Los seis mesias

Los seis mesias

by Mark Frost
     
 

Los antiguos textos sagrados han desaparecido. La muerte del mundo se acerca.

Seis extraordinarios hombres han tenido la misma visión, la de una torre negra y un río de sangre. En algún lugar en el desierto de los Estados Unidos se llevará a cabo una gran batalla. El experimento más grande en la

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Los antiguos textos sagrados han desaparecido. La muerte del mundo se acerca.

Seis extraordinarios hombres han tenido la misma visión, la de una torre negra y un río de sangre. En algún lugar en el desierto de los Estados Unidos se llevará a cabo una gran batalla. El experimento más grande en la historia de la maldad está en marcha con la intención de sacrificar a toda la humanidad.

El futuro está en manos de los seis.

Product Details

ISBN-13:
9780061145766
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
09/19/2006
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
464
Product dimensions:
5.30(w) x 7.90(h) x 1.30(d)

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Los Seis Mesias


By Mark Frost

HarperCollins Publishers, Inc.

Copyright © 2006 Mark Frost
All right reserved.

ISBN: 0061145769

Capítulo Uno

19 de Septiembre de 1894, 11 de la Noche

Vaya condenada molestia ha resultado ser toda esta charlatanería de Holmes. Que semejante nulidad de hombre, una máquina calculadora ambulante y parlante que no demuestra más humanidad que un caballito de madera, haya podido inspirar tanta pasión en el seno del público lector es para mí un misterio mayor que cualquiera de los que he tramado para que él los resuelva.

Una vez más, hoy mismo, en esta velada en el Garrick Club--mi cena de despedida--el tema de la muerte prematura de Sherlock ha dominado la conversación con la insistencia zafia y tenaz de un norteamericano que presenta su candidatura a un cargo político. Concebido en un momento en que mi única preocupación era dar de comer a mi familia, esa especie de homúnculo, esa marioneta cerebral se ha introducido en la vida de algunos de mis lectores hasta adquirir una entidad mayor que sus propios amigos y parientes. Desconcertante. Claro que, si la previsibilidad en todas las creaciones de Dios fuese lo que el Hombre de Arriba pretendía, habría arrojado la toalla después de levantar el Himalaya.

Qué ingenuidad la mía!, suponer que darle el empujón al viejo Holmesy desde las cataratas de Reichenbach acabaría con el revuelo de una vez por todas y mepermitiría dedicarme a mi trabajo formal. Ya ha pasado casi un año desde que ese Sherlock de pega dio el salto, y el público aún sigue indignado por su fallecimiento.

A decir verdad, ha habido unas cuantas ocasiones en que he experimentado una justificada preocupación por mi bienestar físico. Aquella mujerona con la cara colorada que blandía un paraguas en una carretera rural cerca de Leeds. Aquel espantajo de hombre que seguía mi coche por la ciudad con mirada de auténtico perturbado mental. El muchacho tembloroso de ojos hundidos que me abordó en Grosvenor Square y se puso a tartamudear revelando tal exceso de violencia contenida que parecía que iba a estallarle la cabeza antes de que lograra escupir una frase. Demencia!

Lo que me saca de quicio es la posibilidad de que, a consecuencia de la fanática devoción engendrada por mi Frankenstein de Baker Street, el resto de mis libros, la obra en que he puesto el alma y el corazón, tal vez nunca reciba el juicio justo que todo autor espera del tribunal de la opinión pública. Sea como fuere, me consuelo pensando que, de no ser por el señor H., quizá los únicos estantes que llenaría mi supuesta obra personal son los que hay en el fondo de mi baúl de viaje.

Pero por lo que se refiere a la Pregunta Candente que con tanta vehemencia me fue planteada anoche, como en todas las ocasiones en que juzgo conveniente presentarme en público (entre las que se cuenta, circunstancia abrumadora!--la boca abierta con una cuña, la garganta al descubierto, la mano de mi inquisidor blandiendo instrumentos agudos--mi reciente visita al dentista), la respuesta sigue siendo la misma:

No, no y no.

No habrá Resurrección. El hombre cayó a plomo dentro de una grieta desde una altura de más de seiscientos metros. Aplastado sin posibilidad de reparación; no existe ninguna esperanza de recobrarlo. Está más muerto que Julio César. Se debe guardar un respeto a los dioses de la lógica.

Me gustaría saber cuándo lograré hacerles comprender no sólo que está muerto, sino que es un personaje de ficción: no puede contestar a sus cartas, en realidad no reside en el 221B de Baker Street y, a fin de cuentas, no puede prestarles la menor ayuda en la resolución de ese persistente misterio que los obsesiona en todos sus instantes de vigilia; aunque mi sincero consejo a esas personas sigue siendo que si Micifuz realmente ha desaparecido lo busquen en lo alto de un árbol. Si tuviera medio chelín por cada vez que me han preguntado... pero, pensándolo bien, supongo que lo tengo.

Qué me espera en América respecto a la muerte de SH? Me han dado a entender que la pasión por Holmes arde allí con mayor intensidad aún, si bien confío en que el entusiasmo que suscita en mí la perspectiva de pisar sus orillas contrarreste cualquier incomodidad a que pueda dar lugar el salto de Holmes al vacío. Estados Unidos y los estadounidenses han cautivado mi imaginación desde que era un niño; su ingobernable precocidad, la inquebrantable resolución que impulsa el progreso deslumbrante de esa joven república obrarán en mí, o así lo espero, como un potente tónico vivificador.

Cinco meses en el extranjero. Mi amada esposa no está tan fuerte, ni mucho menos, como querría hacerme creer, pero sí completamente decidida a verme dar el paso adelante en mi carrera que este viaje representa. Así sea: la frustración que se deriva de mi impotencia para aliviar sus males no aporta solaz a ninguno de los dos. La maldita enfermedad seguirá su curso inevitable a pesar de todos mis esfuerzos, y sea cual fuere nuestro paradero la distancia que nos separa es cada vez mayor; cuanto más me introduzco yo en el mundo, más se retira ella de él. En estos momentos, la energía que dedica a tranquilizarme le es más necesaria para reunir sus propios recursos. Es su lucha, y en última instancia debe ganarla ella sola.

Sin pesar, pues. Los días que se aproximan no tardarán en pasar, como hacen siempre; pronto habré terminado mi gira por América y estaré de regreso junto a mis seres queridos. Mi hermano menor, Innes, será un excelente compañero de viaje; dos años en los Fusileros Reales han obrado maravillas en el muchacho. Esta noche, al verlo saltar en mi defensa en el Garrick, se me ha ocurrido que Innes me recuerda mucho al muchacho apasionado e impetuoso que era yo hace diez años, cuando por un breve tiempo viajé en compañía de un hombre cuyo recuerdo sigue siendo, aún hoy, más vívido e incomparable que el de cualquier otra persona que yo haya conocido en esta vida.

Nuestro tren sale hacia Southampton con las primeras luces del alba; mañana a mediodía habremos zarpado. Me espera una pacífica e ininterrumpida semana de lujoso esparcimiento.

Hasta entonces, diario . . .



Continues...

Excerpted from Los Seis Mesias by Mark Frost Copyright © 2006 by Mark Frost. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

Mark Frost was the co-creator and executive producer of the cult classic television series, "Twin Peaks", and is the author of several books including the bestseller, "The Greatest Game Ever Played". He attended school in Pittsburgh, where he studied acting, directing, and playwriting before leaving to begin his impressive career in television, film, and literature. He received a Writer's Guild Award and an Emmy nomination for his work as executive story editor on the acclaimed television series Hill Street Blues. He lives in Los Angeles and upstate New York.

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