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Piense: La vida intelectual y el amor de Dios
     

Piense: La vida intelectual y el amor de Dios

by John Piper, Mark Noll (Preface by)
 
John Piper ofrece la perspectiva de un pastor sobre la vida de la mente al retar a la iglesia a pensar detenidamente para la gloria de Dios. El nuevo libro de Piper ayudará a los cristianos a “pensar sobre el pensamiento.” Enfocarse en la vida de la mente nos ayuda a conocer mejor a Dios, amarlo más y a cuidar del mundo. Junto con el

Overview

John Piper ofrece la perspectiva de un pastor sobre la vida de la mente al retar a la iglesia a pensar detenidamente para la gloria de Dios. El nuevo libro de Piper ayudará a los cristianos a “pensar sobre el pensamiento.” Enfocarse en la vida de la mente nos ayuda a conocer mejor a Dios, amarlo más y a cuidar del mundo. Junto con el énfasis en las emociones y la experiencia de Dios, también debemos practicar el pensamiento cuidadoso acerca de Dios. Piper sostiene que “pensar es indispensable en el camino a la pasión por Dios.” Por tanto, ¿cómo podemos mantener un equilibrio saludable entre la mente y el corazón, el pensamiento y el sentimiento? Piper nos insta a pensar para la gloria de Dios. Él demuestra con la Escritura que glorificar a Dios con nuestras mentes y corazones no es uno-u-otro, sino ambos y. Pensar cuidadosamente sobre Dios alimenta la pasión y el afecto por Dios. De la misma manera, la emoción que exalta a Cristo nos guía al pensamiento disciplinado. A los lectores se les recordará que “la mente sirve para conocer la verdad que alimenta los fuegos del corazón.”

John Piper offers a pastor’s perspective on the life of the mind in his challenge to the church to think hard for the glory of God. Piper’s newest book will help Christians think about thinking. Focusing on the life of the mind helps us to know God better, love him more, and care for the world. Along with an emphasis on emotions and the experience of God, we also need to practice careful thinking about God. Piper contends that “thinking is indispensable on the path to passion for God.” So how are we to maintain a healthy balance of the mind and heart, thinking and feeling? Piper urges us to think for the glory of God. He demonstrates from Scripture that glorifying God with our minds and hearts is not either-or, but both-and. Thinking carefully about God fuels passion and affections for God. Likewise, Christ-exalting emotion leads to disciplined thinking. Readers will be reminded that “the mind serves to know the truth that fuels the fires of the heart.”

Editorial Reviews

From the Publisher
Muchas veces consideramos que pensar y sentir se excluyen mutuamente, especialmente tratándose de la experiencia cristiana. Sin embargo, el glorificar a Dios con nuestras mentes y con nuestros corazones no es cuestión de tener que elegir entre lo uno y lo otro sino de ambos. El concentrarse en la vida de la mente le permitirá conocer mejor a Dios, amarlo más e interesarse por otros. Este libro lo ayudará a pensar sobre la reflexión y sobre cómo la mente y el corazón glorifican juntos a Dios.

Product Details

ISBN-13:
9781414339597
Publisher:
Tyndale House Publishers
Publication date:
07/01/2011
Pages:
272
Product dimensions:
5.50(w) x 8.20(h) x 0.80(d)

Read an Excerpt

Piense

La vida intelectual y el amor de Dios
By John Piper

Tyndale House Publishers, Inc.

Copyright © 2011 Desiring God Foundation
All right reserved.

ISBN: 978-1-4143-3959-7


Chapter One

MI PEREGRINAJE

Ciertamente, los pensamientos y los afectos son sibi mutuo causae, la causa mutua de ambos: "Cuanto más pensaba más me enardecía" (Salmo 39:3); de modo que los pensamientos son el fuelle que aviva e inflama los afectos; y si estos se inflaman, provocan que los pensamientos hiervan; por eso los hombres que se han convertido a Dios recientemente, al tener afectos nuevos y fuertes, pueden pensar en Dios con más placer que ningún otro. THOMAS GOODWIN

He vivido toda mi vida con la tensión que existe entre pensar, sentir y hacer.

