Mexico Libre

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by Francisco De Ortega
     
 

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El siglo XIX mexicano estuvo marcado por la guerra de Independencia, la invasión estadounidense, la intervención francesa, la Reforma y el porfiriato. Las tendencias políticas de México durante la primera mitad de dicho siglo tuvieron sus filiaciones literarias;los liberales eran románticos, mientras los conservadores neoclásicos.

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El siglo XIX mexicano estuvo marcado por la guerra de Independencia, la invasión estadounidense, la intervención francesa, la Reforma y el porfiriato. Las tendencias políticas de México durante la primera mitad de dicho siglo tuvieron sus filiaciones literarias;los liberales eran románticos, mientras los conservadores neoclásicos. Francisco Ortega, identificado con el independentismo, fue uno de los primeros autores del romanticismo en México y América.

Product Details

ISBN-13:
9788496290105
Publisher:
Red Ediciones
Publication date:
03/31/2007
Pages:
46
Product dimensions:
0.13(w) x 8.50(h) x 5.50(d)

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México Libre


By Francisco Ortega

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-96290-10-5



CHAPTER 1

ESCENA I


(América, Coro.)

Coro Nuestro clamor atiende; apresura tu vuelo, hija del almo cielo, divina Libertad.

América Suspended vuestro ruego, y convertidlo en gozo y en sosiego. Jamás a vuestros padres ha alumbrado más bello y claro día que el que Anáhuac hasta ora infortunado mira rayar con plácida alegría. La Libertad preciosa, del alto trono que le alzó el ibero en la orilla feliz del Manzanares, ha de venir con ala presurosa a visitar también vuestros hogares. Estas cadenas duras ha de romper su poderoso brazo, dando fin a mis crueles desventuras. Haced, oh mexicanos, que no llegue a alejarse jamás de mi regazo.

Coro Tus leyes nos dicta, oh, patria querida, y aun la dulce vida daremos por ti. Sufrir ya no es dado de esclavos el trato, y nos es más grato mil veces morir.

América Esa constancia noble y generosa que nunca ha desmentido en dos lustros que cuenta el mexicano audaz de cruda guerra: ese sagrado fuego que el patriotismo derramó en su pecho, y que a pesar de la contraria suerte en los rudos combates lo ha animado a arrostrar los peligros y la muerte, alientan mi esperanza y mi consuelo, y harán mi dicha cierta con la ayuda que benigno me ofrece el justo cielo. Tres siglos su decreto irrevocable a la coyunda mi cerviz ligara de la Europa feliz, que protegida de Palas y de Marte, dos númenes excelsos y potentes, vio su poder del orbe respetado y a mis pueblos sencillos e inocentes sucumbir a su yugo detestado; pues aquella nación impone leyes y humilla altivos reyes que a los afanes de la guerra dura sabe hermanar la ciencia y la cultura. El tiempo que girando en su incansable rápida carrera, ya el poder macedonio derribando con su guadaña cruda, ya hollando la altivez de Roma fiera, la faz del orbe muda quiso que esas benéficas deidades, inspirando al sencillo americano a par del culto y bélico europeo, viniesen a fijar nuevas edades en la historia del mundo, tornando de Colón el vasto imperio a aquel antiguo estado de ventura en que lo puso próvida natura y perdió en doloroso cautiverio. De Washington y Franklin los primeros esfuerzos coronar al cielo plugo para vengar del septentrión los fueros y osados sacudir el anglo yugo. El hijo de Atahualpa y Moctezuma, y el hijo de Cortés y de Pizarro sienten después el divinal influjo de libertad ardiendo en fuego vivo; y a par que el mundo al español bizarro atónito miraba como del galo altivo humillaba los ínclitos pendones, yo gozosa llenaba de puras bendiciones a Hidalgo, a Matamoros y a Morelos, que en heroicos afanes y desvelos, de la nación hispana no ya hija servil me proclamaban sino amiga y hermana. ¡Honor, honor eterno a su memoria cual la miel sabrosa! La cruel Discordia, el Fanatismo ciego y otras furias salidas del averno cortaron su carrera majestuosa; pero del patriotismo el santo fuego por ellos derramado do quiera discurría, y de su tumba helada se extendía de Arauco hasta el confín jamás domado. La generosa Cádiz entretanto sobrecogióse de terror y espanto y sus excelsos muros retemblaron, al acercarse en ominoso carro la infanda tiranía, que con cetro de hierro dirigía las numerosas huestes que previno para oprimirme más, doquier llevando muerte y esclavitud, y que la suerte empleó propicia en el feliz destino de terminar mi esclavitud y muerte. A Quiroga guerrero concede el justo cielo la alta gloria de derrocar con brazo poderoso al Despotismo fiero; y a su clamor de libertad divino, respondió libertad el fuerte ibero, libertad el latino, libertad el valiente lusitano, y libertad en fin el mundo entero. Las sombras de las víctimas ilustres que fueron en mis aras inmoladas, libertad, libertad, clamando errantes, alientan a los bravos mexicanos; y encendido su pecho generoso, libertad, libertad, unidos claman; y tanto los devora el patrio celo, que como estrellas cuenta el ancho cielo, y como el mar arenas, a limar así vuelan mis cadenas: y uniéndose a los fieros escuadrones que un tirano poder jamás domara, restos preciosos de la lid terrible que el héroe de Dolores provocara, forman nuevas legiones, que bajo de caudillos inmortales libertad, libertad, gritan ufanas, al escuchar las voces soberanas que Palas con sus labios divinales y el genio de la guerra sanguinoso que a mis hados preside, dictaron en Iguala al ardoroso, al inmortal, al ínclito Iturbide. Enfrenó su valor al Despotismo; acalló su prudencia los partidos hijos del inflamado patriotismo, que ciegos iban a rasgar mi seno; y dio fin a mis llantos y gemidos.

