Pensamientos Que Te Traeran Felicidad

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Jesus Christ ended the argument regarding slavery to sin by His death on the cross. The benefits of sin have been overcome and grace has been given. Therefore, why can't we live a happy life? Unwrap the four principles that will guide you to happiness and understand the difference between carnal and spiritual thoughts. Then ask yourself: What am I thinking about?

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Jesus Christ ended the argument regarding slavery to sin by His death on the cross. The benefits of sin have been overcome and grace has been given. Therefore, why can't we live a happy life? Unwrap the four principles that will guide you to happiness and understand the difference between carnal and spiritual thoughts. Then ask yourself: What am I thinking about?

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Product Details

  • ISBN-13: 9789875572409
  • Publisher: Peniel
  • Publication date: 3/1/2009
  • Language: Spanish
  • Series: Serie Cuarta dimension Series
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 102
  • Product dimensions: 4.20 (w) x 6.50 (h) x 0.10 (d)

Meet the Author

David Yonggi Cho en un ministro cristiano de origen coreano, y pastor principal y fundador de la Iglesia del Pleno Evangelio Yoido (Asambleas de Dios), la congregacion mas grande del mundo con usa membrecia de 830.000 (cifras del 2007). Cho ha dedicado mas de 44 anos a destacar la importancia del ministerio de grupos celulares. el ha sido el fundador y presidente de numerosas organizaciones entre las que figuran el Centro de Beneficencia Social Elim (Elim Welfare Town), cuya mision es la ayudar a jovenes, ancianos, desempleados e indigentes. Ademas de hablar su coreano nativo, Cho domina el idioma ingles. el ha escrito numerosos libros como La Cuarta dimension (dos volumenes); Orando con Cristo; Mucho mas que numeros; y Oracion, clave de avivamiento.

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PENSAMIENTOS QUE TRAERÁN FELICIDAD


By David Yonggi Cho

Zondervan

Copyright © 2007 Dr. David Yonggi Cho
All right reserved.

ISBN: 978-987-557-240-9


Chapter One

DIBUJE UNA AUTOIMAGEN DE FELICIDAD

Había una mujer de un poco más de veinte años que trabajaba en una oficina. Provenía de una familia noble, motivo por el que se la veía educada, calma, buena y, como si esto fuera poco, su apariencia era bastante atractiva. Pero a partir de un momento de su vida, su semblante se oscureció por una razón que nadie supo. Comenzó a hablar menos, a no encontrarse con los amigos y a estar encerrada en su casa, siempre preocupada. Ante un cambio tan abrupto, sus compañeros comenzaron a preocuparse. Luego de un mes, aproximadamente, retornó de sus largas vacaciones con una sonrisa, a tal punto que parecía otra persona. Si bien su aspecto físico no había cambiado mucho, su actitud era diferente. Ya no tenía esa cara de preocupación, se había convertido en una persona alegre, segura de sí misma y muy sociable con sus compañeros. La gente quería saber el motivo del cambio, pero ella se mantuvo callada. Se dice que un día lo confesó a una persona de confianza, quien siempre la apoyaba en todo.

La cuestión era que ella tenía un complejo de inferioridad debido a su nariz, a talgrado que se sentaba frente al espejo y se maldecía, pues se llenaba de ira. En un intento de ocultar su complejo de inferioridad se mostraba delante de la gente como una persona segura de sí misma; sin embargo, todo esfuerzo era en vano, porque su conciencia sabía que se trataba de un disfraz. Esta hipocresía tampoco perduró por mucho tiempo. Su distorsionada autoimagen predominaba en su mente y espíritu. Llegó a pensar que la gente miraba solo su nariz, y que esa era la razón por la que no podía tener un novio. En fin, esto provocó la falta de alegría en su rostro, y la ausencia de autoconfianza hizo que se apartara de la gente.

Hasta que un día decidió tomarse unas vacaciones largas con el fin de solucionar ese problema. El recurso, para curar la enfermedad de su corazón, consistía en hacerse una cirugía estética. Se dirigió a un hospital y se sometió a una cirugía de nariz. Finalmente, logró su objetivo. Pensando que su nariz era hermosa, su autoimagen cambió 180 grados. A partir de ese instante empezó a creer que había logrado la apariencia física soñada. Lo irónico es que la persona, a quien esta mujer le contó su secreto, no se había dado cuenta de que se había hecho una cirugía de nariz.

La autoimagen de esa mujer podía hacerla reír o llorar. Así como la protagonista de esta historia, todos son influenciados en su manera de pensar y actuar según qué autoimagen tengan en el corazón.

