Pierde peso, gana bienestar

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Product Details

  • ISBN-13: 9788497779883
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 11/30/2013
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 272
  • Sales rank: 941,215
  • Product dimensions: 6.00 (w) x 9.10 (h) x 0.70 (d)

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Pierde peso, gana bienestar

Abandona las dietas y empieza a vivir


By Andreas Moritz

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2013 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-988-3



CHAPTER 1

El mito «perfecto»


La selección social

Nunca deja de sorprenderme la cantidad de programaciones y dietas que prometen soluciones rápidas para desprenderse de los kilos y «consejos sorprendentes» para perder peso. Pero quizás lo que más me asombra sean las páginas web y los programas que se anuncian con frases como «pierda 4,5 kilos en 11 días», o bien «pierda 11 kilos en 45 días».

Además de los defraudadores que buscan hacer dinero rápido, hay muchísimos dietistas, nutricionistas y también programas, gimnasios y clases de aeróbic que asumen la carga de tu exceso de peso y prometen ayudarte a deshacerte de él.

Quienes acuden a esos programas y cursos se ven empujados a una balanza, con una cinta métrica alrededor de la cintura y un plan dietético a dos centímetros de la nariz e incluso con un dedo amenazador que les señala una cinta de caminar o un programa de ejercicios.

Es posible que parte de esa desesperación por «ser perfectos» tenga algo que ver con desear tener una figura perfecta: delgadas, esbeltas y sexy, ellas; musculados y varoniles, ellos.

Existe una selección social según la cual a la gente «guapa», tanto hombres como mujeres, se la recompensa, sutil y no tan sutilmente, por ser delgada, estilizada y bella. La mayoría de nosotros estamos condicionados y respondemos de manera cordial a las personas que lucen una figura que responde a ciertos cánones sociales y con cierto recelo a quienes no tienen buena figura.

Constantemente se nos bombardea con imágenes de cuerpos delgados y atléticos en las vallas publicitarias, la televisión, los envases de alimentos, en cualquier sitio prácticamente. Pero, ¿quién establece esos cánones? ¿Quién determina lo que es estar delgado? ¿Existe algo así como un peso ideal?

¿Qué sucede con los millones de personas con sobrepeso y clínicamente obesas? Y no ajustarse a los estándares de belleza es el menor de sus problemas. El sobrepeso y la obesidad representan unos riesgos considerables para la salud, independientemente del espejo con que la sociedad nos apremia.

Es bien sabido que la obesidad multiplica el riesgo de sufrir cardiopatías, diabetes o enfermedades cardiovasculares, además de otras muchas enfermedades. Y el exceso de peso en algunas zonas del cuerpo y en distintos sistemas y órganos representa tan sólo algunas de las complicaciones que surgen de cargar con un exceso de equipaje.

La persona con sobrepeso sufre de contaminación interna, congestión y crisis tóxica, además de cargar años y años con desechos venenosos.

Más adelante entraré en detalles de las crisis tóxicas, pero por el momento me basta con señalar que incluso los planes para perder peso más científicamente elaborados omiten hechos esenciales científicos que poco tienen que ver con pesos, medidas, alimentos probados en laboratorio y recuentos de calorías.

Y sí, la obesidad es un auténtico problema que ha alcanzado proporciones alarmantes en Estados Unidos. A Norteamérica se la conoce como «la nación con sobrepeso». Por otra parte, la obesidad está en cabeza de la lista de los mayores asesinos de Norteamérica, y es desde hace ya mucho tiempo junto a la obesidad infantil, las cardiopatías y la diabetes motivo de gran preocupación.

Según diversas de las agencias que siguen de cerca la salud y la obesidad en la población actual, más de dos tercios de los norteamericanos tiene sobrepeso y un tercio sufre obesidad.

En cifras absolutas esto representa que más del 66 por 100 de la población adulta (más de 200 millones de personas) tiene sobrepeso, incluido un 34 por 100 con obesidad; todo ello según el NHANES (Cuestionario de salud y hábitos alimentarios en la población norteamericana en 2005-2006).

Este cuestionario reveló también que en las dos últimas décadas se había producido un significativo aumento en esas cifras. No es de extrañar que encaje perfectamente con un estilo de vida cada vez más sedentario donde el ordenador ha quitado horas a muchas tareas y actividades que necesitaban un trabajo previo (incluido el ejercicio al aire libre y el deporte) y donde se da una adicción a la comida rápida y a los alimentos industrializados.

La obesidad es también un grave peligro para la salud en niños y adolescentes. Según datos del NHANES (1976-1980 y 2003-2006) aproximadamente un 17 por 100 de niños y adolescentes de edades comprendidas entre los 2 y los 19 años tienen sobrepeso.

