Sonar despierto

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Soñar despierto significa poder vivir plenamente la realidad al mismo tiempo que mantenemos un contacto constante y enriquecedor con otros mundos. A lo largo de la historia, muchas ideas e inventos famosos han surgido de los sueños. Estos pueden guiarnos en nuestra vida actual, pasada o futura, y mostrarnos lo que podemos hacer para lograr la felicidad, acometer proyectos y tener éxito. Escribir un diario de los sueños que tenemos, soñar en grupo, introducirnos en el sueño de otra persona, y recuperar sueños ...

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Soñar despierto significa poder vivir plenamente la realidad al mismo tiempo que mantenemos un contacto constante y enriquecedor con otros mundos. A lo largo de la historia, muchas ideas e inventos famosos han surgido de los sueños. Estos pueden guiarnos en nuestra vida actual, pasada o futura, y mostrarnos lo que podemos hacer para lograr la felicidad, acometer proyectos y tener éxito. Escribir un diario de los sueños que tenemos, soñar en grupo, introducirnos en el sueño de otra persona, y recuperar sueños perdidos, son algunas de las técnicas que nos propone su autor, Robert Moss, para soñar de una forma activa y vivir una existencia repleta de posibilidades.

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Product Details

  • ISBN-13: 9788497778275
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 8/30/2012
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 304
  • Product dimensions: 6.00 (w) x 9.10 (h) x 0.90 (d)

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SOÑAR DESPIERTO

El arte de la Ensoñación Consciente


By ROBERT MOSS

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2012 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-827-5



CHAPTER 1

Perfora un agujero en el mundo

«La psique del niño tiene una extensión infinita y una edad incalculable».

Carl Jung, Sobre el desarrollo de la personalidad


Para comprender los sueños y reivindicar la práctica de la imaginación, debemos fijarnos en los maestros: nuestros niños interiores y los niños que tenemos a nuestro alrededor. Cuando son muy pequeños, los niños saben cómo ir a los reinos mágicos sin tener que pagar entrada, ya que se encuentran como en casa en su imaginación y viven cerca de sus sueños. Cuando tenía cuatro años, mi hija Sophie vivía aventuras en un lugar llamado El País del Osito de Peluche, donde conoció a un amigo especial. Me encantaba oírla hablar de estos viajes y la animaba a hacer dibujos y a sacar nuevas historias de ellos.

Un día, Sophie se sentó a mi lado y me preguntó muy seriamente:

—Papá, ¿te gustaría ir al País del Osito de Peluche?

—Me encantaría.

—A veces tomo la Puerta del Sol. En ocasiones voy por la Puerta de la Luna. A veces tomo la Puerta del Árbol. En ocasiones voy por el Puente del Arcoíris. Y a veces, simplemente, perforo un agujero en el mundo.

Nunca había oído a nadie expresarlo mejor. Para vivir la vida más grande necesitamos perforar un agujero en el mundo. Es en esto en lo que consiste realmente soñar (tanto si estamos dormidos, despiertos o hiperdespiertos). En nuestro camino hacia la vida adulta, a veces olvidamos cómo hacerlo, al igual que los niños de más edad de Las crónicas de Narnia dejan de ser capaces de ver a Aslan al acercarse a su adolescencia, y cada vez se ven más cargados de las definiciones de la realidad de los adultos que hay a su alrededor.

Cuando escuchamos (escuchamos de verdad) a los niños muy pequeños, empezamos a recordar que la distancia entre nosotros y los reinos mágicos no es más amplia que el borde de un antifaz para dormir. El escuchar de verdad requiere que prestemos atención. Atender, de acuerdo con su significado etimológico en latín, consiste en estirarnos, lo que requiere que expandamos nuestro vocabulario de comprensión. A los niños pequeños que hay en nuestra vida no les debemos menos. Cuando hacemos esto, descubrimos que pueden ser nuestros mejores maestros en lo concerniente a cómo soñar y qué puede ser el soñar.


Qué hacer cuando se es devorado por un Tiranosaurio rex

—Fui devorado por un Tiranosaurio rex.

