La crisis en la familia de hoy

La crisis en la familia de hoy

by Josué Yrion
     
 

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En La crisis en la familia de hoy usted encontrará principios basados en la Palabra de Dios que le ayudarán a reforzar, madurar y solidificar su matrimonio y su vida familiar según las reglas divinas establecidas en la Escritura.

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En La crisis en la familia de hoy usted encontrará principios basados en la Palabra de Dios que le ayudarán a reforzar, madurar y solidificar su matrimonio y su vida familiar según las reglas divinas establecidas en la Escritura.

Product Details

ISBN-13:
9781418582029
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
02/19/2006
Sold by:
THOMAS NELSON
Format:
NOOK Book
Pages:
322
File size:
994 KB

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LA CRISIS EN LA FAMILIA DE HOY


By JOSUÉ YRION

Grupo Nelson

Copyright © 2012 Grupo Nelson
All right reserved.

ISBN: 978-0-88113-953-2


Chapter One

1. Su responsabilidad es vivir una vida santa temiendo al Señor

La crisis en la familia de hoy: ¡No hay temor de Dios ni santidad en el hogar!

Proverbios 1.7 dice: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová ...»

El libro de proverbios fue escrito por el sabio rey Salomón. La palabra «proverbio» viene del hebreo mashal, que quiere decir: Proverbio, parábola, máxima, adagio. Un símil o alegoría. Una lección objetiva o ilustración. Cuando usted compra un aparato doméstico, o un televisor, o una cámara fotográfica, etcétera, en una tienda por departamentos, dentro de la caja viene un «manual de instrucciones», o una «guía» de cómo usarlo. Si usted sigue las «instrucciones» de acuerdo a la fábrica que lo hizo, mantendrá por muchos años lo que compró.

Dios dejó Su Palabra, la Biblia, como el «libro maestro de instrucciones» para todos los aspectos de nuestras vidas. Seguir lo que está escrito en ella y aplicarlo significa que usted disfrutará de las bendiciones descritas en este «manual de la vida». El matrimonio no es la excepción. Dios dejó estipulado en Su Palabra Sus «reglas», «mandamientos » y «preceptos», para que todo matrimonio pueda recibir de lo alto lo que Él ha prometido en Su «manual».

Así como los barcos tienen una «brújula» para guiarse en el mar, nosotros tenemos la «brújula divina», Su Palabra para guiarnos en nuestros matrimonios por el mar de la vida. Miles de personas después de haber comprado sus aparatos, los han dañado a punto de quemarlos al enchufarlos en el tomacorriente de la pared de manera incorrecta, opuesto a lo que dice el «manual de instrucciones». De la misma forma, millones y millones de matrimonios alrededor del mundo han «quemado» y destrozado sus vidas familiares por no haber seguido lo que está escrito en la Palabra de Dios, la Biblia. Intentaron «enchufar» sus relaciones matrimoniales en la «pared» de las filosofías contrarias al «manual» divino. La Palabra de Dios es la única base para la felicidad matrimonial. Punto.

El esposo y padre que no conoce, ni ha leído el «manual» ni vive de acuerdo a lo que Dios estableció, está en camino a la destrucción en su vida matrimonial y familiar. Una de las crisis en la familia de hoy y una de las razones principales del derrumbe del hogar se debe a que el hombre, que es la cabeza de la familia no vive una vida bajo el temor del Señor y por lo tanto no hay vestigio de santidad ni de honra a Dios y a Su Palabra en tal hogar.

La Primera Carta a los Tesalonicenses (3.13) es una advertencia a los matrimonios: «Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos». La palabra «santidad» en el griego es hagiosune, que significa el proceso, la cualidad y la condición de una actitud santa y la santidad en la conducta personal. Es el principio que separa al creyente del mundo. Hagiosune nos consagra al servicio de Dios, en alma y en cuerpo, y se cumple en la dedicación moral y en una vida dedicada a la pureza. Hace que cada aspecto de nuestro carácter esté bajo la supervisión de Dios y cuente con su aprobación.

De la misma forma la conducta personal en nuestros matrimonios debe ser vivida en santidad. Somos separados de las cosas del mundo y como matrimonios cristianos vivimos una vida moral irreprensible delante de Dios y de los hombres. Todas las áreas de nuestro matrimonio están bajo la vista y la guía del Señor, y deben ser aprobadas por Él.

