Lucas: La buena nueva de la misericordia de Dios

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Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos comunica su palabra viva y eficaz. A través de una metodología singular, la serie conduce al lector a profundizar en el texto bíblico leído en el seno de la ...

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Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos comunica su palabra viva y eficaz. A través de una metodología singular, la serie conduce al lector a profundizar en el texto bíblico leído en el seno de la comunidad eclesial. Ayuda a discernir la voz perenne y actual de Dios en las Escrituras, y con la misma destreza hace la conexión necesaria del Evangelio con la vida diaria, personal y social.

—Barbara E. Reid, O.P., Ph.D., Profesora de estudios neotestamentarios, Catholic Theological Union, Chicago
Cada volumen de la colección ofrece una buena orientación respecto al mundo bíblico del escritor así como una perspectiva general sobre el movimiento teológico y literario del libro que se estudia. Además, estos escritos cuestionan al lector y lo llevan a la transformación personal y a compartir los frutos de su estudio en un espíritu de acción y oración.

—Rev. Allan Deck, S.J., Ph.D., Presidente, Loyola Institute for Spirituality, Orange, CA
La ventaja más notable de la serie es su flexibilidad y usos múltiples. De especial importancia es el énfasis que se le da a la oración y a la vida espiritual por medio de sugerencias para el desarrollo personal de un diálogo diario con la Palabra de Dios.

KEVIN PERROTA editor de la serie en inglés, es un periodista católico reconocido, autor de Your Invitation to Scripture (Su invitación a la Escritura), y antiguo editor de la revista God’s Word Today (La Palabra de Dios hoy). Obtuvo su maestría en teología en la facultad de teología del Seminario de Saint Paul, en Saint Paul, Minnesota.

Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos comunica su palabra viva y eficaz. A través de una metodología singular, la serie conduce al lector a profundizar en el texto bíblico leído en el seno de la comunidad eclesial. Ayuda a discernir la voz perenne y actual de Dios en las Escrituras, y con la misma destreza hace la conexión necesaria del Evangelio con la vida diaria, personal y social.

—Barbara E. Reid, O.P., Ph.D., Profesora de estudios neotestamentarios, Catholic Theological Union, Chicago
Cada volumen de la colección ofrece una buena orientación respecto al mundo bíblico del escritor así como una perspectiva general sobre el movimiento teológico y literario del libro que se estudia. Además, estos escritos cuestionan al lector y lo llevan a la transformación personal y a compartir los frutos de su estudio en un espíritu de acción y oración.

—Rev. Allan Deck, S.J., Ph.D., Presidente, Loyola Institute for Spirituality, Orange, CA
La ventaja más notable de la serie es su flexibilidad y usos múltiples. De especial importancia es el énfasis que se le da a la oración y a la vida espiritual por medio de sugerencias para el desarrollo personal de un diálogo diario con la Palabra de Dios.

KEVIN PERROTA editor de la serie en inglés, es un periodista católico reconocido, autor de Your Invitation to Scripture (Su invitación a la Escritura), y antiguo editor de la revista God’s Word Today (La Palabra de Dios hoy). Obtuvo su maestría en teología en la facultad de teología del Seminario de Saint Paul, en Saint Paul, Minnesota.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780829421576
  • Publisher: Loyola Press
  • Publication date: 7/1/2005
  • Language: Spanish
  • Series: Seis semanas con la Biblia
  • Edition description: Spanish Language Edition
  • Pages: 112
  • Product dimensions: 5.80 (w) x 8.90 (h) x 0.40 (d)

Meet the Author

KEVIN PERROTA editor de la serie en inglés, es un periodista católico reconocido, autor de Your Invitation to Scripture (Su invitación a la Escritura), y antiguo editor de la revista God’s Word Today (La Palabra de Dios hoy). Obtuvo su maestría en teología en la facultad de teología del Seminario de Saint Paul, en Saint Paul, Minnesota.

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¿Cómo usar esta guía?

