Llena el vacio

Llena el vacio

by Wayne Cordeiro
     
 

SPANISH EDITION. If you are a church or ministry leader, many times you may feel exhausted and wishing to escape the constant pressure. Through the author's experience, you will observe the obstacles leaders have to face and how to advance with integrity while taking care of yourself physically, emotionally and spiritually.See more details below

Overview

SPANISH EDITION. If you are a church or ministry leader, many times you may feel exhausted and wishing to escape the constant pressure. Through the author's experience, you will observe the obstacles leaders have to face and how to advance with integrity while taking care of yourself physically, emotionally and spiritually.

Product Details

ISBN-13:
9789875573024
Publisher:
Peniel
Publication date:
07/07/2011
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
224
Product dimensions:
6.00(w) x 8.90(h) x 0.60(d)
Age Range:
18 Years

Read an Excerpt

ANDAR CON EL TANQUE VACIO

RELLENA TU TANQUE Y RENUEVA TU PASIÓN
By WAYNE CORDEIRO

Zondervan

Copyright © 2011 Editorial Peniel
All right reserved.

ISBN: 978-98-7557-302-4


Chapter One

Cuando la aguja marca "vacío"

"... fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso". —Jeremías 45:3

No hace mucho me pidieron que me encontrara con veinticuatro de los más brillantes y emergentes líderes de iglesia de nuestra nación por intermedio de una maravillosa organización que lidera Bob Buford, llamada The Leadership Network [La red de liderazgo]. Los hombres que se reunieron tenían alrededor de 40 años, con congregaciones de más de tres mil miembros. Larry Osborne, de la Iglesia North Coast, y yo éramos supuestamente los experimentados de cabello canoso de quienes estos jóvenes líderes podrían extraer sabiduría (¡Espero que no hayan pagado mucho por esa conferencia!). De todas maneras, interactuamos y compartimos lo que pudimos.

Al segundo día, los organizadores de la conferencia formularon a estos jóvenes líderes una pregunta que tomó a muchos de ellos (incluyéndome a mí) desprevenidos.

"¿Qué es lo que te causa mayor temor?"

A medida que cada uno de ellos tomaba su turno para contestar, las lágrimas comenzaron a caer libremente, y muchos no pudieron ni siquiera terminar sus oraciones. Uno admitió que no sabía cuánto más tiempo su matrimonio soportaría la presión. Pero fue la respuesta de otro líder la que captó mi atención.

¿Su mayor temor? "No quiero que mis hijos crezcan odiando a Dios por mi causa".

Al observar las vidas de muchos de esos líderes cuarentones, vi los inequívocos signos de agotamiento que emergían.

Cuando aparecen los primeros síntomas, es hora de un descanso.

Una madre que tiene hijos que usan pañales, no tiene la opción de dejar a sus bebés y volar a Hawái para descansar de alimentar a los niños a altas horas de la noche. El estresado capitán de un equipo de fútbol no puede tomar la decisión de faltar a un partido estratégico y quedarse en casa para mirar su serie de televisión favorita. Y tampoco el pastor de una iglesia en crecimiento puede comprar de repente un boleto a mitad de precio para irse en un crucero por el Caribe.

Como pastor principal, tenía mi vida programada con servicios los fines de semana. Yo había desarrollado el concepto de manejo de imagen, pero por dentro experimentaba un colapso gradual.

Se espera que los pastores lideren aun cuando el deseo o la inclinación para hacerlo sean severamente desafiados. Yo sabía que otros me amaban, pero vivir para las expectativas sistemáticamente arraigadas en la esencia de quien yo era me hizo convertirme en la persona de la que no pude escapar.

¿Cómo puedes andar con el tanque vacío? ¿Cómo continuar cuando sientes que ya no puedes estar "en el escenario"?

Cuando se trata de agotamiento, estamos en buena compañía ...

MOMENTO DECISIVO EN EL CORRAL O.K.

Elías llegó en un momento especial. Su dramática historia se desarrolla en 1 Reyes 18. Un enfrentamiento en el Corral O.K. al estilo hebreo. Proveniente de lugares remotos, el profeta de mirada ardiente confrontó, derrotó y destruyó por completo a ochocientos cincuenta sacerdotes del culto a Baal y Asera que estaban determinados a debilitar la devoción de Israel por su Dios. La batalla tuvo lugar y Elías prevaleció.

