Manual de guerra espiritual

Manual de guerra espiritual

by Ed Murphy
     
 

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El más amplio, completo y práctico manual de guerra espiritual.See more details below

Overview

El más amplio, completo y práctico manual de guerra espiritual.

Product Details

ISBN-13:
9780881132120
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
01/06/1995
Pages:
704
Sales rank:
908,467
Product dimensions:
6.00(w) x 8.96(h) x 1.80(d)

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Manual De Guerra Espiritual


By Ed Murphy, Graciela Lelli, Juan Sánchez Araujo

Grupo Nelson

Copyright © 2013 Grupo Nelson
All rights reserved.
ISBN: 978-0-7180-2398-0



CHAPTER 1

Cosmovisiones en conflicto


La organización World Vision [Visión mundial] planeaba excavar un pozo para abastecer a una necesitada aldea africana llamada Walamo. Se les advirtió que no fueran allí porque el marabú (o médico brujo) más poderoso de la región la había maldecido. Les dijeron que algo malo les sucedería a ellos o a su maquinaria si intentaban excavar en Walamo bajo tan gran maldición, de tal forma que la gente de otras aldeas ni se atrevían a pasar por allí.

El equipo fue de todas maneras y a su debido tiempo excavaron un pozo que se llenó de agua dulce y pura. La gente de Walamo estaba asombrada. Las aldeas de alrededor oyeron aquello, y convencidos de que la maldición había sido rota, reiniciaron el comercio con el lugar. Al preguntárseles por qué nada malo les había sucedido a los obreros o a su equipo, respondían: «El dios de François es más poderoso que el del marabú». François, que había dirigido al equipo de perforación, se sintió tentado a descartar aquellas ideas como pura superstición. El pozo se había hecho realidad gracias al conocimiento y la utilización de las leyes científicas apropiadas. La gente, sin embargo, lo veía como la evidencia del poder superior del dios de François. Había dos cosmovisiones en conflicto.

Soy misionero y, un misionero deja atrás su propia cultura y trata de adaptarse a otra extranjera. Lo hace por causa del evangelio y por amor a Dios y a la gente a quien es enviado. Intenta comprender, en el mayor grado posible, la cosmovisión de ellos, pero se enfrenta a un grave problema: lleva consigo la suya propia. James Sire, en The Universe Next Door [El universo, la próxima puerta], define la cosmovisión como «una serie de presuposiciones (o presunciones) que sostenemos (consciente o inconscientemente) acerca de la constitución básica de nuestro mundo». La definición operativa que utilizaré es todavía más elemental: La cosmovisión tiene que ver con «las suposiciones básicas de uno en cuanto a la realidad».

Todo el mundo tiene sus propias suposiciones, ya sean o no personas reflexivas. Cada individuo cree que su punto de vista sobre la realidad es el correcto o al menos el mejor. Las creencias y el comportamiento de las personas, en ese orden, están basados en sus cosmovisiones, sean o no conscientes de ello.

Aunque este concepto está relacionado de manera íntima con la religión, no son iguales. Paul Hiebert afirma que «una cosmovisión proporciona a la gente sus suposiciones básicas sobre la realidad. La religión le da el contenido específico de esa realidad». Si uno sostiene una cosmovisión atea, el ateísmo funciona como religión.

Además de la postura agnóstica, sólo existen dos posiciones concebibles. La cosmovisión espiritualista, que afirma que la verdadera realidad es espiritual: inmaterial, no física o material. Según esta, aun cuando dicha realidad se considere como personal o impersonal, es espiritual. La inmensa mayoría de los más de cinco mil millones de habitantes del mundo tienen algún tipo de cosmovisión espiritualista. Los ateos convencidos intelectualmente son muy pocos, ni siquiera en las sociedades occidentales y marxistas. El nuestro no es un mundo de materialistas filosóficos, sino de espiritualistas convencidos.

Esta cosmovisión común proporciona a la Iglesia un punto de arranque para la mayor parte de la humanidad. Incluso la actual explosión de ocultismo en el mundo occidental es ventajosa a este respecto. Podemos decirle al ocultista: «Básicamente tienes razón en tu idea sobre la realidad en un punto en particular: Los humanos existen como seres espirituales y no sólo como entes físicos».

En segundo lugar, la cosmovisión materialista o naturalista afirma que la verdadera realidad es material o física, no espiritual. Esto supone que la vida se generó espontáneamente de la no existencia y que por este proceso primitivo las formas de vida originalmente unicelulares evolucionaron a lo largo de dilatados períodos hasta llegar a convertirse en la amplia gama de vida que hoy conocemos. De esta concepción de la realidad resultan cinco conclusiones importantes:

1. El universo es un accidente cósmico que no tiene un verdadero propósito.

2. La vida humana es un accidente biológico que no tiene un verdadero significado.

3. La vida termina para siempre en el momento de la muerte en toda forma de vida individual.

4. La mente no tiene existencia o supervivencia separada del cerebro.

5. La creencia intuitiva e histórica de la humanidad en una mente suprema, un espíritu o un Dios detrás, dentro y fuera del universo físico es una forma de autoengaño. Por tanto, la correspondiente creencia en el carácter único, la dignidad, el propósito y la supervivencia del ser humano después de la muerte constituye una idea ficticia de la realidad.


