Revolución Irresistible: Living as an Ordinary Radical

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En Revolución Irresistible, Shane Claiborne te invita a ser parte un movimiento del Espíritu que comienza en el corazón y se extiende a través de nuestras manos hacia un mundo en pedazos. Mediante el uso de ejemplos de su propia vida poco convencional. Shane Claiborne, provoca preguntas sobre la iglesia y el mundo, y te desafía a vivir una fe cristiana autentica. Este libro consolará a los perturbados, perturbará a los cómodos e invitará a los creyentes a cambiar el mundo con el...

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En Revolución Irresistible, Shane Claiborne te invita a ser parte un movimiento del Espíritu que comienza en el corazón y se extiende a través de nuestras manos hacia un mundo en pedazos. Mediante el uso de ejemplos de su propia vida poco convencional. Shane Claiborne, provoca preguntas sobre la iglesia y el mundo, y te desafía a vivir una fe cristiana autentica. Este libro consolará a los perturbados, perturbará a los cómodos e invitará a los creyentes a cambiar el mundo con el amor radical de Cristo.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780829758160
  • Publisher: Vida
  • Publication date: 7/25/2011
  • Language: Spanish
  • Pages: 256
  • Sales rank: 489,363
  • Product dimensions: 5.20 (w) x 8.40 (h) x 0.80 (d)

Meet the Author

Shane obtuvo su título de la Universidad de Eastern, y cursó estudios de postgrado en el Seminario de Princeton. Su experiencia ministerial es variada, pasando por una misión de diez semanas junto a la Madre Teresa de Calcuta, y a un año dedicado al servicio de la acaudalada mega iglesia Willow Creek Community Church ubicada en las afueras de Chicago. También ayudo a fundar El Camino Simple (The Simple Way), una comunidad de fe en áreas urbanas marginales de la ciudad de Filadelfia que ha logrado crear y unir a comunidades de fe radical por todo el mundo. Shane escribe y viaja extensamente para hablar sobre la reconciliación, la justicia social, y sobre Jesús. Él es uno de los personajes que aparecen en la serie de DVD «Otro Mundo Es Posible» y es autor de varios libros entre los que figuran Revolución irresistible y Jesús para presidente. Shane participa en más de 100 charlas anuales en unos doce países y en casi todos los estados de los Estados Unidos.

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REVOLUCIÓN IRRESISTIBLE

Viviendo una vida radical diariamente
By SHANE CLAIBORNE

Zondervan

Copyright © 2011 The Simple Way
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-5816-0


Introduction

INTRODUCCIÓN

Mientras las voces de las películas taquilleras y la cultura pop invitan a escapar de los parámetros de la eficiencia paralizante, el cristianismo con frecuencia le ha ofrecido poca cosa al mundo, aparte de la esperanza de que la vida será mejor en el cielo. Las Escrituras dicen que la creación entera gime por ser liberada, y los ecos de dichos gemidos se pueden escuchar en todo, desde el hip hop hasta Hollywood. Hay una idea dominante de que el mundo no está bien, y una pequeña sugerencia de que tal vez no tiene que quedarse así. Los titulares hablan de guerra y terrorismo, de escándalos sexuales, codicia empresarial, corrupción en las cárceles, la pandemia del Sida, la brutalidad de la policía y la pobreza crónica de mil millones de nuestros vecinos. Iniciativas mundiales tales como Live 8 y la campaña ONE han reunido a grupos eclécticos de celebridades y estrellas pop, bajo lemas como «Hacer que la pobreza pase a la historia». Sin embargo, la mayoría de los artistas y predicadores cristianos ha permanecido distante del sufrimiento humano y le ha ofrecido al mundo garantías eternas con imaginación profética. Tal vez no nos debería sorprender que Jesús dice que si los cristianos permanecen callados, las rocas gritarán ... y si no son las rocas, serán los roqueros, digo yo.

