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Manual del sanador vibracional
     

Manual del sanador vibracional

by Ted Andrews
 

Product Details

ISBN-13:
9788497779395
Publisher:
Obelisco, Ediciones S.A.
Publication date:
07/31/2013
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
288
Product dimensions:
5.90(w) x 9.00(h) x 0.80(d)

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MANUAL DEL SANADOR VIBRACIONAL

Guía para principiantes sobre la curación energética de uno mismo y de otros


By Ted Andrews

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2013 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-939-5



CHAPTER 1

SALUD HOLÍSTICA


La salud es el equilibrio ideal entre todas las partes importantes de nuestro ser (cuerpo, mente y alma) en conjunción con nuestro entorno y con todo lo que encontramos. La palabra holístico deriva del griego holos, «íntegro», «completo». La sanación es integridad, pero no como la expresamos y experimentamos en el mundo físico. Abarca toda nuestra esencia: física, emocional, mental y espiritual. Ignorar cualquiera de esos aspectos es privarse uno mismo de la salud.

Todos los caminos de desarrollo espiritual nos instan a escudriñar en nuestro interior, y lo mismo debemos hacer en todo lo relacionado con la salud. ¡Toda curación viene de dentro! El cuerpo se cura solo; pero también podemos iniciar el proceso desde fuera, poniendo en marcha el proceso curativo. Sin embargo, antes de que la sanación tenga lugar han de cumplirse ciertos requisitos previos:


El individuo debe conocer sus patrones de salud básicos, incluyendo sus puntos fuertes y débiles.

Debemos empezar a conocer nuestro cuerpo y sus respuestas a las influencias externas, sus principales puntos fuertes y débiles, lo que podemos manejar y lo que no. Las manifestaciones del mal-estar se producen la mayoría de las veces en partes del cuerpo debilitadas. Esa debilidad puede ser el resultado del estrés o incluso de una propensión genética del individuo.

Ser propenso no es lo mismo que «estar destinado a enfermar». Disponemos de libre albedrío; y, aun cuando tengamos una zona corporal débil desde el punto de vista biológico, eso no significa que se vayan a manifestar el mal-estar o la enfermedad. Si somos conscientes de esas debilidades y propensiones, podremos tomar medidas para fortalecernos y protegernos del desequilibrio. A pesar del papel que juega la genética en la formación de los patrones de salud básicos, seguimos teniendo una tremenda capacidad de efectuar cambios en dichos patrones. Debemos llegar a entender cómo operan todos los aspectos de nuestro organismo.


El individuo debe aprender a ver todas las afecciones físicas como síntomas.

Todo desequilibrio físico, todo mal-estar y toda enfermedad no es más que un síntoma. Hay algo más –ya sea una pauta emocional o mental, el estrés, etcétera– que ha promovido e instigado el síntoma físico.

Con frecuencia ignoramos por completo nuestros desequilibrios y nuestras pautas negativas hasta que nos causan problemas. En la mayoría de los casos, el mal-estar físico es una «llamada de atención» que nos hace el cuerpo. Es la forma que tiene de decirnos que algo ha dejado de estar en equilibrio.


El individuo debe asumir su responsabilidad y buscar alternativas que afecten a todo su ser.

Debemos estar dispuestos a ampliar nuestra perspectiva y a poner en práctica las alternativas necesarias para restablecer la salud y el equilibrio a todos los niveles. Esas alternativas no siempre serán rápidas y sencillas; pero, si se ponen en práctica como es debido, suelen ser muy eficaces para eliminar tanto los síntomas como sus causas.

Siempre hay alternativas. Existen muchos métodos de sanación, muchas terapias y muchos remedios. Cada uno de nosotros debe encontrar el método o la combinación de métodos que más convenga a su sistema energético, físico y no físico. A veces deberás recurrir a varias modalidades distintas para encontrar una síntesis que sea eficaz exclusivamente para ti. El factor más importante es encontrar la combinación de métodos más beneficiosa en el momento en el que la necesitemos.

Para descubrir las alternativas que son útiles para ti, primero has de considerar todos los aspectos de tu ser. Tus emociones, tus pautas mentales y tus perspectivas espirituales son tan importantes para tu salud como el estado físico de los diversos sistemas, aparatos, tejidos y órganos del cuerpo. Ya sea tu intención seguir sano, dejar de estar enfermo o mejorar en términos de salud y energía, debes implicar todo tu ser en el proceso: tanto el físico como el sutil.


