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Los Heraldos Negros
     

Los Heraldos Negros

3.0 1
by Cesar Vallejo
 

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César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 1892-1938, París). Perú. Sus padres eran Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. Fue el menor de once hermanos. Su tez mestiza se debe que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que

Overview

César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 1892-1938, París). Perú. Sus padres eran Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. Fue el menor de once hermanos. Su tez mestiza se debe que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó. Vallejo estudió en el Centro Escolar No. 271 de Santiago de Chuco, y desde abril de 1905 hasta 1909 hizo la secundaria en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachuco. En 1910 se matriculó en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo y en 1911 viajó a Lima para estudiar en la Escuela de Medicina de San Fernando. Tras varios trabajos, Vallejo terminó en 1915 la carrera de Letras. En 1916 frecuentó la juventud intelectual de la «bohemia trujillana» y se enamoró de María Rosa Sandoval. En 1917 conoció a «Mirto» (Zoila Rosa Cuadra), pero el romance duró poco y al parecer César intentó suicidarse tras un desengaño. Poco después se embarcó en el vapor Ucayali con rumbo a Lima donde conoció a lo más selecto de la intelectualidad limeña. Llegó a entrevistarse con José María Eguren y con Manuel González Prada, a quien los jóvenes consideraban un maestro y guía. Asimismo, publicó algunos de sus poemas en la Revista Suramérica. En 1918 trabajó en el colegio Barros y tras la muere de su director, Vallejo se hizo cargo de la dirección del mismo. Luego, en 1919 fue profesor en el Colegio Guadalupe. Ese año ven la luz los poemas de Los Heraldos Negros, que muestran cierta influencia modernista. Su madre murió en 1918 y al volver a Santiago de Chuco Vallejo fue encarcelado durante 105 días, acusado de haber participado en el saqueo de una casa. En la cárcel escribió la mayoría de los poemas de Trilce y en 1921 recibió la libertad condicional. Entonces fue admitido otra vez en el Colegio Guadalupe. Con el dinero que le debía el Ministerio de Educación se marchó a Europa en el vapor Oroya el 17 de junio de 1923 y llegó a París el 13 de julio. En París hizo amistad con Juan Larrea y Vicente Huidobro;y tuvo contacto con Pablo Neruda y Tristán Tzara. En 1926 conoció a Henriette Maisse, con quien convivió hasta octubre de 1928. Fundó junto al poeta español Juan Larrea una revista mientras colaboraba con Variedades y Amauta, la revista de José Carlos Mariátegui. Por entonces profundizó en sus estudios de marxismo. En 1927 conoció a Georgette Marie Philippart Travers y ese año viajó a Rusia. Hacia 1929 mantiene sus colaboraciones con Variedades, Mundial y el diario El Comercio. En 1930 el gobierno español le concedió una modesta beca para escritores. Poco después viajó a la Unión Soviética para participar en el Congreso Internacional de Escritores Solidarios con el régimen soviético. Tras su regreso a París se casó con Georgette Philippart en 1934 y se integró en el Partido Comunista del Perú fundado por Mariátegui. En 1937 Vallejo y Neruda fundaron en España el Grupo Hispanoamericano de Ayuda a España en plena Guerra Civil. En 1938 trabajó como profesor de Lengua y Literatura, pero en marzo sufrió un agotamiento físico. El 24 de marzo fue internado padeciendo una enfermedad desconocida y murió en París el 15 de abril de 1938.

Product Details

ISBN-13:
9788498974881
Publisher:
Red Ediciones
Publication date:
10/01/2008
Pages:
102
Sales rank:
1,122,107
Product dimensions:
5.50(w) x 8.30(h) x 0.30(d)

Read an Excerpt

Los Heraldos Negros


By César Vallejo

Red Ediciones

Copyright © 2016 Red ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9897-488-1



CHAPTER 1

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé. Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma ... Yo no sé.

Son pocos; pero son ... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; o Los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre ... Pobre ... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé!