Mientras tanto, muchos nos sentimos lejos de los temas cerrados que definen a los conservadores y de la espiritualidad superficial que marca a los liberales. Estamos sedientos de justicia social y paz, pero nos cuesta encontrar una comunidad de fe que sea pro vida de forma coherente o que reconozca que hay otros «temas morales» aparte de la homosexualidad y el aborto, tales como la guerra y la pobreza. Algunos terminan intentando salvar las almas de unos pocos pecadores, y otros terminan haciendo esfuerzos por salvar al mundo entero del «sistema», pero rara vez nos damos cuenta de que la enfermedad de nuestro mundo nos ha infectado a todos, y que la sanación de nuestro mundo comienza con nosotros pero no termina con nosotros. Hace poco recibí una carta de un joven que decía: «Estoy solo, rodeado por activistas no creyentes y creyentes inactivos. ¿Dónde están los verdaderos cristianos?». Una «mayoría silenciosa» se está desarrollando a medida que un número creciente de personas se distancia adrede del ruido y de la arrogancia que han llegado a marcar tanto el cristianismo evangélico como el activismo secular.

En la universidad, uno de mis profesores nos dijo: «No permitan que el mundo les robe el alma. Ser cristiano tiene que ver con elegir a Jesús y decidir hacer algo increíblemente atrevido con sus vidas». Decidí aceptar el reto. Primero hice viajes misioneros para llevarles «las buenas nuevas» a los pobres. Luego descubrí que eran ellos los que me traían a mí las buenas nuevas. Desde entonces he intentado gritarle las buenas nuevas a quien quiera que esté dispuesto a escuchar, ya sea en las mega iglesias evangélicas o en las Naciones Unidas. Esta aventura me ha llevado desde las calles de Calcuta hasta las zonas de guerra de Irak. Al seguir los pasos de Jesús, he llegado a las oficinas de altos mandatarios y a los barrios bajos de los indigentes, me he encontrado entre cobradores de impuestos y campesinos, y me han arrastrado a tribunales y celdas de cárcel.

Cuando uno de mis amigos anarquistas, un chico punk rock que se había alejado voluntariamente de todo lo que olía a cristianismo oyó que iba a dirigirme a una congregación un domingo por la mañana, me llamó por teléfono y me dijo: «No sabía que eras predicador». Me reí y le expliqué mi amor por Jesús, mi descontento con la iglesia y mis esperanzas de que el mundo cambie. Tras esto me dijo: «Pues mírate, todo un predicador... ¡Yo iría a una iglesia que te dejara predicar!».

Me dije: ¿No iríamos todos a una iglesia que le cree a los tontos ordinarios y granujas, y cuyo evangelio es realmente buenas nuevas? He llegado a admirar el humor de un Dios que utiliza lo insensato para avergonzar a los sabios de este mundo, y a los débiles para recordarles a los fuertes que tal vez no son tan poderosos como creen (1 Corintios 1:27). Además, en una era de bombas inteligentes, tal vez el mundo necesita más tontos. Siempre ha habido «tontos» en las cortes imperiales, pero es interesante la época en la que las personas confían más en los bufones de la corte que en la corte en sí.

Tengo algo que confesar, y estoy seguro de que a muchos les parecerá refrescante y conocido: en realidad no encajo en las antiguas categorías de liberales-conservadores, por eso qué bueno que estemos pasando a algo nuevo. Mis amigos activistas dicen que soy conservador, y mis amigos religiosos afirman que soy liberal. Lo que me suelen llamar con frecuencia es «radical». Eso nunca me ha importado mucho, pues como me lo recuerdan mis amigos que son agricultores urbanos, la palabra radical en sí significa «raíz». Viene de la palabra latina radix, que igual que un rá-ba-no, tiene algo que ver con llegar a la raíz de las cosas. Ahora bien, la palabra radical no es algo que se les reserve a los santos y mártires, por lo cual me gusta añadir la palabra ordinario. Ordinario no significa normal, y lamento la tendencia horrible que ha hecho que los cristianos se vuelvan tan normales. Afortunadamente, hay un movimiento de radicales ordinarios que está arrasando con el país, y las personas ordinarias están eligiendo vivir de maneras nuevas y radicales. Por lo tanto, este es un libro para radicales ordinarios, y no para santos que creen que tienen un monopolio de lo radical, ni para las personas normales que están satisfechas con el status quo.

