Los cinco lenguajes de la disculpa

Los cinco lenguajes de la disculpa

by Gary Chapman, Jennifer Thomas
     
 

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Así como usted tiene un lenguaje del amor distinto al de otras personas, también oye y expresa las palabras y los gestos de la disculpa en un lenguaje diferente. Gary Chapman, exitoso autor recono­cido por el New York Times, junto con la consejera Jennifer Thomas, nos traen este exhaustivo estudio sobre la forma en que expresamos nuestras

Overview

Así como usted tiene un lenguaje del amor distinto al de otras personas, también oye y expresa las palabras y los gestos de la disculpa en un lenguaje diferente. Gary Chapman, exitoso autor recono­cido por el New York Times, junto con la consejera Jennifer Thomas, nos traen este exhaustivo estudio sobre la forma en que expresamos nuestras disculpas, demostrando que no sólo se trata de una cuestión de la voluntad, sino también de la manera en la cual expresamos nuestras disculpas. Ayudándonos a identificar los lenguajes de la disculpa, este libro facilita el camino hacia la creación de relaciones interpersonales saludables y duraderas. Los autores nos proporcionan técnicas ade-cuadas para dar y recibir disculpas en forma efectiva.
Just as you have a different love language, you also hear and express the words and gestures of apology in a different language. New York Times best-selling author Gary Chapman has teamed with counselor Jennifer Thomas on this groundbreaking study of the way we apologize, discovering that it's not just a matter of will—it's a matter of how. By helping people identify the languages of apology, this book clears the way toward healing and sustaining vital relationships. The authors detail proven techniques for giving and receiving effective apologies. Tyndale House Publishers

Product Details

ISBN-13:
9781414325682
Publisher:
Tyndale House Publishers
Publication date:
03/25/2009
Edition description:
Reprint
Pages:
304
Product dimensions:
5.90(w) x 8.90(h) x 1.10(d)

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Los Cinco Lenguajes de la Disculpa

Desarrolle relaciones saludables y exitosas con los demás
By Gary Chapman Jennifer Thomas

TYNDALE HOUSE PUBLISHERS, INC.

Copyright © 2006 Gary Chapman y Jennifer Thomas
All right reserved.

ISBN: 1-4143-1289-X


Chapter One

¿Por Qué DISCULPARSE?

En un mundo perfecto, las disculpas no serían necesarias. Pero debido a que el mundo es imperfecto, no podemos sobrevivir sin ellas. Mi trasfondo académico es el campo de la antropología, el estudio de la cultura humana. Una de las conclusiones obvias de los antropólogos es que todas las personas tienen un sentido de lo moral: Algunas cosas son correctas, y otras incorrectas. La gente es incurablemente moral. La psicología se refi ere con frecuencia a este sentido de lo moral como conciencia. La teología suele referirse a esto como el sentido de lo que debe ser o el sello de lo divino.

Lo cierto es que la medida estándar, por medio de la cual nuestra conciencia condena o aprueba, es infl uenciada por la cultura. Por ejemplo, en la cultura esquimal (Inuit) si uno va de viaje y se le terminan los alimentos, es perfectamente permisible entrar en el iglú de un esquimal desconocido y comer todo lo que hay disponible. En la mayor parte de otras culturas occidentales,entrar en una casa desocupada sería considerado como un "allanamiento de morada", un delito castigado por la ley. Aunque el estándar de lo correcto puede diferir de una cultura a otra, y a veces aun dentro de una misma cultura, toda persona tiene un sentido de lo que es correcto y de lo que no lo es.

Cuando una persona siente que su percepción de lo correcto ha sido violada, se enojará. Él o ella se sentirá ofendido y resentido con la persona que ha violado su confi anza. El acto injusto llega a ser como una barrera entre las dos personas y la relación se fractura. Aunque quisieran, no pueden vivir como si nada malo hubiera pasado. Hay algo dentro del ofendido que clama por justicia. Son estas realidades humanas las que sirven como base a todos los sistemas judiciales.

Tratar de restaurar una relación

Si bien la justicia puede dar cierta satisfacción a la persona ofendida, por lo general no restaura las relaciones. Si un empleado le ha robado a la compañía y es descubierto, entonces se le juzga, se le multa o encarcela, y todos dicen: "Se ha hecho justicia". Pero probablemente la compañía no restaurará al empleado a su anterior puesto de liderazgo. Por otra parte, si un empleado le roba a la compañía, pero rápidamente reconoce su error, informa al supervisor de ese hecho, expresa un sincero pesar, ofrece pagar por todos los perjuicios que ha causado e implora clemencia, hay una posibilidad de que pueda continuar en la compañía.

La humanidad tiene una asombrosa capacidad para perdonar. Hace unos años visité la ciudad de Coventry en Inglaterra. Estaba en las ruinas de una catedral que había sido bombardeada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. El guía nos contó la historia de la nueva catedral que se encuentra junto a esas ruinas. Unos años después de la guerra, un grupo de alemanes vino para ayudar con la construcción de la nueva catedral, como un acto de contrición por los daños que habían ocasionado sus compatriotas. Todos estuvieron de acuerdo en que las ruinas debían permanecer a la sombra de la nueva catedral. Ambas estructuras eran simbólicas: Una representaba la crueldad de los seres humanos; la otra, el poder del perdón y de la reconciliación.

