Matrimonio real: La verdad acerca del sexo, la amistad y la vida juntos

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El pastor Mark Driscoll y su esposa, Grace, hablan sobre sexo y matrimonio en un tono realista, con temas que no abordan otros libros cristianos.

En Matrimonio real, el pastor Mark Driscoll y su esposa, Grace, comparten temas privados y dolorosos que afectaron su propio matrimonio, el contacto que tuvo él con la pornografía en la primaria y el abuso sexual que sufrió ella en la adolescencia por parte de un novio y cómo lo superaron hasta ...

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El pastor Mark Driscoll y su esposa, Grace, hablan sobre sexo y matrimonio en un tono realista, con temas que no abordan otros libros cristianos.

En Matrimonio real, el pastor Mark Driscoll y su esposa, Grace, comparten temas privados y dolorosos que afectaron su propio matrimonio, el contacto que tuvo él con la pornografía en la primaria y el abuso sexual que sufrió ella en la adolescencia por parte de un novio y cómo lo superaron hasta cicatrizar sus heridas y poder volver a disfrutar entre sí.

Juntos abordan temas difíciles, como:

  • ¿Debo confesarle a mi cónyuge el pecado sexual cometido antes del matrimonio?
  • ¿Está bien tener un “cónyuge laboral”?
  • ¿Qué dice la Biblia sobre la masturbación y el sexo oral?

Desde consejos para tener una cita entretenida hasta las preguntas más delicadas sobre “¿podemos hacer eso?" Mark y Grace ofrecen una ayuda práctica y dan esperanza a personas que viven circunstancias similares a las de ellos, que llegaron al matrimonio hechos un desastre, o que están planeando casarse algún día y no quieren caer en la trampa.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602557116
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 1/3/2012
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 256
  • Sales rank: 1,436,404
  • Product dimensions: 6.00 (w) x 9.00 (h) x 0.80 (d)

Meet the Author

Mark Driscoll es pastor de Mars Hill Church en Seattle, Washington, una de las iglesias de mayor crecimiento en el país. Es autor o coautor de doce libros, entre ellos Doctrine: What Christians Should Believe.

Grace Driscoll es graduada de la Escuela de Comunicación Edward R. Murrow, Universidad del Estado de Washington, donde obtuvo un Bachillerato en Relaciones Públicas.

Mark Driscoll es pastor de Mars Hill Church en Seattle, Washington, una de las iglesias de mayor crecimiento en el país. Es autor o coautor de doce libros, entre ellos Doctrine: What Christians Should Believe.

Grace Driscoll es graduada de la Escuela de Comunicación Edward R. Murrow, Universidad del Estado de Washington, donde obtuvo un Bachillerato en Relaciones Públicas.

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MATRIMONIO REAL

LA VERDAD ACERCA DEL SEXO, LA AMISTAD Y LA VIDA JUNTOS
By MARK DRISCOLL GRACE DRISCOLL

Thomas Nelson

Copyright © 2012 Grupo Nelson
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-712-3


Chapter One

NUEVO MATRIMONIO, MISMO CÓNYUGE

He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. —Apocalipsis 21.5

¿Cómo es su vida amorosa?

¿Es usted un soltero o una soltera que espera conocer a alguien y vivir felizmente a partir de entonces? ¿Está saliendo con alguien y piensa casarse? Quizás ustedes estén recién casados y disfrutan aún de la felicidad conyugal, o tal vez sean una pareja tan agobiada por las constantes exigencias del trabajo y la crianza de los hijos que su matrimonio esté declinando. Podrían estar tambaleándose por un pecado devastador en su matrimonio. O los dos podrían aun estar enamorados y yéndoles muy bien, pero no quieren terminar como otras parejas que conocen, que no se llevan bien y hasta es posible que se divorcien. Tal vez como padres de hijos emancipados han comprendido que en gran medida estos ya no unen a su familia, y ustedes no tienen una íntima amistad ahora que los chicos están fuera de casa. ¿Es usted un padre o un abuelo preocupado por el matrimonio de su hijo o su nieto? ¿Es usted alguien divorciado tratando de entender qué salió mal y cómo no volver a soportar ese dolor? ¿Es usted un líder que intenta ayudar a personas que batallan con problemas de relación?

