SI Quieres Caminar Sobre Las Aguas Tiene Que Salir de la Barca

SI Quieres Caminar Sobre Las Aguas Tiene Que Salir de la Barca

by John Ortberg
     
 

Es posible que Pedro fuera el primero en salir de la embarcación, pero la invitación de Jesús es extensiva a usted hoy. Lo que le espera fuera es mucho agua y pocas probabilidades de mantenerse firme.
Como seguidores de Cristo podemos seguir su llamado pero, ¿caminar sobre las aguas?  See more details below

Overview

Es posible que Pedro fuera el primero en salir de la embarcación, pero la invitación de Jesús es extensiva a usted hoy. Lo que le espera fuera es mucho agua y pocas probabilidades de mantenerse firme.
Como seguidores de Cristo podemos seguir su llamado pero, ¿caminar sobre las aguas?

Product Details

ISBN-13:
9780829735369
Publisher:
Vida
Publication date:
01/28/2003
Pages:
221
Sales rank:
1,143,106
Product dimensions:
5.38(w) x 8.50(h) x 0.63(d)
Age Range:
18 Years

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Si Quieres Caminar sobre las Aguas tiene que Salir de la Barca


By John Ortberg

Zondervan

Copyright © 2003 Zondervan
All right reserved.

ISBN: 0-8297-3536-4


Chapter One

Acerca de caminar sobre el agua

No es el crítico el que cuenta; no es el hombre que señala cómo el fuerte se derrumba o donde el que hace algo pudo haberlo hecho mejor. El crédito le pertenece al hombre que está en la arena ... quien, a lo sumo, conoce al fin el triunfo de un gran logro y, en el peor caso, si fracasa, al menos se atreve osadamente. De modo que su lugar nunca será con aquellas tímidas y frías almas que no conocen ni la victoria ni la derrota.

Theodore Roosevelt

Hace algún tiempo, mi esposa me dio como regalo de cumpleaños un paseo en globo aerostático. Fuimos al aeródromo y nos metimos a una pequeña canastilla junto con otra pareja. Nos presentamos e intercambiamos información sobre nuestras carreras. Entonces el piloto comenzó el ascenso. Apenas había amanecido; era un día claro, fresco y sin nubes. Podíamos ver completo el Valle Canejo, desde los escarpados cañones hasta el Océano Pacífico. Era pintoresco, inspirador y majestuoso.

Pero también experimenté una emoción que no había anticipado. ¿Sabes cuál?

El temor.

Siempre pensé que esas canastillas llegaban más arriba del pecho, pero esta solo alcanzaba nuestras rodillas. Un buen tambaleo habría sido suficiente para echar a alguien por la borda. Así que me agarré con inflexible determinación hasta que los nudillos se me emblanquecieron.

Miré a mi esposa, a quien las alturas realmente la despreocupan, y me relajé un poco, sabiendo que había en la canastilla alguien más tenso que yo. Lo sabía porque no se movía para nada, para nada en lo absoluto. En algún momento de nuestro vuelo pasamos sobre un rancho de crianza de caballos y, sin siquiera voltear o inclinar su cabeza, movió solamente los ojos hacia un lado tanto como pudo y me dijo: "Sí, es hermoso".

Ya para este momento decidí que me gustaría conocer al jovencito que estaba piloteando el globo. Me di cuenta de que podía tratar de autoconvencerme de que todo saldría bien, pero la verdad era que habíamos confiado nuestras vidas y destinos en las manos del piloto. Todo dependía de su carácter y capacidad.

Le pregunté cómo se ganaba la vida y cómo comenzó a pilotear globos aerostáticos. Esperaba que su ocupación anterior estuviera llena de responsabilidades: neurocirujano, quizás o un astronauta que ya no pudo ir al espacio.

Supe que estábamos en problemas cuando comenzó a responderme: "Viejo, es muy fácil ..."

¡Ni siquiera tenía empleo! Lo que más hacía era surfear.

