Rios de agua viva

Rios de agua viva

by Richard J. Foster
     
 

Discover the six practices and dimensions of faith that define the Christian tradition. The author explains every tradition and shows how these practices are essential elements in the growth and maturity of believers. He examines the contribution each tradition offers and uses faithful historical figures who lived these practices as examples.

Overview

Discover the six practices and dimensions of faith that define the Christian tradition. The author explains every tradition and shows how these practices are essential elements in the growth and maturity of believers. He examines the contribution each tradition offers and uses faithful historical figures who lived these practices as examples.

Product Details

ISBN-13:
9789875572331
Publisher:
Peniel
Publication date:
06/08/2010
Pages:
528
Product dimensions:
6.00(w) x 9.00(h) x 1.00(d)
Age Range:
18 Years

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Ríos de Agua Viva

El retorno a la fuente de la renovatión perdurable
By Richard J. Foster

ZONDERVAN

Copyright © 2010 Richard J. Foster, L.L.C.
All right reserved.

ISBN: 978-987-557-233-1


Chapter One

Imitatio: el divino paradigma

"Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe". Hebreos 12:2

"Debemos imitar la vida de Cristo y sus caminos si hemos de ser verdaderamente iluminados y liberados de la oscuridad de nuestros corazones. Que sea esto lo más importante que hagamos, entonces, al reflexionar en la vida de Jesucristo y reflejarla". Tomás de Kempis

Cuando Jesús caminaba en esta Tierra, vivía y trabajaba con personas de toda clase y de todo tipo, nos dio el divino paradigma para conjugar todos los verbos de nuestro vivir. Muchas veces, en el afán de definir algún punto de la doctrina, acudimos solamente a la muerte de Jesús, sin darnos cuenta de que estamos dejando de mirar sus años de vida. Y es una pena que así sea. Si prestamos atención a Jesús en su día a día, vemos claves importantes para el día a día de nuestras vidas.

Jesús vivió en este mundo quebrantado y doloroso, aprendiendo la obediencia a través de las cosas que sufrió y siendo tentado en las mismas cosas que nosotros, aunque sin pecado (Hebreos 5:8; 4:15).

Somos, por supuesto, reconciliados con Dios por medio de la muerte de Jesús, pero más todavía, somos "salvos" por su vida (Romanos 5:10) -salvos en el sentido de entrar en su tipo de vida eterna, no en algún tipo de paraíso o cielo distante, sino ahora mismo, en medio de nuestro mundo dolido y quebrantado-. Cuando consideramos con atención la forma en que Jesús vivió mientras estuvo entre nosotros hecho carne, aprendemos entonces cómo hemos de vivir -vivir de verdad-, gracias al poder de Aquel que está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Es así como comenzamos con nuestra propia imitatio Christi, imitación de Cristo, y no en el sentido literal o como un tipo de servidumbre, sino captando el espíritu y el poder en el que Él vivió, aprendiendo a "siguir sus pasos" (1 Pedro 2:21).

En este sentido, podemos hablar entonces de verdad sobre la supremacía de los Evangelios, porque en ellos vemos cómo Jesús vivía y se movía entre los seres humanos, exhibiendo perfecta unidad con la voluntad del Padre. Se nos enseña allí a hacer lo mismo, adoptando la naturaleza de Cristo, teniendo su misma visión, el amor, la esperanza, los sentimientos y los hábitos de Jesús.

Por este motivo, una de las mejores cosas que podemos hacer los unos por los otros es alentarnos a entrar con regularidad en las narrativas de los Evangelios, ayudarnos mutuamente a entender las percepciones de Jesús con respecto a la vida y sus consejos para el crecimiento, con el fin de aplicarlos constantemente a nuestra experiencia diaria. Las dimensiones de esta tarea son, por supuesto, infinitas. Para centrarnos en lo que aquí queremos ver, la vida de Jesús en su día a día, tenemos un paradigma claro para nuestro día a día, en especial en lo que se refiere a la vida de Jesús en relación a los diversos ríos de devoción que conforman la estructura de este libro.

Oración e intimidad

Tomemos el caso del río -o tradición- de la contemplación, la corriente de la vida centrada en la oración. De la vida de Jesús, lo que más nos impacta es su intimidad con el Padre: "... el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su padre hace, porque cualquier cosa que hace el padre, la hace también el hijo" (Juan 5:19). "Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo ..." (Juan 5:30). "... Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obra" (Juan 14:10).

