Superar las preocupaciones y el estres

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La mayoría de nosotros ha experimentado algún vez un ataque de ansiedad, sin embargo, muchas veces los asuntos que los originan resultan ser cuestiones de poca importancia. Jamás conseguiremos resolver un problema si sólo nos preocupamos por él. En cambio, si utilizamos nuestra energía para abordarlos de forma constructiva y para superar nuestra ansiedad, nos convertiremos, indudablemente, en personas mucho más sanas y felices. En este libro, Dale Carnegie analiza esta cuestión a fondo y nos propone unas ...

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La mayoría de nosotros ha experimentado algún vez un ataque de ansiedad, sin embargo, muchas veces los asuntos que los originan resultan ser cuestiones de poca importancia. Jamás conseguiremos resolver un problema si sólo nos preocupamos por él. En cambio, si utilizamos nuestra energía para abordarlos de forma constructiva y para superar nuestra ansiedad, nos convertiremos, indudablemente, en personas mucho más sanas y felices. En este libro, Dale Carnegie analiza esta cuestión a fondo y nos propone unas estrategias sencillas y eficaces para liberarnos del estrés y las preocupaciones, y prosperar, así, en la vida cotidiana.

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Product Details

  • ISBN-13: 9788497778091
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 5/1/2012
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 167
  • Sales rank: 1,465,761
  • Product dimensions: 5.80 (w) x 9.00 (h) x 0.60 (d)

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Superar las preocupaciones y el estrés


By Dale Carnegie

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2012 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-809-1



CHAPTER 1

Los riesgos de la preocupación


¿Cuán a menudo nos habremos despertado en mitad de la noche con un sudor frío, preocupándonos por algún problema que teníamos que abordar al día siguiente o incluso en el futuro? ¿Con qué frecuencia nos hemos detenido de pronto en medio de una actividad alegre y nos hemos puesto a pensar en un problema que nos angustiaba?

No es probable que ningún hombre o mujer haya dejado de notar esas punzadas de preocupación repetidas veces.

Sin embargo, si miramos retrospectivamente semanas o meses después los asuntos que tanto nos preocupaban, con frecuencia descubrimos que ese problema que nos quitaba el sueño o convertía nuestra alegría en ansiedad nunca surgió o fue mucho menos grave de lo que habíamos temido.

Nunca se ha solucionado ningún problema por medio de la preocupación. Si canalizáramos la energía que usamos en ella (y la preo-cupación consume mucha energía) en enfoques constructivos para resolver nuestra inquietud en lugar de darle vueltas, venceríamos nuestros miedos y nuestra agitación y seríamos personas más sanas y felices.

Ésta no es una idea nueva. Filósofos y profetas de todas las épocas la han expresado de diversas maneras. Dale Carnegie, en su libro Cómo dejar de preocuparse y empezar a vivir, abordó este problema a fondo. Algunas de las sugerencias de este libro pueden ayudar a la mayoría de nosotros a ver con perspectiva los motivos de nuestra preocupación.


Tres maneras de minimizar las preocupaciones

Es fácil decirle a alguien que deje de preocuparse, pero hacerlo realmente ya es harina de otro costal.


Aquí tienes unos consejos que suelen ser de ayuda:

1. Cuando te enfrentes a un problema preocupante, no le des vueltas y más vueltas sin parar. Enfréntate a él de una vez por todas y toma una decisión. La mayor parte de la preocupación está causada por la indecisión.

Una vez tomada la decisión, atente a ella. No siempre será la correcta, pero cualquier acción positiva suele ser mejor que no hacer nada en absoluto. No cometas el error de no esperar nunca cometer errores.

2. Decide dónde acaba el pensamiento y comienza la preocupación.

Recuerda que preocuparse no es lo mismo que pensar. El pensamiento lúcido es constructivo; la preocupación es destructiva.

3. Si hay algo que puedas hacer para resolver un problema que te está fastidiando, hazlo. Deberías dar todos los pasos posibles para superarlo de modo que ya no te preocupe más.

