Palabras Que Los Ninos Necesitan Escuchar: Para Ayudarles a Ser Lo Que Dios Quiere Que Sean.

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Words matter. The right words, shared frequently and in a variety of ways, do make a difference. This guide from Willow Creek equips parents and children's workers to use words to build up the hearts of elementary-age children that result in closer parent-child relationships and help pave a path toward a relationship with God.

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Palabras que los niños necesitan escuchar: Lo que necesitan para convertirse en lo que Dios planeó para ellos

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Words matter. The right words, shared frequently and in a variety of ways, do make a difference. This guide from Willow Creek equips parents and children's workers to use words to build up the hearts of elementary-age children that result in closer parent-child relationships and help pave a path toward a relationship with God.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780829757149
  • Publisher: Vida
  • Publication date: 7/8/2010
  • Language: Spanish
  • Pages: 141
  • Sales rank: 1,459,495
  • Product dimensions: 5.30 (w) x 8.40 (h) x 0.60 (d)

Meet the Author

David Staal serves as the president of Kids Hope USA, a national non-profit organization that partners local churches with elementary schools to provide mentors for at-risk students. Prior to this assignment, David led Promiseland, the children's ministry at Willow Creek Community Church in Barrington, Illinois. Other leadership roles he held at Willow Creek include director of communications and director of children's ministry for the Willow Creek Association. David authored Word Kids Need to Hear (2008), Leading Your Child to Jesus and Leading Kids to Jesus (2006), and Making Your Children's Ministry the Best Hour of Every Kid's Week (2004, co-authored with Sue Miller). David also serves as the senior editor of Today's Children's Ministry, an electronic publication and web site from Christianity Today International. He lives in Grand Haven, MI, with his wife Becky, son Scott, and daughter Erin. SPANISH BIO: David Staal es director de Promiseland, ministerio de ninos de la Iglesia de la Comunidad de Willow Creek en Barrington, Illinois. Con Sue Miller, escribio Haga que su ministerio de ninos sea la mejor hora de la semana para ellos. Tambien escribe y es editor de today's Children's Ministry, una publicacion electronica y sitio en Internet de Christianity Today International.
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Palabras Que los Ninos Necesitan Escuchar


By David Staal

ZONDERVAN

Copyright © 2013 David Staal
All rights reserved.
ISBN: 978-0-8297-5714-9


CHAPTER 1

"Creo en ti"

Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.

Mateo 3:17


Diga la palabra "campamento" y tendrá una gran variedad de reacciones. Algunos recuerdan horas completas respirando aire fresco, mirando las estrellas y luchando contra los insectos en una excursión campestre durante tres días. Otros evocarán una visita al aire libre en sus vehículos rústicos, intentando hacer palomitas de maíz instantáneas en una fogata antes de escapar en tres saltos de nuevo a la comodidad del aire acondicionado, lejos de los insectos, para ver una película. Sin embargo, en nuestra familia los campamentos son acontecimientos que se dan dos veces al año: una semana padre e hijo con Scott y otra padre e hija con Erin.

El campamento al que vamos, que nuestra iglesia ofrece cada año en la península superior de Michigan, no tiene lujos como alcantarillas ni electricidad. No obstante, eso es opacado por la abundancia de insectos y estrellas. Y de lecciones transformadoras.


Un viaje de centímetros

En el primer día de nuestro campamento inaugural de padre e hijo, Scott —que en ese entonces tenía siete años— trepó entusiasmado una escalera de cuatro metros de altura hasta llegar a las cuerdas que lo esperaban arriba para dar curso a su aventura. Yo lo seguí a regañadientes, preocupado por lo rápido que se alejaba la tierra firme a cada paso que daba. El fino arnés de seguridad atado a mi cintura y mis piernas me recordaba a cada instante el miedo al que me enfrentaba en los momentos que luchaba con la gravedad.