CHAPTER 2

PLAFONES ÁGILES


Deshojación sagrada

Luna! Corona de una testa inmensa, que te vas deshojando en sombras gualdas! Roja corona de un Jesús que piensa trágicamente dulce de esmeraldas!

Luna! Alocado corazón celeste ¿por qué bogas así, dentro de copa llena de vino azul, hacia el oeste, cual derrotada y dolorida popa?

Luna! Y a fuerza de volar en vano, te holocaustas en ópalos dispersos: tú eres talvez mi corazón gitano que vaga en el azul llorando versos! ...

Comunión

Linda Regia! Tus venas son fermentos de mi no ser antiguo y del champaña negro de mi vivir!

Tu cabello es la ignota raicilla del árbol de mi vid. Tu cabello es la hilacha de una mitra de ensueño que perdí!

Tu cuerpo es la espumante escaramuza de un rosado Jordán; y ondea, como un lago beatífico que humillara a la víbora del mal!

Tus brazos dan la sed de lo infinito, con sus castas hespérides de luz, cual dos blancos caminos redentores, dos arranques murientes de una cruz. Y están plasmados en la sangre invicta de mi imposible azul!

Tus pies son dos heráldicas alondras que eternamente llegan de mi ayer! Linda Regia! Tus pies son las dos lágrimas que al bajar del Espíritu ahogué, un Domingo de Ramos que entré al Mundo, ya lejos para siempre de Belén!


Nervazón de angustia

Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; desclava mi tensión nerviosa y mi dolor ... Desclava, amada eterna, mi largo afán y los dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor!

Regreso del desierto donde he caído mucho; retira la cicuta y obséquiame tus vinos: espanta con un llanto de amor a mis sicarios, cuyos gestos son férreas cegueras de Longinos!

Desclávame mis clavos ¡oh nueva madre mía! ¡Sinfonía de olivios, escancia tu llorar! Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta, muerta, cuál cede la amenaza, y la alondra se va!

Pasas ... vuelves ... Tus lutos trenzan mi gran cilicio con gotas de curare, filos de humanidad, la dignidad roquera que hay en tu castidad, y el judithesco azogue de tu miel interior.

Son las ocho de una mañana en crema brujo ... Hay frío ... Un perro pasa royendo el hueso de otro perro que fue ... Y empieza a llorar en mis nervios un fósforo que en cápsulas de silencio apagué!

Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática un dionisiaco hastío de café ...!


Bordas de hielo

Vengo a verte pasar todos los días, vaporcito encantado siempre lejos ... Tus ojos son dos rubios capitanes; tu labio es un brevísimo pañuelo rojo que ondea en un adiós de sangre!

Vengo a verte pasar; hasta que un día, embriagada de tiempo y de crueldad, vaporcito encantado siempre lejos, la estrella de la tarde partirá!

Las jarcias; vientos que traicionan; vientos de mujer que pasó! Tus fríos capitanes darán orden; y quien habrá partido seré yo ...


Nochebuena

Al callar la orquesta, pasean veladas sombras femeninas bajo los ramajes, por cuya hojarasca se filtran heladas quimeras de Luna, pálidos celajes.

Hay labios que lloran arias olvidadas, grandes lirios fingen los ebúrneos trajes. Charlas y sonrisas en locas bandadas perfuman de seda los rudos boscajes.

Espero que ría la luz de tu vuelta; y en la epifanía de tu forma esbelta, cantará la fiesta en oro mayor.

Balarán mis versos en tu predio entonces, canturreando en todos sus místicos bronces que ha nacido el Niño-Jesús de tu amor.


Ascuas

Para Domingo Parra del Riego

Luciré para Tilia, en la tragedia, mis estrofas en ópimos racimos; sangrará cada fruta melodiosa, como un sol funeral, lúgubres vinos. Tilia tendrá la cruz que en la hora final será de luz!

Prenderé para Tilia, en la tragedia, la gota de fragor que hay en mis labios; y el labio, al encresparse para el beso, se partirá en cien pétalos sagrados. Tilia tendrá el puñal, el puñal floricida y auroral!

