Reto de valientes: El honor comienza en el hogar

Reto de valientes: El honor comienza en el hogar

by Randy Alcorn
     
 

De los creadores de A Prueba de Fuego llega una nueva e inspiradora historia de héroes cotidianos que anhelan ser la clase de padres que impactan la vida de sus hijos. Como oficiales de la policía, Adam Mitchell, Nathan Hayes y sus compañeros arriesgan su vida a diario enfrentando lo peor del mundo; pero al final del día, afrontan

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Overview

De los creadores de A Prueba de Fuego llega una nueva e inspiradora historia de héroes cotidianos que anhelan ser la clase de padres que impactan la vida de sus hijos. Como oficiales de la policía, Adam Mitchell, Nathan Hayes y sus compañeros arriesgan su vida a diario enfrentando lo peor del mundo; pero al final del día, afrontan un desafío para el cual ninguno de ellos está verdaderamente preparado: La paternidad. Aunque permanentemente ofrecen lo mejor de sí en su trabajo; como padres necesitan mejorar porque, como se están dando cuenta, su desempeño deja mucho que desear. Saben que Dios anhela acercar los corazones de padres e hijos, pero la distancia entre ellos crece cada día más. ¿Lograrán servir y proteger a los que ellos tanto aman? Cuando la tragedia toca a sus hogares, estos hombres se encuentran luchando con sus anhelos, sus temores, su fe y con su rol de padres. ¿Puede esta nueva urgencia ayudarlos a acercarse más a Dios y a sus hijos?

From the creators of Fireproof comes an inspiring new story about everyday heroes who long to be the kinds of dads who make a lifelong impact on their children. As law enforcement officers, Adam Mitchell, Nathan Hayes, and their partners willingly stand up to the worst the world can offer. Yet at the end of the day, they face a challenge that none of them are truly prepared to tackle: fatherhood. While they consistently give their best on the job, good enough seems to be all they can muster as dads. But they're quickly discovering that their standard is missing the mark. They know that God desires to turn the hearts of fathers to their children, but their children are beginning to drift farther and farther away from them. Will they be able to find a way to serve and protect those who are most dear to them? When tragedy hits home, these men are left wrestling with their hopes, their fears, their faith, and their fathering. Can a newfound urgency help these dads draw closer to God . . . and to their children. Tyndale House Publishers

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Product Details

ISBN-13:
9781414367248
Publisher:
Tyndale House Publishers
Publication date:
02/01/2012
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
424
Sales rank:
1,423,920
Product dimensions:
5.50(w) x 8.20(h) x 1.20(d)

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RETO DE Valientes

una novelización
By RANDY ALCORN

Tyndale House Publishers, Inc.

Copyright © 2011 Kendrick Bros., LLC
All right reserved.

ISBN: 978-1-4143-6724-8


Chapter One

Un Ford F-150 SuperCrew rojo circulaba por las calles de Albany, Georgia. El conductor de la furgoneta rebosaba optimismo, tanto que era incapaz de prever las batallas que estaban a punto de golpear su ciudad natal.

La vida va a ir bien aquí, se decía a sí mismo Nathan Hayes, de treinta y siete años. Tras pasar ocho años en Atlanta, Nathan había llegado a Albany, en dirección sur a tres horas de distancia, con su esposa y sus tres hijos. Un trabajo nuevo. Una casa nueva. Un nuevo comienzo. Incluso una furgoneta nueva.

Con las mangas subidas y las ventanillas bajadas, Nathan disfrutaba del sol del sur de Georgia. Entró en una estación de servicio al oeste de Albany, una versión remodelada de la misma gasolinera en la que él había parado veinte años atrás después de sacarse la licencia de conducir. Había estado nervioso. No era su zona de la ciudad: blancos en su mayoría, y en aquella época no conocía a muchos. Pero la gasolina había sido barata y el trayecto encantador.

Nathan se permitió un desperezo prolongado y lento. Introdujo su tarjeta de crédito y repostó gasolina tarareando satisfecho. Albany era la cuna de Ray Charles, Georgia on My Mind, y de la mejor cocina casera de la galaxia. Albany, con un tercio de población blanca, dos tercios negra, un cuarto por debajo del nivel de pobreza, había sobrevivido a varias inundaciones del río Flint y a una historia cargada de tensión racial. Pero, con sus virtudes y sus defectos, Albany era su hogar.

Nathan llenó el depósito, se metió en la furgoneta y giró la llave de contacto antes de acordarse de la masacre. Media docena de enormes y torpes insectos de junio se habían dejado la vida por imprimir su huella en el parabrisas.

Salió y sumergió el limpiacristales dentro de un cubo de agua que resultó estar totalmente seco.

Mientras buscaba otro cubo, Nathan se percató de la mezcla de gente que había en la estación de servicio: un ciudadano mayor demasiado cauto arrastrando su Buick sigilosamente hasta Newton Road, una mujer de mediana edad enviando un mensaje de móvil en el asiento del conductor, un chico con un pañuelo en la cabeza apoyado en un reluciente Denalti plateado.

