Los Planos de la Biblia: Una Guía Católica para Entender y Acoger la Palabra de Dios

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Una perspectiva altamente formativa y agradable para entender el libro más vendido de todos los tiempos.
Es muy difícil construir una casa si no sabes cómo leer un plano. De la misma manera, es muy difícil crecer en tu fe si no sabes cómo leer la Biblia o simplemente rehúsas abrirla. En Los planos de la biblia, el conocido escritor y conferencista Joe Paprocki utiliza hábilmente la comparación de un plano de construcción para ayudar a las ...

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Una perspectiva altamente formativa y agradable para entender el libro más vendido de todos los tiempos.
Es muy difícil construir una casa si no sabes cómo leer un plano. De la misma manera, es muy difícil crecer en tu fe si no sabes cómo leer la Biblia o simplemente rehúsas abrirla. En Los planos de la biblia, el conocido escritor y conferencista Joe Paprocki utiliza hábilmente la comparación de un plano de construcción para ayudar a las personas católicas a adquirir un conocimiento sólido de la estructura y organización de la Biblia.
Entre otros temas, Joe Paprocki presenta los diferentes géneros literarios de la literatura bíblica, los métodos de interpretación bíblica y cómo usar los comentarios bíblicos. Además, los cómics, recuadros y pruebas de asimilación hacen de este libro algo fascinante. Cuenta también con ocho separadores bíblicos desprendibles que te ayudarán en tu lectura bíblica.
Los planos de la Biblia es una introducción ideal, amigable y efectiva a la Palabra de Dios para los católicos que se sienten inseguros leyendo la Escritura o para quienes son nuevos a la fe católica. Este libro invita a todos los católicos a realizar una lectura bíblica que conduzca a un encuentro más pleno con Cristo, la Palabra hecha carne, y con la comunidad que se congrega en su nombre.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780829428582
  • Publisher: Loyola Press
  • Publication date: 8/1/2009
  • Language: Spanish
  • Edition description: First Edition
  • Pages: 144
  • Product dimensions: 7.00 (w) x 9.00 (h) x 0.38 (d)

Meet the Author

Joe Paprocki, DMin, es el consultante nacional de Loyola Press para asuntos de formación en la fe. Cuenta con más de 30 años de experiencia en el ministerio eclesial y ha sido maestro de secundaria, preparatoria, colegio y de adultos en todos los niveles. Es el autor del best seller La caja de herramientas del catequista. Actualmente es catequista de 8° grado y tiene un blog en el que comparte su experiencia catequética en www.catechistjourney.com.

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Capítulo 1
Descubriendo los planos de la Biblia
No necesitas ser un arquitecto para entender el concepto de un plano. Un plano es precisamente eso, un plano. Cuando se siguen apropiadamente las indicaciones que el plano presenta, el resultado es una nueva creación. Dios tiene un plan para nosotros y, al seguir ese plan, nos convertimos en una nueva creación. El plan que Dios tiene para nuestra salvación se encuentra en la Biblia, y la Biblia misma se ha escrito conforme a ese plan. ¡Bienvenido a este plan!
Encima del escritorio de mi oficina hay una imagen de mi santo patrono, San José el carpintero, haciendo lo que siempre asociamos con el oficio de carpintero: labrando madera. De hecho, es muy común el que veamos imágenes del Niño Jesús labrando madera mientras que su padre terrenal observa la calidad del trabajo. Consecuentemente, nuestra conclusión natural es que en aquellos días los carpinteros sólo hacían “mesas, sillas y cómodas” (tal y como se describe en la canción “Cielo en su mente”, del musical Jesucristo Superestrella). Lo cierto es que, en tiempos de Jesús, un carpintero no sólo era alguien que hacía gabinetes, sino que era comparable a lo que hoy conocemos como arquitecto: alguien que tiene el talento para diseñar edificios. Por lo tanto, tiene absoluto sentido el hecho de que el padre terrenal de Jesús, José, fuera un arquitecto, puesto que su padre celestial es el “arquitecto” de toda la creación.
En los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual (Dei Verbum, 21).
 
En palabras claras, un arquitecto es alguien que diseña un plan detallado, el plano de un edificio.
Dios verdaderamente es un arquitecto, con un diseño:
Yo conozco mis designios sobre ustedes: designios de prosperidad, no de desgracia, pues les daré un porvenir y una esperanza (Jeremías 29:11).
El plan que Dios tiene para nosotros no está oculto. De hecho, Dios nos ha proveído un plan de salvación, el Misterio Pascual de Cristo: su pasión, muerte y resurrección. Así pues, ¿dónde encontramos este plano diseñado para nosotros? En la Biblia.
Entonces, ¿qué es la Biblia y de qué manera es esta un plan para nuestra salvación? ¡Vamos a explorarlo!
 