Dijo que comenzó a pilotear globos aerostáticos porque un día, luego de tomar varias copas de más, comenzó a pasear en su camioneta, la chocó y como resultado su hermano quedó gravemente herido. Este no se había podido recuperar del todo, así que mirar globos aerostáticos volar lo entretenía un poco.

"Por cierto -añadió-, si llega a caer en picada cuando bajemos, no se sorprendan. Nunca he volado este globo en particular y no estoy muy seguro de cómo va a resultar el descenso".

Mi esposa me miró y me dijo: "¿Quieres decir que estamos a trescientos cincuenta metros sobre el suelo con un surfista desempleado que comenzó a pilotear globos porque tomó varias copas de más, chocó una camioneta, lastimó a su hermano, nunca ha estado en este globo y no sabe cómo bajarlo?"

En ese momento la mujer de la otra pareja me miró y pronunció las únicas palabras que alguno de ellos iba a decir en todo el vuelo.

"Usted es pastor. Haga algo religioso".

Así que recogí una ofrenda.

La gran pregunta en un momento así es: ¿Puedo confiar en el piloto?

Podría convencerme a mí mismo de que todo resultaría bien. Enfrentar el vuelo con una actitud positiva ciertamente haría el viaje más placentero. Pero este terminaría pronto. La preocupación real era el "tipo" que estaba piloteando el globo. ¿Eran su carácter y capacidad suficientes para dejar confiadamente mi destino en sus manos?

¿O era el momento de hacer algo cristiano?

Todos los días tú y yo recorremos otro tramo de nuestro viaje en este globo gigante que gira en torno a un vasto universo. Solo tenemos una oportunidad de hacerlo. Anhelo enfrentarlo con un gran espíritu de aventura y riesgo. Y apuesto que tú también.

Pero a veces es un paseo muy incierto. Me gustaría que los bordes de mi canasta estuvieran un poco más altos. Que el globo fuera más resistente. Me pregunto cómo terminará mi viajecito. No estoy seguro de la amanera en que voy a maniobrar en mi descenso.

Puedo tratar de convencerme a mí mismo para arriesgarme y creer que todo saldrá bien. Pero la verdadera pregunta es: ¿Hay alguien piloteando esta cosa? ¿Son su carácter y capacidad dignos de confianza? Porque, si no, no quiero arriesgarme. Mi historia, como la de todo ser humano es, al menos en parte, una lucha entre la fe y el temor.

Debido a esto, he sentido atracción durante muchos años por la historia de Pedro cuando sale de la barca y camina sobre el agua con Jesús. Es uno de los mejores retratos del mayor significado del discipulado en la Escritura. En los siguientes capítulos miraremos de cerca cada detalle del relato para encontrar lo que nos enseña acerca de caminar sobre el agua. Pero por el resto de este capítulo, hagamos una toma aérea. ¿De qué está hecho alguien que camina sobre el agua?

Los que caminan sobre el agua reconocen la presencia de Dios

Pedro y sus compañeros se metieron a un pequeño bote una tarde para cruzar el mar de Galilea. Jesús quería estar solo, así que se fueron a navegar sin él. A Pedro no le incomodó eso: había estado en barcas toda la vida. Es más, le gustaban.

(Continues...)



Excerpted from Si Quieres Caminar sobre las Aguas tiene que Salir de la Barca by John Ortberg Copyright © 2003 by Zondervan. Excerpted by permission.
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Meet the Author

John Ortberg es el Pastor principal de la Iglesia Presbiteriana de Menlo Park, en Menlo Park, California, con dependencias en Menlo Park, Mountain View y San Mateo. Ha escrito numerosas obras que han tenido una gran aceptación, como La fe y la duda; El ser que quiero ser; Un amor más allá de la razón; Cuando el juego termina, todo regresa a la caja; La misión fantasma; Dios está más cerca de lo que crees; Todos somos normales hasta que nos conocen; La vida que siempre has querido; Si quieres caminar sobre las aguas, tienes que salir de la barca; Vivamos divinamente la vida, y el plan de estudios multimedia Old Testament Challenge (con la colaboración de Kevin Harney). John y su esposa Nancy tienen tres hijos.

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