Varios miembros de un centro para personas de la tercera edad de Nueva York estaban preocupados ante la posibilidad de ser atracados en sus trayectos hacia y desde el mismo. El constante temor mantenía a muchos de ellos confinados en sus solitarias habitaciones y otros que sí salían del centro lo hacían con gran ansiedad. Uno de los ancianos reconoció que esta preocupación les estaba consumiendo a todos ellos pero que nadie hacía nada al respecto, excepto seguir preocupándose. Así que decidió dejar de pensar y ponerse en acción. El resultado fue un acuerdo entre varios hombres y mujeres para caminar juntos por la «zona de peligro» a una hora específica cada día. El pensamiento constructivo, en lugar de la destructiva ansiedad, fue lo que solucionó el problema.

* * *

Cuando te enfrentes a un problema, pregúntate: «¿Qué es lo peor que me podría ocurrir?». Luego prepárate para aceptar lo peor; e intenta mejorarlo.

Dale Carnegie

* * *


Usa las leyes de la estadística

Cuando Mike acabó el instituto, al igual que muchos jóvenes de su generación, decidió recorrer a dedo Estados Unidos. Su madre se puso frenética. Se quedaba levantada por la noche preocupándose por todas las cosas malas que podían sucederle. Le podían matar o secuestrar, podía caer en una zanja, ser arrestado, ponerse enfermo, frecuentar malas compañías, etcétera. No durmió apenas durante semanas, no comía y era incapaz de disfrutar de ningún aspecto de su vida. Lo único que hacía era preocuparse.

Le pidió consejo a una vieja amiga, quien le recordó que muchos miles de jóvenes han hecho lo mismo. ¿Cuántos de ellos han tenido una verdadera desgracia?

Le sugirió que lo comprobara con la policía, los periódicos y algunas agencias sociales. Estas fuentes verificaron que sólo un pequeño porcentaje de los jóvenes sufría algún daño. Las leyes de la estadística se inclinaban claramente a favor de que este chico regresara sin contratiempos. Una vez que la madre aceptó este hecho, su mente se relajó, dejó de preocuparse y su vida volvió a la normalidad. Naturalmente que tenía pensamientos aprensivos de vez en cuando, pero ya no dominaban su vida.

A su debido tiempo, Mike regresó a su casa y fue a la universidad. Si su madre no hubiera visto las cosas con perspectiva, su salud y su equilibrio personal podrían haber resultado destruidos.


Vive en compartimentos estancos día a día

En su libro Cómo dejar de preocuparse y empezar a vivir, Dale Carnegie cita los siguientes comentarios del Dr. William Osler, uno de los grandes cirujanos y filósofos de principios del siglo XX, extraídos de un discurso que pronunció ante un grupo de estudiantes de la Universidad de Yale.

El Dr. Osler señaló que, en un gran paquebote, el capitán tiene el poder de aislar compartimentos enteros si suponen un peligro para el mismo. Y luego dijo:

«Ahora bien, cada uno de vosotros es una organización mucho más maravillosa que el gran paquebote, y efectúa un viaje más largo. Lo que os pido es que aprendáis a manejar la maquinaria que os permita vivir en compartimentos estancos al día, como el mejor modo de garantizar la seguridad del viaje. Subid al puente y comprobad si por lo menos los grandes mamparos funcionan bien. Apretad el botón y escuchad, en todos los niveles de vuestra vida, las puertas de hierro que cierran el pasado, los ayeres muertos. Apretad otro botón y cerrad, con una cortina metálica, el futuro, los mañanas que no han nacido. El futuro es hoy ... No hay mañana. El día de la salvación del hombre es aquí, ahora. El despilfarro de energías, la angustia mental y los desarreglos nerviosos estorban los pasos del hombre que siente ansiedad por el futuro Cerrad, pues, apretadamente, los mamparos a proa y a popa y disponeos a cultivar el hábito de una vida en compartimentos estancos al día».