Puedes comparar este folleto con una visita a un parque nacional. El parque es tan grande que bien podrías llevarte meses, inclusive años, para conocerlo verdaderamente a fondo. Sin embargo, una breve visita bien vale la pena cuando se planea cuidadosamente. En unas cuántas horas podrás manejar a lo largo y ancho del parque, y así escoger algunos sitios que sean de tu interés. En cada parada te podrás bajar del carro, y caminar un poco por el bosque, escuchar el murmullo del viento entre los árboles, y sentir profundamente el lugar en que te encuentras.
 En este folleto conduciremos el auto dentro del Evangelio de Lucas, y nos detendremos en 12 ocasiones a lo largo del camino. Cuando lleguemos a estos puntos, bajaremos del auto y continuaremos a pie, tomando una caminata placentera al interior de los pasajes seleccionados. Las lecturas se han escogido con la finalidad de que nos lleven al corazón del mensaje de Lucas acerca de Jesús de Nazaret.
 Luego de cada diálogo grupal, volveremos al carro y seguiremos manejando en la autopista hasta que lleguemos nuevamente a la siguiente parada. “Entre los diálogos” las páginas resumen los textos de Lucas que exploraremos a lo largo del camino.
 Esta guía provee todo lo que necesitas para explorar el Evangelio de Lucas en seis diálogos grupales—o en seis partes, si lo exploras tú solo. La introducción de la página 7 te preparará para entender la mayor parte de la lectura. Las secciones semanales presentan pasajes centrales del Evangelio de Lucas acompañados de explicaciones que resaltan lo que estas palabras significan hoy para nosotros. Igualmente importante es cada sesión donde se te ofrecen preguntas que te llevarán a un diálogo abierto y fructífero, ayudando tanto a la persona como al grupo a explorar el Evangelio de Lucas por sí mismos, para luego aprender uno de otro. Si lo estás haciendo por tu propia cuenta, las preguntas te llevarán a la reflexión personal.
 Cada uno de los diálogos ha sido planeado para ser un descubrimiento guiado.
 Guiado. Ninguno de nosotros está equipado para leer la Biblia sin ayuda. Leemos la Biblia para nosotros, no por nosotros. La Sagrada Escritura se escribió para ser entendida y aplicada en y con la Iglesia. Asimismo, cada semana “Una guía para la lectura”, provee un contexto histórico–cultural y algunas explicaciones a través del trabajo de investigación realizado por los biblistas contemporáneos y escritores cristianos del pasado. Esta guía te ayudará a tener una idea clara del mensaje de Lucas. Tómalo como si fuese un guía turístico amable que te hará saber los detalles importantes del parque y te explicará un poco más acerca de lo que estás viviendo para que así puedas apreciar aun más las cosas por ti mismo.
 Descubrimiento. El propósito de este libro es que interactúes con el Evangelio de Lucas y con Jesús, a quien Lucas describe. “Preguntas para un estudio cuidadoso del texto” es una herramienta que te ayudará a profundizar en el Evangelio de Lucas y a examinarlo cuidadosamente. Las “Preguntas para la vida” te ayudarán a considerar lo que Lucas quiere decirte en el aquí y ahora de tu vida. Cada semana concluye con una sección “Orando con la Escritura” que te ayuda a responder a la Palabra de Dios. Además, se añaden algunas secciones suplementarias: “Una tradición viva” y “Santos en nuestro medio ambiente” que te ofrecen pensamientos y experiencias de cristianos del presente y del pasado con el fin de enseñarte lo que el Evangelio ha significado para otros —para que así puedas considerar lo que puede significar para ti.
 ¿Cuánto deben durar los grupos de diálogo? Asumimos que sus reuniones semanales serán de una hora y media. Si no cuentan con todo ese tiempo, podrán ver que la mayoría de los elementos pueden abreviarse de alguna manera.
 ¿Se necesita hacer alguna tarea? Obtendrás un mejor provecho de los diálogos grupales si lees el material correspondiente antes de la reunión. En caso de que los participantes no puedan prepararse, pidan a alguno de los participantes que lea en voz alta las secciones: “Lo que ha pasado” y “Guía para la lectura” en el momento correspondiente.
 ¿Quién dirige? Si por alguna casualidad tienen en su grupo de diálogo a un biblista renombrado, por favor, pídanle que él o ella conduzcan la reunión. En su defecto, o en ausencia de un biblista principiante, ¡aun así ustedes pueden tener un diálogo bíblico de primera clase! Elijan a 2 ó 3 personas para que sean los facilitadores, y pidan a cada participante que lea “Sugerencias para el diálogo bíblico grupal” antes que comience la reunión. (Página 107)
 ¿Necesitan una guía? ¿Una Biblia? Cada participante necesitará una copia de este libro. Éste contiene las sesiones de Lucas sobre las cuales dialogarán, de esta manera la Biblia no se hace absolutamente necesaria —Sin embargo, será de muchísima ayuda que cada uno de los participantes tenga una a la mano. Por lo menos, el grupo debe contar con una Biblia en cada reunión. (Vean la página 111 para las recomendaciones)
 ¿Cómo iniciar? Antes de que comiencen, den un vistazo a las sugerencias para los diálogos y reflexión individual que son parte de cada sesión (página 107), así como las versiones bíblicas que sugiere el traductor.

