Nuestra señora de la noche (Our Lady of the Night)

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Nuestra señora de la noche es la historia de una de las mujeres más sensuales, complejas y trágicas de Puerto Rico quien logró transformarse en la mujer más poderosa, temida y respetada de la isla

Pobre y abandonada por su madre, la niña Isabel se vio obligada a vivir una vida servil antes de ni siquiera aprender a leer. Luego de una infancia ardua, llena de trabajos y constantes luchas, y ahora armada con una belleza despampanante y una parcela de tierra obsequiada por su ...

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Nuestra señora de la noche es la historia de una de las mujeres más sensuales, complejas y trágicas de Puerto Rico quien logró transformarse en la mujer más poderosa, temida y respetada de la isla

Pobre y abandonada por su madre, la niña Isabel se vio obligada a vivir una vida servil antes de ni siquiera aprender a leer. Luego de una infancia ardua, llena de trabajos y constantes luchas, y ahora armada con una belleza despampanante y una parcela de tierra obsequiada por su turbio amor, el licenciado corso Fernando Fornarís, la niña Isabel se esfuma y aparece en su lugar Doña Isabel “La Negra” Luberza Oppenheimer: una mujer de negocios, tan implacable y sensual como ardorosamente ambiciosa.

Su vida se convirtió en leyenda, en parábola y mito para los habitantes del barrio de San Antón y todos aquellos barrios donde las mujeres como Isabel tienen que enfrentar una vida donde cada paso es un martirio.

Con su prosa sensual, llena de color y poesía, Mayra Santos-Febres nos propone una reflexión sobre la naturaleza de la rabia y el amor, la marginación y el éxito, y la constitución de las naciones modernas. Todo esto en el marco de una historia de vida inolvidable.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780061626739
  • Publisher: HarperCollins Publishers
  • Publication date: 10/21/2008
  • Language: Spanish
  • Series: Esenciales Series
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 368
  • Sales rank: 950,580
  • Product dimensions: 5.31 (w) x 8.00 (h) x 0.82 (d)

Meet the Author

Mayra Santos-Febres has won many prizes for her stories and was recently awarded a Guggenheim Fellowship and long-listed for the prestigious IMPAC Dublin Literary Award. She lives in Puerto Rico.

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Nuestra senora de la noche
Novela

Capítulo Uno

La primera vez que Luis Arsenio Fornarís visitó el Elizabeth's Dancing Place ya parecía un hombre. Tenía la sombra cerrada de una barba apretándole la cara, el pelo negrísimo de su padre cayéndole en ondas cortas sobre la frente y unos ojos pequeños y verdes de gato acorralado. Era ancho, no muy alto, con una piel blanquísima llena de pecas. Aquella era la misma piel que habían traído los Fornarís desde Córcega y las mismas pecas que marcaban los antebrazos de los hombres de su especie. En la cara no tenía una sola mancha. Una barba cerrada le protegía el rostro del sol implacable del Caribe.

Era el año 36 y al Elizabeth's Dancing Place entraba todo el mundo. Se había acabado la Prohibición. Aún era ilegal vender pitorro o servirle alcohol a los menores, pero por regla, el establecimiento no cumplía con los miramientos de edad, color, o procedencia. Una "anfitriona" del Elizabeth's le abría la puerta a los clientes como si fueran a entrar a la tierra prometida. El requisito era que vinieran a consumir.

La bienvenida de la anfitriona lo puso nervioso de entrada. Pero Luis Arsenio Fornarís sabía que llevaba las de ganar. De seguro se le acercaría una de las chicas del Elizabeth's antes que a cualquiera de sus amigos, imberbes todavía. Desde el coche se lo venían advirtiendo.

—¿Por qué no dejamos a Luis Arsenio? Con esa barba de viejo, nos va a ganar las muchachas más hermosas.

—Dicen que Isabel acaba de llegar deFrancia, con cargamento nuevo.

—Tú te imaginas, estrenarse con una francesa.

—Las europeas son caras, sólo pueden pagarlas los políticos.

—Y los soldados.

—Esos lo que quieren es carne local, preferiblemente oscura. Como si no les bastara revolcarse con las negras de su país.

—No pueden, allá es contra la ley.

—¿Contra qué ley?

—La de segregación, animal.

