Soledades

Soledades

by Dolores Romero Lopez, Machado, C. Ed. Machado
     
 

This edition of Antonio Machado’s work offers a complete revision of the interpretations advanced by critics on the first version of Soledades (1903). Based on Machado’s original edition it will be the only reliable text on the market of this work, the very embodiment of Spanish modernism. It will offer, as well as the text, a substantial analysis of

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Overview

This edition of Antonio Machado’s work offers a complete revision of the interpretations advanced by critics on the first version of Soledades (1903). Based on Machado’s original edition it will be the only reliable text on the market of this work, the very embodiment of Spanish modernism. It will offer, as well as the text, a substantial analysis of the changes made for the second edition of 1907 that reveal the progressive influence of Modernismo on Machado’s conceptions.
 
Using new theoretical models, the editor has been able to tell us more about Machado’s poetic practice, his evolution as a poet and, consequently, more about the development of Symbolism in Spain than has previously been possible.
 
The text will be useful to specialists of Machado and the period (1890–1910) and to postgraduates and final-year students working on the period.

Product Details

ISBN-13:
9780859897648
Publisher:
University of Exeter Press
Publication date:
11/28/2006
Series:
University of Exeter Press - Exeter Hispanic Texts Series
Pages:
108
Product dimensions:
8.80(w) x 5.80(h) x 0.30(d)

Meet the Author

Dolores Romero López is a lecturer at the Universidad Complutense, where she teaches Contemporary Spanish Literature. She has published extensively on Spanish modernist poetry.

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Soledades


By Antonio Machado, Dolores Romero López

University of Exeter Press

Copyright © 2006 Dolores Romero López
All rights reserved.
ISBN: 978-0-85989-944-4



CHAPTER 1

    DESOLACIONES Y MONOTONÍAS

    Tarde


    I

    Fué una clara tarde, triste y soñolienta,
    del lento verano. La hiedra asomaba
    al muro del parque, negra y polvorienta ...
    Lejana una fuente riente sonaba.

    Rechinó en la vieja cancela mi llave;
    con agrio ruido abrióse la puerta
    de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
    sonó en el silencio de la tarde muerta.
    En el solitario parque, la sonora
    copla borbollante del agua cantora,
    me guió á la fuente, que alegre vertía
    sobre el blanco mármol su monotonía!

    II

    La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano,
    un sueño lejano mi copla presente? ...
    Fué una tarde lenta del lento verano.

    Respondí á la fuente:
    No recuerdo, hermana,
    más sé que tu copla presente es lejana.

    Fué esta misma tarde: mi cristal vertía
    como hoy sobre el mármol su clara harmonía.
    ¿Recuerdas, hermano? ... Los mirtos talares,
    que ves, sombreaban los claros cantares,
    que escuchas ahora. Del árbol obscuro
    el fruto colgaba, dorado y maduro.

    ¿Recuerdas hermano? ...
    Fué esta misma lenta tarde de verano.

    —No sé qué me dice tu copla riente
    de ensueños lejanos, hermana la fuente.
    Yo se que tu claro cristal de alegría
    ya supo del árbol de fruta bermeja;
    yo se que es lejana la amargura mía
    que sueña en la tarde de verano vieja.

    Yo se que tus bellos espejos cantores
    copiaron antiguos delirios de amores:
    más cuéntame, fuente de lengua encantada,
    cuéntame mi alegre leyenda olvidada.

    III

    —Yo no se leyendas de antigua alegría,
    sino historias viejas de melancolía.
    Mis claros, alegres espejos cantores
    te dicen riendo lejanos dolores.

    Fué una clara tarde del lento verano ...

    Tú venías solo con tu pena, hermano;
    tus labios besaron mi linfa serena,
    y, en la clara tarde, dijeron tu pena.
    Dijeron tu pena tus labios que ardían
    la sed que ahora tienen, entonces tenían.


    —Adiós para siempre, la fuente sonora,
    del parte dormido eterna cantora.
    Adiós para siempre, tu monotonía
    alegre es más triste que la pena mía.

    Rechinó en la vieja cancela mi llave;
    con agrio ruido abrióse la puerta
    de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
    sonó en el silencio de la tarde muerta.


    Los cantos de los niños

    A Rubén Darío

    I


    Yo escucho las coplas
    de viejas cadencias,
    que los niños cantan
    en las tardes lentas
    del lento verano,

    cuando en coro juegan
    y vierten en coro
    sus almas que sueñan,
    cual vierten sus aguas

    las fuentes de piedra:
    con monotonías
    de risas eternas
    que no son alegres,
    con lágrimas viejas
    que no son amargas
    y dicen tristezas,
    tristezas de amores
    de antiguas leyendas.