Así que soy radical en el más puro sentido de la palabra: un radical ordinario que quiere llegar a la raíz de lo que significa amar, y de lo que ha hecho de nuestro mundo un desastre. Muchos de mis héroes eran «radicales» que intentaban volver a las raíces del cristianismo. En el pasado, que me llamaran radical era algo agradable, porque me hacía sentir atrevido y nunca tenía que preocuparme por que me tomaran demasiado en serio. Era una palabra que se utilizaba para catalogar a las personas, solían ser tipos que exageraban la verdad que el mundo estaba ignorando. Sin embargo, algo extraño ha ocurrido: o ya no soy un radical, o hay muchos radicales ordinarios en el mundo, porque las personas ahora prestan atención. La pregunta ya no es qué hacer si nadie escucha, sino qué sucede cuando las personas comienzan a tomarnos en serio.

¿Qué haremos cuando la insensatez de la cruz resulte más lógica que la sabiduría de la espada? ¿Y qué si a un mundo frágil le atrae más la visión de Dios de interdependencia y de sacrificarse para compartir con los demás que el espejismo de la independencia y el materialismo? ¿Qué hacemos cuando somos nosotros los que nos hemos vuelto cuerdos en un mundo alocado?

Todos, desde la revista SPIN hasta Christianity Today nos han llamado aquí a The Simple Way, en busca de un nuevo rostro para el cristianismo evangélico. No estoy seguro de si es porque las personas ahora están descontentas o han perdido interés, pero las controversiales voces evangélicas de la política del conflicto y los medios de comunicación sexy se han agriado y ya no reflejan una iglesia emergente y en evolución en Estados Unidos (si acaso en algún momento lo hicieron). Las personas ya no están convencidas de que la «Mayoría Moral» sea moral ni tampoco la mayoría.

Cuando mi querido amigo y co-conspirador Jim Wallis escribió su último libro, God's Politics, a muchos de nosotros nos sorprendió que figurara en la lista de los libros más vendidos del New York Times. La fe y la política, los temas de conversación tabúes, ahora son dos de los temas de los que más se habla. Ya sea entre los ricos expatriados en las Bahamas, los leprosos pobres de Calcuta, o los cristianos confundidos en Irak, me he dado cuenta de que el solemne reconocimiento de que nuestro mundo es muy frágil es universal. Aun así, los oídos atentos logran escuchar el antiguo murmullo que nos recuerda que otro mundo es posible.

Hay un momento precioso en la Biblia en el que el profeta Elías siente la presencia de Dios. Las Escrituras dicen que vino un viento recio y violento que partió las montañas, pero Dios no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero Dios tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. Era el murmullo del Señor. Ahora podemos escuchar este murmullo donde menos lo esperamos: en un bebé refugiado y un rabino sin hogar, en adictos al crack y niños desplazados, en una creación gimiente. Podemos escucharlo en las palabras que la activista y autora india Arundhati Roy pronunció en el Foro Social Mundial en Brasil: «Otro mundo no solo es posible, sino que está por venir. En los días tranquilos, lo oigo respirar». El murmullo clama por que Dios salve a la iglesia de nosotros los cristianos y que le infunda nueva vida al Cuerpo que envejece.

Algunas veces la gente (suelen ser personas mayores) me pregunta si soy cristiano evangélico. Como con cualquier otra etiqueta (anarquista, activista, radical, cristiano), me gusta asegurarme de que comprendemos bien los términos antes de responder. Siempre me parece importante señalar que la palabra griega evangelion, de la cual sacamos las palabras evangélico y evangelismo, es una palabra antigua anterior a Jesús. Es una palabra que Jesús saca del léxico imperial y pone de cabeza. Por ejemplo, en el siglo sexto a. de C. había un dicho que permeaba al Imperio Romano: «Augusto se nos ha enviado como Salvador... el día del nacimiento del dios Augusto ha sido para el mundo entero el principio del evangelio [evangelion]». Los primeros evangelistas anunciaban otro evangelio, proclamaban lealtad a otro emperador y conspiraban para crear otro reino. Si con evangélicos nos referimos a los que llevan las buenas nuevas de que hay otro reino o superpoder, una economía y una paz distintas a las de las naciones, un salvador que no es césar, entonces sí, soy evangélico.