La conversación seguía entre risotadas. Había que estrenarse en temas de hombre y de paso distraer los nervios que tiraban bajo la piel. Era la manera más eficaz de espantar el miedo. Aquella noche, si el plan se daba según lo estipulado, Luis Arsenio, Esteban, Pedrito y Alejandro Villanúa se convertirían en hombres de verdad, según la usanza de los machos de su estirpe. Es decir, que toda pose estudiada dejaría de revelarse vacía. A partir de esa noche, la fuma de Tiparillos en los patios del colegio, el traguito de ron robado de la licorera familiar, las erecciones imprevistas en medio de los cursos de matemáticas tomarían peso y cordura. Estarían respondiendo a estímulos concretos, tan concretos como el recuerdo de una carne real, abierta y tirada entre las sábanas de una de las camas del Elizabeth's Dancing Place.

Luis Arsenio escuchaba cómo sus amigos hablaban de política en el carro de los Ferráns que Esteban, quién sabe cómo, logró agenciar. Les había costado a cada uno la mitad de su mesada comprar el silencio del chofer de la familia. Pero valía la pena. Estaban a punto de escaparse a un puterío. Y no a cualquier puterío, sino al más famoso de la isla. El chofer pasaba frente al cine "Fox Delicias", tomaba la Calle Comercio y se alejaba rumbo al río Portugués. Atrás quedaba la plaza, repleta en su mayoría de soldados con pase de civil, preguntándole a los obreros: "Excuse me my friend, but don't you know where I can buy me a good time around here?" Ya todos sabían qué responder a esa pregunta, con comisión segura, el "Elizabeth's Dancing Place".

La conversación cambiaba de tema. Alejandro Villanúa hacía de abogado del diablo, defendiendo a los nuevos amos con el arrojo de un recién converso. Ya bastaba de morales pacatas de pueblo pequeño. Cualquiera tenía derecho a pasearse por la plaza. No era cierto que los soldados la estuvieran contaminando, paseándose por ella con mujeres de la vida. Es más, pasearse por la plaza era derecho individual e inapelable, aunque costara la incomodidad de alguna hija de familia. En la protección de estos derechos se basaba el pragmatismo moderno que había convertido a América en modelo de prosperidad y democracia.

—"And We the people undivided", Alejo, pero eso no quita que los otros días a Margarita Vilá un soldado la agarrara del brazo y se la quisiera llevar de todas maneras. Esas no son formas, hermano.

—Nos tratan a todos como si fuéramos sus peones.

—Si Don Franco supiera lo que la Margarita hace a sus espaldas, con soldado y lo que no es soldado . . .

—Jamás se enterará, si a Margara quien único la trata es la sirvienta.

—De allí habrá aprendido las malamañas. Esas negras son un tizón . . .

—Cualquiera diría que te mueres por encamarte con una.

—Yo no, Don Franco. Dicen que tiene una que Isabel trajo de la Martinica, que lo trae loco y con la bolsa suelta. Y Doña Luisa . . .

—¿Te crees que no lo sabe? ¿Para qué menear el bote que la pasea?

Andaban en plena carretera rural, adentrándose en el barrio Cuatro Calles. Poco a poco se perdían de vista las casitas donde se apiñaban braceros y lavanderas nacidas en las trastiendas de alguna casa señorial. Las ramas de los flamboyanes y los almendros trenzaban techos falsos que a veces se rasgaban contra el cielo y dejaban ver una nube iluminada por los rayos de la luna. Por un segundo, Luis Arsenio imaginó la casa de su amigo Esteban, idéntica a la suya. La casa de Margarita Vilá, idéntica a la suya. Todas las casas de La Alhambra, idénticas, iguales. Cada cosa en su lugar, observando las buenas costumbres, el gusto y el rigor castizo. La porcelana encima de las estanterías de caoba, los manteles de mundillo blanco. Pero, si fijaba bien la vista en esas mismas cosas, se las vería temblar encima de sus puestos. Los candelabros colgaban del techo por una tensa cuerda que revelaba un peso mayor al que los hierros podían sostener. Los escaparates del chinero reflejaban un tenue temblor, imperceptible casi, desdibujando las imágenes lustrosas de la misma mirada que de repente los descubría. Los pisos lustrosos de mármol en forma de ajedrez o de losa nativa dibujaban una imitación de arabescos mozárabes bajo unos pies que se negaban a querer estar ahí. Era la tensión y esas ganas de huir. ¿Por qué sería siempre así?

Nuestra senora de la noche
Novela
. Copyright © by Mayra Santos-Febres. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.
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    Posted September 1, 2013

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