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Product Details

  • ISBN-13: 9788497774390
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 5/10/2008
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 158
  • Product dimensions: 6.24 (w) x 9.11 (h) x 0.44 (d)

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Regresiones


By Juan Antonio López Benedí

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2008 Juan Antonio López Benedí
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-439-0



CHAPTER 1

El trance y los estados Alterados de la conciencia


Cuando se habla de la hipnosis, o del trance en sentido amplio, hay quienes piensan que se trata de una mistificación para personas excesivamente crédulas o débiles mentales. Otros, en cambio, creen que se relaciona con un proceso casi mágico que se puede aplicar como talismán para curar cualquier dolencia, ya se trate de algo físico, mental o emocional, o bien de una llave poderosa para adentrarse en el terreno de lo sobrenatural. Pero ya los antiguos sabios decían que la sabiduría y la virtud se encuentran en el «dorado camino medio». Pongamos los pies en la tierra y asentemos algunas ideas. Lo creo necesario ahora, aunque me reitere sobre lo tratado en otras ocasiones, para poner las bases de la fenomenología que afronto en este libro. Lo haré de forma esquemática, sencilla, dirigida especialmente a quienes no tienen otros conocimientos al respecto, aunque servirá también para refrescar la memoria de los expertos y, en suma, será de utilidad para todos. El sentido práctico nos hace a veces alejarnos de los conceptos básicos. No obstante, la visión global y simplificadora resulta siempre de utilidad.

El trance y los estados alterados de la conciencia se relacionan con procesos de comunicación. Por ello hay personas muy dotadas como comunicadoras, en diferentes áreas profesionales, como puede ser el mundo del periodismo, el espectáculo, la gerencia, el comercio, la política, la religión, la literatura, las relaciones públicas, las artes amatorias, la enseñanza, las ventas, la publicidad, el humor, el deporte o las finanzas, al margen de los diversos tipos de terapias o la medicina, que ejercen algún tipo de hipnosis, de trance o alteración de conciencia sobre otras, aunque jamás lo hubieran llegado a sospechar. Incluso quienes creen carecer de dotes para la comunicación seguramente han influido, en momentos puntuales de forma involuntaria y con las artes hipnóticas sobre personas ajenas o sobre ellas mismas. Veamos algunos ejemplos sencillos y cotidianos.

Todos hemos vivido experiencias interesantes, excitantes, que hemos deseado contar de inmediato, revivirlas con personas cercanas, ya se trate de amistades, familia o colegas con quienes compartimos los esfuerzos del trabajo cotidiano. ¿Quién no ha contado alguna vez una experiencia vacacional con la intención de sorprender o causar envidia en el auditorio? ¿Quién no ha descrito, con todo lujo de detalles, alguna vivencia, incluso valiéndose de la imaginación para engrandecerla, sintiéndose crecer en autoestima al hacerlo? Tal vez sólo ocurriera en una ocasión. Tal vez ni siquiera llegáramos a expresarlo y quedó en el terreno de la fantasía; en un deseo que la timidez nos impidió realizar. Es cierto que a algunos se les da mejor hacerlo. En esas personas parece fluir la simpatía y se convierten con facilidad en el centro de interés de cualquier reunión. Hay quienes, al contarnos «sus cosas», nos contagian su entusiasmo, ya sea positivo o negativo, optimista o pesimista. Nos hacen compartir sus vivencias o fantasías. Y seguramente se trata de personas muy abiertas y parlanchinas, es decir, que «practican» mucho. Pero también es cierto que hay momentos de inspiración, momentos de exaltación emocional en que conseguimos, aunque sólo sea por un segundo, seducir, transmitir ilusión o entusiasmo. Quiero creer que esto es así para todo ser humano. Y quiero creerlo porque, si no lo fuera, sería muy triste esa vida en particular; una vida exenta de encanto y seducción.

Supongamos que somos amigos. Supongamos que nos encontramos en la calle una mañana soleada y nos saludamos con entusiasmo. Supongamos que te sonrío, que te doy un abrazo y que te digo con énfasis: ¡qué ganas tenía de verte! Y supongamos que tú sientes que es verdad; que notas ese cosquilleo particular que te hace iluminarte entre sonrisas; que se te alegra el día al ver ese brillo en mi mirada. Y entonces yo te cuento el motivo de mi emoción. Porque yo, además de evocar todos esos momentos entrañables que hemos vivido juntos, te digo que acabo de regresar de un viaje maravilloso; que he estado buceando en unas aguas transparentes, sobre arenas blancas, bajo un sol cálido y el arrullo de una brisa dulce. Que en esas aguas sentí la realidad del paraíso, contemplando cientos de peces tropicales, nadando con graciosos movimientos, entre fabulosas formaciones de coral blanco. Me sumergí dejándome llevar, olvidándome de todo; sólo existía el sonido y la presión del agua; una presión agradable, muy agradable. Estaba suspendido entre el cielo y la tierra. Por un instante fue todo perfecto. Volví después a la superficie y me dejé flotar entre unas olas mansas, mientras sentía la caricia del sol en mi cara. Y entonces me acordé de ti. Deseé volver a verte y ahora te encuentro. Y te doy un abrazo, porque este deseo de cariño sincero se ha hecho realidad.

