Libera el poder de los milagros en tu vida

Libera el poder de los milagros en tu vida

by Mahesh and Bonnie Chavda
     
 

What do you do when your hopes and dreams seem to die? Mahesh and Bonnie Chavda, two respected international leaders, contend that for Christians, this doesn't need to be a time of discouragement. Instead, as believers learn to welcome the anointing presence of Jesus, any valley can be transformed into a place of miracles.  See more details below

Overview

What do you do when your hopes and dreams seem to die? Mahesh and Bonnie Chavda, two respected international leaders, contend that for Christians, this doesn't need to be a time of discouragement. Instead, as believers learn to welcome the anointing presence of Jesus, any valley can be transformed into a place of miracles.

Product Details

ISBN-13:
9789875573000
Publisher:
Peniel
Publication date:
05/05/2011
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
189
Product dimensions:
5.40(w) x 8.20(h) x 0.30(d)
Age Range:
18 Years

Read an Excerpt

HAZ LUGAR PARA TU MILAGRO


By MAHESH CHAVDA BONNIE CHAVDA

Zondervan

Copyright © 2011 Editorial Peniel
All right reserved.

ISBN: 978-987-557-300-0


Chapter One

DESPERTAR DEL DESTINO

"Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: "No encuentro en ellos placer alguno".

—Eclesiastés 12:1

La sunamita habla ...

Nacer en una casa de Israel en la Edad de Hierro significaba que la religión era una prioridad; todos adoraban algo y mantenían rituales religiosos sacrosantos. Todo lo que uno hacía desde el momento del nacimiento hasta el momento de la muerte, al igual que todo lo que uno hacía desde el amanecer hasta el anochecer, estaba influenciado, si no obligado, por la religión. La superstición y la fe competían. Para aquellos de nosotros que temían al verdadero y único Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, recordar la historia de uno, las obras de nuestro Dios en las vidas de nuestro pueblo, era clave para mantener la identidad. El nuestro era el único Dios que no se podía ver con los ojos. Tenías que mirar con los ojos de fe para poder ver sus huellas y seguirlas.

Rara vez vi un rollo inscripto con historias del pasado. Para que nuestra historia viviera, dependíamos de que la contaran y volvieran a contar los hombres santos o los padres de los clanes, o, como en el caso de mi padre, aquellos que la habían aprendido bien de parte de sus propios padres y luego se la relataron a sus propios hijos. Dado que vivíamos lejos de Jerusalén –una caravana familiar podía hacer el viaje en dos días– por lo general, dependíamos de que hombres devotos vinieran a nosotros, o íbamos a ellos para ciertos días festivos. Esto ha sido de este modo desde que el reino del rey Salomón se dividió en los reinos del norte y del sur, justo medio siglo antes de mi niñez.

El rey Jeroboán, quien fue coronado para liderar las diez tribus del norte que no querían ya alianza con los descendientes del rey Salomón, construyó toros grandes en Dan y en Betel para ayudar a nuestra gente en la adoración. Mi padre pensaba que el rey no quería que nadie en su reino regresara a Jerusalén para adorar y quizás, de forma gradual, retornar la lealtad a la línea real. No teníamos levitas en el norte ahora. Los profetas tenían su residencia en algunas de las ciudades en Efraín, pero no se volvían con frecuencia a Sunén. Les llevábamos los presentes y las ofrendas a los profetas en Carmelo y los oíamos allí. El viaje tomaba medio día, en el oeste hacia el gran mar. Como solía suceder desde antes de que todo comenzara, la fe hacia Jehová Dios generaba problemas, incluso entonces.

Mi padre era el patriarca de nuestro grupo y bien respetado en Sunén. Era la fuente de nuestra existencia, a pesar de que la abuela y mamá eran el agua de su fuente. Era su nombre el que nosotros llevábamos, su familia la que manteníamos unida y continuábamos. Nos había dado la vida y en cualquier momento que esta era tomada, reconocíamos el valor inapreciable de ella aun más.

Aquellos eran días en los que obtuve mi primera lección acerca de la política de nuestra nación, dividida como estaba. Justo al sur de nuestra "isla" pequeña y agradable –con esto me refiero al terreno rocoso que era el recinto de la casa de mi padre en Sunén– había otra morada. El contraste era extremo, incluso ante mis jóvenes ojos. A solo una hora de viaje en burro, situado en la cima de Jezrel como un pináculo, se encontraba el opulento palacio de verano del rey Acab y su maligna esposa, Jezabel.