Sin embargo, en ese punto, la historia da un giro extraño. ¿Se imaginó realmente el profeta que Acab y la zorra de Sidón —la reina Jezabel— lo aplaudirían por haber arrasado con la religión estatal de Samaria? Pero el que una vez fuera un imperturbable profeta fue ingratamente sorprendido por la ira de la reina, y de repente se asustó por su venenoso mensaje: "¡Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana a esta hora no te he quitado la vida como tú se la quitaste a ellos!". (1 Reyes 19:2).

Elías entró en pánico y huyó a un escondite seguro en el desierto. Fue allí, agotado y solo, que decidió que una muerte rápida sería preferible a vivir el resto de su vida como un fugitivo. Oró: "Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados". —1 Reyes 19:4

DEPRESIÓN EN EL DESIERTO

Moisés también sufrió. Cuando guiaba al pueblo de Israel por el desierto, el pueblo comenzó a quejarse, a renegar y a murmurar. El intachable líder, cuya epifanía en el Monte Horeb le dio coraje para enfrentarse al gran faraón de Egipto, se exasperó y desanimó tanto que clamó a Dios: "Yo solo no puedo con todo este pueblo. ¡Es una carga demasiado pesada para mí! Si éste es el trato que vas a darme, ¡me harás un favor si me quitas la vida! ¡Así me veré libre de mi desgracia!" (Números 11: 14-15).

"... ¡me harás un favor si me quitas la vida!". ¡Ese es un hombre deprimido! Consideró que la muerte era preferible a continuar en sus desesperantes circunstancias.

NAVEGANTES DE LA VIDA

La Biblia rebosa con ese tipo de relatos, la historia al natural y sin editar de hombres y mujeres que ya han atravesado los valles que tú y yo todavía vamos a recorrer. Ellos encontraron los corredores en este viaje llamado vida y nos alientan a que los sigamos. No, no nos dan atajos para los obstáculos que tengamos que enfrentar. Esos mentores de tiempos antiguos son más como exploradores, hombres y mujeres que caminan la senda que yace frente a nosotros, y nos muestran las rutas y las aperturas, los senderos que de otra forma no veríamos. Colocan señales a lo largo del camino y nos advierten de los escollos. Dejan marcas en la roca donde elecciones fatales han reclamado la vida de otros, aquellos que trataron de escalar las montañas cubiertas de nieve sin la ayuda de guías.

Ellos nos dan las respuestas correctas antes de que lleguemos a las conclusiones equivocadas. Estos navegantes de la vida fueron asignados por Dios. Nos guían por las estaciones en las que un paso equivocado puede alterar nuestro futuro y disminuir nuestro legado.

Elías y Moisés serán nuestros guías. También hemos invitado a otros. Jeremías y David nos aseguran un camino a través de terrenos que no son familiares y que incluso nos atemorizan. Saben que mucho de lo que seremos está determinado por cómo recorremos esas laderas traicioneras. Solo se garantiza que nuestra travesía sea segura si los seguimos muy de cerca.

AGOBIADO

Durante más de treinta años mi motivación por la excelencia me impulsó. No es que fuera compulsivo, simplemente tenía el profundo deseo de hacer lo mejor. Manejaba con todos los cilindros, sin darme cuenta de que ser un emprendedor significa que todo lo que uno inicia será inevitablemente añadido a nuestra lista de mantenimiento.

Es un don tener la capacidad de lanzar una visión inspiradora. Pero a menos que uno pueda controlarlo a lo largo del recorrido, puede que se vuelva contra uno y pronto el apetito voraz de la visión nos consume.

Yo inicié una iglesia, de esta manera, me convertí en el pastor principal. Comenzar otras iglesias me convirtió en director de fundación de iglesias. Plantamos más de cien iglesias y la expectativa no dicha es que, si uno tiene hijos, los cuida. Y sabes cómo funciona eso. Cuando los hijos van por mal camino, el niño perdido nos acusa de ser mal padre. Fui demandado tres veces por cosas que hizo personal que se comportó erróneamente. Además, mi deseo de entrenar líderes emergentes me encontró como presidente de nuestro recién inaugurado Pacific Rim Bible College.

Mira, amaba cada pedacito de lo que hacía, pero muy rápidamente estaba como si hubiese tomado a un tigre de la cola, y no podía soltarlo. Es un don tener la capacidad de lanzar una visión inspiradora.

