Una mente para Dios

Una mente para Dios

by James E. White
     
 

SPANISH EDITION. God wants us to have a mind like Christ, but what is this mind and how to we obtain it? We have to be free of the captivity of our culture through the spiritual and intellectual disciplines of reading and studying. Let's take his advice and develop our minds for God.See more details below

Overview

SPANISH EDITION. God wants us to have a mind like Christ, but what is this mind and how to we obtain it? We have to be free of the captivity of our culture through the spiritual and intellectual disciplines of reading and studying. Let's take his advice and develop our minds for God.

Product Details

ISBN-13:
9789875572997
Publisher:
Peniel
Publication date:
05/05/2011
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
153
Product dimensions:
5.00(w) x 6.90(h) x 0.50(d)
Age Range:
18 Years

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Una mente para Dios


By James Emery White

Zondervan

Copyright © 2011 Editorial Peniel
All right reserved.

ISBN: 978-987-557-299-7


Chapter One

LA MENTE CRISTIANA

* * *

"La mayoría de los cristianos preferiría morir antes que pensar, y de hecho lo hacen".

Bertrand Russell

Un verano, mientras estudiaba en la Universidad de Oxford en Inglaterra, me invitaron a una recepción para alumnos visitantes. Dentro de los primeros cinco minutos, me encontré en una conversación con dos mujeres, una de Florida y la otra de California. Después de intercambiar las cortesías de rigor, me preguntaron a qué me dedicaba.

Les dije que era pastor de una iglesia.

La mujer de Florida parecía estar preparada para el momento.

–Bueno, yo estoy tan alegre de que alguien como tú esté en un lugar como este para que pueda darle a la gente la verdad. Tú sabes, la historia verdadera. ¿Por qué más ministros no hacen eso?

–Bueno &ndsah;le respondí–. No estoy seguro acerca de lo que hablas.

–Tú sabes, todas esas cosas de que Jesús murió en la cruz, resucitó al tercer día y todos los milagros. Lo que digo es que Él nunca murió de esa forma. De hecho, vivió una vida larga y completa, se casó y tuvo hijos.

–¿De verdad? –le pregunté.

–¿No crees eso?

Yo acababa de conocer a esta mujer y no quería lanzarme de forma inmediata en un debate con ella; esta era, después de todo, una tarde inglesa placentera, pero esto era demasiado. Busqué la respuesta menos incendiaria en la cual podría pensar:

–Estoy seguro de que muchos estarán de acuerdo contigo, pero yo te confieso que no soy uno de ellos.

–¿Lo que me dices es que crees en todas esas cosas de La Biblia?

–Sí –le respondí.

–¿Quieres decir ... como el nacimiento virginal?

–Sí, claro –le respondí.

Tú podrías verlo escrito en todo su rostro. Aquí estaba un hombre que parecía inteligente, que estudiaba en Oxford, que decía que creía en La Biblia. Había, a los ojos de ella, algo terriblemente erróneo en este cuadro.

Nuestra conversación continuó en serio, pero con un giro fascinante. Mientras que la mujer de Florida continuaba con preguntas y planteaba objeciones, la amiga de California se unió conmigo para tratar de explicar que, quizás, algunas de las fuentes de la reconstrucción que ella había hecho acerca de Jesús y de la fe cristiana, eran menos que un sonido.

Impresionado por la perspectiva, le dije a mi nueva aliada:

–Entonces, ¿te considerarías a ti misma una cristiana?

–No –respondió–. Estoy abierta a esto, pero aún me consideraría a mí misma algo así como una buscadora.

Luego, para mi sorpresa, la mujer con la cual había discutido dijo:

–Bueno, ciertamente me consideraría a mí misma como una cristiana.

Tales conversaciones llevan a la pregunta fundamental: ¿qué es lo que significa para una mente ser cristiana? En ese jardín inglés, detrás de la Catedral de la Iglesia de Cristo, en Oxford, una mujer que no era seguidora de Cristo era más ortodoxa y bíblica –e informada– en su pensamientos que una que profesaba lealtad a Cristo. La mente cristiana, ¿es algo que pueda detallarse? Por supuesto. Esta es una de las tareas principales de la reina de las ciencias, la teología cristiana. Cuando les enseño a los alumnos del seminario, uno de los objetivos primarios de la teología cristiana es determinar qué es y qué no es la ortodoxia. Existe un pensamiento correcto y existe un pensamiento incorrecto. El pensamiento incorrecto, en términos teológicos, se llama herejía.

Y hay más herejías.

El Estudio Nacional de Juventud y Religión, llevado a cabo entre 2001 y 2005, es quizás el proyecto de investigación más grande acerca de las vidas espirituales y religiosas de los adolescentes estadounidenses. Este estudio catalogó la desaparición de la cosmovisión cristiana entre los cristianos. Mientras que la gran mayoría de los adolescentes estadounidenses se identificaban a sí mismos como cristianos, el "lenguaje, y por lo tanto la experiencia y el conocimiento de la Trinidad, santidad, pecado, gracia, justificación, santificación, Iglesia, eucaristía, cielo e infierno, aparecían –entre la mayoría de los adolescentes cristianos en Estados Unidos– suplantados por el lenguaje de la felicidad, la amabilidad y una recompensa celestial ganada".