"Isla de basura". Eso era lo que el nombre de ella quería decir en nuestra lengua. ¿Qué padre le pondría un nombre así a su hijo? Un sacerdote, ¡nada menos! Obviamente, como mi padre decía, guías ciegos que guiaban a ciegos.

Mi padre pasaba todo el sábado con su mente en Jehová Dios. Era nuestro día de descanso. Con ninguna tarea para hacer –al menos por ese momento, porque a cada niño se lo incorporaba, en algún nivel, en el trabajo familiar tan pronto como se lo destetaba– amaba sentarme con él a la sombra de nuestros olivos. Habían crecido de los brotes que mi padre había traído de regreso de Jerusalén cuando viajó allí para Sucot años antes. Nuestros árboles tenían para ese momento la edad de mi padre y habían comenzado el florecimiento para producir aceite. Sunén tenía sus propias prensas de olivo y de vino y cuando la cosecha venía, la comunidad trabajaba unida. Siempre era un momento de gran regocijo. Las calles estaban llenas con los sonidos de nosotros, los niños, que jugábamos y reíamos.

Los árboles frondosos extendían las ramas en el campo que estaba detrás de nuestra casa; un testimonio viviente de la promesa de Jehová de que el olivo florecería en nuestra tierra. Usábamos aceite para todo. Aceite para las ofrendas. Aceite para cocinar. Aceite para comer. Aceite para la luz. Aceite para curar heridas. Aceite para suavizar la piel. Aceite para la vida en sí misma: todo de estos árboles. Miré hacia arriba en las bajas ramas que crecían sin rumbo con sus brotes de gruesas hojas de color verde grisáceo. Mi Padre hablaba en este día en particular acerca de otro tipo de aceite; el santo aceite de la unción.

–¿Qué es lo que significa santo, padre?–

–Consagrado a Dios. Apartado. Como nuestra gente. Como lo profetas y nuestra Torá. El rostro de Moisés brilló con unción santa cuando llegó de la montaña con las tablas. Es el remanente de la presencia del Viviente –asintió con la cabeza, mientras los ojos le brillaban–. Palabras de vida de la misma boca de Dios. Con el tiempo, el mundo entero sabrá. Sólo espera y ve. Incluso los gentiles olvidarán los ídolos y se volverán al Señor.

–Pero padre, ¿gentiles? le pregunté, incrédula–.

Sabía que se arrodillaban ante piedras ridículas y esculturas de madera. ¡Como si un bloque de madera pudiera responder sus oraciones! Oí de qué forma los gentiles practicaban las cosas más horribles y les enseñaban a sus hijos para que hicieran lo mismo. Fruncí el ceño con respecto a ese pensamiento. Pero también sabía que las prácticas de los gentiles avanzaban centímetro tras centímetro nefasto en nuestra cultura y religión. El rey Acab no fue el primer gobernador de nuestro pueblo en adorar ídolos hechos a mano.

De hecho, una sucesión de reyes malos han gobernado nuestro pueblo desde los días del rey Jeroboán hasta ahora. Parecía imposible imaginar que con cada nuevo rey Israel se degeneraría un poco más a nivel espiritual, ¡pero lo hizo! Nadab, Basá, Elá, Zimri, Omrí y ahora Acab. Ninguno de ellos hombres justos como mi padre. Sus nombres eran como una canción de cuna envenenada. Basá asesinó a Nadab para poder ser rey, y esa suerte corrió su hijo Elá, quien fue asesinado. Polvo al polvo. Siembra al viento y cosecharás un torbellino, dijo mi padre. Zimri cometió suicidio, algo absolutamente prohibido para los judíos. Se quemó a sí mismo dentro del palacio para que ni él ni sus pertenencias terminaran en las manos de los enemigos. Después de él vino Omrí, el divisor, cuando lucharon hermano contra hermano, la forma de guerra más vergonzosa.

Como los profetas anticiparon, era el principio del fin de la tierra gloriosa. Demandaría varios miles de años más y muchas miles de súplicas redimir al pueblo de Dios de su locura, pero Él haría bien en su promesa de plantarlos otra vez en su tierra para nunca ser desarraigados. Cuando eso sucediera, mi padre dijo que asombraría y confundiría a los hombres sabios del mundo. Y sucedería en un solo día.

