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Poder sin limites: La nueva ciencia del desarrollo personal (Unlimited Power: The New Science of Personal Achievement)

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Anthony Robbins lo llama la nueva ciencia del desarrollo personal. Tú lo llamarás la mejor cosa que te ha pasado.
 
Si sueñas con una vida mejor, Poder sin límites te mostrará cómo lograr la extraordinaria calidad de vida que deseas y mereces, mejorando a la vez tu vida personal y profesional. A través de sus libros, Anthony Robbins le ha demostrado a millones que utilizando el poder de la mente puedes hacer, tener, lograr y crear todo lo ...

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Anthony Robbins lo llama la nueva ciencia del desarrollo personal. Tú lo llamarás la mejor cosa que te ha pasado.
 
Si sueñas con una vida mejor, Poder sin límites te mostrará cómo lograr la extraordinaria calidad de vida que deseas y mereces, mejorando a la vez tu vida personal y profesional. A través de sus libros, Anthony Robbins le ha demostrado a millones que utilizando el poder de la mente puedes hacer, tener, lograr y crear todo lo que quieras. Le ha mostrado a miembros de la realeza, atletas olímpicos y profesionales, estrellas de cine y hasta niños cómo lograr sus metas, y ahora en Poder sin límites, Robbins elocuentemente revela la ciencia del desarrollo personal, enseñándote:

   • Cómo saber lo que realmente deseas
   • Las siete mentiras del éxito
   • Cómo reprogramar tu mente en cuestión de minutos para eliminar miedos y fobias
   • Los secretos de la creación de una relación amistosa y inmediata con cualquier persona que conozcas
   • Cómo duplicar el éxito de los demás
   • Las cinco claves de la riqueza y la felicidad

Poder sin límites es un revolucionario libro que te ayudará a mantener tu mente en buena forma. Te mostrará, paso a paso, cómo realizar tus metas de manera óptima, conseguir la libertad emocional y financiera, alcanzar el liderazgo y la autoconfianza, y ganar la cooperación de los demás, dándote la sólida confianza y el coraje que te permitirá alcanzar el éxito, así como cambiar tu vida y tu mundo.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780307475633
  • Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
  • Publication date: 4/5/2011
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 480
  • Sales rank: 219,673
  • Product dimensions: 5.06 (w) x 7.96 (h) x 0.98 (d)

Meet the Author

Empresario, conferenciante y asesor, Anthony Robbins ha dado cursos de mejora personal en empresas como IBM, ATT y American Express; instituciones gubernamentales estadounidenses y a equipos deportivos como los Dodgers de Los ángeles. Es el autor de varios bestsellers, entre cuales destaca también Controle su destino. Sus obras han sido traducidas a catorce idiomas.
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1
LA MERCANCÍA DE LOS REYES

La gran finalidad de la vida no es el conocimiento, sino la acción.
THOMAS HENRY HUXLEY

Me hablaban de él desde hacía meses. Decían que era joven, sano, rico, feliz y próspero. Quise convencer me por mí mismo. Le observé atentamente mientras salía de los estudios de la televisión y le seguí luego durante varias semanas, para observarle mientras impartía consejos a todo el mundo, desde el presidente de un país hasta un paciente víctima de una fobia. Le vi discutir con especialistas en dietética y ejecutivos del ferrocarril, y trabajar con atletas y con niños afectados por el fracaso escolar. Parecía increíblemente feliz con su mujer y enamorado de ella mientras ambos viajaban por todo el país y luego emprendían la vuelta al mundo. Y cuando regresaron, tomaron el avión a San Diego para pasar unos días con la familia en su casa, una mansión sita en las playas del océano Pacífico.

¿Cómo era posible que aquel muchacho de poco más de veinticinco años, sin más estudios que un bachillerato, hubiera conseguido tantas cosas en tan poco tiempo? Al fin y al cabo, era el mismo individuo que sólo tres años atrás vivía en un piso de soltero de unos cuarenta metros cuadrados, y se lavaba él mismo los platos en la bañera. ¿Cómo un desgraciado con quince kilos de sobrepeso, escasas relaciones y perspectivas muy limitadas podía convertirse en una persona equilibrada, llena de salud y bien relacionada, miembro influyente de su comunidad y pletórico de oportunidades de éxito?

