Medicina energetica

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Con frecuencia, los remedios se encuentran en nosotros mismos. —William Shakespeare

Los médicos chinos son capaces de detectar desequilibrios en los meridianos al percibir las pulsaciones, pero se trata de algo sensible y se puede tardar diez o veinte años en desarrollar esta capacidad. —John Thie, Touch for Health

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Con frecuencia, los remedios se encuentran en nosotros mismos. —William Shakespeare

Los médicos chinos son capaces de detectar desequilibrios en los meridianos al percibir las pulsaciones, pero se trata de algo sensible y se puede tardar diez o veinte años en desarrollar esta capacidad. —John Thie, Touch for Health

Las explicaciones de este libro se basan en el trabajo de la autora con miles de pacientes y estudiantes a lo largo de las últimas décadas. Se trata de una guía práctica que explica numerosos ejercicios a seguir, paso a paso, con el fin de conseguir un cuerpo más sano, una mente más lúcida, y un espíritu más feliz. Descubre, entre otras cosas, cómo fortalecer el sistema inmunológico; cómo mejorar tu salud general a través de practicar una rutina diaria de energía; y cómo proteger y curar el cuerpo cuando se va a someter a una intervención quirúrgica.

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Product Details

  • ISBN-13: 9788497777469
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 12/1/2011
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 440
  • Sales rank: 1,433,198
  • Product dimensions: 6.10 (w) x 9.10 (h) x 1.30 (d)

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Medicina energética

Manual para conseguir el equilibrio energético del cuerpo para una excelente salud, alegría y vitalidad


By Donna Eden, David Feinstein

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2011 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-746-9



INTRODUCTION

El retorno de la medicina energética

Con frecuencia, los remedios se encuentran en nosotros mismos.

—William Shakespeare Bien está lo que bien acaba


Cada uno de nosotros es un conjunto de energías. Las enormes implicaciones que conlleva este simple hecho constituyen la base de la medicina energética. Te invito a entrar en un ámbito que existe más allá del mundo de las apariencias. Descubre cómo las energías invisibles modelan tus sentimientos, tus pensamientos y tu forma de vivir. Pon estas energías al servicio de tu salud y bienestar. Estudia tu propio movimiento eterno con las fuerzas invisibles, tanto internas como externas. Y, mientras tanto, vive el milagro de presenciar cómo las energías dinámicas que penetran en el cuerpo, la mente y el alma revelan de manera exquisita el genio de la «mano creadora» de la naturaleza.

Eres el primer profesional de la medicina energética cuyo cuerpo precisa atención. Si aplicas los principios de esta medicina, podrás optimizar la capacidad natural del organismo para autosanarse y tener salud durante mucho tiempo. Podrás potenciar la resistencia de un cuerpo debilitado, aportar nueva vitalidad a una mente agotada y nuevo ímpetu a un espíritu cansado. Serás capaz de aprender a distribuir tu energía para afrontar el estrés de manera más eficaz, reducir la ansiedad y liberarte de muchas dolencias. Y, además, podrás aplicar lo que has aprendido para ayudar a tu familia y a otros seres queridos.

Para disponer de esta habilidad, tendrás que aprender un lenguaje que tu cuerpo ya habla y entiende: el lenguaje energético. De hecho, en un momento en que el estilo de vida de la mayoría de la gente se ha alejado en tan gran medida del orden natural, si queremos vivir plenamente, nos vemos obligados a hacerlo en comunión consciente con los sistemas energéticos del cuerpo. El cuerpo es una máquina ingeniada de manera perfecta, que se mueve y controla gracias a la energía. Nuestros sistemas energéticos se desarrollaron de acuerdo con nuestra anatomía y nuestro entorno a lo largo de millones de años, pero este último ha cambiado radicalmente desde que apareció la industrialización. Evolucionamos de acuerdo con un mundo que hace siglos que dejó de existir. Sin embargo, se trata de un período de tiempo demasiado breve para que la selección natural pudiera establecer una adaptación, de manera que todavía nos estamos adaptando al mundo industrial y postindustrial con un software pensado para vivir en un hábitat natural.