Jesús, ¿arquitecto?
Cuando la Biblia se refiere a Jesús como carpintero (Marcos 6:3) y como el hijo del carpintero (Mateo 13:55), lo hace usando la palabra griega tekton, sugiriendo que no sólo era un obrero sino un constructor. No debe sorprendernos el hecho de que Jesús utilice deliberadamente en los evangelios las imágenes propias de un edificio.

• Sobre esta roca edificaré mi Iglesia.
(Mateo 16:8)
• La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
(Mateo 21:42)
• Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré. (Mateo 26:61)
• Se parece a uno que iba a construir una casa: cavó,
ahondó y colocó un cimiento sobre la roca . . .
(Lucas 6:48)
• Derribaré los graneros y construiré otros mayores.
(Lucas 12:18)
• Si uno de ustedes pretende construir una torre . . .
(Lucas 14:28)
 
Los planos de la Biblia

Aun cuando es muy bueno que sepamos que la Biblia es un plano para nuestra salvación, también es muy importante que aprendamos a leer los planos. Recuerdo hace muchos años cuando mi papá estaba construyendo una nueva farmacia. Recuerdo claramente que tenía los planos ahí junto a él y, aunque yo no sabía qué era una cosa o la otra, me quedé impresionado al ver cómo los trabajadores de la construcción y los electricistas, con sólo dar una mirada al plano, sabían dónde iba cada cosa, fuera una lámpara o un enchufe. Al igual que ellos, necesitamos aprender a leer los planos de salvación que Dios nos ha revelado en la Biblia. Lo bueno de esto es que la Biblia misma tiene varios planos dentro de sí misma. He aquí la estructura general del plano:
Antiguo Testamento 
Pentateuco (Torá)
Historia
Sabiduría
Profetas
 