El individuo debe emplear su sentido común para mantener una salud equilibrada.

Muchos de quienes se aventuran a seguir los caminos espirituales tienen tendencia a ignorar lo material. Es un error muy común pensar que si llevas una vida espiritual, todo lo físico se resolverá automáticamente. Lo cierto es que hay que cuidar ambos aspectos. Todas las escrituras sagradas antiguas hablan del cuerpo como de un templo. Pues bien: ese templo necesita cuidados. Por muy espirituales que sean tus pensamientos, si no cuidas como es debido tu templo físico te acabará dando problemas. Esos cuidados deberían incluir como mínimo:

a. Una dieta adecuada

b. Ejercicio físico apropiado

c. Descansar las horas necesarias

d. Respirar bien


Da igual que seas la persona mejor dotada y más espiritual del mundo: si no cuidas esos cuatro aspectos de tu vida diaria, la enfermedad se manifestará en tu organismo.


Conciencia metafísica de la salud

Somos seres multidimensionales. Operamos simultáneamente en las dimensiones física, emocional, mental y espiritual. Para tener buena salud de verdad, debemos empezar a saber cómo interactúan todas estas dimensiones y cómo afectan a nuestros patrones globales de salud.

Metafísico significa «más allá de lo físico». Implica una causalidad que trasciende lo material. Los seres humanos tenemos tendencia a contemplarnos desde una perspectiva muy limitada. Estamos revestidos de carne; tal vez hablemos del alma o el espíritu, pero somos criaturas físicas. Pensamos, sentimos, actuamos y reaccionamos desde nuestra conciencia física, pero somos algo más que simples seres materiales. Esos pensamientos y sentimientos, si bien no son palpablemente físicos, afectan al estado físico y a la perspectiva material. Son una dimensión de nuestra esencia que afecta profundamente a nuestro bienestar corporal.

En la mayoría de los casos, el mal-estar tiene una base metafísica. No suele originarse en el cuerpo físico o en el entorno. Las cosas del entorno material a las que casi siempre achacamos el mal-estar (virus, bacterias, etcétera) están alrededor de nosotros todo el tiempo; son nuestros aspectos metafísicos los que nos hacen propensos a manifestar un problema. Las emociones, actitudes y pensamientos desequilibrados agotan nuestras energías físicas y nuestra inmunidad natural, de modo que tenemos más probabilidades de «pescar un catarro» o desarrollar otra dolencia. Aun cuando la enfermedad derive de la falta de ejercicio o de una dieta pobre, habría que explorar las causas emocionales y mentales de esos hábitos.

En el antiguo misticismo hebreo conocido como la cábala se asignaban nombres específicos a las maneras en las que Dios se manifiesta y trabaja en el universo y a través de la humanidad. Operando en el corazón del universo –en el corazón del Árbol de la Vida– está el divino nombre Jehová Eloá va Daath, que se puede traducir como «Dios manifestado en la esfera de la mente». En el corazón de nuestras vidas, en el corazón de nuestra salud y bienestar, está la mente. Lo que pensamos pone en marcha la energía para lo que experimentaremos, especialmente en lo relacionado con la salud.

Dentro de cada uno de nosotros está el nivel del subconsciente, que responde literalmente como un niño a todos nuestros pensamientos y expresiones. Este nivel también interviene en el mantenimiento de nuestra salud. Toma nuestros pensamientos, sentimientos y expresiones y los pone en marcha para que puedan manifestarse. Cuando hacemos declaraciones como «cojo dos resfriados cada invierno», ese aspecto de la mente empieza a trabajar con nuestra energía física; así, cuando se aproxime el invierno, seremos más propensos a resfriarnos esas dos veces. Nuestros pensamientos, sentimientos y palabras se convierten en profecías que por su propia naturaleza contribuyen a cumplirse, a menudo haciéndose reales dentro del propio cuerpo físico.