El hombre contagiado de una enfermedad letal

En una época de la historia algunas personas intentaron comprender la existencia del hombre excluyendo el concepto de Dios. Estoy haciendo referencia a los filósofos existencialistas. La comprensión que tenían del hombre era la de un ser que no podía salir del abismo de la culpabilidad, la condenación y la desesperanza. Según el filósofo existencialista dinamarqués Kierkegaard (1813-1855), la enfermedad más letal que causa la muerte del hombre no es el cáncer, sino la pérdida de la identidad, es decir, la desesperanza de haberse perdido a sí mismo. Karl Jaspers (1883-1969), sostuvo que para el hombre existen situaciones límite como la muerte, la ansiedad, la lucha, la culpabilidad, etc., y la existencia del hombre consiste en admitir la frustración de tales situaciones límite. Albert Camus (1913-1960), autor del libro El extranjero, dijo: "Para poder vivir una vida absurda, hay que conocer la falta de sentido de la misma". En fin, el tipo de hombre descubierto por los filósofos existencialistas es un ser que carece de esperanza y vive sin ningún sentido; además, tiene dentro de sí una bomba de tiempo que es la muerte y es incapaz de solucionar ese problema. Definitivamente, el hombre sin Dios es un ser sin esperanza alguna.

Esto significa que, como el hombre es un ser sin esperanza, debe haber alguien que venga en su rescate, de lo contrario, no hay salida. Génesis 3:17-19 describe claramente cómo fue la vida de Adán cuando perdió la esperanza.

Al hombre le dijo: Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida.

La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás.

En pocas palabras, La Biblia declara para Adán la desesperanza. Hasta aquí, el concepto del hombre es similar al de los existencialistas.

Adán tuvo que enfrentarse con la realidad de la desnudez y el rechazo, como consecuencia del pecado. Lo que descubrió de sí mismo fue que la gloria de Dios se había apartado y se sintió avergonzado por su desnudez, motivo por el cual se escondió detrás de un árbol. Además, se encontró con la maldición de las espinas y los cardos, por lo que, con sudor, se vio obligado a sobrevivir en circunstancias totalmente desalentadoras. Por último, Adán descubrió que estaba destinado a la enfermedad y a la muerte, y que volvería al polvo.

Así como observamos en la historia de Adán, La Biblia admite que el hombre es un ser sin esperanza. La manifestación del pecado habla de un hombre que vive en el abismo de la desesperanza.

Una enfermedad letal en la autoimagen

A partir de la caída de Adán, el hombre fue contagiado por el virus del pecado. Al ser expuesto al virus del pecado el ADN del hombre empezó a contaminarse; por lo tanto, el concepto de sí mismo se distorsionó. Como consecuencia de esto, aun hoy, pensamos inconscientemente: "soy pecador, no puedo ser libre del pecado, y mi identidad espiritual es ser esclavo del pecado", es decir, tenemos una autoimagen incorrecta. Todo aquel que tenga una autoimagen incorrecta nunca podrá ser libre del pecado. La enfermedad más letal que puede concebir un hombre que ha sido contagiado por el pecado, es la distorsión de la autoimagen. Esta enfermedad puede observarse en los siguientes casos:

Primero, en las adicciones. Esto se da cuando las personas atan su propia autoimagen con la soga de las malas costumbres. Son presas de los deseos carnales, el alcohol y los juegos de azar. La mayoría de los que tienen una autoimagen de adicción, no están preparados para tolerar la tentación y la prueba del diablo. Piensan constantemente: "soy un mediocre, soy un incrédulo, estoy preso de las costumbres del mundo, no puedo ser libre de este mal hábito", y de esta manera se convierten en adictos.

Segundo, en la infelicidad. Son aquellas personas que piensan que no merecen ser amados por familiares y amigos y, en consecuencia, se alienan. Por ejemplo, los chicos de la calle, en su mayoría, provienen de una familia disfuncional. La semilla de la infelicidad es sembrada cuando los padres se divorcian o uno de sus padres fallece a una temprana edad. No pueden salir de esa autoimagen que dice: "eres alguien que no merece ser amado, eres un inútil". De este modo, riegan la semilla de la infelicidad y, por lo general, terminan destruyendo sus propias vidas. Esta clase de gente es negativa, y vive presa del odio y la ira.

