La iglesia como un equipo

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Su iglesia puede tener muchos miembros, pero, ¿tiene cada miembro un propósito? En La iglesia como un equipo, el pastor Wayne Cordeiro recalca que los miembros de la congregación son insignificantes si no se involucran. No obstante, si trabajan unidos en equipo con una meta claramente definida, todo es posible y además todos comparten el gozo y la gratificación del éxito.

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Su iglesia puede tener muchos miembros, pero, ¿tiene cada miembro un propósito? En La iglesia como un equipo, el pastor Wayne Cordeiro recalca que los miembros de la congregación son insignificantes si no se involucran. No obstante, si trabajan unidos en equipo con una meta claramente definida, todo es posible y además todos comparten el gozo y la gratificación del éxito.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780881139921
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 6/6/2006
  • Language: Spanish
  • Pages: 244
  • Product dimensions: 5.00 (w) x 8.00 (h) x 0.70 (d)

Meet the Author

El doctor Wayne Cordeiro es pastor de la iglesia New
Hope Christian Fellowship en Honolulú. Una de las iglesias de mayor crecimiento de la nación. También es presidente de New Hope
Internacional, un ministerio dedicado a desarrollar nuevos líderes que planten iglesias en el siglo 21.

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La Iglesia Como Un Equipo


By Wayne Cordeiro

Grupo Nelson

Copyright © 2006 Wayne Cordeiro
All rights reserved.
ISBN: 978-0-7180-2567-0



CHAPTER 1

Alcanza lo mejor de Dios

Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová, Dios tuyo, que te enseña provechosamente, Que te encamina por el camino que debes seguir.

Isaías 48.17, RV


Anidada entre las dos montañas de Mauna Kea y Mauna Loa, Hilo es una de las más hermosas ciudades de las islas hawaianas. Al este yace una bahía natural que dio bienvenida a los primeros misioneros a Hawai. Situada al pie de estas dos imponentes montañas, Hilo recibe lluvias constantes que le otorgan el título de la ciudad de mayor lluvia en los Estados Unidos, con una precipitación anual promedio de más de 304 centímetros cúbicos.

Hilo también tiene algunas de las más bellas personas en el mundo. Son hombres y mujeres que aman la diversión, orientados a la relación con mucho aloha, o amor mutuo. Esta gente disfruta de los deportes, la pesca, la comida, la música y la risa.

Uno de los deportes más populares en las islas son las competencias de canoas a remos. En este deporte, seis remeros componen la sala de máquinas de una canoa, del tipo que atravesaba las islas hace más de 200 años atrás. Aunque navegar una de estas canoas antiguas parezca juego de niños, la técnica misma requiere mucho más de lo que se puede apreciar con el ojo.

Un verano, seis de nosotros de la iglesia, recibimos una invitación para competir como embarcación en la siguiente carrera de canoas. Ávidos de algo nuevo, aceptamos la invitación y de inmediato buscamos un instructor de canotaje de un club cercano. Comenzamos nuestras primeras lecciones en un lago de agua salada. Nuestro instructor se sentó en la proa de la canoa, de frente, dándonos señales e instrucciones. Una vez que tomamos nuestras posiciones comenzó la primera lección.

«¡OK, todos!», gritó. «Así se sostiene el remo». Entonces modeló la forma correcta. Mientras dilucidábamos cuál punta debíamos sostener, y con cuál mano, él continuó instruyéndonos.

«Remaremos nuestro primer trecho de agua. Será un trecho de un octavo de milla (201 metros). Cuando yo inicie el cronómetro y diga: "¡Ya!", ustedes remen lo más rápido posible y tan fuerte como puedan. Cuando crucemos la línea de llegada, yo les dejaré saber. Sólo entonces pueden dejar de remar. ¿Entendido?»

¿Qué tan difícil puede ser esto?, pensé. Hasta los niños reman en canoas. ¡Esto será pan comido! Justo entonces, la vigorosa y penetrante llamada de nuestro entrenador destrozó mis pensamientos autosuficientes.