La movida del 79

Después de veintidós años de una continua educación formal y de seis años de enseñar en la universidad, dejé el mundo académico por el pastorado a los treinta y cuatro años. Eso fue hace casi treinta años. Recuerdo la noche del 14 de octubre de 1979, cuando escribí siete páginas en mi diario sobre la crisis que había en mi alma con respecto a la enseñanza en la universidad frente al ministerio pastoral. Fue uno de los días más importantes de mi vida. Puedo ver eso ahora.

En ese entonces, me pareció que estas cosas —pensar, sentir y hacer— encontrarían un mejor equilibrio en la iglesia que en la universidad. Al decir "mejor," me refiero a un equilibrio apropiado para mis dones, el llamado de Dios, las necesidades de las personas y los propósitos de Dios para este mundo. Creo que hice lo correcto. Pero no me refiero a que sea correcto para todos.

En realidad, uno de los propósitos de este libro es celebrar el lugar indispensable de la educación en la causa de Cristo. Si cada profesor de la universidad o seminario hiciera lo que yo hice, sería trágico. Me encanta lo que Dios hizo por mí en la educación durante veintiocho años, desde los seis a los treinta y cuatro años.

No soy parte del grupo que mira atrás con consternación por lo que se me enseñó o no. Si tuviera que hacerlo todo de nuevo, tomaría casi las mismas clases con los mismos profesores y enseñaría en casi todos los mismos cursos. No esperaba que la universidad, el seminario y la escuela de posgrado me enseñaran las cosas que tuve que aprender en el trabajo. Si he tropezado, no fue su culpa.

El gozo doloroso del ámbito académico

Tampoco dejé el ámbito académico porque fuera sofocante espiritualmente. Por el contrario, durante toda la universidad, más aún en el seminario e incluso más en mis seis años de enseñanza universitaria, mi lectura, pensamiento y escritura hicieron que mi corazón ardiera con celo por Dios. Nunca he sido uno de esos cuyo corazón se ha marchitado cuando conocieron mejor a Dios y a su Palabra. Poner más conocimiento de Dios y de sus maneras en mi cabeza fue como arrojar madera en el horno de mi adoración. Para mí, ver ha significado saborear. Y cuanto más claramente veo, más dulce es el sabor.

No es que no haya habido lágrimas. Algunos de mis conceptos acerca de Dios se esfumaron en las llamas de la verdad bíblica. Me dolió. Algunas tardes, ponía la cara entre mis manos y lloraba con el dolor de la confusión. Pero, como dice un proverbio de los indígenas estadounidenses, el alma no tendría arco iris si el ojo no tuviera lágrimas. Algunos deleites son solamente posibles del otro lado del dolor. Es verdad cuando el predicador dice: "Cuanta más sabiduría tengo, mayor es mi desconsuelo; aumentar el conocimiento sólo trae más dolor" (Eclesiastés 1:18). Pero vale la pena.

Tampoco digo que el entendimiento que me guió a saborear fuera fácil. El trabajo que implica entender lo que la Biblia quiere decir cuando habla sobre Dios es a menudo angustiosamente difícil. Conozco algo de la agonizante declaración de Lutero: "Indagué ansiosamente a Pablo en este asunto, deseando con fervor saber qué deseaba San Pablo." Simplemente quiero decir que, cuando todo está dicho y hecho, la tarea de pensar me condujo una y otra vez a la adoración. Para mí el ámbito académico fue vivificante.

Estimulado a predicar por romanos 9

Me fui en busca de una nueva vida de júbilo por la verdad. Irónicamente, el hecho que provocó mi partida fue un período sabático en el que escribí un libro sobre Romanos 9. The Justification of God (La justificación de Dios) es el libro más complicado e intelectualmente exigente que he escrito. Aborda los asuntos teológicos más difíciles y uno de los textos más dificultosos de la Biblia. No obstante, irónicamente, la investigación y escritura de este libro fue lo que Dios usó para inflamar mi corazón por la predicación y el ministerio pastoral. Escribir este libro tan difícil sobre la soberanía de Dios no fue desalentador; fue incendiario. Este era el Dios que más que nada quería proclamar, no solamente explicar.

