Poesía completa

Poesía completa

by Jorge Luis Borges
     
 

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La obra poética completa del maestro argentino en un solo volumen

Además de extraordinario narrador y ensayista, Jorge Luis Borges fue un excelente poeta. De hecho, puede decirse que la poesía es el alma de su obra. Indisociable de sus cuentos y ensayos, estos poemas son parte indispensable del universo borgiano y constituyenSee more details below

Overview

La obra poética completa del maestro argentino en un solo volumen

Además de extraordinario narrador y ensayista, Jorge Luis Borges fue un excelente poeta. De hecho, puede decirse que la poesía es el alma de su obra. Indisociable de sus cuentos y ensayos, estos poemas son parte indispensable del universo borgiano y constituyen una indagación paralela a los asuntos que siempre le apasionaron: los libros, la memoria, los laberintos, los espejos, el amor o la eternidad. De los poemas que integran esta fantástica colección cabe destacar “El mar”, “Arte poética”, “El laberinto”, “Límites” y su primer libro de poesía Fervor de Buenos Aires, entre otros muchos. Dueño de un fino oído y una impresionante capacidad para crear imágenes memorables, Borges revive en sus grandes poemas la intensidad que recorre la gran tradición occidental desde Homero hasta Eliot. En palabras del propio Borges: “Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto”.
 
“La deuda que tenemos contraída con él quienes escribimos en español es enorme”. —Mario Vargas Llosa

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Product Details

ISBN-13:
9780307950994
Publisher:
Knopf Doubleday Publishing Group
Publication date:
09/04/2012
Sold by:
Random House
Format:
NOOK Book
Pages:
656
Sales rank:
423,823
File size:
2 MB

Meet the Author

Considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX en cualquier idioma, la obra de Jorge Luis Borges continúa inspirando a nuevas generaciones de lectores gracias al deslumbrante poder de sus imágenes y la inmensa profundidad de sus temas. 
 
 

Brief Biography

Date of Birth:
August 24, 1899
Date of Death:
June 14, 1986
Place of Birth:
Buenos Aires, Argentina
Place of Death:
Geneva, Switzerland
Education:
B.A., Collège Calvin de Genève, 1914

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PRÓLOGO

Este prólogo podría denominarse la estética de Berkeley, no porque la haya profesado el metafísico irlandés –una de las personas más queribles que en la memoria de los hombres perduran–, sino porque aplica a las letras el argumento que éste aplicó a la realidad. El sabor de la manzana (declara Berkeley) está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma; análogamente (diría yo) la poesía está en el comercio del poema con el lector, no en la serie de símbolos que registran las páginas de un libro. Lo esencial es el hecho estético, el thrill, la modificación física que suscita cada lectura. Esto acaso no es nuevo, pero a mis años las novedades importan menos que la verdad.

La literatura impone su magia por artificios; el lector acaba por reconocerlos y desdeñarlos; de ahí la constante necesidad de mínimas o máximas variaciones, que pueden recuperar un pasado o prefigurar un porvenir.

He compilado en este volumen toda mi obra poética, salvo algún ejercicio cuya omisión nadie deplorará o notará y que (como de ciertos cuentos de Las mil y una noches dijo el arabista Edward William Lane) no podía ser purificado sin destrucción. He limado algunas fealdades, algún exceso de hispanismo o argentinismo, pero en general, he preferido resignarme a los diversos o monótonos Borges de 1923, 1925, 1929, 1960, 1964, 1969 así como al de 1976 y 1977. Esta suma incluye un breve apéndice o museo de poesías apócrifas.

Como todo joven poeta, yo creí alguna vez que el verso libre es más fácil que el verso regular; ahora sé que es más arduo y que requiere la íntima convicción de ciertas páginas de Carl Sandburg o de su padre, Whitman.

Tres suertes puede correr un libro de versos: puede ser adjudicado al olvido, puede no dejar una sola línea pero sí una imagen total del hombre que lo hizo, puede legar a las antologías unos pocos poemas.

Si el tercero fuera mi caso yo querría sobrevivir en el «Poema conjetural», en el «Poema de los dones», en «Everness», en «El Golem» y en «Límites». Pero toda poesía es misteriosa; nadie sabe del todo lo que le ha sido dado escribir. La triste mitología de nuestro tiempo habla de la subconsciencia o, lo que aún es menos hermoso, de lo subconsciente; los griegos invocaban la musa, los hebreos el Espíritu Santo; el sentido es el mismo.

J. L. B.
 

FERVOR DE BUENOS AIRES
(1923)
 
PRÓLOGO

No he reescrito el libro. He mitigado sus excesos barrocos, he limado asperezas, he tachado sensiblerías y vaguedades y, en el decurso de esta labor a veces grata y otras veces incómoda, he sentido que aquel muchacho que en 1923 lo escribió ya era esencialmente –¿qué significa esencialmente?– el señor que ahora se resigna o corrige. Somos el mismo; los dos descreemos del fracaso y del éxito, de las escuelas literarias y de sus dogmas; los dos somos devotos de Schopenhauer,
de Stevenson y de Whitman. Para mí, Fervor de Buenos Aires prefigura todo lo que haría después. Por lo que dejaba entrever, por lo que prometía de algún modo, lo aprobaron generosamente Enrique
Díez-Canedo y Alfonso Reyes.

Como los de 1969, los jóvenes de 1923 eran tímidos. Temerosos de una íntima pobreza, trataban como ahora de escamotearla bajo inocentes novedades ruidosas. Yo, por ejemplo, me propuse demasiados fines: remedar ciertas fealdades (que me gustaban) de Miguel de Unamuno, ser un escritor español del siglo XVII, ser Macedonio
Fernández, descubrir las metáforas que Lugones ya había descubierto,
cantar un Buenos Aires de casas bajas y, hacia el poniente o hacia el Sur, de quintas con verjas.

En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha;
ahora, las mañanas, el centro y la serenidad.

J. L. B.
Buenos Aires, 18 de agosto de 1969
 

A quien leyere

Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor.

J. L. B.
 

LA RECOLETA
Convencidos de caducidad por tantas nobles certidumbres del polvo,
nos demoramos y bajamos la voz entre las lentas filas de panteones,
cuya retórica de sombra y de mármol promete o prefigura la deseable dignidad de haber muerto.
Bellos son los sepulcros,
el desnudo latín y las trabadas fechas fatales,
la conjunción del mármol y de la flor y las plazuelas con frescura de patio y los muchos ayeres de la historia hoy detenida y única.
Equivocamos esa paz con la muerte y creemos anhelar nuestro fin y anhelamos el sueño y la indiferencia.
Vibrante en las espadas y en la pasión y dormida en la hiedra,
sólo la vida existe.
El espacio y el tiempo son formas suyas,
son instrumentos mágicos del alma,
y cuando ésta se apague,
se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte,
como al cesar la luz caduca el simulacro de los espejos que ya la tarde fue apagando.
Sombra benigna de los árboles,
viento con pájaros que sobre las ramas ondea,
alma que se dispersa en otras almas,
fuera un milagro que alguna vez dejaran de ser,
milagro incomprensible,
aunque su imaginaria repetición infame con horror nuestros días.
Estas cosas pensé en la Recoleta,
en el lugar de mi ceniza.
 
EL SUR
Desde uno de tus patios haber mirado las antiguas estrellas,
desde el banco de sombra haber mirado esas luces dispersas,
que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar ni a ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán, la humedad
–esas cosas, acaso, son el poema.

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