Redención Radical: La verdadera historia de Manny Mill [NOOK Book]

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"Yo pude haber estado muerto tantas veces. Siempre gastaba más dinero del que tenía, siempre tenía mucho en la cabeza y siempre estaba involucrado en demasiadas cosas a la vez...En todo lo que hacía me tenía a mi la mente."- Manny Mill.

Descendiendo hacia una vida de libertinaje, Manny Mill se encontró tambaleando al borde del desastre personal y financiero.

En este sincero libro y realmente personal, Manny cuenta cómo su búsqueda por el placer...

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Redención Radical: La verdadera historia de Manny Mill

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"Yo pude haber estado muerto tantas veces. Siempre gastaba más dinero del que tenía, siempre tenía mucho en la cabeza y siempre estaba involucrado en demasiadas cosas a la vez...En todo lo que hacía me tenía a mi la mente."- Manny Mill.

Descendiendo hacia una vida de libertinaje, Manny Mill se encontró tambaleando al borde del desastre personal y financiero.

En este sincero libro y realmente personal, Manny cuenta cómo su búsqueda por el placer le llevó a las profundidades de la desesperación humana. Declarado fugitivo de la ley, él huía de la FBI cuando se encontró con Cristo y con una vida de redención radical. Las experiencias emocionantes de Manny le mantendrán expectante. Su fe le inspirará. Y sus palabras le desafiarán a pensar en su vida, su relación con el Dios del universo y su necesidad de una redención radical.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780802487155
  • Publisher: Moody Publishers
  • Publication date: 5/15/2013
  • Sold by: Barnes & Noble
  • Format: eBook
  • Edition description: New Edition
  • Pages: 224
  • File size: 3 MB

Meet the Author

MANNY MILL (M.A., Universidad de Estudios de Postgrados de Wheaton) es Director Ejecutivo del Ministerio Nacional Casa Koinonia®. Desde 1999, Manny ha desarrollado núcleos de líderes de Ministerios post-prisión para equipar a la Iglesia para poder satisfacer las necesidades de cristianos que han salido de la cárcel que quieren integrar de nuevo a la sociedad. Actualmente Manny invierte mucho de su tiempo viajando a diferentes iglesias, prisiones, ministerios, universidades y conferencias para presentar la misión de "equipar, ayudar y apoyar" a los miembros de la iglesia local en su capacidad de aceptar y ayudar a los cristianos que salen de la cárcel. Manny ha compartido su historia en numerosos programas de radio y televisión. Reside en Wheaton, Illinois con su esposa, Barbara.
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Redención Radical

La Verdadera Historia de Manny Mill


By Manny Mill, Jude Skallerup, Cheryl Dunlop

Editorial Moody

Copyright © 2013 Koinonia House® National Ministries, Inc.
All rights reserved.
ISBN: 978-0-8024-8715-5



CHAPTER 1

La vida en CUBA


¿QUÉ PIENSAS cuando escuchas la palabra "Cuba"? ¿Piensas en Fidel Castro? O, si eres lo suficientemente mayor, ¿en la Bahía de los Cochinos o la Crisis de los Misiles Cubanos? Mis hijos tal vez recuerden al niño, Elián González, que perdió a su mamá mientras escapaba de Cuba y que se volvió un ícono nacional mientras los gobernantes debatían adónde debería vivir. Yo puedo identificarme con ese niño. Amo a mi familia cubana y a mi tierra, pero no puedo olvidar el sufrimiento que todavía existe hoy allí.

En 1956, el año en que yo nací, Cuba era un lugar muy popular para la gente que quería salir por un fin de semana. Desde Key West, Florida, hasta La Habana era un viaje de ciento cincuenta y nueve kilómetros (noventa y nueve millas) a través del estrecho de la Florida. La gente rica ponía sus carros en una embarcación, viajaban para pasar un fin de semana tomando, apostando y de parranda, y luego regresaban. La mayoría de los turistas no estaban interesados en los cubanos al este de La Habana, quienes vivían en chozas de paja sin agua ni electricidad. El analfabetismo era alto, y aproximadamente el 25 por ciento de los varones adultos de la ciudad no tenían empleo. Fulgencio Batista era el dictador en aquel entonces y estaba envuelto en mucha corrupción. Una historia familiar, ¿no es así? La necesidad de un cambio era obvia, así que mucha gente estuvo feliz cuando Fidel Castro bajó de su cuartel de oposición en las montañas el primero de enero de 1959. A la edad de treinta y tres años, triunfó contra Batista. Con una paloma blanca en el hombro, un cigarro cubano en la boca, una barba larga en el rostro, y la fortaleza de su determinación, daba la impresión de que era el mejor salvador para el pueblo cubano. Yo solo tenía tres años.


