Oxitocina: la hormona de la calma, el amor y la sanación

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En años recientes se han realizado apasionantes descubrimientos científicos de una hormona cuyo sorprendente papel en el cuerpo humano durante mucho tiempo no se tuvo en cuenta. Nos referimos a la oxitocina, la poderosa hormona responsable de nuestra relación con los demás, del sexo y del nacimiento, así como de la sensación de calma y relajación. Su acción es justo la contraria a la de la hormona del estrés, la adrenalina, que desencadena los sistemas de "lucha o huida" en el organismo. Se ha escrito mucho sobre...
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En años recientes se han realizado apasionantes descubrimientos científicos de una hormona cuyo sorprendente papel en el cuerpo humano durante mucho tiempo no se tuvo en cuenta. Nos referimos a la oxitocina, la poderosa hormona responsable de nuestra relación con los demás, del sexo y del nacimiento, así como de la sensación de calma y relajación. Su acción es justo la contraria a la de la hormona del estrés, la adrenalina, que desencadena los sistemas de "lucha o huida" en el organismo. Se ha escrito mucho sobre ello, pero la importancia polifacética de la oxitocina, hoy por hoy, sólo es conocida por los profesionales de la obstetricia, la psicología y por algunos psiquiatras. Este es el primer libro que revela la importancia de la acción de la oxitocina para el público general. Los últimos resultados de las investigaciones y el gran potencial del uso terapéutico de esta hormona en la reducción de los estados de ansiedad, estrés, adicciones, y problemas en el nacimiento, abren perspectivas fascinantes y de gran relevancia en nuestras vidas.
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Product Details

  • ISBN-13: 9788497775229
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 3/15/2009
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 188
  • Sales rank: 292,107
  • Product dimensions: 6.10 (w) x 9.10 (h) x 0.70 (d)

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OXITOCINA

La hormona de la calma, el amor y la sanación


By Kerstin Uvnäs Moberg

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2009 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-522-9



CHAPTER 1

La oxitocina


En 1906, el investigador inglés sir Henry Dale descubrió una sustancia en la hipófisis (o glándula pituitaria) que aceleraba el parto. La llamó «oxitocina», un término derivado de las palabras griegas que significan «rápido» y «trabajo de parto». Más tarde, se dio cuenta de que también estimulaba la lactancia. En la actualidad, se ha puesto de manifiesto que la oxitocina juega un papel fisiológico mucho más importante, ya que puede generar, en circunstancias diversas, los efectos asociados al estado de calma y relación.

Cuando comencé el trabajo descrito en este libro, ya había tenido la experiencia personal del cambio en el comportamiento y en la manera de percibir las cosas que acompaña al embarazo, al parto y a la lactancia. Encontré explicaciones en la bibliografía sobre la oxitocina. Estudios que describían experiencias sobre animales que demostraban que la oxitocina favorece la relación entre la madre y sus pequeños, así como la creación de vínculos entre ellos. ¿Podía afectar la oxitocina también a los humanos de este mismo modo u otros, tanto física como psicológicamente, sin que fuéramos conscientes de ello?

Llevada por la curiosidad, leía todo lo que encontraba sobre la oxitocina. Aprendí que no es simplemente una hormona que circula por la sangre para influir en ciertas funciones. Se manifiesta igualmente en el cerebro en tanto que neurotransmisor, o sustancia mensajera, y opera sobre una amplia red de neuronas, vinculando distintas partes de ese mismo órgano. Así, la oxitocina puede actuar sobre toda una serie de funciones vitales. El sistema nervioso (que abarca el cerebro y las neuronas), responsable del mecanismo de «lucha o huida» puede, llegado el caso, generar respuestas totalmente contrarias, desde el momento en que la oxitocina participa en el proceso.


Una vieja pareja

La oxitocina es una de las primeras hormonas cuya estructura química fue descubierta a mediados del siglo xx. Esta sustancia comprende nueve aminoácidos y se parece a otra sustancia bioquímica, la vasopresina, de la que difiere sólo en dos aminoácidos.

Desde el punto de vista de la evolución, la oxitocina y la vasopresina son sustancias antiguas. Estas dos moléculas existen en el núcleo del desarrollo animal desde hace millones de años. La oxitocina se manifiesta de forma idéntica en todas las especies de mamíferos. Dejando de lado una pequeña diferencia de estructura molecular en algunas especies, la vasopresina ha perdurado bajo la misma forma. Los pájaros y los reptiles producen sustancias similares, la mesotocina y la vasotocina, que corresponden a esta antigua pareja de hormonas. Incluso la lombriz tiene oxitocina para estimular la puesta de huevos.

