La maleta: A veces, todo lo que necesitamos es un poco de perspectiva (The Noticer: Sometimes, All a Person Needs Is a Little Perspective)

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Una historia conmovedora de sabiduría común del autor del libro de gran éxito de ventas El regalo del viajero.
Orange Beach, Alabama es un pueblo sencillo lleno de gente sencilla. Pero todos tienen su buena porción de problemas: matrimonios que están al borde del divorcio, adultos jóvenes que se dan por vencidos en la vida, empresarios al borde de la bancarrota y muchos de los otros obstáculos que la vida reparte a las masas.

Afortunadamente, ...

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Overview

Una historia conmovedora de sabiduría común del autor del libro de gran éxito de ventas El regalo del viajero.
Orange Beach, Alabama es un pueblo sencillo lleno de gente sencilla. Pero todos tienen su buena porción de problemas: matrimonios que están al borde del divorcio, adultos jóvenes que se dan por vencidos en la vida, empresarios al borde de la bancarrota y muchos de los otros obstáculos que la vida reparte a las masas.

Afortunadamente, cuando las cosas se ven más oscuras un misterioso anciano llamado Jones tiene una manera milagrosa de aparecer. Comunicando lo que él llama "un poquito de perspectiva", Jones explica que se le ha dado el don de notar cosas que otros pasan por alto. En sus interacciones sencillas, Jones habla a aquella parte en todos nosotros que anhela entender por qué suceden las cosas y qué podemos hacer al respecto.

Basada en una extraordinaria historia real, La maleta mezcla hermosamente la ficción, alegoría e inspiración.

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Editorial Reviews

Library Journal
Best-selling inspirational writer and speaker Andrews blends fiction, allegory, and inspiration and seasons it with a dash of autobiography. The result is a readable little tale of a mysterious old man named Jones who shows up in the lives of people in crisis. Jones brings the gift of perspective; he notices alternative ways to think about things. Some of what he says is common sense: "yes, sir" works better than "I guess." Some of what he says counters received wisdom: do sweat the small stuff, because little things can make a big difference as surely as brushstrokes make up a masterpiece. The narrator Andy is personable and appealing, and Jones is mysterious and brusque enough not to be a cloying Pollyanna. The title is awkward and not everyone likes motivational books, but many readers do. Andrews brings a track record, wordsmith skills and, best of all, an imagination. [PW 3/9/09]
Copyright © Reed Business Information, a division of Reed Elsevier Inc. All rights reserved.
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Product Details

  • ISBN-13: 9781602552869
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 12/29/2009
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 192
  • Sales rank: 835,398
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.30 (h) x 0.70 (d)

Meet the Author

Andy Andrews, aclamado por un escritor del New York Times
como "una de las personas más influyentes de Estados Unidos", es un novelista de gran éxito de ventas y orador empresarial de mucha demanda. Ha dado discursos a pedido de cuatro presidentes de Estados Unidos.

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First Chapter

La MALETA

A veces, todo lo que necesitamos es un poco de perspectiva
By ANDY ANDREWS

Thomas Nelson

Copyright © 2009 Andy Andrews
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-286-9


Chapter One

Su nombre era Jones. Al menos, así es como yo le llamaba. No <<señor>> Jones ... sólo Jones. Él me llamaba <<jovencito>> o <<hijo>>. Y rara vez le escuche llamar a alguna otra persona por nombre tampoco. Siempre era jovencito o jovencita, niño o hijo.

Él era un hombre viejo, pero con la clase de vejez que es dificil de cuantificar. ?Tenía sesenta y cinco u ochenta -o ciento ochenta años de edad? Y cada vez que lo veía, él tenía cerca una maleta vieja de color café.

?Yo? Yo tenía 23 años cuando lo vi por primera vez. Él me tendió la mano, y por alguna razón, le tendí la mía. Mirando hacia atrás a ese momento, pienso que el acto en sí fue un pequeño milagro. En cualquier otro tiempo, y con cualquier otra persona, al considerar mis circunstancias, me hubiera encogido de miedo o hubiera empezado a tirar puñetazos.