El propósito de Lucas y cómo conectarse con él

Recientemente, mi hija Virginia me llamó de la Universidad y me dijo que había hecho un descubrimiento importante: “me estoy dando cuenta de que no me conozco muy bien”, dijo. El curso escolar había sido difícil para ella por muchas razones —la peor había sido la muerte de su compañera de cuarto en un trágico accidente. Virginia es fuerte, de gran espíritu, pero aun así, los acontecimientos la impresionan demasiado. A la llegada de la primavera inesperadamente se encontró a sí misma envuelta en el dolor y la confusión.
 Creo que a la larga, de entre todas las cosas que aprendió durante ese curso escolar, la que más le servirá será el haberse dado cuenta de que no se conocía bien a sí misma. A partir de esa experiencia, se ha estado preguntando más acerca de sí misma, de la vida, y de Dios. Desconozco totalmente si entre sus planes esté el leer a la brevedad posible el Evangelio de Lucas, pero se encuentra preparada de manera especial para hacerlo, su experiencia de la vida la relaciona de manera cercana a un tema en el que reflexionaremos al leer el Evangelio de Lucas.
 El tema es este: ¿me considero a mí mismo(a) capaz de triunfar en la vida al utilizar adecuadamente mis recursos y talentos? ¿Reconozco que dentro de mí existen los recursos necesarios tanto para el éxito como para el fracaso? Por citar un ejemplo, ¿descubro en mí la tendencia a utilizar mis talentos egoístamente centrando toda la atención en mis propias ambiciones en lugar de atender a las necesidades ajenas? ¿Soy conciente sólo de mis logros, y no de mis faltas contra la caridad? ¿Concentro toda mi atención única y exclusivamente en lo que puedo hacer en este mundo, o también reflexiono en el debilitamiento de mis cualidades y en la muerte que eventualmente llegará a mi vida? En otras palabras, ¿me veo a mi mismo(a) como una criatura que junto con sus múltiples talentos, tiene faltas y limitaciones?
 Resulta muy incómodo reconocer mis propias debilidades, mis tendencias al mal, la evidencia de mi muerte, porque todas estas son realidades que no puedo cambiar. Sin embargo, el mensaje central del Evangelio de Lucas es que Dios ha actuado positivamente para responder a mis necesidades. En lenguaje bíblico, Dios me ha traído la salvación: ha venido a sanarme en las profundidades de mi ser, a rescatarme de los males que me acechan —a rescatarme incluso de la desintegración final de la muerte. A pesar de todo esto, el darme cuenta de que mi hija ha estado viviendo un momento crucial, para mi también lo será si estoy dispuesto a acoger la gracia divina. Seré receptivo a la gracia en la medida que reconozca que la necesito.
 El tema de la receptividad fluye en todo el Evangelio de Lucas. Nos muestra que Dios ha hecho accesible la salvación para nosotros por medio de Jesús de Nazaret —por medio de su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Las múltiples maneras en que Dios actuó por medio de Jesucristo fueron completamente inesperadas, incluso para el pueblo judío de su tiempo. Como lo veremos más delante, la salvación que Jesús nos trae va mucho más allá de lo que la gente está buscando —y demanda exigencias para quienes quieran aceptarlo. Por lo tanto, no debe sorprendernos que en el Evangelio de Lucas nos encontremos gente asombrada por Jesús. Encontramos personas esforzándose por entender qué es exactamente la salvación que ofrece Jesús —y cómo responder a ella.
 Un elemento determinante en la respuesta que Jesús da a la gente es la conciencia —o falta de conciencia, de la necesidad de que Dios intervenga en su vida. Algunas personas del Evangelio no sienten necesidad de lo que ofrece Jesús. Creen saber dónde están en cuanto a su relación con Dios, hacia dónde van en la vida, y cómo van a llegar allá. Piensan que se conocen a sí mismos.
 Otros que se encuentran con Jesús no están seguros de tenerlo todo a la vez. Reconocen que necesitan algo de Jesús, aunque no comprenden totalmente qué es lo que necesitan de él. Como resultado, están abiertos a la posibilidad de que Dios intervenga en su vida por medio de Jesús, sin importar lo inesperado y desafiante que pueda ser.
 En los segmentos de Lucas que reflexionaremos, leeremos acera de los líderes religiosos, quienes están satisfechos de estar muy bien en todo, aun cuando sufren una peligrosa deficiencia de compasión, un tipo de malnutrición espiritual (segunda y tercera semana). Jesús les dice sabiamente: “si están así de sanos, no necesitan de mis servicios médicos”. Si sólo hubieran descubierto en sí mismos lo que mi hija ha estado haciendo, habrían examinado la acción que Dios realizaba por medio de Jesús con una mentalidad más abierta de lo que lo hicieron.
 Después aparecen personas físicamente enfermas que se acercan —o que son llevadas— a Jesús (Segunda semana). Saben que necesitan algo y tienen la esperanza de que Jesús se los pueda proporcionar. Aunque puedan tener mucho qué aprender sobre la naturaleza de sus necesidades más profundas, y sobre Jesús, por lo menos vienen ante él.
 De entre todas las personas que conoceremos en esta lectura, la que parece tener una opinión más realista sobre sí misma es un hombre que es ejecutado en una cruz, a un lado de Jesús (Quinta semana). Este hombre ha renunciado a todas sus ilusiones. Conoce sus crímenes y reconoce su necesidad total de la misericordia de Dios. Paradójicamente, este hombre es el único en el Evangelio que logra aceptar el rescate total del pecado y la muerte, que Dios en su infinita misericordia ofrece a los seres humanos en Jesús.
 Este folleto sobre Lucas se titula La buena nueva de la misericordia de Dios. Se supone que si lo has seleccionado como una guía para el diálogo, quieres experimentar la misericordia de Dios. Supongo que tomamos sobre nosotros la lectura de Lucas, por lo menos con un poco de conciencia respecto a un “problema que se presenta”, como dicen los doctores al analizar los síntomas que experimenta el paciente.
 Al final debemos preguntarnos si estamos preparados a escuchar un diagnóstico de nuestra condición que sea diferente—posiblemente más seria— a la nuestra. ¿Podemos hacer a un lado, por un momento al menos, nuestras opiniones acerca de quiénes somos, a dónde conducimos nuestra vida, y cuáles son nuestras verdaderas necesidades?
 Nos parece muy prudente hacer esto en lo referente a la salud física. Frecuentemente sabemos dónde nos duele, pero no sabemos exactamente qué es lo que está provocando ese dolor, o cuál será el remedio para curarlo. Por eso es que vamos al doctor, quien está capacitado para determinar la naturaleza del problema y la manera de solucionarlo. ¿Qué pasa cuando nuestra lectura nos pone en contacto con Jesús, el médico por excelencia?
 En el Evangelio de Lucas descubrimos que la necesidad más grande de algunos que conocen a Jesús es el abrir sus ojos para descubrir sus verdaderas necesidades. Su falta de compasión y de voluntad para ponerse al servicio de las necesidades ajenas, es una enfermedad que aun no han reconocido. Es un hecho que su comportamiento religioso les sirve para ocultar su propio problema. ¿Descubrimos algo de esto en nosotros mismos?
 Así como pasa con el diagnóstico, el remedio de Dios puede que sea diferente a nuestras expectativas. Ciertamente Jesús sale a nuestro encuentro según nuestras necesidades. Cuando una persona enferma de la piel se acerca a Jesús, Jesús lo sana de su enfermedad. Cuando un paralítico es llevado ante Jesús, Jesús restaura su capacidad para caminar. Jesús está profundamente preocupado por los problemas “que se presentan”. Sin embargo, nuestras necesidades más profundas no quedarán satisfechas cuando obtengamos los favores divinos, sino cuando reorientemos nuestra vida y la pongamos al servicio de Dios y de quienes nos rodean. La misericordia de Dios viene para abrazarnos y para hacernos parte de sus planes, que pueden ser enteramente distintos de los nuestros. Su idea de cómo nos sanará y nos formará en la justicia supera todo lo que hayamos imaginado. ¿Estamos listos para ver que se han excedido todas nuestras expectativas?