Cuando una relación se rompe debido a una mala acción, algo dentro de nosotros clama por reconciliación. Con frecuencia, el deseo de reconciliación es más potente que el deseo de justicia. Mientras más íntima es la relación, mayor es el deseo de reconciliación. Cuando un esposo trata injustamente a su esposa, ella, herida y enojada, se siente tironeada tanto por la justicia como por la misericordia. Por un lado, quiere que él pague por su maldad, y por el otro, desea la reconciliación. Y lo que hace posible una reconciliación genuina es la sincera disculpa del esposo. Si no hay ninguna disculpa, entonces el sentido de lo moral que tiene la esposa la impulsa a exigir justicia.

A través de los años, muchas veces, he observado juicios de divorcio y he visto cómo el juez trataba de determinar lo que era justo. Con frecuencia he pensado que si hubiera habido disculpas sinceras las cosas podrían haber sido diferentes.

Por falta de una disculpa ...

He mirado a los ojos de un adolescente enojado y he pensado en lo diferente que habría sido su vida si su padre abusivo se hubiera disculpado. La violencia de los adolescentes hacia los padres puede provenir de dos fuentes. La primera, el adolescente se siente ofendido por los padres y no se ha reconciliado con ellos. La segunda, el adolescente no se siente amado por sus padres. En un libro anterior, traté el tema: "Cómo amar a los adolescentes con efi cacia". En este libro trataremos: "Cómo disculparse con los adolescentes con efi cacia".

La necesidad de disculparnos impregna todas las relaciones humanas. El matrimonio, la crianza de los hijos, las citas con personas del sexo opuesto y las relaciones profesionales; todas necesitan de las disculpas. Sin disculpas, la ira crece y nos impulsa a exigir justicia. Cuando no se nos hace justicia, con frecuencia, tomamos las cosas en nuestras propias manos y buscamos vengarnos de los que nos han ofendido. La ira se intensifi ca y hasta puede terminar en violencia. El hombre que entra en la ofi cina de su antiguo empleador y le dispara a su supervisor y a tres de sus compañeros de trabajo, generalmente no es un demente. Esto se puede comprobar por el hecho de que, con frecuencia, sus vecinos están conmocionados por lo que él hizo: "Parecía una persona normal ..."; sin embargo, se trata de un hombre que ha tenido un fuerte sentido de la injusticia y fi nalmente toma las cosas en sus propias manos. Todo podría haber sido diferente si hubiera tenido la valentía para confrontarlos con amabilidad y los otros hubieran tenido la valentía de disculparse.

En los matrimonios, las contiendas domésticas con frecuencia nacen de la falta de voluntad para disculparse. La esposa dice: "Me trata como basura y después quiere meterse en la cama conmigo. ¿Cómo es posible que haga éso?" En tanto el esposo responde: "Me trata como a un niño y quiere controlar mi vida. No me casé para tener una segunda madre". Ambos están heridos, ambos están enojados y ambos han fallado; pero ninguno está dispuesto a disculparse. Por no disculparse se declaran la guerra, que suele durar años y con frecuencia termina con el divorcio o la muerte. Los matrimonios saludables se caracterizan por su disposición a disculparse.

La disculpa antes del perdón

El perdón y la reconciliación genuinos son negociaciones entre dos personas, y son posibles por medio de las disculpas. Algunos, particularmente dentro del cristianismo, han enseñado que se debe perdonar sin que medie ninguna disculpa. Con frecuencia, citan las palabras de Jesús: "Pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas". Entonces le dicen a la esposa cuyo marido ha sido infi el y continúa con su aventura adúltera: "Debes perdonarlo o Dios no te perdonará a ti". Tal interpretación de las enseñanzas de Jesús no toma en cuenta el resto de las enseñanzas de las Escrituras sobre el perdón. Al cristiano se le enseña que debe perdonar a otros tal como Dios nos perdona a nosotros. ¿Cómo nos perdona Dios a nosotros? Las Escrituras dicen: "Si confesamos nuestros pecados ... Dios nos los perdonará" (1 Juan 1:9, NVI). Ni en el Antiguo Testamento, ni en el Nuevo Testamento hay indicación alguna de que Dios perdona los pecados de la gente que no los confi esa ni se arrepiente de ellos.

Cuando un pastor alienta a una esposa para que perdone a su marido mientras el esposo continúa actuando mal, el ministro está requiriendo de la esposa algo que Dios mismo no requiere. La enseñanza de Jesús es que debemos estar siempre dispuestos a perdonar como Dios está siempre dispuesto a perdonar a los que se arrepienten. Algunos se opondrán a esta idea diciendo que Jesús perdonó a los que estaban matándolo. Pero no es éso lo que dicen las Escrituras. Jesús oró: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Jesús mostró que tenía un corazón compasivo y que deseaba ver a sus asesinos perdonados. Ése también debería ser nuestro deseo y nuestra oración. Pero el perdón de aquellos asesinos vino después, cuando ellos reconocieron que verdaderamente habían matado al Hijo de Dios.

