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Minas terrestres en el camino del creyente: Cómo evitar los peligros ocultos

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Dr. Charles Stanley identifica siete tentaciones destructivas y brinda a los cristianos la esperanza y las destrezas que necesitan para vivir una vida abundante y obediente.
Cuando usted está en lo más candente de la batalla espiritual, no lleva mucho tiempo para que se dé cuenta que Satanás hará lo que sea para evitar que usted se convierta en la persona que Dios ha planeado que sea. Sin embargo, él no siempre emplea un asalto frontal por todos los medios. A veces el peligro ...

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Minas terrestres en el camino del creyente: Cómo evitar los peligros ocultos

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Dr. Charles Stanley identifica siete tentaciones destructivas y brinda a los cristianos la esperanza y las destrezas que necesitan para vivir una vida abundante y obediente.
Cuando usted está en lo más candente de la batalla espiritual, no lleva mucho tiempo para que se dé cuenta que Satanás hará lo que sea para evitar que usted se convierta en la persona que Dios ha planeado que sea. Sin embargo, él no siempre emplea un asalto frontal por todos los medios. A veces el peligro viene mediante esquemas sutiles y reservados: minas terrestres escondidas a lo largo de nuestras sendas. Estas minas, una vez detonadas, pueden paralizarnos espiritualmente e impedir que vivamos una vida abundante y obediente. En Minas terrestres en el camino del creyente, el amado pastor Charles Stanley muestra a los lectores cómo identificar, evitar o desactivar las minas del orgullo, los celos y la envidia, la inseguridad, el compromiso, la falta de perdón, el pecado sexual y la pereza.

No es difícil evitar los problemas graves, dice el doctor Stanley, sobre todo si sigue la ruta que el Señor le ha dado para caminar. Dios sabe navegar cada campo de minas.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602551015
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 6/3/2008
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 256
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.30 (h) x 1.00 (d)

Meet the Author

Dr. Charles F. Stanley es pastor de la Primera Iglesia Bautista y es presidente de In Touch® Ministries (conocido en español como Ministerios En Contacto). Para más información, visite www.encontacto.org.

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Minas Terrestres En El Camino Del Creyente


By Charles F. Stanley

Grupo Nelson

Copyright © 2008 Grupo Nelson
All rights reserved.
ISBN: 978-1-60255-101-5



CHAPTER 1

MO ENFRENTAR LA AMENAZA OCULTA


El rey Saúl miró desde el otro extremo de su tienda, a los ojos de David. Era la primera vez que se había detenido de verdad a mirar al joven, y desde su perspectiva eso era exactamente lo que David era: un muchacho, un jovencito, uno de complexión rubicunda, quizás lleno de celo exagerado y que buscaba su primera oportunidad real de demostrar que era un guerrero de primera. Había llegado al lugar apropiado: al campo de batalla, un lugar de lucha estratégica.

David fue sincero en la presencia del rey. Su historial incluía victorias contra un león y un oso en defensa del rebaño de ovejas de su padre. Sin embargo, Saúl sabía que necesitaría algo más si planeaba salir victorioso de esta batalla. El espíritu valiente de David y su deseo incontenible de vengar al pueblo de Dios llamaron la atención de Saúl (1 Samuel 17).

El rey cedió. David luchó contra Goliat. El resto es historia. Sin embargo, la decisión de Saúl de permitirle a David luchar contra el gigante filisteo sería una que él llegaría a lamentar. Esa victoria fue un momento decisivo en la historia de la nación de Israel, porque anunció con sutileza el advenimiento del sucesor de Saúl y el final de su reinado.

David fue recibido en las calles de la ciudad con celebración: «Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles» (1 Samuel 18.7). La Biblia nos dice que, a partir de ese momento, «Saúl no miró con buenos ojos a David» (v. 9). Los celos, el orgullo y la ira llenaron el corazón del rey, y David se convirtió en el blanco de la furia personal de Saúl.