 En el Evangelio de Lucas haremos contacto con la voluntad divina, no con la nuestra. Dios nos demuestra que no es un espectador pasivo que metió un DVD cósmico a un proyector de discos compactos hace billones de años y que ahora se reclina para observar la película. Dios es alguien que está cumpliendo un plan, una persona que ama, una persona que toma la iniciativa. Es un Dios decidido, que en el Evangelio de Lucas, toma la iniciativa y se dirige a María para revelarle el plan que tenía para ella. Mientras comenzamos a leer el Evangelio de Lucas, ¿estamos preparados para conocer a este Dios?
 Hasta ahora hemos estado enfocando nuestro ángulo de estudio para acercarnos al Evangelio de Lucas. Las declaraciones han fungido como una sugerencia en una guía turística por medio de la cual buscamos un sitio ideal para contemplar desde ahí todo el panorama: “¡ubíquese aquí y obtenga la mejor vista del lugar!”. Sin embargo, tomemos también unos cuántos minutos para enfocarnos en el Evangelio de Lucas. Asumiendo que nos hemos ubicado en un lugar apropiado desde el cual podemos contemplar el Evangelio de Lucas, ¿qué es lo que vemos?
 El Evangelio de Lucas es un relato en ocho partes. Lucas no ha marcado las secciones con títulos y subtítulos, mucho menos por capítulos; los titulares (incluso los números de versículos y capítulos) han sido agregados por los editores y traductores con la finalidad de ayudarnos a recorrer y entender el texto de una mejor manera. Los autores antiguos se valían de otros medios para conocer dónde comenzaban y terminaban las sesiones. Siguiendo este método, los expertos han concluido el siguiente orden:
 1. Prólogo (1:1–4). Lucas ofrece una nota pequeñísima sobre su método y propósito. No consideraremos el prólogo, pero cabe mencionar que su lectura sólo toma unos cuántos segundos.
 2. Nacimiento (1:5–2:52). Lucas nos relata la venida de Jesús de manera paralela a la venida de Juan Bautista, quien juega un papel muy importante en la inauguración del ministerio de Jesús. Al narrar paralelamente el nacimiento de ambos, Lucas nos deja ver las similitudes y diferencias existentes entre ellos. La similitud está en que la concepción de ambos niños es anunciada por el arcángel Gabriel; este hecho demuestra claramente que los dos son parte de un plan divino único para rescatar y restaurar la humanidad. Una diferencia es que el ángel hace el anuncio al padre de Juan, y en el caso de Jesús, lo hace a su madre. Dios es el Padre de Jesús, y por lo tanto, Jesús es Hijo de Dios. El texto que reservamos para la primera semana proviene de esta sección.
 3. Preparación (3:1–4:13). La llamada que hace Juan al arrepentimiento prepara el escenario para la aparición de Jesús. Jesús es bautizado por Juan y quedó lleno del Espíritu de Dios; después de esto, su confianza y obediencia a Dios son puestas a prueba. De manera muy particular, este segmento lleva en sí mismo el mensaje de que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios. No analizaremos nada de esta sección, pero las páginas de “Entre diálogos” nos dirán más al respecto.
 4. Ministerio en Galilea (4:14–9:50). Jesús camina de pueblo en pueblo anunciando que se está cumpliendo el plan divino de responder a la necesidad más profunda de la humanidad. Las curaciones que realiza demuestran la verdad de su mensaje e indican la naturaleza dadora de vida de este plan que Dios está llevando a cabo. Estas memorables palabras también nos orientan a considerar a Jesús como el agente crucial de la intervención divina.
 Jesús instruye a la gente sobre cómo responder a lo que Dios está haciendo, reúne un grupo de seguidores, y también se consigue algunos enemigos. La lectura que analizaremos la segunda semana nos da una probadita clara de lo que fue este período de la vida de Jesús —un momento en el que sus palabras y obras hacían a la gente preguntarse: “¿quién es este hombre?”. Esta sección termina con un doble clímax. Los seguidores de Jesús reconocen que Jesús es el auténtico agente de la salvación designado por Dios, participan de una visión donde Dios mismo declara acerca de Jesús: “¡Este es mi Hijo, mi elegido. Escúchenlo!”.
 5. Un viaje largo (9:50–19:27). Una vez que los seguidores de Jesús reconocen quién es él, Jesús comienza una jornada larga y tortuosa hacia Jerusalén, sabiendo que ahí entrará a la gloria y reinado eterno por medio de un camino que le resulta inimaginable a sus seguidores —la muerte en la cruz. Mientras que Jesús se dirige a este sufrimiento, Jesús pasa el tiempo predicando y enseñando a la gente sobre la misericordia de Dios y sobre la respuesta misericordiosa que Dios quiere despertar en sus corazones. La tercera y cuarta semana ofrecen ejemplos de esta enseñanza.
 Las circunstancias de este viaje resultan muy significativas para la enseñanza de Jesús. Mientras Jesús camina con sus discípulos, los instruye y les enseña que la práctica de su enseñanza no es cuestión de seguir órdenes, sino que incluye un seguimiento personal. Tal enseñanza encierra un contexto muy interesante, pues literalmente sus discípulos lo están siguiendo por el camino que ha escogido.
 6. Ministerio en Jerusalén (19:28–21:38). Jesús entra en la ciudad como un rey y asume su postura como maestro en el templo. Así como lo hace en el resto del Evangelio, Lucas nos ayuda a ver que las acciones y enseñanza de Jesús demuestran que él es hijo de Dios, y que ha sido autorizado plenamente como agente de salvación.
 7. Muerte (22:1–23:56). Habiendo llegado a Jerusalén y con la expectativa clara de su muerte, Jesús permite que se forme un complot en su contra, y precisamente en la noche que sus enemigos habían elegido, deliberadamente espera a que vayan por él y lo apresen. Está convencido de que debe morir, pues éste es el designio de Dios por medio del cual entrará en el reinado eterno y así traerá la salvación de Dios al mundo. Antes de su muerte, él y sus seguidores comparten una cena que en sí misma tiene mucho sentido. Mientras está muriendo, resalta el propósito de su muerte y lo enfoca directamente en la conversación de un compañero de ejecución. Leeremos algo acerca de este episodio conmovedor y compasivo durante la quinta semana.
 8. Resurrección (23:56–24:53). Poco después de la muerte de Jesús, sus amigos descubren que su tumba está vacía. Ya entonces, desde su nueva realidad de gloria y reinado eterno, Jesús se aparece a sus discípulos. Por medio de las apariciones y diálogos les ayuda a entender la manera en que continuará estando presente en medio de ellos (sexta semana). En una aparición final, Jesús guía a sus seguidores hacia la siguiente etapa del plan que Dios tiene para ellos, que es precisamente el segundo volumen del escrito de Lucas, al que llamamos Hechos de los Apóstoles.
 Es demasiado para una introducción. Luego de que el autobús ha llegado al sitio histórico, y el guía ha sugerido un punto de partida confiable y ventajoso, después de que hemos escuchado la explicación de lo significativo que es aquel lugar, entonces viene a nosotros parte del motivo de nuestro viaje: debemos verlo por nosotros mismos. Así pues, comencemos con cuidado y atención la lectura de Lucas, pidiéndole al Espíritu Santo que nos permita vivir las palabras de Lucas como lo que verdaderamente son, la Palabra de Dios dirigida a nosotros.

