Memorias de dos hijos: La historia tras bastidores de un padre, dos hijos y un asesinato escandaloso

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Memorias de dos hijos: La historia tras bastidores de un padre, dos hijos y un asesinato escandaloso

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En Memorias de dos hijos, uno de los maestros de la Biblia más queridos de Estados Unidos le hace profundizar en Lucas 15 como nunca nadie lo ha hecho, revelando apreciaciones perspicaces de la cultura de la época de Jesús con un desenlace inolvidable.

La parábola del hijo pródigo (Lucas 15.11-32) se ha predicado desde casi todos los púlpitos del mundo y es conocida por muchos que leen y aprecian la Biblia. La historia es muy poderosa porque representa, en términos claros e inspiradores, nuestra lucha con el pecado, la necesidad de arrepentimiento humilde y la inagotable misericordia y amor del Padre. Lamentablemente, muchos cristianos dirían que no tienen nada nuevo que aprender de esta joya de las Escrituras. Ha perdido su brillo. Pero en Memorias de dos hijos, John MacArthur restaura el resplandor de este pasaje, ofreciendo un fascinante trasfondo histórico y revelando un sorprendente final que los lectores nunca han oído antes.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602550971
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 4/1/2008
  • Language: Spanish
  • Pages: 272
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.30 (h) x 0.80 (d)

Meet the Author

John MacArthur, autor de muchos éxitos de librería que han cambiado millones de vidas, es pastor y maestro de Grace Community Church; presidente de The Master's College and Seminary; y presidente de Grace to You, el ministerio que produce el programa de radio de difusión internacional Gracia a Vosotros. Si desea más detalles acerca de John MacArthur y de todos sus materiales de enseñanza bíblica comuníquese a Gracia a Vosotros al 1-866-5-GRACIA o www.gracia.org.

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Memorias de Dos Hijos

La Historia Tras Bastidores de un Padre, Dos Hijos y un Asesinato Escandaloso


By John MacArthur, Ricardo Acosta, Mirtha Acosta

Grupo Nelson

Copyright © 2011 Grupo Nelson
All rights reserved.
ISBN: 978-1-60255-097-1



CHAPTER 1

La historia corta más fabulosa jamás contada

Un hombre tenía dos hijos ... —Lucas 15.11


Charles Dickens (quien pudo inventar una historia sobre si mismo) llamó excelentemente a la parábola del hijo pródigo la historia corta más fabulosa que se ha escrito. Él se une a un enorme coro de genios literarios, que van desde William Shakespeare hasta Garrison Keillor, quienes expresaron admiración por la parábola como material publicado.

No se equivoque: en muchos niveles, la parábola del hijo pródigo es en realidad un modelo de literatura extraordinaria. Es sin discusión uno de los más excelentes ejemplos de narración de historias, con su perspicaz apelación a las emociones e imaginaciones de los oyentes; su forma concisa y rigurosamente elaborada; y su mensaje poderoso y personalmente encantador. Se trata de una joya por su carácter sucinto y su desarrollo de la trama. Puede dejar una impresión duradera en la mayoría de los oyentes sin recurrir al uso de sensiblería o sensacionalismo. La parábola es clara y colorida, y está enfocada y plenamente llena de imágenes de la vida familiar real. El mensaje es tan sencillo que hasta un niño puede seguir la trama, pero es tan suficientemente profunda como para haber sido tema de varios estudios clásicos del tamaño de libros.

Por supuesto, el propósito principal de la parábola no fue meramente literario, y en su forma original ni siquiera fue en absoluto una obra escrita. Fue pronunciada oralmente a una audiencia que incluía (por una parte) una mezcla de publicanos corruptos y algunos de los pecadores más arruinados de la sociedad que estaban ansiosos por oír las buenas nuevas de Jesús ... junto con (por otra parte) un grupo antagonista de fariseos y escribas súper religiosos que estaban enojados con Jesús y que murmuraban: "Este a los pecadores recibe, y con ellos come" (Lucas 15.1-2). La respuesta de Jesús a la queja de ellos estaba encerrada en la enseñanza del hijo pródigo. La parábola tuvo por tanto un propósito polémico: dar una reprimenda reveladora y bien dirigida a la élite religiosa de la época de Jesús.

Por tanto, a pesar de todo lo que se podría decir para enaltecer la forma literaria de esta parábola, la intención de Jesús al contar la historia no fue impresionar a sus oyentes con arte dramático. Al contrario, si entendemos correctamente la narración, sus enseñanzas espirituales dejan una impresión mucho más indeleble en nuestros corazones y mentes que lo que pudiera lograr cualquier análisis literario de la parábola. Es por eso de primordial importancia captar con exactitud el significado de la historia ... en su contexto original y con todos los matices y las implicaciones que habría considerado la audiencia original de Jesús.


