Tormento [NOOK Book]

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Luce está en grave peligro. Para protegerla, ángeles y demonios pactan una tregua que cambiará el transcurso de la historia.
 
Aunque ella lo ignore, Luce es una pieza clave en la lucha entre el bien y el mal. Por eso los Proscritos, ángeles caídos condenados al exilio, quieren secuestrarla, para extorsionar a ángeles y demonios a cambio de ganarse un nuevo acceso al cielo. Daniel y Cam son conscientes del peligro que corre Luce y pactan ...
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Tormento

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Overview

Luce está en grave peligro. Para protegerla, ángeles y demonios pactan una tregua que cambiará el transcurso de la historia.
 
Aunque ella lo ignore, Luce es una pieza clave en la lucha entre el bien y el mal. Por eso los Proscritos, ángeles caídos condenados al exilio, quieren secuestrarla, para extorsionar a ángeles y demonios a cambio de ganarse un nuevo acceso al cielo. Daniel y Cam son conscientes del peligro que corre Luce y pactan una tregua de dieciocho días para trabajar juntos y poder dar caza a los Proscritos. Durante este tiempo, los dos quieren mantener a Luce lejos del peligro y la esconden en la Escuela de la Costa, un exclusivo colegio en la que conviven humanos y nefilim, los hijos de humanos y ángeles caídos que la protegerán. Los profesores de los nefilim, Steven y Francesca, son un demonio y un ángel que están enamorados. Ellos enseñan a Luce que las sombras que la acechan, las Anunciadoras, pueden mostrarle imágenes de sus múltiples pasados. Gracias a ello, Luce pronto entenderá muchas de las cosas que Daniel no ha querido contarle y empezará a sospechar que su relación está motivada por intereses ocultos.
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Product Details

  • ISBN-13: 9780307832573
  • Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
  • Publication date: 12/5/2012
  • Language: Spanish
  • Series: Vintage Espanol , #2
  • Sold by: Random House
  • Format: eBook
  • Pages: 416
  • Sales rank: 583,572
  • Age range: 12 - 17 Years
  • File size: 700 KB

Meet the Author

Lauren Kate
Lauren Kate creció en Dallas, Texas. Tras licenciarse en la Universidad de Emory, se trasladó a Nueva York y poco después cursó un máster en escritura creativa en la Universidad de California, Davis. Ha escrito varias novelas juveniles, entre las cuales se encuentran Oscuros y Pasión, la primera y tercera entrega de la exitosa serie Oscuros. Actualmente vive en Los ángeles con su esposo.
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1
Dieciocho días

Luce se había propuesto mantener los ojos cerrados durante las seis horas que duraba el vuelo que la llevaría de Georgia a California, en concreto hasta el momento en que las ruedas del avión tocaran San Francisco. Semidormida le resultaba más fácil imaginar que ya estaba de nuevo con Daniel.

Le parecía que llevaba toda la vida sin verlo, aunque en realidad solo habían sido unos días. Desde el viernes por la mañana, cuando se habían despedido en Espada & Cruz, ella se sentía físicamente mal. La ausencia de su voz, de su calor, del tacto de sus alas… había calado profundamente en ella, como si de una extraña enfermedad se tratase.

Entonces un brazo la rozó, y Luce abrió los ojos. Se encontró de cara con un chico de ojos grandes y pelo castaño algo mayor que ella.

—Lo siento —dijeron los dos a la vez separándose ligeramente a ambos lados del reposabrazos del avión.

Por la ventana, las vistas eran asombrosas. El avión había iniciado el descenso a San Francisco, y Luce nunca había visto nada semejante. Conforme recorrían el lado sur de la bahía, un afluente azul parecía hendir la tierra en su sinuoso camino hacia el mar. La corriente separaba un campo verde intenso a un lado y un remolino de color rojo vivo y blanco al otro lado. Apretó la frente contra el cristal doble de plástico para obtener una mejor perspectiva.

—¿Qué es eso? —se preguntó en voz alta.

—Sal —respondió el muchacho señalando con el dedo. Se inclinó más hacia ella—. La extraen del Pacífico.

Aquella respuesta era tan simple, tan… humana. A Luce le resultaba casi asombrosa después del tiempo pasado con Daniel y los demás… —qué torpe se sentía usando esas palabras de forma literal— ángeles y demonios. Dirigió de nuevo la mirada a esas aguas de color azul crepuscular que parecían extenderse para siempre hacia el oeste. Luce, que se había criado en la costa atlántica, asociaba ver el sol sobre las aguas con la mañana. Sin embargo, allí era casi de noche.