Sea que usted o alguien que conozca esté atravesando un problema matrimonial, o que intente evitarlo, tanto mi esposa Grace como yo esperamos ser de ayuda. Queremos servirle por medio de este libro. Por tanto, seremos sinceros respecto a nuestros propios defectos, pecados, errores y sufrimientos. Hasta un pastor y su esposa llegan al matrimonio con problemas y confusiones. Pero Dios ha sido fiel con nosotros y confiamos que también lo sea con usted. Creímos que sería conveniente relatar nuestra historia con la esperanza de que usted nos conozca un poco, y así aportar cierto contexto para lo que escribimos en este libro, esperando ganarnos su confianza.

* * *

¿Puede imaginarse de pie en un escenario frente a miles de personas, contestando las preguntas más íntimas acerca del sexo y las relaciones? Eso es lo que yo (Grace) enfrenté hace un par de años cuando mi esposo estaba predicando acerca de Cantar de los cantares en nuestra iglesia. Al final de su enseñanza me uní a John en el escenario, donde nos sentaríamos mientras los miembros de la congregación nos mandarían mensajes de texto que aparecerían en una enorme pantalla a nuestro lado. Mi esposo y yo nos turnamos para contestar de todo, desde "¿cuánto tiempo debo esperar para que mi novio se comprometa conmigo?" hasta "¿por qué debería dejar de acostarme con mi novia cuando hemos estado juntos por cinco años?"

Durante años yo había orado respecto a si debía enfrentarme a esto junto a Mark en el escenario. ¿Qué pasaría si alguien me preguntara algo demasiado incómodo de responder? ¿Y si yo contestara algo que pareciera ridículo? ¿Iría la gente a creer que Mark y yo pretendíamos saber todas las respuestas? Al final tomé la decisión de dar un paso de fe. No, no sabemos todas las respuestas, pero hemos estudiado por años lo que Dios dice sobre temas como sexo y matrimonio. Y sin duda gran parte de lo aprendido ha sido de la manera difícil. Igual que muchas personas, entramos al matrimonio con un montón de hábitos, secretos y prejuicios que pudieron haber acabado con nuestra relación.

En mi caso, las semillas para la destrucción potencial de mi matrimonio fueron plantadas desde niña. Como hija de pastor cedí a la presión de fingir que todo era perfecto, por lo que evitaba parecer pecadora. Por desgracia, es común para hijos e hijas de pastores creer que no pueden ser ellos mismos por temor a arruinar de alguna forma el ministerio de la iglesia. Así es como muchas veces practicábamos el "tratamiento del silencio" cuando mis hermanas y yo nos sentíamos molestas, en vez de tratar de manera franca y amable con los asuntos pecaminosos. Por tanto, aprendí a ocultarles mis pecados a mis padres y a los demás, pues además temía al conflicto y al riesgo necesario para solucionar cosas como esas. Yo tenía la idea errónea de que el cristianismo solo consistía en tener buenos valores y la actitud correcta "por fuera", pero no entendía el verdadero arrepentimiento del cambio interior. A menudo sentía vergüenza cuando pecaba, pero no sabía cómo superar la situación, cómo confesar mi pecado, cómo pedirle perdón a Dios y a la persona a quien había ofendido, cómo recibir ese perdón ni cómo pedirle a Jesús que me ayudara a alejarme de esa falta con el poder del Espíritu Santo.

Mi hermana mayor y yo tuvimos una relación difícil en nuestra crianza, recuerdo muchas veces haberle pedido perdón, pero no que me hubiera sentido mal por haberla ofendido. Más bien mis palabras eran como un libreto que leía para seguir adelante y salir del "aislamiento" de mi habitación. Ahora cuando peco siento realmente el impacto de pecar contra un Dios santo y contra quien se involucre, lo cual es motivado por el Espíritu Santo. De haber comprendido el evangelio de modo más profundo, habría sabido que el arrepentimiento evita la vergüenza de condenarnos, debido a que Jesús murió y menospreció la vergüenza.

Aunque el arrepentimiento es humillante, hay cierta libertad al permitir que Jesús reemplace el pecado con su dádiva de justicia. Por desgracia, me volví experta en mentir y fingir que era una buena persona. No entendía a cabalidad mi naturaleza pecadora ni mi necesidad del Jesús que murió por mis pecados. Al entrar a la secundaria todavía me faltaba confianza, por lo que pasé dos años muy difíciles creyendo que no valía nada. Aunque era cristiana, aún no comprendía que mi identidad debía estar en que Dios me creó a su imagen y en que Jesús me otorgó su justicia. Me iba bien en el colegio y empecé a hacer amistades, pensaba que me estaba yendo mejor que antes, pero no le daba crédito a Dios por darme las habilidades para tratar con las cosas. Fue entonces cuando conocí a un joven apuesto llamado Mark.

