Max habla sobre la vida

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Tenemos preguntas. Interrogantes infantiles. Y otras muy fuertes y profundas.

En más de 25 años de escribiendo y desarrollando su ministerio, Max Lucado ha recibido cientos de preguntas así. Llegan en cartas, mensajes por correo electrónico, inclusive en servilletas de Dunkin Donuts. Max habla sobre la vida ofrece respuestas de reflexión a más de 150 de las más difíciles preguntas sobre temas que van desde la esperanza hasta el dolor, desde el ...

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Overview

Tenemos preguntas. Interrogantes infantiles. Y otras muy fuertes y profundas.

En más de 25 años de escribiendo y desarrollando su ministerio, Max Lucado ha recibido cientos de preguntas así. Llegan en cartas, mensajes por correo electrónico, inclusive en servilletas de Dunkin Donuts. Max habla sobre la vida ofrece respuestas de reflexión a más de 150 de las más difíciles preguntas sobre temas que van desde la esperanza hasta el dolor, desde el hogar hasta el más allá.

Max escribe sobre el papel de la oración, el propósito del dolor, y la razón de nuestra última esperanza. Responde a las preguntas cotidianas–dudas sobre la crianza de los hijos, retos financieros, relaciones difíciles–así como a la pregunta más profunda: «¿Me está escuchando Dios?»

Además, se incluye un apartado especial con consejos de Max sobre cómo escribir y publicar.

Con un índice bíblico y otro por temas, y lleno de la motivación y entendimiento clásicos de Lucado, Max habla sobre la vida pronto se convertirá en uno de los recursos favoritos de pastores y ministros líderes, así como de nuevos creyentes y creyentes maduros en la fe.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602555402
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 8/30/2011
  • Language: Spanish
  • Pages: 272
  • Sales rank: 1,408,899
  • Product dimensions: 6.00 (w) x 8.90 (h) x 0.80 (d)

Meet the Author

Max Lucado

Más de 120 millones de lectores han encontrado consuelo en los escritos de Max Lucado. Es ministro en la iglesia Oak Hills en San Antonio, Texas, donde vive con su esposa, Denalyn, y su dulce aunque travieso perro, Andy.

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Max habla sobre la vida

Respuestas e inspiración para las preguntas de hoy
By MAX LUCADO

Grupo Nelson

Copyright © 2011 Max Lucado
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-541-9


Chapter One

Esperanza

Dios, la gracia y «¿Por qué estoy aquí?»

MAX LUCADO

Querida Kelly:

La culpa no es lo que Dios quiere para sus hijos. Cuando se produce el arrepentimiento en el corazón del creyente, el Padre concede el perdón.

Piensa en ello de esta forma: cuando la gracia entra, la culpa sale. Dios nos ha perdonado. No hay razón para aferrarse a la culpa.

1. Elamor humano me ha decepcionado muchas veces, y creo que eso me ha hecho tener una visión in correcta dela mor de Dios.¿ Puedes ayudarme a entender en qué es diferente su amor del amor humano?

El amor humano es práctico. Suple las necesidades de la persona momentáneamente y cuadra en sus planes.

El amor de Dios es eterno. Tú estás siempre en los planes de Dios. Ve y vuelve cuanto quieras, pero él siempre está ahí.

El amor humano es limitado. Puede amar solo en la medida en que quiera dar.

El amor de Dios es ilimitado. Tiene grandes cantidades de amor e incluso utiliza palabras como abundante cuando habla de derramar su amor sobre su pueblo.

El amor humano es emocional. Los sentimientos dominan el escenario del amor humano. Nos sentimos como si estuviéramos enamorados, o no nos sentimos así en absoluto. Las hormonas, el insomnio, la preocupación, las heridas del pasado, la comida mexicana: todo complica estas emociones.

El amor de Dios es comprometido. Aunque Dios tiene sentimientos por nosotros, sus sentimientos no determinan su amor. Su amor se basa en una decisión de amarnos. Tus acciones no aumentan ni disminuyen su compromiso. Su amor es más profundo y más seguro que la fluctuante noria del sentimiento.

