The Family Compass

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Product Details

  • ISBN-13: 9780829735178
  • Publisher: Vida Publishers
  • Publication date: 4/1/2004
  • Language: Spanish
  • Pages: 175
  • Product dimensions: 5.30 (w) x 8.40 (h) x 0.50 (d)

Meet the Author

Kurt Bruner is a graduate of Talbot Seminary and the bestselling author of several books, including Inklings of God-What Every Heart Suspects and Finding God in The Lord of the Rings. He and his wife, Olivia, have four children. SPANISH BIO: Kurt es graduado de Talbot Seminario y escritor de libros incluyendo Inklings of God-What Every Hear Suspects and Finding God in The Lorg of the Rings. Kurt y su esposo tienen cuatro hijos y viven en las sombras de los Colorado Rocky Mountains.
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La Brújula de la Familia


By Kurt Bruner

Zondervan

Copyright © 2004 Zondervan
All right reserved.

ISBN: 0-8297-3517-8


Introduction

La brújula perdida

"¡No creo que debamos embutirle religión a nuestro hijo!"

¿Les resulta conocido? Fue el estribillo de toda una generación. Muchos de nuestra generación fuimos criados por padres que como se aburrían en la iglesia mientras crecían, decidieron no someter a sus propios hijos al mismo sufrimiento. "Al fin de cuentas" según esta lógica, "podran decidir cuando sean grandes".

Bien, ya somos grandes; y sin embargo, en lugar de decir: "Gracias", muchos preguntan: "¿Cómo fueron capaces de hacerlo?"

Douglas Coupland, en su inquietante novela La vida después de Dios, capta el espíritu de una generación criada por padres que desatendieron la instrucción espiritual de sus hijos con el supuesto propósito de "protegerlos" del dogmatismo. No resultó. Esta novela narra la historia de un hombre joven que se traslada de una experiencia vacía a otra, con la vana esperanza de encontrar el sentido de la vida, solo para descubrir que no hay ninguna otra historia que la propia. ¿Cual es el resultado? En sus palabras ...

Me preguntaba cual sería el producto final lógico de este problema mío de sentir cada vez menos y menos. ¿Acaso no sentir nada es el resultado final inevitable de no creer en nada? Empecé a sentir miedo ... al pensar que posiblemente no había en realidad nada en qué creer, expresamente. Pensé que sería una broma de mal gusto tener que mantenerse vivo por décadas sin creer en nada ni sentir nada.

Explica que su estado de animo obedece en parte al hecho de haber sido "criado sin religión, por padres que habían roto con su propio pasado ... que habían criado, en el fin de la historia, niños libres de toda ideología ... o, al menos, eso era lo que deseaban creer". En otras palabras, sus padres no quisieron embutirle religión. Por lo tanto él -como muchos otros de nuestra generación- no tenía nada en qué creer. ¿Cual fue el resultado? Una vez libres de las "ataduras" de la religión, acabaron atrapados en una vida sin sentido.

El personaje de Coupland se enfrenta a una dura realidad. Sin Dios, no hay nada sagrado; por lo tanto, nada tiene sentido. El rey Salomón lo expresó cuando examinaba su vida apartada de Dios: "Lo mas absurdo de lo absurdo ... lo mas absurdo de lo absurdo, ¡todo es un absurdo!" (Eclesiastés 1:2).

Como padres, nuestra tarea es dar a nuestros hijos un marco de referencia para vivir: equiparlos con un fuerte sentido de identidad, producto de saber quién los hizo, quiénes son, y cómo se integran a la gran obra de la vida. Debemos ayudarlos a entender su propia historia desde la perspectiva del Autor, para que disfruten el milagro de saber que con Dios todo es sagrado y, por lo tanto, no hay nada que carezca de sentido. En palabras simples: queremos que crezcan con Dios.

Cuando tenía unos cuatro años, en un momento de distracción mío (Olivia), nuestro hijo Shaun caminó hacia la parte mas honda de la piscina del hotel. Entró en panico cuando comenzó a tragar agua. Por fortuna, un muchacho mayor vio lo que ocurría y rapidamente lo sacó del agua. Me di cuenta de la situación cuando Shaun dejó escapar un grito entremezclado con histeria y alivio. Todavía conmovida por la idea de lo que pudo haber pasado, me propuse evitar que volviera a suceder. Lo inscribimos enseguida en un curso de natación.

Durante varios meses de ese verano, tres días a la semana yo conducía quince millas para ir y otras tantas para regresar, con el fin de que Shaun tuviera su lección de natación. Era un fastidio, sin duda; pero pronto pudo patalear lo suficiente para mantenerse a flote. Misión cumplida.

Vivimos en una época en que nada se considera sagrado. Para muchos, Dios esta muerto, distante o, peor aún, es irrelevante. La opinión subjetiva ha sustituido a la verdad objetiva, la cual debería dirigir y explicar la experiencia de la vida. Al igual que Shaun en la parte honda de la piscina, muchos se han enfrentado al panico de ahogarse con el agua de una vida carente de sentido. Como Coupland, estan "atemorizados, pensando que posiblemente no haya en realidad nada en qué creer, expresamente".