El Dr. Osler no quería decir que no deberíamos hacer ningún esfuerzo para prepararnos para el mañana, sino que la mejor forma posible de prepararnos para el mañana es concentrarnos con toda nuestra inteligencia, todo nuestro entusiasmo, en hacer hoy magníficamente el trabajo de hoy. Ésa es la única forma posible de prepararse para el futuro.

Para ayudarnos a cerrar con los mamparos de hierro el pasado y el futuro, Dale Carnegie sugiere que nos hagamos estas preguntas y que anotemos las respuestas:

• ¿Tiendo a dejar de vivir el presente para preocuparme por el futuro o para añorar algún «mágico jardín de rosas que vemos en el horizonte»?

• ¿Hago a veces amargo el presente lamentando cosas que ocurrieron en el pasado, que acabaron para siempre?

• ¿Me levanto por las mañanas decidido a «aprovechar el día», a sacar el máximo partido de esas veinticuatro horas?

• ¿Puedo conseguir más de la vida viviendo en compartimentos estancos día a día?

• ¿Cuándo empezaré a hacer esto? ¿La semana que viene? ¿Mañana? ¿Hoy?


Hay un antiguo dicho, según el cual «El pasado se fue, no podemos cambiarlo; el futuro es desconocido, pero el hoy es un regalo: por eso lo llamamos presente».


Tres cazuelas con agua

Es fácil perder la esperanza cuando las cosas parecen salir mal constantemente. A veces parece que hagamos lo que hagamos, nada funciona. La siguiente parábola cuenta otra forma de considerar nuestras vidas.

Una joven acudió a su madre y le habló de su vida, diciéndole lo difíciles que eran las cosas para ella. No sabía cómo iba a salir adelante y quería darse por vencida. Estaba cansada de luchar y afanarse. Era como si en cuanto resolvía un problema surgiese otro nuevo.

Su madre la llevó a la cocina. Allí llenó de agua tres cazuelas y puso cada una de ellas al fuego. Pronto el agua que contenían rompió a hervir. En la primera de las cazuelas echó unas zanahorias, en la segunda puso unos huevos y en la última vertió café molido. Las dejó hervir en el fuego sin decir una palabra.

Al cabo de unos veinte minutes, apagó los fuegos. Sacó las zanahorias de su cazuela y las puso en un cuenco. Sacó los huevos de la suya y los puso en otro cuenco. Por último, sacó el café con un cucharón y lo sirvió en un tercer cuenco. Luego, volviéndose hacia su hija, le preguntó: «Dime, ¿qué es lo que ves?».

«Zanahorias, huevos y café», respondió. Su madre la acercó a la mesa y le dijo que tocara las zanahorias. Ella así lo hizo y notó que estaban blandas. La madre entonces le pidió que cogiera un huevo y lo cascara. Tras quitarle la cáscara, observó que estaba duro. Finalmente, la madre instó a su hija a dar un sorbo de café. Ella sonrió, paladeando su rico aroma, y luego preguntó: «¿Qué significa esto, mamá?».

Su madre le explicó que cada uno de esos objetos se había enfrentado a la misma adversidad ... agua hirviendo. Cada uno reaccionó de una manera diferente. La zanahoria entró en ella fuerte, dura y orgullosa; sin embargo, la acción del calor la ablandó y debilitó. El huevo antes era frágil; su delgada cáscara protegía el líquido interior, pero el calor lo endureció. Y el café molido, por su parte, era único: al ser sometido a la acción del agua hirviendo transformó a la propia agua.

«¿Qué eres tú?», le preguntó a su hija. «Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?».

Piensa en esto: ¿Qué eres? ¿Eres la zanahoria que parece fuerte, pero que con el dolor y la adversidad se marchita, se ablanda y pierde su fuerza? ¿Eres el huevo, que empieza con un corazón maleable pero se transforma con el calor? ¿Tal vez tenías un espíritu flexible pero, tras una muerte, una ruptura, un contratiempo financiero o alguna otra dificultad, te has endurecido, te has vuelto rígido? ¿Quizá tu exterior parece el mismo, pero por dentro estás amargado, con un espíritu rígido y un corazón endurecido?