    II

    En los labios niños,
    las canciones llevan
    confusa la historia
    y clara la pena;
    como clara el agua
    lleva su conseja
    de viejos amores,
    que nunca se cuentan.

    III

    A la paz en sombra

    de una plaza vieja
    los niños cantaban ...
    La fuente de piedra
    vertía su eterno
    cristal de leyenda.
    Cantaban los niños
    canciones ingenuas,
    de un algo que pasa
    y que nunca llega,
    la historia confusa
    y clara la pena.
    Vertía la fuente
    su eterna conseja:
    borrada la historia
    contaba la pena.


    La fuente

    Desde la boca de un dragón caía
    en la espalda desnuda
    del Mármol del Dolor,
    —soñada en piedra contorsión ceñuda
    la carcajada fría
    del agua, que á la pila descendía
    con un frívolo, erótico rumor.
    Caía al claro rebosar riente
    de la taza, y cayendo, diluía
    en la planicie muda de la fuente
    la risa de sus ondas de ironía ...

    Del tosco
mármol la arrugada frente
    hasta el hercúleo pecho se abatía.
    Misterio de la fuente, en tí las horas
    sus redes tejen de invisible hiedra;
    cautivo en tí51, mil tardes soñadoras
    el símbolo adoré de agua y de piedra.


    Aun no comprendo el mágico sonido
    del agua, ni del mármol silencioso
    el cejijunto gesto contorcido
    y el éxtasis convulso y
doloroso.

    Pero una doble eternidad presiento
    que en mármol calla y en cristal murmura
    alegre copla equívoca y lamento
    de una infinita y bárbara tortura.

    Y doquiera que me halle, en mi memoria,
    —sin que mis pasos á la fuente guíe—
    el símbolo enigmático aparece ...
    y alegre el agua brota y salta y ríe,
    y el ceño del titán se entenebrece.

    Hay amores extraños en la historia,
    de mi largo camino sin amores,
    y el mayor es la fuente,
    cuyo dolor anubla mis dolores,
    cuyo lánguido espejo sonriente
    me desarma de brumas y rencores.

    La vieja fuente adoro;
    el sol la surca de alamares de oro,
    la tarde la cairela de escarlata
    y de arabescos fulgidos de plata.
    Sobre ella el cielo tiende
    su loto azul más puro;
    y cerca de ella, el amarillo esplende
    del limonero entre el ramaje oscuro.
    Misterio de la fuente, en tí65 las horas     sus redes tejen de invisible hiedra;
    cautivo en tí mis tardes soñadoras
    el símbolo adoré de agua y de piedra;
    el rebosar de tu marmórea taza,
    el claro y loco borbollar riente
    en el grave silencio de tu plaza,
    y el ceño torvo del titan doliente.

    Y en ti soñar y meditar
querría
    libre ya del rencor y la tristeza,
    hasta sentir, sobre la piedra fría,
    que se cubre de musgo mi cabeza.


    Invierno

    Hoy la carne aterida
    el rojo hogar en el rincón obscuro
    busca medrosa. El huracán frenético
    ruge y silba, y el árbol esquelético
    se abate en el jardín y azota el muro.
    Llueve. Tras el cristal de la ventana,
    turbio, la tarde parda y rencorosa
    se ve flotar en el paisaje yerto,
    y la nube lejana
    suda amarilla palidez de muerto.
    El cipresal sombrío
    lejos negrea y el pinar menguado,
    que se esfuma en el aire achubascado,
    se borra al pié del Guadarrama frío.


    Cenit

    Me dijo el agua clara que reía,
    bajo el sol, sobre el mármol de la fuente:
    si te inquieta el enigma del presente
    aprende el son de la salmodia mía.
    Escucha bien en tu pensil de Oriente
    mi alegre canturía,
    que en los tristes jardines de Occidente
    recordarás mi risa clara y fría.
    Escucha bien que hoy dice mi salterio
    su enigma de cristal á tu misterio
    de sombra, caminante: Tu destino
    será siempre vagar ¡oh peregrino
    del laberinto que tu sueño encierra!
    Mi destino es reír: sobre la tierra
    yo soy la eterna risa del camino.


    El mar triste

    Palpita un mar de acero de olas grises
    dentro los toscos murallones roídos
    del puerto viejo. Sopla el viento norte
    y riza el mar. El triste mar arrulla
    una ilusión amarga con sus olas grises.
    El viento norte riza el mar, y el mar azota
    el murallón del puerto.
    Cierra la tarde el horizonte
    anubarrado. Sobre el mar de acero
    hay un cielo de plomo.
    El rojo bergantín es un fantasma
    sangriento, sobre el mar, que el mar sacude ...
    Lúgubre zumba el viento norte y silba triste
    en la ágria lira de las járcias recias.
    El rojo bergantín es un fantasma
    que el viento agita y mece el mar rizado,
    el fosco mar rizado de olas grises.