Sin duda, hay mucho bullicio en el cristianismo evangélico. Hay muchos falsos profetas (y falsas ganancias) en el mundo, y se hace todo tipo de cosas embarazosas en nombre de Dios. Los extremistas religiosos de todas las religiones han pervertido nuestras mejores tradiciones, pero hay un movimiento que se está preparando, una pequeña revolución, si se le puede llamar así. Muchos nos negamos a permitir que nos definan imágenes distorsionadas de nuestra fe. Algunos, en lugar de simplemente rechazar el evangelismo pop, queremos dar a conocer un tipo diferente de cristianismo, una fe que tiene tanto que decir sobre este mundo como sobre el otro. Están surgiendo nuevos profetas que intentan cambiar el futuro, y no solo predecirlo. Hay un movimiento en ebullición que va más allá del cinismo y celebra una nueva manera de vivir, una generación que deja de quejarse sobre la iglesia que ve y se convierte en la iglesia con la que sueña. Y esta pequeña revolución es irresistible. Es una revolución contagiosa que baila, ríe y ama.

Durante la guerra en Afganistán, personas de mi comunidad, The Simple Way, organizaron una vigilia de toda la noche y acamparon en el Parque Love de Filadelfia para recordar a los refugiados y el costo de la guerra. Poco después, fuimos a comer pizza en una maravillosa y pequeñita pizzería de barrio en donde la grasa hace que se transparenten los platos de papel. Nos habíamos hecho amigos del dueño, que es de Afganistán. Él nos dijo, con lágrimas en los ojos, que nos había visto en las noticias y que estaba muy, pero muy agradecido. Los miembros de su familia se habían vuelto refugiados, y no sabía qué les pasaría. Dijo que lo que estábamos haciendo era precioso y luego agregó: «Pero solo somos personas sin importancia. Somos como cucarachas, y ellos nos pueden aplastar con sus grandes pies». Le dije: «¡Pero somos bastantes, y suficientes cucarachas pueden hacer que el dueño se vaya de la casa!». Todos nos reímos. Somos una modesta revolución de cucarachas que pueden sacar a los mercaderes del templo o a los políticos de sus puestos; y los podemos invitar a que se nos unan para crear un mundo nuevo.

Pero vivimos en un mundo que ha dejado de apreciar las cosas pequeñas. Vivimos en un mundo que quiere que las cosas sean cada vez más grandes. Queremos agrandar nuestras papas fritas, sodas e iglesias. Sin embargo, entre todo este agrandamiento, muchos de nosotros sentimos que Dios está haciendo algo nuevo, algo pequeño y sutil. Lo que Jesús llamaba el reino de Dios está emergiendo en todo el mundo en los lugares que menos nos esperamos, un suave murmullo en medio del caos. Las personas sin importancia con grandes sueños están recreando el mundo en su imaginación. Pequeños movimientos de comunidades de radicales ordinarios están comprometidos a hacer pequeñas cosas con mucho amor.

Ahora bien, no nos equivoquemos. Aunque hay personas en el país que están sedientas de algo nuevo, el elefante y el burro son los más grandes y testarudos de los animales. Aunque las masas clamen por un mundo más seguro y sostenible, el oso y el toro de Wall Street son agresivos y están listos para hacer pedazos cualquier cosa que se ponga en su camino. La verdad es que hay muchos obstáculos en el camino de la voluntad de Dios para nuestro mundo, bestias como lo que el Dr. Martin Luther King Jr. llamó los gigantes trillizos del mal: el racismo, el militarismo y el materialismo. Las voces de resistencia son apenas vocecitas, pero las voces de los radicales ordinarios están comenzando a armonizarse de las maneras más hermosas. Los profetas bíblicos hablaban de las bestias del imperio y del mercado. Los levantamientos judíos hicieron caer a la bestial águila de oro del Imperio Romano que se había colocado delante del templo de Dios. Y los susurros de pequeños profetas vuelven a surgir.