No es de extrañar que la vida sea tan vacía para los ateos intelectualmente convencidos, pero sinceros. La palabra sincero es importante, ya que la mayor parte de los ateos no quieren enfrentar con sinceridad las implicaciones nihilistas de su cosmovisión. Cuando lo hacen, descubren que la muerte es mejor que la vida y que conduce a una eterna no existencia.

La teología occidental ha sido mucho más influenciada por la cosmovisión de este hemisferio de lo que piensa la mayoría. Por teología occidental entiendo las amplias y generalmente aceptadas interpretaciones de la Escritura incorporadas en las principales obras de teología sistemática, que abarcan el amplio espectro de puntos de vista teológicos y grupos eclesiales que se encuentran en todos los creyentes que tienen un alto concepto de la Escritura y propagan una fe cristiana histórica común.

Cuando hablo de cosmovisión occidental quiero expresar la idea de la realidad que surgió del movimiento histórico del siglo XVIII conocido como la Ilustración y que a menudo se resume en una palabra: naturalismo. Sire señala el movimiento histórico del teísmo al naturalismo y a través del deísmo, al nihilismo. Cierto erudito define el naturalismo metodológico como «el nombre dado a esa característica del método científico que construye su modelo de pensamiento sobre la base de la causalidad natural distinguiéndola de una explicación sobrenatural u oculta».

Esta cosmovisión abarca casi la totalidad de las que existen en el mundo occidental y es una gran aliada del método científico. Tal método, cuando se adopta como el modelo personal para probar la realidad, concibe el universo como un sistema uniforme basado estrictamente en las relaciones de causa y efecto entre sus partes constituyentes, cada una en determinada relación con la otra y cerrada, en su totalidad, a cualquier dimensión de la realidad que trascienda lo natural. Sire comenta que de este modo la historia se convierte en un «sistema lineal de acontecimientos ligados por causa y efecto, pero sin un propósito que los abarque a todos». Así que el naturalismo lo explica todo a base de causas impersonales naturales, y por lo tanto predecibles, que producen la realidad completa.

¿Cómo afecta todo esto a nuestro estudio de la guerra espiritual? Aunque los cristianos hemos rechazado debidamente al naturalismo como una idea aceptable de la verdadera realidad y nos mantenemos fieles al teísmo histórico, de igual forma influye profundamente nuestra percepción de los acontecimientos cotidianos, lo que contribuye a crear nuestra visión del mundo espiritual, lo bueno y lo malo. El antropólogo Paul G. Hiebert, de la Escuela Trinitaria de Teología Evangélica, escribe acerca de sus luchas en esta área como misionero en la India, en su artículo titulado «The Flaw of the Excluded Middle» [La grieta del medio excluido].

Los discípulos de Juan preguntaron: «¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?» (Lucas 7.20). Jesús no les contestó con pruebas lógicas, sino con una demostración de poder, curando a los enfermos y echando fuera espíritus malos. Eso está claro. Sin embargo, cuando leía ese pasaje como misionero en la India y trataba de aplicarlo a las misiones en nuestros días, tenía una sensación de desasosiego.

Como occidental, estaba acostumbrado a presentar a Cristo con argumentos racionales, no mediante evidencias de su poder en la vida de la gente que estaba enferma, poseída y menesterosa. En particular, la confrontación con espíritus, que parecía una parte tan natural del ministerio de Cristo, en mi mente pertenecía a un mundo separado de lo milagroso, lejos de la experiencia ordinaria cotidiana.


Hiebert presenta el siguiente diagrama que refleja la visión cristiana occidental de la realidad, un subproducto de nuestra teología en esta parte del mundo:

[FIGURA OMITIR]

Y comenta:

Las razones de mi zozobra con las cosmovisiones bíblica e india deberían estar claras ahora. Había excluido el nivel medio de los seres y fuerzas sobrenaturales de este mundo inducido por mi propia cosmovisión. Como científico había sido formado para tratar con el mundo empírico en términos naturalistas. Como teólogo, se me había enseñado a contestar las preguntas trascendentales en términos teístas. En realidad, para mí la zona intermedia no existía. A diferencia de los aldeanos indios, había pensado poco en los espíritus de este mundo, en los antepasados locales y los fantasmas o en las almas de los animales. Para mí estas cosas pertenecían al reino de las hadas, los duendes y otros seres mitológicos, y por consiguiente no tenía respuesta a las preguntas que me hacían.