«¿Ho'omakaukau? ¡I mua!»

En español eso significa: «¿Listos? ¡Ya!»

Con nuestros músculos dilatados y los tendones tensados, salimos de nuestra posición de partida cual elefante que se ahoga, jadeando por obtener aire. Azotábamos el agua con nuestros remos por ambos lados de la canoa. Sin saber cuándo cambiar de lado, pensamos que tenía sentido lo hiciéramos cuando un brazo se cansara. De modo que, remando a discreción, crucé el filo de mi remo por encima de la canoa y, al hacerlo, le raspé la espalda a uno de los remeros sentado directamente frente a mí. Él me gruñó, mientras mi remo le trazó una marca roja en su espalda. Pero ninguno de nosotros se detuvo. Sólo seguíamos agitando salvajemente nuestros brazos como patinadores amateurs, tratando de recobrar el equilibrio. ¡Estábamos en una cruzada!

Pero pronto sentimos como si hubieran pasado horas. Comencé a sentir mis brazos pesados y mis pulmones como que les hubieran prendido fuego. La espalda de mi compañero había comenzado a sangrar y el agua había llenado nuestra canoa hasta la mitad. El elefante estaba comenzando a hundirse, cuando finalmente oímos a nuestro entrenador decir: «OK, ¡deténganse!»

¡Gracias a Dios!, pensé. Abandonamos la canoa que se hundía y dejamos caer nuestros cuerpos al agua, totalmente exhaustos.

«Un minuto, cuarenta y dos segundos», dijo nuestro entrenador. «¡Bastante triste!»

Como guerreros deshechos, nos confortamos unos a otros, disculpándonos por las raspaduras y heridas infligidas al agitar nuestros remos. Empezamos a sacar el agua de nuestra pesada canoa, que ahora se parecía más a un submarino que a una veloz nave de carrera.

El entrenador reunió a los novatos llorosos y, luego de compartir algunos puntos básicos sobre seguridad, nos enseñó a remar como equipo. Cada remero inmaduro debía reflejar al hombre enfrente de él, y todos debían moverse a tiempo con el remero líder. El entrenador nos enseñó a cambiar el remo de mano sin herir a otros. Practicamos juntos nuevamente hasta que nuestro movimiento se hizo tan rítmico como un metrónomo. ¡Comenzábamos a vernos bien! Luego de algunas vueltas de ensayo, el entrenador nos llevó de regreso a nuestra posición inicial.

«Bueno», dijo: «¡intentemos el mismo trecho de un octavo de milla de nuevo! Sólo que esta vez, quiero que remen como si estuvieran tomando un paseo sin prisas por el parque. Nada de carreras. Sólo copien a quien está frente a ustedes y cambien con una suave cadencia de ritmo, tal como les fue enseñado. Remen como un equipo. Sientan el movimiento de la canoa. Es como andar en patineta. Una vez que estén andando, sólo mantengan el patinar. Y no traten de romper ninguna barrera de sonido esta vez, ¿OK?»

Con nueva confianza, tomamos nuestras marcas. El entrenador vociferó su señal inicial.

«¿Ho'omakaukau? ¡I mua!»

Nuestros remos silenciosamente penetraron el agua, coordinados en tiempo perfecto. Nuestra canoa cortó el agua como cuando un cuchillo atraviesa la gelatina. Cambiamos de lado sin perder un compás. Cada uno de nosotros reflejó al remero enfrente de sí. De alguna manera, en sólo unos pocos minutos, ¡habíamos sido transformados de un animal de circo a una máquina de precisión! Entonces, cuando comenzábamos a sentir el regocijo de nuestro suave progreso, nuestro jubiloso entrenador gritó: «¡OK! ¡Dejen de remar!»

Este arribo antes de lo esperado nos tomó a todos por sorpresa.

«¿Alguno cansado?»

Todos meneamos nuestras cabezas expresando que no.

El entrenador alzó su cronómetro para que pudiéramos ver la verdad. Luego exclamó: «¡Batieron su marca anterior por veinticuatro segundos!»