Sin embargo, nuestro sistema energético sigue avanzando, y, en este sentido, es la inteligencia la que anima a millones de procesos en el cuerpo a cada instante. Cada célula emite y responde a señales electroquímicas en un baile increíblemente complejo y coordinado que permite que respiremos, que el corazón lata, que tenga lugar la digestión, que parpadeen los ojos y que protege los tejidos corporales de la invasión de microorganismos. Y la inteligencia corporal del sistema energético realiza estos trabajos sin la ayuda de la mente.

Pero, sin embargo, resultan evidentes los costes que supone la adaptación a un medio para el que nuestros cuerpos no están diseñados. Nuestro sistema inmunológico nos protege atacando a todo lo que no reconoce como suyo, después de haber evolucionado durante millones de años con un número limitado de alimentos y partículas en el aire. Al enfrentarse ahora a miles de productos químicos artificiales en los alimentos, a una elevada concentración de contaminantes en el aire, y a la radiación electromagnética inducida por la tecnología, este sistema está en constante estado de alerta, como una señal de emergencia que agota nuestra energía y reduce nuestra vitalidad.

Mientras tanto, el estrés constante de la vida cotidiana desencadena otro tipo de respuesta de emergencia. Nos encontramos constantemente al borde de la respuesta de lucha o huida. Aunque este estado represente uno de los logros más brillantes de la naturaleza, se abusa de él utilizándolo en todo tipo de situaciones de estrés, desde una discusión con la pareja o un hijo hasta un problema con el ordenador. Al intentar adaptarse a un medio para el que no ha evolucionado y que es biológicamente desconocido, la inteligencia energética del cuerpo está operando en un ámbito que no le corresponde. Se ve obligada a realizar ajustes y éstos a menudo salen caros. El hecho de tener que facilitar constantemente energía extra para la respuesta inmunológica o la de lucha o huida, tiende a afectar a nuestro estado general de salud. La energía sigue unos patrones establecidos, que también se pueden denominar hábitos. Abandonado a sus propios recursos en el mundo moderno, nuestro sistema energético se ve forzado a recurrir a patrones incompatibles con el medio. Si queremos avanzar, tenemos que participar en la evolución de los patrones energéticos del cuerpo.

Es allí donde la inteligencia del intelecto puede asistir a la inteligencia increíble, aunque anticuada, del cuerpo y sus sistemas energéticos. Como nuestra vida está tan alejada de la naturaleza, resulta cada vez más necesario tener una relación consciente con los sistemas energéticos del cuerpo si queremos vivir una vida sana y plena. Afortunadamente, actualizar el software energético del cuerpo para adaptarlo al mundo actual es mucho más fácil de lo que nos imaginamos. Este libro ofrece técnicas sencillas que el lector puede utilizar con el fin de modificar patrones energéticos ineficaces o dañinos que se han tornado incompatibles con el entorno tan antinatural y dominado por el estrés en que vivimos. A lo largo del proceso, movilizarás fuerzas interiores que mejorarán la salud, fortalecerán la mente y, literalmente, iluminarán el espíritu.


La medicina energética es atemporal

La medicina energética es segura, natural y accesible y, gracias a ella, está empezando a cambiar el sistema médico. Según el doctor Richard Gerber, «El acercamiento definitivo a la práctica de curación consistirá en eliminar anomalías en el nivel de energía sutil, que es donde realmente se originan las enfermedades». El doctor Norm Shealy, fundador y presidente de la American Holistic Medical Association, afirmó con firmeza que «la medicina energética es el futuro de toda la medicina». Esta visión es, de hecho, tanto nueva como antigua. Según Albert Szent-György, premio Nobel de medicina: «En cada cultura y cada tradición médica anteriores a nosotros, curar consistía en mover energía».

