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La gracia de Dios
     

La gracia de Dios

by Andy Stanley
 

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Ninguno de nosotros merece lo que Dios nos ofrece: una vida libre de pecado y la esperanza de un futuro glorioso. Pero, aunque parezca increíble, todo esto se nos sirve en bandeja. ¿Por qué? Por la gracia de Dios, por su favor inmerecido y el amor y la amabilidad que nos brinda profusamente y nos viene brindando desde la Creación.

Overview

Ninguno de nosotros merece lo que Dios nos ofrece: una vida libre de pecado y la esperanza de un futuro glorioso. Pero, aunque parezca increíble, todo esto se nos sirve en bandeja. ¿Por qué? Por la gracia de Dios, por su favor inmerecido y el amor y la amabilidad que nos brinda profusamente y nos viene brindando desde la Creación. Pero, si podemos acceder a esto tan fácilmente, ¿por qué vivimos una vida carente de gracia? ¿Por qué nuestras iglesias están llenas de cristianos desilusionados, cansados de las exigencias de la religión, que luchan contra sus derrotas personales ocasionadas por sus propios problemas o comportamientos?

Acompaña al pastor Andy Stanley a medida que sigue el recorrido de la gracia a través el Antiguo y el Nuevo Testamento y observa la gracia de Dios en acción en las vidas de algunos de los mejores y peores personajes. El autor también utiliza anécdotas de su propia vida para demostrar que la gracia no es una mera respuesta natural, sino la más importante. Estas historias desvelan los misterios de la gracia y son una muestra de su poder transformador para liberarnos.

Product Details

ISBN-13:
9781602554665
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
05/03/2011
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
256
Sales rank:
1,399,924
Product dimensions:
6.00(w) x 8.90(h) x 0.80(d)

Read an Excerpt

La Gracia de Dios


By Andy Stanley

Thomas Nelson

Copyright © 2011 Andy Stanley
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-475-7


Chapter One

En el principio, la gracia

La gracia ha sido el fundamento de nuestra relación con nuestro Creador desde el principio mismo.

Los lectores bíblicos principiantes con frecuencia se sorprenden por el aparente contraste entre el Dios que descubrimos en el Antiguo Testamento y el Dios que muestra Jesús en el Nuevo. Para ser francos, aun aquellos bien familiarizados con la Biblia casi siempre se sorprenden con este contraste. Varios años atrás mi esposa, Sandra, estudió el Antiguo Testamento como parte de un curso que requería a los estudiantes que leyeran consecutivamente los libros históricos, desde Josué hasta 2 de Crónicas.

Como muchos cristianos, ella creció con un devocionario enfocado en la lectura bíblica; de modo que algunas de las historias más conocidas le fueron familiares. Sin embargo, nunca había leído consecutivamente las porciones narrativas del Antiguo Testamento. Una mañana temprano, me le acerqué mientras leía; levantó la vista hacia mí y me dijo:

—Me contentaré cuando termine con esto.

—¿De veras? —le dije—. ¿Por qué?

Sacudió su cabeza y dijo:

—Así no es como yo veo a Dios. Básicamente, Él perdona el genocidio.

Genocidio. Este término había tomado recientemente un significado nuevo para nosotros.

Tres meses antes visitamos Ruanda. Hablamos con los sobrevivientes. Visitamos el museo del genocidio en Kigali. Las horribles fotografías y grabaciones de video de tal carnicería revelaban la maldad y las tinieblas en las que se había hundido ese país africano en unos cien días, durante los cuales se masacraron al menos quinientos mil hombres, mujeres y niños.

Pilas de cuerpos, fosas comunes, montones de esqueletos. Los niños que sobrevivieron quedaron huérfanos y sin casas. También vimos los instrumentos de destrucción. Los civiles borrachos de los escuadrones de la muerte conocidos como Interahamwe prefirieron el machete, un arma que creó una carnicería de proporciones veterotestamentarias.

Luego de experimentar aquel sombrío y agobiante lugar, no podemos decir la palabra genocidio sin sentirnos indispuestos. Sandra tenía razón. Las semejanzas eran demasiado obvias para ignorarlas.

En su libro El espejismo de Dios el destacado ateo, doctor Richard Dawkins, declaró:

El Dios del Antiguo Testamento es, sin duda, el personaje más desagradable de toda la ficción: es celoso y se enorgullece de ello; es un mezquino, injusto e implacable maniático del control; es vengativo, un sangriento depredador étnico; un misógino, homófobo, racista, infanticida, genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista y acosador, caprichoso y extremadamente malévolo.