—No eres de aquí, ¿verdad? —le preguntó su compañero de asiento.

Luce negó con la cabeza, pero no dijo nada. Siguió mirando por la ventana. Aquella mañana, antes de partir de Georgia, el señor Cole le había advertido que no llamara la atención. A los demás profesores se les había dicho que los padres de Luce habían solicitado un traslado. Era mentira. Para los padres de Luce, para Callie y para cualquier otro conocido suyo, ella seguía matriculada en Espada & Cruz.

Semanas atrás, algo así la habría enfurecido. Pero lo ocurrido los últimos días en Espada & Cruz había hecho que Luce se tomara las cosas con mayor seriedad. Había vislumbrado de forma fugaz otra vida, una de las muchas que había compartido con Daniel en otros tiempos. Había descubierto un amor más importante para ella que cualquier otra cosa. Y luego había visto todo aquello amenazado por una anciana loca armada con un puñal en quien había creído poder confiar.

Allí fuera había más personas como la señorita Sophia. Luce lo sabía. Pero nadie le había dicho cómo reconocerlas. La señorita Sophia le había parecido normal hasta el final. Luce se preguntó si los demás tendrían la misma apariencia inocente que ese chico de pelo castaño que estaba sentado a su lado. Tragó saliva, cruzó las manos sobre el regazo e intentó pensar en Daniel.

Él la llevaría a un lugar seguro.

Se lo imaginó esperándola sentado en uno de esos asientos grises de plástico de los aeropuertos, todo lo rubio que era y con los codos sobre las rodillas, balanceándose en sus deportivas Converse de color negro y alzándose a cada minuto para pasear en torno a la cinta transportadora.

Cuando el avión tomó tierra se produjo una sacudida, y de pronto se sintió nerviosa. ¿Se mostraría él tan feliz de verla como ella de verlo a él?

Se concentró en la tela de color marrón y beige del asiento de delante. Sintió el cuello rígido a causa del vuelo prolongado y notó que su ropa tenía el olor viciado y cargado del avión. La tripulación de tierra, enfundada en sus uniformes de color azul marino y situada al otro lado de la ventana, parecía tomarse un tiempo extrañamente largo para conducir al avión hasta la pasarela. Luce sacudió las rodillas en un gesto de impaciencia.

—Supongo que pasarás en California una buena temporada, ¿no es así?

Su vecino le dirigió una sonrisa perezosa que solo consiguió que Luce tuviera más ganas todavía de levantarse.

—¿Por qué lo dices? —preguntó ella rápidamente—. ¿Qué te hace pensar eso?

Él parpadeó.

—Lo digo por esa enorme bolsa de viaje roja y todo eso.

Luce se distanció un poco. No había reparado en ese chico hasta hacía dos minutos, cuando la había despertado con un codazo. ¿Cómo podía saber él el equipaje que llevaba?

—¡Oh, no! ¡No pienses mal! —Le dirigió una mirada extrañada—. Es que estaba detrás de ti en la cola de facturación.

Luce sonrió incómoda.

—Tengo novio. —La frase le salió casi sin pensarlo. Al instante, se sonrojó.

El muchacho carraspeó.

—Lo he captado.

Luce hizo una mueca de disgusto. No sabía por qué le había dicho eso. No quería parecer grosera, pero cuando se apagó la luz de cinturones abrochados no deseó otra cosa más que apartarse cuanto antes de aquel chico y salir del avión. Él seguramente tenía la misma idea, porque dio unos pasos atrás por el pasillo e hizo un gesto con la mano en dirección hacia delante. Luce se abrió camino con la máxima educación que le fue posible y se dirigió rápidamente hacia la salida.

Sin embargo, aquello solo le sirvió para verse atrapada en el cuello de botella provocado por la lentitud agonizante de la pasarela. Mientras maldecía en silencio a todos esos californianos de actitud despreocupada que arrastraban los pies delante de ella, Luce se puso de puntillas y se balanceó sobre un pie y el otro. Cuando llegó al edificio de la terminal estaba ya medio loca de impaciencia.