Sin embargo, fue la explicación lo que encendió la proclamación. No he olvidado eso. Ese es el punto principal de este libro. No lo he olvidado porque todavía es verdad. Dice el salmista: "Cuanto más pensaba, más me enardecía, hasta que disparé un fuego de palabras" (Salmos 39:3). Meditar, cavilar, ponderar, pensar: esa ha sido mi senda hacia ver, saborear, cantar, hablar ... y permanecer. Este ha sido mi trabajo año tras año: el pensar, saturado de oración, dependiendo del Espíritu, en lo que Dios ha revelado de sí mismo para proporcionar combustible para la pasión y la predicación.

El pensamiento es indispensable en la senda hacia la pasión por Dios. El pensamiento no es un fin en sí mismo. Nada sino Dios mismo es, a la postre, un fin en sí mismo. El pensamiento no es la meta de la vida. Pensar, así como no pensar, puede ser la base para la jactancia. El pensamiento sin oración, sin el Espíritu Santo, sin obediencia, sin amor, envanece y destruye (1 Corintios 8:1). Pero el pensamiento bajo la poderosa mano de Dios, empapado en oración, conducido por el Espíritu Santo, amarrado a la Biblia, a la búsqueda de más razones para alabar y proclamar las glorias de Dios, al servicio del amor es indispensable en una vida de la más completa alabanza a Dios.

La tensión

Y sin embargo la tensión permanece. El pensamiento, el sentimiento y la acción se empujan entre sí en mi vida, intentando conseguir más espacio. Nunca parece haber una proporción satisfactoria. ¿Debería hacer más, pensar más, sentir más, expresar más sentimiento? Sin duda, este malestar es debido en parte a peculiaridades en mi personalidad, a factores originados en mi trasfondo y a la corrupción que aún permanece en mi corazón.

Pero esta tensión también se debe a la historia del exceso de intelectualismo y antiintelectualismo en la iglesia, y en parte a la complejidad de la Biblia misma. Con mucha frecuencia, la iglesia ha tenido dudas sobre "la vida intelectual." Estados Unidos, en particular, tiene una larga historia de desconfianza evangélica en la educación y en la labor intelectual. La crónica más notable de esta historia para los evangélicos es el libro de Mark Noll The Scandal of the Evangelical Mind, cuya primera frase es: "El escándalo de la mente evangélica es que no hay mucha mente evangélica."

El lamento de los pensadores

Treinta años antes de la crítica de Noll, Harry Blamires escribió: "A diferencia de la mentalidad secular, ninguna mentalidad cristiana vital opera de manera fructífera, como una influencia coherente y reconocible, en nuestra vida social, política o cultural.... No existe la mentalidad cristiana." Después de Noll, otros se han unido al lamento. J. P. Moreland tiene un capítulo llamado: "How We Lost the Christian Mind and Why We Must Recover It [Cómo perdimos la mente cristiana y por qué debemos recuperarla]," y Os Guinness ha escrito Amarás a Dios con toda tu mente: Por qué no pensamos y por qué deberíamos hacerlo.

Estos amigos describen no solamente el mundo sino el hogar en el que crecí. En lo que respecta al mundo, R. C. Sproul ha escrito que "vivimos en lo que puede ser el período más antiintelectual en la historia de la civilización occidental." Por lo que toca a mi formación fundamentalista, Noll dice que, en cuanto al pensamiento que abarca a la sociedad, a las artes, a la persona humana y a la naturaleza, "para esa clase de reflexión, los hábitos mentales alentados por el fundamentalismo sólo pueden ser calificados como desastrosos." Por lo tanto, quizás no es sorprendente que me encuentre llevado en diferentes direcciones. Porque incluso Noll admite que existen logros maravillosos para el bien del mundo originados por los mismos impulsos que, en parte, socavaron la más profunda vida intelectual.

El conocimiento: peligroso y liberador

Pero sea lo que sea que haya heredado en la atmósfera de mi mundo y de mi hogar, la tensión más madura que experimento entre el pensamiento, el sentimiento y la acción se debe en gran parte a la Biblia misma. Hay algunas frases en la Palabra de Dios que hacen parecer peligroso al conocimiento y otras que lo hacen parecer glorioso. Por ejemplo, por un lado dice: "El conocimiento envanece, pero el amor edifica" (1 Corintios 8:1, rv60). Por otra parte dice: "Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres" (Juan 8:32). El conocimiento es peligroso. El conocimiento es liberador. Esta no es una paradoja aislada.