CHAPTER 2

ESCENA II


(Dichos, Palas y Marte.)

Palas y Marte Yo te salvo con mano propicia; yo quebranto tus duras cadenas: yo doy fin a tus míseras penas; por mí gozas feliz libertad.

Marte A mí debes, América dichosa, tanta felicidad: a mí que vine a sacudir el sueño en que yacía la mexicana tierra con el trueno espantoso de la guerra.

Palas Son mucho más antiguos los favores que yo te he dispensado; pues cuando Marte vino, y tremoló sus hórridos pendones ya tus hijos oían llenos de ansia mis útiles lecciones.

Marte Aunque a Palas primero conociste, y alumna suya fuiste mucho antes que guerrera, faltando mi asistencia son vanos los tesoros que guarda ocultos la profunda ciencia.

Palas Cuando mi luz desprecia desdeñoso el soldado se ve de la victoria abandonado; pues solo la consigue el que ansioso me busca y fiel me sigue.

Marte Si a la pluma el cañón no responde, es sin fruto el trabajo del sabio; y por mucho que esfuerce su labio, no hay quien ose a su voz responder.

Palas Si al cañón no responde la pluma, suda el héroe, trabaja y se afana; y por una victoria que gana mil alcanza del sabio la voz.

Marte Solo llega a triunfar la justicia con la ayuda del bravo guerrero, que esgrimiendo en la lid el acero pone freno a un tirano poder.

Palas Nunca pudo escuchar un tirano de Minerva los claros acentos, sin probar angustiosos tormentos, sin llenarse de espanto y horror.

Marte De las ciencias la luz no refleja en los ojos del déspota erguido, si del brillo a la par no es herido con que luce el escudo y arnés.

Palas Es la guerra una plaga que al mundo en sus iras los dioses envían, si el consejo y prudencia no guían y moderan el bélico ardor.

Palas y Marte Yo te salvo con mano propicia: yo quebranto tus duras cadenas: yo doy fin a tus míseras penas; por mí gozas feliz libertad.