Catálogo 
Índice
 
Nuevo Testamento
Evangelios
Hechos de los Apóstoles
Cartas
Apocalipsis
Debo admitir lo mucho que me gusta la imagen tan práctica de unos planos. Me gusta pensar en la Biblia como si fuese un edificio y, para ser concretos, una biblioteca. Para mí es la Biblioteca de Dios. Si en realidad la Biblia fuera un edificio, entonces el plano arriba presentado nos revela su organización interna. Dicho en pocas palabras, en la Biblia encontramos lo siguiente:
• La biblioteca de Dios tiene dos salas: en una está el Antiguo Testamento y en la otra el Nuevo Testamento.
• Ambas están divididas en cuatro salas más pequeñas.
• En la sala del Antiguo Testamento, cuyo tamaño es más del doble de la sala del Nuevo Testamento, encontramos cuartos dedicados al Pentateuco, la Historia, la Sabiduría y los Profetas.
• En la sala del Nuevo Testamento encontramos cuartos dedicados a los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas y el Apocalipsis.
• También hay un vestidor o punto de información donde está el Índice o catálogo de los libros.
Por supuesto tal edificio no existe. Aun así, podemos afirmar que la Biblia es una biblioteca, es decir, una colección de libros. Esta metáfora nos ayuda a entender la manera de acercarnos a la Biblia y, al igual que un arquitecto o un obrero de la construcción, ser capaces de leer los planos. Esto nos ayudará a entender la manera en que este nos llevará al encuentro con Dios.
¿Qué es la Biblia?
Hace varios años, la compañía Pepsi hizo circular en la televisión un comercial con un ambiente futurista, en el cual un profesor guiaba a un grupo de estudiantes a una excavación arqueológica. Cuando todos habían bebido su lata de Pepsi, uno de ellos desenterró un objeto. Estaba cubierto de polvo y lodo. Para poder descubrir la identidad del objeto, el profesor tuvo que colocarlo en un instrumento que removió rápidamente las capas de polvo y reveló que se trataba simplemente de un envase de Coca-Ccola. Con una expresión de asombro, todos los estudiantes miraron el objeto y le preguntaron al profesor: “¿Qué es esto?”. El profesor, con la misma expresión de asombró, examinó la botella y respondió: “No tengo la menor idea”.
Al encontrarnos con la Biblia la primera pregunta que debemos hacernos es “¿Qué es?”. Asimismo, necesitamos una respuesta mucho mejor que: “No tengo la menor idea”. Entonces, ¿qué es la Biblia?
Cuando se trata de describir la Biblia, me gusta utilizar una palabra que presenta su esencia. Esta palabra es revelación.
Sé que a primera vista esa palabra resulta sumamente teológica. Pero no lo es. La raíz de la palabra revelación es, por supuesto, revelar. La revelación se da cuando alguien o algo se revela. Las personas sabemos que el revelarnos a los demás es un elemento clave en cualquier relación humana. Cuando conocemos a alguien por primera vez, intercambiamos información básica respecto al lugar en el que vivimos, lo que hacemos para vivir, con quién vivimos, dónde crecimos, a dónde fuimos a la escuela, etcétera. ¿Por qué? Para establecer una relación. Entre más profunda se hace la relación, más revelamos acerca de nosotros mismos. Si no queremos que esa relación fructifique, pues entonces continuamos hablando acerca del clima.
La Biblia es básicamente un testimonio vivo de la revelación que Dios ha hecho de sí mismo a nosotros. ¿Por qué lo hizo? Para establecer una relación con nosotros. La Biblia es una invitación a la intimidad con Dios. Si la Biblia fuera solamente un manual de instrucciones, podríamos leerlo y aun así no conoceríamos a Dios. De hecho, la Biblia es una de las formas cruciales mediante las cuales conocemos a Dios. Recordemos que para la comunidad judía el verbo conocer sugiere intimidad. (Por ejemplo, María respondió al anuncio del ángel preguntando: “¿Cómo puede ser esto puesto que no conozco varón?” (Lucas 1:34). Al leer la Biblia, entramos en una relación mucho más íntima con Dios, quien se revela a sí mismo a lo largo de la historia de salvación, culminando con la encarnación de Jesús, el Verbo encarnado.
No leemos la Biblia para buscar respuestas. No estudiamos la Biblia a fin de poder debatir con otras personas acerca de su significado. Nosotros oramos o hacemos una lectura orante del texto bíblico para así encontrarnos al Dios vivo que se revela a nosotros desde Génesis 1:1 hasta Apocalipsis 22:21.
“Combate el decaimiento de la verdad, ¡lee diariamente la Biblia!”
—Anónimo
Escritura y Tradición
La Palabra de Dios toma la forma de palabra escrita (Escritura) y de Tradición viva. Para los católicos, la Escritura y la Tradición son realidades inseparable que forman un “depósito sagrado de la Palabra de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, 97). Algunas personas piensan que la Biblia tiene la última palabra en todas las cosas. Sólo hay un problema con esa postura. La Biblia, como la conocemos hoy día, es el producto de la Tradición. En otras palabras, existió una tradición oral de predicación del Evangelio antes de que se escribiera el Nuevo Testamento. De igual manera, el acomodo final de los libros de la Biblia fue decidido por los líderes de la primera Iglesia. La Biblia, que emerge de la Tradición de la Iglesia, es parte de la única fuente de revelación divina. Es la palabra revelada de Dios.
 