* * *

Yo (Mark) me crié cerca del aeropuerto de Seattle en un vecindario violento antes de que fuera organizado como ciudad. Sin policía, el lugar se parecía al salvaje oeste. En la misma calle de mi casa había muchos clubes de nudismo [striptease], salones de masajes de mala muerte y moteles con tarifas por hora. Las prostitutas recorrían las calles a sus anchas, y eran tan descaradas que me tocaban la ventanilla del auto tratando de "hacer negocio" mientras yo esperaba que el semáforo encendiera la luz verde. Algunas de esas jóvenes mujeres asistieron a mi colegio; y luego asesinos en serie mataron a algunas de ellas. Ted Bundy y el homicida de Green River cobraron muchas de sus víctimas en mi barrio, lanzando incluso al menos dos cadáveres en mi cancha de ligas menores.

Los hombres en la familia de mi padre incluyen alcohólicos sin educación, enfermos mentales y agresores de mujeres. Entre ellos está un tío que murió de gangrena y sus hijos, más o menos de mi edad, que habían estado presos por golpear a sus mujeres y que aparecieron en el programa de televisión Cops [Policías]. Una de las principales razones para que mis padres se mudaran de Dakota del Norte a Seattle fue alejarse de algunos miembros de la familia cuando yo aún era muy joven.

Al crecer, mi objetivo era salir de mi vecindario y disfrutar de una vida nueva y mejor. Recuerdo que de muchacho construía fortines y los trataba como mi propio hogar. No deseaba quedar atrapado por pandillas, drogas, alcohol, crimen o mujeres manipuladoras. Quería tener una educación, ganar dinero, vivir en un barrio mejor, casarme con una chica buena y hermosa, y ser padre. Esa fue mi visión desde temprana edad.

Yo no bebía, y hasta el día de hoy nunca he consumido drogas ni he fumado ningún cigarrillo. Me fue bien en los deportes y en el colegio. A mis quince años mentí acerca de mi edad, falsifiqué mi certificado de nacimiento, compré un auto y me puse a trabajar en una tienda 7-Eleven (cerca de los clubes de striptease), donde vendía licores, condones, pornografía y alcohol antiséptico a drogadictos que vivían en los apartamentos vecinos de bajos ingresos. Aproximadamente en ese tiempo empecé a tener relaciones sexuales con una novia.

Yo era el "tipo bueno" en mi escuela secundaria. Allí me gradué con las "mayores probabilidades de éxito como presidente del alumnado, hombre del año, editor del periódico escolar y ganador durante cuatro años del reconocimiento en béisbol. Participé en un movimiento para renovar nuestro colegio y fui parte activa en una campaña política estatal. Yo era un muchacho moral y religioso de un hogar católico que, casi siempre, estaba alejado de los problemas a pesar de la poca paciencia, las vulgaridades y el mal temperamento que resultaba de repartir algunos golpes a varios sujetos ... casi siempre por lo que estos les hacían a mujeres y niños. En resumen, yo era una buena persona y un tipo rudo, o así lo creía.

A los diecisiete años me enamoré de una linda chica llamada Grace, que estaba en un grado superior al mío. Un amigo en común nos presentó y al poco tiempo salimos por primera vez. Grace era hija de un pastor, y aun siendo cristiana había caído en la bebida y las fiestas. Bajo la imagen de "chica divertida", había una joven dolida. Era una situación incómoda para una muchacha. Grace era la menor de tres hijas, además de muy tímida e ingenua, no comprendía el mundo que la rodeaba.

La inocencia en un niño es normal y saludable, pero la ingenuidad es creer en cosas o confiar en personas sin siquiera cuestionarlas, lo cual lleva a falta de discernimiento. Inocencia es cuando un niño confía en sus padres, como debería poder hacerlo, y cuando es libre para crecer y madurar en sabiduría con la guía de ellos. Por otra parte, la ingenuidad puede ser perjudicial para la persona, si como forma normal de pensar no es consciente de los peligros que la rodean. Por ejemplo, en la universidad, Grace solía caminar sola de noche por sus oscuras y peligrosas instalaciones; sin saberlo, se exponía al peligro con los chicos.

Ni Grace ni yo éramos vírgenes cuando nos conocimos; por eso, al poco tiempo salíamos y dormíamos juntos, lo que continuó aun después de que se fue a la universidad y yo terminaba la secundaria.

Al graduarme de la secundaria me ofrecieron un viaje de último año gratis a México. El representante de la compañía me dijo que recibiría "tratamiento de persona muy importante" (VIP), lo que incluía mucho alcohol y muchachas con quienes dormir. Unas semanas antes del viaje rechacé la oferta, porque amaba a Grace y no quería arruinar mi relación con ella.