El término medicina energética hoy en día tiene múltiples usos, desde las antiguas prácticas sanadoras de los chamanes hasta el uso de técnicas electromagnéticas y de imagen en los hospitales modernos. Abarca tanto principios legítimos como misterios; procedimientos rutinarios y arte; materia y espíritu. Medicina energética es el mejor término que conozco para describir, en el ámbito médico, el número creciente de enfoques que consideran que el cuerpo es un sistema energético.

Medicina energética es el arte y la ciencia de fomentar la salud y la vitalidad a nivel físico, psicológico y espiritual. Combina un conocimiento racional con una comprensión intuitiva de las energías en el cuerpo y el medio. Si conocemos el modo de engranar esas energías, nos convertiremos en un instrumento más consciente y sensible de la medicina energética que todas las tecnologías juntas. Y si entendemos el cuerpo como un sistema vital de energía, advertiremos que la tecnología para realizar importantes intervenciones energéticas ya está presente en las manos y en el ser de cada uno. El término medicina energética lleva implícito un doble sentido:

1. En la medicina energética, la energía es la medicina. La medicina es un medio que se usa para curar o prevenir enfermedades. Las energías del cuerpo saben cómo movilizarse para responder a toda clase de enfermedades y amenazas, aportando el elixir más puro y natural que existe para tratar cualquier tipo de dolencia. La energía da vida al cuerpo.

2. En la medicina energética, las energías se encuentran en el propio paciente. El sistema energético, que intenta adaptarse a un mundo dominado por el estrés, los contaminantes y un exceso de información sin precedentes, acaba agotado y confundido, de manera que a menudo simplemente puede realizar arreglos imperfectos, al mismo tiempo que requiere una profunda renovación para poder prosperar. La medicina energética puede aportarle esa renovación.


La energía cura y los sistemas energéticos son curados.

El retorno de la medicina energética es uno de los logros más importantes que han tenido lugar en la actualidad, ya que reivindica la responsabilidad de cada persona con respecto a su propia salud, resucita el legado de nuestros ancestros, que estaban en armonía con las fuerzas de la naturaleza, y recupera prácticas que resultan naturales, suaves y familiares para el cuerpo, la mente y el espíritu. A pesar de las deslumbrantes tecnologías que ya existen, como la captación electromagnética de imágenes o los avances inimaginables del futuro, la esencia de la medicina energética siempre consistirá en el conjunto de sistemas energéticos que constituye la infraestructura sutil de cada cuerpo.


Trabajar con las energías del cuerpo

Siempre he tenido una estrecha relación con las energías del cuerpo. Las advierto a través de los sentidos, con la misma claridad con la que el lector está viendo esta página, y siento cómo mi cuerpo literalmente vibra en respuesta a las energías ajenas. Al principio de mi carrera como masajista terapéutica veía y sentía patrones energéticos en la gente que me indicaba sus problemas físicos. Uno de mis primeros clientes fue una mujer que padecía cáncer de ovario que acudió a mí con la esperanza de que yo pudiera ayudarla a relajar su cuerpo y prepararlo para la cirugía que estaba prevista para cinco días más tarde. Le habían sugerido «que pusiera sus asuntos en orden», puesto que su sistema inmunológico estaba tan debilitado que quizás no superara la intervención quirúrgica. Se sospechaba que tenía metástasis.

Cuando vi su energía, supe que el cáncer no había producido metástasis alguna.

Aunque la energía alrededor de su cuerpo era débil y estaba deteriorada, el único lugar que parecía indicar cáncer se encontraba en su ovario izquierdo. Además, la textura, la vibración y el aspecto de la energía proveniente de su ovario respondían a mi trabajo. Podía ver y sentir cómo cambiaba. Al finalizar la sesión, el dolor que había sufrido durante semanas había desaparecido.