Sin embargo, él no fue el primero en llegar a esas conclusiones. En el segundo siglo de nuestra era, el obispo Marción se asombró tanto por el contraste entre las descripciones de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento que concluyó que debían referirse a seres completamente distintos. Él creyó que el Dios del Antiguo Testamento creó el mundo físico e introdujo la ley, que se basaba en el castigo, a través del judaísmo. Aun cuando Marción caracterizó al Dios del Antiguo Testamento como el Legislador cruel y celoso, vio al Dios del Nuevo Testamento como un Padre compasivo y amoroso preocupado por toda la humanidad. Él creyó que ese Dios neotestamentario se reveló a sí mismo a través de Jesucristo.

Aunque la iglesia en los días de Marción consideró su enseñanza herética y casi lo excomulgó, uno no puede más que apreciar su intento por reconciliar las contradicciones aparentes entre el implacable Dios que se presenta en el Antiguo Testamento, el Dios de la guerra, con el Dios amable y afable que envió a su Hijo para redimir al mundo del pecado.

Con todo esto, parecería que el estudio de la gracia debería comenzar con el Evangelio de Mateo. A primera vista, parece que el nacimiento de Jesús señalaba el inicio de una era de gracia. Sin embargo, una lectura cuidadosa del Antiguo Testamento revela la gracia como característica preeminente de Dios desde el principio mismo. Por tanto, es ahí donde comenzará nuestra jornada. En el principio.

* * *

El Antiguo Testamento empieza con una explicación sobre el origen del mundo. Aun cuando los lectores modernos se sumergen de inmediato en los detalles que rodean el proceso de la creación, el autor tiene mucho más en mente. Poco después que los israelitas escaparon de los lazos de la esclavitud en Egipto, Moisés escribió este extraordinario libro como un medio para presentarlos a Dios. Luego de más de cuatrocientos años de contacto con la mitología egipcia y una visión del mundo politeísta, la memoria colectiva de los israelitas quedó distorsionada. Por tanto, los primeros tres capítulos de Génesis representan mucho más que la historia de la creación.

Esta fue la presentación, o nueva presentación, de Israel al Dios de sus padres. Esta era su idea acerca de la naturaleza y la personalidad de Dios, que los había escogido como su pueblo. Después de lo que acababan de presenciar: su milagrosa partida de Egipto, la división del Mar Rojo, el asombroso despliegue del poder de Dios sobre las personas y la naturaleza, ni un alma entre todos ellos dudaba de su habilidad para crear algo de la nada.

Ellos no buscaban explicación en cuanto a cómo llegaron a ser las cosas, preferían saber quién los había liberado y a quién se les pedía seguir.

* * *

De acuerdo con las narraciones acerca de la creación de otras religiones antiguas, los dioses tenían su residencia en un universo preexistente. Así que no crearon el mundo; solo lo activaron. Sin embargo, Moisés declara que el Dios de los hebreos existió antes que cualquier cosa. Que de la nada trajo todo material y tiempo a la existencia. No porque tuviera que hacerlo, sino, al parecer, porque quiso hacerlo y es ahí donde encontramos la primera expresión misma de la gracia de Dios.

Los filósofos y los científicos han estado lidiando por generaciones con una pregunta fundamental: ¿Por qué no existía algo en absoluto? U otra manera de preguntarlo: ¿Por qué no existía algo en vez de nada? No es de preocuparse, no vamos a pasar demasiado tiempo aquí, aunque esta cuestión merece que se le explore antes que examinemos la conocida historia de la creación. Es imposible para nosotros imaginar nada, pero al parecer no hubo nada antes de haber algo. En el pasado, algunos científicos sugirieron que la materia podría ser eterna. Sin embargo, investigaciones más recientes sugieren que tanto la materia, el espacio y el tiempo, cada uno tuvo un inicio. Algo vino de nada. Pero ¿por qué? ¿Por qué algo? ¿Por qué no nada?

Permítame asumir que usted cree en Dios y plantearle esta pregunta de manera diferente. ¿Por qué Dios creó algo? Algunos argumentan que estaba solo pero yo no pienso eso. Aun si ese fuera el caso, se podría elaborar el argumento de que el acto creativo fue un suceso extraordinario de gracia. Dios creó vida, lo cual estableció el potencial para usted y para mí. La creación le dio la oportunidad de ser; Dios no estaba obligado a darle a usted o a mí esa oportunidad. ¿Por qué hay algo en lugar de nada? Porque Dios decidió que debía haber algo ¡y parte de ese algo es usted! En el principio Dios creó y eso fue un acto de gracia maravilloso, pero fue solo el principio.

Moisés escribió que después de haber creado el tiempo, el espacio y la materia, el universo estaba «desordenado y vacío». En este vacío Dios dijo: «Sea la luz», y hubo luz. Entonces Dios comenta sobre su creación: «Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas» (Génesis 1.3-4).