El subconsciente controla buena parte de lo que se manifiesta en nuestros cuerpos y en el entorno. Responde literalmente a todos nuestros pensamientos, sentimientos y expresiones. Si les dices a tus amigos que has «perdido cuatro kilos» ese niño interior tuyo, tu subconsciente, aguzará los oídos: «¿Perdido? ¿Cómo que se han perdido?». Tu subconsciente se impondrá inmediatamente la tarea de recuperar esos cuatro kilos que perdiste; y si puede te echará encima algunos más, no vaya a ser que los pierdas también.

Si estamos gritando y criticando constantemente a nuestro niño interior, no es de extrañar que nuestras vidas no vayan bien. Ninguno de nosotros quiere tener cerca a alguien que no para de criticarte. ¿Estás dispuesto a gritarle al niño que vive dentro de ti, o a quererlo y a cuidar de él? En eso consiste la responsabilidad en la sanación.

La salud está en nuestras manos: es nuestra elección. Algunos dirán que no pueden evitar sentir y pensar sobre sí mismos de la manera en que lo hacen. Se quejarán de que eso es lo que han experimentado toda su vida. Y es triste; pero más triste aún es preferir seguir con esas pautas, cuando lo cierto es que podemos cambiarlas. No podemos cambiar el pasado, pero nuestro futuro –sobre todo en lo que a salud se refiere– está cobrando forma a cada instante en función de nuestros pensamientos y sentimientos actuales. Si cambiamos lo que imaginamos, cambiaremos nuestro mundo.

Cuando empieces a trabajar con las energías terapéuticas, te resultará cada vez más evidente que la mayoría de las veces el desequilibrio surge de alguna expresión de desamor hacia nosotros mismos. Es fácil reconocer esas expresiones cuando las buscas. Nos reñimos y nos criticamos. Nos decimos que estamos demasiado gordos, o demasiado delgados; que somos demasiado viejos, o demasiado jóvenes; o demasiado bajos, demasiado altos, etcétera. Bebemos alcohol o tomamos drogas. No hacemos suficiente ejercicio. No comemos bien. Nos echamos la culpa de todo. Nos comparamos constantemente con los demás. No tomamos las decisiones que debemos tomar. Constantemente nos recreamos en los errores pasados. Asumimos que no somos lo bastante buenos para hacer las cosas que nos gustaría hacer.

Debemos empezar a darnos cuenta de que cada uno es el único responsable de sus pensamientos y sentimientos, y el único que sufrirá las consecuencias; ya sean buenas, malas o regulares. Si seguimos concentrándonos sólo en lo negativo, crearemos un desequilibrio dentro de nuestro ser emocional y mental, que luego se trasformará a su vez en un desequilibrio del cuerpo físico.

Mientras en su mayoría los médicos ortodoxos tratan principalmente el aspecto físico, el sanador tratará todos los aspectos de la energía de la persona. Un verdadero sanador se esforzará en corregir el síntoma físico junto con su causa subyacente, metafísica.

El sanador es alguien que aprende a sintonizar con las fuerzas curativas vitales –físicas y espirituales– a fin de convertirse en un conductor de la energía terapéutica. La capacidad de conducir esa energía terapéutica es algo que se aprende, la puede desarrollar cualquiera que desee aumentar su propio bienestar. El grado de conducción es lo que determina el grado de curación que se produce. (Véase el cuadro sobre las agencias curativas de orden natural y espiritual en la página siguiente).

Un aspecto inherente a la sanación es comprender que, para que ocurra, el individuo receptor de las energías terapéuticas debe desear curarse. Por desgracia, mucha gente disfruta estando enferma: disfruta de la atención que recibe; disfruta de tener una excusa para hacer –o no hacer– ciertas cosas; disfruta de tener algo a lo que echarle la culpa de su propia sensación de fracaso: «Si no estuviera tan enfermo, haría esto, aquello y lo de más allá», etcétera.

Para muchos, estar enfermos es un medio para darse por vencidos sin tener que admitir públicamente sus supuestos fracasos ni hacerles frente. La sociedad acepta las enfermedades como legítima excusa. Por esa razón se dice que el cáncer es una forma aceptable de suicidio. Podemos manifestarlo sin tener que soportar el estigma asociado a los suicidas. De hecho, esos individuos pueden abandonar el mundo dando toda la impresión de ser unos nobles luchadores que hacen frente a la muerte hasta el final. Para algunos, no es más que una manera de librarse de la responsabilidad.