Brian, de siete años, está meciéndose en su asiento, lleno de emoción, pero su voz es muy suave. Los quince niños que hay formando un círculo, además de los padres y los abuelos, se inclinan hacia adelante para escucharle. Nos hemos reunido para pasar medio día juntos en un centro cercano para organizar escapadas, para celebrar un taller de juegos que me encanta dirigir llamado Soñar con Niños y Familias.

—¿Te engulló el Tiranosaurio rex de un solo bocado? –pregunta la abuela de Brian, emitiendo un ruido de borboteo con la garganta, mientras imita a algo muy grande dando un bocado enorme–. ¿O más bien fue dándote bocaditos?

—Fue un gran bocado. –Los ojos de Brian brillan de emoción–. Luego estaba cayendo hacia la tripa del Tiranosaurio. Encontré dos huevos. Los corté para abrirlos y había dos bebés Tiranosaurios dentro. Salieron y mataron al Tiranosaurio grande y todo fue bien.

—¿Cómo te sentiste? –le pregunto.

—¡Geeeenial!

Uno no analiza un sueño como éste, independientemente de la edad del soñador: por lo menos no hasta que hagamos algo para captar la energía vital del sueño y encarnarlo y traerlo al presente. Esto no es difícil en el caso del sueño de Brian. Tenemos una sala llena de niños emocionados, y los niños tienen un talento innato para el teatro de los sueños.

—Eh, Brian, ¿te gustaría representar tu sueño teatralmente?

Brian no puede esperar. Escoge a los dos niños más pequeños del grupo: a una angelical niña de cuatro años llamada Abby, que acaba de pintar un dibujo de uno de sus propios sueños con lápices de colores y un bloc de dibujo (un dibujo de una cosa salvaje a la que ha puesto su propio nombre) y a un niño que hace poco que ha empezado a andar que ha demostrado ser un virtuoso con las maracas y con otros objetos de nuestra caja musical comunal que hacen ruido.

La «tía» Carol, nuestra anfitriona en el centro para organizar escapadas y una asesora y maestra de sueños talentosa, es escogida para interpretar la cabeza del Tiranosaurio mordedor: un papel difícil, ya que no puede dejar de sonreír radiantemente y reír. Hay muchos soñadores, niños de todas las edades, para crear el cuerpo y la cola de la bestia. Al poco tiempo, el monstruo que hemos creado empieza a rugir y a dar golpes por la habitación. Brian, que se interpreta a sí mismo, corre de un lado a otro, intentando esconderse detrás de los muebles: su destino está escrito. Es engullido por el Tiranosaurio. Rueda sobre sí mismo una y otra vez, representando su descenso hacia la tripa de la bestia. Una vez abajo, muy dentro del cuerpo de la fiera, encuentra los huevos y libera a los monstruitos, que le devuelven el favor salvándole.

Esto es algo salvaje y alegre, una ficción, y todos quieren más.

Representamos teatralmente los sueños de los otros niños, y cada vez surge una estrategia nueva para ocuparse de los monstruos de los sueños. Una niña de diez años nos explica un sueño en el que está en el colegio y está yendo a comer cuando un «monstruo bajito» aparece y empieza a comerse a sus compañeros de clase:

—A mí no me pudo comer porque le di una patada en la cara.

Interpretar teatralmente ese sueño da lugar a una estampida mientras un niño de muy corta edad, emocionado por representar el papel del monstruo bajito, persigue a los compañeros de clase de la soñadora hasta que cae redondo al suelo debido a una patada fingida en la cara. Todos ríen mientras la soñadora se limpia la baba que el monstruo bajito le ha dejado en el pie.

Una chica del grupo, que tiene trece años, se ve amenazada en su sueño por personas que se comportan como monstruos. Se pone unas alas de murciélago y sale volando hacia un lugar especial donde puede estar sin correr peligro. Los adultos más amedrentadores del sueño son aquellos que permanecen extrañamente congelados, como si hubieran sido recubiertos con bloques de hielo, mientras ella intenta evitar a los atacantes. En una escena posterior, se encuentra en un océano agreste. Cuando se zambulle en él se convierte en una orca y nada, encantada, con una orca amiga que se le une. Cuando vuelve a cambiar su forma por la de una chica adolescente, los adultos ya no suponen una amenaza para ella. Ha traído poder de vuelta desde el lugar donde se encontraban las orcas.