 

 

Primera semana Sorprendido por Dios

Preguntas para comenzar

15 minutos Dialoguen acerca de una pregunta o dos como preparación a la lectura.

 1 ¿Qué tan abierto estás para hacer un cambio decisivo en tu vida?

  • Lo que necesito ahorita es estabilidad.
  • Hmmm. Depende de qué se trate.
  • ¡Para luego, es tarde!

 2 ¿Cómo reaccionas ante lo inesperado? ¿De qué manera respondes comúnmente ante el cambio?
 3 ¿De qué manera Dios ha enriquecido tu vida por medio de las intervenciones sorpresivas?
 4 ¿En qué áreas de tu vida te gustaría que Dios interviniera?

Abriendo la Biblia

5 minutos Pidan que alguien lea en voz alta la “Lectura”. (Si los participantes aun no han leído “Lo que ha pasado”, léanlo también. De lo contrario, omítanlo).

Lo que ha pasado

En el primer episodio del Evangelio (1:5–25; todas las citas en este folleto corresponden al Evangelio de Lucas, a menos de que se especifique lo contrario), Lucas relata un incidente que involucra a un anciano llamado Zacarías que trabajaba en el templo judío de Jerusalén. Dios envió el ángel a Zacarías para que le dijera a su esposa, Isabel, quien también era de edad avanzada, que pronto tendría un hijo de sus entrañas —su primer hijo. Cuando este niño crezca, será conocido como Juan Bautista, y será él quien prepare al pueblo para que siga a Jesús.

Lectura: Lucas 1:26–55


Un anuncio muy inesperado

26 Al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una joven desposada con un hombre llamado José, de la descendencia de David; el nombre de la joven era María. 28 El ángel entró donde estaba María y le dijo: —Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo. 29 Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué significaba tal saludo.
 30 El ángel le dijo: —No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. 31 Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. 32 Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará sobre la descendencia de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin.
 34 María dijo al ángel: —¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones con ningún hombre?
 35 El ángel contestó: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios. 36 Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril; 37 porque para Dios no hay nada imposible.
 38 María dijo: —Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices. Y el ángel la dejó.

Una visita regocijante
39 Por aquellos días, maría se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó a grandes voces: —Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43 Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de gozo en mi seno. 45 ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá.

María declara la grandeza del Señor
 46 Entonces María dijo:
 47 Mi alma glorifica al Señor,
 y mi espíritu se alegra
 en Dios mi Salvador,
 48 porque ha mirado
 la humildad de su sierva.
 Desde ahora me llamarán
 dichosa todas las generaciones,
 49 porque ha hecho en mí
 cosas grandes el Poderoso.
 Su nombre es santo,
 50 y su misericordia es eterna
 con aquellos que le honran.
 51 Actúo con la fuerza de su brazo
 y dispersó a los de corazón soberbio.
 52 Derribó de sus tronos a los poderosos
 y engrandeció a los humildes.
 53 Colmó de bienes a los hambrientos
 y a los ricos los despidió sin nada.
 54 Tomó de la mano a Israel, su siervo,
 acordándose de su misericordia,
 55 como lo había prometido
 a nuestros antepasados,
 a favor de Abrahán
 y de sus descendientes para siempre.