MI FAMILIA

Mis abuelos, Manolo Mill Hernández y Rafaela Hernández Hernández de Mill, se mudaron a La Habana, prevenientes de un pequeño pueblo llamado Sagua La Grande, en la provincia cubana de Las Villas, en 1927, cuando mi padre tenía dos años. Ellos se establecieron en un suburbio de La Habana llamado Santos Suárez, que fue también donde yo nací. Tenían una pequeña fábrica de cigarros en la parte posterior de su casa. Manolo y Rafaela tenían tres hijos, Rafael Mill Hernández, Nora Mill Hernández y mi padre, Manolo Mill Hernández.

Mi padre, o mi viejo como yo lo llamaba, trabajaba arduamente duro. Se parecía a mí. Tal vez debería decir que yo me parecía a él. Era un hombre muy activo, motivado para mantenera su familia. Aún cuando era pequeño, le ayudaba a mi abuelo, haciendo la mayoría de las entregas para su fábrica de cigarros. Con los cigarros en la mano, iba caminando a dondequiera que tuviera que hacer entregas. Allí iba el pequeño Manolo Mill de tan solo siete años. Un poco después del sexto grado, él dejó la escuela, y de allí en adelante comenzó a trabajar. El amor por el trabajo se fomentó en él, y me lo transmitió a mí. Más tarde, quizás a la edad de dieciocho o veinte años, Manolo siguió en los pasos de su hermano Rafael y se convirtió en carnicero.

Yo me refiero cariñosamente a mi tío Rafael como tío Tato. La palabra Tato es un término que solo yo usaba para él, y para mí era como decirle "querido tío". Tío Tato vivió en Cuba y trabajaba como carnicero en su pueblo, Lawton. Ya se jubiló debido a su ceguera y vive aún en Lawton.

Su hermana, mi tía Nora, es doctora y ginecóloga. Se casó con el Dr. José Fernández Echazabal, que era mi tío Pepe. Tía Nora y tío Pepe tenían dos hijas: Silvita, que se hizo dentista, y Norita, que se hizo psicóloga.

Tío Pepe era el encargado del Hospital Aballí, un hospital para niños en La Habana. Era un pediatra muy reconocido y un alergista en Cuba, un hombre brillante que había sido educado en Nueva York. Era una persona muy importante en mi vida, como un padre para mí. Pasamos mucho tiempo juntos pescando o en los clubes de playa. Yo nunca pesqué con una caña de pescar. Pescábamos buceando, usando arpones y cuchillos. Mis padres me incluían en sus actividades de tiempo libre, pero tío Pepe era el que me llevaba a todo tipo de lugares. Porque tenía mucha influencia, podíamos ir a lugares que normalmente solo eran para extranjeros, como el Club Americano, donde jugábamos raquetbol juntos. Nadábamos en piscinas lujosas y comíamos en los mejores restaurantes de toda la isla, aún estando bajo el régimen comunista. Él tenía un Chevy Impala 1960 en excelentes condiciones. Pasamos muy buenos tiempos juntos en ese carro.

Tía Nora finalmente se divorció de él, porque era un donjuán, y su ejemplo tuvo una fuerte influencia en mi comportamiento cuando crecí. Un día un camión atropelló a tío Pepe y le dejó graves heridas en sus piernas, que requirieron cirugía de emergencia. A pesar de ser muy conocido, no hubo penicilina para él. Todo el dinero del mundo no pudo comprar lo que no había, y tío Pepe murió de una infección.

Debido a que a los profesionales no se les permitía salir de Cuba, después de su divorcio, Tía Nora arregló su matrimonio con un prisionero político cubano, que pasó más de veinte años en la cárcel. Lo dejaron libre como parte de un arreglo hecho entre Estados Unidos y Cuba en los años ochenta. Ya quea él se le permitía salir y ella estaba casada con él, ella y mis dos primos salieron de Cuba y se fueron a Miami. Yo no sé cuánto mi Tía Nora lo amaba entonces, pero han permanecido casados.