El Creador no es el único que ve la luz como algo bueno. Usted también y, por ende, yo. Sin embargo, Dios no estaba obligado a crear la luz. El mundo pudiera haber sido dejado en oscuridad absoluta y nosotros nunca habríamos conocido la diferencia. ¿Alguna vez ha agradecido a Dios por la luz? Yo tampoco. La damos por sentado. El único momento en que hago un alto para expresar gratitud a Dios por la luz es cuando la electricidad es restaurada luego de una tormenta de hielo, pero en minutos vuelvo a mi estado mental de que todo está normal, es decir, que hay luz. Casi nunca consideramos la creación de la luz como una extensión de la gracia de Dios. Sin embargo, si tiene amigos invidentes, usted sabe que la restauración milagrosa de su vista sería con certeza una causa de acción de gracias y que nadie consideraría ilógico dar crédito a Dios por su gracia en las vidas de ellos.

¿La diferencia? La luz es una constante para la persona común, pero no lo es para aquellos que son invidentes. La extensión de la gracia de Dios las veinticuatro horas de cada día de la semana por lo general pasa inadvertida, hasta que se pierde y, aun entonces, nuestra apreciación y reconocimiento dura poco tiempo.

El resto de la historia de la creación describe cómo Dios trajo orden sistemáticamente a un universo «desordenado y vacío». Él dividió el cielo de la tierra, la tierra seca de las aguas; el día de la noche. Esparció el cielo con el sol, la luna, los planetas y las estrellas para medir el paso del tiempo. Llenó la tierra con vida; variedad sin fin, ilimitada en extensión, implacable en resistencia, maravillosa en complejidad. Nada de eso era necesario. Dios no estaba obligado a llegar a esta, al parecer, inmensa extensión. Sin embargo, lo hizo y en cada acontecimiento, al final de cada ciclo de la creación, encontramos una frase que llama poco la atención, sin embargo declara la gracia de Dios de forma sutil pero poderosa: «Y vio Dios que era bueno» (vv. 10, 12, 18, 21, 25).

Creo que muchas personas se refieren a esto como que Dios miró su artesanía y pensó respecto de sí mismo: ¡Buen trabajo! Ya sabe, el tipo de cosas que usted se diría después de haber pintado una habitación en su casa o lavado su auto. Eso estuvo bien. Suena un poco tonto cuando usted se detiene y piensa en ello. «Y vio Dios que la luz era buena» (Génesis 1.4). ¿No lo supo hasta que se detuvo a contemplarla? ¿Fue algo así como un experimento? O quizá en lugar de darse palmaditas en la espalda, lo dijo en sentido comparativo. Quizá lo había intentado antes y no había sido tan bueno, pero esta vez lo hizo bien.

Yo no lo creo así. Ni otros a quiénes he leído.

Otra opción sugiere que la creación era buena en el sentido moral, pero eso tampoco funciona. La tierra seca no es moralmente buena o mala. Es solo tierra seca. Sin embargo, Dios la declaró buena. Extraño, ¿no es verdad? ¿Buena para qué? ¿Buena para quién? ¿Buena para Dios? ¿Se benefició Dios de la división de la tierra y el mar o de la creación de los pájaros y los peces?

Para cuando Dios terminó, más de trescientas especies de escarabajos poblaban la tierra. ¿Fue todo esto para su único beneficio y disfrute? ¿Realmente importaba que las plantas que portan semillas reprodujeran luego su propia especie? ¿Fue para Dios que ciertas plantas en el principio se crearan para alimento y otras sencillamente por su belleza? ¿Se beneficiaría Dios, que es espíritu, de cualquiera de ellas? En otras partes de la Escritura descubrimos que toda la creación declara la gloria de Dios (Salmos 19.1). Sin embargo, ¿quién escucha esta declaración?

Tú y yo somos ese quién.

Dios declaró buena cada fase de la creación porque era buena para nosotros.

¿No estás seguro de creerlo? ¿Te parece un poquito interesado? Presta atención, porque lo que ocurre después aclara un poco todo lo que había antes.

«Entonces ...» (Génesis 1.26), después que todo estuvo listo. «Entonces », después que el escenario se dispuso. «Entonces», después que Dios tenía todo de la manera que sabía que nosotros necesitábamos que fuera. «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza ... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1.26-27).

¿Qué hizo Dios con ellos? Les dijo que disfrutaran. Todo lo que minuciosamente había modelado, lo creó para ellos.

Aquí está cómo lo describe Moisés. Tomen nota especial de las palabras que enfaticé:

Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. (Génesis 1.29-30, énfasis añadido)

Dios creó el mundo, lo llenó con bienes y después lo regaló. Nos entregó las llaves en nuestras manos.