El hecho de que la oxitocina y la vasopresina existan desde hace tanto tiempo muestra su importancia fundamental en las funciones vitales de los seres humanos y otros animales.


No sólo una hormona femenina

La vasopresina, identificada desde hace años, es un elemento importante en el mecanismo de «lucha o huida» en los mamíferos, puesto que, entre otras funciones, equilibra el volumen de fluidos del cuerpo y participa en el aumento de la presión arterial. La vasopresina, junto a otras sustancias más familiares como la adrenalina, forma parte de los ingredientes de esa «bebida energética» interna que estimula los movimientos de defensa y las adaptaciones físicas y conductuales necesarias para el combate y la defensa del territorio; son comportamientos básicamente masculinos.

La oxitocina, en cambio, al haberse descubierto en relación con el nacimiento y la lactancia, siempre se ha considerado como una hormona femenina. En el curso de mis investigaciones sobre la oxitocina, sospeché rápidamente que su papel era mucho más importante que el que se le había atribuido hasta entonces. Todo hacía pensar que esta hormona no sólo se circunscribía al nacimiento, la lactancia y el comportamiento materno, sino que también intervenía en otras funciones, todavía no elucidadas. Realicé, pues, con mis colegas, una serie de experimentos para explorar los efectos de la oxitocina desde una perspectiva más general.

Estas experiencias consistieron básicamente en administrar oxitocina a ratas para después estudiar los comportamientos y las funciones corporales presumiblemente afectados. La mayor parte del tiempo las ratas dormían, pero a veces la naturaleza del test exigía el estado de vigilia. (A mi juicio estos experimentos no eran en absoluto dolorosos para los animales.) Posteriormente, algunos resultados obtenidos en los animales fueron confirmados a través de la observación y el examen en seres humanos, en particular en mujeres lactantes.

La oxitocina la producen los machos y las hembras en muchas situaciones diferentes, y nuestras experiencias demostraron que sus efectos son evidentes tanto en uno como en el otro sexo. En estas experiencias se puso de manifiesto que un contacto afectuoso y regular libera fácilmente la oxitocina en ambos sexos. El sistema de la oxitocina no se limita al género femenino, sino que tiene una importancia crucial en ambos sexos, tanto en los humanos como en otros animales.

Existe una relación entre la oxitocina y la hormona sexual femenina, el estrógeno, del mismo modo que entre la vasopresina y la hormona sexual masculina, la testosterona. Volveremos más adelante sobre ello. Los efectos de la oxitocina nos hacen pensar en las cualidades que tradicionalmente se han considerado femeninas: la receptividad, la intimidad, la apertura en la relación y el ofrecimiento maternal de alimento y cuidados. Es menos frecuente hoy en día atribuir estos comportamientos a la mujer, ya que muchos hombres reconocen y desarrollan estas cualidades.

Si bien es imposible trasladar directamente nuestros resultados experimentales del animal al ser humano, la naturaleza nos brinda un «experimento gratis», que nos permite observar los efectos de la oxitocina con los humanos. El hecho de que gran cantidad de oxitocina sea liberada puntualmente en la mujer lactante nos permite obtener datos de forma directa. Con el fin de aprovechar esta oportunidad, establecí una colaboración fructífera y prolongada con las comadronas del hospital Karolinska de Estocolmo. Pude medir los niveles de oxitocina y correlacionarlos con varios parámetros fisiológicos, tales como la tensión arterial, así como con el testimonio de mujeres que describían la intensidad de sus emociones, como la ansiedad. Aunque los niveles de oxitocina dependen, naturalmente, de una pluralidad de factores en cada individuo, como por ejemplo, la herencia y la calidad de vida, los resultados revelaban que a mayor nivel de oxitocina en la sangre, más intensa era la sensación de calma, de ausencia de estrés, y mejor era la relación de la madre con su bebé.

Experimentos posteriores con vacas que estaban dando de mamar a su ternera proporcionaron prácticamente idénticos resultados: el aumento de oxitocina era proporcional a una mayor calma e interacción madre-cría. Estos resultados corroboran la premisa de que la oxitocina produce esencialmente los mismos efectos en todos los mamíferos.


¿Cómo puede la oxitocina provocar tantos efectos?

A menudo se ha criticado el concepto de «calma y contacto», en el cual la oxitocina juega un papel determinante, al aducir que era improbable que una sola sustancia pudiera provocar tan diversos efectos. Este escepticismo es comprensible en cuanto que se ha demostrado la supervivencia de cierto tipo de ratones de laboratorio a los que les falta el gen responsable de la producción de oxitocina. No obstante, una reciente investigación demuestra que estos ratones tienen dificultades a la hora de adaptarse a un nuevo entorno. Cuando se ponen en una jaula distinta de aquella en la que se criaron, pierden algunas habilidades fundamentales, así como la capacidad de adquirir otras nuevas; también reaccionan de forma anormal al estrés.