Vivir una escena así, compartiendo el entusiasmo y el cariño, es un acto hipnótico. En ese momento se altera nuestra conciencia y entramos en trance. Y aunque sea un trance ligero, será sin duda un lapsus, una isla, de nuestra conciencia habitual. Hay quienes, en tales momentos, pierden la noción del tiempo; seguramente nos ha ocurrido a todos en alguna ocasión. Nos olvidamos de la hora que es y del lugar donde nos encontramos, para quedarnos atrapados por un sueño, un encuentro: una evocación emocional intensa. Parece que se abriera la puerta de otro mundo, por un instante de duración impredecible, tal vez eterno. En un momento así, las manecillas del reloj pueden recorrer horas, como si fueran minutos o segundos; minutos, como si fuesen horas. ¿No es verdad?

Pero recordemos también alguno de esos momentos en que cualquier persona que conduce un automóvil sabe que ha salido de un punto y ha llegado a otro, a su destino. Que estaba sola en el interior del vehículo y constata en su reloj que han pasado al menos veinte minutos. Y no recuerda el trayecto, o una parte del mismo. Es como si no fuera consciente de pasar por donde necesariamente ha pasado. Puede que no le conceda mayor importancia; sencillamente se ha distraído. Aunque ha estado realizando una serie de movimientos complejos, coordinados, para conducir y lo ha hecho de modo correcto, puesto que no ha tenido ningún percance. ¿Qué ocurrió? Se alteró su conciencia; vivió un trance espontáneo.

¿Y cómo no evocar esos momentos, tan típicos y entrañables de nuestra infancia, en que una voz monótona, cargada con inmejorables deseos pedagógicos, nos inducía por las inmediaciones de la luna, mientras fijábamos nuestra inocente atención en una mosca, por ejemplo?

La vida está llena de momentos dulces que nos acunan por trances más allá de la realidad cotidiana; más allá de la gris monotonía. Nos hipnotizamos para vivir. Y vivimos a través de sueños que alimentan nuestras ilusiones, que nos generan motivación para seguir esforzándonos; que nos permiten adornar y embellecer nuestras metas y renovarlas, para no caer en la depresión, el pesimismo, la desgana y esa dejadez que es como un suicidio lento.

El primer amor adolescente es también un claro ejemplo de trance; todo enamoramiento lo es, cuando es auténtico. De ahí deriva ese refrán: «quien se enamora no lo nota, pero poco a poco se vuelve idiota». Y es que esta expresión de «volverse idiota» se refiere a quedar anclado en un tipo de realidad o conciencia alterada: un tipo de trance. La persona amada se convierte en objeto exclusivo de nuestra atención y el resto del mundo parece desvanecerse. En esto consiste la focalización de la mente, que se acentúa y potencia a través de un estado emocional de exaltación.

Pero son muchos otros los casos en que también hemos sufrido trances, alteraciones de la conciencia o focalizaciones de la mente, inducidos por otras personas, circunstancias, hechos o experiencias que nos dejaron marcas muy fuertes y determinantes para nuestra existencia posterior, la mayor parte de las veces en forma lastrante, castradora, negativa o traumática.

A veces, en momentos de irritación extrema, una madre o un padre, una pareja, pueden llegar a decir a su retoño, o pueden decirse mutuamente, aun siendo la persona aludida aquella que más quieren: «eres un estúpido; nunca llegarás a nada»; «nadie te querrá»; «sólo sabes hacerme sufrir», «ya no te quiero»; «te mataría»; «si no te callas, te tiro por la ventana». Expresiones parecidas y muchas otras de la misma índole han poblado y siguen poblando la infancia, la juventud o la vida entera de muchas personas. Y cuando tales palabras se reciben, como suele ser habitual, en momentos de exaltación emocional negativa, frustración, ira o cualquier otro tipo de dolor o alteración emocional intensa, se convierten en mensajes de sugestión, en mensajes hipnóticos, que marcan y condicionan de forma contundente. Se convierten en voces interiorizadas que llegan a asumirse como propias y corroen la autoestima, entre otras cosas, y condenan, como implacables y constantes gotas de agua que cayeran en la roca más dura, a la propia aniquilación.