Preguntas para un estudio cuidadoso del texto

10 minutos Escojan una de las preguntas de acuerdo a su tiempo e interés.

 1 ¿Qué significa no temas en el versículo 30? ¿Qué significa en el versículo 50: “que le honran”?
 2 Ubiquen las ocasiones en que se menciona al Espíritu de Dios. ¿Qué tipo de acciones realiza el Espíritu?
 3 De acuerdo a la oración de María, ¿quién se beneficiará de la venida del Hijo de Dios? ¿Qué tipo de beneficios experimentarán?
 4 Menciona las palabras de la oración de María que describen la acción divina. Juntando todos estos calificativos, ¿qué imagen de Dios emerge de ellas?
 5 En una frase o dos, ¿cómo resumirías la lectura de esta semana?

Una guía para la lectura

Si los participantes no han leído esta sección, léanla en voz alta. De lo contrario, vayan directamente a las “Preguntas para la vida”.

Nuestra lectura comienza en Nazaret —hoy en día es una ciudad en expansión, mayormente obrera y de unos setenta mil residentes. Sin embargo, en tiempos de María, era sólo una pequeña área de casas de piedra, con unos cuántos centenares de habitantes. Una mujer está en el interior de su casa, aparentemente sola, cuando repentinamente un ángel se aparece y se dirige a ella (versículos 26–28). A partir de ahí se genera una breve, pero muy importante conversación. Para el momento en que el ángel se aleja, el evento más importante de la historia ha tomado su curso, ha comenzado en un pueblo pequeñísimo y oscuro, por medio de una mujer aparentemente insignificante que no se menciona en las fuentes históricas de su tiempo, por medio de una mujer joven y sencilla que probablemente se encontraba en la adolescencia.
 El ángel no detalla la misión que Dios le ha encomendado al Hijo de María. Sin embargo, es muy claro que este Jesús jugará un papel decisivo en el plan de Dios. Por medio de Jesús, Dios llevará a cabo un cambio permanente en su relación con el género humano, porque Jesús reinará “por siempre” (versículo 33). En tiempos pasados Dios actuó a favor de los seres humanos en distintas maneras, algunas de ellas un tanto indirectas (ver Hebreos 1:1). Ahora Dios envía un “agente especial” para que trate cara a cara las enfermedades y los males que afligen a lo seres humanos. El lenguaje del reinado de Jesús indica la autoridad que le ha sido conferida (versículos 32–33). Como Hijo de Dios, concebido por el Espíritu Santo, será el representante personal de Dios. Con toda certidumbre, en la persona de Jesús, Dios nos visita en persona.
 El niño es el centro de la atención, pero no podemos hacer nada para que la madre también lo note así. La disparidad entre la magnitud del plan divino y la situación humilde de María, hace de ella una figura central. ¡La puerta a una nueva era descansa en una bisagra muy delicada!
 Aun así, Dios no sobrecarga a esta jovencita. Las palabras de Gabriel ponen de manifiesto el grandísimo respeto que Dios tiene por ella. Como hace muchos siglos declaró Orígenes, el primer académico de la Sagrada Escritura que tuvo la Iglesia, el título de “llena de gracia” —versículo 28— Dios no lo otorga absolutamente a nadie en el Antiguo Testamento. Este saludo sencillo marca indeleblemente a la persona más favorecida de Dios, estaba reservado para María. En otra ocasión en que el ángel anuncie el nacimiento de un niño, el diálogo terminará una vez que el mensajero celestial dé la reafirmación final (ver 1:20). Sólo en el caso de María, el mensajero espera el signo de su consentimiento (versículo 38).
 Todo esto demuestra que Dios no está usando a María, sino que le está comisionando una tarea sin igual: que eduque a su Hijo. La ha escogido para esta responsabilidad (preservándola de todo pecado desde su concepción, como la Iglesia lo cree y enseña), y pide su colaboración. María piensa, pregunta, y enseguida se da plenamente a sí misma para cumplir el plan de Dios. Se reconoce a sí misma como la sierva de Dios —literalmente, en griego, como su esclava, una persona que pertenece totalmente a él.
 Después de que Gabriel se retira de su presencia, María va a visitar a su parienta Isabel, quien era mayor que ella, y de la que por medio del ángel supo que también había quedado embarazada. Elizabeth será una confidente con la cual María podrá compartir su extraordinaria experiencia.
 Isabel vivía aproximadamente a 90 millas (145 kilómetros) al sur de Nazaret, y el viaje fácilmente le tomó a María por lo menos cuatro días, si no es que más. A la llegada de María, Dios inspira a Isabel para que reconozca el Hijo que María lleva en sus entrañas (versículos 41–43). Conviene hacer hincapié en que Isabel felicita a María no sólo por haber sido escogida para ser la madre del Salvador (versículo 42) sino también por cooperar con el plan de Dios (versículo 45). En respuesta, María canta las maravillas de Dios (versículos 46–55).
 Al igual que le sucedió a María (versículo 29), estos eventos no dejan mucho para pensar. María experimentó a Dios como una persona que tenía un plan totalmente inesperado para su vida, y que además de eso, intervino en el momento de su elección, a favor de alguien a quien valoraba inmensamente. El plan de Dios para María fue totalmente único; aun así, también nosotros estamos en una relación directa con este Dios de lo inesperado. ¿Qué significa esto para nosotros? Dios le reveló a María su intención de hacerse presente en medio de las circunstancias ordinarias de la vida humana. ¿Vivimos con esa conciencia de la presencia de Dios en lo mundano aún cuando los problemas parezcan sofocar nuestra vida?
 Isabel y María se regocijan (versículos 41–55). Muy pocos de nosotros podríamos decir que nuestra vida se caracteriza por la alegría. Incluso, podremos encoger un poco los hombros cuando un predicador nos cuestiona por no dar un testimonio alegre de Jesucristo. ¿Dónde podemos encontrar la alegría? Esta lectura sugiere que la fuente de nuestra alegría está en la experiencia del amor que Dios tiene por nosotros. Lo que necesitamos preguntarnos es si en realidad comprendemos que estos eventos narrados en el Evangelio de Lucas son las acciones que Dios realiza por nosotros.