Nosotros queremos algo mejor que eso para nuestros hijos. Nos negamos a empujarlos en las profundidades de la vida sin enseñarles primero cómo nadar. Queremos que sepan que sí hay algo en qué creer expresamente.

Un Dios amante y personal que los creó para una vida de relación.

Un sentimiento de propósito y de significado que trasciende las experiencias a menudo confusas y dolorosas que soportaran.

Una verdad eterna como marco de referencia para las decisiones que deberan tomar y para explicar las circunstancias aparentemente desafortunadas de la vida.

Una esperanza profundamente arraigada que pueda opacar la desesperación mas extrema.

Deseamos que el sabor desagradable que puede quedar al haber sido criados sin Dios inspire a nuestra generación a legar algo mejor a la siguiente. De ningún modo queremos "embutir religión a nuestros hijos", pero deberíamos revelarles el significado de la vida, el secreto descubierto por Salomón: "Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre" (Eclesiastés 12:13).

La brújula

Consideren la simplicidad de una brújula. Hace solo una cosa: únicamente una. Señala el norte. Nada impresionante. Es decir, a no ser que uno esté perdido en un bosque o intentando navegar en el océano. Cuando uno esta perdido o desorientado, el punto fijo de referencia de una brújula proporciona lo que puede ser la única fuente disponible de claridad y dirección para guiarnos a nuestro hogar. Sin una brújula, el viajero corre serio peligro.

Por desgracia, muchos de esta generación han perdido la brújula espiritual de la fe y el caracter. Al estar mal equipados para el viaje, vagamos por la vida sin un claro sentido de dirección, y sin posibilidad de diferenciar lo bueno de lo malo. Algunos han rechazado los valores de sus padres. Otros se criaron en una familia que no tenía una brújula para legarles. Cualquiera sea el caso, somos una generación que carece de la estabilidad y la confianza de saber quiénes somos, por qué estamos aquí y hacia dónde se supone que nos dirigimos.

Esa es la brújula perdida que debemos recuperar para nuestros hijos. Procuramos darles un marco de referencia para vivir -una cosmovisión cristiana- que incluya las creencias y valores necesarios para transitar por los caminos azarosos de la vida. Necesitan una brújula para poder continuamente determinar el "norte verdadero" en su vida, y nuestro trabajo como padres consiste en proporcionarsela, tomando en serio el mandamiento de Deuteronomio 6:6-9:

Grabate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Hablales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.

Hubo un tiempo cuando este mandato era una prioridad crucial para los padres. ¿Cuando cambió este modelo? ¿Cuando dejaron las madres y los padres de tomar en serio la responsabilidad de transmitir a la siguiente generación las creencias y valores bíblicos?

En la tradición judía, la fe se expresa primero y fundamentalmente en el hogar, y luego en la sinagoga. Al surgir el cristianismo, la iglesia y los padres trabajaban juntos con la determinación de lograr el mismo propósito. Con el tiempo, sin embargo, los padres permitieron que la iglesia tomara la iniciativa y se encargara de la educación espiritual de sus hijos. Gradualmente, los padres se convirtieron en espectadores pasivos de todo este proceso vital, abdicaron de su función hasta el punto en que hoy, muchos cristianos en realidad creen que enseñar a sus hijos en los asuntos de la fe es tarea de la Escuela Dominical. Sin duda que la iglesia es un medio importante, sin embargo la responsabilidad principal le corresponde todavía a la madre y al padre.

¿Cual es el mayor peligro que amenaza la efectiva consecución de señalarles bien el rumbo a nuestros hijos? Muy simple: la negligencia. Nuestros días estan repletos de actividades y responsabilidades. Vivimos a un ritmo tan vertiginoso que es difícil hasta ponerse a pensar acerca del desarrollo espiritual de nuestros hijos, mucho menos dirigirlos. La mayoría de nosotros llevamos a nuestros hijos a la iglesia y esperamos que los cuarenta y cinco minutos de Escuela Dominical alcancen para llevar a cabo la tarea. En nuestro fuero interno sabemos que no es suficiente. Nos sentimos culpables. Lamentamos llevar este ritmo de vida. Nos preocupa el resultado final. Sin embargo, pareciera que no podemos romper el ciclo.

Todo padre procura aumentar al maximo las probabilidades para que sus hijos triunfen en la vida y sean felices. Esa es nuestra meta. ¿Pero cómo lo logramos? ¿Dónde vamos en busca de consejo y orientación?

Comencemos con los consejos del único Padre perfecto: Dios mismo. La Biblia contiene directivas específicas así como grandes lineamientos con respecto al proceso de ser padres. Dios nos reveló algunas cosas que podemos saber con certeza con respecto a nuestros hijos y acerca de cómo transmitir un valioso legado a la siguiente generación. Conforme a estos claros principios bíblicos quisimos construir un modelo que proporcionara a nuestros hijos el equipo necesario para sobrevivir y prosperar en un mundo sin rumbo.