–Un día nuestro pueblo tendrá a Jehová como su rey, tal como Él lo pretendió– me dijo mi padre. Me hablaba a mí, pero parecía dirigirse a la Tierra misma, como si ofreciera consuelo–. Él hace fracasar los planes de los cómplices, para que ninguno de sus artilugios sean fructíferos. Atrapa a los orgullosos en sus conspiraciones; ¡toda la intriga elaborada será arrastrada a la basura!.

Señaló en dirección del palacio y se volvió para mirarme directamente a mí.

–De repente estarán desorientados y hundidos en la oscuridad. No verán al poner un pie delante del otro. Pero a los oprimidos Dios los salvará, los salvará de conspiraciones asesinas, los salvará del puño de hierro–. Hizo una pausa. Y entonces los pobres continuarán con esperanza, mientras que la injusticia estará atada y amordazada". – Deslizó mi mano por su brazo –No durará para siempre. Moisés es nuestro profeta y cuando impuso las manos sobre Josué, ese aceite santo comenzó a fluir. Lo continúa haciendo en la actualidad.

Pareció como si un silencio hubiera caído sobre nuestro jardín en el sol de la tarde y como si los árboles y los pájaros, y la Tierra y el cielo estuvieran todos escuchando sus palabras.

–Aquí – mi padre extendió uno de sus dedos gruesos y apuntó ¿Ves esos brotes redondos aquí?.

Asentí con la cabezay miré atentamente los pequeños racimos de frutas pequeñas debajo de las hojas gruesas.

–Cada una de ellas será una aceituna en unos pocos meses –si Dios quiere– dijo. Y debes ayudarme a cuidar para que los pájaros no vengan y roben nuestra cosecha cuando sea el momento cercano para recogerlas.

–Con frecuencia construyen los nidos en estas ramas, padre –le dije–. Los he visto. Y las palomas hacen un lugar aquí para escapar del calor de la tarde. Oigo de qué forma se arrullan una a la otra.

–¡Conspiración! –dijo mi padre. –Hablan unas con otras en su lenguaje secreto de palomas. Y con un ojo rojo te observan a ti. "¡Viene la pequeña!", se dicen unas a otras. "¡Tengamos cuidado de no parecer sospechosas o correrá a decirle a su padre que espiamos el fruto de este olivo para nosotras"!.

Me reía tontamente en ese momento, no totalmente consciente por la alegría de la presencia de mi padre, de lo que sé, había impartido a mi corazón. Día tras día el sentido de quién era, mi identidad, se derramaba en mi misma alma, así como el aceite de estos olivos pronto fluirían en las vasijas correspondientes bajo el cuidado atento de mi padre. Este conocimiento de mi identidad como hija del verdadero Rey me daba la fuerza que necesitaría en un día futuro para levantarme y vencer al enemigo.

Y nosotros escuchamos ...

La Escritura no nos dice nada acerca de los primeros años de la sunamita; esta es una escena que podríamos imaginar de su vida joven. Las influencias de la fe israelita en Jehová habrían colocado los cimientos para su fe en acción. La Biblia llama "importante" a la sunamita (ver 2 Reyes 4:8, RVR60). Y podemos dar por sentado que ella es una de las heroínas en el salón de fama de la fe en el capítulo 11 de Hebreos, porque es una de las mujeres de Israel que vio a su muerto volver a la vida. Este fue solo uno de los milagros que vivió. ¿Qué es lo que la hacía "importante"? ¿Por qué Dios fue a ella y cumplió sus anhelos más profundos? Porque ella hizo lugar para la unción. Le dio la bienvenida a su presencia para que Él viviera y morara en ella.

Muchos libros modernos hablan acerca de la grandeza, pero lo que importa es la grandeza a los ojos de Dios. Todo lo demás, tal como dice La Biblia, es polvo y estiércol. El rey David adoró al Señor y dijo: "tu bondad me ha hecho prosperar" (Salmo 18:35c). El esplendor de Dios es la simplicidad majestuosa de su gracia, su condescendencia, su "bondad", como dijo David. Revela la naturaleza de Dios como una humildad completa y como uno que viene para intervenir cuando lo invitamos a nuestro mundo. La cruz de Cristo es la demostración máxima de su bondad. Y en nuestro mundo, Dios busca hacer su habitación en un corazón que sea adecuado para su presencia.