Ya en la sombra, heroína, intacta y mártir, tendrás bajo tus plantas a la Vida; mientras veles, rezando mis estrofas, mi testa, como una hostia en sangre tinta! Y en un lirio, voraz, mi sangre, como un virus, beberás!


Medialuz

He soñado una fuga. Y he soñado tus encajes dispersos en la alcoba. A lo largo de un muelle, alguna madre; y sus quince años dando el seno a una hora.

He soñado una fuga. Un "para siempre" suspirado en la escala de una proa; he soñado una madre; unas frescas matitas de verdura, y el ajuar constelado de una aurora.

A lo largo de un muelle ... Y a lo largo de un cuello que se ahoga!


Sauce

Lirismo de invierno, rumor de crespones, cuando ya se acerca la pronta partida; agoreras voces de tristes canciones que en la tarde rezan una despedida.

Visión del entierro de mis ilusiones en la propia tumba de mortal herida. Caridad verónica de ignotas regiones, donde a precio de éter se pierde la vida.

Cerca de la aurora partiré llorando; y mientras mis años se vayan curvando, curvará guadañas mi ruta veloz.

Y ante fríos óleos de luna muriente, con timbres de aceros en tierra indolente, cavarán los perros, aullando, ¡un adiós!


Ausente

Ausente! La mañana en que me vaya más lejos de lo lejos, al Misterio, como siguiendo inevitable raya, tus pies resbalarán al cementerio.

Ausente! La mañana en que a la playa del mar de sombra y del callado imperio, como un pájaro lúgubre me vaya, será el blanco panteón tu cautiverio.

Se habrá hecho de noche en tus miradas; y sufrirás, y tomarás entonces penitentes blancuras lanceradas.

Ausente! Y en tus propios sufrimientos ha de cruzar entre un llorar de bronces una jauria de remordimientos!


Avestruz

Melancolía, saca tu dulce pico ya; no cebes tus ayunos en mis trigos de luz. Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!

No acabes el maná de mujer que ha bajado; yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz, mañana que no tenga yo a quién volver los ojos, cuando abra su gran O de burla el ataúd.

Mi corazón es tiesto regado de amargura; hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él ... Melancolía, deja de secarme la vida, y desnuda tu labio de mujer ...!


Bajo los álamos

Para José Eulogio Garrido

Cual hieráticos bardos prisioneros, los álamos de sangre se han dormido. Rumian arias de yerba al sol caído, las greyes de Belén en los oteros.

El anciano pastor, a los postreros martirios de la luz estremecido, en sus pascuales ojos ha cogido una casta manada de luceros.

Labrado en orfandad baja el instante con rumores de entierro, al campo orante y se otoñan de sombra las esquilas.

Supervive el azul urdido en hierro, y en él, amortajadas las pupilas, tranza su aullido pastoral un perro.


BUZOS

La araña

Es una araña enorme que ya no anda; una araña incolora, cuyo cuerpo, una cabeza y un abdomen, sangra.

Hoy la he visto de cerca. Y con qué esfuerzo hacia todos los flancos sus pies innumerables alargaba. Y he pensado en sus ojos invisibles, los pilotos fatales de la araña.

Es una araña que temblaba fija en un filo de piedra; el abdomen a un lado, y al otro la cabeza.

Con tantos pies la pobre, y aún no puede resolverse. Y, al verla atónita en tal trance, hoy me ha dado qué pena esa viajera.

Es una araña enorme, a quien impide el abdomen seguir a la cabeza. Y he pensado en sus ojos y en sus pies numerosos ... ¡Y me ha dado qué pena esa viajera!


Babel

Dulce hogar sin estilo, fabricado de un solo golpe y de una sola pieza de cera tornasol. Y en el hogar ella daña y arregla; a veces dice: "El hospicio es bonito; aquí no más!" ¡Y otras veces se pone a llorar!