Él creó un mundo perfectamente apropiado para sustentar a la raza humana. ¿Qué hicimos nosotros para merecer esta abundancia increíble y primitiva? Nada. Absolutamente nada.

Eso es gracia. Desde el punto de vista de la experiencia humana, la creación del universo y el regalo de este a la humanidad por parte de Dios, fue el comienzo de la gracia. Esas majestuosas puestas de sol, son para usted. Esas estaciones que nos permiten sembrar y cosechar, son para usted. Esas variedades de vegetales y frutas que ha disfrutado a lo largo de su vida, son para usted. Su salmón, cherna, trucha o pargo preferido. Eso es para usted. La playa, las montañas, los lagos, los arroyos, las selvas, las junglas, las llanuras, todo para usted. Hay más belleza en este mundo que lo que cualquier persona puede totalmente comprender, mayor abundancia que la que cualquier persona puede consumir. ¿Por qué?

Esa es la naturaleza de la gracia. La gracia nunca es solo suficiente. La gracia siempre es mucho más que suficiente. Desde el comienzo mismo, Dios estableció su modelo de gracia abundante sobre aquellos que ama. Sin embargo, lo mejor estaba todavía por venir.

* * *

En medio de todo lo que Dios declaró bueno, algo no le satisfizo: «Y dijo Jehová Dios, "No es bueno que el hombre esté solo"» (Génesis 2.18).

Una vez más somos confrontados con el amor y la dedicación interminable de Dios por y hacia la humanidad. ¿Por qué creó una mujer? Porque no era bueno para el hombre que estuviera solo. Desde el mismo inicio de la creación vemos que Dios desea lo que es bueno para nosotros. Eso es gracia. Favor inmerecido. Dios solamente quiso (y continúa queriendo) lo que es bueno para nosotros. Para usted.

Cuando vio que la humanidad estaba incompleta, actuó: «Le haré ayuda idónea para él» (Génesis 2.18). ¿Por qué? ¿Porque tenía que hacerlo? No, el texto es claro. Porque quiso hacerlo.

«Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1.27, énfasis añadido).

Sería un error precipitarse demasiado por esto. ¿Por qué hombre y mujer? ¿Por qué no crear sencillamente una gran tienda electrónica llena de varones? ¿Por qué no crear un gran centro comercial y llenarlo de mujeres? Nunca habríamos sabido la diferencia. Sin embargo, Dios al parecer lo sabía. Así que creó al hombre y a la mujer y al hacerlo creó una capacidad de amor e intimidad que Adán, por sí solo, nunca habría experimentado. Dios creó la experiencia de la satisfacción sexual. Creó el potencial para los hijos y un amor único que solo un padre puede comprender. La creación del hombre y la mujer trajo la habilidad para disfrutar la vida y su expresión más completa. ¿Por qué impulsó Dios su capacidad creativa a tal extremo? Porque quiso. Quizá aquí, más que en cualquier otra parte del Antiguo Testamento, Dios revela sus sentimientos por la humanidad. Él desea lo bueno para nosotros, por eso llenó la creación con bienes interminables.

Dios bendijo a Adán y a Eva con abundancia de todo lo que necesitaban para prosperar y les animó a disfrutar la vida al máximo. Les llenó el huerto con sobrada variedad de alimentos, no solo para sustentarse sino para deleitarse. Los entregó uno al otro y les dio el regalo de las relaciones sexuales, no solo para procrear sino para saborear los placeres de la intimidad pura. Entonces les dio algo más: algo que hacer.

Adán y Eva fueron guiados a una parte exuberante del mundo nuevo formado por Dios; allí hizo dos cosas notables que no hizo para ningún otro ser creado. Bendijo a la pareja y les dio responsabilidad. Dios dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra» (Génesis 1.28, énfasis añadido).

(Continues...)



Excerpted from La Gracia de Dios by Andy Stanley Copyright © 2011 by Andy Stanley. Excerpted by permission of Thomas Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

Andy Stanley fundó North Point Ministries, Inc. (NPM) en 1995 con la visión de crear iglesias a las cuales les agradara asistir también a las personas que no se identifican con ninguna otra iglesia. Cada domingo, más de 33.000 personas asisten a una de las siete iglesias que tiene North Point en la zona de Atlanta, Georgia. NPM también ha fundado también más de 25 iglesias fuera de la zona metropolitana de Atlanta, con una asistencia semanal combinada de más de 15.000 personas. Cada mes, más de un millón de personas escuchan sus mensajes en los distintos portales de NPM en la web. Andy y su esposa Sandra viven en Alpharetta, Georgia, y tienen tres hijos: Andrew, Garrett y Allie. Puedes encontrar más información y utilizar los recursos gratuitos que se ofrecen, entrando a su portal: www.northpointministries.org.

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