CARA A CARA A NUESTRO ENEMIGO

Los que han peleado la buena batalla de la fe le dirán que, cuando se halla en el fragor de una batalla espiritual, tarda poco tiempo en darse cuenta de que Satanás hará cualquier cosa para impedirle ser la persona que Dios tiene planeado que usted sea. El enemigo es una fuerza astuta a la que usted deberá enfrentarse. Su plan estratégico está concebido para atraerle al pecado y alejarle de la devoción a Dios. ¿Cómo lo hace? Satanás usa muchas de las cosas que creemos que son pecados inofensivos o inevitables: chismes, sentimientos de falta de perdón, orgullo y cinismo, para mencionar unos pocos. También observa cómo reaccionamos ante una situación. Si tiene alguna oportunidad de introducir sus maldades en nuestros pensamientos, la aprovechará. Esta táctica es primordial para su tarea de sembrar minas en nuestro camino. Esto se aplica en especial a las líneas del frente en las batallas espirituales, donde el enemigo oculta minas con la intención de usarlas para nuestra destrucción.

Las minas de su arsenal incluyen pecados tales como el orgullo, los celos y la envidia, la desilusión, el rencor, la transigencia, la tentación sexual, el temor y la indolencia, que Dios también llama holgazanería. Cada uno está diseñado por Satanás para desanimarle y evitar que alcance su mayor potencial. Eso sucedió en la vida de Saúl. Nunca llegó a ser la persona que Dios lo creó para ser porque permitió que el orgullo entrara en su corazón. Si no discernimos y somos sabios, lo mismo ocurrirá con nosotros.

Pero puede que no sea el orgullo lo que produzca caos en nuestro corazón. Puede ser un espíritu de rencor o celo que nos provoca a abandonar la verdad de Dios para obedecer nuestros deseos egoístas. Una vez que ha estallado, cualquiera de esas minas tiene la capacidad de paralizarnos y detenernos a fin de que no vivamos la vida que Dios nos ha dado para vivir. Nos roba la misma fe, esperanza, amor y gozo que Él está buscando crear en nuestra vida.

Saúl tuvo todas las oportunidades de tener éxito como rey. Dios le había ungido y le había investido de poder para gobernar la nación de Israel. En vez de gobernar al pueblo con una visión piadosa, permitió que su corazón fuera gobernado por un espíritu de orgullo. Y eso mismo causó su caída.

El enemigo es astuto. Sabe con exactitud cómo tentarnos a desobedecer a Dios. Puede usar la seducción del orgullo para desarmarle, o puede cambiar de rumbo y montar un ataque con el temor, los celos, el pecado sexual o el desaliento. Solo hay una forma de combatir sus esfuerzos malvados y es mediante Jesucristo. Ninguna otra cosa funcionará.

Para derrotar al pecado tiene que admitir que necesita al Salvador. Satanás tratará de usar el temor, el desaliento, los pensamientos de rencor, orgullo y transigencia para conquistar su corazón y sus emociones. Pero Dios le ha prometido victoria sobre las mismas cosas que el enemigo usaría para derrotarle (Romanos 8.37). Tiene esperanza y paz mental porque está sostenido por el poder de Dios.

Usted debe asimilar dos cosas. Primero, Dios es más grande que cualquier arma que Satanás pueda usar contra usted. A pesar de lo horrendo que pueda parecer el ataque de Satanás, Dios es omnipotente. Segundo, para vencer esos pecados, debe reconocer que Dios los ha prohibido todos y cada uno. Son minas que han sido colocadas en su senda, pero no tienen por qué llevarle a la destrucción.

Usted puede sentirse inclinado a pensar: Bueno, un poquito de orgullo no le hace daño a nadie, pero eso fue una explosión mortífera en la vida del rey Saúl y lo es en la suya también. Mucha gente asume de manera equivocada que el enemigo usa medios obvios para sacarnos de rumbo. Sin embargo, él rara vez toma una ruta predecible.