Parecía increíble, ¡y lo más asombroso de todo es que eseindividuo soy yo mismo! «Su» historia es la mía.

Desde luego, no estoy diciendo que el éxito sea lo único que me importa. Es evidente que todos albergamos sueños e ideas diferentes acerca de lo que nos gustaría hacer de nuestras vidas. Además, tengo perfectamente claro que las personas a quienes uno conoce, los lugares que uno frecuenta y las propiedades que uno posee no dan la verdadera medida del éxito personal. Para mí, el éxito está en la continuidad del esfuerzo de quien aspira a más. Es la oportunidad de progresar incesantemente en los aspectos emocional, social, espiritual, psicológico, intelectual y económico, al tiempo que uno aporta algo a los demás en alguna faceta positiva. El camino hacia el éxito está siempre en construcción. Es un proceso permanente y no una meta que se deba alcanzar.

La moraleja de mi historia es sencilla. Mediante la aplicación de los principios que leerá usted en este libro pude cambiar no sólo el concepto que tenía de mí mismo sino también los resultados obtenidos en la vida, y ello de manera considerable y comprobable. El propósito de este libro es participarle a usted el quid de la diferencia que me permitió cambiar mi suerte a mejor. Y espero sinceramente que las técnicas, las estrategias, las aptitudes y las técnicas psicológicas que desarrollo en esta obra resulten tan eficaces para usted como lo han sido para mí. En nosotros mismos está el poder para transformar nuestras vidas en la realización de nuestros mayores sueños: ¡ha llegado el momento de desencadenarlo!

Cuando contemplo con qué ritmo he logrado convertir mis sueños en mi realidad actual, no puedo evitar una sensación de inaudita emoción y gratitud. Y desde luego, estoy muy lejos de constituir un caso único. La realidad es que vivimos una era en que muchas personas consiguen realizar cosas estupendasca si de la noche a la mañana, y alcanzar éxitos inimaginables en épocas anteriores. Consideremos a Steve Jobs: un chico en pantalones vaqueros y sin un céntimo, que tuvo la idea del ordenador doméstico y levantó una compañía, hoy situada entre las 500 principales de la revista Fortune, con una celeridad nunca vista. Consideremos a Ted Turner: de un medio de comunicación que apenas existía, la televisión por cable, hizo un imperio. Consideremos a personajes de la industria del espectáculo como Steven Spielberg o Bruce Springsteen, a hombres de negocios como Lee Iacocca o Ross Perot. ¿Qué tienen en común todos ellos, salvo un éxito asombroso y prodigioso? La respuesta, naturalmente, es ésta: poder.

La palabra «poder» es de las que suscitan emociones fuertes, y muy diversas por cierto. Para unos tiene una connotación negativa; otros no anhelan sino el poder. Algunos consideran que les mancharía, como cosa venal y sospechosa. Y usted, ¿cuánto poder desearía tener? ¿Qué medida de poder le parecería justo alcanzar o desarrollar? ¿Qué significa el poder para usted, en realidad?

Yo no veo el poder como una manera de adueñarse de las personas. No creo que la imposición sea buena, ni le propongo a usted que lo intente. El poder de esa especie rara vez es duradero. Le aconsejo que entienda, sin embargo, que el poder es una constante de este mundo. O da usted forma a sus propias percepciones, o se encargarán de ello otras personas. Para mí el poder definitivo consiste en ser capaz de crear los resultados que uno más desea, generando al mismo tiempo valores que interesen a otros. Es la capacidad para cambiar la propia vida, dar forma a las propias percepciones y conseguir que las cosas funcionen a favor y no en contra de uno mismo. El poder verdadero se comparte, no se impone. Es la aptitud para definir las necesidades humanas y para satisfacerlas (tanto las propias como las de las personas que a uno le importan). Es el don de gobernar el propio reino individual (los procesos del propio pensamiento y los actos de la propia conducta) hasta obtener exactamente los resultados que uno desea.

