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Pasos sencillos hacia una salud total
     

Pasos sencillos hacia una salud total

by Andreas Moritz
 

Product Details

ISBN-13:
9788497778817
Publisher:
Obelisco, Ediciones S.A.
Publication date:
12/30/2012
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
224
Product dimensions:
6.20(w) x 9.10(h) x 1.10(d)

Read an Excerpt

Pasos sencillos hacia una salud total

La salud está en tus manos


By Andreas Moritz, John Hornecker

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2012 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-881-7



CHAPTER 1

Congestión del hígado y la vesícula biliar


El hígado, que es el órgano interno más grande del cuerpo, es el responsable de procesar, distribuir y mantener el «suministro de combustible» corporal. Además, fabrica nuevos aminoácidos y convierte los ya existentes en proteínas, que son las unidades básicas de todas las células del organismo. Otra función hepática es descomponer el alcohol y otras sustancias tóxicas, incluyendo bacterias, parásitos y ciertos compuestos farmacológicos. Cada minuto el hígado filtra más de la cuarta parte de la sangre, eliminando las toxinas y distribuyendo los nutrientes por todo el cuerpo.

Otro importante cometido del hígado es producir la bilis, que es crucial para la buena digestión de la comida. La vesícula biliar funciona junto con el hígado; su misión principal es servir de depósito de la bilis producida en éste. La producción de bilis es casi constante a lo largo del día; pero, como la necesidad de bilis varía de acuerdo con el ciclo digestivo, durante los períodos de máxima demanda, la que fluye del hígado se complementa con la que se había almacenado en la vesícula.

Uno de los problemas de salud más comunes es la formación de duras «piedras» dentro del hígado y la vesícula biliar. Dichas piedras normalmente se denominan «cálculos biliares» cuando están en la vesícula biliar, y de la misma forma o como «cálculos intrahepáticos» cuando están en el hígado (véanse las figuras 1 y 2). No obstante, dado que la mayoría de estas piedras tienen una naturaleza similar, en este libro nos referiremos a todas ellas como «cálculos biliares», sin tener en cuenta si están localizadas en la vesícula o en el hígado.

Los cálculos biliares se forman debido a una dieta o un estilo de vida poco saludable. Están compuestos principalmente de colesterol y otros residuos orgánicos. En una situación crónica, no es infrecuente que el hígado y la vesícula biliar de la persona contengan hasta varios miles de cálculos biliares, cuyo tamaño varía aproximadamente entre el de un grano de trigo y el de un guisante. Sin embargo, en ocasiones se hacen considerablemente mayores. Cuando el hígado y la vesícula se congestionan con cálculos biliares, todas las funciones hepáticas resultan perjudicadas. Principalmente, los cálculos se alojan en los conductos biliares e impiden el flujo de bilis al tubo digestivo. En los casos graves, la cantidad de bilis que llega al tubo digestivo es sólo el 25 por 100 de la que se necesita para hacer bien la digestión.

Los cálculos biliares también interfieren en los procesos de desintoxicación que normalmente tienen lugar en el hígado. Con el tiempo, a medida que los vasos sanguíneos hepáticos se bloquean cada vez más, se restringe el flujo normal de sangre a través del hígado y, por consiguiente, la distribución de nutrientes por el organismo.

Los síntomas de la congestión del hígado y la vesícula biliar debida a cálculos biliares pueden ser muchos y variados. Algunos ejemplos son:

• Fatiga crónica

• Dolor de cabeza y jaqueca

• Trastornos digestivos

• Estreñimiento

• Diarrea

• Dolor en las articulaciones

• Dolor de hombros, cuello y espalda

• Antojos de comer

• Alto nivel de colesterol

• Obesidad

• Trastornos y decoloración de la piel

• Depresión

• Impotencia sexual

• Problemas urinarios

• Tratornos menstruales y menopáusicos

• Problemas de dientes u encías

• Osteoporosis

• Cáncer

• Dificultad para dormir

• Extremidades frías

• Alergias


Limpieza hepática y de la vesícula

La buena noticia es que los cálculos biliares se pueden eliminar del hígado y la vesícula biliar mediante una serie de limpiezas bastante sencilla. Y, manteniendo una dieta y un estilo de vida saludables, la mayoría de los síntomas empezará a desaparecer. Casi invariablemente, la persona notará un incremento apreciable de energía ya desde la primera limpieza.