Si no fuera por la gracia misericordiosa de Dios y su infinito amor, cualquiera de nosotros podría terminar como el rey Saúl. La maravillosa verdad con que contamos para toda la eternidad es que no estamos solos. Dios no nos ha dejado sin una salida de los valles de la vida. Tenemos un Salvador que está listo para venir a nuestra defensa en el momento en que reconozcamos que tenemos necesidad de su poder y su perdón.

Cuando usted y yo caemos víctimas de las maquinaciones del enemigo, la explosión subsiguiente afecta nuestra relación con Dios, los amigos, familiares, compañeros de trabajo y otros. Daña nuestro testimonio personal. Y si continuamos ignorando las advertencias de Dios, nos saldremos de nuestro rumbo, perderemos sus bendiciones y experimentaremos un gran remordimiento.

A través de los años, la gente me ha preguntado cómo pueden aprender a discernir las maquinaciones perversas de Satanás. Hay una forma, pero muchos la rechazan porque sus corazones no están vueltos hacia Dios. Quieren evitar las dificultades y el sufrimiento, pero no están dispuestos a consagrar sus vidas por completo a Jesucristo.

Para ellos es más fácil sufrir una explosión de vez en cuando que obedecer a Dios. Sus vidas carecen de significado y de un verdadero contentamiento. Están más interesados en lo que el mundo considera «correcto», de moda e importante.

Evitar un pecado serio no es difícil, en especial si usted sigue la ruta que Dios le ha trazado para su viaje. Él conoce la salida de todos los campos minados. Puede que usted esté rompiéndose la cabeza y preguntándose cómo rayos podrá tener alguna vez la esperanza de mantenerse en sintonía con la voluntad de Dios, en especial cuando la tentación está lista para sacarle de su rumbo a cada vuelta del camino.

La verdad es que cada uno de nosotros en algún momento se ha preguntado cómo puede decirle que no a algo que parece tan inocente, pero que contiene un potencial letal.

Oswald Chambers escribe:

Si el Espíritu de Dios detecta algo que está mal en usted, Él no le pide que lo corrija [ni que explique lo que ha hecho]; le pide que acepte la luz [de Dios] acerca de su situación, y Él lo corregirá. Un hijo de Dios confiesa al instante y se desenmascara delante del Señor. Un hijo de las tinieblas dirá: «Oh, puedo explicar eso».

Cuando aparezca la luz y llegue la convicción de maldad, sea un hijo de la luz y confiese, y Dios se encargará de lo que está mal; si usted se justifica a sí mismo, demostrará que es un hijo de las tinieblas (Enpos de lo supremo).


La victoria llegará cuando aprendamos a ser sensibles al Espíritu de Dios, al Espíritu Santo, y a vivir conforme a su voluntad y no solo a nuestros deseos. Después de la Caída, cuando Adán oyó que el Señor se paseaba por el huerto, sintió temor. Nunca antes había sentido esa emoción. Entonces escuchó la voz de Dios que le preguntaba: «¿Dónde estás tú?» (Génesis 3.9). Adán solo pudo encontrar una excusa: «Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí» (v. 10). El Señor le preguntó: «¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol que yo te mandé que no comieses?» (v. 11). Por primera vez el temor tocó el corazón de Adán y respondió de la manera que lo ha hecho la mayoría de nosotros cuando violamos los principios de Dios: Adán se escondió del Señor.


EVITE LOS ERRORES TÁCTICOS

Satanás cree que si puede arrinconarle y presionarle con sus sugestiones viles y pecaminosas, existirá la posibilidad de que usted se sienta tan desalentado y temeroso que quiera abandonar la lucha. Todo el tiempo en que está tratando de alcanzar este objetivo, él usa tácticas extremas de lucha para separarle de Dios, de las bendiciones de vivir en la luz de Su amor y del amor de los amigos y la familia.

Usted no tiene que ser víctima de las maquinaciones de Satanás. Puede aprender a descubrir y neutralizar las armas de guerra del enemigo. Cuando su vida esté dirigida en una sola dirección, hacia Dios, Él le guiará con seguridad a través del campo de batalla. También le mostrará cómo desactivar cualquier amenaza potencial.