Atendiendo a la edad, el índice de obesidad en niños de 2 a 5 años ha aumentado de un 5 a un 12,4 por 100; de los 6 a los 11 años, de un 6,5 a un 17,0 por 100; y de los 12 a los 19 años de un 5 a un 17,6 por 100.


Mitos acerca de la pérdida de peso

Sin dudad, la mayoría de las personas con sobrepeso desean dejar de perder kilos, pero a veces se sienten desesperados debido a la presión mediática, la de la industria cosmética y la de los fabricantes de alimentos. Impulsados por los beneficios y sin escrúpulo alguno, esas industrias archimillonarias se apoyan en la falta de seguridad sobre tu figura y tu peso. Establecen unos cánones de salud que hacen que las personas se sientan vulnerables y las inducen a perder la autoestima, animando a esa población crédula a creer que necesita seguir perdiendo peso para estar sana y tener una buena apariencia.

Se trata de una trampa sencilla y seductora que lleva a millones de personas a una encrucijada de la que no pueden escapar. Cuando llegan a sentirse realmente desesperadas, aparecen esas empresas con sus maravillosos productos y ofrecen devolverles la salud y la normalidad, sin olvidar un peso ideal.

En cuanto a estas empresas depredadoras se refiere, la única solución a un individuo con sobrepeso está en los cientos de productos que venden para perder peso, ya sean con receta o sin ella. Esta idea es la que ha llevado a millones de personas a adoptar unas miras estrechas desde el punto de vista médico y unas técnicas autodestructivas con el objetivo de perder peso.

Es algo así como el cultivo de una psique colectiva que funciona mágicamente para aportar pingües ganancias a un puñado de personas. Funciona llenando las estanterías de las tiendas de nuestros barrios con más y más alimentos industrializados, y funciona creando naciones de personas obesas.

Si la industria farmacéutica y la alimentaria no trabajaran en ese sentido, ¿quién compraría todas esas pastillas, preparados y dietas que fabrican para que volvamos a estar delgados y en forma?

La dieta y el ejercicio físico son los puntales de la mayoría de los programas para reducir peso, de modo que gran parte de los productos y pastillas están relacionados con esos dos aspectos de la salud, si bien se tratan de técnicas imaginativas que ofrecen secretos para perder peso «extraordinariamente rápidos y seguros».

Entre las recomendaciones de esos programas que siguen millones de personas con sobrepeso destaca la de reducir la ingesta de calorías a fin de ingerir menos de lo que el cuerpo necesita a diario.

El negocio en torno a la pérdida de peso ha creado toda una jerga que confunde al ciudadano medio. Tras visitar al dietista uno se ve atrapado por términos como «bajo en calorías», «bajo en carbohidratos », «bajo en grasas», «rico en fibra», «bajo en azúcares», que le irán rondando por la cabeza todo el día.

Si el consejo es el de hacer ejercicio, entonces los términos serán «quemar grasas», «esculpir el cuerpo», «ejercicio intenso», y frases como «sin dolor no hay resultados», «hacer un esfuerzo extra», etc.

El mensaje es alto y claro: comer menos, quemar más y castigar el cuerpo.


Dietas de choque: Poner a dieta a una persona con sobrepeso debería significar reducirle los niveles de ansiedad de una manera instantánea. No estoy demasiado seguro de lo que supone en los requerimientos nutricionales y en la salud global del cuerpo humano.

Sin embargo, las dietas de choque y las dietas de pasar hambre, las cuales producen un gran impacto en el organismo, son muy populares, entre ellas la famosa dieta Atkins, la Dukan y la de Weight Watchers.

Cuando a finales de los años noventa y principios del 2000 la dieta Atkins arrasaba en EE. UU. y en otros muchos países, se estima que 1 de cada 11 norteamericanos seguía esta dieta y que el 18 por 100 de la población seguía una dieta baja en hidratos de carbono.

La venta en alimentos ricos en hidratos de carbono, como la pasta y el arroz, cayó en picado y cundió el pánico entre algunas de las principales marcas de estos productos. De modo alternativo, tal como se esperaba, algunas empresas alimentarias sacaron tajada de la moda de los alimentos bajos en hidratos de carbono y se empezaron a comercializar este tipo de productos (Coca-Cola lanzó al mercado C2, que supuestamente contiene la mitad de los hidratos de carbono, de azúcares y de calorías que la Coca-Cola estándar).

Pero como sucede con todas las dietas pasajeras, la popularidad de la dieta Atkins se desvaneció debido a las controversias que levantó una dieta tan drástica como ésta, y empezó lentamente a decaer.

