La fe que mueve la mano de Dios

La fe que mueve la mano de Dios

by Josue Yrion
     
 

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En su cuarto libro, La fe que mueve la mano de Dios, Josué Yrion guía al lector a desarrollar su potencial y su crecimiento espiritual por medio de una fe que fortalecerá cada área de su vida.  See more details below

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En su cuarto libro, La fe que mueve la mano de Dios, Josué Yrion guía al lector a desarrollar su potencial y su crecimiento espiritual por medio de una fe que fortalecerá cada área de su vida.

Product Details

ISBN-13:
9781602550513
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
12/04/2007
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
290
Product dimensions:
5.50(w) x 8.30(h) x 1.00(d)

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La fe que mueve la mano de DIOS


By Josué Yrion

Grupo Nelson

Copyright © 2007 Grupo Nelson
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-051-3


Chapter One

La fe que trae la salvación divina a su vida

«He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír» (Isaías 59.1).

Hechos 2.21 cita: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Muchos años atrás, un famoso y escéptico abogado norteamericano dictaba conferencias contra el cristianismo. Después de algún tiempo, en cierta ocasión él llegó a una congregación y pidió hablar con los líderes porque deseaba incorporarse, habló muy entusiasmado de su fe en Cristo. Asombrado, el pastor le preguntó cuál había sido el motivo de su transformación, pues él lo conocía por ser un gran adversario de la iglesia del Señor. El abogado habló de un juez que fue el responsable de su conversión; le explicó: «Yo miraba en su cara algo que no podía entender. Era una luz, un gozo y una paz tan real ... Nosotros nunca hablamos de asuntos religiosos, mas el resplandor de su rostro me impresionó tremendamente. Durante algún tiempo, sin que él supiera, estudié su expresión con la misma determinación con la que estudio las evidencias en mi trabajo de abogado. La conclusión a la que llegué fue que tal resplandor en su rostro se debía a su devoción y la fe en el Señor Jesucristo. Esto fue exactamente lo que me convenció de la verdad del cristianismo. Entonces invoqué al Señor con humildad y entregué mi corazón a Cristo por medio de la fe, nací de nuevo».

Tal vez usted ya sea cristiano como este abogado, o quizá usted todavía no ha experimentado esta maravillosa transformación por medio de la conversión a Cristo. Todo ser humano necesita llenar el vacío de su corazón con algo, Tolstoi dijo: «Hay un vacío en el corazón del hombre que solamente Dios puede llenar». Muchos tratan de llenar este vacío por medio del dinero, otros con drogas, sexo, estudio, diversión, trabajo, deporte, viajes, etc., mas no lo pueden hacer, ¿por qué? Porque es un vacío de naturaleza espiritual, éste solo puede ser llenado por medio de la comunión del ser humano con su Creador, mediante la conversión por la fe en Cristo Jesús. Pero, ¿qué es realmente la fe? De tantas definiciones teológicas que hay se puede resumir, de manera sencilla que:

1. La fe se centra en Cristo.

Efesios 3.11, 12 cita: «Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él». La fe es Cristocéntrica. En Él tenemos seguridad, Él es la razón de nuestra fe. Colosenses 1.4 dice: «Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús». ¡La fe es en Él! No en nosotros mismos, ni en nuestra experiencia o en nuestra sabiduría, no en nuestra capacidad, sino en Él. Colosenses 2.5b también afirma: «... gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo».

2. La fe se centra en la Palabra de Dios.

Romanos 10.17 explica: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Es por medio de leer, estudiar y escuchar la Palabra de Dios, que su fe crecerá. La fe no es tener una idea de que Cristo existe o saber algo sobre Cristo, es creer personalmente en Él; la fe no es un salto a la oscuridad, es la lógica de la Palabra de Dios que es alimentada y nutrida por su poder. La fe no es esperanza, ambas están relacionadas, mas no son lo mismo: esperanza es el deseo del corazón, fe es el fundamento; la esperanza dice: «Yo espero ir al cielo», la fe dice: «¡Yo iré al cielo!» La fe no es una emoción, es una convicción que da el Espíritu Santo. La fe no es un principio inerte, estático, quieto; la fe es viva, es real. Hebreos 4.12 declara: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz» (énfasis hecho por el autor). ¡Es viva! La palabra «eficaz» proviene del griego energes, de la cual se deriva la palabra «enérgico». Energes es algo en acción: activo y efectivo, es lo opuesto de la palabra griega argos: «ocioso, inactivo e ineficaz». Ponga este concepto dentro de su mente, espíritu, alma y corazón: Si nuestra fe es una semilla viva, nacida de la confianza en Dios, nutrida por el Espíritu Santo y regada por la Palabra de Dios, ella producirá frutos en nuestras vidas. ¿Cuáles frutos? Gálatas 5.22, 23 esclarece: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, FE, mansedumbre y templanza» (mayúsculas agregadas por el autor).