Por tanto, cuando sienta que su resolución está a punto de flaquear, recuerde las palabras de Pablo a los corintios: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar »(1 Corintios 10.13).

Dios le ha dado todos los recursos que necesita para tener éxito (Josué 1.7). Todo comienza con una fe sencilla y amor por un Dios santo que dio su vida por usted en la cruz del Calvario. Antes de su muerte, Jesús les dijo a sus seguidores: «Si vosotros permaneciéreis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8.31, 32).

¿Cómo usted descubre y desactiva las minas que han sido sembradas en su camino?


Entienda que está en una guerra espiritual. Mucha gente se levanta y sale a la calle sin pensar dos veces en las minas terrestres de Satanás. Aunque Dios nunca quiere que temamos las amenazas del enemigo, es cierto que necesitamos estar al tanto de su deseo perenne de despojarnos de las bendiciones del Señor. Después de todo, Él conoce el potencial de nuestras vidas, porque somos hijos de Dios, y hará todo lo posible por impedirnos disfrutar de nuestro caminar con el Señor. Un paso clave hacia nuestra victoria espiritual se produce cuando nos damos cuenta de que tenemos un enemigo que representa una amenaza real. También necesitamos recordar que servimos a un Dios omnisciente y omnipotente que nos ama con un amor eterno y que está dedicado a protegernos y a proveer para nosotros. Su amor nos sostiene en tiempos de grandes pruebas y tentaciones.

Podemos combatir al enemigo, pero a menos que nos demos cuenta del poder que nos ha sido dado por medio de Jesucristo, sufriremos derrotas. Pablo escribió: «Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas» (2 Corintios 10.4). Usted debe comprender el poder infinito que tiene disponible por medio de Jesucristo. Cuando lo logre, obtendrá un sentido de poderío que le ayudará a detectar las minas del enemigo.

Una vez que se dé cuenta de que es aceptado, amado sin condiciones y perdonado, querrá evitar las mismas cosas que le pueden ocasionar un desastre. Las personas que nunca han aprendido de los caminos de Dios y de su amor personal terminan cometiendo errores horrendos. Se involucran en relaciones que conducen al pecado, a la aflicción, las penas y a una desilusión extrema, pues están buscando aquello mismo que Dios les está ofreciendo con cada aliento que toman.

Muchas veces las personas ceden a la tentación porque están buscando a alguien que pueda satisfacer todas sus necesidades. He dado consejería a jóvenes que me han dicho: «Creo que ella puede hacerme feliz». Esto es una expresión común y un error común. A menudo la gente busca el marido perfecto o la esposa perfecta, creyendo que, si pudieran encontrar a esa persona, todos sus problemas quedarían resueltos, pero eso no llega a suceder. Los problemas son una parte natural de la vida, y la única persona que puede sastisfacer de manera perfecta nuestras necesidades es Jesucristo.

A medida que usted lea el material de este libro, pídale a Él que abra su corazón; primero, al amor que Él tiene para usted; y segundo, a esas minas que el enemigo ha colocado de manera estratégica frente a usted. Cuando usted se dé cuenta de la magnitud de su engaño, necesitará apartarse del pecado y correr a los protectores y amorosos brazos de Cristo, su Señor y Salvador.


Confíe en Dios y Él le ayudará. El apóstol Pedro escribió: «Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo» (1 Pedro 5.8, 9).

Hay un conocimiento que adquirir en cada vuelta con el Señor. Aprendemos a estar atentos al engaño ingenioso del enemigo. Y, por medio de la presencia del Espíritu Santo, aprendemos también cómo mantenernos firmes en nuestra fe y a no sucumbir a las provocaciones del enemigo. Adán y Eva quedaron ciegos ante este plan siniestro porque apartaron sus ojos de Dios. En vez de valorar la tremenda relación que se les había dado, ¡creyeron en realidad que podían obtener más! Lo cierto es que lo perdieron todo ... menos el amor de Dios. Su amor por ellos permaneció inconmovible. Por amor a ellos, creó las vestiduras que usaron al salir del huerto e irse al terreno árido de un mundo quebrantado.