A algunos de los que están leyendo esto los conozco bien. A otros, no los conozco en absoluto, lo cual me dificulta un poco las cosas cuando intento decidir cuánto decir. No puedo bajar las cosas de tono o meter un chiste cuando veo que te pones a la defensiva, ni puedo mostrarte fotos cuando te aburres. No te puedo escuchar reír ni verte llorar. Tampoco sé cuándo te he dicho suficiente, y no puedo responder a tus preguntas al final de un capítulo, así que estamos trabajando con grandes limitaciones.

Este libro no es una autobiografía. Libros así se los dejo a tipos como Bill Clinton. Me sentiría algo pretencioso si escribiera un libro titulado Mi Vida, y no me puedo imaginar que nadie lo comprara, aparte de mi madre (quien probablemente compraría suficientes como para que figurara en la lista de los libros más vendidos, pero eso no es lo que quiero decir). No obstante, sí escribo de manera autobiográfica, pues pocas cosas tienen un mayor poder transformador que las personas y las historias. A las personas les fascinan la vida real y las personas ordinarias, ya sean series como The Osbournes o American Idol. Es por ello que escribo de manera autobiográfica, no es que sea alguien tan espectacular que todos tengan que escuchar lo que tengo que decir, más bien lo contrario: creo que mis experiencias han llegado a ejemplificar y caricaturizar las luchas e ironías que muchos de nosotros experimentamos.

Lo raro es que las personas también tienen un fetiche de celebridades, pero ya hay suficientes celebridades y superestrellas. Un amigo mío que es pastor dijo: «Nuestro problema es que ya no tenemos mártires. Solo tenemos celebridades». La mayoría de las veces que veo a superestrellas cristianas como Jerry Falwell o Al Sharpton, siento que estoy viendo un combate de lucha libre profesional. Gritan y sudan, pero los tipos parecen superhumanos, y no estoy convencido de que los movimientos sean reales. Al igual que con cualquier acontecimiento deportivo, hay miles de espectadores que necesitan a gritos un poco de ejercicio y que se reclinan en sus asientos para observar a un puñado de personas que merecen un descanso y tal vez hasta un masaje. Con esto lo que quiero decir es que no quiero ser otro cristiano superestrella al que muchas personas le gritan o le piden que autografíe camisetas. Tal vez eso suena un poco exagerado, pero no les puedo decir cuántos jóvenes con ojos brillantes se me acercan para pedirme un autógrafo o para decirme que soy «maravilloso». Si soy maravilloso, tenemos un problema: o la gente quiere terminar decepcionada o todavía no han logrado vislumbrar a Dios. Solo Dios es maravilloso. Además, si las personas se emocionan demasiado, comenzaré a preguntarme si en realidad he dicho la verdad, pues Jesús dijo: «¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los falsos profetas » (Lucas 6:26). Así que no piensen demasiado bien de mí; tal vez hasta podrían escribirme algunas cartas llenas de ira (para que sepa que he dicho algo bien).

(Continues...)



Excerpted from REVOLUCIÓN IRRESISTIBLE by SHANE CLAIBORNE Copyright © 2011 by The Simple Way. Excerpted by permission of Zondervan. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Prefacio por Jim Wallis....................11
Introducción....................15
Nota del autor....................23
1. Cuando el cristianismo todavía era seguro....................27
2. Lograr que resucite la iglesia....................39
3. En búsqueda de un cristiano....................51
4. Cuando la comodidad se vuelve incómoda....................67
5. Otra manera de vivir....................83
6. La economía del nuevo nacimiento....................109
7. Jurar lealtad cuando los reinos chocan....................133
8. ¡Jesús me hizo hacerlo!....................155
9. Jesús es para perdedores....................169
10. Extremistas por amor....................185
11. Hacer de la revolución algo irresistible....................199
12. Hacernos cada vez más pequeños ... hasta que nos apoderemos del mundo....................217
13. Loco pero no solo....................235
Apéndice 1: Revoluciones locales y radicales ordinaries....................247
Apéndice 2: Señales de un nuevo monacato....................250
Apéndice 3: Para Irak....................252
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