A través de la historia, la capacidad de controlar nuestras vidas ha asumido muchas formas diferentes y contradictorias. En las épocas más primitivas, el poder era una simple consecuencia de la fisiología: el más fuerte y el más rápido tenía el poder para controlar su propia existencia, así como la de otros. A medida que se desarrolló la civilización, el poder se hizo hereditario. El rey, rodeado de los símbolos de su realeza, mandaba con autoridad indiscutible; otros, poniéndose a su servicio, podían participar de ese poder. Luego, en los primeros tiempos de la Era Industrial, el poder iba asociado con el capital; los que tenían acceso al capital dominaban el proceso industrial. Todas esas cosas conservan todavía cierta importancia: es mejor tener capital que no tenerlo; vale más tener fuerza física que no tenerla. Sin embargo, hoy día una de las fuentes más importantes de poder es la que deriva del saber especializado.

Muchos de nosotros nos hemos enterado ya de que vivimos en la era de la información. Ya no estamos en una cultura primordialmente industrial, sino en la de las comunicaciones. En la época actual, las nuevas ideas, los movimientos y los conceptos nuevos cambian el mundo casi a diario, bien sean tan profundos como la física cuántica o tan vulgares como la mejor manera de comercializar una hamburguesa. Si hay una característica que sirva para definir el mundo moderno, ésa es el flujo masivo, casi inimaginable, de la información… y, por consiguiente, del cambio. La información nueva cae sobre nosotrosa través de libros, películas, altavoces y microprocesadores electrónicos, como un ciclón de datos que pueden verse, tocarse y oírse. En esta sociedad, los que poseen la información y los medios para comunicarla tienen lo que solían tener los reyes: un poder ilimitado. Como ha escrito John Kenneth Galbraith: «El dinero fue el motor de la sociedad industrial. Pero en la sociedad de la información, el propulsor, el poder, es el conocimiento. Hemos visto emerger una nueva estructura de clases en donde la división se establece entre quienes tienen la información y quienes se ven obligados a actuar dentro de la ignorancia. La nueva clase dominante extrae su poder, no del dinero, ni de la propiedad de la tierra, sino de los conocimientos».

Lo excitante y lo que interesa observar es que, hoy, esa clave del poder está a disposición de todos nosotros. En los tiempos medievales, si no se nacía rey resultaba muy difícil llegar a serlo. Al comienzo de la revolución industrial, si no se poseía capital, las posibilidades de llegar a reunirlo eran desde luego muy escasas. Pero hoy, cualquier muchacho con pantalones vaqueros puede crear una compañía capaz de cambiar el mundo. En la era moderna, la información es la mercancía de los reyes. Los que tienen acceso a determinadas formas del conocimiento especializado pueden transformarse a sí mismos y, por muchas maneras, influir en el mundo entero.

Lo cual nos plantea una cuestión evidente. Cierto que en Estados Unidos el tipo de conocimiento especializado que se necesita para cambiar la calidad de la propia vida está al alcance de todos, en cualquier librería, tienda de vídeo o biblioteca. Puede uno obtenerlo mediante conferencias, cursos y seminarios. Y todos deseamos triunfar. La lista de los libros más vendidos abunda en recetarios para el éxito: El Ejecutivo al Minuto,* En busca de la excelencia, Megatendencias, Lo que no le enseñarán en la Harvard Business School…** Es una lista inacabable. La información está ahí. Por tanto, ¿a qué se debe queunos obtengan resultados fabulosos, mientras otros se limitan a ir tirando? ¿Por qué no somos todos poderosos, felices, sanos, ricos y prósperos?

El hecho es que, incluso en la era de la información, no basta sólo con estar informado. Si no se necesitase más que ideas y una mentalidad positiva, entonces todos habríamos tenido un pony cuando niños y ahora estaríamos viviendo nuestro sueño hecho realidad. Es la acción lo que da consistencia a todo éxito sobresaliente. La acción, y sólo ella, produce resultados. El conocimiento no es más que poder en potencia, excepto cuando recae en manos de quien sabe cómo conducirse a sí mismo para actuar con eficacia. O mejor dicho, la definición literal de poder es ésta: «capacidad para actuar».