Cultura y contexto

Recordemos que la Biblia es desde su inicio un libro del antiguo Medio Oriente. Los relatos bíblicos fueron expuestos en sociedades semíticas de la vieja guardia, muy distantes del mundo occidental moderno. Las complejas costumbres de esas culturas no siempre son obvias para el lector del siglo veintiuno que vive en una sociedad industrializada arraigada en costumbres europeas. Es más, a pesar de la enorme cantidad de comunicación masiva de hoy, el cristiano típico en Occidente tiene poca experiencia de primera mano con la vida en el Medio Oriente, ya sea antiguo o moderno.

Con frecuencia esa ignorancia tiene un efecto perjudicial en el modo en que se entendió y se aplicó la Biblia en las creencias evangélicas populares. Es demasiado fácil sacar historias bíblicas de sus contextos originales, forzarlas dentro de un marco posmoderno de referencia, y perder toda su trascendencia. Además de eso, una de las tristes realidades de nuestra cultura es que tendemos a la prisa, incluso cuando leemos la Biblia. Queremos apresuradamente encontrar aplicaciones prácticas para nosotros, sin hacer el cuidadoso trabajo imprescindible de interpretación correcta de las Escrituras.

Peor aun, en un incesante esfuerzo por hacer que la Biblia parezca lo más contemporánea posible, a veces los maestros bíblicos deliberadamente tuercen, restan importancia, o hacen caso omiso al contexto histórico de las Escrituras. Esa clase de trato superficial ha sido muy común en el manejo popular de la parábola del hijo pródigo. Es inevitable que esto lleve a mala interpretación y mal uso, inutilizando por completo el mensaje central que Jesús quiso transmitir. Y ese no es un asunto insignificante.

Sin duda esta parábola merece un estudio más serio. Se trata del más largo de los relatos de Jesús precisamente porque contiene matices, perspicacias, actitudes culturales, y otras características que iluminan su significado más plenamente. Su cuidadoso estudio rinde abundantes recompensas.

Tenga también en cuenta que el significado de la Biblia es estable. La verdad bíblica no cambia con el tiempo ni representa algo distinto en culturas diferentes. Hoy día el texto aún significa todo lo que significaba cuando se escribió originalmente. Sea lo que sea que Jesús quisiera comunicar a sus oyentes al narrar esta parábola, ese significado aún constituye su único mensaje verdadero. (Vea el apéndice para un análisis más completo de este punto.)

Por tanto, si pensamos extraer de esta parábola lo que Dios desea que aprendamos, y lo que quiso revelar para nuestra edificación, debemos tratar de oírlo en la manera en que lo oyó la audiencia original de Jesús.

Cuando Jesús hablaba, «gran multitud del pueblo le oía de buena gana» (Marcos 12.37), en gran parte porque les hablaba en su idioma. Él evocó imágenes, recuerdos y emociones en la cultura de ellos. Vivió y ministró entre campesinos del Oriente Medio, y los escritos del evangelio reflejan ese contexto. Hasta las personas más educadas en el tiempo de Jesús conocían los convencionalismos de la vida aldeana agraria, porque las costumbres y las tradiciones que regían la sociedad se habían albergado por generaciones en los sentimientos de las personas comunes. (Algunos de los rasgos y las estructuras sociales de esa cultura aún existen hoy día en la vida aldeana del Medio Oriente.) Tales costumbres gobernaban sus formas de vida, determinaban su manera de pensar, y por tanto conformaban su respuesta emocional a una historia como el hijo pródigo.

Por ejemplo, en el relato de Jesús de esta parábola, él no establece explícitamente que el padre fuera un hombre acaudalado, pero (como veremos en nuestro estudio del texto) incluyó suficientes detalles secundarios en la narración para clarificar sin ninguna duda esta realidad. El hecho de que este hombre tuviera siervos y un becerro gordo a su disposición no habría escapado al pensamiento de cualquier oyente en esa cultura. Toda la audiencia de Jesús habría tenido la clara imagen mental de un aristócrata importante, aun sin que se exponga en particular ese punto. Además, el concepto que tendrían de esa persona estaría repleto de expectativas acerca de cómo reaccionaría típicamente ante ciertos aspectos, o cómo se conduciría en ciertas circunstancias. Para entender el tema subyacente de la parábola del hijo pródigo es importante comprender que el padre en la historia echó por tierra todo estereotipo cultural normalmente asociado con alguien tan importante. Pondremos particular atención a esos aspectos del comportamiento del padre a medida que recorramos la parábola. Pero recuerde que todos estos asuntos eran suposiciones obvias y tácitas para la audiencia original de Jesús.