Yo había estado llorando y me imagino que él me oyó. Mis llantos no eran de esos sollozos amortiguados de soledad o gemidos de malestar -aunque ciertamente estaba solo e incómodo- sino que eran un gemido angustioso que un hombre sólo suelta cuando está seguro de que no hay nadie a su alrededor que pueda escucharle. Y yo estaba seguro. Equivocado, obviamente, pero seguro. Al menos tan seguro como alguien que se hubiera quedado a dormir otra noche debajo de un muelle, pudiera estar.

Mi madre había fallecido de cáncer unos cuantos años atrás, un evento trágico que fue empeorado poco después por mi padre, quien, por no haber usado su cinturón de seguridad, siguió a mi madre al más allá por medio de un accidente automovilístico, que de otro modo hubiera podido sobrevivir.

Una cuestionable decisión tras otra, durante la confusa secuela de lo que vi como <<mi abandono>>, luego de un par de años me hallé en la Costa del Golfo, sin hogar, sin auto, o medios financieros para obtener ni lo uno ni lo otro. Yo trabajaba -mayormente limpiando pescado en los muelles o vendiendo cebo a los turistas- y me bañaba en la playa o nadando en la piscina de uno de los hoteles hasta quedar limpio.

Si se ponía frío, siempre había un garaje abierto en una de las tantas casas de verano vacías que estaban alrededor de la playa. Pronto aprendí que la gente rica (cualquiera que fuera dueño de una casa de verano), a menudo tenía una refrigeradora o una congeladora extra funcionando en el garaje. Estas no sólo eran excelentes recursos de corrida expirada y de bebidas, sino que además trabajaban casi igual que un calentador si me acostaba cerca del aire caliente que salía por debajo.

Sin embargo, la mayoría de las noches, prefería estar en mi <<hogar>> debajo del muelle del parque estatal del Golfo. Excavé un hoyo grande y lo allane justo hasta donde el concreto se unía con la arena. Imagínate un cobertizo monstruoso, espacioso, completamente fuera de la vista, y tan seco como cualquier cosa que está en la playa. Allí dejaba las pocas pertenencias que poseía -en su mayor parte, aparejos de pesca, camisetas y pantalones cortos- muchas veces por varios días seguidos y nunca me las robaron. Honestamente, no pensaba que alguien supiese que dormía allí -y por eso me sorprendí tanto cuando alcé la cabeza y vi a Jones.

-Ven acá, hijo -me dijo-, extendiéndome la mano-. Ven hacia la luz.

Caminé hacia él arrastrando los pies y agarrando su mano derecha con la mía, y entré relajadamente hacia el suave resplandor irradiado por las lámparas de vapor de sodio que estaban encima del muelle.

Jones no era un hombre grande -medía menos de seis pies-pero tampoco era pequeño. Su cabello blanco estaba peinado hacia atrás. Lo tenía muy largo, pero se lo había cepillado y alisado cuida dosamente con los dedos. Sus ojos parecían brillar aun a través de la luz atenuada. Eran claros, de color azul cristal, enmarcados por una cara llena de arrugas. Aunque él vestía unos pantalones vaqueros, una camiseta blanca y unas sandalias, el viejo tenía una apariencia majestuosa -sin embargo, aun ahora admito que probablemente no es una palabra que alguien usaría para describir a un hombre de unos cinco pies y nueve pulgadas de estatura, que estaba debajo de un muelle, durante la noche.

Mientras te describo a Jones, debo decirte de una vez por todas que nunca supe si él era un hombre negro o blanco. No estoy seguro de que esto sea más importante que el darte una idea de cómo era él, pero nunca le pregunté ni decidí si su piel de color café con leche era producto de sus genes o por vivir siempre al aire libre. En todo caso, era de color café, más o menos.

-?Estabas llorando por algo en particular? -me preguntó-. ?Tal vez por alguien en particular?

Sí, pensé. Por mí. Yo soy el <<alguien en particular>>.

-?Me viene a robar? -le pregunté en voz alta. Fue una pregunta extraña. Me imagino que fue una evidencia mayor del nivel de desconfianza que le tenía a todo y a todos en ese tiempo.

El viejo levantó las cejas. Asomándose hacia la oscuridad de donde yo acababa de salir, empezó a reírse.