Ninguno de nosotros puede garantizar que nuestros hijos triunfaran en la vida y seran felices, sin embargo, podemos incrementar las probabilidades de que así sea. Con ese fin, hay varias cosas que podemos hacer como padres.

En la primera parte, consideraremos lo que las Escrituras dicen con respecto a nuestra tarea. Analizaremos lo que hemos llamado "Los principios" de esta brújula, que gobiernan y guían el proceso de legar una brújula espiritual a la siguiente generación. Cuando entendamos lo que las Escrituras nos dicen acerca de nuestra función como padres y acerca de la naturaleza y necesidades de nuestros hijos, estaremos mejor equipados para avanzar.

En la segunda parte, analizaremos lo que llamamos "Las creencias" que constituyen la brújula: aquellas verdades cardinales que nos proporcionan el marco de referencia para la vida. Al enseñar a nuestros hijos los conceptos basicos de una cosmovisión cristiana, les estaremos proporcionando una brújula que les ayudara a reconocer el "norte verdadero" cuando se enfrenten a las decepciones y los retos de la vida en una sociedad pluralista. Recuerden, cuando crezcan se veran forzados a forjar su camino en la vida en un mundo donde la verdad es subjetiva y la realidad cambia en función de la opinión individual. En un mundo donde lo chocante ha dejado de resultarnos extraño, un inequívoco entendimiento de lo que es "normal", según la perspectiva de Dios, brindara a nuestros hijos una increíble ventaja en el juego de la vida.

Las creencias que conforman esta brújula han sido tomadas de los principios basicos de la fe cristiana. Como una brújula en el desierto, nos proporcionan un punto fijo de referencia y sirven para explicar las realidades invisibles de la vida espiritual. Incluyen el caracter de Dios, la existencia del diablo, la autoridad de las Escrituras, la naturaleza basica del hombre, nuestro pecado, y el don de la salvación mediante Cristo Jesús.

En la tercera parte, aprenderemos cómo transmitir una escala de "valores" a nuestros hijos que les permita orientarse: valores necesarios para triunfar en la vida y ser felices en todas las generaciones. Como Salomón en la antigüedad, debemos decir "Escucha, hijo mío" y compartir con ellos la sabiduría eterna acerca de cómo lograr la excelencia en el arte de vivir.

Los valores que conforman la brújula son virtudes que les permitiran a nuestros hijos contrarrestar su inclinación al mal. Dejados a lidiar por sí solos, nuestros hijos no tendran una escala de valores para desarrollar una vida normal y saludable, y con la cual evaluar sus actitudes y acciones. Los valores de caracter proporcionan el marco de referencia de lo normal, para mantener a nuestros hijos en el rumbo correcto. Incluimos en estos valores el valor y la dignidad de la vida humana, la responsabilidad personal, la sexualidad, la integridad, el respecto y el esfuerzo.

La lista de creencias y valores de la brújula, tal como se presentan en la segunda y tercera parte, no pretende ser exhaustiva. Mas bien se trata de una plataforma de lanzamiento para el cúmulo de creencias y valores que pueden enseñarse de esa manera. Cada capítulo explica la importancia de cada asunto y presenta abordajes creativos para enseñar una creencia o un valor en particular. Pero antes de proseguir con la lectura de estos capítulos, quisiéramos hacer algunas especificaciones.

En primer lugar, partimos de la premisa de que el lector ha aceptado la fe cristiana. No pedimos disculpas por la posición que presentamos en los siguientes capítulos, sin embargo, somos conscientes de que algunos lectores pueden no estar de acuerdo con lo que consideramos el punto de vista cristiano ortodoxo. El lector podra decidir qué aspectos considera útiles y cuales no, y sentirse libre para adaptar algunas afirmaciones a su credo en particular.

En segundo lugar, hemos citado varias películas que serviran como instrumentos en el proceso de reforzar determinadas creencias y valores. No recomendamos estas películas en su totalidad, e insistimos en la necesidad de que los padres miren cada película antes de usarlas con sus hijos. Algunas contienen un lenguaje ofensivo y escenas donde sería conveniente que los padres adelantaran la cinta. Sin embargo, como sabemos que la mayoría de los padres veran las películas junto con sus hijos, hemos intentado identificar aquellas películas que pueden incorporarse al proceso de señalar el rumbo.

En tercer lugar, les animamos a leer cada actividad presentada en los siguientes capítulos como disparadores de su propia creatividad. Hemos señalado edades objetivo (entre paréntesis) cuando corresponde, pero la mayoría de las actividades pueden ser adaptadas para ajustarse a las edades específicas de sus hijos.

Equipar a nuestros hijos con una brújula es un proceso continuo que se dara en todos los momentos cotidianos de la vida. De todos modos, el viejo dicho es cierto: quienes no planifican, planifican fracasar. Por desgracia, rara veces aplicamos este principio al proceso de ser padres. ¿Qué les parece si rompemos ese ciclo? Deseamos que este libro les permita dar un paso importante en su firme intención por equipar a sus hijos con la brújula espiritual que necesitan y merecen.

(Continues...)



Excerpted from La Brújula de la Familia by Kurt Bruner Copyright © 2004 by Zondervan . Excerpted by permission.
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