Encontrarás información sobre cómo hacer una limpieza hepática en el libro Limpieza hepática y de la vesícula.

Es interesante señalar que en Estados Unidos, donde los costes de la atención sanitaria superan hoy la cifra de 1,6 billones de dólares anuales, lo más importante que podemos hacer para recobrar y mantener la salud y la vitalidad –una buena limpieza hepática y de la vesícula– se puede hacer en casa con artículos fáciles de conseguir en las tiendas de comestibles.

CHAPTER 2

Deshidratación


La deshidratación corporal es uno de los problemas de salud más comunes. Beber suficiente cantidad de agua en momentos apropiados del día es probablemente lo más importante que podemos hacer para mejorar nuestra salud. Pero tal vez no sea sorprendente, teniendo en cuenta que más o menos el 75 por 100 de nuestro organismo es agua.

Prácticamente todos los órganos, aparatos y sistemas del cuerpo humano requieren cantidades adecuadas de agua para poder funcionar bien. Las personas que no beben bastante agua reducen gradualmente la proporción entre el volumen de agua intracelular y el extracelular. Eso mina toda la actividad celular, ya se trate de las células de la piel, del estómago, del hígado, de los riñones, del corazón o del cerebro.

Cuando hay deshidratación celular, los desechos metabólicos no se eliminan como es debido, y eso causa síntomas que se parecen a una enfermedad. Como se empieza a acumular cada vez más agua fuera de las células, normalmente se manifiesta como retención de líquidos en los pies, las piernas, los brazos y la cara. Por consiguiente, la deshidratación puede no ser evidente para la persona que la padece. Además, los riñones pueden empezar a retener el agua, lo que reduce notablemente la secreción de orina y causa la retención en el cuerpo de productos de desecho potencialmente nocivos.

Normalmente, las enzimas celulares le dicen al cerebro cuándo se quedan sin agua las células. Sin embargo, las enzimas de las células deshidratadas se vuelven tan ineficaces que ya no son capaces de registrar las condiciones de «sequía» y, por consiguiente, dejan de pulsar el «timbre de alarma» de la sed en el cerebro.

La persona deshidratada también puede sufrir de falta de energía. En circunstancias normales, el agua que bebemos mantiene equilibrado el volumen de nuestras células y la sal que tomamos con la comida mantiene equilibrado el volumen de nuestra agua intersticial y circulante. Eso genera la presión osmótica correcta que se necesita para la nutrición celular y la producción de energía. Durante la deshidratación, este mecanismo básico empieza a fallar, lo que da lugar a la pérdida de energía y a daños celulares potencialmente graves.

Otro indicador de primer orden de la deshidratación es el dolor corporal. En respuesta a la escasez de agua, el cerebro activa y almacena un importante neurotrasmisor, la histamina. A su vez, la histamina indica a sus reguladores de agua subordinados que la redistribuyan en las zonas donde es necesaria para actividades metabólicas y de supervivencia esenciales. Cuando la histamina y sus reguladores subordinados se topan con nervios sensibles al dolor, producen un dolor intenso y continuo. Estas señales dolorosas pueden manifestarse, por ejemplo, como artritis reumatoide, angina de pecho, problemas lumbares o dolor de cabeza.


Beber agua: la mejor terapia de todas

Beber la cantidad suficiente de agua dulce es una condición indispensable para evitar las enfermedades y ralentizar el proceso de envejecimiento. Cualquier persona que esté relativamente sana y quiera conservarse así necesita beber aproximadamente de seis a ocho vasos de agua (225 ml por vaso) cada día. Eso asegurará que el organismo mantenga un nivel suficiente de hidratación, que es necesario para hacer bien la digestión, para el metabolismo y para la eliminación de los desechos. Deberíamos ajustar nuestro consumo de agua teniendo en cuenta el peso corporal: las personas más corpulentas necesitan proporcionalmente beber más agua. Además, el ejercicio y otras actividades que estimulan la traspiración crean una necesidad adicional de agua.