Planos y bibliotecas: ¿por qué usar metáforas?
No todas las personas necesitan metáforas para crecer en su entendimiento de la Biblia. Aun así, a lo largo de mi experiencia docente me he encontrado con personas jóvenes y ancianas que aprenden mucho más cuando a lo largo del proceso se emplean algunas metáforas. Yo desarrollé esta metáfora de los planos hace casi treinta años, cuando era maestro de religión en una escuela preparatoria de Chicago. Muy pronto descubrí que los estudiantes recién llegados no tenían la más mínima idea acerca de la Biblia. Aunque el tema designado para los recién llegados era los sacramentos, le pedí al director de mi departamento que me permitiera hacer un curso bíblico de una semana y me lo concedió.
De inmediato me puse manos a la obra y dibujé el edificio de una biblioteca a la cual llamé La Biblioteca de Dios. El edificio reflejaba el plano presentado en este mismo capítulo. Después, los estudiantes y yo creamos separadores, uno para cada una de las ocho secciones de la Biblia. Cada separador incluía un resumen general de una sección de la Biblia junto con una lista de los temas generales que se encontraban en esa sección. Haciendo uso de estos separadores de libros me mebarqué junto con mis estudiantes en la experiencia de un curso bíblico diseñado para aumentar notablemente su conocimiento acerca de la Biblia. Al final del curso invité al director de mi departamento a que visitara el grupo, pidiéndole que mencionara el nombre de algún personaje bíblico famoso y le garanticé que la mayoría de los estudiantes encontrarían un pasaje relacionado con esa persona en menos de un minuto. Y. . . ¡así fue! ¡Mis estudiantes pudieron hacerlo y yo conservé mi trabajo!
“¡No sé nada acerca de la Biblia!”
Hace mucho que un amigo mío, director de educación religiosa, me invitó a su parroquia para que hiciera una versión abreviada de este tema con sus niños de sexto grado. Durante los siguientes años dirigí decenas de estos talleres bíblicos para niños que participan en el programa de educación religiosa. Muy pronto descubrí un factor común. Al final de cada evento, los catequistas ahí presentes se acercaban para decirme lo mucho que ellos mismos habían aprendido acerca de la Biblia. A menudo decían: “¡No sé nada acerca de la Biblia. . . esto me ha servido muchísimo!”. Me di cuenta cada vez más de que los adultos católicos tenían sed de un conocimiento más profundo de la Palabra de Dios. Comencé a hacer presentaciones para grupos de adultos y eventualmente escribí el libro La Biblioteca de Dios para responder a esta necesidad en la Iglesia. Ahora, casi treinta años después de que este concepto naciera en una clase de religión, te ofrezco este material introductorio a la Biblia Los planos de la Biblia: una guía para entender y abrazar la Palabra de Dios. Espero que lo disfrutes y que conozcas a nuestro Señor más profundamente mediante su palabra sagrada en la Escritura.
Entonces, ¿qué nos detiene?
Si realmente la Biblia es un plano para que podamos entrar en una relación más profunda e íntima con nuestro Dios amoroso, ¿qué e lo que nos impide lanzarnos y sumergirnos en sus páginas? Pues bien, parece que tenemos muchísimas razones para mantener la Biblia a distancia. En el siguiente capítulo hablaremos acerca de estos obstáculos y comenzaremos a construir los cimientos para superarlos.
 
Preguntas para el diálogo y la reflexión
¿De qué manera puede contribuir a nuestro acercamiento a la Biblia el hecho de que la comparemos con un plano o una biblioteca?
¿Qué pasaje bíblico te resulta muy difícil comprender?
¿Con cuál de estas secciones —Pentateuco, Históricos, Sabiduría, Profetas, Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Cartas y Apocalipsis— estás más familiarizado? ¿Con cuál lo estás menos?
¿Puedes reconocer un momento en tu vida en el que conociste a alguien más íntimamente por algo que había escrito (en libros o cartas)? ¿De qué manera te ayudan estos ejemplos a entender la manera en que puedes crecer en tu intimidad con Dios mediante la lectura de la Sagrada Escritura?
¿Qué es la revelación y qué tiene que ver con la Biblia?
¿Qué queremos decir con Tradición de la Iglesia? ¿Cómo explicarías la relación entre Escritura y Tradición?
 
Había una amable anciana que estaba enviando una antigua Biblia familiar a uno de sus hermanos que vivía al otro extremo del país. Al recibir el paquete, el empleado postal le preguntó: “¿Hay algo aquí que pueda romperse?”. “Sólo los Diez Mandamientos”, respondió la ancianita.

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Table of Contents

Índice

Agradecimientos ix

Capítulo 1: Descubriendo los planos de la Biblia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Capítulo 2: Superando la “bibliafobia”. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Capítulo 3: Preparándonos para entrar en la biblioteca de Dios . . . . . . 19
Capítulo 4: Los cimientos de la Biblia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
Capítulo 5: Centro de información: notas a pie de página
y referencias cruzadas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Capítulo 6: Reconociendo el lenguaje simbólico en la Biblia. . . . . . . . . . 57
Capítulo 7: Haz cuentas: los números en la Biblia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
Capítulo 8: Las herramientas de un diseñador:
las herramientas de interpretación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
Capítulo 9: Primeros y segundos pasos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95

Recursos bíblicos

Cómo comenzar un grupo bíblico en tu parroquia . . . . . . . . 104
Coordinando un taller bíblico para jóvenes
de secundaria y de preparatoria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
Bibliografía comentada para un estudio católico
de la Biblia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114
Los libros de la Biblia, y sus abreviaturas,
en el orden en que aparecen en tu Biblia. . . . . . . . . . . . . . . . 118
Los libros de la Biblia, y sus abreviaturas,
en orden alfabético. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119
Cronología de la Historia de la Salvación. . . . . . . . . . . . . . . . 120
Mapa de Tierra Santa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122
Bibliografía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 124
Separadores bíblicos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
 

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