El amor humano es egoísta. Debe satisfacer nuestras necesidades y estar ahí para nosotros. Para amar, debemos ser amados.

El amor de Dios es desinteresado. De hecho, si nunca amas a Dios, él aún te amará. Tu amor no tiene relación con la cantidad de amor con la que él te colma.

Algo que el amor humano tiene a su favor es que puedes verlo: en el brillo de los ojos de tu padre, en la sonrisa de un cónyuge, en la alegría en las voces de tus hijos.

El amor de Dios es igual de real, pero no es tan tangible. Lo veremos, a su tiempo y por la eternidad, al mirar el rostro de Dios y de su Hijo, Jesucristo, cuando estemos en su presencia en el cielo.

Nuestra meta como cristianos debería ser expresar el amor de Dios en nuestras relaciones humanas para que la gente no hiciera nunca la afirmación que has hecho tú. Todos deberíamos tener a alguien en nuestras vidas a quien pudiéramos recordar y decir: «Vi el amor de Dios en esa persona».

2. Algunos días dudo de Dios. Dudo de subondad, de su cercanía e incluso de que exista. Cuando dudo de Él, ¿me abandona?

Cuando tenía siete años me escapé de casa. Estaba harto de las normas de mis padres y decidí que podía arreglármelas por mi cuenta, muchas gracias. Con mi ropa en una bolsa de papel, salí por la puerta trasera hecho una furia y eché a andar por el callejón. Como el hijo pródigo, decidí que no necesitaba un padre. Al contrario que el hijo pródigo, no llegué muy lejos. Llegué al final del callejón y recordé que tenía hambre, así que regresé a casa.

Aunque la rebelión fue breve, era rebelión. Si me hubieras detenido en ese camino pródigo y me hubieras preguntado quién era mi padre, simplemente habría dicho: «No necesito un padre. Soy demasiado grande para las normas de mi familia. Solo estamos yo, yo mismo y mi bolsa de papel». No recuerdo haberle dicho eso a nadie, pero recuerdo haberlo pensado. Y también recuerdo entrar avergonzado por la puerta trasera y sentarme a la mesa de la cena frente a ese mismo padre del que había, solo un momento antes, renegado.

¿Sabía papá lo de mi insurrección? Sospecho que sí. ¿Sabía lo de mi rechazo? Los padres normalmente lo saben. ¿Aún era su hijo? Aparentemente sí. (Nadie más estaba sentado en mi lugar a la mesa.) Supongamos que, después de hablar conmigo, hubieras ido a mi padre y preguntado: «Sr. Lucado, su hijo dice que no tiene necesidad de un padre. ¿Todavía lo considera su hijo?» ¿Qué crees que habría contestado mi padre?

No necesito adivinar esa respuesta. Él se llamó mi padre aun cuando yo no me llamé su hijo. Su compromiso conmigo era mayor que mi compromiso con él.

Y también lo es el de Dios.

Nuestro Dios no es un Padre para los buenos ratos. A él no le va eso de «ámalo y déjalo». Puedo contar con que estará a mi lado sin importar cómo actúe. Tú también puedes.

3. ¿Quién es Dios? ¿Cómo puedo saber cómo es él? ¿Cómo puedo confiar en que sea lo bastante poderoso como para cuidar de mí?

¿Quién es Dios? ¿Cuánto tiempo tienes?

Dios es inmutable. El clima cambia. La moda cambia. Incluso el cambio cambia. Dios no ha cambiado y no puede hacerlo y nunca cambiará. Es el mismo siempre: ayer, hoy y mañana (Heb 6.17–18).

Dios es incomparable. Nadie alcanza su poder, creatividad, sabiduría o amor. Muchos creen con arrogancia que lo alcanzan, pero todos se quedan cortos. No hay nadie como él (Is 40.13–14)

Dios es ingobernable. Tú y yo tenemos policías, guardias de seguridad, políticos y miembros de la junta de la asociación de vecinos que nos dicen lo que hacer. Dios no. Él ocupa el puesto de Rey de reyes (1 Ti 6.15–16).