Así como un edredón tiene un diseño recurrente, la oración es un patrón constante en la vida de Jesús. Fue bautizado por Juan "... mientras oraba ..." (Lucas 3:21). Al prepararse para escoger a los doce, fue solo a la montaña y "... pasó toda la noche en oración a Dios" (Lucas 6:12). Después de una noche agotadora de sanar a "muchos que padecían de diversas enfermedades" y echar "muchos demonios", "... cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó (...) se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar" (Marcos 1:34-35). Jesús estaba "orando para sí" cuando les preguntó a sus discípulos: "... ¿Quién dice la gente que soy yo?" (Lucas 9:18-20). Cuando Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan "a una montaña a orar", fue el momento de la gran experiencia de la transfiguración, y Lucas observa que su rostro se transformó "mientras oraba" (Lucas 9:28-29). Y después de que los discípulos fracasaron en la sanación de un muchacho, Jesús se ocupó del asunto por ellos, explicándoles por qué no habían podido hacerlo: "Esta clase de demonios sólo puede ser expulsada a fuerza de oración ..." (Marcos 9:29). El momento en que más se enojó Jesús fue cuando vio cómo la gente había convertido el templo en una cueva de ladrones, en lugar de hacer de él la casa de oración (Mateo 21:13). Fue después de que Jesús terminó de orar "en cierto lugar" que los discípulos le pidieron que les enseñara a orar (Lucas 11:1).

Y les enseñó. No solo el ahora famoso Padre Nuestro, que encontramos aquí, sino con enseñanza tras enseñanza. Jesús les enseñó a acudir ante Dios en la mayor intimidad, diciendo: "... Abba, Padre ..." (Marcos 14:36). Les dio parábolas "... para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse" (Lucas 18:1). Les enseñó a sus discípulos a orar "en secreto" y "por quienes los persiguen", y "si tienen algo contra alguien, perdónenlo", a pedir "creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá". E insistió: "Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo". Y mucho más. (Mateo 6:6; 5:44; Marcos 11:25; 23; Mateo 9:38).

Pero todas estas enseñanzas iban acompañadas de la práctica continua, no solo de la oración en sí misma, sino de intensos momentos a solas con Dios. El Espíritu llevó a Jesús a pasar cuarenta días en el desierto (Mateo 4:1). "Jesús (...) se retiró él solo (...) a un lugar solitario ..." al enterarse de que Juan el Bautista, su querido primo y amigo, había sido decapitado (Mateo 14:13). Luego de la increíble experiencia de alimentar a cinco mil personas, Jesús de inmediato "... subió a la montaña para orar a solas ..." (Mateo 14:23). Cuando los discípulos estaban exhaustos por las exigencias del ministerio, Jesús les dijo: "... Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco" (Marcos 6:31). Después de que Jesús sanó a un leproso, Lucas parece describir más una práctica habitual que un incidente aislado, al observar que Jesús "solía (...) retirarse a lugares solitarios para orar" (Lucas 5:16).

Sin duda, de las oraciones registradas, la más intensa e íntima es la oración de Jesús como sumo sacerdote en el Aposento Alto, donde presentó ante el Padre todo lo que su corazón sentía por sus discípulos y también "... por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos" (Juan 17:20). Es claro que toda vez que se hable de la vida de oración de Jesús y de su intimidad con el Padre, se hablará de la obra de santidad en el Getsemaní, donde el sudor de Jesús se vio como grandes gotas de sangre, y su angustia se reflejó en las palabras: "... no me hagas beber este trago amargo ...", seguidas de: "... pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42).

Jesús, quien a menudo se retiraba para estar a solas en lugares agrestes, que vivió y trabajó orando, que oía y hacía solo lo que el Padre decía y hacía, nos muestra la tradición contemplativa en toda su plenitud y rotunda belleza.

Si usted, lector, es como yo, se sentirá movido a buscar una experiencia más plena y rica de lo divino a partir de esta somera revisión de la vida de Jesús en referencia a su amor e intimidad con el Padre. Seguramente, usted también anhela una fe inconmovible, una esperanza que no sepa de límites, un amor eterno. Jesús nos muestra el camino.

(Continues...)



Excerpted from Ríos de Agua Viva by Richard J. Foster Copyright © 2010 by Richard J. Foster, L.L.C.. Excerpted by permission.
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Meet the Author

Richard J. Foster (D.Th.P., Fuller Theological Seminary) es el fundador de Renovare en Denver, Colorado. Es autor de numerosos libros, entre ellos Celebracion de la disciplina: Hacia una vida espiritual mas profunda, que ha vendido mas de dos millones de copias en todo el mundo, La Oracion: Verdadero refugio del alma, La libertad de la simplicidad: encontrar la armonia en un mundo complejo y coautor (con Gayle Beebe) de El anhelo de Dios: Siete Senderos de la devocion cristiana.

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