El burrito cristiano

Cierta vez un hermano cristiano puso su «burrito» a la venta. Se fue a una plaza del pueblo donde vivía y puso un cartel en el cuello del burrito, que según él también era «cristiano». El cartel decía: «Burrito cristiano a la venta». Después de haber estado allí un rato, un hermanito se acerca al dueño y le pregunta:

—¿Está a la venta su burrito?

—Sí —contesta el hermano y añadió—: ¡Y este burrito es cristiano también!

—Muy bien —dijo el comprador—, ¿y cómo sabré que es cristiano?

—Todo lo que usted tiene que hacer para que camine es pronunciar palabras como: aleluya, gloria a Dios, Cristo vive, etcétera, y se moverá —dijo el dueño. —¿Y cómo hago para que pare? —dijo el comprador. —Todo lo que tiene que decir es sencillamente: ¡AMÉN! Y parará al instante—dijo el vendedor.

Así que llegaron a un acuerdo y el burrito se vendió. Y allá fue el hermanito feliz y contento encima de su burrito hacia su casa, alabando al Señor y cantando «Gloria a Dios», «Aleluya» y «Cristo vive».

Todo iba muy bien, el burrito galopaba más y más rápido, y fue agarrando velocidad y más velocidad ... De momento el hermano se vio en una situación peligrosa, pues el burrito se acercaba al borde del camino estando a punto de caer ambos y precipitarse por un desfiladero.

Pero al hermanito se le olvidó la palabra que tenía que decir para que el burrito pudiera parar. Dijo todas las que venían a su mente: Biblia, Pablo, Dios, Espíritu Santo, etcétera, todas menos la que debía ... y casi a punto de caer, oró al Señor y dijo en voz alta: «Dios, ten misericordia de mí y líbrame ... ¡AMÉN!» Y el burrito al oír amén, frenó al instante y se oyó el ruido de sus patitas ¡iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! parándose justo al borde del precipicio ...

El hermanito respiró aliviado después del susto, levantó sus manos y agradeció al Señor, diciendo en voz alta: «Gracias, tú eres grande y me has librado ... alabado sea tu nombre ... ¡ALELUYA ... GLORIA A DIOS! (Lo demás, usted ya lo sabe ...) El burrito se echó al vacío ...

De la misma manera hay miles de matrimonios cristianos y de ministros, que van a sus iglesias, asisten a sus cultos, tienen cargos espirituales, dan su ofrenda, oyen los mensajes y predican los mensajes, cantan en el coro: «Gloria a Dios», «Aleluya» y «Cristo vive», van a los conciertos, tienen dones y talentos, tienen sus trabajos seculares ... y todo parece normal, pero el burrito de sus «vidas matrimoniales» está caminando a la orilla del precipicio, a punto de caer al vacío.

Ello se debe a la falta de temor del Señor y de santidad. Algunos han llegado a la separación y el divorcio, otros a la inmoralidad, otros han perdido el respeto de sus hijos, etcétera, y todo por no aplicar la Palabra de Dios a sus vidas.

Ministros que han caído en el abismo del adulterio, se han divorciado de sus esposas de toda una vida y se han casado con sus «secretarias», por no decir «amantes», las que pudieran ser sus hijas por la edad, y siguen en el ministerio como si nada hubiera pasado. Sus hijos han sufrido la peor consecuencia de los pecados de sus padres, miles y miles de hijos de ministros hoy están en el mundo, descarriados, por culpa de las aberraciones de sus padres que no tuvieron el temor de Dios en sus vidas.

Miles de hermanos hoy están descarriados, lejos del Señor por culpa de estos «ministros», esposos y padres que no fueron ejemplo a sus familias. La Biblia dice en Santiago 1.22: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos». Realmente estamos viviendo una crisis de proporción enorme en el seno de la Iglesia de Cristo y la que llamamos la familia de hoy. Lo que he visto alrededor del mundo, en mis viajes evangelísticos, es para asombrarse. Es terrible lo que sucede en nuestras iglesias y en el ministerio. Si no lo hubiera visto y oído, no lo habría creído. La última parte de Proverbios 1.7 dice: «Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza». Esto es exactamente lo que miles y miles de «cristianos» y «ministros» han hecho.