La oxitocina provoca y alimenta un sistema de coordinación y de modulación de reacciones en cadena por vía sanguínea, así como por las ramificaciones neuronales relacionadas con las áreas de control decisivas del cerebro. Influye y, a su vez, está sujeta a la influencia de algunos de los neurotransmisores más conocidos, tales como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina.

Los mecanismos de retroalimentación del sistema relacionado con la oxitocina permiten a las células productoras de esta sustancia establecer una comunicación con el entorno, al recibir y emitir mensajes. Las informaciones que desencadena la liberación de oxitocina de las células reproductoras proceden de diversas fuentes: del exterior y del interior del cuerpo, a través de los órganos de percepción (relacionados con el tacto, la vista, el oído, el olfato, el gusto), o de los tejidos y órganos internos. Es interesante constatar que incluso los pensamientos, las asociaciones de ideas y los recuerdos pueden activar el sistema de la oxitocina (veáse capítulo 7).


La visión de conjunto y los detalles

Durante nuestra investigación, examinamos las interacciones entre numerosos sistemas. Es inútil en este contexto seleccionar, con anterioridad, un efecto específico de la oxitocina y seguidamente estudiar su origen a nivel celular: en tal caso estaríamos perdiendo de vista el hecho de que los diferentes efectos se producen en forma de red de conexiones recíprocas. Hay que ampliar constantemente la perspectiva para incorporar detalles significativos. Por tanto, en mi investigación sobre el sistema global que produce «calma y contacto», no he seguido la aproximación detallista que emplearía, por ejemplo, para estudiar las funciones celulares o genéticas. No por ello dicha investigación deja de ser objetiva. Cuando examinamos una hormiga en la hierba, primero la vemos de cerca con sus patas y sus antenas y su manera de transportar una brizna. Si nos levantamos y miramos desde nuestra altura habitual, vemos el césped que constituye el mundo de la hormiga sin apenas verla ya a ella. Desde un punto de observación más alejado, observamos que el césped es un elemento de un paisaje, que forma parte de un país, que a su vez es parte de un continente. Poco a poco acabaríamos viendo todo el globo terrestre. Todas estas observaciones están intencionadamente orientadas, ya se trate de la estructura de la hierba o de la calidad del césped, pero otras observaciones exigirían otros conceptos y otros métodos. Suponiendo que el investigador fuera un fotógrafo, le haría falta un objetivo microscópico para el estudio de la hormiga, o un gran ángulo para el estudio del césped.

Es importante comprender que el sistema «calma y contacto» está compuesto por una configuración ingeniosa de neuronas y de hormonas que, juntas, desencadenan multiplicidad de efectos. Este es el patrón que debemos estudiar. Para comprender las funciones vitales, no basta con considerar de manera independiente las células, las neuronas y las moléculas, puesto que así se perdería la visión de conjunto. De vez en cuando es necesario tomar distancia para abrazar la totalidad antes de volver de nuevo a los detalles y a su estudio de cerca.

CHAPTER 2

El contexto ambiental


Una creciente comprensión de los sistemas ecológicos y retroactivos nos permite ver que cada organismo vivo está permanentemente en relación con su entorno y que recibe su influencia. Datos táctiles, posturales y térmicos se suman a las sensaciones de hambre y de saciedad y sólo constituyen algunas de las numerosas variables que constantemente nos proporcionan información que condiciona nuestras funciones físicas y psíquicas de manera inconsciente.

Tendemos a pensar que nuestros ritmos biológicos son independientes del entorno, pero en realidad muchos de ellos, en su origen, fueron adquiridos por medio de la interacción con el mundo exterior. No es casualidad si el ciclo menstrual femenino se corresponde con las fases lunares, ni es una coincidencia que el ritmo diurno tenga idéntica duración, con escasa diferencia, en todas las personas. Hubo un tiempo en que la luz de Luna y la del Sol controlaban funciones de manera directa, pero los procesos de evolución acabaron por incorporar estos ritmos a nuestros sistemas biológicos.

Con la aparición del concepto de organismo, en tanto que entidad holística, en la esfera de la medicina y de la literatura, la interdependencia del cuerpo y de la mente se ha convertido en una verdad evidente. Sin embargo, hasta ahora, tal como ya hemos dicho, nuestro interés se había centrado únicamente en aquella conexión cuerpo-mente relativa a la reacción «lucha o huida». Sólo ahora hemos empezado a reconocer y a explorar las interacciones psíquicas y fisiológicas implicadas en la respuesta calma, contacto y conexión.