Con frecuencia se promueve el "perdón sin una disculpa" como un benefi cio a quien perdona más que como un benefi cio para el ofensor. Pero esa clase de perdón no conduce a la reconciliación. Cuando no hay una disculpa, se anima al cristiano a entregar a esa persona a la justicia de Dios y a entregar su propia ira a Dios a través de la paciencia. Dietrich Bonhoeffer, ministro luterano asesinado por los nazis en un campo de concentración en 1945, argumentaba en contra de "predicar acerca del perdón sin exigir arrepentimiento". A esa clase de perdón lo llamó "gracia barata ... que llega a justifi car el pecado sin justifi car al pecador arrepentido".

El perdón genuino quita la barrera que produjo la ofensa y abre la puerta a la restauración de la confi anza con el transcurso del tiempo. Si la relación era afectuosa e íntima antes de la ofensa, puede llegar a serlo nuevamente. Si la relación era simplemente fortuita, puede profundizarse por medio del proceso dinámico del perdón. Si la ofensa fue causada por un desconocido, tal como un violador o un asesino, no existe ninguna relación que deba ser restaurada. Si ellos se han disculpado y usted los ha perdonado, cada uno es libre para seguir viviendo su vida, aunque el delincuente enfrentará el sistema judicial creado por la cultura para tratar con dicho comportamiento pervertido.

El poder de una disculpa

Una disculpa incluye aceptar la responsabilidad por el propio comportamiento y tratar de reparar la falta a la persona que ha sido ofendida. La disculpa auténtica abre la puerta a la posibilidad del perdón y la reconciliación. Entonces es posible continuar construyendo la relación. Sin la disculpa, la ofensa forma una barrera y la calidad de la relación se ve menoscabada. Las buenas relaciones siempre se caracterizan por la buena disposición para disculpar, perdonar y reconciliar. Muchas relaciones son frías y distantes debido a que no hemos logrado disculparnos.

Las disculpas sinceras también alivian la conciencia culpable. Piense en su conciencia como si fuera un recipiente que lleva atado a su espalda y que tiene veinte litros de capacidad. Siempre que usted ofende a otro, es como si agregara cinco litros a su conciencia. Con tres o cuatro ofensas, su conciencia está llena y usted se sentirá pesado. Una conciencia llena genera un sentido de culpa y de vergüenza. La única manera de vaciar de manera eficaz la conciencia es disculparse con Dios y con la persona a la que ha ofendido. Cuando hace esto, puede mirar el rostro de Dios, puede mirarse a usted mismo en el espejo y puede mirar a la otra persona a los ojos; no porque usted es perfecto, sino porque ha estado dispuesto a asumir la responsabilidad por su falla.

El arte de disculparse puede o no haberse aprendido en la niñez. En las familias sanas, los padres enseñan a sus hijos a disculparse. Sin embargo, muchos niños crecen en familias disfuncionales donde herirse mutuamente, enojarse y vivir amargados, forma parte de su manera de vivir, y nadie se disculpa jamás.

El arte de la disculpa

La buena noticia es que el arte de la disculpa se puede aprender. Lo que hemos descubierto en nuestra investigación es que la disculpa tiene cinco aspectos fundamentales. Los llamamos los cinco lenguajes de la disculpa. Cada uno de ellos es importante. Para cada individuo en particular hay uno o dos de estos lenguajes que pueden transmitirse más efi cazmente que los otros. La clave de las buenas relaciones es aprender el lenguaje de la disculpa de la otra persona y estar dispuesto a hablarlo. Cuando usted habla el lenguaje principal del otro, le está facilitando el camino para que lo perdone genuinamente. Cuando usted no logra hablar el lenguaje de la otra persona, le resulta más difícil perdonar, porque no está segura de que usted se está disculpando genuinamente.

La comprensión y la aplicación de los cinco lenguajes de la disculpa mejorarán enormemente sus relaciones.

En los próximos cinco capítulos vamos a explicar estos cinco lenguajes. Y en el capítulo 7 le mostraremos cómo descubrir su propio lenguaje principal de la disculpa y el de la otra persona, y cómo esto puede lograr que sus esfuerzos para disculparse sean muy productivos. En el resto del libro se analizarán los desafíos de pedir disculpas, perdonar y de utilizar los lenguajes de la disculpa en todas las relaciones.

En Love Story [Historia de Amor], una popular película de los años '70, se dijo esta famosa frase: "Amor signifi ca nunca tener que pedir perdón". ¡NO!, es exactamente lo contrario. Con frecuencia, amor signifi ca decir que usted lo siente. El amor real incluye las disculpas de parte del ofensor y el perdón de parte del ofendido. Éste es el sendero que conduce hacia la restauración de las relaciones afectivas. Todo comienza aprendiendo a usar el lenguaje correcto de la disculpa cuando uno ofende a alguien.

(Continues...)



Excerpted from Los Cinco Lenguajes de la Disculpa by Gary Chapman Jennifer Thomas Copyright © 2006 by Gary Chapman y Jennifer Thomas. Excerpted by permission.
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