Afortunadamente, se necesita una serie de repeticiones, de reforzamientos de los mensajes, para que éstos se instalen de forma perniciosa en nuestras conductas, en nuestra vida. Y en ese tiempo se pueden hacer ajustes. En esto consiste el proceso de autoconocimiento, crecimiento y reconstrucción personal. Cuando tales «marcas» se arraigan con mayor solidez, se producen síntomas neuróticos, temores o manías, que generan problemas de intensidad creciente, asociados y alimentados por situaciones estresantes. Esa intensidad puede llegar a bloquear temporalmente nuestro sistema, no sólo en lo que respecta a los recuerdos, sino también a la capacidad de valorar o decidir en los procesos de comunicación en nuestras relaciones familiares, profesionales o sociales, y pueden llegar a convertirnos de víctimas en verdugos a la vez que contagiamos estos peligrosos «virus» mentales o emocionales. También se convierten en causa de enfermedades psicosomáticas. Entonces se hace imprescindible la terapia. Así podemos comprender y explicar muchas de las terribles plagas de agresividad y violencia que padecemos en diversos aspectos de nuestro mundo actual.

El trance, superficial o profundo, que se logra a través de los estados de alteración de la conciencia, en forma voluntaria o involuntaria, es una herramienta poderosa. Por este medio podemos lograr grandes metas, con resultados asombrosos, vivir experiencias sublimes de gozo pleno. Pero también puede usarse, condicionados por la ignorancia muchas veces, como un arma sumamente peligrosa y destructiva. Todos lo hacemos; todos usamos tales procesos, en mayor o menor medida, voluntaria o involuntariamente, a diario. Por ello nos conviene asumir la responsabilidad que implica, y aprender a usarlos para el bienestar propio y de los demás. Si lo conseguimos, si aprendemos a dar el cauce adecuado a este potencial inmenso, lograremos hacer realidad los mitos o creencias sobre el reino de los cielos o el paraíso. En nuestras manos se encuentran estas riendas, que nos permitirán dirigir nuestra conciencia y nuestra vida cotidiana hacia el esplendor de la felicidad. Regresiones.indd 14 21/12/07 10:54:49

CHAPTER 2

Recuerdos y proyecciones


Son muchas las vivencias del pasado que marcan nuestras vidas. Todas lo hacen, de una forma u otra; somos el resultado de los actos, pensamientos, sentimientos y decisiones que hemos llevado a cabo ante las diferentes circunstancias, necesidades y propuestas de nuestra cotidianidad. Los procesos de la memoria, los recuerdos, se ven afectados por una gran cantidad de emociones, hechos o impactos, tanto sensoriales como imaginativos, reactivos o desarrollados a través de un proceso de comunicación. Veamos unos ejemplos.

En el capítulo anterior comentaba aquellos casos en que, en momentos de irritación extrema, una madre o un padre pueden llegar a decir a su retoño, aun tratándose de la persona a la que más quieren: «eres imbécil; nunca llegarás a nada»; «nadie te querrá»; «sólo sabes hacerme sufrir», «ya no te quiero»; «te mataría»; «si no te callas, te tiro por la ventana». Cuando tales palabras se reciben, como suele acontecer, en momentos de exaltación emocional negativa, frustración, ira o cualquier otro tipo de dolor emocional intenso, de alteración emocional, se convierten en mensajes de sugestión, en mensajes hipnóticos, que marcan y condicionan de forma contundente. Se convierten en voces interiorizadas que llegan a asumirse como propias y corroen la autoestima, entre otras cosas, y condenan, como pacientes y constantes gotas de agua que cayeran en la roca más dura, a la propia aniquilación. Aquí encontramos muchas de las raíces que nos condicionan y deforman nuestra forma de ver el mundo y relacionarnos con la realidad. Podríamos comparar estos casos con el mito bíblico del fruto prohibido o del pecado original. Cargamos con ese lastre y se necesitará mucho tiempo aún para limpiar completamente las secuelas de los maltratos verbales. Mientras tanto, más que buscar culpables, nos conviene darnos cuenta de tales condicionantes, tales proyecciones, y observarlas, para ir filtrándolas, ajustándolas, con el fin de lograr nuestra mejora en el equilibrio emocional. En la medida de lo posible, se trata de evitar seguir transmitiendo tales lacras, pero también debemos entender que, cuando tal cosa ocurre, es porque nos encontramos desbordados. Así ocurrió en el pasado, por parte de quienes pudieron hacerlo con nosotros. Y así continúa ocurriendo, por desgracia, hoy. Y por lo que a nosotros respecta, debemos tener cuidado para evitar errores en las experiencias de regresión.