La salvación a usted

Romanos 10.9, 10 manifiesta: «Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para la salvación» (énfasis añadido por el autor). La Palabra de Dios dice que usted debe creer en Cristo y entregarle su corazón, debe depositar su fe en su Palabra, aceptarlo como su Salvador y Señor. La palabra creyeres proviene del griego pisteuo, que es la forma verbal de pistis que es FE. Significa confiar en, tener fe en, estar plenamente convencido de, reconocer, depender de alguien. Pisteuo es más que creer en las doctrinas de la iglesia o en artículo de fe. Expresa dependencia y confianza personal: que viene después de la conversión por medio de la obediencia. El vocablo implica sometimiento a la voluntad de Dios y una confesión positiva del señorío de Jesús.

Es por medio de la fe que usted podrá ser salvo y participar de la vida eterna. Es una fe personal en Cristo, usted se arrepiente de sus pecados, Él le perdona y escribe su nombre en el libro de la vida. Usted confiesa a Cristo como su Salvador y Señor, le entrega su corazón, entonces usted nace de nuevo espiritualmente. Jesús habló de esto a Nicodemo en Juan 3.3: «Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios». A usted, por medio de la fe y con un arrepentimiento sincero, se le abrirá la puerta de la vida eterna en Cristo. Jesús usó la figura del «nuevo nacimiento» para indicar tres cosas: 1. Sin el «nuevo nacimiento» no hay vida ni hay verdad ni hay relación con Dios (ver Juan 14.6). 2. Con el «nuevo nacimiento» surge una nueva perspectiva, «vemos el reino de Dios» (Juan 3.3). La Palabra de Dios se hace clara, se experimenta el obrar maravilloso del Espíritu Santo. La fe se torna viva y activa. 3. Por medio del «nuevo nacimiento» somos introducidos, literalmente entramos y se hace realidad el reino de Dios en una nueva dimensión espiritual (ver Juan 3.5). El nuevo nacimiento es más que simplemente ser «salvo», es una experiencia redentora efectuada por la cruz de Cristo la cual nos muestra la dimensión sobrenatural de la vida espiritual con Dios y nos prepara para entrar en su reino, (ver 2 Corintios 5.7). Usted recibe todo esto por medio de la fe en Cristo Jesús y de su Palabra.

Algún tiempo atrás en Inglaterra, cerca de la residencia real en la Isla de Wight, fueron hechas varias casas para los pobres y ancianos; un misionero fue a visitar algunas personas de edad avanzada que allí vivían, y le preguntó a una señora:

—¿La reina Victoria ya les visitó a ustedes aquí?

—Oh, sí —fue la respuesta—, ¡Su majestad nos visita frecuentemente!

Él quería saber si la señora era cristiana, así que el misionero preguntó: —Y el Rey de reyes, ¿ya hizo alguna visita por aquí?

La señora con una sonrisa contestó amablemente:

—¡No señor, Él no viene a visitar, Él VIVE aquí!

Esto es lo que ha sucedido con usted, después que aceptó a Cristo en su corazón, Él ya no viene a visitarlo, Él VIVE en usted. ¡Alabado sea Dios!

La salvación a su familia

Después de que usted es salvo, el gozo inundará todo su ser y deseará que sus familiares también reciban, por la fe, la salvación divina que usted experimentó. Hechos 16.31 dice así: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa», esta es la promesa de Dios para usted y sus familiares. Cuando el apóstol Pablo predicó al carcelero de Filipos, no solamente él fue salvo, sino toda su familia. El versículo 32 dice: «Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa». El evangelio alcanzó a todos los miembros de su familia; la conversión de este hombre y de su familia fueron tan rápidas y radicales que el versículo 33 relata: «y en seguida se bautizó él con TODOS LOS SUYOS» (mayúsculas añadidas). No dice algunos de su familia, dice TODOS; esta es la promesa bíblica para usted. Todos ellos serán salvos, crea. Tal alegría tenía este hombre que invitó a Pablo a su hogar, como dice la Escritura en el versículo 34, «Y llevándolos a su CASA, les puso la mesa; y se regocijó con TODA SU CASA de haber creído a Dios» (mayúsculas agregadas).