    Noche

    Síampre
fugitiva y siempre
    cerca de en negro manto
    mal cubierto el desdeñoso
    gesto de tu rostro pálido.
    No sé dónde vas, ni dónde
    tu vírgen belleza tálamo
    busca en la noche. No sé
    qué sueños cierran tus párpados,
    ni de quién haya entreabierto
    tu lecho inhospitalario.
    Deten tu paso, belleza
    esquiva, deten el paso ...
    Besar quisiera la amarga,
    amarga flor de tus labios.


    Horizonte

    En una tarde clara y amplia como el hastío,
    cuando su lanza tórrida blande el viejo verano,
    copiaban el fantasma de un triste sueño mío
    mil sombras en teoría y enhiestas sobre el llano.
    La gloria del Ocaso era un purpúreo espejo,
    era un cristal de llamas, que al infinito viejo
    iba arrojando el triste soñar en la llanura ...
    Y yo sentí la espuela sonora de mi paso
    repercutir lejana en el sangriento Ocaso,
    y aun más allá, la alegre canción de un alba pura.


    Crepúsculo

    Caminé hacia la tarde de verano
    para quemar, tras el azul del monte,
    la mirra amarga de un amor lejano
    en el ancho flamígero horizonte.
    Roja nostalgia el corazón sentía,
    sueños bermejos, que en el alma brotan
    de lo inmenso inconsciente,
    cual de región caótica y sombría
    donde ígneos astros como nubes, flotan,
    informes, en un cielo lactescente.
    Caminé hacia el crepúsculo glorioso,
    congoja del estío, evocadora
    del infinito ritmo misterioso
    de olvidada locura triunfadora.
    De locura adormida, la primera
    que al alma llega y que del alma huye,
    y la sola que torna en su carrera
    si la ágria ola del ayer refluye.
    La soledad, la musa que el misterio
    revela al alma en sílabas preciosas
    cual notas de recóndoto salterio,
    los primeros fantasmas de la mente
    me devolvió, á la hora en que pudiera,
    caída sobre la ávida pradera
    ó sobre el seco matorral salvaje,
    un áscua del crepúsculo fulgente,
    tornar en humo el árido paisaje.
    Y la inmensa teoría
    de gestos victoriosos
    de la tarde rompía
    los cárdenos nublados congojosos.
    Y muda caminaba,
    91 Errata sin corregir.
    92 Errata sin corregir.
    en polvo y sol envuelta, sobre el llano,
    y en confuso tropel, mientras quemaba
    sus inciensos de púrpura el verano.


    Otoño

    El cárdeno otoño
    no tiene leyendas
    para mi. Los salmos
    de las frondas muertas,
    jamas he escuchado,
    que el viento se lleva.
    Yo no se los salmos
    de las hojas secas,
    sino el sueño verde
    de la amarga tierra.


    DEL CAMINO

    Preludio


    Mientras la sombra pasa de un santo amor hoy quiero
    leer un dulce salmo sobre mi viejo atril.
    Acordaré las notas del órgano severo
    al suspirar fragante del pífano de Abril.
    Maduraran su aroma las pomas otoñales,
    la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
    exhalarán su fresco perfume los rosales,
    bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.
    Al grave acorde lento de música y aroma
    la sola y vieja y noble razón de mi rezar,
    levantará su vuelo suave de paloma
    y la palabra blanca se elevará al altar.

    I

    Daba el reloj las doce ... y eran doce
    golpes de azada en tierra ...
    ... ¡Mi hora!-grité- ... El silencio
    me respondió:-No temas:
    tú no verás caer la última gota
    que en la clepsidra tiembla.
    Dormirás muchas horas todavía
    sobre la orilla vieja,
    y encontrarás una mañana pura
    amarrada tu barca á otra ribera.

    II

    Sobre la tierra amarga
    caminos tiene el sueño
    laberínticos, sendas tortuosas,
    parques en flor y en sombra y en silencio;
    criptas hondas, escalas sobre estrellas;
    retablos de esperanzas y recuerdos.
    Figurillas que pasan y sonríen,
    —juguetes melancólicos de viejo—
    imágenes sombrías
    á la vuelta florida del sendero,
    y quimeras rosadas
    que hacen camino ... lejos ...


(Continues...)

Excerpted from Soledades by Antonio Machado, Dolores Romero López. Copyright © 2006 Dolores Romero López. Excerpted by permission of University of Exeter Press.
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