Me fui a la universidad y, como cualquier estudiante suspicaz de primer año en una facultad a centenares de kilómetros de Grace, me incorporé a una fraternidad. Nuestra fiesta inicial de camaradería fue el primer fin de semana y, aunque no planeaba beber, planifiqué asistir con la tentación de ver qué podría pasar allí con las chicas. Nuestra fraternidad inundó el sótano con música, cerveza y luces tenues. Al caliente sótano pronto entró un desfile de mujeres jóvenes que distribuyeron lápices fluorescentes a los muchachos invitándolos a hacer dibujos en las camisetas blancas que ellas usaban para que brillaran en la oscuridad. Cuando entré al sótano tuve una fuerte y extraña sensación de que no debía ingresar allí, y no supe la razón. Yo no era cristiano, pero me pareció que si atravesaba esa puerta cambiaría el curso de mi vida; sentí que se suponía que diera media vuelta y me alejara. Así lo hice, y solo después comprendí que fue Dios quien me salvó de mí mismo.

La mañana siguiente desperté antes que los demás, ya que no había ingerido alcohol. (Tal vez fui el único en la fraternidad que no bebió.) En la planta baja me topé con una chica de la hermandad aún borracha, confundida y llorando. Estaba casi desnuda, envuelta en una sábana, ignorando qué le había sucedido, a quién despertaba o dónde estaba su ropa. Le pasé un traje para hacer ejercicios mío y la llevé a su casa. La chica se la pasó gimiendo todo el camino y esa mañana decidí salir de la fraternidad, sin haber tocado a ninguna jovencita. Además, extrañaba a Grace.

Los miembros de mi clase resultaron siendo arrestados. Pasaron noches y fines de semana encarcelados o cumpliendo servicio comunitario. Me libré a tiempo por la gracia de Dios.

Poco después el Señor me salvó mientras, en mi dormitorio, leía la Biblia que Grace me había regalado. En la secundaria, una vez que ella sospechó que yo no era cristiano, no terminó la relación conmigo (como debió haberlo hecho). Más bien, me compró una linda Biblia de cuero con mi nombre impreso. En realidad, yo no la había leído hasta ese momento, pero la mantenía cerca como cierta clase de amuleto para la buena suerte. Ese día finalmente la agarré. Yo no iba a la iglesia, no había oído una presentación del evangelio, ni había leído la Biblia, ni nadie me guió a Cristo. Entonces leí en Romanos 1.6: "Entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo". Dios destacó esa declaración en mi alma, y de ahí en adelante me pareció evidente que ya no era dueño de mi vida. Le pertenecía a Jesucristo, era como una herramienta en su mano, para cualquier cosa que Él quisiera.

Pronto busqué una iglesia, incierto de lo que andaba buscando y temeroso de que pudiera ir a parar a una secta. Por la gracia de Dios hallé una iglesia con sólida enseñanza bíblica en la que me enseñaron acerca de Jesús así como de matrimonio, sexo y familia. Amé absolutamente a mi primera iglesia; las personas allí fueron muy valiosas, me enseñaron acerca de la vida que Dios deseaba que yo tuviera, y lo hicieron sin fingimientos ni reglas legalistas. A menudo agradezco al Señor que mi primera iglesia fuera así de maravillosa, fue una de las mejores épocas de toda mi vida.

En primavera asistí a mi primer retiro de hombres con esa iglesia. El pastor nos dijo que pasáramos un tiempo con Dios en oración. Salí a caminar y le pregunté al Señor qué quería que hiciera con el resto de mi vida. Ignorando lo que sucedería, simplemente me dediqué a caminar a lo largo de un río en los bosques de Idaho, hablando en voz alta con Dios, cuando me habló. Yo nunca había experimentado algo como en ese momento. El Señor me dijo que dedicara mi vida a cuatro cosas: que me casara con Grace, que predicara la Biblia, que capacitara hombres y que fundara iglesias. Eso es lo que, por la gracia de Dios, he intentado hacer desde ese día de 1990.

Cuando llegué a casa llamé a Grace para informarle lo que Dios me había dicho. Ella estaba sinceramente emocionada por mi conversión y me hizo una cantidad de preguntas respecto de lo que el Señor me estaba enseñando a través de la Biblia. Hablamos durante lo que parecieron horas; mi novia deseaba saber acerca de la iglesia que yo había escogido, así como de los diversos grupos de estudio bíblico en los que me inscribí. Grace volvió a tener una creciente relación con Jesús después de vagar por algunos años bebiendo y parrandeando con amigos. Mientras tanto, Dios me estaba transformando. Tan pronto como pudo, Grace se pasó a mi universidad y comenzamos a asistir juntos a la iglesia.