Ejercicio: Para quienes quieren resultados inmediatos y no tienen suficiente con la dieta, los llamados expertos tienen otra fórmula: hacer ejercicio de manera intensa y seguir una dieta de choque. Se supone que en un momento u otro se producirá el milagro, siempre que uno tenga el estómago, la determinación y el nivel de energía suficientes para agotar y debilitar al organismo ¡todo a un tiempo!

Complementos dietéticos: Y además para los ávidos de dieta existe algo más: complementos nutricionales, vitaminas y bebidas energéticas. ¿No es una coincidencia que exista una solución preparada para prácticamente cada seguidor de este tipo de dietas?

Pastillas: ¿Puede haber algo más fácil? Es lo más encantador de la industria de la pérdida de peso: la dieta de las pastillas. Directo del desierto africano llega una dieta basada en pastillas que eliminan el apetito. Imagina la expectación que esto generó en la industria farmacéutica, ¡finalmente la ciencia moderna había descubierto un antiguo remedio, una píldora mágica para tratar la obesidad! Se trataba del extracto de una planta suculenta de la familia de las apoquináceas, la hoodia, la cual contiene un componente químico, un glucósido, que lleva el inocuo nombre de P57.

El Consejo Sudafricano para la Investigación Científica e Industrial (CSIR) fue quien aisló y patentó en 1996 el P57. Más tarde el consejo concedió la licencia a Phytopharm, una empresa británica, para su comercialización. Phytopharm colaboró con la empresa Pfizer en el proyecto, pero posteriormente se descubrió que el fármaco producido desencadenaba graves efectos secundarios y dañaba el hígado. El fármaco no llegó a ser aprobado por la FDA (Agencia de Alimentos y Medicamentos), pero se receta y vende de manera ilegal, especialmente en Internet.

Estimulantes del metabolismo: Los estimulantes metabólicos son otro de los recursos favoritos que se recetan para perder peso casi al instante, o al menos eso parece. Según sus defensores, al parecer estos estimulantes aceleran el metabolismo y por consiguiente ejercen un fuerte efecto termogénico en el organismo. Ello significa que el cuerpo experimenta un repentino aumento de calor, lo cual supuestamente ocasiona una lipólisis, es decir, una degradación de la grasa.

Hipnosis: Otro método realmente imaginativo para perder peso es, lo creamos o no, la hipnosis. Quienes abogan por este método, que sin duda cobran tarifas desorbitantes, hacen creer por medio de la hipnosis que hay ciertos alimentos que son dañinos y otros, beneficiosos. ¡Como si fuera así de sencillo!

Alimentos inteligentes: Rivalizan con la hipnosis en cuanto a técnica para reducir peso, son otra creativa promesa: la comida rápida sana. Comercializados como «alimentos inteligentes», los defensores de estos «alimentos para la concienciación de las calorías» pretenden que creamos que McDonald's, Burger King y otros ofrecen productos que reducen las calorías que ingerimos con sólo detenernos en sus establecimientos. Afirman que las terneras que sacrifican para hacer sus hamburguesas han sido criadas con piensos libres de grasas, y que los alimentos elaborados con esas carnes mantienen a raya nuestra ingesta de calorías. No es difícil adivinar quién patrocina y divulga todas esas ideas.

Índice de masa corporal: Otro error generalizado en el mundo de los controladores de peso es que existe una talla ideal, generalizada y aplicable a todo el mundo. Para establecer un estándar de referencia para las personas con sobrepeso, los expertos en el tema crearon el concepto IMC, o índice de masa corporal. Se trata de un parámetro o punto de referencia que utiliza el Departamento de Salud, los dietistas, expertos en nutrición y controladores de peso para determinar quién tiene sobrepeso y quién no.


Tipo corporal

El IMC se calcula dividiendo el peso en kilos entre la estatura en metros elevada al cuadrado. Se considera que los adultos de más de 20 años con un IMC de entre 25 y 29,9 tienen sobrepeso, y los que superan un IMC de 30, son considerados obesos.

Según otra clasificación convencional del cuerpo humano que atiende a su forma física y su musculatura, existen tres tipos de cuerpo: ectomorfo, mesomorfo y endomorfo. Así, un cuerpo ectomorfo es esbelto y delgado y no tiene predisposición a engordar, ya que su ritmo metabólico es alto. Los individuos de cuerpo ectomorfo son hiperactivos y no especialmente fuertes.

El cuerpo mesomorfo es naturalmente atlético, musculoso y delgado, y puede perder grasa con facilidad en virtud de su metabolismo rápido y eficiente.