Por otra parte, la enfermedad puede manifestarse por otras razones, así que debemos ser cuidadosos y no apresurarnos a sacar conclusiones o a hacer acusaciones. Cada caso es único, así que la forma de sufrir de una persona no es ni más ni menos importante que la de otras. Lo que importa es descubrir las causas de lo que está creando el desequilibrio físico.

Hay muchas razones para que las personas se pongan en situación de manifestar una dolencia, de crear una enfermedad:

• Obligarse a sí mismas a crecer y aprender.

• Despertar compasión en sí mismas y en otros.

• Aprender algo sobre responsabilidad personal.

• Proporcionar un medio para la transición que llamamos muerte.

• Conseguir amor y atención de los demás.

• Ayudar a enseñar a otros.

• Estimular una nueva percepción de la vida y sus procesos.

• Librar al cuerpo de las toxinas acumuladas procedentes de fuentes externas (es decir, contaminantes, etcétera).


La razón o razones de cada persona son únicas, y parte de la responsabilidad del sanador consiste en ayudar a descubrir las pautas que desencadenaron el desequilibrio físico.

El cuerpo físico tiene por naturaleza la capacidad de mantener un estado interno estable y equilibrado dentro de ciertos límites o parámetros. Esto es lo que se denomina homeostasis.

Nos encarnamos bajo diversas condiciones para poner a prueba esta homeostasis, así como para desarrollar nuestra capacidad de mantenerla. Por eso encontramos tantas pruebas y tantos cambios en la vida. Al aprender a fluir con los ritmos de nuestra vida al tiempo que mantenemos el equilibrio, nuestras energías crecen. En cambio, cuando nos abstenemos de experimentar la vida y sus cambios –para bien o para mal– creamos estrés, que se interiorizará. Ese estrés interiorizado es la principal causa de toda enfermedad.

Todo mal-estar tiene un aspecto positivo: es un indicador de la parte del cuerpo en la que hemos perdido el equilibrio o del área de la vida en la que experimentamos tensión. Nos ayuda a reconocer las energías negativas que estamos cultivando en otros niveles de nuestro ser. En el proceso curativo holístico, descubriremos la causa y sus lecciones inherentes para devolver el equilibrio al organismo. Si no logramos averiguar la causa, sólo podremos aliviar los síntomas; en tal caso, esas energías corporales desequilibradas buscarán otra válvula de escape. La enfermedad se volverá a manifestar, quizá de otra manera o en otra parte, y por lo general con más intensidad.

Los productos farmacéuticos modernos están orientados a los síntomas. Actúan rápida y poderosamente para eliminar los síntomas y toda señal del verdadero mal-estar en el cuerpo. Proporcionan alivio superficial, pero no son la «purga de Benito»; sólo alivian temporalmente las molestias de la enfermedad. Descargan al individuo de la necesidad de responsabilizarse de sí mismo y sacar tiempo para corregir la causa.

Esto puede crearnos problemas en el futuro, pues de ese modo hacemos caso omiso de las señales de advertencia de que estamos interiorizando estrés. Donde mejor podemos verlo es en el modo de tratar los resfriados que se emplea en la sociedad occidental. El moqueo nasal es incómodo y molesto, qué duda cabe; pero es también una forma de librarse de las toxinas que tiene el organismo. Si tomamos medicamentos para detener el moqueo, no dejamos que el cuerpo se purgue. Le estamos impidiendo expulsar las toxinas.

De vez en cuando, el cuerpo pasa por lo que se denomina una crisis terapéutica. Estas crisis suelen ocurrir justo cuando el individuo se está esforzando conscientemente en reorganizar su salud. Por ejemplo, es muy posible que si iniciamos un programa de ejercicio físico, un régimen de comidas adecuado, etcétera, al cabo de unas semanas contraigamos la gripe o algo similar. Ése es el origen de la crisis terapéutica, un proceso para purgar el cuerpo y fortalecerlo. Tu organismo está respondiendo a tus esfuerzos por estar más sano.


(Continues...)

Excerpted from MANUAL DEL SANADOR VIBRACIONAL by Ted Andrews. Copyright © 2013 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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