¿O eres como el grano de café? El café realmente cambia el agua caliente, la circunstancia misma que provoca el dolor. La acción del calor hace que transfiera al agua toda su flagrancia y su sabor. Si somos como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor es cuando mejoramos y cambiamos la situación que nos rodea. En las tinieblas más oscuras y las pruebas más difíciles, ¿nos elevamos a otro nivel? ¿Cómo manejamos la adversidad? ¿Somos una zanahoria, un huevo o un grano de café?

Las personas más felices no son necesariamente las que tienen lo mejor de lo mejor; simplemente, aprovechan al máximo todo lo que se les presenta. El más brillante de los futuros siempre estará basado en un pasado olvidado; no podemos avanzar en la vida mientras no nos desprendamos de nuestros fracasos y dolores pasados.

Vive de acuerdo con el antiguo adagio: «Cuando nacemos, todos a nuestro alrededor sonríen y tú lloras; vive tu vida de tal manera que, al morir, seas tú el que sonríe y a tu alrededor todos los demás lloren».

* * *

Si las personas que se preocupan por sus deudas pensaran un poco en las riquezas que poseen, dejarían de preocuparse.

Dale Carnegie

* * *

Diez claves para reducir la preocupación

Por supuesto, no hay vida que esté completamente libre de preocupación. Siempre surgen asuntos graves que nos preocupan, nos ponen nerviosos y pueden llegar a dominar nuestras vidas durante un tiempo. Sin embargo, demasiada gente se preocupa por cuestiones triviales, transitorias o incluso inexistentes. Aquí tienes diez sugerencias sobre cómo mantener a raya las preocupaciones.


1. Ocuparnos de nuestros propios asuntos

La mayoría de nosotros se crea problemas por interferir con demasiada frecuencia en los asuntos ajenos. Lo hacemos porque de alguna manera nos hemos convencido a nosotros mismos de que nuestro criterio es el mejor posible y de que aquellos que no se ajustan a nuestra forma de pensar deben ser criticados y conducidos de vuelta a la dirección correcta, que es la nuestra. Las personas se comportan como lo hacen debido a su ego. Creen que siempre tienen razón y que es su misión poner a otros en lo que consideran «el camino adecuado». Si nos ocupamos de nuestros propios asuntos y damos consejos sólo cuando nos los piden, tendremos menos cosas de las que preocuparnos.


2. No guardar rencor

Es normal abrigar malos sentimientos hacia las personas que nos insultan o nos hacen daño. Sin embargo, si queremos avanzar, es esencial que cultivemos el arte de perdonar y olvidar. La vida es demasiado corta para desperdiciarla en tales nimiedades. Perdona, olvida y avanza.


3. Creer en nosotros mismos

Nos preocupa que no reconozcan nuestros logros. Nuestros jefes o asociados rara vez nos elogian, si es que lo hacen. Debemos entender que hay muchas personas que raramente alaban a nadie sin un motivo egoísta. Se dan prisa en criticarnos, pero ignoran nuestros logros. Damos demasiada importancia a cómo creemos que nos perciben los demás. Si creemos firmemente en nuestras propias posibilidades y fuerzas, nos preocuparemos menos por las actitudes de otras personas hacia nosotros.


4. Cuidado con el monstruo de ojos verdes

Todos hemos experimentado hasta qué punto la envidia puede perturbar nuestra tranquilidad de espíritu. Puede que nos esforcemos más que nuestros compañeros en la oficina, pero ellos consiguen ascensos y nosotros no. O nuestro negocio sólo cubre gastos, mientras que el de nuestro competidor es próspero. Envidiamos a nuestro vecino porque tiene un coche más moderno y más caro. La envidia no resuelve nuestros problemas, sólo conduce a la preocupación y la inseguridad. Debemos aprender a aceptar lo que tenemos y esforzarnos en mejorarlo con la mente libre de envidia de otros.