Pero a menos que uno pueda controlarlo a lo largo del recorrido, puede que se vuelva contra uno y pronto el apetito voraz de la visión nos consume.

Nuestra congregación creció a más de catorce mil miembros en doce años, con nueve anexos conectados a través de videos disponibles en Internet. He escrito ocho libros. El diario de vida que desarrollé requirió un departamento de envíos para dar servicio a las maravillosas iglesias que estaban con nosotros.

Me encontré a mí mismo controlando más que liderando, y haciendo fracasados malabares. Luego falleció mi padre, y en un lapso de dos años, mi esposa perdió a los suyos. Tuvimos algunas batallas con nuestro hijo menor, y un querido amigo con quien había comenzado el ministerio, lo dejó para dedicarse a otras cosas. Sentí como si fuese arrastrado por una corriente veloz. Mi única esperanza era que la corriente fuera lo suficientemente misericordiosa como para sacarme a la orilla antes de ser arrastrado a los rápidos.

EROSIÓN INTERNA

Sálvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello. Me estoy hundiendo en una ciénaga profunda, y no tengo dónde apoyar el pie. Estoy en medio de profundas aguas, y me arrastra la corriente. —Salmo 69:1-2

Lentamente, los síntomas no deseados comenzaron a notarse. El ministerio se hizo más arduo. Mis tareas diarias parecían interminables y el correo electrónico comenzó a apilarse. Las personas que me importaban se convirtieron en problemas a evadir, y pensar sobre una nueva visión no me conmovía el alma.

A pesar de que nunca dudé de mi llamado y dones, lo que comenzó como un gozo que me llenaba, se había convertido en una carga que me consumía. Pero no sabía cómo podía mejorar. Las personas venían a Cristo y las vidas comenzaban a ser cambiadas. ¿Cómo podía todo esto estar equivocado?

Las decisiones, aun las más pequeñas, parecían paralizarme. Gradualmente mi creatividad comenzó a agotarse, y me parecía más fácil imitar que innovar. Me alejaba de las cosas que antes me desafiaban y me daban vigor.

EL COLAPSO NERVIOSO A LA ORILLA DEL CAMINO

Finalmente, mientras corría esa apacible noche en California, entendí que había llegado el momento de hacer algo. Un minuto corría por el camino, y el siguiente minuto estaba sentado sobre la orilla sollozando incontrolablemente. No podía parar, y no tenía la menor idea de lo que me pasaba.

De alguna manera logré cumplir con la charla esa noche y llegar a casa, en Hawái. De vuelta en casa, mi situación parecía ir de mal en peor. Comencé a desarrollar síntomas físicos: ritmo cardíaco irregular, dificultad para respirar e insomnio.

Nuestros temores comenzaron a multiplicarse. Al recordar que mi padre había fallecido de un problema al corazón y de presión alta, comencé a pensar si esa sería también mi suerte. Podría ser el próximo en la fila para tomar la posta genética.

Temiendo lo peor, pedí un turno con un cardiólogo, que me sometió a los exámenes de rutina: electrocardiograma, exámenes de estrés, ecocardiograma y todo tipo de angiogramas invasivos. En todo lo que podía pensar era en si tenía dinero suficiente o no como para retirarme. Tenía 52 años y ya pensaba en guardar mi avión en el hangar.

Invertí más de treinta años de mi vida en el ministerio cristiano, veinte de ellos como pastor principal en Hawái. Durante el camino, había ido de un ministerio a otro sin problemas, asumiendo más y más responsabilidades, sin pausa. Pero ahora no estaba seguro de que pudiera continuar.

TOMAR CONTROL

Meses después, al enseñar en el seminario como profesor invitado, entablé una conversación casual con un pastor de Canadá. Comenzamos a hablar sobre la reducción de pastores y líderes: cómo aquellos cuya vocación es por excelencia dar terminan agotados.

—Era mi situación —reflexionó—, estaba listo para bajar la persiana, pero justo en ese momento, gentilmente recibí una oferta para anotarme en este programa con una beca completa. Fue un salvavidas para mí. Había llegado a un punto en el que o me alejaba del ministerio o lo destruía.

Aquellos cuya vocación es por excelencia dar terminan agotados.

Entonces dijo, casi al pasar:

—Me di cuenta de que después de unos veinte años, los pastores de iglesias en crecimiento necesitan tomar un descanso sabático porque, como en mi casa, sus niveles de serotonina están agotados.

¿Serotonina?