Tercero, en la debilidad. Aquellos que tienen alguna debilidad física tienden a vivir bajo la ansiedad y preocupación de la enfermedad. Piensan que no pueden vivir una vida saludable, puesto que son frágiles y débiles físicamente. Piensan de sí: "soy una persona frágil de nacimiento, la enfermedad volverá en cualquier momento". De esta manera, debido a su autoimagen enfermiza, pierden las defensas mentales y, cuando son azotados por alguna enfermedad, caen desmayados inmediatamente. Esta clase de gente nunca podrá ser libre de la enfermedad.

Por último, en el fracaso. Quizás esta sea la autoimagen más destructiva comparándola con las otras. Al ver su falta de capacidad, recursos y apoyo de otros, terminan pensando: "soy una persona abandonada, soy de baja clase, soy una basura, haga lo que hiciere, terminaré en el fracaso, soy pobre". Personalmente, pude ver cuán destructiva era esta clase de autoimagen por medio de visitas al extranjero. Un denominador común que he descubierto en los países subdesarrollados ha sido la mentalidad de pobreza. Piensan: "somos pobres de generación en generación, jamás podremos ser libres de la pobreza". Lamentablemente, no pude encontrar esperanza alguna en ellos.

Esta realidad se hace más visible en países del sudoeste asiático, África y Sudamérica. Lo sorprendente es que muchos de estos países están llenos de recursos naturales. A pesar de las riquezas naturales y la ilimitada posibilidad de progreso, siguen siendo países pobres. La razón es la mentalidad de fracaso. Los habitantes están determinando el futuro de su nación a través de la mentalidad de la pobreza y el fracaso.

La mentalidad de los israelitas que habían arribado a Cades Barnea era similar. En conclusión, no pudieron pisar la tierra prometida, la tierra de los sueños, la tierra donde fluía leche y miel, a pesar de que la tenían justo en frente. ¿Por qué? Porque, si bien habían experimentado la salvación de Dios y fueron disciplinados durante cuarenta años en el desierto, no pudieron deshacerse de la mentalidad de esclavitud de Egipto para pensar como hijos de Dios. Esta pobre mentalidad se hace visible en el relato de los doce espías. Luego de haber espiado durante cuarenta días, La Biblia aclara que el reporte que ellos presentaron fue negativo.

Y comenzaron a esparcir entre los israelitas falsos rumores acerca de la tierra que habían explorado. Decían: La tierra que hemos explorado se traga a sus habitantes, y los hombres que allí vimos son enormes. Hasta vimos anaquitas! Comparados con ellos, parecíamos langostas, y así nos veían ellos a nosotros. -Números 13:32-33

La mentalidad de esclavitud los hizo considerarse como pequeños e insignificantes, y no les permitió ver la voluntad y el plan de Dios. Es por eso que no vacilaron en afirmar: "Comparados con ellos, parecíamos langostas". Lo importante es que la tierra de Canaán es un territorio donde no se puede entrar con un complejo de langosta. Es decir, a aquel que no tiene la capacidad de pensar como hijo de Dios tampoco le será otorgada oportunidad alguna.

El regalo de Dios: una nueva autoimagen

La única manera de cambiar la autoimagen es volviendo a Jesucristo. En 2 Corintios 5:17 leemos: "Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!". Es en Jesucristo donde uno encuentra una nueva autoimagen. Esta autoimagen consiste en creer que, a pesar de que soy una persona pecadora y por mi injusticia merezco el rechazo, mis pecados fueron perdonados por la sangre de Jesucristo, y ahora soy un justo que ha recibido el perdón de los pecados.

Hace unos años se subastaron en Nueva York las pertenencias de Jacqueline Onassis, esposa del ex presidente John F. Kennedy. En aquella oportunidad, el anillo de compromiso que tenía un valor de 500.000 dólares en el mercado, fue vendido a un precio de 2.590.000 dólares. Los escritos del discurso inaugural del ex presidente también fueron vendidos en 134.000 dólares. Hace poco tiempo se vendió un dibujo, al que Picasso había dedicado tan solo cinco minutos, al valor de una casa. Henry W. Longfellow, un poeta muy famoso de los Estados Unidos, escribió una poesía sobre una hoja de mala calidad, pero fue vendida en 6.000 dólares, cuando el artista aún estaba con vida. Como hemos visto, las cosas ordinarias se vuelven extraordinarias cuando se relacionan con alguien importante. Lo mismo sucede con nuestras vidas. Podemos pensar que somos menospreciados y rechazados en el mundo, pero tenemos que vernos en función del que ha transformado nuestras vidas.