Romería

Pasamos juntos. El sueño lame nuestros pies qué dulce; y todo se desplaza en pálidas renunciaciones sin dulce.

Pasamos juntos. Las muertas almas, las que, cual nosotros, cruzaron por el amor, con enfermos pasos ópalos, salen en sus lutos rígidos y se ondulan en nosotros. Amada, vamos al borde frágil de un montón de tierra. Va en aceite ungida el ala, y en pureza. Pero un golpe, al caer yo no sé dónde, afila de cada lágrima un diente hostil.

Y un soldado, un gran soldado, heridas por charreteras, se anima en la tarde heroica, y a sus pies muestra entre risas, como una gualdrapa horrenda, el cerebro de la Vida.

Pasamos juntos, muy juntos, invicta Luz, paso enfermo; pasamos juntos las lilas mostazas de un cementerio.


El palco estrecho

Más acá, más acá. Yo estoy muy bien. Llueve; y hace una cruel limitación. Avanza, avanza el pie.

Hasta qué hora no suben las cortinas esas manos que fingen un zarzal? Ves? Los otros, qué cómodos, qué efigies. Más acá, más acá!

Llueve. Y hoy pasará otra nave cargada de crespón; será como un pezón negro y deforme arrancado a la esfíngica Ilusión.

Más acá, más acá. Tú estás al borde y la nave arrastrarte puede al mar. Ah, cortinas inmóviles, simbólicas ... Mi aplauso es un festín de rosas negras: cederte mi lugar! Y en el fragor de mi renuncia, un hilo de infinito sangrará.

Yo no debo estar tan bien; avanza, avanza el piel!


DE LA TIERRA

— Si te amara ... qué sería? — Una orgía! — Y si él te amara? Sería todo rituario, pero menos dulce.

Y si tú quisieras? La sombra sufriría justos fracasos en tus niñas monjas.

Culebrean latigazos, cuando el can ama a su dueño? — No; pero la luz es nuestra. Estás enfermo ... Vete ... Tengo sueño!

(Bajo la alameda vesperal se quiebra un fragor de rosa.) — Idos, pupilas, pronto ... Ya retoña la selva en mi cristal!


El poeta a su amada

Amada, en esta noche tú me has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso; y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.

En esta noche rara que tanto me has mirado, la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso. En esta noche de setiembre se ha oficiado mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos; se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura; y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos; ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.


Verano

Verano, ya me voy. Y me dan pena las manitas sumisas de tus tardes. Llegas devotamente; llegas viejo; y ya no encontrarás en mi alma a nadie.

Verano! y pasarás por mis balcones con gran rosario de amatistas y oros, como un obispo triste que llegara de lejos a buscar y bendecir los rotos aros de unos muertos novios.

Verano, ya me voy. Allá, en setiembre tengo una rosa que te encargo mucho; la regarás de agua bendita todos los días de pecado y de sepulcro.

Si a fuerza de llorar el mausoleo, con luz de fe su mármol aletea, levanta en alto tu responso, y pide a Dios que siga para siempre muerta. Todo ha de ser ya tarde; y tú no encontrarás en mi alma a nadie.

Ya no llores, Verano! En aquel surco muere una rosa que renace mucho ...


Setiembre

Aquella noche de setiembre, fuiste tan buena para mí ... hasta dolerme! Yo no sé lo demás; y para eso, no debiste ser buena, no debiste.

Aquella noche sollozaste al verme hermético y tirano, enfermo y triste. Yo no sé lo demás ... y para eso yo no sé por qué fui triste ..., tan triste ...!

Solo esa noche de setiembre dulce, tuve a tus ojos de Magdala, toda la distancia de Dios ... y te fui dulce!

Y también una tarde de setiembre cuando sembré en tus brasas, desde un auto, los charcos de esta noche de diciembre.


Heces

Esta tarde llueve como nunca; y no tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? Viste gracia y pena; viste de mujer.

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo las cavernas crueles de mi ingratitud; mi bloque de hielo sobre su amapola, más fuerte que su "No seas así".