Ante los ojos a Dios, entonces, ¿cuál es nuestro destino o propósito mayor? ¿Qué es lo que nos hace grandes? Aprendemos de la sunamita numerosas cosas.

Primero, tenemos hambre de Dios. Y mientras tenemos hambre, estamos abiertos a que Dios nos hable. Esto es, en efecto, darle la bienvenida a la tercera persona de la divinidad. El corazón que está hambriento del verdadero Dios reconocerá y dará la bienvenida al Espíritu Santo.

Un corazón que es orgulloso casi siempre perderá las visitas de Dios, milagrosas y "ordinarias". Son las personas hambrientas las que atraen su presencia. Benditos son los hambrientos, dijo Jesús. En cada momento y en cada nación hay quienes tienen hambre y sed del verdadero Dios y nada los satisfará excepto que Dios mismo los llene. Y entonces, cuando le dan la bienvenida al Espíritu Santo, no solo es un acto de religión: tienen un lugar para que Él habite.

Otra cosa que nos hace importantes ante los ojos de Dios es nuestro amor por su Palabra. Los grandes verdaderamente atesoran La Biblia. Había una misionera cuyo camino cruzamos que había trabajado de forma exhaustiva en la India. Nos contó acerca de una mujer que conoció y que solo tenía una porción del Salmo 23. La misionera le ofreció a la mujer una Biblia, pero se negó diciendo: "¡Oh! Eso es demasiado. He vivido toda la vida con estos pocos versículos. Son tan ricos que me satisfacen". Unas pocas líneas de La Escritura habían llenado bien a esta mujer para toda la vida y, no obstante, ¿cuántas personas tienen una copia completa de La Biblia, y simplemente la abandonan? Si este es tu caso, es muy probable que tu corazón quede inerte.

La próxima cosa que nos hace grandes es un deseo de honrar a los verdaderos siervos de Dios. Aquellos que son notables ante los ojos de Dios honran a las vasijas que llevan su presencia. Esta consciencia comienza en nuestras congregaciones locales. No permitas que el enemigo haga que te ofendas cuando Dios te pone en un cuerpo de creyentes. Con frecuencia puedes oír a personas decir: "No necesito pastores, no necesito ancianos, no necesito el liderazgo de la iglesia y, por cierto, no necesito relaciones con aquellos 'pecadores' de la iglesia–. Con mucha frecuencia, las personas se separan a sí mismas del cuerpo de una iglesia viviente en un instante y luego, en el momento en el que necesitan a la doble porción de la unción, esta no está allí, debido a que se han aislado de las vasijas a través de las cuales Dios pretendía que fluyera la unción.

Una cosa más nos hace grandes: la simplicidad de necesidades. No siempre queremos más "cosas", debido a que la carnalidad no nos satisface. 1 Timoteo 6:6, RVR60, dice: "Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento". Mientras encontramos nuestro contentamiento en la Persona de los milagros, fuera de esa comunión Él suelta sus palabras y gloria en nuestras vidas.

La sunamita enfrentó pérdidas enormes en su vida, sin embargo, vivió estas cualidades de carácter con dignidad. La Escritura nos dice que con toda su riqueza y su posición, ella carecía de la única cosa que deseaba sobre todas las demás: hijos. La esterilidad era una pobreza que la voluntad humana no podía aplacar. Enfrentó la humillación y la devastación interna y, sin embargo, estaba contenta. Tenía sueños y anhelos, pero también eligió no permitir que el resentimiento o la amargura se afirmaran en su corazón por causa de lo que carecía. Por lo tanto, nunca mentía al decir: "Todo está bien". Podía confiar en su destino porque estaba en paz con su verdadera identidad.

La semilla para tu milagro se ha sembrado en tu identidad como hijo del Padre celestial. Nuestra identidad –pasada, presente y futura– está definida por la palabra de Alguien mayor que nosotros mismos. Cuando entramos en comunión con el Señor, hacemos un lugar de descanso en y para Él, le adoramos, le alabamos, nos transformamos y nos convertimos en un conducto para que La Palabra eterna entre y redefina nuestras circunstancias temporales. Somos transformados y nos convertimos en transmisores del Rey divino y de su gloria para otros.