Al terminar la conversación, algo me dijo que acababa de experimentar una cita divina. Era como si ese pastor canadiense hubiese leído mi correo electrónico. Pero la sesión de aprendizaje no había terminado, simplemente continuaría en otro lugar.

Dos semanas después, participaba de otra conferencia sobre liderazgo en Los Ángeles. Después de una de mis sesiones de enseñanza, tuve el privilegio de recibir la visita de un amigo de mucho tiempo, que pastoreaba una iglesia cercana. No habíamos tenido contacto durante algunos años, así que fue una agradable sorpresa para mí verlo y compartir algún tiempo con él.

Durante nuestra breve conversación, le pregunté cómo iba su ministerio. Su respuesta me sorprendió.

—Ya no estoy en el ministerio, Wayne.

Mi amigo prosiguió, y dijo que no sabía qué es lo que debía hacer con su vida. Solo sabía que había tenido que dejar el pastorado. Me dijo que en los últimos años se había sentido agotado por dentro y que ya no podía seguir el ritmo. Había simplemente llegado a la conclusión de que lo mejor que podía hacer por su salud y por la iglesia era renunciar.

—¿Por cuánto tiempo has sido pastor? —le pregunté.

—Por poco más de veinte años —me dijo.

Ahí estaba de nuevo. "Veinte años". Comencé a captar la pista.

Nunca había vivenciado una teofanía, en la que Cristo se aparece físicamente a una persona, pero esto sería lo más cercano.

RECONOCER EL PROBLEMA

Cuando regresé a Hawái, hice de inmediato una cita con un psicólogo cristiano que confirmó mis sospechas.

—Usted ha agotado su sistema —me dijo—. Sus niveles de serotonina están completamente agotados.

Acá estaba de nuevo esa palabra que no pude comprender la primera vez. Él me explicó:

—La serotonina es un químico como la endorfina. Es una hormona natural, para sentirse bien. Se recarga durante el descanso y da combustible mientras uno trabaja. Sin embargo, si uno continúa en actividad sin cargar energías, la reserva de serotonina se agotará. Como un sustituto, nuestro cuerpo será forzado a reemplazar la serotonina con adrenalina. "El problema es que la adrenalina está diseñada únicamente para uso de emergencia. Es como esas puertas de restaurante que cuando se las abre hacen sonar una alarma. Nuestro problema, sin embargo, es que usamos esos senderos diseñados solo para emergencias, pero sin que suenen alarmas. No al principio, al menos. Si uno continúa funcionando con adrenalina, el sistema se destruirá. Se agotará más rápido en el interior de lo que se perciba en el exterior. El combustible de adrenalina, que mantiene el motor en marcha al comienzo, se volverá en su contra y al final lo destruirá.

Durante las dos horas siguientes hablamos de los síntomas y los remedios. Pregunté:

—¿Qué debo hacer?

La única forma de terminar fortalecido es reponer el sistema primero. Si no lo hace, prepárese para el colapso.

Me explicó:

—La serotonina puede consumirse cuando uno no vive a un ritmo que permita que se recargue. Eso le sucede a todo tipo de personas, pero es más notorio en los líderes tipo A y en aquellos que viven con una sobrecarga de expectativas. La depresión toma el lugar de la iniciativa, la indecisión y la ansiedad aumentan. Uno comienza a sentir una gran necesidad de soledad y de aislamiento. Eso no es un signo de condición de pecado o de anormalidad. En ese momento, sin embargo, tomar un descanso de su ministerio permitiría que los niveles químicos volvieran a la normalidad.

—¿No puede simplemente darme una píldora y hacer que todo esto desaparezca? —pregunté irónicamente.

Nunca me olvidaré lo que dijo a continuación. Eso sería el foco de mis próximos tres años.

—Podría, pero solo ocultará el verdadero problema. Usted necesita recargarse, luego necesita reflexionar sobre cuáles fueron los puntos que provocaron esto y, finalmente, reestructurar la forma en que vive.

"La tristeza nos llega a todos ... el alivio perfecto no es posible, sino con el tiempo. No puedes darte cuenta ahora de que te sentirás mejor alguna vez y sin embargo estás seguro de que volverás a ser feliz".

(Continues...)



Excerpted from ANDAR CON EL TANQUE VACIO by WAYNE CORDEIRO Copyright © 2011 by Editorial Peniel. Excerpted by permission of Zondervan. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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