Nathan dejó la furgoneta en marcha y la puerta abierta; se dio la vuelta solo unos segundos... o eso le pareció. Cuando la puerta se cerró de un portazo, ¡se giró al tiempo que su furgoneta se alejaba del surtidor!

La adrenalina se disparó. Corrió hacia el lado del conductor mientras su furgoneta se dirigía chirriando hacia la calle.

—¡Eh! ¡Para! ¡No! —Las habilidades que Nathan había adquirido en el equipo de fútbol americano de Dougherty Hill hicieron su aparición. Se lanzó, metió el brazo derecho por la ventanilla abierta y agarró el volante, corriendo junto a la furgoneta en movimiento.

—¡Para el coche! —gritó Nathan—. ¡Para el coche!

El ladrón, TJ, más duro que el acero, tenía veintiocho años y era el líder indiscutible de la Gangster Nation, una de las mayores bandas criminales de Albany.

—¿Estás loco, tío? —TJ podía levantar 200 kilos y pesaba treinta más que aquel tipo. No tenía la menor intención de devolver ese coche.

Aceleró hasta la calle principal, pero Nathan no se soltó. TJ golpeó una y otra vez su cara con potentes derechazos y después le aporreó los dedos para que se soltara.

—Vas a morir, tío; vas a morir.

Los dedos de los pies de Nathan le gritaban, sus zapatillas de correr Mizuno no eran para el asfalto. De vez en cuando, el pie derecho daba con el estribo y conseguía un pequeño respiro, pero lo perdía de nuevo cuando su cabeza recibía otro golpe. Con una mano agarrada al volante, Nathan arañó al ladrón. La furgoneta dio bandazos de derecha a izquierda. Al echarse hacia atrás para evitar los puñetazos, Nathan vio el tráfico que se aproximaba en dirección contraria.

TJ también lo vio, y se dirigió hacia él con la esperanza de que los coches le quitaran de encima a aquel estúpido.

Primero pasó como una bala un Toyota plateado, después un Chevy blanco; los dos se apartaron para esquivar a la furgoneta que iba dando volantazos. Nathan Hayes se balanceaba como un especialista de Hollywood.

—¡Suéltate, imbécil!

Por fin, Nathan consiguió un buen punto de apoyo en el estribo y empleó cada pizca de fuerza que le quedaba para tirar del volante. La furgoneta perdió en control y se salió a toda velocidad de la carretera. Nathan rodó sobre gravilla y maleza.

TJ se estrelló contra un árbol y el airbag le estalló en la cara, que quedó enrojecida con sangre. El pandillero salió dando traspiés de la furgoneta, aturdido, sangrando e intentando encontrarse las piernas. TJ quería vengarse de aquel tipo que se había atrevido a desafiarle, pero apenas podía dar unos cuantos pasos sin tambalearse.

El Denalti plateado de la estación de servicio paró en seco con un chirrido a tan solo unos metros de TJ.

—Date prisa, tío —gritó el conductor—. No merece la pena, hermano. Sube. ¡Vamos!

TJ subió tambaleándose al Denalti, que se alejó a toda velocidad.

Aturdido, Nathan se arrastró hasta su vehículo. Tenía la cara roja y arañada, y la camisa de cuadros azul manchada. Sus vaqueros estaban rasgados, el zapato derecho roto y el calcetín ensangrentado.

Una mujer con el pelo caoba, vestida para ir al gimnasio con pantalones de yoga negros, salió de un salto del lado del acompañante de un Acadia blanco. Corrió hasta Nathan.

—¿Se encuentra bien?

Nathan la ignoró y siguió arrastrándose hacia su camioneta.

La conductora del todoterreno, una mujer rubia, estaba indicando su situación al operador del 911.

—Señor —dijo la mujer de pelo caoba—, tiene que quedarse quieto.

Nathan siguió arrastrándose, desorientado pero decidido.

—¡No se preocupe por el coche!

Nathan, que seguía moviéndose, dijo:

—No estoy preocupado por el coche.

Utilizó el neumático para levantarse lo suficiente como para abrir la puerta trasera de la furgoneta. Un llanto ensordecedor salió del asiento del coche. El pequeño dio rienda suelta a la conmoción contenida al ver a su papá de rodillas, sudoroso y sangrando. Nathan se acercó para tranquilizarlo.

Mientras las sirenas se aproximaban, la mujer de pelo caoba observó a Nathan con su pequeño, que llevaba un diminuto peto vaquero. Aquel desconocido no estaba ciegamente obcecado por una posesión material. No estaba loco.

Era un héroe, un padre que había arriesgado su vida por rescatar a su hijo.

(Continues...)



Excerpted from RETO DE Valientes by RANDY ALCORN Copyright © 2011 by Kendrick Bros., LLC. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers, Inc.. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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