado en un momento determinado) el signo no puede cambiar, no puede modificarse, es inmutable.

4. Doble articulación del signo: La primera articulación descompone el signo en monemas, que son unidades mínimas que poseen significante y significado. En la segunda articulación, cada monema se articula, a su vez, en su significante, en unidades más pequeñas carentes de significado que son los fonemas. Los fonemas son pues las unidades mínimas de la segunda articulación que poseen significante, pero no significado. Esta doble articulación permite crear un gran número de palabras e infinidad de mensajes.


Funciones del lenguaje

En todo acto de comunicación el lenguaje entra en contacto con los diferentes elementos que forman el esquema de la comunicación. El filósofo alemán Bühler analiza la relación que el mensaje guarda con los elementos básicos, estableciendo tres partes: el referente (las cosas), el emisor (uno) y el receptor (otro).

• Función enunciativa: Plantea los recursos lingüísticos elementales, como son: la entonación neutra, el modo indicativo, la adjetivación específica y un léxico exclusivamente denotativo. Ejemplo: "El cordero blanco".

• Función representativa o referencial: Es la base de toda comunicación. Define las relaciones entre el mensaje y la idea u objeto al cual se refiere. El hablante trasmite al oyente unos conocimientos; informa de algo objetivamente sin que el hablante deje traslucir su reacción subjetiva. Sus recursos lingüísticos son: adjetivación explicativa, términos denotativos, modo subjuntivo. Ejemplo: "Mis deseados beneficios están creciendo".

• Función expresiva o emotiva: Está orientada en función del emisor. Define las relaciones entre emisor y mensaje. Expresa la actitud del emisor ante el objeto; a través del mensaje captamos la interioridad del emisor. Se utiliza para trasmitir las emociones, los sentimientos o las opiniones de quien habla. Sus recursos lingüísticos son: vocativos, imperativa, oraciones interrogativas (utilización deliberada de elementos adjetivos valorativos, términos connotativos, pero siempre que todo esto esté destinado a llamar la atención del oyente). Ejemplo: "Emilio, inscríbete en este curso".

• Función apelativa o conativa: Define las relaciones entre el mensaje y el receptor; está centrada en el receptor. Se produce cuando la comunicación pretende obtener una relación del receptor intentando modificar su conducta interna o externa. Es la función del mandato y de la pregunta. Sus recursos lingüísticos son: los de literatura (metáforas, hipérboles ...). Ejemplo: Frases hechas, metáforas, frases poéticas, como pueden ser "En abril aguas mil", "El tiempo vuela", "Rexona nunca te abandona".

• Función poética o estética: Define la relación del mensaje con él mismo. Esta función aparece siempre que la expresión utilizada atrae la atención sobre su forma. Se da esencialmente en las artes donde el referente es el mensaje que deja de ser instrumento para convertirse en objeto (el mensaje tiene fin en sí mismo). Generalmente se asimila esta función a la literatura, pero se encuentra también en el lenguaje oral y cotidiano. Ejemplos: el típico "Sí ..., sí ..., sí ..." del teléfono, fórmulas de cortesía como "Hola", "Adiós", "Buenos días ...", muletillas, "Eh ..., eh ...", la charla intrascendente en el ascensor con un vecino.

• Función fática: Es la función orientada al canal de comunicación, su contenido informativo es nulo o muy escaso. Esta función produce enunciados de altísima redundancia. Su fin es consolidar, detener o iniciar la comunicación. El referente del mensaje fático es la comunicación misma. Esta función la constituyen todas las unidades que utilizamos para iniciar, mantener o finalizar la conversación.

• Función metalingüística: Es la función centrada en el código; aparece cuando la lengua se toma a sí misma como referente, es decir, cuando el mensaje se refiere al propio código. Cuando utilizamos el código para hablar del código. En la función metalingüística se somete el código a análisis. La gramática, los diccionarios y la lingüística utilizan la función metalingüística. Ejemplo: las clases de lengua, buscar una palabra en un diccionario.


Todas estas funciones pueden concurrir simultáneamente, mezcladas en diversas proporciones y con predominio de una u otra según el tipo de comunicación.