Por otra parte, el maltrato psicológico es muy frecuente en las relaciones humanas. Nos maltratamos psicológicamente a nosotros mismos y a los demás, muchas veces sin darnos cuenta. Nos maltratamos física y moralmente, movidos por la torpeza, la ignorancia y los complejos de inferioridad, como consecuencia de aquellas lacras heredadas, a las que antes me he referido. Y una de las utilidades que tienen las regresiones, en sentido terapéutico, es detectar tales voces, tales lacras y condicionamientos para limpiarlos de nuestros filtros de percepción. La agresión es una estrategia de dominio. La llevamos en nuestra herencia genética de simios y carnívoros, así como de guerreros humanos, especializados en las artes de la caza y la ofensiva militar, como estrategias de supervivencia, en procesos claramente diferenciados del mundo animal. La agresión, cuando es física, en su sentido más primitivo, sigue la ley del más fuerte. La agresión psicológica es otra estrategia de dominio, propia de los seres humanos; una herramienta adaptativa. Se desarrolló a partir de la inseguridad, el miedo y el sentimiento de inferioridad generado frente a las facultades biológicas del resto de animales. El propósito de la agresión psicológica es minar la fuerza de la parte contraria, a través de diferentes estrategias gestuales, sonoras e imaginativas, que generan ciertos procesos de inducción, hacia la alteración de la conciencia y la transformación de las emociones o impulsos agresivos del rival. Dentro de tales procesos se sucede uno, peculiar y paradójico, asociado con el humor. El maltrato vinculado con el humor se corresponde con agresiones psicológicas, que pueden llegar a convertirse en agresiones físicas. Se encuentra mucho más desarrollado, en nuestra sociedad, que el maltrato físico, y resulta más difícil de percibir y contrarrestar. El maltrato psicológico, en general, tiende a comenzar desde ciertos ámbitos ambiguos del humor y el juego. Alcanza su punto culminante en la adolescencia, y a partir de entonces debería suavizarse hasta desaparecer. Pero en muchos casos, por las dificultades propias y no resueltas de tal etapa evolutiva, se instala como pauta de dominio y autovaloración patológica. Sus primeras fases aparecen como humor reactivo, vengativo, sutil y traicionero, a partir de la frustración, la inseguridad propia y la falta de autoestima, que prefiere la humillación de los demás al esfuerzo propio de crecimiento y maduración. Se puede comprobar la presencia del maltrato psicológico en el ámbito cultural, instalado socialmente y como reforzante de las conductas personales, a través de los chistes. Influidos por la mayor parte de ellos, aprendemos a convertirnos en maltratadores psicológicos y encontramos justificación y aval para tal conducta. Llega a ser una forma de socialización o identificación con el grupo. Todos conocemos abundantes ejemplos, en este sentido, que no vale la pena repetir. Si alguien tuviera dudas al respecto, le bastará con visitar las diferentes páginas de humor y chistes que circulan por Internet.

También encontramos otras formas irónicas o sutilezas del lenguaje que, sin ser chistes, se asocian con el humor agresivo, es decir, con la burla de otras personas. El humor y la risa conllevan un componente de maltrato y agresión psicológica al generarse desde estados emocionales de ira, frustración, odio, rencor y venganza. Éstos pueden encontrarse más o menos encubiertos por sutilezas, ironías o sarcasmos. Pero también la risa y la sonrisa pueden desarrollarse como gestos de sumisión o apaciguamiento de la violencia. Y aquí se abre la puerta al trabajo personal, la imaginación y la expresión corporal, como fórmulas de ajuste en las relaciones, propias y ajenas, así como en la comunicación en general. El siguiente paso consistirá en la transmisión de emociones positivas como el cariño, la confianza, la ternura, la dulzura, la simpatía, la autoestima y el amor.


(Continues...)

Excerpted from Regresiones by Juan Antonio López Benedí. Copyright © 2008 Juan Antonio López Benedí. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents

Introducción, 5,
1. El trance y los estados alterados de la conciencia, 9,
2. Recuerdos y proyecciones, 15,
3. Casos curiosos, 21,
4. Ajuste de fobias y traumas por medio de la regresión, 57,
5. La regresión como ayuda en la superación del dolor por la muerte de seres queridos, 71,
6. La regresión como apoyo en otro tipo de pérdidas emocionales, 85,
7. Regresión y enfermedades físicas, 95,
8. Regresión y chamanismo, 109,
9. Técnicas de regresión, 115,
10. Regresión e interpretación dramática, 137,
11. Las regresiones en el apoyo a las personas mayores, 141,
12. Las proyecciones en el tiempo, en el mundo empresarial, 145,
13. Preguntas y respuestas, 149,
Bibliografía, 155,

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