De manera que lo que quiero hacer en este libro es llevarlo conmigo a la Biblia misma para ver cómo Dios ha ordenado este acto de pensamiento en relación a otros actos cruciales de la vida. ¿Cómo se relaciona con nuestra creencia, con nuestra adoración y nuestra vida en este mundo? ¿Por qué hay tantas advertencias sobre el "conocimiento" (1 Timoteo 6:20), la "sabiduría de este mundo" (1 Corintios 3:19), las "filosofías" (Colosenses 2:8), la "mente reprobada" (Romanos 1:28, rv60), los "sabios e inteligentes" que no pueden ver (Lucas 10:21) y aquellos cuyo entendimiento está entenebrecido (Efesios 4:18)?

"Piensa en lo que te digo"

A pesar de todas estas advertencias, el abrumador mensaje de la Biblia es que el conocimiento de la verdad es crucial, y el pensamiento —el uso ávido, humilde y bueno de la mente que Dios nos dio— es esencial para conocer la verdad.

Dos pasajes de la Escritura proporcionan la idea principal de este libro. El primero es 2 Timoteo 2:7, en el que Pablo le dice a Timoteo: "Piensa en lo que te digo. El Señor te ayudará a entender todas estas cosas." El mandamiento es que él piense, considere, use la mente para comprender lo que quiere decir. La razón que Pablo da para este pensamiento es la siguiente: "El Señor te ayudará a entender." Pablo no los pone en tensión: pensar por un lado y recibir el don del entendimiento de Dios por el otro. Los dos van juntos. El pensamiento es esencial en el camino al entendimiento. Pero el entendimiento es un don de Dios. Ese es el punto de este libro.

"Búscalos como si fueran plata"

El otro pasaje está en Proverbios 2:1-6. Lo resumiré para que sea más fácil ver cuán similar es a 2 Timoteo 2:7: "Clama por inteligencia y pide entendimiento. Búscalos como si fueran plata.... Entonces ... obtendrás conocimiento de Dios. ¡Pues el Señor concede sabiduría! De su boca provienen el saber y el entendimiento." El asunto principal es que deberíamos buscar el entendimiento como un avaro busca la plata. Deberíamos usar nuestra mente con avidez y habilidad. ¿Cuál es la razón que se nos da? La misma que dijo Pablo: "¡Pues el Señor concede sabiduría!" Van juntos. Nosotros buscamos el entendimiento y Dios lo da. Buscarlo como plata es esencial para encontrarlo. Pero el hallazgo es un don de Dios. Ese es el punto de este libro.

Una anécdota de Benjamin Warfield puede aclarar este asunto. Warfield fue profesor en Princeton Seminary durante treinta y cuatro años, hasta su muerte en 1921. Se sentía consternado ante quienes veían oposición entre la oración pidiendo iluminación divina y el análisis riguroso de la Palabra escrita de Dios. En 1911, dio un discurso a los estudiantes con esta exhortación: "A veces, escuchamos decir que diez minutos de rodillas nos darán un conocimiento de Dios más verdadero, profundo y eficaz que diez horas de libros. '¡Vaya!' Es la reacción apropiada, '¿más que diez horas sobre tus libros, de rodillas?'" Ambos-y. No uno u otro. Esa es la visión que trato de alentar en este libro.

Ahora, a presentar un amigo y a sentar las bases

En un sentido, el capítulo siguiente es una extensión de este porque nos cuenta la historia de cómo un hombre hizo un impacto tremendo en mi experiencia de esta vida de ambos-y. Se podría decir que es un tributo a un amigo al que nunca conocí en persona. En realidad, murió hace más de 250 años. Para mí, se convirtió en una inspiración para ser esta clase de persona ambos-y.

Pero en otro sentido, el próximo capítulo es la base del resto del libro. Este amigo me proporcionó el fundamento más profundo sobre cómo el pensamiento y el sentimiento se relacionan entre sí. Hizo esto mediante su visión de la naturaleza trinitaria de Dios. Espero que usted se beneficie de su visión tanto como yo.

(Continues...)



Excerpted from Piense by John Piper Copyright © 2011 by Desiring God Foundation. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers, Inc.. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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