No lo podíamos creer. ¿Nadie herido? ¿Nadie en el agua? ¿Nadie lo suficientemente exhausto para desplomarse? ¿Ninguna canoa inundada con agua? ¿Nada de fuego en mis pulmones?

Con absoluto deleite nos felicitamos unos a otros, dimos unos cuantos gritos de victoria, intercambiamos collares hawaianos y nos tomamos fotos. ¡Esto era grandioso!

Y lo hicimos juntos. Habíamos remado como un equipo.


Tan viejo como en la Biblia

Hacer el trabajo de la iglesia en equipo no es un concepto innovador. De hecho, es tan viejo como la Biblia misma (pero espero describir el trabajo en equipo con términos más contemporáneos).

Este enfoque de «hacer el trabajo de la iglesia» yace en el corazón mismo y la pasión de una iglesia sorprendente en Honolulú llamada New Hope Christian Fellowship de Oahu, nuestro décimo trabajo pionero desde 1984. Dentro de los nueve años de su establecimiento, la concurrencia promedio de la congregación los domingos por la mañana ha aumentado a 10.500 personas. Más de 26.000 personas han hecho compromisos por primera vez para seguir a Cristo, y más de 4.000 de esas personas han sido bautizadas.

La iglesia creció más que yo en su primer mes. Si no fuera por los sorprendentes siervos que Dios trajo allí para servir, estoy seguro que me hubieran encerrado en la sala psiquiátrica de alguna institución estatal hace tiempo (¡quizás algunos aún sientan que debo ser admitido de todas maneras!). Por causa de nuestro crecimiento acelerado, hacer el trabajo de la iglesia en equipo era casi una necesidad.

Creo que lo vi funcionar por primera vez en una reunión de Noche Buena en 1996. Hicimos un programa lleno de presentaciones multimedia, danza, mimos, drama, un coro de 100 voces con conjuntos menores es decir, ¡con todo! El auditorio se llenó con más de 1.200 personas, muchas de las cuales habían venido por primera vez. Yo estuve parado fuera del escenario, mirando cómo se desplegaba el evento.

Durante el año anterior, en nuestro primer año en Oahu, habíamos visto a más de 1.400 personas abrir sus corazones a Cristo. Cuando unes tantos creyentes en un lugar, ¡vas a tener fuego! Esa tarde la música erupcionó con una canción de magnificente celebración. Los bailarines estallaron en el escenario, expresando su exhuberancia con oscilaciones y giros. Una ex porrista universitaria vino saltando por la plataforma, dando vueltas y haciendo saltos marciales. Otros fueron lanzados al aire para «el Gran Final», y el auditorio explotó en aplausos. (¡Una muchacha voló tan alto que no hemos oído de ella desde entonces!)

En algún momento durante este programa, me di cuenta. Mientras miraba a nuestro destacado tecladista tocar el piano con todo su corazón, yo pensé: El está predicando el evangelio como mejor sabe, ¡a través de su piano!

Cerca, el baterista tocaba la batería con su usual excelencia. Él parecía tocar más con su corazón que con sus baquetas. Esa noche me dije a mí mismo: Nuestro baterista está predicando el evangelio de la mejor manera que sabe ¡a través de su batería!

Cuando vi los rostros radiantes del coro, vi muchas vidas que habían sido recientemente transformadas por la gracia del Señor, y pensé: Esa gente maravillosa está predicando de la mejor manera que saben, ¡a través de su canto!

Los mimos, el equipo de drama y los conjuntos, todos predicaban el evangelio a través de sus propios dones.

Entonces noté cómo los coordinadores de escenario se movían con equilibrio y ritmo, acomodando micrófonos y enderezando cables. Vi a nuestra gente de vídeo operando las cámaras. Miré sobre la audiencia y vi a los ujieres saludando a la gente con genuino entusiasmo. Divisé las caras de varios individuos que habían traído amigos y vecinos. Toda esta gente estaba predicando a través de sus dones, pasiones y talentos particulares.