Preguntas para la vida

40 minutos Escojan las preguntas de acuerdo a su tiempo e interés.

 1 ¿Realmente María estaba asumiendo un gran riesgo al decir “sí” al plan de Dios? ¿Qué tanto podría saber de lo que le esperaba? ¿Cuándo has tomado un riesgo significativo para así responder a la invitación de Dios? ¿Cómo creciste espiritualmente a partir de este resultado?
 2 ¿Cómo defines la humildad? En su oración María habla no solamente acerca de Dios, sino también de sí misma. ¿Es esta una oración humilde? ¿Podemos decir que María es una persona humilde?
 3 ¿De qué manera has experimentado que los planes de Dios para tu vida son distintos a tus propias expectativas? ¿Qué has aprendido de esto?
 4 ¿Qué te enseña la lectura de hoy respecto a lo que Dios aprecia de nosotros y sobre lo que espera que logremos en nuestra vida? ¿Qué te enseña sobre la manera en que Dios se relaciona con la gente? ¿En qué se diferencia de la imagen que tienes de Dios cuando haces oración? ¿De qué manera te ayudaría esta imagen de Dios con las dificultades que estás experimentando?
 5 ¿Qué tipo de servicio —pequeño o grande, formal o informal, a corto o largo plazo— te ha encomendado Dios? ¿Cómo puedes servirlo con una mayor confianza de que él está contigo? (versículo 28). ¿Necesitas renovar tu propia actitud de “que me suceda como tú dices”?
 6 En este contexto, ¿qué significa la ‘misericordia de Dios’? ¿De qué manera María experimenta la misericordia de Dios (versículo 50)? ¿Qué nos indica su experiencia respecto a la misericordia que Dios quiere manifestarnos?

“Un conjunto de reglas que me encanta es la ‘lista de lo que hay que escuchar’: escuchamos atentamente a Dios, al texto, y a cada persona del grupo mientras realizamos el estudio”.
Dan Williams, Starting (& Ending) a Small Group

Orando con la Escritura

15 minutos
¡Utilicen este modelo o desarrollen uno propio!

Recen uno o dos misterios gozosos del santo rosario. Tales misterios se enfocan en la Anunciación y en la visita que María hace a Isabel.
Después ofrezcan a cada persona la oportunidad de compartir una bendición de Dios por la cual estén especialmente agradecidos, asimismo que también mencionen un área de su vida que necesite ayuda y misericordia (versículo 54). ¡Sean breves! Si así lo desean, continúen con unos cuantos minutos de oración compartida en la cual oren por sus propias necesidades y por las de los demás.
Unan todas sus oraciones con el Cántico de María (versículos 46–55).

Una tradición viviente
Dios te salve, María

Esta sección es un suplemento para la lectura individual.

Las oraciones más populares de nuestra fe tienen su origen en el Evangelio de Lucas.

 

  • El saludo de Gabriel (como es presentado en las antiguas traducciones latinas) nos da el “¡Dios te salve, María! Llena eres de gracia, el Señor está contigo (versículo 28).
  • La felicitación que Isabel le otorga a María, provee la segunda parte de esta oración que forma nuestra tradición: “Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús” (42).
  • En la Edad Media, los cristianos unieron estas palabras, usándolas como una oración en sí misma, y agregaron el nombre al fruto del vientre de María: “Jesús”.

 Con el tiempo, esta práctica se desarrolló hasta que se unieron cincuenta Ave Marías y formaron un rosarium, o corona de rosas, siendo la rosa un símbolo de alegría, y la misma oración comienza celebrando el gozo de María.
 Además de esto, la lectura de Lucas nos ofrece una garantía para que continuemos saludando y felicitando a María en nuestras oraciones. María declara: “Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso” (versículos 48–49). En efecto, María dijo: “De ahora en adelante la gente hablará de mí, dirán: ‘El Señor la hizo verdaderamente feliz’”.
 Cuando saludamos a María y la declaramos verdaderamente feliz, nos recordamos a nosotros mismos dónde reside la verdadera felicidad. La felicidad de María y la nuestra, descansa en Dios que se revela a sí mismo ante ella —el Dios que toma la iniciativa de intervenir en la historia humana para salvarnos.
 Felicitamos a María junto con Isabel, no sólo por su maternidad, sino también por su respuesta a Dios (versículo 45). Esto implica nuestro deseo de imitarla. Cuando vamos más adelante y decimos fervientemente: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores”, estamos pidiendo la gracia de poder responder, al igual que ella, al Dios que se hace presente en nuestra vida por medio de Jesús: “Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices” (versículo 38).