5. No temer el cambio

Cambiar es inevitable. No se puede progresar sin hacer cambios. Y, sin embargo, muchos de nosotros tememos el cambio. Nos incomoda pues nos saca del terreno conocido. Si los cambios nos son impuestos de repente, en lugar de preocuparnos, lo cual nos afectaría negativamente, centrémonos en cómo podemos mejorar las cosas.

El cambio no se limita a lo que otros nos imponen. Deberíamos estar estudiando constantemente cómo hacemos las cosas y buscando maneras de hacerlas con más eficacia. Sugerir cambios siempre entraña un riesgo. Pueden fracasar, pero las personas seguras de sí mismas aprenden a aceptar los riesgos y tienen bastante capacidad de recuperación para no preocuparse por derrotas ocasionales y avanzar.


6. Aprender a aceptar lo inevitable

Después de veintidós años en la empresa, Edith esperaba con impaciencia que pasaran los ocho años que le quedaban hasta la jubilación. Cuando anunció que quebraba, no se lo podía creer. Todos sus planes se basaban en la seguridad de su trabajo.

Cada noche, Edith lloraba hasta quedarse dormida. Siempre se había enorgullecido de ser autosuficiente y ahora tendría que depender de sus hijos. En sólo unas semanas, Edith dejó de ser una persona segura de sí misma y alegre y se puso hecha un manojo de nervios, con migrañas y constantes molestias estomacales. Su médico reconoció que la medicación no era la terapia que necesitaba. Le sugirió que concentrara sus pensamientos en las muchas veces que se había enfrentado a la adversidad en su vida y la había vencido.

Con el tiempo, Edith aceptó lo inevitable y empezó a buscar un nuevo trabajo y a dar pasos positivos hacia la nueva y apasionante etapa de su vida.

Aprendió a sacar provecho de sus puntos fuertes y adoptó la actitud necesaria para superar el problema.


7. No querer abarcar demasiado

Con frecuencia asumimos más responsabilidades de las que podemos cumplir, generalmente para satisfacer nuestro ego. Queremos que los demás nos admiren, así que cogemos más de lo que podemos manejar. Debemos ser conscientes de nuestras limitaciones. Cuando nos piden que aceptemos un encargo especial, si estamos agobiados de trabajo deberíamos declinar la oferta diplomáticamente.


8. Mantener la cabeza ocupada

Cuando nuestra cabeza no está ocupada con pensamientos positivos, la llenamos de preocupaciones; a menudo sobre asuntos triviales o incluso sobre cosas que no es probable que sucedan. Debemos mantener la mente ocupada en cuestiones positivas, que valgan la pena. Leer libros inspiradores, escuchar buena música, meditar o concentrarse en algún proyecto cívico interesante, en una afición agradable o simplemente en las alegrías y bendiciones de nuestra vida que expulsarán esos pensamientos preocupantes.


(Continues...)

Excerpted from Superar las preocupaciones y el estrés by Dale Carnegie. Copyright © 2012 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents

Prólogo, 5,
Capítulo 1. Los riesgos de la preocupación, 7,
Capítulo 2. Cómo romper con el hábito de preocuparse, 25,
Capítulo 3. Preocupaciones relacionadas con el trabajo, 41,
Capítulo 4. Cómo desarrollar una actitud mental positiva, 63,
Capítulo 5. Vence tu miedo, 75,
Capítulo 6. Haz frente al estrés, 89,
Capítulo 7. Destierra el desgaste profesional, 107,
Capítulo 8. Cómo reducir la presión del tiempo, 123,
Capítulo 9. Cómo adaptarse al cambio, 141,
Apéndice A. Sobre Dale Carnegie, 161,
Apéndice B. Los principios de Dale Carnegie, 165,

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