Una vez que llegué a la plataforma traté de ocultarle mi miedo a Scott, a nuestro guía de dieciséis años y a varios padres e hijos que miraban desde el suelo sin peligro alguno... ese lugar tan maravilloso que tanto añoraba. Un suave viento secó la transpiración de mi frente mientras forzaba una sonrisa falsa. Luego sopló más fuerte. La plataforma se bamboleó. Y yo oré.

La primera parte de la aventura en las sogas requerías que nos pusiéramos uno frente al otro, colocáramos nuestras manos en los hombros del otro y camináramos de costado sobre lo que parecían cables de teléfono paralelos. Cables de teléfono diseñados para transportar llamadas, no personas, pensé. Nos bamboleábamos a cada paso que dábamos. Cuanto más trataba de equilibrarnos, más nos tambaleábamos. Mi falsa sonrisa desapareció y el miedo de Scott aumentó, al igual que mi insatisfacción por no poder proteger a mi hijo. De pronto, acampar con una casa rodante me pareció muy atractivo.

A mitad de camino sobre los cables de doce metros, Scott se paralizó. Se negó a seguir. Miró hacia abajo, me miró, miró para abajo, volvió a observarme y, con una voz tan suave que solo yo pude oír, dijo:

—Papá, tengo demasiado miedo.

Oh, cómo quería gritar: "Yo también hijo. ¿Qué estamos haciendo aquí arriba?"

En lugar de eso susurré:

—Tienes razón, esto da miedo. Si quieres podemos rendirnos. Pero creo que puedes dar un paso más ya que llegaste hasta aquí. ¿Quieres intentarlo?

—¿En verdad crees que puedo?

—Amigo, creo en ti, puedes hacerlo. Estoy seguro.

La confianza dominó al miedo mientras Scott deslizaba su pie derecho quince centímetros.

—Tienes razón —dijo, y seguimos adelante hasta llegar a la seguridad de la siguiente plataforma. Brotó una mezcla de felicidad y lágrimas. Parte de ellas eran mías, obviamente por nuestra seguridad, pero más aun por las palabras que salieron tan inesperadamente en el momento justo; palabras que marcarían el comienzo de una confianza increíblemente poderosa dentro de mi hijo.

Mi mente captó vívidamente ese momento. Por fortuna también lo hizo la cámara de otro padre. Con ayuda del diseño de computación por parte de un amigo, utilicé la foto a fin de crear un póster para Scott que dice: "Valentía es seguir adelante a pesar de tener miedo".

Unos meses después mi familia se sentó alrededor de la mesa del comedor a disfrutar una comida con los vecinos. Durante la conversación que iba de un tema a otro, Scott mencionó una carrera que consideraría: la militar.

"¿Tú?, ¿soldado?", se burló una niña.

Scott saltó de su asiento, corrió a su cuarto y volvió con su póster.

"Yo sería un buen soldado", dijo, "¡porque soy valiente!".

Tres simples palabras —"Creo en ti"— susurradas durante un breve encuentro a seis metros del suelo redefinieron la perspectiva de Scott acerca de sí mismo. Esa frase le dio a mi hijo la confianza que necesitaba para avanzar en la vida, paso a paso. ¿Por qué? Porque cuando un padre cree en uno, uno comienza a creer en sí mismo. Levante su autoestima. La autoestima importa.


Pasos tambaleantes y zancadas largas

Cada niño necesita sentirse aceptado y valorado. Por ello se pregunta constantemente acerca de sí mismo y se debate entre distintas autopercepciones; sus habilidades contra sus incapacidades. Lo ideal sería que las personas más cercanas a él lo ayudaran a inclinar la balanza a uno u otro lado en esa batalla interna. Cuando un padre, u otro adulto respetado, están a la altura de las circunstancias, la saludable autoestima que eso crea puede ayudar a que florezca la confianza del niño. El proceso de pensamiento actúa parecido a algo así: "Mi papá cree en mí, por tanto debo creer en mí mismo". Unas veces el resultado es un paso tambaleante de solo quince centímetros. Otras, son zancadas más largas.