Lo que hacemos en la vida está determinado por la manera en que nos comunicamos con nosotros mismos. En el mundo moderno, la calidad de vida es calidad de la comunicación. Lo que nos representamos y decimos a nosotros mismos, nuestra manera de movernos y de utilizar los músculos de nuestro cuerpo y nuestras expresiones faciales, determinará en buena medida la cantidad de nuestros conocimientos que apliquemos.

Muchas veces caemos en la trampa mental de contemplar a los que tienen éxito y figurarnos que son así gracias a algún don especial. Sin embargo, un examen más detenido nos demostraría que el don principal que tienen quienes destacan sobre los demás —y lo que les diferencia de éstos— es su aptitud para ponerse en acción. Pero ese «don» puede desarrollarlo cualquiera de nosotros. En fin de cuentas, otras personas poseían los mismos conocimientos que Steve Jobs; otros, además de Ted Turner, habían previsto también que el cable encerraba unas posibilidades enormes. Pero Turner y Jobs supieron lanzarse a la acción, y al hacerlo cambiaron nuestra manera de percibir el mundo.

Todos nosotros producimos dos formas de comunicación que configuran nuestras experiencias vitales. En primer lugar, desarrollamos una comunicación interna, constituida por las cosas que nos representamos, decimos y sentimos en nuestro fuero interno. En segundo lugar, experimentamos la comunicación externa: con el mundo exterior nos comunicamos por medio de palabras, entonaciones, expresiones faciales, posturas corporales y acciones físicas. Cualquier comunicación de las que realizamos es una acción, una causa puesta en movimiento. Y todas las comunicaciones ejercen algún tipo de efecto sobre nosotros mismos y sobre los demás.

La comunicación es poder. Quienes han alcanzado el dominio eficaz de aquélla están en condiciones de modificar su propia experiencia del mundo y la experiencia que el mundo saca de ellos. La totalidad de la conducta y de los sentimientos tiene sus raíces en alguna forma de comunicación. Quienes influyen en los pensamientos, sentimientos y acciones de la mayoría de nosotros son aquellos que saben cómo utilizar esa herramienta de poder. Pensemos en las personas que han cambiado nuestro mundo: John F. Kennedy, Thomas Jefferson, Martin Luther King, Franklin Delano Roosevelt, Winston Churchill, Mahatma Gandhi; o, en una tesitura negativa, recordemos a Hitler. Lo que tuvieron en común esos hombres fue su maestría de la comunicación. Fueron capaces de llevar su visión personal, bien se tratase de enviar un hombre a la Luna o de levantar un Tercer Reich saturado de odio, y comunicarla a los demás con tal coherencia, que les permitió influir sobre los pensamientos y las acciones de las masas. Con su poder de comunicación cambiaron el mundo.

Y en efecto, ¿no es esto mismo lo que distingue de los demás a un Steven Spielberg, a un Bruce Springsteen, a un Lee Iacocca, a una Jane Fonda o a un Ronald Reagan? ¿No son maestros en el empleo de la herramienta de la comunicación humana, la influencia? Pues lo mismo que esas personas saben mover a las masas por medio de la comunicación, esa herramienta es la que utilizamos también para movernos a nosotros mismos.

El dominio que usted tenga de la comunicación hacia el mundo externo determinará su grado de éxito con los demás (en los aspectos personal, emocional, social y económico). Pero, lo que es más importante, el grado de éxito que usted perciba interiormente (la felicidad, la alegría, el éxtasis, el amor o cualquier otra cosa que usted desee) es el resultado directo de cómo se comunica usted consigo mismo. Lo que uno percibe no es el resultado de lo que le ocurre en la vida, sino de la interpretación que da a lo que le ocurre. La historia personal de quienes triunfan nos demuestra, una y otra vez, que la calidad de la vida no está determinada por lo que nos ocurre, sino por lo que hacemos ante lo que nos ocurre.

Usted es la única persona que puede decidir cómo quiere sentir y actuar, en función de cómo haya elegido percibir su existencia. Nada tiene sentido, excepto el que nosotros mismos le demos. En muchos de nosotros, este proceso de interpretación se ha convertido en un automatismo, pero siempre es posible redirigir ese poder y cambiar inmediatamente nuestra experiencia del mundo.

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