Consejos y sugerencias

Comienza el día bebiendo un vaso de agua templada; eso pondrá fin a la «sequedad» resultante de no haber bebido líquido durante el relativamente largo período de sueño nocturno y eliminará los desechos acumulados por los órganos excretorios. Más tarde, toma un segundo vaso de agua templada al que echarás el zumo de medio limón y una cucharadita de miel. La adición de limón y miel tiene un efecto limpiador muy potente en el cuerpo (puedes aumentar la cantidad de zumo de limón si lo deseas).

Más o menos media hora antes de cada comida, bébete un vaso de agua. De ese modo mantendrás tu sangre poco espesa y la ayudarás a absorber todos los nutrientes que tus células necesitan para funcionar con eficiencia. El agua también ayuda a incrementar la secreción de los jugos digestivos, lo que mejora la digestión de la comida. Por el contrario, beber mucha agua u otras bebidas junto con la comida diluye los jugos gástricos, lo que perjudica mucho el proceso digestivo y puede dar lugar a un aumento de peso.

Después de las comidas, la sangre consume una considerable cantidad de agua para distribuir los nutrientes a las células. De hecho, la sangre puede empezar a tener escasez de agua bastante rápido. Para contrarrestarlo, bébete un vaso de agua aproximadamente dos o tres horas después del desayuno y del almuerzo para satisfacer las necesidades hídricas de la sangre (por la noche no es tan necesario, dado que la digestión y la actividad física son lentas por naturaleza a esa hora del día).


Calidad del agua

Lo ideal sería que el agua que bebemos procediese de un manantial natural o de un pozo artesiano. La mayoría de los sistemas de abastecimiento de agua urbanos o comunitarios la tratan con productos químicos, como el cloro, para matar las bacterias. Naturalmente, el cloro que ingerimos también mata a las bacterias beneficiosas que viven en nuestro organismo y nos ayudan a digerir la comida. El agua clorada hace estragos en nuestro cuerpo y es responsable de innumerables enfermedades. Y el fluoruro en el agua potable es igual de nocivo. Por lo tanto, se debe filtrar siempre el agua del grifo para eliminar estas sustancias químicas antes de consumirla. Afortunadamente, hay muchos tipos diferentes de filtros disponibles en el mercado que son relativamente baratos.

Por otra parte, lo mejor es que el agua que bebemos esté a temperatura ambiente o un poco más caliente. El agua helada tiende a constreñir los músculos del tubo digestivo, impidiendo que funcionen bien. Las bebidas con hielo también adormecen las terminaciones nerviosas del estómago, y de ese modo alteran el equilibrio de las secreciones ácidas. Si en un momento dado sólo dispones de agua con hielo o muy fría para beber, lo mejor es que te la bebas a pequeños sorbos, manteniéndolos un ratito en la boca para calentarlos un poco antes de tragarlos. Hace poco se ha visto que el hielo que sirven los restaurantes contiene más bacterias que el agua del retrete.


Advertencia importante

La rehidratación del organismo se debe realizar gradualmente; de lo contrario, ¡tendría consecuencias perjudiciales! Cuando la deshidratación es grave, las células del cuerpo no son capaces de funcionar con eficiencia. Para protegerse de más pérdidas de agua, las membranas celulares se hacen menos permeables al incorporar una cantidad adicional de lípidos, incluido el colesterol. En estas circunstancias, no sería prudente ponerse de pronto a beber grandes cantidades de agua; pues, como las células han creado una barrera a fin de ahorrarla, no están en condiciones de absorber más cantidad. El agua simplemente se estancaría en el espacio intersticial, dando lugar a la retención de líquidos y a un aumento de peso.