Un niño apuntalado por tal confianza podrá resolver los inevitables desafíos de la vida al enfrentarse a ellos. Tal fue el caso de Wilma Rudolph. En su infancia los doctores le dijeron a su madre que debido a una enfermedad debilitadora era probable que Wilma no pudiera volver a caminar. Ella decidió aferrarse a un pronóstico diferente. "Mi madre me dijo que podría, de modo que le creí". Esa creencia se convirtió en el fundamento que luego le permitió ganar la medalla de oro olímpica para Estados Unidos en las carreras de cien, doscientos y cuatrocientos (relevo) metros.


Palabras definidas

A pesar de que la frase "Creo en ti" parezca simple, echémosle una mirada más cercana, puesto que el mensaje que contiene puede ser bastante complejo.

Los niños escuchan constantemente las opiniones de sus padres sobre una gran cantidad de temas. A lo largo del tiempo es natural que surja la curiosidad acerca de lo que piensan mamá o papá. En efecto, las preguntas: "¿Qué piensa mamá de mí?" o "¿Qué piensa papá de mí?" pueden ser las más persistentes en la mente de los pequeños. Y si no son contestadas satisfactoriamente, los niños pueden pasarse toda la vida preguntándose si tienen la aprobación de papá o mamá.

En su libro Salvaje de corazón, John Eldridge afirma que los niños ansían escuchar lo que sigue: "Tienes lo que se necesita para ser un hombre". Las niñas también necesitan escuchar que están haciendo un progreso digno de halagos hacia la madurez; y recibir la aprobación de los padres a lo largo del camino.

Si falla al no expresarle tales mensajes al niño, este puede crecer falto de un amor propio saludable, por lo que puede buscar esa seguridad difícil de alcanzar en otros. Por eso, exprese que cree en su hijo o hija con frecuencia y, desde el principio, esto puede llevarle a confiar. Tomemos por ejemplo al legendario entrenador de baloncesto de la Universidad de Duke, Mike Kryzyzewski, que es un gran fanático del poder de la frase "Creo en ti". Él dice lo siguiente: "Esas tres palabras pueden marcar la diferencia entre el miedo al fracaso y el valor para intentarlo".

Cuanto más temprano escuchen —su hijo o su hija— esas tres palabras, mejor, porque la fe de usted en ellos es tan importante en la escuela como en la universidad. ¡Se podría decir que aun más!

Phil y Gail vieron cómo se cumplió esta verdad con su hijo Ryan, que estaba en sexto grado. Él compitió en un grupo de drama, pero no lo aceptaron porque carecía de habilidades para la proyección vocal. A pesar de la desilusión, el hecho no le hizo abandonar su deseo de actuar. Al contrario, unos meses después hizo una audición para el musical de mitad de primavera de su escuela ... y terminó siendo el líder. ¿De dónde provino su confianza? Cuando Gail le preguntó qué le hizo buscar ese papel, él le respondió: "¡Sabía que podía hacerlo porque estaba seguro de que tú y papá creían en mí!".

Los padres de Ryan le enviaron el mensaje adecuado. El niño escuchará y confiará en la frase "Creo en ti" si siente que las palabras son auténticas; lo que contrasta con la gastada declaración que dice: "Eres un gran niño". He aquí el porqué: una obviedad tal —a pesar de que tenga buena intención— puede parecer barata, impersonal y tosca, demasiado fácil de decir. Por otro lado, "Creo en ti" comunica la convicción personal del padre, por lo que perdurará por mucho más tiempo en la mente del niño. A un pequeño como Ryan no lo beneficia escuchar que es un gran niño; es preferible que sepa que alguien cree en él sinceramente para que confíe en sí mismo con firmeza.

O expresado de otra manera, las palabras huecas pueden neutralizar las nobles intenciones de los padres. El sicólogo Chick Moorman sugiere el uso de elogios descriptivos en vez de evaluaciones vacías para evitar esta infortunada realidad. "Los elogios descriptivos describen logros o situaciones, por lo que afirman al niño en lugar de evaluar lo que hizo", explica.