Entre los diálogos

Después de una larga visita, María se despide de Isabel, e Isabel tiene su bebé. Zacarías por su parte, realiza una oración profética de acción de gracias por su hijo (Lucas 1:57–80).
 Seis meses después, ahora con José, María viaja nuevamente hacia el sur, precisamente hacia el distrito donde viven Isabel y Zacarías, esta vez para cumplir con un requisito del gobierno de su tiempo para llevar a cabo el censo. María y José llegaron al pueblo de Belén (hoy es posible llegar manejando de Jerusalén a Belén en un promedio de 20 minutos) al momento en que María tenía que dar a luz. Sobre este niño también se proclama una oración —pero no la hace José. En el nacimiento de Jesús, quien canta no es un padre terrenal el que canta, sino una multitud de ángeles (2:8–14), recordándonos que el Padre de Jesús está en el cielo.
 Entre los años de la infancia de Jesús y su vida pública, Lucas relata un solo incidente (2:41–52). Ahora, gracias a los estudios realizados, no nos sorprende que este episodio de la infancia de Jesús resalte la relación que Jesús tenía con Dios. En las primeras palabras de Jesús que nos registra el Evangelio, él y afirma que debe estar ocupado en las cosas de su Padre (o en la casa de su Padre —el texto griego puede leerse de ambas maneras).
 Excepto por aquel incidente, Lucas omite la vida de Jesús hasta que éste alcanzó los treinta años. Sabemos únicamente que Jesús creció en Nazaret, presumiblemente en una casa pequeña construida en una ladera seca que de frente contemplaba el valle de Jezrael. José era un “carpintero” —la palabra griega incluye a alguien que trabaja con la piedra y la madera— y Jesús colaboró con él en este tipo de trabajo. Los dos debieron haber pasado muchos días juntos, sudando bajo el sol abrasador del Mediterráneo, construyendo y reparando las casas de Nazaret. Es muy posible que en alguna ocasión hayan caminado hacia el norte, escalando la montaña, precisamente hacia la capital regional, Séforis, unas cuatro millas al Norte (6.5 kilómetros), donde podía haber mayor demanda de trabajo.
 Repentinamente, en el desierto que está al lado del Jordán, Juan Bautista comienza a predicar. Su predicación atrae a las multitudes (3:1–18). Juan anuncia que la historia de Israel está alcanzando su punto culminante. El pueblo de Dios se ha apartado del camino del bien por medio del pecado, y en breve enfrentarán una manifestación final de la justicia divina. Solamente volviendo sus mentes y corazones a Dios, podrán evitar la sentencia que Dios está por imponer sobre sus vidas. ¡El juez ya viene en camino!
 Por su parte, Jesús parece haber tomado la predicación de Juan como la señal esperada para llevar a término su estancia en Nazaret. Se dirige hacia el Sur, precisamente al lugar donde Juan está predicando, y una vez ahí, se hace bautizar por Juan (3:21). Después de su Bautismo, mientras Jesús ora, Dios le habla, y afirma la relación única que Jesús tiene con Dios: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. (3:22).
 A esta experiencia le seguirá un período de oración, ayuno, y tentación en el desierto (4:1–13). La prueba gira en torno a la pregunta de si Jesús continuará actuando como Hijo de Dios, confiando y obedeciendo a su Padre. Jesús pasa la prueba y regresa a Galilea, y no a una vida ya previamente establecida en Nazaret.
 Al aceptar el bautismo de Juan, Jesús señala básicamente su pleno acuerdo con el mensaje de Juan. A pesar de este acuerdo, Jesús le dará un nuevo impulso a este mensaje. Juan proclama que el Reino de Dios estaba por llegar. Jesús proclamará que el Reino de Dios está llegando.
 En su homilía inaugural, Jesús cita una profecía del Antiguo Testamento que presenta la venida del juicio y del Reino de Dios —pero Jesús omite la línea acerca del juicio (compara Isaías 61:2 y Lucas 4:19). Al igual que Juan, Lucas cree que el juicio divino está llegando. En el presente, Jesús declara que el Reino de Dios está llegando al mundo a través de la misericordia. Para demostrar la cercanía de la misericordia divina, Jesús acompaña su predicación con la curación.
 Al igual que Juan, Jesús está plenamente consciente de que el pecado aparta a la gente de Dios. Pero la manera en que Jesús aborda el problema es diferente a la de Juan. Juan invitó a la gente a que se arrepintiera para que así estuvieran listos para la venida del Reino de Dios. Jesús trae el Reino de Dios para conducir a la gente a la conversión. La diferencia es palpable en la manera como Juan y Jesús se conducen el palpable. Juan permanece en el desierto, y quienes se arrepienten van con él para que los bautice. Jesús va a los pueblos y hogares donde reside la gente que aun no se ha arrepentido, demostrándoles el amor que Dios les tiene a fin de conducirlos al arrepentimiento.
 Así como María experimentó la intervención divina en su vida cuando Dios la bendijo otorgándole el don de llevar a su Hijo en el vientre y confiándole su educación, ahora la gente que vive en los pueblos pequeños de Galilea experimenta la iniciativa de Dios por medio de Jesús.

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Table of Contents

Índice

4 ¿Cómo usar esta guía?
7 El propósito del Evangelio de Lucas y cómo conectarse con él

14 Primera semana Sorprendido por Dios
Lucas 1:26–55
28 Segunda semana Una discusión en torno al banquete
Lucas 5:12–32
42 Tercera semana Un hombre tenía dos hijos
Lucas 15: 1–3, 11–32
56 Cuarta semana Nadie puede servir a dos señores
Lucas 16:13–15, 19–31
70 Quinta semana Estarás conmigo en el paraíso
Lucas 22:14–20, 24–30; 23:32–43
84 Sexta semana Verdaderamente ha resucitado el Señor
Lucas 24:13–35

96 Después de todo
98 Misericordia y más misericordia
103 El único límite de la misericordia de Dios
107 Sugerencias para el diálogo bíblico grupal
110 Sugerencias para el estudio personal

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