Han rechazado la Palabra de Dios tornándose necios e insensatos por sus actitudes y acciones, tanto que han dejado un testimonio horrible de Cristo en sus comunidades, familias e iglesias, causando el derrumbe de sus hogares por sus decisiones basadas en la lascivia, ignorando el consejo de Pablo en Tito 2.5c: «Para que la palabra de Dios no sea blasfemada». Nosotros somos los responsables del testimonio cristiano en nuestras vidas; el mundo lo aceptará o rechazará de acuerdo a nuestro ejemplo.

Job 28.28 declara: «Y dijo al HOMBRE: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia». ¡Dios le dijo al hombre! A la cabeza del hogar, al jefe de su familia, al sacerdote establecido. Dios le dijo, a través de Job, estas palabras al hombre, al esposo, al padre, a usted y a mí. La sabiduría reside en obedecerle, temerle, amarle y poner en práctica Sus mandamientos para mantener un matrimonio sano, recto, santo y feliz.

La inmoralidad y el matrimonio

La Primera Carta a los Tesalonicenses (4.3, 4) dice: «... Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor».

El Señor habla a los esposos en cuanto a tener a su esposa en dignidad y respeto en todo lo que al sexo se refiere.

Lamentablemente hay esposos cristianos y ministros que en sus relaciones íntimas con sus esposas acuden a la inmoralidad para satisfacer sus instintos carnales en contra de lo establecido por Dios. He oído de «hermanos» y «ministros» que para alcanzar un nivel de excitación con su pareja en el momento de su relación sexual recurren a material pornográfico, pues no pueden mantener una relación normal como la prescrita en las Escrituras por Dios.

Sus mentes están atadas por espíritus de lujuria, lascivia y adulterio. La excusa es: «Como es con mi esposa, no hay problema ...» ¡Esto es mentira! Es un engaño del diablo que lo llevará más y más a la pornografía profunda, de modo que el demonio causará que usted haga cosas impropias a su esposa que solamente haría una prostituta, pero no la madre de sus hijos, de la cual Dios dijo que «la poseyera en santidad y honor». La Biblia dice: «... que os apartéis ...»

Si usted es una de esas parejas que menciono aquí, arrepiéntase, pida perdón al Señor junto a su esposa. Limpien sus mentes con la sangre de Cristo, ya que están contaminadas por la inmundicia y por las ataduras sexuales que esto produce. Y sean libres antes de la destrucción final que los llevará al abismo de la vergüenza ante sus hijos e iglesia cuando sean descubiertas sus secretas aberraciones y lo que sucede en su lecho matrimonial.

Cuantas y cuantas parejas cristianas y de ministros han sucumbido en esta mentira atroz que los ha llevado más tarde al adulterio con otras personas, pues ya había el «adulterio mental» al ver y desear lo que no es permitido por Dios.

Estaba en una iglesia ministrando en Los Ángeles, cuando al final un hermano se me acercó. Me dijo que estaba arrepentido de lo que había hecho al mirar videos pornográficos junto a su pareja. El resultado fue que su esposa «cristiana» quería que él la viera con otro hombre, pues deseaba saber lo que se sentía ser «vista» al acostarse con otro hombre que no fuera su esposo.

¡Dios mío! Ella quería hacer lo que vio con su esposo en esos inmundos videos. Y esto es dentro de la iglesia, ¿cómo no estará el mundo? Pablo dice en 2 Corintios 12.21 que « ... quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido».

El conocido y exitoso escritor cristiano George Barna, nos revela una encuesta alarmante sobre la decadencia de la moralidad en los Estados Unidos y su incremento, en la publicación de noviembre de 2003. Dice él que de los diez comportamientos evaluados, la mayoría de los habitantes de este país están aceptando cada día más la inmoralidad.

«El 61% dice que apostar no es inmoral». «El 60% reportó que la cohabitación es aceptable». «El 59% dice que las fantasías sexuales son aceptables». «El 45% está a favor del aborto». «El 42% dijo haber tenido ya una relación extramatrimonial». «El 38% piensa que mirar pornografía no es inmoral». «El 36% cree que las obscenidades son algo normal». «El 70% dijo haber consumido alcohol». «El 30% no encuentra nada malo en la homosexualidad y el lesbianismo», y el «17% reportó que usa drogas y narcóticos prohibidos por la ley estadounidense».

