×

Uh-oh, it looks like your Internet Explorer is out of date.

For a better shopping experience, please upgrade now.

Lo Que Se Oye Desde Una Silla Del Prado/ What Can be Heard from A Chair in the Medow
     

Lo Que Se Oye Desde Una Silla Del Prado/ What Can be Heard from A Chair in the Medow

by Pedro Antonio De Alarcon
 

See All Formats & Editions

Pedro Antonio de Alarcón (Guadix, Granada, 1833-Madrid, 1891). España. Hizo periodismo y literatura. Su actividad antimonárquica lo llevó a participar en el grupo revolucionario granadino «la cuerda floja». Intervino en un levantamiento liberal en Vicálvaro, en 1854, y —además de distribuir armas entre la población

Overview

Pedro Antonio de Alarcón (Guadix, Granada, 1833-Madrid, 1891). España. Hizo periodismo y literatura. Su actividad antimonárquica lo llevó a participar en el grupo revolucionario granadino «la cuerda floja». Intervino en un levantamiento liberal en Vicálvaro, en 1854, y —además de distribuir armas entre la población y ocupar el Ayuntamiento y la Capitanía general— fundó el periódico La Redención, con una actitud hostil al clero y al ejército. Tras el fracaso del levantamiento, se fue a Madrid y dirigió El Látigo, periódico de carácter satírico que se distinguió por sus ataques a la reina Isabel II. Sus convicciones republicanas lo implicaron en un duelo que trastornó su vida, desde entonces adoptó posiciones conservadoras.

Product Details

ISBN-13:
9788496428874
Publisher:
Red Ediciones
Publication date:
05/28/2004
Series:
Narrativa Series
Pages:
18
Product dimensions:
5.30(w) x 8.00(h) x 0.10(d)

Related Subjects

Read an Excerpt

Lo que se Oye Desde Una Silla del Prado


By Pedro Antonio de Alarcón

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-96428-87-4



CHAPTER 1

VERANO DE 1874

— ¡Qué noche tan hermosa!

— ¡Hermosísima!

— Y ¡qué calor ha hecho hoy! ... Figúrese usted que esta mañana ...

— Agur ...

— Adiós ...

— Muy buenas noches ...

— Pues, sí, señor; como le iba diciendo a usted ...

— ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

— ¿Has conocido a ése? Es aquel que el año pasado ...

— ¡Agua, aguardiente y azucarillos! ¡Agua!

— ¡Niñas! ¡Niñas! ¡Más despacio!

— Tenga usted cuidado, Arturo; ¡que nos llama mamá!

— ¡Barquillero!

— ¡Matilde, eres un ángel! ... ¡Eres una diosa! ... ¡Eres una! ...

— ¡Pero, ¡hombre! ¡Esa mujer es una arpía! Gustavo debía divorciarse ...

— ¡Ramitos y camelias! ¡La vara de nardo a dos reales! ¡Señorito, cómpreme usted una! ...

— ¡Allá van! ¡Ella es! ¡Aprieta el paso! ... ¡Bendita sea la gracia!

— ¡Aquí vienen! ¡Ellos son! ... ¡Qué tontos!

— ¡Caballero! ¡Que no tengo padre! ¡Una limosnita por el amor de Dios!

— ¡La Correspondencia!

— Pues bien: ¡desde entonces estoy cesante! ... ¡Esto no es país!

— ¡Chico! ¡Chico! ¡Buen turrón! ¿Y cómo te las has compuesto?

— Es un cuadro muy bonito. Pero a mí me gusta más aquel en que Pepita Jiménez y el teólogo ...

— Lo que usted oye. Murió ab intestato y me correspondió la mitad de la herencia. Yo no le había hablado nunca ...

— Lo mismo creo yo. La crisis es infalible. ¡Así no podemos seguir! Cristino será ministro antes de un mes.

— Y ¿qué hiciste tú? ¿Le devolviste su carta con una bala?

— ¡Le dí dos bastonazos, y en paz! No tenía él la culpa, sino ella ...

— Pues dicen que los carlistas están en Guadalajara ...

— ¡Mejor!

— ¡Lo mismo me da! ... ¡Esto es horroroso!

— ¡Señorita! ¡Merengues! ¡Acabaditos de hacer! ...

— Adiós. Yo me voy al concierto del Retiro. Aquello estará más fresco.

— ¡Oh! ¡Si yo encontrara una mujer que me comprendiese! ¡Una mujer ...!

— ¡Ay! ¡Si yo encontrara un hombre digno de ser amado! ¡Un hombre ...!

— Hoy se cierra el juego. ¡Cómpremelo usted, señorito, que va a salir!

— Entonces me apretó la mano y expiró ... Tenía veintiséis años.

— ¡Pobre Adelaida!

— Pues yo los clasifico de otro modo: Frascuelo es Shakespeare, y Lagartijo es Corneille. Frascuelo representa una revolución en el arte, mientras que Lagartijo ...

— ¡Nada! Convénzase usted ... Todas las cuestiones se resumen en una, que es la cuestión teológica. En mi concepto, la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre son los dos únicos puntos que hay que dilucidar al discurrir sobre la pena de muerte.

— ¡De manera que el traje completo te ha venido a costar unos seis mil reales! Para estar hecho en París, no es caro ...

— ¿Y cree usted que pronto habrá elecciones?

— No sé. Pero los distritos hay que cultivarlos sin cesar. Si logro que me quiten el estanquero de ...

— ¡Señora, que tengo tres hijos, y soy viuda, y estoy enferma! ...

— ¡Jesús, qué mendigos éstos! ¡No la dejan a una pasear! ¡Perdone usted por Dios, hermana! Dios la ampare.

— Mamá, llévanos al café Suizo ...

— Todavía es muy temprano. Luego iremos ...

— Está usted equivocado. Donde reside el alma es debajo de la dura mater, al principio del cerebelo. Drelincour dice ...

— ¡Mañana sale, jugadores! ¡El 8.250! ¡El premio de 60.000 duros!

— Pero, Manuel: ¿cómo duda usted de mí? ¿Me cree usted capaz ...?

— Pues sí, chico: al poco tiempo supe que amaba a otro ...

— Oye ... ¡Pero no te acerques mucho! ...

— ¿Qué? ¡Habla! ... ¡Habla, bien mío!

— Mañana sigue la novena. ¡Que no faltes! ...

— ¡Bendita seas!

— ¿Yo? ... Veinte cuartos. ¿Y tú, cuánto tienes?

— ¿Yo? ... Una pesetilla ...


(Continues...)

Excerpted from Lo que se Oye Desde Una Silla del Prado by Pedro Antonio de Alarcón. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Customer Reviews

Average Review:

Post to your social network

     

Most Helpful Customer Reviews

See all customer reviews