-?Robarte a ti? No sé ... ?tienes algunos muebles o una televisión allá dentro que no vi?

No le respondí. Podría ser que bajé la cabeza. Por alguna razón, su intento de hacer un chiste me hizo sentir peor. No parecía que eso le importaba.

Me dio un puñetazo juguetonamente en el brazo.

-No te pongas así, jovencito -me dijo él-. Primero que todo, tú eres un pie y medio más alto que yo, así que no, no voy a robarte nada. Segundo ... hay un beneficio de no ser dueño de un montón de cosas.

Lo miré sin comprender, así que continuó:

-Tú estás a salvo. No sólo es que no te voy a robar, sino que ninguna otra persona tampoco lo hará. No tienes nada que te podarnos robar!

Él hizo una pausa, dándose cuenta de que todavía yo no me estaba riendo. De hecho, todo lo contrario, me estaba enojando.

El viejo cambió de enfoque.

-Oye Andy, si te prometo que no te voy a robar, ?podría tomar uno de los refrescos de Coca-Cola que tienes metidos allá atrás? Señaló detrás de mí. Lo miré asombrado.

-?Sí? ?No? -me dijo él-. ?Por favor?

-?Cómo supo mi nombre? -le pregunté.

-Por cierto, puedes llamarme Jones.

-Bueno, ?pero cómo es que supo mi nombre? ?Y cómo sabía si tenía o no refrescos de Coca-Cola aquí abajo?

-No es gran cosa, realmente -se encogió de hombros-. Te he estado observando por mucho tiempo. He andado por muchos lugares. Y los refrescos de Coca-Cola de seguro son un producto de los saqueos nocturnos que haces en los garajes de los ricos y famosos que viven aquí. Entonces qué ... ?puedo tomar uno?

Me quedé mirándolo por un momento, considerando su respuesta, luego asentí con la cabeza lentamente y me retiré hacia la oscuridad para buscarle su Coca-Cola. Al regresar con dos latas, le di una al viejo.

-?No la agitaste, verdad? -se sonrió. Entonces, viendo nuevamente que me rehusé sonreír, suspiró y dijo:

-Señor, señor. Tú sí que eres dificil-. Al abrir la tapa de la Coca-Cola, Jones se reubicó en la arena y cruzó las piernas. -Bueno -dijo al tomar un largo sorbo de la lata roja-, empecemos.

-?Empecemos? ?Qué vamos a empezar? -le pregunté fríamente.

Jones colocó la lata de refresco en la arena. Tenemos que empezar a notar unas cuantas cosas. Tenemos que examinar tu corazón. Tenemos que conseguir un poco de perspectiva -dijo.

-No sé de lo que está hablando -le respondí-. Y no sé quién es usted.

-De acuerdo -él se sonrió-. Bueno, veamos ahora ... ?cómo lo explico?

Él se acercó hacia iní rápidamente.

-En cuanto a quién soy, llámame Jo....

Ya me dijo eso -le interrumpí-. Lo que quiero decir es que....

-Sí, sé lo que quieres decir. Te refieres a que de adónde soy y cosas como esas.

Asentí con la cabeza.

-Bueno, esta tarde, vine del otro lado de la playa.

Yo suspiré y puse los ojos en blanco. Riéndose, levantó ambas manos protestando burlonamente.

-Espérate, espérate ahora. No te enojes con el viejo Jones-. ? bien? -añadió en una voz más suave-. Aceptando mi consentimiento, continuó.

-Soy un observador. Es el talento que tengo. Así como algunos pueden cantar muy bien o correr rápidamente, yo noto cosas que otros pasan por alto. Y sabes, la mayoría de las cosas están a la vista de todos-. El viejo se reclinó hacia atrás sobre sus manos y ladeó la cabeza-. Noto cosas sobre las situaciones y las personas que producen perspectiva. De eso es lo que la mayoría de las personas carece: perspectiva. Una forma más clara de ver las cosas. Así que les doy esa percepción más clara ... y esto les permite recapacitar, respirar y empezar sus vidas nuevamente.

Estuvimos sentados allí por varios minutos sin hablar, mirando detenidamente las aguas templadas del Golfo de México. Yo estaba extrañamente calmado en la presencia de este viejo, quien ahora estaba sobre su costado, con el codo en la arena y con la cabeza apoyada sobre su mano. Después de un rato, él empezó a hablar nuevamente, una pregunta esta vez.