El investigador principal Christian Smith escribe:

No es tanto que el cristianismo estadounidense se ha secularizado. Un poco más sutilmente, el cristianismo o se ha degenerado en una versión patética de sí mismo o, más significativamente, una fe religiosa bastante diferente ha colonizado y ha desplazado de manera activa el cristianismo.

Smith y sus colegas llaman a esta nueva fe "deísmo terapéutico moralista", un sistema de creencia que comprende la existencia de un Dios que demanda menos que ser "lindo", con el objetivo de una vida centrada en ser feliz y sentirse bien uno mismo. Dios no se necesita particularmente en la vida diaria, excepto para resolver varios problemas que pudieran cruzarse en nuestro camino (piensa en El mayordomo divino o El terapeuta cósmico). Y a pesar de las convicciones religiosas, las creencias o los compromisos, las personas buenas van al cielo cuando mueren.

Esto no es una mente cristiana basada en la cosmovisión bíblica. Entonces, ¿qué es?

Una mente cristiana no es simplemente pensar sobre lo hecho por parte de aquellos que se consideran cristianos a sí mismos. Jesús enfrentó a Pedro y sin rodeos le dijo: ¡Aléjate de mí, Satanás! (...) no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres" (Mateo 16:23).

No es simplemente pensar acerca de las cosas cristianas, tales como reflejarse en Jesús, o la gracia o la naturaleza de la iglesia. Tampoco debería confundirse con el intento de adoptar una perspectiva cristiana en cada tema. Incluso, si tales perspectivas fueran posibles, las mismas fluirían de una mente cristiana; no constituirían una mente cristiana en y de sí mismas.

En cambio, Os Guiness escribe con sabiduría que "pensar de manera cristiana significa que los cristianos piensan acerca de nada y de todo en una forma consistentemente cristiana; en una manera que toma forma, se dirige y se refrena debido a la verdad de La Palabra de Dios y al Espíritu de Dios". La fe cristiana no es simplemente una visión del mundo definida, sino una fe que reclama basarse en la revelación. A diferencia del sistema político o el cuerpo de la legislación producida de forma humana, la fe cristiana sostiene que Dios ha elegido revelarse a sí mismo y la verdad acerca de sí mismo a través de La Escritura, y soberanamente en Cristo, quien no podría conocerse de otra manera.

El significado exacto de la palabra "revelación", del latín revelatio, es "correr la cortina", y da cuenta de aquello que podría haber permanecido oculto, pero que Dios nos dio a conocer en el acto de la revelación.

Hay, entonces, una línea divisoria cuando llega el momento en el cual nos acercamos al preciso acto de pensar. La naturaleza de esta línea divisoria no debería subestimarse, ya que tiene una humanidad separada de los albores de la civilización. La cuña característica ha dado forma al discurso y al debate, a la filosofía y a la razón, a la ciencia y al comercio. Sin embargo, tan amplia como la línea divisoria pueda ser, la esencia del abismo es simple: o hay algo fuera de nosotros que debemos tener en cuenta, o no hay.

La mente cristiana es una mente que funciona bajo la creencia de que existe algo fuera de nosotros mismos que tenemos que tener en consideración. Hay un Dios; un Dios –como dijo Francis Schaeffer– que no sólo está ahí, sino que no está en silencio. Pensar a la luz de la existencia de Dios y en la revelación de sí mismo, es lo que significa tener una mente cristiana. Es ver el mundo a la luz de la fe. O es ser un "cristiano realista", tal como Flannery O'Connor se referiría a sí misma, lo cual reflejaba la convicción de que vivía en la presencia de ciertas verdades teológicas, tales como la doctrina de la creación, la caída y la redención.

Estos no eran simplemente temas de creencia subjetiva, eran parte de la naturaleza de la realidad, tan sólida como las leyes de física.

Para O'Connor, la fe cristiana no sería algo sin sustancia, sin significado, sin una raíz absoluta en la realidad. En Novelist and believer [Novelista y creyente] escribió:

Existe una gran diferencia en la mirada de una novela si el autor cree que el mundo tardó en ser y continúa en su desarrollo debido a un acto creativo de Dios, o si cree que el mundo y nosotros mismos somos el producto de un accidente cósmico. Hay una gran diferencia en la novela si el autor cree que fuimos creados a imagen de Dios, o si cree que nosotros solos creamos a Dios. Hay una gran diferencia si cree que nuestras voluntades son libres, o si cree que están sujetas como la de los animales.

Esta, entonces, es la línea divisoria absoluta entre una mente cristiana y aquello que a lo mejor, podría llamarse una mente naturalista, para decir una mente que, en términos de verdad y significado, no acepta nada fuera del reino natural. La mente cristiana cree que Dios está libre, una mente naturalista no. Una mente cristiana cree que Dios dio verdad y orden, propósito y autoridad en el cosmos creado; la mente naturalista cree que no hay verdad, no hay autoridad fuera de nosotros mismos y los procesos naturalistas del universo. Esta es la línea divisoria, y su naturaleza es lo que hace distinta a la mente cristiana de todas las demás.

También es lo que le plantea el gran desafío a la mente cristiana desde el mundo moderno.

(Continues...)



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