El tipo endomorfo es más bien grueso y rechoncho, tiene tendencia a ganar peso y a almacenar grasas debido a su metabolismo lento.

Si bien ni los dietistas ni los planes para perder peso lo dirán, la mayoría de los métodos para perder peso y de las dietas de choque tienen como objetivo convertir los tipos endomorfos en ectomorfos y mesomorfos.

¿Has visto alguna vez las imágenes de «antes y después» que se utilizan en las promociones publicitarias de las dietas milagro? De manera milagrosa, las mujeres pasan de tener sobrepeso a lucir una figura de ánfora, mientras que los hombres pasan de estar fofos a estilizados y musculosos. ¡Como si todas las mujeres que desean perder peso pudieran pasar a tener un tipo ectomorfo y los hombres, mesomorfo! Pues sí, la mayoría de las dietas para perder peso aseguran poder realizar este sorprendente milagro. Y es que si no lo aseguraran, ¿quién aceptaría sus programas?


Un cuerpo equilibrado

En este libro examinaremos los principios de la buena salud y su relación específica con el peso corporal. Recordemos que ambos conceptos son inseparables, uno no puede conseguir un peso verdaderamente óptimo si no tiene una buena salud.

Según la antigua ciencia del ayurveda, cada ser humano es la compleja experiencia de tres unidades: mente, cuerpo y espíritu. Los tres juntos forman una sola expresión de la fuerza vital, o dosha o prana.

Cada momento de descanso y de acción es por consiguiente una expresión del propio dosha según el tipo corporal y el estado físico, mental y espiritual del ser humano.

Como he mencionado anteriormente, el cuerpo humano está clasificado tradicionalmente en tres tipos corporales: ectomorfo, mesomorfo y endomorfo. La ciencia ayurvédica no define cada tipo corporal de acuerdo con su musculatura, sino que considera que cada uno de los tres es una combinación de los cinco elementos del universo: aire, fuego, agua, tierra y éter. A los tres tipos corporales les llama vata, pitta y kapha (de ellos hago mención detallada en mi libro Los secretos eternos de la salud (Ediciones Obelisco). Cada tipo corporal corresponde a un solo individuo.

Todos nosotros hemos nacido con algunas características de los tres tipos corporales, pero en proporciones diferentes. Por lo tanto es importante identificar el tipo corporal al que cada uno de nosotros pertenece para determinar qué nos va bien, qué funciona mejor para nuestro organismo.

La buena salud y la felicidad es una búsqueda constante del equilibrio. Esto significa que nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro espíritu deben estar en armonía entre sí, algo que con el tiempo puede conseguirse.

La vida moderna, especialmente la del mundo occidental, nos ha apartado tanto de nuestro estado natural de buena salud que hemos ido acumulando demasiada carga en nuestro interior. El estrés, los alimentos industrializados, los estimulantes y los fármacos se han convertido en una carga para nuestro cuerpo, sus órganos y sus sistemas, y éstos acaban obstruidos, congestionados y contaminados. El resultado es un organismo agotado que lucha en vano por conseguir calma y equilibrio.

Si contrastamos esto con los procesos convencionales para perder peso, observaremos que lo que es bueno para una persona no siempre resulta bueno para otra. Por eso evaluar la salud con patrones establecidos no tiene sentido, no funciona. Así por ejemplo, un determinado alimento o incluso un medicamento producen un efecto diferente en cada persona. La talla única no va bien a todo el mundo. Las dietas, las tablas de ejercicios y los planes para perder peso están confeccionados con patrones muy generales, raramente tienen en cuenta las peculiaridades personales.

Por otra parte, al situar como objetivo la pérdida de peso, y no la salud o el bienestar, suelen ignorar este principio básico: restablecer el equilibrio natural del cuerpo, la mente y el espíritu resulta en una pérdida de peso y en un estado de vitalidad y felicidad.


(Continues...)

Excerpted from Pierde peso, gana bienestar by Andreas Moritz. Copyright © 2013 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents

Preámbulo, 7,
Introducción, 9,
1. El mito «perfecto», 13,
2. La obesidad fabricada, 27,
3. La historia por dentro, 47,
4. El gran árbol, 63,
5. La guerra biológica, 89,
6. Cirugía: ¿una solución fatídica?, 109,
7. Colgados del azúcar, 127,
8. Legitimar un error, 141,
9. Los reparadores, 151,
10. La limpieza, 163,
11. La hora de la verdad, 189,
12. Energía, no ejercicio, 199,
13. El peso de la ley, 219,
Acerca del autor, 235,
Otras obras del autor, 237,
Índice analítico, 247,

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