Éstas son escenas de una única tarde de sueños con niños y con sus familias de la forma en que solían hacerlo nuestros antepasados y algunos pueblos indígenas siguen haciendo. Habíamos empezado bien, tamborileando y creando una música alegre para invocar a los sueños que queríamos que jugaran con nosotros. Entonces todos cogieron cosas para pintar del centro del círculo para hacer un dibujo de un sueño.

Además, en el centro de la habitación habíamos colocado una caja enorme llena de animales de peluche, títeres y lagartos de plástico. Invité a los niños a que cogieran cualquier animal que les gustara. Entonces, como nos encontrábamos en tierra que tradicionalmente había sido de los indios Mohawk, hice que juntaran sus manos y sus voces para cantar una sencilla canción Mohawk que invoca al Oso (y con él a todos los otros animales) como ayudantes y protectores.

No llores, pequeño. No llores, pequeño. El Oso viene a bailar para ti. El Oso viene a bailar para ti.


Hablamos sobre cómo, si se tiene un sueño amedrentador, es bueno saber que se cuenta con un amigo que puede ayudarte y cuidarte. La pequeña Abby se acercó a mí y me susurró con confianza:

—Tengo un oso y tengo muchos amigos en mis sueños.

Hacíamos una pausa cada media hora para tomar tentempiés, gajos de naranja y galletas con trocitos de chocolate.

Hacia el final, abrí mi diario de sueños por una página donde había pintado un dibujo de un Champie (el primo del monstruo del lago Ness que, según se dice, vive en el lago Champlain) nadando en el East River, frente a la isla de Manhattan, con unos niños encantados montados sobre su espalda. Ésta era una imagen que había venido a mí espontáneamente en un círculo de tamborileo celebrado hacía poco.

Les dije a los niños y a sus padres y abuelos:

—Un diario como éste, en el que uno pinta sus sueños y escribe sus historias, es un libro del tesoro. Espero que todos los aquí presentes empecéis ahora a escribir un libro del tesoro. Pedid a los adultos que os trajeron aquí que os ayuden a encontrar el adecuado. Pueden ayudaros a escribir las palabras si lo deseáis. Pero hay algo acerca de un diario de los sueños que todos deberían saber. Es vuestro libro especial, y si no queréis que vuestro padre o vuestra madre lo lean, deberíais decírselo: «Éste es mi libro secreto», y ellos deberían respetarlo.

Pregunté si tenían alguna duda.

Las manos se alzaron por toda la habitación.

—¿Podemos hacer esto otra vez?

—¿Podemos hacerlo cada mes?

—¿Podemos hacerlo cada semana?

—Eh –respondí–, podéis hacerlo cada día en vuestra casa o en la de un amigo ahora que vosotros y vuestras familias sabéis lo divertido que es.


Cuando los niños sueñan el futuro

A los niños no se les tiene que decir que todos somos videntes en nuestros sueños. Saben esto porque tienen experiencias adivinatorias en sus sueños todo el tiempo. Ven el futuro, se encuentran con los que han fallecido, ven las cosas que suceden en otros lugares y detrás de puertas que se supone que están cerradas para ellos. El problema es que, muy frecuentemente, los adultos que hay a su alrededor no les escuchan, a veces porque están asustados de lo que el niño pueda estar viendo.