Al final del memorable programa, caminé hacia la plataforma, levanté un micrófono y cerré la noche con una simple presentación del evangelio. Yo también prediqué el evangelio de la mejor manera que sabía, a través de mi propio don. Pero yo no lo estaba haciendo solo. ¡Todos lo estábamos haciendo juntos! Todos estábamos predicando el evangelio de la mejor manera que sabíamos, a través de nuestros dones. Y eso incluía el ministerio de niños, el equipo de estacionamiento y todos los que trabajaron detrás de escena para hacer que este evento sucediera. Cada persona en particular tuvo una parte. Yo vi este evento no meramente como una presentación del evangelio sino como varios cientos de presentaciones del evangelio, todas en la misma tarde. ¡Eso fue lo que lo hizo tan poderoso!

Esa noche comencé a ver la verdad claramente, y un nuevo entendimiento, de cuán hermoso el Cuerpo de Cristo puede ser, inundó mi alma.

¡Estábamos comenzando a hacer el trabajo de la iglesia en equipo!

Aunque yo había estado en el ministerio por más de dos décadas, esta experiencia me dio más certeza que sabía mucho menos de lo que pensaba. Aun así, a través de todas nuestras dificultades y luchas, Dios formó un diamante y diseñó una gema.

Hoy, el deseo de mi corazón es depositar las verdades que aprendí en Hawai en tu cuenta.


Diseñados unos para otros

Dios nunca nos habría dado la Gran Comisión, de ir al mundo y predicar el evangelio, si jamás hubiera tenido la intención de que nosotros realmente avanzáramos. Pedro nos dice que el Señor no quiere que «ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pedro 3.9). Dios jamás diría tal cosa si no fuera posible.

Nosotros, todos, somos llamados a esta gran tarea, pero ninguno de nosotros puede hacerlo solo. Ningún pastor puede, por sí solo, llevar a cabo tal llamado, sin importar cuán dotado sea. A menos que cada uno de nosotros agarre el fuego, a la larga nos faltará el calor contra la frialdad de la era presente.

Pocas cosas le son a Dios más hermosas que ver a Su pueblo servir y trabajar juntos en armonía. Es como una sinfonía a Sus oídos. Así es como fuimos creados para funcionar. Dios nos diseñó para necesitarnos los unos a los otros. Para alcanzar a nuestras comunidades, y mucho más aun al mundo, necesitamos que cada ministerio haga su parte y a cada congregación entusiasmada haciendo el trabajo de la iglesia en equipo.


Remando juntos con un mismo propósito

Tal como remar una canoa, Dios diseñó a Su pueblo para que remen juntos con un mismo propósito. Él ha diseñado cada iglesia con un propósito especial, y planea saturar el cumplimiento de ese propósito con gozo. A los efectos de que esto suceda, Dios nos ha dado a cada uno un don único. La combinación de nuestros dones trabajando en sincronía debería dar tal radiación de gozo que el mundo entero se ponga de pie y lo advierta.

Dios nos ha dado a cada uno un remo, un don, un llamado. Y, tal como los remeros en una canoa, cada uno de nosotros tiene un lugar vital para servir o un rol único para llevar a cabo. En cada remo está nuestra huella, nuestro propio circuito individual, diseñado por Dios mismo. Él nos coloca a cada uno de nosotros en una comunidad, más específicamente, en una iglesia local, con un propósito divino. Él nos encaja al lado de otros con una misión similar y nos llama familia, equipo, Iglesia. Ninguna persona es llamada a cumplir su misión sola; Dios no lo diseñó de esa manera. ¡Él nos creó para hacer el trabajo de la iglesia en equipo!

Una sinfonía completa bajo la dirección de un maestro conductor sonará siempre infinitamente mejor que una banda de un hombre solo. Mientras descubrimos y desarrollamos nuestros dones espirituales y aprendemos a remar en ritmo como equipo, nos asombraremos de cuanto más lejos y más rápido iremos, ¡y con menos heridas!