Recuerde que los entrevistados son hombres casados. Tienen sus esposas y familias, sin embargo esta encuesta revela el alto nivel de la indecencia, el aumento de la inmoralidad y un desprecio por la moralidad establecida por Dios en su Palabra en cuanto a las relaciones entre parejas casadas.

La Biblia expresa su terminología en relación con la inmoralidad sexual expuesta. La palabra fornicación viene del vocablo griego porneia, de la que procede «pornografía», que incluye prostitución, incesto, disolución, inmoralidad, sensualidad, etcétera. Tal término habla de una gran variedad de relaciones sexuales realizadas por los solteros antes del matrimonio.

Cualquier actividad sexual íntima fuera del matrimonio legal establecido por Dios, incluyendo tocar las partes íntimas del cuerpo o ver la desnudez de la otra persona, es una clara transgresión de las normas morales de Dios. La Primera Carta a los Corintios (6.18) dice: «Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca».

La palabra adulterio, viene del griego moicheia, de la raíz moichos, cualquier relación sexual de una persona casada que no sea con su esposo o esposa. Jesús dijo en Mateo 15.19: «Porque del corazón salen los malos pensamientos ... los adulterios ...» La ley establecida por Dios y dada a Moisés dice claramente: «No cometerás adulterio» (Deuteronomio 5.18).

La palabra lascivia, viene del término griego aselgeia, que constituye la ausencia de principios morales cuando se pasa por alto la reserva y la restricción que mantiene la conducta pura y casta. El significado más amplio es: Lujuria total, indecencia desvergonzada, concupiscencia sin freno, depravación sin límites. Personas con estas características lanzan un desafío insolente a la opinión pública, cometiendo pecados a plena luz del día, con arrogancia y desprecio. La Primera Carta de Pedro 4.3 dice: «Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias ... orgías».

La palabra defraudar, viene del vocablo griego pleonekteo, que significa privar a otra persona de la pureza moral que Dios desea para la misma, a fin de satisfacer sus propios deseos auto centrados. Despertar el deseo sexual en alguien del cual no puede ser satisfecho legalmente ante Dios es incitar a esta persona. El apóstol Pablo lo expresa en 1 Tesalonicenses 4.6: «Que ninguno agravie [defraude] ni engañe en nada a su hermano [hermana]; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado».

La palabra lujuria, viene del griego epithumia, que significa tener un deseo inmoral el cual se llevaría a cabo si hubiera la oportunidad. Jesús dijo en Mateo 5.28: «Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla [lujuria], ya adulteró con ella en su corazón ». Y el apóstol Pablo afirmó en Efesios 4.22: «En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos [lujurias] engañosos».

La pureza y el sexo en el matrimonio

Hebreos 13.4 nos dice: «Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios». Dios nos ha llamado a la pureza como cristianos e hijos suyos que somos. Esa pureza incluye la sexual en nuestras vidas y matrimonios. La palabra «puro» o «casto» viene de la raíz griega hagnos, que quiere decir: Estar libre de toda mancha o depravación. Esto es abstenerse, refrenar o evitar todo acto o pensamiento que incite deseos contrarios a los votos sagrados del matrimonio y la relación sexual conyugal. Esta acentúa, eleva y destaca la restricción total de toda acción y excitación sexual que corrompa, degrade o envilezca la pureza de la pareja cristiana delante de Dios. Esto es exactamente lo que vimos anteriormente en 1 Tesalonicenses 4.3,4.

La intimidad sexual está reservada solamente para las parejas debidamente casadas de acuerdo a las Escrituras. Es a través de la relación sexual matrimonial que la pareja llega a ser una sola carne uno con el otro. El placer físico y las emociones expresadas en este nivel son lícitos y ordenados por Dios, y son de alto honor y estima para Él. El adulterio (relación sexual entre parejas casadas que no son esposos), la fornicación (relación sexual entre dos personas solteras), la homosexualidad (relación sexual entre dos hombres sean solteros o casados), el lesbianismo (relación sexual entre dos mujeres sean solteras o casadas), y toda inmundicia y pasión desordenada y degradante, son condenados por las Escrituras.

(Continues...)



Excerpted from LA CRISIS EN LA FAMILIA DE HOY by JOSUÉ YRION Copyright © 2012 by Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

Josué Yrion es un evangelista internacional que hapredicado a millones de personas en 71
países. Fue el primer ministro latinoamericano en predicar en una cruzada en Madras (Chennai), India. Visita www.josueyrion.org.

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