Una vez dirigí una serie de clases de sueños para niños de sexto de primaria como parte de un programa de «talentoso y dotado» en un distrito escolar del norte del estado de Nueva York. Al principio de cada clase una de las preguntas que formulaba a los niños era: «¿Ha soñado alguno de vosotros algo que después ha sucedido?». Como media, nueve de cada diez niños decían que habían tenido esta experiencia. Un jovencito bravucón que parecía un Rambo en ciernes levantó la mano, ansioso por contar su historia: «Fuimos de vacaciones familiares a Myrtle Beach. Soñé con todo el viaje desde el aeropuerto, secuencia por secuencia. Seguía intentando decir a mi padre por dónde ir, pero no me escuchaba, así que pasamos una hora perdiéndonos y volviendo sobre nuestros pasos, ya que mi padre no cree en los sueños».

Mi amiga Wanda Burch, autora de She who dreams, recuerda lo que su hijo Evan vio en un sueño cuando tenía tres años. Aunque se trata de una familia de soñadores, los progenitores no comprendieron el sueño hasta que se empezó a reproducir en la vida real, momento en el cual el sueño provocó una acción rápida que podría haber salvado a madre e hijo de sufrir unas heridas graves. Aquí tenemos cómo me explicó Wanda la historia que sucedió en su hogar en el Mohawk Valley del estado de Nueva York:

Mi hijo tenía algo más de tres años y ya compartía grandes sueños. Me explicó que había soñado con «los perros» y que estaba muy asustado con el sueño, pero parecía incapaz de expresar por qué le atemorizaban tanto. Mi marido estaba trabajando muy duro y estaba realmente agotado la tarde en la que tenía una reunión de su junta directiva, así que me ofrecí a llevarle en coche y conducir los aproximadamente veinte kilómetros desde nuestro hogar, en el Mohawk Valley.

En cuanto cerramos la puerta de casa, Evan empezó a gritar: «¡Los perros, los perros!», mientras me tiraba de las manos. Tuve que cogerle en brazos y le dije una y otra vez que no había perros. Se tranquilizó. Cuando dejamos a mi marido en su trabajo y nos preparábamos para volver a casa, Evan se volvió a poner nervioso, mirando por la ventanilla posterior y diciéndome que había unos perros que gruñían. Pasamos algunos minutos hablando de las pesadillas y de las cosas que podía hacer con el sueño para así trabajar con él. No recuerdo lo que le dije en ese momento, pero normalmente era bastante capaz de soñar sus propias soluciones a sus pesadillas, por lo que estaba sorprendida de que ésta le estuviera asustando tanto.

Conduje de vuelta a casa. Se volvió a repetir la misma escena. Tuve que meter a Evan en casa. En ese momento estaba llorando de forma tan histérica que apenas pude cogerle en mis brazos. Se volvió a tranquilizar en casa. Había llegado la hora de ir a recoger a mi marido. Una vez más, Evan estaba histérico, agitándose de un lado a otro en un intento desesperado por evitar meterse en el coche.

Cuando volvimos a casa con mi marido, Evan empezó a gritar. Estaba esforzándome por sacarle del coche y meterle en casa. Cuando nos encontrábamos a sólo unos metros del porche acristalado, escuché unos ladridos y gruñidos de lo más aterradores. Me giré en ese mismo instante y vi una jauría de perros salvajes que venían desde una ligera elevación situada a algunos metros de nuestra casa. Tiré literalmente a Evan hacia el interior del porche, gritando a mi marido para que cerrara la puerta del coche y permaneciera en su interior. Yo entré en el porche por los pelos y cerré la puerta de un portazo golpeando a varios de los perros mientras saltaban para colarse en el porche. Varios de ellos se golpearon contra la puerta y las paredes del porche acristalado antes de darse la vuelta y huir con la jauría.

Si no hubiera podido lanzar a Evan hacia el interior del porche y no hubiera podido entrar detrás de él, habríamos tenido un grave problema. Llegado este punto, mi hijo estaba completamente tranquilo, mirando a los perros a través de la ventana mientras desaparecían por el lecho del río. Me miró y me dijo: «¡Los perros!». Le contesté: «Sí, ya lo he captado».