La vida pueblerina estaba tan arraigada y se entendía tan claramente en cada nivel de esa sociedad, que las costumbres reflejadas en narraciones bíblicas generalmente no se debían explicar dentro del relato. No era necesario resaltar las actitudes ampliamente conocidas. Las costumbres sociales antiguas no requerían explicación. Sin embargo, esas ideas tácitas pero culturalmente entendidas daban colorido y significado a las historias de Jesús.

Por eso debemos ponernos (hasta donde sea posible) en el mismo marco mental de las personas en la época de Jesús para captar la importancia del mensaje que les transmitía. Debemos tener un entendimiento imparcial de las actitudes culturales profundamente arraigadas, de los rituales y hábitos adquiridos de su herencia religiosa, de varias tradiciones sociales y nacionales, y de los delicados sentimientos característicos de una sociedad patriarcal, especialmente donde las personas aún le daban gran valor a la estabilidad y fortaleza de la familia extendida.

Esas no son preocupaciones secundarias o circunstanciales. El contexto cultural es lo que da vida a esta parábola y nos permite vivirla. Si hemos de captar el verdadero significado de esta historia clásica en toda su importancia espiritual, debemos volver atrás y tratar de ponernos en ese mismo lugar y tiempo. No podemos llegar a obtener un reconocimiento íntegro de la enseñanza principal de la parábola, a menos que empecemos a comprender las ideas y actitudes que conformaban la cultura.


Circunstancias y contexto

Lucas escribió más parábolas que cualquiera de los otros escritores del Evangelio. Solo él contiene unas cuantas de las parábolas más largas, más importantes, más detalladas y más instructivas de Jesús, entre las cuales están el buen samaritano (10.29–37), el amigo a medianoche (11.5–8), el rico insensato (12.13–21), el rico y Lázaro (16.19–31), y el fariseo y el publicano (18.9–14). Muchas de estas excelentes parábolas están adornadas con temas como oración, arrepentimiento, perdón, justificación y gracia divina. La parábola del hijo pródigo es la obra magna y central de estas excepcionales parábolas lucanas, entretejiendo a la vez varios de esos temas fundamentales.

Antes de examinar más detalladamente la parábola, observemos dónde calza en el ministerio de Cristo y en el flujo del Evangelio de Lucas. Para ese tiempo Jesús había estado ministrando por casi tres años, predicando que el reino de Dios se había acercado, y llamando a hombres y mujeres a entrar al reino por medio del arrepentimiento y la fe en él (Lucas 10.9; 12.31; 18.17).

Jesús se encontraba ahora en su camino a Jerusalén durante los últimos meses de su vida terrenal. Estaba decidido a ofrecerse como el sacrificio perfecto de Dios por el pecado, a morir en la cruz, y luego a resucitar de los muertos, habiendo cumplido la obra que debía llevar a cabo, a fin de ganar la redención para los pecadores. Cuando Lucas relata su versión de los últimos meses de la vida de Jesús lo representa con la resuelta devoción a ese propósito único, y concentrado en llevarlo a cabo. Ese se convierte en un tema continuo en la segunda mitad de Lucas, como lo indica Lucas 9.51: «[Jesús] afirmó su rostro para ir a Jerusalén».

En ese punto el Evangelio de Lucas toma una nueva entonación. Lucas describe reiteradamente la última parte del ministerio de Jesús como un viaje firme hacia Jerusalén (9.53; 13.22), aun cuando está registrando movimientos geográficos que alejaban a Jesús de Judea y lo volvían a situar en Galilea (cf. 17.11). Jerusalén se convirtió en el centro de todo el ministerio de Jesús. Lucas era un historiador y escritor muy cuidadoso para que esa fuera una equivocación, y conocía demasiado bien la geografía de la Tierra Santa como para confundirse respecto de la dirección que debía seguir Jesús para llegar a Jerusalén. Al contrario, lo que estaba describiendo era el avance espiritual, no geográfico, del ministerio de Jesús, a medida que sus enseñanzas y sus interacciones cada vez más polémicas con los fariseos lo acercaban aun más a su verdadero objetivo: la cruz.

El drama, las emociones, y el ritmo en la narración de Lucas surgen inexorablemente desde el final de Lucas 9 hasta la entrada triunfal (19.28 ss). Las más serias expectativas de Jesús establecen el tono, tipificado en Lucas 12.49-50: "Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!" Todo lo que Jesús hace y dice en la segunda mitad del Evangelio de Lucas lleva la narración hacia la cruz.