Por fin podía moverse. Ágilmente se abrió paso entre la multitud y se olvidó del muchacho del avión. Se olvidó de sentirse nerviosa por no haber estado nunca en California, por no haber viajado más allá del oeste de Branson, en Missouri, en una ocasión en que sus padres la llevaron a ver una actuación de Yakov Smirnoff. Y, por primera vez en muchos días, se olvidó un poco de las cosas horribles que había visto en Espada & Cruz. Se encaminó hacia lo único en el mundo que podía reconfortarla. Lo único capaz de hacerle sentir que, pese a toda la angustia que había pasado, pese a todas las sombras, a la batalla irreal en el cementerio, y, lo peor, pese al dolor por la muerte de Penn, tal vez merecía la pena seguir con vida.

Estaba ahí.

Sentado como había imaginado que estaría, en el último de los asientos grises e insulsos dispuestos en filas, junto a una puerta corredera automática que no dejaba de abrirse y cerrarse a su espalda. Por un segundo, Luce se quedó quieta y disfrutó de aquella visión.

Daniel llevaba unas chancletas y unos vaqueros oscuros que ella nunca le había visto antes, y una camiseta roja holgada rota a la altura del bolsillo delantero. Era el de siempre, pero había algo distinto en él. Parecía más relajado que cuando se habían despedido días antes. ¿Acaso era porque lo había echado tanto de menos, o realmente su piel estaba más radiante de lo que recordaba? Daniel levantó la mirada y la vio por fin. Su sonrisa prácticamente resplandecía.

Luce echó a correr hacia él. Al cabo de un segundo, Daniel la estaba rodeando con sus brazos, mientras ella hundía el rostro en su pecho y dejaba escapar un suspiro largo y profundo. Su boca encontró la de él y se fundieron en un beso. En brazos de Daniel, se sintió relajada y feliz.

Aunque hasta ese momento no se había dado cuenta, sin duda una parte de ella se había estado preguntando si lo volvería a ver, si todo aquello no habría sido más que un sueño. El amor que sentía, el amor con el que Daniel le correspondía, le seguía pareciendo poco real.

Atrapada aún en su beso, Luce le pellizcó suavemente el bíceps. No era un sueño. Por primera vez en no sabía cuánto tiempo, se sintió en casa.

—Estás aquí —le susurró él al oído.

—Tú estás aquí.

—Los dos estamos aquí.

Se echaron a reír, besándose, engullendo todos y cada uno de los vestigios de dulce incomodidad que les provocaba el reencuentro. Sin embargo, cuando Luce menos lo esperaba, su risa se convirtió en llanto. Intentaba encontrar un modo de expresar lo duro que le había resultado sobrellevar esos días sin él, sin nadie, medio dormida y apenas consciente de que todo había cambiado. Pero en brazos de Daniel no lograba encontrar las palabras adecuadas.

—Lo sé —dijo él—. Recojamos el equipaje y vámonos.

Luce se volvió hacia la cinta transportadora cuando se encontró ante ella a su compañero de avión sosteniendo las correas de su enorme bolsa de viaje.

—La he visto al pasar —explicó forzando una sonrisa, como empeñado en demostrar sus buenas intenciones—. Es tuya, ¿verdad?

Antes de que Luce tuviera tiempo de contestar, Daniel descargó al muchacho de la enorme bolsa con una sola mano.

—Gracias, chaval. La llevaré yo —dijo con la determinación precisa para poner fin a la conversación.

El chico observó cómo Daniel deslizaba la otra mano en torno a la cintura de Luce y se la acercaba. Era la primera vez desde Espada & Cruz que Luce podía ver a Daniel como el resto del mundo, era la primera ocasión que tenía para observar si el resto de la gente podía captar, con solo mirarlo, que tenía algo extraordinario.

Atravesaron a continuación las puertas correderas y por fin ella pudo aspirar de verdad y por primera vez el aire de la Costa Oeste. En esa época, a principios de noviembre, era fresco y vigorizador; de algún modo, resultaba saludable. No era aquel aire húmedo y frío de la tarde de Savannah cuando el avión había despegado. El cielo era de un intenso color azul, y no había nubes en el horizonte. Todo parecía limpio y reluciente, incluso el aparcamiento mostraba hileras de coches recién lavados. Enmarcándolo todo había una cordillera de montañas de color pardo salpicadas de puntos aislados de árboles verdes donde las colinas se sucedían unas a otras.

Ya no estaba en Georgia.

—No sé si debo sorprenderme —se mofó Daniel—. Te dejo salir un par de días de debajo de mis alas y ya aparece un chico.

Luce abrió los ojos con sorpresa.