Mi hijo ha compartido sus sueños, grandes y pequeños, conmigo toda su vida, y sigue haciéndolo ahora que ya llega al final de su treintena. Acudí a él en mis momentos más oscuros, cuando estaba experimentando dudas sobre mi capacidad para curarme de una enfermedad que amenazaba mi vida. Le pregunté: «¿Estoy bien? ¿Qué estás soñando?». Nunca olvidaré su respuesta: «Estás bien. Estoy soñando contigo en el futuro».


Si tienes alguna duda sobre nuestra capacidad para soñar con el futuro (y sobre la utilización de nuestros anticipos nocturnos de los posibles eventos futuros para hacer mejores elecciones y para cambiar las cosas para mejor), escucha a un niño pequeño explicando sus sueños. Y piensa en cómo se te puede requerir para que actúes con las pistas del posible futuro contenido en el sueño que estás escuchando. Para exponerlo de forma suave, los niños no son actores independientes en el escenario de la vida. Nos necesitan no sólo para que les escuchemos, sino para que les ayudemos.

En una ocasión dirigí una sesión de representación teatral de los sueños para un grupo de chicos en riesgo de exclusión social de barrios marginales en New Haven (Connecticut), ofrecido por la Asociación de Beneficencia de la policía local. Una preciosa chica de catorce años explicó un sueño en el que bajaba de un autobús en una carretera de montaña sinuosa y era atacada por dos perros salvajes con los ojos rojos. Los canes no parecían perros normales, pero la descripción de la parada de autobús en la carretera de montaña era muy literal y concreta, a pesar de que ella decía que nunca había estado en un lugar así en su vida normal. Tuvimos la suerte, ese día, de contar con un orientador en la sala que reconoció el lugar del sueño:

—Acaba de describir la parada de autobús de la carretera que tomaremos para ir al campamento de verano en un par de semanas. Yo iré en ese autobús y prometo que no va a pasar nada malo en esa parada, porque estaré allí para asegurarme de ello.


Ayudar a los niños a crear un libro secreto

Luca todavía no tenía cuatro años cuando se subió a la cama de su madre en plena noche y le explicó el siguiente sueño:

Estaba huyendo de un tiranosaurio enorme que me estaba persiguiendo. Entones recordé:

—Espera un momento. A mí me gustan los tiranosaurios. –Así que me di la vuelta y le dije–: ¡Oye, eres mi dinosaurio favorito! –Y me cogió de modo que pudiera montar sobre él, y entonces fuimos a la playa juntos.


(Continues...)

Excerpted from SOÑAR DESPIERTO by ROBERT MOSS. Copyright © 2012 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents


Prólogo. Hacer que cada día sea una fiesta, 9,

Introducción. Tres modos de Ensoñación Consciente, 17,

Primera Parte. Despierta y sueña, 23,
1. Perfora un agujero en el mundo, 25,
2. Cómo romper una sequía de sueños, 37,
3. Hablar sobre nuestros sueños y sacarlos a pasear, 47,
4. Llevar tu libro de la noche y el día, 59,
5. Ensoñación chamánica lúcida, 71,
6. Sueños sociales y compartidos, 85,

Segunda Parte. La Ensoñación Consciente para la vida consciente, 99,
7. Rescatar a nuestros niños perdidos, 101,
8. Reivindicar el poder de poner nombres, 109,
9. Trazando el mapa del camino natural de tu energía, 125,
10. Plan de bajo mantenimiento para una buena salud psíquica, 145,
11. Encontrar y vivir tu historia esencial, 151,
12. Cultivando los sueños en Auschwitz, 167,
13. Seguir el rastro a la Bestia de la Sincron-O-cidad, 187,
14. Imanes de símbolos, 199,
15. La vida como un sueño consciente, 207,

Tercera Parte. Hacia una mancomunidad de soñadores, 223,
16. El lamento de los árboles, 225,
17. Grupos de ensoñación como modelos para una nueva comunidad, 229,
18. Soñar en comunidad, 237,
19. Comadronas de una sociedad que sueña, 245,
20. Hacia la séptima generación, 249,

Apéndice. La tierra de los sueños. Documentos de un posible futuro, 255,

Agradecimientos, 269,

Notas, 271,

Bibliografía, 275,
Índice analítico, 283,

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