Mis violentas flores negras; y la bárbara y enorme pedrada; y el trecho glacial. Y pondrá el silencio de su dignidad con óleos quemantes el punto final.

Por eso esta tarde, como nunca, voy con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste, toman un poquito de ti en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no tengo ganas de vivir, corazón!


Impía

Señor! Estabas tras los cristales humano y triste de atardecer; y cuál lloraba tus funerales esa mujer!

Sus ojos eran el jueves santo, dos negros granos de amarga luz! Con duras gotas de sangre y llanto clavó tu cruz!

Impía! Desde que tú partiste, Señor, no ha ido nunca al Jordán, en rojas aguas su piel desviste, y al vil judío le vende pan!


La copa negra

La noche es una copa de mal. Un silbo agudo del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler. Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste, la onda aún es negra y me hace aún arder?

La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra. Oye, tú, mujerzuela, no vayas a volver.

A carne nada, nada en la copa de sombra que me hace aún doler; mi carne nada en ella, como en un pantanoso corazón de mujer.

Ascua astral ... He sentido secos roces de arcilla sobre mi loto diáfano caer. Ah, mujer! Por ti existe la carne hecha de instinto. Ah mujer!

Por eso ¡oh, negro cáliz! aun cuando ya te fuiste, me ahogo con el polvo; y piafan en mis carnes más ganas de beber!


Deshora

Pureza amada, que mis ojos nunca llegaron a gozar. Pureza absurda!

Yo sé que estabas en la carne un día, cuando yo hilaba aún mi embrión de vida.

Pureza en falda neutra de colegio; y leche azul dentro del trigo tierno

a la tarde de lluvia, cuando el alma ha roto su puñal en retirada,

cuando ha cuajado en no sé qué probeta sin contenido una insolente piedra.

Cuando hay gente contenta; y cuando lloran párpados ciegos en purpúreas bordas.

Oh, pureza que nunca ni un recado me dejaste, al partir del triste barro

ni una migaja de tu voz; ni un nervio de tu convite heroico de luceros.

Alejaos de mí, buenas maldades, dulces bocas picantes ...

Yo la recuerdo al veros oh, mujeres! Pues de la vida en la perenne tarde, nació muy poco pero mucho muere!


Fresco

Llegué a confundirme con ella, tanto ...! Por sus recodos espirituales, yo me iba jugando entre tiernos fresales, entre sus griegas manos matinales.

Ella me acomodaba después los lazos negros y bohemios de la corbata. Y yo volvía a ver la piedra absorta, desairados los bancos, y el reloj que nos iba envolviendo en su carrete, al dar su inacabable molinete. Buenas noches aquellas, que hoy la dan por reír de mi extraño morir, de mi modo de andar meditabundo. Alfeñiques de oro, joyas de azúcar que al fin se quiebran en el mortero de losa de este mundo.

Pero para las lágrimas de amor, los luceros son lindos pañuelitos lilas, naranjas, verdes, que empapa el corazón. Y si hay ya mucha hiel en esas sedas, hay un cariño que no nace nunca, que nunca muere, vuela otro gran pañuelo apocalíptico; la mano azul, inédita de Dios!


Yeso

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche, ya tras del cementerio se fue el sol; aquí se está llorando a mil pupilas: no vuelvas; ya murió mi corazón. Silencio. Aquí ya todo está vestido de dolor riguroso; y arde apenas, como un mal kerosene, esta pasión.

Primavera vendrá. Cantarás "Eva" desde un minuto horizontal, desde un hornillo en que arderán los nardos de Eros. ¡Forja allí tu perdón para el poeta, que ha de dolerme aún, como clavo que cierra un ataúd!

Mas ... una noche de lirismo, tu buen seno, tu mar rojo se azotará con olas de quince años, al ver lejos, aviado con recuerdos mi corsario bajel, mi ingratitud.

Después, tu manzanar, tu labio dándose, y que se aja por mí por la vez última, y que muere sangriento de amar mucho, como un croquis pagano de Jesús.