La angustia del estrés

Si admitimos que el entorno nos influye continuamente, ¿qué pasaría si los parámetros del entorno fueran radicalmente alterados? Cabe suponer que un desequilibrio tal desencadenaría efectos fisiológicos correspondientes y que perturbaría nuestro propio equilibrio y nuestra estabilidad centrada.

Las lamentaciones sobre el grado de estrés propio de la cultura occidental moderna son tan frecuentes que apenas les prestamos ya atención. En nuestros días, la presión social nos presiona a tener éxito, a ser eficientes. Todo va deprisa, se nos inunda con información y la competencia en el mercado de trabajo es dura. Somos incesantemente asaltados por imágenes, olores, y, sobre todo, sonidos. Está claro que nuestro sistema interno de «lucha o huida» funciona al límite, está demasiado sobrecargado por todos esos estímulos ...

En cambio, los sistemas tradicionales más apacibles, relajados e íntimos se han vuelto cada vez más excepcionales en nuestra sociedad, con lo que nuestro sistema biológico de calma y contacto se activa en un grado bastante inferior.

El tacto, como veremos más adelante, parece ser una de las fuentes más eficaces de activación de este sistema. Cuando una familia (o cualquier otro grupo de personas) comparte una actividad, todos los sentidos entran en juego. La tendencia moderna hacia una mayor independencia de los individuos y de las tareas tiene como consecuencia la reducción de las actividades cotidianas vividas de manera compartida, lo que disminuye en proporción esas impresiones sensoriales. Este esquema alterado reduce la actividad del sistema «calma y contacto» y acaba convirtiéndose en un peligro para nuestra salud.

La reducción de las experiencias que alimentan este sistema corre paralelo, en mi opinión, con el aumento de aquellas que alimentan el sistema del estrés. Este cambio tiene serias consecuencias en nuestro bienestar. Nuestra capacidad de relajación y de recuperación, que es la que modera nuestras reacciones físicas y psicológicas al estrés, al no tener dicha contrapartida, lógicamente disminuye, con lo que nuestra salud se resiente. Está comprobado que muchas enfermedades están causadas, en parte, por el estrés.

Necesitamos calma y contacto, no sólo para evitar la enfermedad, sino también para disfrutar de la vida, para ser curiosos, optimistas, creativos. Es difícil medir científicamente estas cualidades; sin embargo, la investigación demuestra que un entorno apacible y de relaciones enriquecedoras mejora la concentración y el aprendizaje. Los niños que sufren estrés tienen más dificultades a la hora de aprender que aquellos que viven en un ambiente tranquilo y con un sentimiento de seguridad.


En busca de la paz

Afortunadamente, somos muchos en comprender, más o menos intuitivamente, que necesitamos renovar periódicamente nuestras «reservas» de calma, y con ese fin buscamos diferentes maneras de sentir bienestar y felicidad, a pesar de nuestro entorno estresante.


(Continues...)

Excerpted from OXITOCINA by Kerstin Uvnäs Moberg. Copyright © 2009 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents

Agradecimientos, 7,
Introducción. El lado olvidado de la vida, 9,
Primera parte El sistema de calma y relación, 17,
1. La oxitocina, 19,
2. El contexto ambiental, 25,
3. El equilibrio esencial, 33,
Segunda parte El papel de la oxitocina en el cerebro y el sistema nervioso, 41,
4. Los centros corporales de control, 43,
5. Cómo funciona la oxitocina, 63,
Tercera parte Los efectos de la oxitocina, 73,
6. Los efectos de las inyecciones de oxitocina, 75,
7. El árbol de la oxitocina, 89,
8. La lactancia: el papel estelar de la oxitocina, 99,
Cuarta parte Conexiones, 109,
9. La oxitocina y el tacto, 111,
10. La oxitocina y los otros sentidos, 117,
11. La oxitocina y la sexualidad, 121,
12. La oxitocina y las relaciones con los demás, 125,
Quinta parte Nuestras maneras de buscar la calma y el contacto, 135,
13. El masaje, 137,
14. Comer: un masaje interno, 143,
15. El tabaco, el alcohol y otras dependencias, 149,
16. Medicamentos inductores del efecto de «calma y contacto», 153,
17. Entre el esfuerzo y el reposo, 159,
18. Nuestra ecología interior, 167,
Referencias bibliográficas, 171,
Indice analítico, 185,

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