MIS PADRES

Como carnicero en Cuba, mi papá vendía mayormente carne de res. No mataba a los animales; los recibía enteros, y luego los cortaba en pedazos. La carnicería quedaba como a veinte minutos de casa en otro suburbio llamado La Víbora. La tienda se encontraba en una localidad muy transitada, justo al lado de la terminal de camiones Paradero de la Víbora, en La Habana, y no muy cerca de la Clínica Lourdes donde yo nací. Había también una universidad justo atrás de la clínica, así es que esta pequeña tiendita se mantenía bastante ocupada tan solo vendiendo carne.

Mi madre, Norma Martínez Ochoa, conoció a mi padre por primera vez en una fiesta para celebrar el fin del año escolar. Ellos se encontraban en el Centro Dependiente, que era un tipo de local para banquetes. Mi mamá, o como yo le digo, mi vieja, tenía quince ó dieciséis años en aquel entonces. Se llevaron muy bien desde el comienzo. Papá dijo que quería seguir viéndola, pero mamá era un poco timida para eso. Este iba a ser su primer noviazgo, y pensó que darle su dirección sería inapropiado. En aquellos días, las mujeres eran muy discretas en la manera en la que entablaban sus relaciones. Mamávivía con su tía, así es que mientras ella y su tía caminaban de regreso a su casa, mi papá las siguió para enterarse dónde vivían.

Una línea tranvía pasaba justo enfrente de la casa de mamá, y papá le dijo que iba a pasar por allí. Así que ella se sentó en el balcón y lo miró pasar en el tranvía mientras él la saludaba con la mano. Ella sabía que le gustaba, y cuando le pidió su número de teléfono, le permitió que la llamara. Entonces le preguntó si podía visitarla. Un mes después de comenzar a visitarla, papá se decidió a pedir su mano en matrimonio. En total fueron tres años desde el tiempo en que se conocieron hasta que se casaron el 19 de junio de 1949. Él fue su único novio, el único hombre en su vida, y celebraron cincuenta años juntos antes de que papá muriera y fuera a la presencia del Señor Jesús.

Mientras fueron novios, mamá trabajaba como secretaria de General Motors, pero después de casarse, papá no quiso que trabajara más. Ya que a mamá le gustaba trabajar, pensó en una manera de hacerlo desde la sala de su casa. Comenzó a arreglar uñas y a lavar el cabello, cosas pequeñas mientras crecía su negocio. Entonces papá le construyó un salón de belleza frente a su casa en la Calle Rabí. En aquellos días, no era común que los hombres dejaran que sus mujeres trabajaran fuera de su casa. Papá reconoció el talento inusual de mamá. Ella también trabajó en el Canal Cuatro de Televisión como estilista de los artistas y estrellas famosos de Estados Unidos y Cuba.


UNA NIÑEZ CUBANA

Mis padres fueron magníficos proveedores. Ya que ambos estaban consumidos por sus trabajos, a mí me crió mi Tata, una niñera siempre me cuidaba muy bien. Recuerdo ir al, Parque Santo Suárez, llamado así por un suburbio de La Habana en donde vivíamos. Solo quedaba a una cuantas cuadras de mi casa, así es que Tata y yo íbamos todos los días y jugábamos.

Toda mi familia y otros niños de la vecindad disfrutaban de mis fiestas de cumpleaños al estilo cubano tradicional, especialmente la piñata. Cuando salía de paseo con mis padres casi siempre era a las playas de La Habana. Mis padres eran miembros de un club privado llamado Santa María del Mar que tenía una playa exclusiva muy hermosa. Mis parientes se reunían allí para sus vacaciones. Rolando Ochoa García, primo de mamá, era dueño de una hermosa casa en una playa exclusiva llamada Boca Ciega. La familia se reunía de vez en cuando allí. El primo Rolando era artista y comediante, uno de los comediantes más famosos de Cuba. Era el anfitrión del programa de televisión nacional de mayor audiencia, "El Cabaré de Regalía". Salió de Cuba en 1960, poco después de que Castro llegó al poder.