-?Así que tu mamá y tu papá pasaron a la vida eterna?

-?Cómo supo usted eso? -le pregunté.

Él dio una encogida de hombros diminuta como para decir todo el mundo lo sabe, pero yo sabía que eso no era así.

Aunque me alarmó que este desconocido pareciera saber tanto acerca de mí, me sacudí el sentimiento espeluznante y respondí su pregunta.

-Sí, los dos están muertos.

-Bueno, eso también es cuestión de perspectiva -dijo, frunciendo los labios.

Cuando le pregunté con la mirada, él continuó:

-Existe una gran diferencia entre <<morir>> y <<pasar>>.

-No para mí -resoplé.

-Tú no eres el que pasó.

-Usted tiene mucha razón -dije con amargura-. Yo soy el que se quedó.

A punto de llorar y con un mal tono de voz le pregunté de una manera abrupta:

-?Así que cuál es su perspectiva en cuanto a eso? ?Ah?

-Bueno, ?por qué crees que estás aquí? En esta situación ... en este lugar, es lo que quiero decir -preguntó Jones con cautela.

-Porque lo escogí -le dije rápidamente-. Mis malas decisiones. Mi actitud-. Me le quedé mirando fija y duramente. -?Ve? Tengo todas las respuestas correctas. Así que no tengo que escucharlas de usted. Todo esto es mi culpa. ?Ya? ?Eso es lo que quiere que yo diga?

-No -el viejo dijo cahnadamente-. Sólo estaba curioso de saber si tenías tu propia perspectiva.

-Bueno, no, no la tengo -le dije-. Crecí escuchando ese viejo refrán que dice que Dios pone a un hombre conforme a su corazón donde Él quiere ponerlo. ? puso Él debajo de un muelle?-. Solté un palabrota y luego añadí: -A propósito, en cuanto a esa referencia sobre la diferencia entre <<morir>> y <<pasar>>, yo he pasado más que suficiente tiempo de mi vida en la iglesia y sé de lo que me estás hablando, pero no estoy seguro de que me trague nada de eso a estas alturas.

-Está bien por el momento Jones dijo tiernamente-. Escucho y entiendo por qué te sientes de esa manera. Pero óyeme, no te estoy vendiendo nada. Acuérdate, sólo estoy aquí para....

-Para perspectiva, sí, lo sé.

Jones se quedó en silencio por un momento y empecé a preguntarme si había sido tan grosero que lo dejé completamente mudo. Pero no, esa nada más fue la primera de las tantas oportunidades que le ofrecería a Jones darse por vencido conmigo y que se fuera. Y no lo hizo.

-?Jovencito? Jones preguntó mientras se removía un mechón de canas que le había cubierto los ojos-. ?Qué pensarías si te dijera que, sí, las malas elecciones y decisiones que tomaste han sido en parte la razón por la cual estás bajo un muelle, pero más allá de eso, debajo de este muelle es exactamente donde debes estar, para que un futuro que no te puedes imaginar en estos momentos, pueda ocurrir?

-No entiendo -le dije-. Y no estoy seguro de que pudiera creerlo si lo entendiese.

-Ya lo entenderás -respondió Jones-. Créeme. Un día lo harás.

Entonces, de repente, sonriendo me dijo: -Este es el asunto, hijo, todo el mundo parece malentender ese refrán que me tiraste hace un minuto. ? qué todo el mundo piensa que cuando se dice que <<Dios pone a un hombre conforme a su corazón donde Él quiere ponerlo>> significa que lo pondrá sobre una cima o en una casa grande o primero en la fila?

>>Ponte a pensar conmigo ... Todos quieren estar en la cima, pero si te acuerdas, las cimas son rocosas y frías. No hay crecimiento en la cima de una montaña. Cierto, la vista desde allí es buena, pero, ?qué propósito tiene la vista? Simplemente nos permite echar un vistazo a nuestro próximo destino, a nuestro próximo objetivo. Sin embargo, para dar justo en el blanco, tenemos que bajarnos de la cima, caminar por el valle y empezar a escalar la próxima cuesta. En el valle es donde caminamos con dificultad por el terreno fértil y el herbaje exuberante, aprendiendo y transformándonos en aquello que nos permita subir hasta la próxima cumbre que nos traiga la vida.