¡Amada! Y cantarás; y ha de vibrar el femenino en mi alma, como en una enlutada catedral.


(Continues...)

Excerpted from Los Heraldos Negros by César Vallejo. Copyright © 2016 Red ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 1892-1938, París). Perú. Sus padres eran Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. Fue el menor de once hermanos. Su tez mestiza se debe que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó. Vallejo estudió en el Centro Escolar No. 271 de Santiago de Chuco, y desde abril de 1905 hasta 1909 hizo la secundaria en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachuco. En 1910 se matriculó en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo y en 1911 viajó a Lima para estudiar en la Escuela de Medicina de San Fernando. Tras varios trabajos, Vallejo terminó en 1915 la carrera de Letras. En 1916 frecuentó la juventud intelectual de la «bohemia trujillana» y se enamoró de María Rosa Sandoval. En 1917 conoció a «Mirto» (Zoila Rosa Cuadra), pero el romance duró poco y al parecer César intentó suicidarse tras un desengaño. Poco después se embarcó en el vapor Ucayali con rumbo a Lima donde conoció a lo más selecto de la intelectualidad limeña. Llegó a entrevistarse con José María Eguren y con Manuel González Prada, a quien los jóvenes consideraban un maestro y guía. Asimismo, publicó algunos de sus poemas en la Revista Suramérica. En 1918 trabajó en el colegio Barros y tras la muere de su director, Vallejo se hizo cargo de la dirección del mismo. Luego, en 1919 fue profesor en el Colegio Guadalupe. Ese año ven la luz los poemas de Los Heraldos Negros, que muestran cierta influencia modernista. Su madre murió en 1918 y al volver a Santiago de Chuco Vallejo fue encarcelado durante 105 días, acusado de haber participado en el saqueo de una casa. En la cárcel escribió la mayoría de los poemas de Trilce y en 1921 recibió la libertad condicional. Entonces fue admitido otra vez en el Colegio Guadalupe. Con el dinero que le debía el Ministerio de Educación se marchó a Europa en el vapor Oroya el 17 de junio de 1923 y llegó a París el 13 de julio. En París hizo amistad con Juan Larrea y Vicente Huidobro;y tuvo contacto con Pablo Neruda y Tristán Tzara. En 1926 conoció a Henriette Maisse, con quien convivió hasta octubre de 1928. Fundó junto al poeta español Juan Larrea una revista mientras colaboraba con Variedades y Amauta, la revista de José Carlos Mariátegui. Por entonces profundizó en sus estudios de marxismo. En 1927 conoció a Georgette Marie Philippart Travers y ese año viajó a Rusia. Hacia 1929 mantiene sus colaboraciones con Variedades, Mundial y el diario El Comercio. En 1930 el gobierno español le concedió una modesta beca para escritores. Poco después viajó a la Unión Soviética para participar en el Congreso Internacional de Escritores Solidarios con el régimen soviético. Tras su regreso a París se casó con Georgette Philippart en 1934 y se integró en el Partido Comunista del Perú fundado por Mariátegui. En 1937 Vallejo y Neruda fundaron en España el Grupo Hispanoamericano de Ayuda a España en plena Guerra Civil. En 1938 trabajó como profesor de Lengua y Literatura, pero en marzo sufrió un agotamiento físico. El 24 de marzo fue internado padeciendo una enfermedad desconocida y murió en París el 15 de abril de 1938.

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Los heraldos negros 3 out of 5 based on 0 ratings. 1 reviews.
carlosmock More than 1 year ago
Los Heraldos Negros by César Vallejo ediciones Cátedra, Spain 2002 This is the first book published by César Vallejo. In it he breaks all the molds of the "Poesía modernista." The book is heterogeneous in themes, with a wide selection of poetry that is divided in six sections with Los Heraldos Negros being the first poem of the first section--the theme being religious. The other sections deal with love, life, God, death, the earth, and your Country (patria). One of the three books published by Vallejo, each one unique, singular and revolutionary.