Mi bisabuelo, el abuelo de mi mamá, era un católico devoto y el único doctor en Regla/Casablanca, dos ciudades rodeadas por agua en la provincia de La Habana. Teníamos que tomar una lancha, la lanchita de Regla, para visitar su hogar. Era generoso con la gente a la que servía; si no tenían dinero para pagar, les ayudaba sin cobrarles nada. Cuando vino de España, trajo una gran estatua de la Virgen de Regla, conocida como la Reina del Mar. Ella tenía una capa de 22 quilates de oro; yo la recuerdo principalmente porque era el santo de mi cumpleaños, el 7 de septiembre. Mi mamá me enseñó supersticiosamente a pararme a la orilla del mar con siete centavos en mi manita y echarlas al mar, pidiéndole permiso y protección a la reina para ir a nadar y no ahogarme. Ella era a quien tenía que agradar, porque yo había nacido en su día.

Cuando tenía cuatro años, nació mi hermana, Normita Mill Martínez. Además de nosotros cuatro, el otro miembro cercano de nuestra familia era el hermano de mi mamá, René Martínez Ochoa. Mis papás cuidaron al tío René toda su vida.

Mi mamá me decía que yo era un niño muy ordenado. Mis juguetes estaban siempre en su lugar y mi cuarto muy limpio. Era tan cuidadoso que después de terminar de jugar, recogía mis juguetes y los guardaba en sus cajas originales. Decía que era muy respetuoso, que nunca le contestaba mal, y que nunca era grosero ni rezongón.

Mi papá era un buen hombre y sé que me amaba. No era creyente todavía, así es que cuando digo que era bueno, quiero decir relativamente moral, porque era un pecador. Era un hombre decente, que obedecía las leyes, que mantenía a su familia, pero, de todos modos, era pecador. Tenía un deseo genuino de manteneros de la mejor manera posible, pero no podía impartir nada de valor eternal, ya que aún no conocía a Jesús los años que viví con él. Él ni siquiera creía en Dios.

En realidad no recuerdo haber tenido una conversación frente a frente con mi padre acerca de nada. Él simplemente me dejó ver como vivía, y yo tomé lo que pude de eso. Sin el temor de Dios, no pude tener un fuerte sentido del bien y el mal.


ENTRENAMIENTO RELIGIOSO EN CUBA

Yo asistía a la Escuela de Las Pías, una escuela católica, hasta que Castro tomó el poder y todo se volvió "la escuela de Castro", donde nos adoctrinaron en el sistema comunista. Aunque Dios no era parte del sistema, la santería sí lo era. Castro mismo estaba muy involucrado en la santería, tal como muchos otros cubanos, incluso mi propia mamá, que practicaba el espiritismo, y se hizo médium.

La mayoría de los cubanos oraban a las estatuas de los santos católicos como parte de sus prácticas de santería, ofreciéndoles manzanas, cocos e incluso cigarros para obtener su favor. Las peticiones usualmente eran de interés propio, ya fuera para obtener algo personal o para herir a un enemigo. Los líderes de la Iglesia Católica Romana confundían a la gente cubana, ya que permitían estas prácticas y no decían nada en su contra como debieron haberlo hecho. Estos mismos líderes enfatizaban la asistencia a la iglesia en Semana Santa y Navidad, pero el resto del año, tal pareciera que estaba bien hacer lo que uno quisiera. Los cubanos tenían dificultades en entender la necesidad de venir a Cristo, porque pensaban que conocían a Dios. Sus prácticas paganas religiosas nublaban la verdad del evangelio.

La Escuela de Las Pías era de kínder a octavo grado, y las encargadas eran monjas. Su ropa me fascinaba. Metros y metros de tela bajaban hasta sus pies. Tenía tanta intriga por lo que había allí debajo que mi curiosidad me llevó a hacer algo terrible. Por detrás de una monja me metí bajo sus enaguas tocando sus piernas para poder ver algo de piel; yo quería ver sus muslos. Creo que allí comenzó mi vida de mujeriego. ¡Esta fue mi primera atracción a una mujer, y era una monja! Me llevó a la oficina de la directora e hizo que mi mamá viniera a la escuela a rescatarme. Creo que mi propio sentido de moralidad cayó en picada de allí en adelante.

Generalmente, los maestros le decían a mi mamá que era un buen estudiante y que todo estaba bien. Era muy organizado como mi papá. Él era estricto con respecto al orden y hacer bien todas las cosas. También se preocupaba por mi masculinidad, así es que enfatizaba mi participación en los deportes. Papá se molestaba cuando yo jugaba con mi hermana y sus juguetes de niñas. Mis padres esperaban tener hijos pronto, pero Dios no me envió sino hasta ocho años después de casarse. ¡Habiendo esperado tanto para un hijo solo enfatizó en la necesidad de que fuera un hombrecito!