En cada vecindario de la Tierra, Dios quiere sunamitas, hombres y mujeres. En cualquier lugar que te encuentres, ya sea que te encuentres en el Oriente Medio o en Europa, en América del Norte o en África, en la India o en Australia, sabemos que a través de Jesucristo, su sangre derramada y el poder del Espíritu Santo puedes dar la bienvenida a la atmósfera de su gloria. Tu vida se convierte en su lugar de morada. Es una vida que está llena, una vida que es redentora, una vida que experimenta milagros. Una vida que transmite su gloria a otros a tu alrededor.

¿Quién soy yo y por qué estoy aquí?

En la actualidad, el mundo no carece de espiritualidad. El ateísmo ya no está de moda. Lo moderno es el relativismo. El multiculturalismo es la nueva moralidad. El multiculturalismo, en esencia, es un espíritu de humanismo que quiere borrar las líneas claras de la identidad. Los sondeos de opinión guían a muchas culturas en vez de las convicciones morales. Alguien controla el mercado mundial, pero la mayoría de nosotros no sabemos quién, y parece que tenemos muy poco para decir acerca de ello. Nuestra generación es más medicada, estresada, disfuncional, llevada por la imagen y controlada por el temor que ninguna otra generación en la Historia. Creemos que somos lo que comemos. Somos lo que vestimos. Somos lo que tatuamos en nuestros cuerpos. Somos lo que conducimos. Somos de acuerdo al lugar donde vivimos.

En Hechos 17, Pablo les habla a los grandes filósofos, a los grandes influyentes de esa época en Atenas. En Atenas había un altar establecido para alguien llamado "un Dios desconocido", y él dice: "Pues bien, eso que ustedes adoran como algo desconocido es lo que yo les anuncio".

Y luego Pablo explica: "El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia" –por ejemplo, hoy– y las fronteras de sus territorios"–por ejemplo, donde vives–. "Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren. En verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros, 'puesto que en él vivimos, nos movemos y existimos'".

¿Cuál es el propósito de esta búsqueda para descubrir nuestra verdadera identidad? Es reconocer a Dios como el Padre. Esto es lo que significa ser llamado humano. En términos teológicos, se llama Imago Dei, la imagen de Dios. Se encuentra en Génesis 1:26-27 (el hebreo es b'tzelem elohim). Este término, literalmente, significa "algo cortado o formado a la imagen de Dios Todopoderoso".

Hay cuatro aspectos para los humanos en esta doctrina. Uno, tenemos la capacidad de saber, de razonar y de tomar decisiones morales. Dos, se nos llama a funcionar como representantes de Dios en la Tierra para dominar sobre la naturaleza. Tres, tenemos capacidad de reflejar la unidad dentro de la Trinidad al relacionarnos con Dios y con otros humanos. Y, cuatro, somos creados para glorificar a Dios al hacer visible su carácter dentro del resto de la creación. Solamente los humanos poseen estas cualidades.

La clave para tu identidad.

Había una historia muy extraña que oímos en las noticias acerca de un hombre en Inglaterra que murió. Cuando leyeron su testamento, la familia y los amigos hallaron que su último pedido era que lo cremaran, lo mezclaran con alimento para peces y lo esparcieran en el estanque donde a él le gustaba pescar. Y luego les pidió a los amigos que fueran al estanque y pescaran los peces que se habían comido a su amigo y los comieran. ¡Huácala! Ese es un pensamiento confuso acerca de la identidad, pero da una ilustración breve acerca de la importancia de saber quiénes somos.

(Continues...)



Excerpted from HAZ LUGAR PARA TU MILAGRO by MAHESH CHAVDA BONNIE CHAVDA Copyright © 2011 by Editorial Peniel. Excerpted by permission of Zondervan. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

Mahesh and Bonnie Chavda have served together in global mission work since 1980. They have written numerous bestsellers and have led more than one million people to Christ around the world. They are the co-founders and senior pastors of All Nations Church in Charlotte, North Carolina, and Atlanta, Georgia. Their television program, The Watch, presently reaches a billion households globally. SPANISH BIO: Mahesh y Bonnie Chavda sirven juntos como misioneros desde 1980. Han escrito varios exitos de libreria, y han guiado a mas de un millon de personas a Cristo en todo el mundo. Son cofundadores y pastores principales de la Iglesia All Nations en Charlotte, Carolina del Norte y Atlanta, Georgia. Su programa de television, The Watch, llega a mil millones de hogares en el mundo entero.

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