Por otro lado, dice en referencia a la mera evaluación "Cuando uno elogia a alguien con este tipo de charla paterna [elogio evaluativo], lo categoriza con palabras como bueno, excelente, súper, tremendo, fantástico y magnífico [...] Los elogios evaluativos ayudan a la persona a sentirse temporalmente bien".

¿Sugiero que deje de decirle a su hijo que hizo un gran trabajo según su boletín de calificaciones? No. Pero continúe comentándole qué observó que hizo bien, como por ejemplo los hábitos de disciplina para el estudio o la gran cantidad de veces que le pidió que le preguntara la lección para ver cómo se deletreaban las palabras. ¿Debería evitar decirle a su hija lo fantástica que es? No. Pero vaya más allá dándole razones específicas que forjen su conclusión. "Buen trabajo" y "Eres muy buena", como frases aisladas, llevan a sentimientos que solo duran un momento. Haga que sus mensajes logren más.

Pensando en ese propósito, intentemos causar la mejor impresión con las palabras que les digamos a los niños. Cuando se expresa de manera clara, sin exagerar y en los momentos precisos, el mensaje "Creo en ti" ayuda a forjar una confianza personal duradera.


El uso de las palabras. Dos preguntas importantes

El ya fallecido Fred Rogers dijo: "Puesto que alguna vez fuimos niños, las raíces de nuestra empatía ya están plantadas en nosotros. Se nos hizo saber lo que era sentirnos pequeños y sin poder, desvalidos y confundidos. Así que cuando captemos algo de lo que nuestros hijos pueden estar sintiendo, empezaremos a darnos cuenta de qué es lo que nuestros hijos necesitan de nosotros".

Reflexionemos un momento en el pensamiento de Fred. Los adultos sabemos lo que se siente al lograr algo y preguntarnos si alguien notó o valoró la hazaña. Cuando los padres están decididos a entender qué sienten sus hijos en una situación, en vez de simplemente enfocarse en la circunstancia misma, tienen la excelente oportunidad de expresar palabras que cambien la vida de ellos.

Por lo tanto, combinemos algo de estrategia con el sentido común del señor Rogers al observar a nuestros hijos y descubrir cómo expresar la frase "Creo en ti". Los padres transmitirán exitosamente este mensaje transformador cuando se desafíen a sí mismos con dos preguntas importantes: "¿Qué pasó?" y "¿Qué pasaría?".


¿Qué pasó?

Todo padre se pregunta "¿Qué pasó?" luego de un golpe fuerte o un alarido de protesta de un hermano menor. Es obvio que esas palabras significan que alguien está en problemas. Sin embargo, por el bien de nuestro debate, dejemos a un lado el uso reactivo de ellas. Pongámoslas mejor en forma proactiva agregándoles las palabras "que valga la pena notar". Averiguar "¿Qué pasó que valga la pena notar?" nos hará enfocarnos y nombrar rasgos específicos y positivos que estén sucediendo; aquellos que ameritan apoyo y confianza. Para ello, prepárese para ejercitar la paciencia. Todos los niños reciben las semillas del carácter; algunas requieren más tiempo que otras para germinar.

No obstante, cuando brotan, los padres necesitamos regarlas rápidamente con nuestras observaciones positivas. Si no regamos bien la planta joven, puede marchitarse; incluso desaparecer por completo. Lo mismo sucede con esas oportunidades con nuestros hijos.

Mi esposa y yo hacemos lo mejor que podemos para aprovechar los momentos en que vemos que nuestros hijos desarrollan o muestran una cualidad. Cuando sucede eso, de inmediato los miramos a los ojos y les brindamos una sonrisa combinada con palabras como: "¡Tu amabilidad se nota!" Muchas veces hasta asentimos levemente en señal de aprobación o ponemos nuestra mano en el hombro de ellos. Parece realmente simple, ¿verdad? Quizás lo sea, pero rinde sus frutos. Después de años de practicar eso, podemos transmitirles aprobación y confianza —con un simple movimiento de cabeza— aunque estemos en lo último de una habitación repleta de gente. En mucho menos tiempo del que se demora leyendo esta oración, usted puede enviar —y su hijo puede recibir— el mensaje "Creo en ti". Cuanto más lo practique, más fácil resultará.