A los diez u once años, los estudiantes cubanos tenían que hacer trabajo "voluntario". Así es que el gobierno mandó a mi clase entera a los campos, supervisados por los maestros. Nos fuimos por dos meses lejos de casa, para hacer cualquier cosa que pudiéramos—recogíamos tomates y plátanos, ayudábamos en el campo en lo que fuese neceserio. Teníamos que dar ese tiempo al sistema de gobierno comunista de Castro. Dormíamos en literas sin colchones o sin almohada, en sacos de estopa. La comida era terrible, las condiciones eran pésimas y el trabajo era muy duro. Algunas personas piensan que con el comunismo todo es gratis. Eso no era verdad, puesto que trabajábamos para ello. Los militares también estaban involucrados junto con el personal docente, y ellos nos hacían saber quién estaba al mando. Era una dictadura; nosotros sabíamos que más nos valía hacer lo que se nos pidiera.

Una vez que un varón llegaba a los quince años, se le forzaba a enlistarse en el Servicio Militar Obligatorio, y a los dieciséis años se registraba. El gobierno no permitía que las personas registradas salieran de Cuba, así que mientras crecía, la oportunidad de salir de Cuba se desvanecía cada vez más. Mi mamá continuó presionando a mi papá para que nos fuéramos, ya que si a los catorce años un joven no se había escapado, probablemente ya no lo haría.


EL DEPORTE Y MI CORAZÓN ENTERO

Cuando tenía catorce años, justo antes de que nos fuéramos como refugiados, obtuve el nivel de cinturón negro en yudo. Tuve un gran profesor de yudo, el Loco Valdés, y que de verdad estaba loco como lo decía su nombre. Una vez peleó contra un gorila solo para poder decirle a la gente que tan bueno era. Así que era loco, temenerio y valiente, pero loco. Era el único cubano con cinturón negro en yudo con cuarto o quinto dan (nivel de yudo). Eso quería decir que tenía un nivel muy elevado, en su peso era uno de los mejores. Nadie se podía comparar con él; era algo excepcional, y fue mi profesor de judo por aproximadamente ocho años.

Era duro con nosotros, pero muy práctico. Nos decía: "Si van a pelear en la calle, no van a tener un colchón". En muchas ocasiones, en la práctica de yudo hacía que nos cayéramos en el piso duro de concreto, solo para que nos acostumbráramos. Por supuesto, al principio estábamos muy adoloridos. No era lo mismo que caer en una colchoneta, lo cual era bastante cómodo. Sin embargo, sí nos acostumbramos a eso. Algunas noches no teníamos ni colchón ni luz, debido al "pico eléctrico," que sucedía en ciertas ocasiones cuando el gobierno cortaba la electricidad para ahorrar energía. El Loco Valdés nos hacía practicar con linterna. Cuando no teníamos linterna practicábamos con fósforos. ¿Puedes imaginar eso? Con fósforos. Era un hombre exigente, pero en realidad nos enseñó muchas cosas buenas acerca de la disciplina, acerca de guardar nuestra palabra y ser puntuales. Teníamos que llegar a tiempo, todo el tiempo.

Cuando alcancé el nivel de cinturón amarillo, no muchos años después de comenzar yudo, estaba en una competencia y me tiraron, caí muy mal sobre mi estómago y quedé sin aire. No podía respirar para nada y allí estaba el Loco Valdés al lado de la colchoneta diciéndome: "¡Levántate! ¡Levántate! Regresa al colchón". No tenía misericordia. Nos empujó a más allá de nuestros límites. Básicamente me hizo hombre, ya que no tenía misericordia alguna.


(Continues...)

Excerpted from Redención Radical by Manny Mill, Jude Skallerup, Cheryl Dunlop. Copyright © 2013 Koinonia House® National Ministries, Inc.. Excerpted by permission of Editorial Moody.
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Table of Contents

 TABLA DE CONTENDIO:

  • 1 La vida en Cuba
  • 2 Escapes Difíciles
  • 3 El Sueño Americano
  • 4 Salvación y Fuego
  • 5 Redención Radical
  • 6 Consecuencias Complicadas
  • 7 Discipulado Extraordinario
  • 8 Libertad Condicional Federal
  • 9 Bárbara Linde Mill
  • 10 Noviazgo y Matrimonio
  • 11 Ministerio Post-Prisión
  • 12 Restauración Familiar
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