Le dije que su cuerpo había respondido muy bien a mi tratamiento, de manera que incluso me preguntaba si era necesaria la cirugía. Me preocupaba el hecho de que su sistema inmunológico estuviera demasiado débil, y confiaba en que, al trabajar con su energía, no sólo se fortaleciera éste, sino que también se pudiera reducir el tumor. Mientras expresaba mi opinión con mucha cautela e intentaba no incidir demasiado en asuntos médicos para que no me denunciaran por practicar la medicina sin titulación, ella respondía aterrada ante la idea de anular la operación. Yo propuse que, al menos, la postergara durante dos semanas. Pidió otra sesión conmigo para el día siguiente y dijo que hablaría de la intervención con su marido.

Esa noche, su esposo me telefoneó. Estaba escandalizado y me amenazó, llamándome curandera. Dijo que estaba poniendo en peligro la vida de su esposa al darle falsas esperanzas y que no tendría otra oportunidad de confundirla de esta manera. Me aseguró que no volvería. Cuando quise responder, él colgó. Le llamé un poco más tarde. Contestó ella. Hablando en voz baja, advertí que estaba incómoda conversando conmigo. Le dije: «Está bien, no posponga la operación, pero, por favor, venga a verme mañana. No le cobraré. No tiene nada que perder. Creo en lo que digo. De hecho, me gustaría que su marido viniera también. ¡Encuentre la manera!». No pensaba ir; sin embargo, al día siguiente, ambos aparecieron en mi consulta; la oferta de no cobrarle consiguió disipar un poco su sospecha de que yo era una charlatana que sólo quería ganar dinero.

Le pedí que se tumbara en la camilla. Tenía la esperanza de conseguir que la energía curativa convenciera a ese hombre conservador y escéptico y, al mismo tiempo, tan conmovedor en su insistencia de proteger a su esposa. Observé una energía densa y oscura junto al ovario izquierdo y parecía que mi mano estaba moviendo el agua enlodada de un pantano. Le pedí al marido que colocara la mano unos centímetros por encima de la zona y empecé a describir círculos, usando un movimiento que se emplea para extraer energía del cuerpo. Para su gran sorpresa, no sólo sentía que se movía mientras se oponía a alguna cosa, sino que dos minutos después su mano temblaba de dolor. Y, para su total asombro, el dolor de su esposa había disminuido mientras que el suyo había aumentado.

Al final de la sesión, ella no tenía ningún tipo de dolor, se sentía mejor y tenía mejor aspecto. Les mostré, a través del test de energía (que se explicará más adelante), que habíamos conseguido dirigir energías sanadoras desde el sistema inmunológico hasta la zona del tumor. Al esposo le expliqué una serie de procedimientos para que se los realizara a su mujer cada día. Decidieron posponer la operación temporalmente y solicitar más pruebas médicas antes de fijar de nuevo la fecha. Unos diez días después de que el marido le realizara esos tratamientos y que tuviera tres sesiones más conmigo, le volvieron a hacer las pruebas. El tumor había desaparecido.


Un viaje personal hacia la curación

Según me contó mi madre, nací sonriendo, y la primera sensación de energía que recuerdo es la de la sonrisa. En realidad, cuando sonrío, me siento como una persona diferente, no siento que soy yo. Es como si una energía sonriera a través de mí. Me encanta sentir cómo esa energía va ascendiendo a mi cara, mis mejillas, mis ojos, y cómo penetra en todo mi ser. Sonreír y reírse es nuestro derecho de nacimiento. Si conseguimos que esa energía se extienda por nuestro interior, también lo hará nuestra alegría. Y la salud se reforzará. Aunque este libro trate de muchas clases de energía, la de la alegría, que desemboca en una sonrisa profunda, no es insignificante. Es una fuerza sanadora poderosa y natural, y al purificar y equilibrar los demás sistemas energéticos del cuerpo, abrimos un canal a través del cual puede brillar.

Escribí este libro, en parte, gracias a mi trabajo energético con la gente y, en parte, a partir de la autoridad adquirida por haber superado una serie de problemas de salud. Nací con un soplo cardíaco, padecí tuberculosis a los cinco años de edad, he sufrido alergias alimenticias y polinosis terribles, cuando tenía dieciséis años tuve los primeros síntomas de lo que más tarde resultó ser esclerosis múltiple, padecí un leve infarto entre los veinte y los cuando tenía poco más de treinta años, sufrí un tumor de mama a los treinta y cuatro y, desde los doce años, tengo hipoglucemia y sufro un grave PMS.