>>Así que mi opinión es que tú estás justo donde debes estar-. El viejo recogió un puñado doble de arena blanca con sus manos y la dejó escurrir entre sus dedos. -Esta arena puede que te parezca árida, hijo, pero nada puede estar más lejos de la verdad. Te digo que, cuando te acuestes a dormir esta noche, estarás durmiendo sobre terreno fértil. Piensa. Aprende. Ora. Planea. Sueña. Porque pronto ... te vas a transformar.

Antes de irse aquella noche, Jones abrió su maleta, sujetándola cuidadosamente lejos de mi mirada curiosa y sacó tres pequeños libros anaranjados de tapa dura.

-?Tú lees? -me preguntó. Cuando asentí, él añadió: -No te estoy preguntando si puedes leer; te estoy preguntando si lo haces.

-Sí -le respondí-. Mayormente revistas y cosas por el estilo, pero sí lo hago.

-Bueno, eso es suficiente -dijo Jones-. Léete estos!

Miré, en medio de la penumbra, lo que me estaba dando. Todos los títulos eran nombres: Winston Churchill. Will Rogers. George Washington Carver. Me volteé a mirarlo.

-?Libros (le historia?

-No -dijo él con un brillo en sus ojos-. Historias de aventuras! Éxito, fracaso, romance, intriga, tragedia, y triunfo.... Y la mejor parte es que cada palabra es verdad! Recuerda, jovencito, la experiencia no es la mejor maestra. La experiencia de otra gente es la mejor maestra. Al leer acerca de la vida de personas emmentes puedes revelar los secretos sobre qué fue lo que las hizo ser eminentes.

Leí Winston Churchill hasta el amanecer. De alguna manera fue reconfortante descubrir una vida que soportó más tragedia y rechazo que la mía. Y no me pasó inadvertido que al final de su vida, Churchill obtuvo la misma cantidad de éxito y más.

Jones se despidió en algún momento después de que empecé a leer. Apenas noté cuando se fue, pero en la mañana, deseé haber sido un poco más gentil con el viejo. Me sentí apenado, un poco avergonzado de mí mismo, pero no tan desprovisto de esperanzas como lo había estado la noche anterior. Al caer la noche, ya había terminado de leer George Washington Carver y estaba tan cansado que me quedé dormido hasta la mañana siguiente.

Ese día lavé los botes en el embarcadero y pensé constantemente en lo que había leído. Y mantuve los ojos abiertos por si veía a Jones y nunca lo vi. Gene, el administrador del embarcadero, dijo que conocía muy bien a Jones. Me dijo que el viejo había estado viniendo a la ciudad por años. <<De hecho>>, dijo Gene, <<Jones era viejo cuando yo era niño. Y yo tengo cincuenta y dos años>>.

Leí Will Rogers en menos de veinticuatro horas, pero no fue hasta unos cuantos días después cuando vi a mi arraigo otra vez. Estaba arrojando la red en la laguna, tratando de pescar mújoles y camarones para venderlos como cebo, cuando el viejo se me acercó por detrás sigilosamente.

-?Alguna suerte ahí? -preguntó.

-Ah, Jones! -exclamé-. No te escuché llegar! ?Dónde has estado? Ya leí todos los libros!

Él se rió al ver mi entusiasmo (en realidad, yo mismo estaba un poco sorprendido de lo feliz que me sentía de verlo).

-Cálmate, cálmate! Déjame contestarte -sonrió abiertamente-. La razón por la que no me escuchaste llegar es porque estabas chapoteando por todos lados. Tanto así que no me habrías escuchado así hubiera llegado montando un elefante. ?Dónde he estado? Pues, en diferentes lugares. Hasta te he visto un par de veces, pero no te quería molestar. Y estoy feliz de saber que terminaste de leer los libros. ?Te gustaron?

(Continues...)



Excerpted from La MALETA by ANDY ANDREWS Copyright © 2009 by Andy Andrews . Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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    Posted August 30, 2013

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