Ahora, continúa conmigo en una aventura que puede transformar iglesias. Renovará tu pensar como lo hizo con el mío.

«¿Ho'omakaukau? ¡I mua!» (¿Listos? ¡Adelante!)


Preparación de equipo

1. ¿Cuál te parece más similar a tu experiencia eclesial? ¿El primer intento de Wayne al remar en la canoa, o el segundo?

2. ¿Qué significa la frase: «La iglesia como un equipo», para ti ahora? ¿Qué imágenes se te vienen a la mente?

3. Lee Mateo 28.18-20 y 2 Pedro 3.9. ¿Qué te sugieren estos versículos acerca de la misión de la iglesia? ¿Qué sugieren referente a hacer el trabajo de la iglesia en equipo?

CHAPTER 2

Dios tiene un plan

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca.

S. Juan 15.16


Dios no hace las cosas al azar. Él tiene un plan, tanto para ti como para tu iglesia.

Dios planeó tu nacimiento desde antes que fueras concebido, tal como hizo con el profeta Jeremías (ver Jeremías 1.5). Él te escogió, te creó y te situó delicadamente en Su soberano tiempo continuo.

Dios nunca comete errores. He buscado en la Biblia meticulosamente, y todavía no he encontrado ni siquiera una instancia en que Dios dijera: «¡Ups!»

De haberlo querido, Dios hubiera hecho que nacieras en otro tiempo. Podrías haber nacido en cualquiera de los años antes de Cristo. Pero por alguna razón, Él quería que nacieras y vivieras ahora, en este siglo, en este día y era. Él también hubiera podido programar que vivieses en una nación diferente a la que actualmente llamas hogar. Pero no lo hizo. ¿Por qué?

El tiene un plan.

De todos los estados de los Estados Unidos de América, Él ha elegido que yo viva en una pequeña agrupación de islas llamada Hawai (¡gracias a Dios!). Para mucha gente las islas no parecen muy prestigiosas. ¿Has tratado de localizar a Hawai en un globo terráqueo? Si giras muy rápido, desaparece todo el archipiélago. Tienes mejores probabilidades de encontrar a Hawai con un mapa. Pero de nuevo, tal estrategia te puede confundir por igual. Por muchos años, pensé que Hawai estaba ubicada cerca de la punta de Alaska. ¿Por qué? Porque en cada mapa que vi mientras crecía, ¡Hawai aparecía en un pequeño recuadro situado cerca de la costa de Alaska!

Dios preseleccionó la ciudad donde vives. Él incluso te situó en el vecindario donde ahora resides. Además, de todas las iglesias donde te hubiera podido poner, Él te ha situado en una iglesia específica.

¡Yo creo que eso es un milagro! Tomó mucho tiempo de planificación de parte de Dios; algo que la Biblia nos dice que Él sabe hacer muy bien:

De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. (Hechos 17.26, NVI).


(Continues...)

Excerpted from La Iglesia Como Un Equipo by Wayne Cordeiro. Copyright © 2006 Wayne Cordeiro. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Reconocimientos, 7,
Introducción ¿Una oración contestada?, 9,
Capítulo 1 Alcanza lo mejor de Dios, 13,
Capítulo 2 Dios tiene un plan, 23,
Capítulo 3 No olvides quién eres, 31,
Capítulo 4 Todos los hijos de Dios tienen dones, 43,
Capítulo 5 Encuentra dónde encajas, 57,
Capítulo 6 El camino más rápido al trono, 73,
Capítulo 7 Excava los dones de liderazgo en la iglesia, 87,
Capítulo 8, Desarrolla siervos-líderes,
Capítulo 9, Ajusta tu brújula,
Capítulo 10, Alineación: El poder de moverse juntos,
Capítulo 11, Crea equipos,
Capítulo 12, Transición cultural de una iglesia,
Capítulo 13, Nutre al equipo,
Epílogo Cuadros con movimiento, 235,
Acerca del autor, 237,
Notas, 239,

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