Esto mismo que sucederá con usted y sus familiares; así como usted fue salvo, ellos también lo serán, creerán en el Señor Jesucristo, usted debe orar con fervor por los suyos, reclamando lo que la Palabra de Dios dice. Hay millones de cristianos alrededor del mundo orando por sus familiares que aún no son salvos, millones también ya han recibido respuesta a sus peticiones al ver a sus seres queridos arrodillados al pie de la cruz de Cristo. Conozco a muchos hermanos que me han pedido que orara, y junto a ellos he visto conversiones después de algún tiempo, en nuestra propia familia hemos visto gradualmente la conversión de cada miembro a medida que pasa el tiempo. Es la promesa, usted debe creer que Dios lo hará. Mientras usted ora por ellos el diablo no podrá hacerles daño; ore, ayune reclamando lo que está escrito y verá los resultados. El Señor lo prometió, use la Palabra de Dios como base, fundamento de su fe, orando, pidiendo a Dios que la cumpla; en su debido tiempo experimentará la respuesta.

Durante un servicio en una congregación, una madre cristiana pidió al pastor la oportunidad de testificar sobre la conversión de sus hijos por medio de la Biblia y dijo: «Yo quedé viuda con cinco niños para cuidar, el mayor se tornó en un gran problema al mentir y robar, me sentí impotente ante tal situación. Llegué a pensar en enviarlo a un reformatorio; cierta noche tuve un sueño y una voz muy clara me dijo que yo debía leer la Biblia junto con mis hijos. Yo nunca había hecho esto antes, mi Biblia estaba abierta sobre la mesa de la sala solamente como decoración, entonces comencé a leerla junto con los niños y esto empezó a hacer una gran diferencia en nuestra casa. Mis hijos se ponían alrededor mío, sentados como gatitos oyendo la Palabra de Dios; mi hijo, el mayor, el que me había dado tantos problemas, después de una semana me abrazó y con mucho sentimiento me pidió perdón por lo que había hecho, entonces entregó su corazón a Cristo; aquel día se arrepintió de sus pecados y tuvo un encuentro personal con Cristo. Dios contestó mi oración por la salvación de mis hijos, verdaderamente fue la exposición de la Palabra de Dios, su lectura y su poder, que transformó la vida de mi familia». De la misma manera Dios hará con usted y los suyos. Crea en la Palabra de Dios, ella transformará a los miembros de su hogar y toda su familia.

La salvación a los demás

Hechos 4.12 proclama: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos». Es en el nombre del Señor Jesucristo que alguien puede encontrar salvación. Dios el Padre envió a Su Hijo, Jesucristo para salvarnos; en ningún otro hay salvación, dice la Escritura. El Espíritu Santo es el que trae la convicción del pecado a nuestro corazón, la Trinidad divina estuvo y está activa en el plan de la redención del hombre; así como usted fue salvo, sus familiares serán salvos, o quizá ya han sido salvos. Ahora usted podrá llevar la palabra de redención a los demás, a sus vecinos, amigos, colegas y a quienes usted tenga la oportunidad. La maravillosa experiencia que usted tuvo debe compartirla con denuedo, fe y pasión, en agradecimiento a lo que Cristo hizo con usted al salvar su alma. Ahora que conoce a Cristo, Él podrá, después de algún tiempo, llamarle al ministerio, prepararle, capacitarle, ponerle al servicio como pastor, evangelista, misionero o cualquier otra función que Dios tenga para usted.

En el segundo libro que escribí Heme aquí, Señor, envíame a mí, relato las experiencias maravillosas que he tenido al compartir la Palabra de Dios después de mi conversión, a los dieciocho años de edad. Al día siguiente de mi encuentro personal con Cristo, yo ya estaba ganando almas para Él; a pesar de haber nacido en un hogar cristiano, tuve que hacer una decisión por Cristo al reconocer mi necesidad de convertirme al Señor debido al accidente automovilístico de mi hermano Tayrone, que relaté en las últimas páginas de mi primer libro El poder de la Palabra de Dios. En él usted podrá leer cómo fue su terrible accidente y cómo Dios hizo un gran milagro al levantarle del hospital después de casi setenta días en coma. No hay gozo más grande que éste, después de ser salvo, llevar la salvación a los demás, ya Isaías 12.3 lo afirma: «Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación». Este gozo le llevará a que usted dedique tiempo diariamente para estudiar las Escrituras; siempre que tenga la oportunidad, comparta la Palabra de Dios con amor, misericordia y entrega a cualquiera que cruce en su camino. Dios honrará su Palabra cuando usted predique su evangelio.