América Cese vuestra contienda generosa. Son tantos los favores que hoy recibo con tu luz alumbrada, oh sabia Palas, y de ti protegida, oh fiero Marte, que decidir será muy ardua cosa quién en mi dicha tiene mayor parte. Guerreros son briosos Bustamante, Negrete, Filisola, Guerrero, Bravo, Quintanar, Herrera, y otros grandes caudillos cuya memoria sola es largo recordar; y aunque en lid fiera para vengar mis fueros han entrado con firme pecho y con sereno aliento, y de lauro su sien han coronado, también al dulce acento de la razón han fiado mil veces el honor del vencimiento. Todos siguen las huellas a porfía del adalid proclamador primero de la divina triple garantía: y en este gran guerrero nadie podrá decir lo que más brilla, si el belicoso ardor del crudo Aquiles, si del anciano Néstor la experiencia, o del divino Ulises la prudencia.

Marte Ya que tus labios la virtud pregonan del grande campeón ...

Palas ... Ya que has mentado las glorias de Iturbide ...

Palas y Marte Oye con atención: después decide.

Marte Como arbolillo que el hortelano desde temprano sabe regar: tal Iturbide por mí guiado, fue acostumbrado al rudo afán.

Palas Como la rosa desplega flores, y esparce olores en el abril: su alma sublime tal he adornado, tal la he llenado de dones mil.

Marte Mi escudo y lanza le di en campaña, le di mi saña, mi intrepidez. Ceñí de lauro su invicta frente, del rayo ardiente su diestra armé.

Palas Hícelo astuto, prudente y sabio, puse en su labio la persuasión; y si a su brazo no hay quien resista, también conquista su dulce voz.

Palas y Marte Yo te salvo con mano propicia: yo quebranto tus duras cadenas; yo doy fin a tus míseras penas; por mí gozas feliz libertad.

CHAPTER 3

ESCENA III


(Dichos y Mercurio.)

Mercurio Bastante habéis, ¡oh, númenes excelsos!, vuestra noble contienda sostenido. Yo nuncio de la paz, yo mensajero de las supremas órdenes de Jove, del Olimpo he venido, y en su nombre os conjuro a no agitar ya más la competencia.

Marte ¿Y podré yo del premio estar seguro?

Palas ¿No debo esperar yo la preeminencia?

Mercurio Júpiter deja el fallo suspendido.

Marte A él pronunciarlo toca.

Palas Dime, ¿por qué, oh Mercurio, guarda silencio su divina boca?

Mercurio Otra en su vez os hablará muy pronto. Entre tanto, sabed lo que dispone de los augustos dioses la asamblea. Congregada en aqueste fausto día en que Anáhuac feliz mira el sagrado pendón de libertad enarbolado, quiere colmar el gozo y la ventura del antes oprimido mexicano. Ese soberbio alcázar, esa oscura y funesta mansión, do han habitado la atroz Discordia, el Fanatismo insano, la Ignorancia y el duro Despotismo, en templo bello, alegre y luminoso veráse transformado, do fijará la Libertad divina, la amable Libertad, su trono hermoso. La indecisa sentencia aguardad de sus labios divinales, pues así lo ha ordenado el padre de los dioses inmortales. Y tú, pueblo dichoso, en este día gózate en la más plácida alegría; acabaron tus penas y tus males.

Marte Un juez mejor tocarnos no podía: es la victoria mía.

Palas Mi triunfo será cierto.

Marte Jamás se vio que una nación opresa, sin ser audaz, su libertad consiga.

Palas Si no están de concierto las luces y el valor, se cansa en vano el pueblo que pretende transformarse de esclavo en soberano.

Marte ¡Libertad celestial, oh, qué penosos me son de tu tardanza los momentos!

Palas Todos oír deseamos anhelosos de tu boca los plácidos acentos.

Marte, Palas y Coro Nuestro clamor atiende, apresura tu vuelo, hija del almo cielo, divina libertad.