CHAPTER 2

Axiomática


En las ciencias, los axiomas son los enunciados básicos e incuestionables que dan sentido y permiten el desarrollo de su estructura. Puede compararse, en otro orden de cosas, con la constitución de un país. En nuestro caso, consideraremos a continuación cuatro axiomas que nos ayudarán a comprender y situar mejor el hecho de la comunicación.


Axiomas de la comunicación

Los axiomas que consideraremos en los procesos de comunicación son:

1. La imposibilidad de no comunicar.

2. Interacción, simétrica y complementaria.

3. Comunicación digital y analógica.

4. Nivel de contenido y relación.


A continuación nos iremos deteniendo en cada uno de ellos.


La imposibilidad de no comunicar

La forma en que nos comunicamos nos afecta invariablemente. Pero si observamos en profundidad el proceso completo de la comunicación llegaremos a la conclusión de que es imposible que no nos comuniquemos. Porque todo comportamiento tiene un valor comunicacional. Por ello mismo, todo lo que hacemos, intencionadamente o no, conlleva alguna forma de comunicación. La comunicación implica un conjunto fluido y multifacético de modos de conducta. Entre ellos podemos observar las conductas verbales, gestuales, tonales y otras que iremos viendo. En la vida, tal y como la conocemos, resulta imposible dejar de adoptar algún tipo de comportamiento. Tanto la actividad como la inactividad, las palabras o los silencios, tienen siempre un valor de mensaje y por ello influyen sobre los demás. Cualquier tipo de comunicación implica un compromiso, por lo tanto, define el modo en que la persona que emite un mensaje induce una relación con la persona destinataria de éste.


Interacción, simétrica y complementaria

Tales interacciones son las relaciones basadas en la igualdad o en la diferencia. Una relación simétrica es aquélla en la que sus integrantes intercambian el mismo tipo de comportamientos. Por ello facilita que se acentúen en ella las igualdades, ya se relacionen con la debilidad o la fuerza, sean positivas o negativas. En tales casos las diferencias tienden a ser despreciables por su poca intensidad. Una relación complementaria es aquélla en la que dos personas intercambian diferentes tipos de comportamiento y éstos se complementan. O sea, la conducta de uno complementa la del otro. En este caso, la relación se da desde un máximo de diferencia. Un integrante ocupa la posición superior o primaria y el otro ocupa la posición inferior o secundaria. Estas posiciones no deben confundirse con los juicios de valor de bueno o malo ni de fuerte o débil ya que una relación complementaria puede estar establecida por el contexto social, como en los casos de maestro-alumno, médico-paciente o madre-hijo. Si una persona se define, con el beneplácito implícito o explícito del resto, como la única en un grupo capaz de tomar decisiones y manejar asuntos importantes, los demás deberán aceptar esa definición y cambiar su autopercepción, aun cuando pensaran que son igualmente capaces de hacerlo. Una relación metacomplementaria es aquélla en la que A permite u obliga a B a generar algún tipo de control sobre la relación. En este caso entran las x de manipulación. La experiencia nos dice que las relaciones simétricas tienden a establecer una mejor retroalimentación.


(Continues...)

Excerpted from LA COMUNICACIÓN INTEGRAL by Juan Antonio López Benedí. Copyright © 2013 Juan Antonio López Benedí. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents


Introducción, 7,

PRIMERA PARTE, 9,

Capítulo 1. El hecho de la comunicación, 11,

Capítulo 2. Axiomática, 19,

Capítulo 3. La comunicación genera realidades internas y externas, 23,

Capítulo 4. Ventajas y bloqueos en la comunicación, 45,

Segunda parte La comunicación verbal, 49,

Capítulo 1. El lenguaje asertivo, 51,

Capítulo 2. Estilos de comunicación, 63,

Capítulo 3. El discurso, 67,

Capítulo 4. El arte de persuadir, 77,

Tercera parte La comunicación no verbal, 97,

Capítulo 1. El cuerpo, movimiento y posturas, 99,

Capítulo 2. Los gestos conscientes e inconscientes, 115,

Capítulo 3. Espacialidad, 127,

Capítulo 4. Fonación, 137,

Cuarta parte El contexto de la comunicación, 153,

Capítulo 1. Los destinatarios o audiencia, 155,

Capítulo 2. Imaginación activa y reactiva, 169,

Capítulo 3. Ajuste de estados emocionales, 173,

Bibliografía, 181,

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