—¡Venga ya! Pero si apenas hemos hablado. De hecho, he estado durmiendo todo el viaje. —Le dio un codazo—. Soñaba contigo.

Los labios fruncidos de Daniel dibujaron una sonrisa, y él la besó en la cabeza. Ella se quedó quieta, esperando más, sin darse cuenta de que Daniel se había detenido ante un coche. No era un coche cualquiera.

Era un Alfa Romeo negro.

Luce se quedó boquiabierta cuando Daniel abrió la puerta del acompañante.

—E-este… —farfulló ella—. ¿Sabías que este es el coche de mis sueños?

—Es algo más que eso —le contestó Daniel riendo—. Resulta que antes este coche fue tuyo.

Lanzó una carcajada cuando ella prácticamente pegó un brinco al oírlo. Todavía le costaba asumir aquella parte de su historia referida a sus continuas reencarnaciones. Era tan injusto. Un coche del cual no se acordaba. Vidas enteras de las que no recordaba nada. Tenía muchísimas ganas de conocerlas; le parecía como si sus personificaciones anteriores fueran una especie de hermanas de las que le hubieran separado el día de su nacimiento. Posó una mano en el parabrisas, buscando un atisbo de algo, un déjà-vu.

Nada.

—Fue un bonito regalo de tus padres con motivo de tu dieciséis cumpleaños hace un par de vidas. —Daniel miró de reojo, intentando decidir cuánto podía contar, como si supiera que ella ardía en deseos por conocer los detalles pero temiera que no fuera capaz de digerir demasiados a la vez.

—Lo acabo de comprar a un tipo de Reno. Él lo compró después de que tú… bueno, después de que…

«Estallaras en llamas», pensó Luce completando la verdad amarga que Daniel no había querido decir. Ese era el punto en común con todas sus vidas anteriores: el final pocas veces cambiaba.

Excepto, al parecer, esta vez. Esta vez se podían coger de la mano, besarse y… Luce no sabía qué otras cosas podrían hacer, pero se moría de ganas de averiguarlo. Se reprendió. Tenían que ser cautelosos. Con diecisiete años tienes toda una vida por delante, Luce estaba decidida a quedarse para ver qué era de verdad estar con Daniel.

Él carraspeó y dio un golpecito a la capota negra y brillante del coche.

—Sigue funcionando como el mejor. El único problema es…

Dirigió la mirada al diminuto maletero del descapotable, luego a la bolsa de viaje de Luce y de nuevo al maletero.

En efecto. Luce tenía la mala costumbre de llevar siempre exceso de equipaje. Era la primera en admitirlo. Pero esta vez no había sido culpa suya. Arriane y Gabbe se habían encargado de empaquetar lo que tenía en su habitación en Espada & Cruz, y habían puesto en la bolsa cualquier prenda, ya fuera negra o de color, que pudiera necesitar. Luce había estado demasiado ocupada despidiéndose de Daniel y de Penn para poder encargarse de su equipaje. Se sintió avergonzada y culpable de estar en California con Daniel, tan lejos del lugar donde había dejado enterrada a una amiga. No era justo. El señor Cole no había dejado de asegurarle que la señorita Sophia tendría que responder por lo que había hecho a Penn, pero cuando Luce insistió en saber qué quería decir exactamente con ello, él se limitó a juguetear con su bigote sin decir nada.

Daniel miró con recelo el aparcamiento. Luego abrió el maletero a la vez que asía con una sola mano la enorme bolsa de viaje de Luce. Era imposible meterla ahí, pero entonces se oyó un discreto ruido de aspiración neumática en la parte trasera del coche y la bolsa de viaje de Luce empezó a encogerse. Al cabo de unos instantes, Daniel volvió a cerrar el maletero.

Luce estaba asombrada.
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  • Anonymous

    Posted December 3, 2011

    Portada equibocada!!!!

    este libro no es de Lauren Kate, es solo la portada, loque esta escrito aqui no es la continuacion de Fallen, esto lo escribio un tal Robert Harris y que bueno ke no lo compre!

    1 out of 1 people found this review helpful.

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  • Posted April 7, 2013

    waoo!!!

    este libro simplemente me en-can-to!! me atrapo completamente desde el principio hasta el final... dejandome con ganas de mas.
    muy buena historia... :)

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  • Anonymous

    Posted September 28, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted October 29, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted February 18, 2013

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted May 28, 2013

    No text was provided for this review.

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