Dios es increíble. Los escritores (como yo) intentamos encapsular a Dios en un tesauro de adjetivos, pero se nos petrifican los dedos sobre el teclado (como a mí ahora). Él es tan ... bueno ... (Job 11.7–8)

Dios está intacto. Un estornudo caprichoso en mi dirección y estoy contaminado, enfermo con un resfriado y apartado una semana. Nada puede manchar ni ensuciar a Dios. Ningún brote de pecado puede contaminarlo. Dios es santo y justo sin importar lo enfermo que se ponga el mundo (1 S 2.2).

Dios no tiene causa. Dios no tiene pegatinas de «Hecho en ...» en el lateral. Ni cumpleaños. Ni infancia. Ni influencias enumeradas en su currículo. Como nadie puso a Dios en el poder, nadie lo puede quitar (Sal 90.1–2).

Dios es ilimitado. Nosotros estamos limitados en capacidad mental, tiempo, sobrecarga relacional, responsabilidades (solo se puede estar en un entrenamiento de béisbol al mismo tiempo) y paciencia. Dios no tiene limitaciones de tiempo, poder, conocimiento y amor (Sal 147.4–5).

Entonces, ¿puede Dios cuidar de ti?

Dejaré que tú respondas a eso.

4. Estoy empezando a dudar de algunas que siempre había dado por sentado. Como si realmente hay un Dios. ¿Cómo podemos saber si de verdad existe?¿ Puedo saber que no es solo producto de mi imaginación?

La creencia en Dios no es una fe ciega. Una creencia significa tener una convicción firme («Creo que esto es verdad»), no esperar que sea verdad («Creo que los Cubs ganarán el Mundial»). Es el tipo de seguridad que tienes cuando estás sobre una enorme roca. Así que, ¿cómo puede la gente llegar a ese lugar en su creencia en Dios?

El espacio. Mira los cielos. Doscientos mil millones de estrellas solo en la Vía Láctea. Miles de millones de galaxias y expandiéndose. ¿Dónde acaba? ¿Cómo empezó todo?

La Tierra. Mira la creación. Tanta variedad. Tanta belleza. Un círculo de vida. ¿Cómo surgió todo? ¿Por qué funciona con una sincronización perfecta?

La ética. Mira nuestra moral. Un sentido común de lo bueno y lo malo compartido en diferentes países y diferentes momentos de la historia. El asesinato siempre está mal. El valor siempre está bien. ¿Quién nos ha programado?

La Biblia. Mira la Palabra de Dios. Examina la sabiduría. Experimenta las historias. Analiza su conservación a través del tiempo. ¿Cómo se mantuvo tan intacta a pesar de las guerras y la oposición?

La tumba vacía. Mira la resurrección. Muchos de los que afirmaron haber visto al Señor resucitado murieron con esa declaración en los labios. ¿Morirían por una mentira? ¿O creían que ellos también iban a resucitar?

Jesús. Míralo a él. Ningún otro hombre en la historia ha provocado tantas preguntas, ha conmovido tantos corazones, ha dado tantas respuestas. ¿Podría ser quien dijo que era?

Dios no es producto de tu imaginación. Es mucho más de lo que ninguno de nosotros podría imaginar, y es real.

5. Mi prometido y yo nos quedamos despiertos anoche hasta tarde discutiendo sobre el significado del pecado y la necesidad de salvación. Realmente tenemos dos puntos de vista diferentes. ¿No es el pecado una violación de la conciencia?

De hecho, es mucho más. Uno de los versículos más claros sobre esta cuestión es Romanos 3.23: «Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios» (BLA).