La parábola del hijo pródigo no es la excepción a esa regla. Los prominentes temas de perdón y gracia divina reflejan la preocupación de Jesús en mente y corazón. Pero más inquietante es que la clara lección de la parábola facilitó un incidente más importante en una larga sucesión de vergüenzas públicas que provocaron la decisión de los escribas y los fariseos de verlo destruido. Según Lucas 11.54, ellos ya estaban "acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle". Esta parábola no les proveyó esa oportunidad, pero sin duda les reforzó sus motivos y endureció su resolución.


Escribas y fariseos

En realidad, en el capítulo 15 de la cronología de Lucas, los escribas y los fariseos ya se habían vuelto implacables en su búsqueda de un motivo, cualquier motivo, para acusar a Cristo, y por eso es que estaban en la escena en primer lugar. Le estaban siguiendo los pasos, escuchando atentamente cada una de sus palabras. Pero no lo oían con oídos de fe, y no lo seguían porque admiraran sus enseñanzas. Al contrario, lo acechaban debido a su desesperación por encontrar una manera de acusarlo ... o mejor aun, una excusa para matarlo.

Los escribas y los fariseos eran los principales artífices del judaísmo popular en esa generación. Ejercían su influencia principalmente en las sinagogas, donde los sábados de todas las semanas enseñaban en asambleas locales de judíos. Los escribas eran copiadores, redactores e intérpretes profesionales de la ley. Eran también los principales custodios de las varias tradiciones que determinaban cómo se aplicaba la ley. La mayoría de escribas también eran fariseos por convicción (aunque algunos de ellos pertenecían a una secta antagonista conocida como los saduceos).

Los fariseos eran legalistas, creían que la manera de obtener el favor de Dios era obteniendo méritos, y pensaban que la mejor manera de obtenerlos a los ojos del Señor era por medio de la fastidiosa observancia de la Ley. El enfoque de los fariseos hacia la religión fomentaba de modo natural la justicia propia (Romanos 10.3-4), mezclada con declarado desprecio hacia todo aquel que a su parecer no estaba a la altura (Lucas 18.9).

Pero los fariseos también eran hipócritas. Ponían sus esperanzas principalmente en apariencias externas de la Ley, que en realidad no tenían importancia, creyendo según parece que mientras más resaltaban los puntos selectos de la ley, más espirituales se veían ante el pueblo. Por eso también estaban obsesionados con las exigencias ceremoniales de la ley.

Los fariseos apreciaban más la demostración religiosa pública que la devoción privada y la verdadera justicia. Hacían un gran espectáculo, por ejemplo, al contar minúsculas semillas para sacar un diezmo (Mateo 23.23). Sin embargo, rechazaban los asuntos más importantes de la Ley, mostrando poco interés en los requerimientos y valores morales como justicia, misericordia y fe (Mateo 23.23). Jesús afirmó que por dentro eran corruptos: "Sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad" (vv. 27-28).


Antagonismo público de Jesús

No sorprende que los escribas y los fariseos hostigaran en público a Jesús, y su hostilidad aumentaba a medida que lo oían predicar. Por supuesto, ya que la doctrina de Jesús contradecía muchas de las ideas que ellos recalcaban en su enseñanza, todo aumento en la influencia de él significaba una disminución correspondiente en la de ellos. Además, los líderes de los escribas y los fariseos (junto con los de la secta de los saduceos) habían negociado una clase de tregua con el sistema romano, permitiendo que su organismo conjunto de gobierno, conocido como el sanedrín, retuviera cierta apariencia de autoridad sobre Israel en asuntos espirituales y religiosos, aunque en realidad Roma mantenía el poder político. Por tanto, ellos temían lo que la influencia de Jesús como Mesías de Israel pudiera significar para su feudo espiritual. En consecuencia, «reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación» (Juan 11.47-48).


(Continues...)

Excerpted from Memorias de Dos Hijos by John MacArthur, Ricardo Acosta, Mirtha Acosta. Copyright © 2011 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Reconocimientos, ix,
Introducción: Un relato inolvidable, xi,
Parte 1 La parábola,
1. La historia corta más fabulosa jamás contada, 3,
2. Anticipo de una amplia perspectiva, 21,
Parte 2 El hijo pródigo,
3. Su desvergonzada exigencia, 45,
4. El comportamiento descarado del hijo pródigo, 61,
5. El momento crucial, 75,
6. El regreso, 93,
Parte 3 El padre,
7. Su perdón, 115,
8. La generosidad del padre, 137,
Parte 4 El hermano mayor,
9. Su resentimiento, 161,
10. El verdadero carácter del hermano mayor, 179,
Parte 5 El epílogo,
11. El impactante desenlace de la vida real, 205,
Apéndice: Verdad asociada: Cómo encontrar significado en las parábolas, 217,
Notas, 233,
Índice temático, 235,
Índice de versículos, 241,
Acerca del autor, 247,

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