No solamente he predicado en estadios, coliseos y centros de convenciones en cruzadas alrededor del mundo, así como en campañas evangelísticas en congregaciones, en la radio y televisión, sino que me fascina el evangelismo personal, hablar de Cristo a una persona individualmente. Es mi gran placer testificar y he tenido cientos de cientos de experiencias, principalmente en los aviones, de personas que recibieron a Cristo después de una charla sobre cristianismo. Proverbios 24.11, 12 nos habla sobre nuestra responsabilidad de testificar a los demás: «Libra a los que son llevados a la muerte; salva los que están en peligro de muerte. Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿acaso no lo entenderá el que pesa a los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras». Ahora que ya conoce a Cristo, es su deber llevar la Palabra que traerá la salvación divina a todos aquellos que la acepten. He tenido el gozo de llevar personalmente a la conversión a infinidad de personas que estaban engañadas en sus religiones o sectas, al escuchar la verdad de la Palabra de Dios se han arrepentido y confesado al Señor Jesucristo como el único Salvador y Señor de sus vidas. ¡Aleluya!

La fe que mueve la mano de Dios para la salvación

Isaías 59.1 asegura que la mano de Dios está activa para salvar: «He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír» (énfasis añadido por el autor). ¡Dios salvó ayer, salva hoy y salvará mañana! Esta es su promesa: que su mano se mueve cuando usted, yo, o cualquiera, por fe, clamamos por salvación; está disponible, pues todo aquél que invocare el nombre del Señor será salvo, es lo que dice la Escritura. Es por la fe que se mueve la mano de Dios para la salvación. También 2 Corintios 6.2 afirma: «En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido».

Cuando el majestuoso barco «Pamir», de cuatro velas, dejó el puerto de Hamburgo en Alemania con dirección a Argentina había 93 personas a bordo. El viaje de ida aconteció sin problema alguno, pero al regreso, el 21 de septiembre de 1957, una gran tempestad rasgó las velas y causó mucho daño a la nave. La tripulación no podía hacer cosa alguna, el capitán del barco con gran desesperación envió un mensaje por telégrafo: «S.O.S. estamos hundiéndonos». Más tarde el barco se hundió, algunos intentaron desesperadamente llegar a los botes salvavidas, sólo cinco personas lo consiguieron. Todos estaban muy cansados y experimentaban ya hipotermia, cuando llegó el barco «Saxony» y los rescató. Uno de los sobrevivientes narró: «Yo me arrodillé adentro del bote salvavidas, oré al Señor e imploré su ayuda y misericordia, después de esto desmayé, creo que perdí la conciencia, no sé lo que sucedió. Después desperté sano y salvo en el barco Saxony».

La nave de rescate llegó al encuentro de estas personas, no pudo llegar para salvar a todos los que naufragaron, pero consiguió salvar a unos pocos. El que oró humildemente recibió la salvación de las impetuosas aguas del mar. La fe que mueve la mano de Dios para la salvación es ésta, una fe con fervor, sinceridad y reconocimiento de su necesidad. Así como el barco «Parir» se hundió, hay millones de personas que espiritualmente se están hundiendo diariamente sin Cristo. Es necesaria nuestra oración y la predicación de la Palabra de Dios para que Dios mueva su poderosa mano y otorgue salvación a aquellos que se están hundiendo espiritualmente en sus pecados. Ahora es el momento de hacerlo, no mañana. Si usted todavía no tiene a Cristo debe arrodillarse con humildad, como este hombre lo hizo, y pedir misericordia por su alma para que Dios le dé una oportunidad de alcanzar su salvación eterna. Así como el «Saxony» vino y se movilizó para socorrer a los náufragos, la Biblia dice: «en día de salvación te he socorrido»; Dios, de la misma forma vendrá, moverá su mano por medio de la fe para salvarle a usted, a sus familiares y seres queridos. Si usted ya es salvo debe compartir su fe de manera cariñosa y tratar de «salvar» a los que se están hundiendo sin Cristo en el mar de sus transgresiones, sin olvidar que usted también estuvo en el mismo barco anteriormente y que Dios tuvo misericordia de su alma. Por la fe, la mano de Dios traerá la salvación divina a su vida y a quienes usted conoce.

(Continues...)



Excerpted from La fe que mueve la mano de DIOS by Josué Yrion Copyright © 2007 by Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Josué Yrion es un evangelista internacional que hapredicado a millones de personas en 71
países. Fue el primer ministro latinoamericano en predicar en una cruzada en Madras (Chennai), India. Visita www.josueyrion.org.

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