Fíjate en la expresión no alcanzan. Todos sabemos lo que significa no alcanzar algo. El saltador de pértiga no tiene fuerza para saltar sobre la barra, y no alcanza el objetivo. También pensamos en no alcanzar objetivos en términos económicos. Cuando nos queda mucho mes al final de nuestro dinero en vez de dinero a final de mes, decimos que no nos alcanza el dinero. Según la Biblia, hay otra cosa que no alcanzamos. No solo no alcanzamos las metas deportivas o económicas, sino que, mucho más importante, no alcanzamos las espirituales. No alcanzamos el listón alto. No tenemos suficiente bondad en nuestra cuenta moral. El cielo es un lugar santo y «sin santidad nadie verá al Señor» (Heb 12.14 NBD).

En pocas palabras: no somos lo bastante buenos para ir al cielo.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Bueno, podemos empezar por hacer buenas obras. Quizá si hacemos suficientes buenas obras compensen nuestras malas obras. Entonces surge la pregunta: ¿cuántas buenas obras tenemos que hacer? Si pierdo los estribos en el tráfico, ¿puedo compensarlo saludando a los cuatro coches siguientes? Si soy avaro durante un año, ¿cuántos años debo ser generoso? Si no voy a la iglesia un domingo, ¿a cuántos cultos tengo que asistir para que quede igualado?

Nadie puede responder esas preguntas. Nadie sabe cuántas buenas obras hacen falta para compensar las malas. No se puede encontrar un papel con las instrucciones. No se ha descubierto un código. No se ha encontrado, sencillamente, porque no existe. Dios no actúa de esa forma.

¿Acaso no es Dios más que un agente comercial celestial que canjea paquetes de gracia? ¿Pasa su tiempo al teléfono con los pecadores diciendo: «Vale, perdono tu egoísmo si pones dos dólares en el plato de la ofrenda e invitas a tu suegra a cenar»? ¿Es esa la clase de Dios que tenemos? Desde luego no es la clase de Dios que leemos en la Biblia.

Dios ha sido muy bueno con nosotros. No tenemos forma de equilibrar la balanza. Lo único que podemos hacer es pedir misericordia. Y Dios, por su bondad, la da. Dios volcó nuestros pecados en su Hijo. Su Hijo, Jesucristo, murió por nuestros pecados. Él hizo lo que no podíamos hacer nosotros para que pudiéramos convertirnos en lo que no nos atrevíamos siquiera a soñar: ciudadanos del cielo.

6. ¿Por qué contarle a Dios mis problemas? Él no los puede comprender.

Según la Biblia, sí puede: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Heb 4.15).

El autor de Hebreos es categórico casi hasta llegar a la redundancia. Es como si anticipara nuestras objeciones. Es como si supiera qué íbamos a decir: «Dios, para ti es fácil estar ahí arriba. No sabes lo difícil que es aquí abajo». Así que, audazmente, proclama la capacidad de Jesús para comprender. Mira las palabras otra vez.

Uno que ha sido tentado. No un ángel. No un embajador. No un emisario. Sino Jesús mismo.

En todo. No parcialmente. No casi. No mucho. ¡Completamente! Jesús fue tentado en todo.

De la misma manera que nosotros. Cada herida. Cada dolor. Todo el estrés y toda la tensión. Nada de excepciones. Nada de sucedáneos. ¿Por qué? Para que pudiera simpatizar con nuestras debilidades.

Cada página de los Evangelios recalca este crucial principio: Dios sabe cómo te sientes. Desde el funeral hasta la fábrica, hasta la frustración de un calendario agotador. Jesús lo comprende. Cuando le dices a Dios que has llegado al límite, él sabe a lo que te refieres. Cuando sacudes la cabeza ante plazos imposibles, él la sacude también. Cuando tus planes los interrumpe gente con otros planes, él asiente con empatía.

Él ha estado ahí.

Él sabe cómo te sientes.

7. Mi pregunta es bastante básica. ¿Qué hacemos aquí? Es decir, ¿tiene Dios algún plan? Si es así, ¿cuál? ¿Nos lleva a alguna parte? Sies así, ¿adónde?

Tienes razón. No existe una pregunta más básica.

Una palabra sirve como respuesta: reino. Dios está creando un reino. Está reuniendo un pueblo eterno que reinará con él en el nuevo cielo y la nueva tierra.