Fue allí donde empecé a aprender de la Biblia acerca de sexo y matrimonio. El pastor parecía amar de veras a su esposa, tenían un matrimonio fiel y divertido. La iglesia a la que antes asistí era católica, cuyo sacerdote parecía homosexual y alcohólico; aquel sujeto es la última persona en el planeta a quien quisiera parecerme. Llevar una vida de pobreza, la cuestión del celibato, vivir en la iglesia y usar esa clase de vestuario era para un hombre joven algo más aterrador que ir al mismo infierno, así que dejé de asistir a esa iglesia en algún momento durante la secundaria. Pero el pastor de esta otra iglesia era diferente. Había estado en la milicia, obtenido algunos títulos avanzados y era inteligente. Además, era humilde. Le gustaba la cacería. Tenía relaciones sexuales con su esposa. Conocía la Biblia. Y, sobre todo, no era religioso.

En aquella iglesia conocí otros hombres que eran muy piadosos y a la vez masculinos. Había hacendados que amaban a Jesús, cazadores y hasta un sujeto que tenía once hijas y dos hijos con una sola esposa. Tenían una linda familia y a veces nos invitaban a cenar a Grace y a mí. Yo nunca había visto a una familia orar, cantar y, prácticamente, reír y divertirse del modo en que ellos lo hacían. Al observarlos aprendí acerca de la importancia de un papá que ora y juega con sus hijos, que les lee la Biblia y que les enseña a arrepentirse de sus pecados contra otros y a perdonar cuando son otros los que pecan contra ellos. Era asombroso. Al poco tiempo Grace y yo nos ofrecimos, como voluntarios los viernes en la noche, para cuidar de los chicos a fin de que sus padres salieran a divertirse un poco.

Además, en ese tiempo Grace y yo dejamos de dormir juntos, experiencia que me pareció decepcionante. En un estudio bíblico universitario un pastor enseñó acerca del pecado de fornicación en la Biblia. A decir verdad, esa palabreja me resultó totalmente nueva. Parecía como si el hombre estuviera afirmando que era malo tener sexo con una novia a quien uno amaba y con la que planificaba casarme. De inmediato pensé: Por supuesto que él no quiere decir eso. Así que lo llamé por teléfono y le dije que tenía un "amigo" del que temía que estuviera fornicando, por lo que quería volver a comprobar de qué se trataba la fornicación. El hombre me llevó a la Biblia, donde me di cuenta de que yo era un fornicario.

Para ser sincero, fornicar era divertido. Me gustaba hacerlo. Abandonar esa práctica no fue divertido. Pero finalmente Grace y yo dejamos de hacerlo, nos comprometimos, y nos casamos entre nuestro tercer y cuarto año de universidad.

Supuse que una vez casados simplemente seguiríamos la actividad sexual donde la habíamos dejado y que recuperaríamos el tiempo perdido. Después de todo éramos cristianos comprometidos con una relación hecha a la manera de Dios.

(Continues...)



Excerpted from MATRIMONIO REAL by MARK DRISCOLL GRACE DRISCOLL Copyright © 2012 by Grupo Nelson. Excerpted by permission of Thomas Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Prefacio: Lo que no debe hacer al leer este libro....................ix
Introducción....................xi
Capítulo 1 Nuevo matrimonio, mismo cónyuge....................3
Capítulo 2 Amigos con beneficios....................19
Capítulo 3 Los hombres y el matrimonio....................43
Capítulo 4 La esposa respetuosa....................66
Capítulo 5 Cómo sacar la basura....................87
Capítulo 6 Sexo: ¿un dios, una inmundicia o un regalo?....................107
Capítulo 7 Vergüenza y gracia....................123
Capítulo 8 El sendero pornográfico....................139
Capítulo 9 Amantes egoístas y amantes siervos....................157
Capítulo 10 ¿Podemos __________ ?....................179
Capítulo 11 Cambie totalmente el diseño de su vida y su matrimonio....................209
Reconocimientos....................223
Acerca de los autores....................225
Notas....................227
Apéndice I Cuestionario "Cómo llegar a conocer a su cónyuge"....................239
Apéndice II Consejos para citas nocturnas....................245
Apéndice III Divorcio y nuevo matrimonio....................249
Apéndice IV Matrimonio con un incrédulo....................252
Apéndice V Conducta sexual y creencia religiosa....................254
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