Dios nunca nos abandona. Él no abandonó a Adán ni a Eva, y nunca apartará su amor de usted ni de mí. El profeta Jeremías escribió:

Nunca decayeron sus misericordias.
Nuevas son cada mañana;
grande es tu fidelidad (Lamentaciones 3.22, 23).


Quizás usted siente que ha pisado una mina horrorosa. Ha sido herido gravemente, mutilado hasta el punto en que ahora se pregunta si alguna vez estará bien de nuevo desde el punto de vista emocional, espiritual y físico. En épocas en que se siente como si hubiera fallado por completo, el maravilloso amor de Dios siempre llega brillando a través de la tiniebla de su situación. Cuando le pida que revele las minas del enemigo que están sembradas delante de usted, Él lo hará. También le enseñará cómo desarmar las que están colocadas y listas para estallar, de modo que pueda andar en la luz de Su victoria y esperanza cada día.

En la Epístola a los Efesios, el apóstol Pablo nos dijo: «Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes» (Efesios 6.10-13).

También nos exhortó a orar sin cesar, porque sabía que la victoria que Dios tenía para nosotros solo se podía ganar sobre nuestras rodillas (v. 18). Si está luchando, separe un tiempo para orar. Pero aun más: si quiere tener la paz que sobrepasa todo entendimiento humano, pídale al Señor que le acerque a Él en oración. Usted puede hacer todas las cosas en Cristo, que le da la fuerza que usted necesita para cada problema y situación (Filipenses 4.13).


Recuerde que no está solo. Los discípulos olvidaron esta sencilla verdad e hicieron estallar una mina de temor. Cuando navegaban por el Mar de Galilea y se reunieron nubes de tormenta, ellos se volvieron temerosos. Sus ojos estaban fijos en el entorno físico. En vez de recordar las promesas de Dios, gritaron, porque creían que sus vidas estaban a punto de terminar. De igual manera, nosotros muchas veces pensamos de inmediato: ¡Ay, no! ¿Qué pasará si eso ocurre? ¿Qué haré? Cedemos ante el miedo, pero nada tocará nuestra vida si antes no ha pasado por las poderosas manos de Dios, las manos poderosas del Dios omnipotente, que solo tiene en mente nuestros mejores intereses. Es verdad que el Espíritu Santo no había llegado aun y quizás por eso los discípulos se debatían. Pero Jesús les había dicho que pasaran a la otra ribera del lago. Él tenía un plan, y este incluía el paso seguro de ellos por el Mar de Galilea.

Ellos habían visto a Jesús detenerse y orar muchas veces, pero no siguieron su ejemplo en el momento de apuro. Dios quiere que recordemos que Él está con nosotros y nos dará la sabiduría que necesitamos para cada ocasión si nos detenemos y oramos. Dios tiene una respuesta para cada una de nuestras necesidades. Pero con demasiada frecuencia nos quedamos paralizados ante las circunstancias, porque no clamamos a la persona que vive en nosotros.


(Continues...)

Excerpted from Minas Terrestres En El Camino Del Creyente by Charles F. Stanley. Copyright © 2008 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Introducción, ix,
1. Cómo enfrentar la amenaza oculta, 1,
2. La mina del orgullo, 15,
3. Cómo desenmascarar al corazón orgulloso, 27,
4. Las minas del celo y la envidia, 43,
5. La mina de la inseguridad, 71,
6. La mina de la transigencia, 97,
7. La mina del rencor, 127,
8. La mina de la desilusión, 151,
9. La mina del temor, 171,
10. La mina de la inmoralidad, 201,
11. La mina de la indolencia, 225,
12. Desactive las minas que hay en su camino, 245,
Acerca del autor, 257,

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