En Parents Do Make a Difference [Padres que se distinguen], Michael Borba enumera varias formas sencillas de decir "¡Creo en ti!".

¡Sabía que podías hacerlo!

Ya casi lo logras.

Lo estás haciendo mucho mejor.

Eso está mejor que nunca.

Estás en buen camino.

¡Mejoras cada día!

Es una gran idea.

Estás haciendo un gran trabajo.

¡Debes haber estado practicando!


Estas ideas operan mejor cuando acompañan inmediatamente a la acción del niño, no dejándole duda de a lo que usted se está refiriendo. Si pasa un tiempo, el padre debe hacer una referencia específica a la razón de sus palabras. Por ejemplo: "¿Recuerdas cuando le preguntaste a Debbie si quería ir a nadar contigo y tus amigos? Creo que estás haciendo un gran trabajo asegurándote de que no menosprecien a las personas ni hieran sus sentimientos".

O tomemos el cumplido que hace poco le envié por e-mail al padre de una niña con la cual estuve en contacto en la iglesia, diciéndole que tenía buenas razones para sentirse orgulloso de su pequeña y confiada hija. Puesto que había pasado un tiempo significativo (por lo menos un día) antes de que recibiera mi mensaje, el hecho de que él simplemente elogiara a su hija por su seguridad en sí misma al hablar con los adultos la confundiría. Para que sean eficaces, sus comentarios deberían incluir una referencia a la razón de los mismos, como por ejemplo: "El señor Staal me contó que lo miraste a los ojos y hablaron de una historia graciosa, y que luego, al final de su conversación, le dijiste: "¡Que tenga un gran día!".

Para que un elogio como ese tenga el máximo valor también debería incluir la reacción del padre en el cumplido. "El señor Staal cree que tú ..." tiene un impacto mucho menos importante que "Por lo que tenía que decir el señor Staal, puedo ver que tú ..." Haga del mensaje algo personal y le brindará a su hijo un fundamento para su autoestima.

Por supuesto que el desafío es hallar estas importantes oportunidades en el contexto cotidiano de su hijo. Los próximos tres métodos para este descubrimiento pueden ser un gran punto para comenzar.


Haga una pausa para observar y escuchar. La vida pasa rápido. Por eso, cuando participe en actividades con su hijo o hija, o cuando simplemente los esté observando, quite su atención de lo que está sucediendo y enfóquese intencionalmente en lo que él o ella son. ¿Qué está diciendo o haciendo que valga la pena notar? Una pista: si aprecia los esfuerzos de su hijo o hija, lo nutrirá más que si espera por sus logros.

Hace poco un padre describió el beneficio de prestarle atención al camino que atravesó su hija para obtener las mejores calificaciones en su informe escolar. Sí, las notas altas merecen felicitaciones. Ese padre describió cómo los ojos de su hija se llenaban de brillo cuando él le decía que notaba el tiempo extra y el esfuerzo que ponía en sus tareas; y hasta que su deseo de trabajar arduamente podía ser su mayor fortaleza. "Mi familia sabe que estoy ocupado. Pero después que ceno ayudo a mis hijos con sus estudios", dice. "Cualquiera puede elogiar las buenas notas al final del semestre. Me alegra no haberme perdido el verdadero éxito que obtenía cada noche a lo largo del camino.

Escuchar y buscar oportunidades para decir palabras alentadoras requiere que el padre esté dispuesto a hacer una pausa en su desenfrenada vida; cuando eso ocurre, los esfuerzos dignos de ser notados se vuelven mucho más obvios.
(Continues...)


Excerpted from Palabras Que los Ninos Necesitan Escuchar by David Staal. Copyright © 2013 David Staal. Excerpted by permission of ZONDERVAN.
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