Fin

CHAPTER 4

ESCENA IV


(Dichos y la Libertad, que al mudarse la escena en un hermoso y magnífico templo, aparece sentada en un bello y elevado trono. En derredor de él hay varios genios alados con ramos de oliva, flores, espigas, balanzas, libros y otros símbolos que representan a la paz, abundancia, justicia, ciencias, artes y demás bienes que trae consigo la Libertad. El Despotismo, la Discordia, la Ignorancia y el Fanatismo (aunque no visibles al coro) se dejan ver formando un grupo en actitud de sorpresa y espanto.)

Marte Ya nos muestra su rostro halagüeño:

Palas Ya presenta su faz pura y bella;

Los dos A ella corro, voy tímido a ella a implorar su divino favor.

América Y yo también lo imploro, ¡oh, Libertad, de mí tan suspirada! ¿Conque es cierto que el cielo permite que te mire ya ensalzada en mi felice y opulento suelo? Reina por siempre en él, vive adorada; y, nunca llegue el día sin ventura en que de nuevo sienta de tu ausencia el pasado rigor y la amargura.

Libertad Sí, reinaré, y conmigo

(Bajando del trono y dirigiéndose a la América.)

reinarás juntamente, reinaré para ti, para ti sola: reinaré, y en tus hijos el bien derramaré liberalmente: y reinaré de modo que con mi protección y beneficios jamás llegue a pesarles haber hecho por mí tan singulares, tan grandes, tan costosos sacrificios.

América Su afán, su ansia por ti se ha redoblado, mientras la fama más ha pregonado la dicha placentera que contigo alcanzó la gente ibera.

Libertad Ningún pueblo mayor la ha disfrutado; y como hasta ora una familia sola formaron el ibero y el indiano, mi obra fuera incompleta si negara el don del padre al hijo, y si dichoso no hiciera al uno a par que al otro hermano. Deshecho el fuerte nudo que hasta aquí los ligara, ¿cómo labrar su bien y su ventura? Ni ¿qué esfuerzo jamás contrastar pudo las leyes de natura, que separó del uno al otro mundo con el gran valladar del mar profundo? ¡Cuántas veces mis genios encargados de llevar mis benéficos decretos llegaron a tus playas fatigados de surcar tan inmensa travesía: y apagada la férvida energía que yo les comunico al ordenarles su pronta ejecución, quedaron vanos para los apartados mexicanos! Ora no será así; ya estoy contigo: juntas las dos en lazo eterno, amigo, de reparar sus cuitas curaremos: sellaremos su suerte venturosa: prontas donde nos llame acudiremos su bien y su salud; y hasta la odiosa memoria de sus males borraremos.

América ¡Qué placer inefable!

Libertad No es inferior al tuyo el que yo siento; ven a mi seno amable

(Dirigiéndose a la América y abrazándola.)

y me será mas grato este momento.

Mercurio Vuestros ardientes votos se han cumplido, hijos de Anáhuac. Ved en dulce lazo la Libertad y América estrechadas: ved cual se dan el suspirado abrazo. De ese alcázar, morada tenebrosa del Despotismo atroz, huyó el misterio que encubría tiránicos decretos, y solo de la ley al dulce imperio en adelante viviréis sujetos. ¿Qué os detiene aquí fuera? Entrad: la bella Diosa que os visita el artificio y la reserva oscura desconoce, y a todos se presenta como la luz del Sol diáfana y pura.

Coro (Acercándose a la Libertad y deteniéndose al ver al Despotismo, y Discordia.)

Descended, monstruos odiosos, del abismo al hondo seno: no turbéis un día lleno de pura gloria y placer.

Libertad Al Orco tenebroso, oh mexicanos, hubieran ya bajado los maléficos genios que os irritan, pues así como a mí jamás fue dado habitar en unión de esos tiranos, tampoco ellos jamás conmigo habitan. Ora los veis aquí, porque conviene que escuchéis de su mismo labio impuro cuál ha sido con vos su yugo duro, y el vil destino que cada uno tiene. Así sabréis mejor en lo futuro de los lazos fatales, que os tenderán astutos, libertaros: conoceréis también de cuántos males os vengo a redimir: cuánta es la dicha de que vengo a colmaros: y viendo cuáles fueron los caminos por donde me ha guiado a México del cielo la clemencia será claro a qué parte me deberé inclinar en la sentencia que hoy esperan de mí Palas y Marte.