Durante la deshidratación, además, los riñones –como el resto del cuerpo– retienen el agua (disminuye la cantidad de orina expulsada). Cuando ocurre esto, mucha gente empieza a ansiar y a comer en exceso alimentos salados porque su cuerpo necesita más sal para conservar la pequeña cantidad de agua que tiene. Pero eso hace que los riñones se esfuercen en filtrar menos agua aún, y la orina se concentra cada vez más. En estas circunstancias, los riñones ya no pueden filtrar mucha orina, y cualquier consumo brusco de grandes cantidades de agua puede causar una grave congestión linfática, edema y, en los casos extremos, incluso la muerte.

En definitiva, la transición entre un estado de deshidratación grave y el de una buena hidratación siempre debe hacerse de un modo muy gradual, y lo mejor es que la supervise un profesional de la salud que comprenda los principios básicos del metabolismo del agua.


Peligros inherentes a las bebidas corrientes

En la mayor parte de las culturas modernas, la mayoría de la gente tiende a responder a la señal natural de sed de su organismo tomando café, té, refrescos, cerveza, vino o una gran variedad de brebajes diferentes. Si bien es cierto que tales bebidas contienen agua, también contienen otras cosas como cafeína, alcohol, azúcar, edulcorantes artificiales u otras sustancias químicas que actúan como poderosos agentes deshidratantes. Cuantas más bebidas de este tipo consume uno, más se deshidrata su organismo. El efecto que producen en el cuerpo es exactamente el contrario del que produce el agua. Por ejemplo, la cafeína provoca respuestas de estrés que al principio tienen un fuerte efecto diurético, dando lugar a un aumento de la micción. Las bebidas con azúcar añadido elevan el nivel de glucosa sanguínea, lo que obliga al cuerpo a deshacerse de grandes cantidades de agua.

Más adelante hablaremos en este libro con más detalle de otros efectos perjudiciales de algunas de estas bebidas corrientes.

CHAPTER 3

Piedras en el riñón


Los riñones son ciertamente los «maestros químicos» del cuerpo. No sólo eliminan los productos de desecho y el exceso de fluidos corporales a través de la orina, sino que también mantienen el vital equilibrio de la sal, el potasio y la acidez. Su principal responsabilidad es conservar la sangre pura y saludable, y mantener el equilibrio apropiado de fluidos en el organismo (véase la figura 1).

Para llevarlo a cabo, los riñones tienen que controlar constantemente el volumen sanguíneo normal y expulsar la cantidad adecuada de orina a fin de mantener su equilibrio. Hay muchos factores que pueden alterar este proceso y causar congestión renal. Entre dichos factores están la dieta inadecuada, la deshidratación, la fatiga, los excesos alimentarios, los cálculos biliares, cualquier perturbación de la tensión arterial, los trastornos digestivos (especialmente el estreñimiento), las medicinas o los estupefacientes y los suplementos vitamínicos (hablaremos más de estos temas en posteriores capítulos). Cuando los riñones no pueden separar de la sangre la cantidad necesaria de orina, parte de ésta se mantiene circulando por el organismo, y por tanto depositando productos urinarios de desecho en los vasos sanguíneos, las articulaciones, los tejidos y los órganos.

En los riñones se forman diminutos cristales cuando los elementos constitutivos de la orina –que normalmente están diluidos en ella– precipitan. La precipitación se produce cuando estas partículas están presentes en demasiada cantidad o cuando la orina se concentra demasiado. Las piedras en el riñón comienzan como minúsculos cristales y van aumentando de tamaño hasta que finalmente pueden hacerse tan grandes como un huevo de gallina. Los cristales diminutos son demasiado pequeños para detectarlos por rayos X; y, dado que normalmente no causan dolor, suelen pasar desapercibidos. Sin embargo, son lo bastante grandes para bloquear el flujo de líquidos por los diminutos túbulos renales. Además, estas partículas cristalinas suelen tener aristas afiladas. Una vez liberados en la orina por los riñones, pueden cortar y desgastar la superficie interna del tracto urinario mientras se dirigen a la vejiga. Esto puede causar un dolor agudo en el bajo vientre o la región lumbar. Incluso puede haber hematuria (sangre en la orina), dolor que baja por las piernas, entumecimiento de los muslos o dificultad para orinar.


(Continues...)

Excerpted from Pasos sencillos hacia una salud total by Andreas Moritz, John Hornecker. Copyright © 2012 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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