Los profetas del Antiguo Testamento previeron un tiempo en el que Dios afirmaría y establecería su reinado de una forma nueva: «¡Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra! [...] Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones lo servirán» (Sal 72.8, 11 rvr1995).

Prometieron la llegada a la tierra de un Rey ungido, un Mesías, alguien con una relación única con Dios para servir de instrumento de su reinado. «Tu rey vendrá a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno» (Zac 9.9 rvr1995).

Todo tiene que ver con el Rey y su reino. «Cuando llegue el tiempo preciso, Dios reunirá todas las cosas —las que están en el cielo y en la tierra— bajo una cabeza, Cristo» (Ef 1.10 NBD).

Parece que esto cuadra así:

* Dios creó el universo para que la humanidad lo habitara.

* La humanidad existe para convertirse en ciudadanía de Jesús, el Rey.

* Jesús, el Rey, vino a la tierra para comprar (pagar por los pecados de) su pueblo e invitarlos al cielo.

* Aquellos que aceptan su regalo se convierten en parte de su familia y reciben el poder de su Espíritu.

* Él volverá para reclamar a su pueblo y su creación, y para reinar sobre ella para siempre.

El Rey y su reino. Eso es por lo que estamos aquí. Allá es a dónde nos dirigimos. Será como una investidura, ¿no crees?

8. ¿Cuál es el propósito de la confesión? ¿Acaso no sa be Dios ya lo que hemos hecho? ¿Por qué necesita que se lodiga?

La palabra griega para confesión es el término compuesto homologeo: homo, que significa «lo mismo», y logeo, que significa «hablar». Confesar es decir lo mismo, estar de acuerdo. En este caso, estar de acuerdo con Dios.

Esta definición no solo nos dice lo que es la confesión; nos dice lo que no es. La confesión no es quejarse. Si simplemente recito mis problemas y te cuento lo dura que es mi vida, no estoy confesando.

La confesión no es culpar. Señalar con el dedo a otros sin señalarme a mí mismo puede sentar bien durante un tiempo, pero no hace nada para eliminar el conflicto dentro de mí.

La confesión es sincerarse ante Dios.

El Rey David lo hizo. Como si la aventura con Betsabé no fuera suficiente. Como si el asesinato de su esposo no fuera suficiente. De alguna forma David se andaba con rodeos. Negó su error durante al menos nueve meses hasta que nació el bebé. Se necesitó un profeta para sacar la verdad a la luz, pero cuando lo hizo, a David no le gustó lo que vio (2 S 11.1–12.13).

Ondeó la bandera blanca. No más lucha con Dios. No más discusión con el cielo. Confesó. Se sinceró ante Dios. ¿Cuál fue el resultado de tal honestidad?

Pero un día reconocí ante ti todos mis pecados y no traté de ocultarlos más. Dije para mí: «Se los voy a confesar al Señor», ¡Y tú me perdonaste! Toda mi culpa se esfumó. (Sal 32.5 NBD)

¿Quieres librarte de la culpa? Sincérate ante Dios.

(Continues...)



Excerpted from Max habla sobre la vida by MAX LUCADO Copyright © 2011 by Max Lucado. Excerpted by permission of Grupo Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Reconocimientos....................ix
Antes de empezar ....................xi
Esperanza Dios, la gracia y «¿Por qué estoy aquí?»....................1
Dolor Conflictos, calamidades y «¿Por qué a mí?»....................38
Ayuda La oración, la Escritura y «¿Por qué la iglesia?»....................76
Él y ella Sexo, romance y «¿Es posible una segunda oportunidad?»....................120
Hogar Pañales, desacuerdos y «¿Hay esperanza para los pródigos?»....................151
Ricos y pobres Trabajo, dinero y «¿Dónde está el salvavidas?»....................177
Más allá Cementerios, el cielo, el infierno y «¿Quién va dónde?»....................197
Anexo: Cosas de la escritura....................233
Notas....................239
Índice temático....................241
Índice bíblico....................249
Acerca del autor....................259
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