Despotismo Satisfecha pareces con tu triunfo: mas para mí tu orgullo es despreciable, no siendo con el mío comparable. Ni pienses que me abates con obligarme a referir mi historia; lejos de eso se aplace mi memoria al recordar los males que he causado. Mas, ¿qué diré de mí que no se sepa? Este cetro de hierro que en ningún tiempo dejo de la mano: mi elevada estatura; mi cuello siempre erguido, descubren bien al Despotismo insano. Mi gloria ocupa la extensión del mundo: pues no hay nación alguna que a mi yugo no se haya sujetado, y en que no me hayan tímidos los hombres muchas aras y templos levantado, y ofrecídome víctimas sin cuento. Mi inmenso poderío se desplegó en América y España, y si otra vez estuvo vacilante, volvió luego a rehacerse con más brío; y aun hasta hoy se vería respetado si débiles no hubieran desmayado en las altas empresas que yo les confiara estos que veis aquí ministros míos, y si Quiroga allá y acá Iturbide no hicieran que por fin se desplomara.

Ignorancia ¿Así pagas, ingrato, los afanes que emprendiera por ti? ¿Así te olvidas de quién he sido yo? ¡Ministro tuyo me llamas simplemente! Llamarme deberías tu cara protectora, tu amiga fiel, tu madre ... en fin, tu todo. ¿Di, pérfido, sin mí lo que serías? ¿Cómo tranquilo hubieras afianzado el cetro y la corona, si yo te hubiera alguna vez faltado? Antes que fueras tú, ya yo existía, y los ojos del hombre con mi venda fatal cubierto había; no pudiendo ver, ciego, que tú nacías de las sombras densas que afanosa doquier yo derramaba. Crecías, y apartarlo procuraba de aquella luz eterna, indeficiente, con que natura siempre le señala el camino seguro que lo guía a ser libre, independiente. Eras adulto ya, y persuadía a los pueblos enteros a que nacido habían para el yugo y el capricho cruel de un hombre solo. En fin, cuando estuviste ya en estado de dominar al mundo les pinté como un negro, horrendo crimen el querer atentar contra un tirano bajo del cual en servidumbre gimen, mi seducción llevando a tanto grado, que esta máxima impía en la tierra ya estúpida corría como dogma del cielo revelado. Todo esto has olvidado; y aun adelante pasa tu arrogancia. ¡Yo desmayar, yo sucumbir, yo débil! Jamás ha desmayado la Ignorancia. Di que tú has desmayado, y que temiendo ver a los agentes de tu poder atroz víctimas tristes de un pueblo fiero, que morir juraba o libre ser, impune lo dejaste, sin ver que más audaz así te hollaba. O di más bien que la orden inmutable del destino implacable fijó en este hemisferio la caída ruidosa de tu imperio. La misma he sido en México, la misma que en el Japón, en China y en Turquía: y en aquesas regiones, ¿he desmayado acaso?, ¿no tengo yo tan ciegos e ignorantes a sus innumerables habitantes como ora doce siglos los tenía? No, pues, a mí atribuyas un fracaso que se debe imputar, sino a los hados, a tu debilidad y cobardía.

Despotismo Como siempre atrevida, siempre insultante y presuntuosa fuiste, no extraño que pretendas de mi honor coronarte y de mi gloria.

Ignorancia Lo poco que mi labio ha referido es un rasgo pequeño de mi historia. Para formar de mí más justa idea, habla tú, oh Fanatismo, tú que con saña ardiente me has ayudado en todo diligente, tú que me has emulado en heroísmo, tú cuyo nombre inmenso por el mar y la tierra se extendía, y aun pretendió igualar la fama mía.


(Continues...)

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