Kim Dae Doo fue un personaje coreano que asesinó a dieciséis personas; él pensaba que nadie lo amaba y que la sociedad lo rechazaba. No obstante, recibió a Jesucristo en la cárcel, y empezó a clamar al Señor todas las madrugadas. De esta manera fue transformado totalmente delante de la cruz de Cristo. Su autoimagen fue cambiada. Pasó a ser de un asesino a un hijo de Dios revestido de su justicia y su gloria. Se dio cuenta de dónde venía, por qué vivía y hacia dónde se dirigía. Estuvo orgulloso de su nueva identidad. En el día de la ejecución, dijo las últimas palabras: "Aleluya! Gracias a Dios Padre quien hoy me está llamando. Hace tanto tiempo que he estado esperando este día. Estoy muy feliz por esta gloriosa muerte que me permite ser aceptado por el Señor. Te doy gracias por haber perdonado por la sangre de Jesucristo, a alguien que merecía caer al infierno, y por aceptarme en tus brazos". Y fue ejecutado.

Qué transformación tan radical! Este criminal que había maldecido a la sociedad, a sí mismo y a la gente, fue transformado totalmente por causa de Cristo, y convertido en una nueva criatura. De esto se trata el cambio de la autoimagen. Una nueva creación en Cristo!

Esta clase de transformaciones ocurren solo cuando uno se encuentra en Cristo. La Biblia dice: "... me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha". La transformación se manifiesta cuando uno abandona el manto del pasado, y concibe una nueva autoimagen en Cristo que dice: "Soy una nueva persona, tengo una nueva identidad".

La autoimagen y la calidad de vida

Aquellos que tienen alguna enfermedad, deben concebir una autoimagen sana en Cristo. Debemos tomar conciencia de que Cristo tomó nuestras enfermedades, y hemos sido curados por sus llagas. He tratado de hacer un especial énfasis en este aspecto, sobre todo cuando predico en países muy pobres. Enfatizo, diciéndolo en reiteradas oportunidades, a fin de que las personas conciban una nueva autoimagen:

-Ustedes no tienen nada que ver con la enfermedad, la enfermedad ha sido resuelta en la cruz, han sido liberados legalmente.

Luego hago una oración por la sanidad divina, y les digo que actúen por fe. De esta manera he visto muchos milagros de personas que han tirado las muletas, han dejado sus sillas de ruedas y han recobrado fuerza en sus brazos.

El milagro más sorprendente que he visto en aquella oportunidad fue el de una mujer que fue sanada de una enfermedad en el hígado, motivo por el que su abdomen era como un tanque de agua al punto que parecía estar embarazada. Luego de la oración, el líquido comenzó a salir, y al cabo de poco tiempo quedó delgada.

Por tanto, debemos ser libres del poder del pecado a través de la sangre de Jesucristo, y concebir una autoimagen libre del diablo y la ansiedad. Al tener una autoimagen débil y enferma, nuestras defensas también se debilitan. Desarrollemos, entonces, una autoimagen que diga que podemos superar y vencer la enfermedad. Mateo 8:17 declara:

Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: "Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores".

Debemos creer que todo lo viejo ha pasado, y ha venido lo nuevo en Cristo, porque Cristo cargó nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores. Definitivamente, debemos tener la autoimagen de una persona sana. En 1 Pedro 2:24 añade:

Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.

¿Qué significa esto? Esto quiere decir que debemos vernos a nosotros mismos sanados hace ya más de dos mil años. En Gálatas 3:13 dice:

Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: "Maldito todo el que es colgado de un madero".

En 2 Corintios 8:9 se menciona lo siguiente:

Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos.

Y Efesios 2:4-6 dice:

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aún cuando estábamos muertos en pecados. Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales.

(Continues...)



Excerpted from PENSAMIENTOS QUE TRAERÁN FELICIDAD by David Yonggi Cho Copyright © 2007 by Dr. David Yonggi Cho. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Prólogo....................PÁG. 7 Capítulo 1 - DIBUJE UNA AUTOIMAGEN DE FELICIDAD....................PÁG. 19 Capítulo 2 - EXTIRPE LOS MALOS PENSAMIENTOS....................PÁG. 39 Capítulo 3 - TRANSPLANTE EL PENSAMIENTO DE DIOS....................PÁG. 57 Capítulo 4 - MINIMICE LA DIFERENCIA ENTRE AMBOS PUNTOS DE VISTA....................PÁG. 73 Capítulo 5 - DESARROLLE LOS CUATRO PRINCIPIOS QUE LO GUIARÁN A LA FELICIDAD....................PÁG. 93
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