Al mismo tiempo, la vida me regaló un espíritu bastante libre, lo que me permitió tomar todas esas dificultades con calma. Pero aprendí a una temprana edad que el conocimiento convencional no siempre me podía ayudar, y me vi obligada a usar mi cuerpo como si se tratara de un laboratorio. La aspirina me causaba dolor de cabeza, los somníferos me quitaban el sueño y las frutas y las verduras me engordaban. Tampoco los médicos tenían mucho éxito con ese cuerpo que se alejaba tanto de lo habitual.

Cuando tenía poco más de treinta años, mi organismo se colapsó. Mi salud era sumamente precaria. Varios médicos me aconsejaron, de forma más o menos velada, poner mis asuntos en orden. Pero yo tenía dos hijas y estaba decidida a criarlas. Me retiré a Fiyi para vivir una vida muy sencilla. Al principio de mi estancia, el destino quiso que me picara un insecto venenoso. Como mi sistema inmunológico ya estaba notablemente debilitado, mi cuerpo no podía defenderse frente a la picadura. Me puse muy enferma, y continuamente salía y entraba en coma. Parecía que me iba a morir.

Pero los chamanes de Vatukarasa, un pueblo cercano, al conocer mi situación, me trataron. Me enterraron hasta el cuello en la arena y me dejaron allí durante muchas horas cada día en un período de cuarenta y ocho horas. Creían que las toxinas saldrían de mi cuerpo y se irían a la arena. Me recuperé. Éste fue uno de los numerosos incidentes que me dirigieron al trabajo de sanadora.

Recuperé la salud durante mi estadía en Fiyi. Vivía con mi familia fuera en la jungla, lejos de cualquier ciudad. Nadábamos en el océano cada día. Comíamos el fruto del árbol del pan y el pescado del mar. Y ningún alimento procesado o envasado. Todo era fresco y ecológico. No había humo de vehículos ni productos químicos en nuestra ropa. Se vivía la vida a un paso lento. Era un mundo en el que simplemente se podía estar. No había competición y muy poco estrés. No había ni radio, ni periódicos, ni televisión. Después de un tiempo, ya ni sabía si Estados Unidos todavía existía.


(Continues...)

Excerpted from Medicina energética by Donna Eden, David Feinstein. Copyright © 2011 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents

Agradecimientos, 13,
Introducción del autor para la edición del décimo aniversario de la pubicación del libro en inglés, 15,
Prefacio, 21,
Introducción, 23,
PRIMERA PARTE: DESPERTAR AL SANADOR INTERIOR DE DOS MILLONES DE AÑOS DE ANTIGÜEDAD,
Capítulo 1: La energía es todo, 41,
Capítulo 2: El test de energía, 59,
Capítulo 3: Mantener la vibración de las energías, 95,
SEGUNDA PARTE: LA ANATOMÍA DEL CUERPO ENERGÉTICO,
Capítulo 4: Los meridianos, 135,
Capítulo 5: Los chakras, 175,
Capítulo 6: El aura, el sistema eléctrico, el nudo celta y la cuadrícula básica, 217,
Capítulo 7: Los cinco ritmos, 245,
Capítulo 8: El triple calentador y los circuitos radiantes, 273,
TERCERA PARTE: ENSAMBLAR TODO,
Capítulo 9: La enfermedad, 311,
Capítulo 10: El dolor, 335,
Capítulo 11: Nadar en corrientes electromagnéticas, 355,
Capítulo 12: Establecer buenas costumbres para una salud y un rendimiento óptimos, 379,
Epílogo: Viajes a otras dimensiones, 401,
Apéndice, 417,
Notas, 421,
Índice analítico, 435,

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