En «The Excluded Middle», un artículo publicado en MARC Newsletter [Revista de Visión Mundial], Bryan Myers amplía el concepto de Hiebert de un mundo de dos niveles y señala que «el rasgo más importante de esta cosmovisión del Siglo de las Luces es que el mundo espiritual y el real no se tocan [...] Esta es la diferencia más importante cuando comparamos la cosmovisión occidental con la forma en que los pueblos tradicionales entienden su mundo». Luego Myers sigue explicando que la mayor parte de las religiones tradicionales

creen que el mundo constituye un medio continuo entre los elementos que son de naturaleza principalmente espiritual y aquellos que son más materiales [...] No hay brecha alguna entre los dos mundos. Lo espiritual y lo físico coexisten, son parte inseparable lo uno de lo otro.


Según Myers, hay una «parte intermedia» de la cosmovisión tradicional, un nivel de realidad que incluye a los médicos brujos, los chamanes, las maldiciones, los ídolos, los dioses familiares y el mal de ojo. Esta parte espiritual de la realidad opera en el mundo material y es rechazada o excluida por la cosmovisión occidental.

Para los pueblos tradicionales no hay dicotomía entre lo natural versus sobrenatural. Lo uno implica en forma directa a lo otro. Los pueblos tradicionales viven en la zona intermedia. Esa es la razón por la cual gran parte de nuestra predicación y enseñanza parece tener poca relevancia para su vida diaria. Nosotros explicamos las enfermedades en términos de gérmenes, nutrición y otros factores relacionados. Ellos lo hacen sobre la base de maldiciones, mal de ojo, brujería o karma, todo esto en su contra. Myers aplica luego esta diferencia de cosmovisiones al evangelismo y la obra misionera:

Los cristianos occidentales creen que Dios y Jesucristo son parte del mundo de la alta religión y que otros se equivocan al creer en Alá o algún otro dios elevado. Eso significa que pensamos que la pregunta decisiva para la evangelización es: «¿Quién tiene el dios verdadero?» [...]

Para la gente que todavía mantiene una visión del mundo mayormente tradicional, la pregunta decisiva no es «¿qué es verdad?» sino más bien «¿quién es más poderoso?» En realidad, son las cosas del medio excluido las que afectan a sus vidas para bien o para mal. Esto significa que las noticias referentes a un Dios cuyo Espíritu es más poderoso que las maldiciones, los médicos brujos y los demonios, resultan muy atractivas. He aquí una de las razones por las cuales los movimientos carismático y pentecostal están creciendo tan rápido hoy en día.


François, a quien conocimos al comienzo de este capítulo, se encontró dentro del medio excluido en aquel incidente de la perforación del pozo. Podía haber vuelto a la concepción en dos niveles de la realidad explicando a la gente de Walamo que el pozo de agua pura no tenía nada que ver con Dios, ya que formaba parte del mundo natural de la ciencia, las leyes físicas y la tecnología. Podía haber desechado la idea de ellos como simple superstición o tratado de imponer su cosmovisión secular occidental sobre aquella tradicional sustentada por los aldeanos.

Podía haberlo hecho, pero no lo hizo.

François comprendió lo relativo al medio excluido. Se dio cuenta de que la gente le veía ahora, tal vez como un chamán más poderoso que el hechicero. Tenía que tender un puente sobre las dos cosmovisiones y ayudarlos a comprender, en palabras de Myers, la «diferencia entre la idea del "dios de François" y "el Dios de François". Su cosmovisión necesitaba ser desafiada por un sistema bíblico o del Reino, no por una secularizada Ilustración». François explicó que no poseía ningún dios ni tenía poder alguno en sí mismo. No era un chamán. No tenía poderes mágicos. Sólo era un servidor del verdadero Dios «que era más poderoso que los chamanes y que la ciencia occidental. El mismo que había creado un mundo racional y comprensible, y también las mentes humanas con capacidad para deducir dónde podía estar el agua».

En su explicación, François desafió tanto la cosmovisión occidental como la tradicional de los habitantes de Walamo. Ninguna, sin embargo, armoniza plenamente con la bíblica. La concepción tradicional del mundo, aunque más próxima a la de las Escrituras, está, al igual que la cosmovisión occidental, llena de errores. Es politeísta, panteísta, mágica y animista, y en esos aspectos contraria, en su totalidad, a la revelación bíblica. A pesar de dichos errores, la tradicional se acerca más a la de la Biblia, puesto que reconoce a cabalidad la realidad del mundo espiritual.


(Continues...)

Excerpted from Manual De Guerra Espiritual by Ed Murphy, Graciela Lelli, Juan Sánchez Araujo. Copyright © 2013 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
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