Una sencilla bendicion: El extraordinario poder de una oracion comun

Una sencilla bendicion: El extraordinario poder de una oracion comun

by Michael W. Smith, Thomas Williams
     
 

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Todos necesitamos una bendición… pero pocos comprenden el sencillo secreto de recibirla.

El famoso cantante cristiano Michael W. Smith, sintiendo cómo va en aumento el nivel de distanciamiento y desilusión en el mundo, comenzó recientemente a terminar sus conciertos con una sencilla bendición dirigida a los asistentes. La

Overview

Todos necesitamos una bendición… pero pocos comprenden el sencillo secreto de recibirla.

El famoso cantante cristiano Michael W. Smith, sintiendo cómo va en aumento el nivel de distanciamiento y desilusión en el mundo, comenzó recientemente a terminar sus conciertos con una sencilla bendición dirigida a los asistentes. La respuesta fue abrumadora. Le comenzaron a llegar cartas y mensajes electrónicos para hablarle de historias sobre el aliento y la nueva esperanza que aquella bendición había llevado a numerosas vidas atribuladas.
Esta respuesta tan inesperada fue la que lo inspiró a compartir lo que ha aprendido en esta experiencia de bendecir a los demás; cómo lo ha transformado a él y cómo te puede transformar también a ti. Así nació este libro hermosamente redactado, donde podrás descubrir el verdadero secreto de la bendición: la forma tan maravillosa en que Dios llena la vida de los que bendicen a los demás.
Te sentirás motivado e inspirado, y abrirás el corazón al gozo y la paz abundantes que recibirás por medio del sorprendente poder de una sencilla bendición.

Product Details

ISBN-13:
9780829760750
Publisher:
Vida
Publication date:
02/05/2013
Pages:
176
Product dimensions:
10.10(w) x 8.20(h) x 0.30(d)
Age Range:
18 Years

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Lo que aprendí de una sencilla bendición

EL EXTRAORDINARIO PODER DE UNA ORACIÓN COMÚN
By Michael W. Smith Thomas Williams

ZONDERVAN

Copyright © 2013 Michael W. Smith and Thomas Williams
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-6075-0


Chapter One

¿Qué significa orar por otros?

En el nombre de Jesucristo, te bendigo con las promesas de Dios, que son «sí» y «amén».

La primera vez que pronuncié la oración de bendición sobre mi público fue en un atardecer en un crucero por Alaska. Nunca había sido anfitrión en un crucero (ni tenía el deseo de hacerlo), pero la idea me entusiasmó rápidamente, al verme en la embarcación con mi familia, amigos cercanos, algunos invitados especiales, y la gran cantidad de personas que se había inscripto para participar.

Era un público variado, por decirlo de alguna manera. Había personas solteras, casadas, y algunos padres sin pareja. Había algunas pocas familias con niños con necesidades especiales. Me dio gran satisfacción tener la oportunidad de conocerlos a todos y escuchar sus historias. Habiendo pasado más de una semana entre los pasajeros, había aprendido mucho acerca de sus esperanzas, necesidades y problemas. Incluso antes del crucero, había comenzado a percibir en las personas una necesidad creciente de ser bendecidas, tenía la sensación de que la estabilidad y las amarras que la gente había tenido alguna vez en la fe, estaban resbalando hacia la confusión e incluso la desesperación. Las historias del crucero no eran diferentes. Me parecía muy evidente que las personas necesitaban oraciones de bendición.

Al final del concierto, expresé al público que quería pronunciar una oración de bendición sobre ellos. Mientras oraba, y en especial hacia el final de la oración, cuando miraba al público, percibí que era un momento sumamente espiritual. Es difícil explicar cómo sabes que en esos momentos algo espiritual y lleno de sentido está sucediendo. Pero cuando sucede, lo sabes. Es como si hubiera algo en el aire.

Y si hubiera habido alguna duda, lo que sucedió después del concierto la hubiese borrado completamente.

CÓMO RESPONDEN LAS PERSONAS AL SER BENDECIDAS

Serví como pastor en una congregación cerca de Nashville por unos dos años. Como saben quienes enseñan desde el púlpito de una iglesia, al final de cada servicio de alabanza la gente se acerca a saludarte y con frecuencia dice: «Realmente disfruté de su mensaje, pastor», «en verdad me ha bendecido esta mañana», o frases similares. Los pastores se acostumbran a estas respuestas de rutina. Sabemos que suelen ser automáticas, porque aun cuando nos pasamos la mañana predicando acerca de una inminente fatalidad si la iglesia no actúa unida, las mismas personas continúan diciendo: «Realmente disfruté del sermón». (Siempre quise preguntar: «¿Quieres decir que realmente disfrutaste escuchar que pronunciara una condena sobre ti?». Pero nunca lo hice). Cuando una persona verdaderamente obtiene algo de tu prédica, lo sabes. La respuesta suele ser mucho más específica, intensa y generalmente emocional.

Bueno, lo que en general sucede luego de mis conciertos se asemeja a las experiencias de un pastor tras sus sermones matinales de domingo. Al terminar el espectáculo, varias personas del público vienen a verme para saludarme y decirme cuánto disfrutaron de mi música. O en ocasiones, me comentan lo mucho que les gustó una canción en particular. No dudo de su sinceridad, y aprecio su buena intención en decírmelo. Pero para ser franco, todas esas respuestas son tan similares, que con los años me pasan desapercibidas. Cuando una persona realmente queda conmovida por algo que hice en el escenario, lo sé. La intensidad de su respuesta se las arregla para ser percibida muy claramente.

Luego de pronunciar la oración de bendición esa noche en el crucero, no sabía qué tipo de respuesta esperar. De hecho, no estoy seguro de que esperara siquiera algún tipo en particular. Suponía que tendría más o menos el mismo efecto que la oración de cierre de un servicio dominical: una señal de que el evento había terminado y que la gente tenía la libertad de irse para poder llegar al restaurante de la esquina antes de que se llenara de gente. ¡Qué equivocado estaba! Lo que sucedió me dejó atónito.

A la mañana siguiente teníamos programada una sesión de firma de autógrafos en la librería de la embarcación, por lo que me dirigí hacia allí pensando que sería como usualmente eran este tipo de eventos. No lo fue en lo absoluto. Había un número mucho más considerable de personas en la cola, y podía ver en sus rostros algo diferente. En lugar del habitual mar de sonrisas y expresiones felices, muchas de las expresiones de los fanáticos tenían una intensidad calma. Varios ojos estaban llenos de lágrimas. En lugar de los usuales ojos vivarachos y el alegre: «Realmente disfruté del concierto anoche», muchos me saludaron con un, «No puedo decirte lo agradecido que estoy por esa bendición». Y puedo asegurar que lo decían en serio, porque hablaban con sinceridad y generalmente con una profunda emoción acompañadas con el relato de alguna experiencia personal.

Un claro ejemplo de esas respuestas fue una mujer que tomando mi mano entre las suyas me dijo: «Tu bendición significó mucho para mí. En especial la parte de rechazar lo degradante y lo negativo y enfocarse en lo bueno, alentador y edificante. Pasé tanto tiempo de mi vida sumiéndome en lo negativo, que me convertí en una persona pesimista. Y tristemente, le transmití ese modo de ver las cosas a mi hija adolescente. Ella se ha transformado en una persona crítica, que desaprueba todo lo que sucede en su vida, en especial a mí. Nada la complace. Y eso está afectando sus estudios, sus amistades, alejándola incluso de la iglesia».

La voz de la mujer se quebró y comenzaron a fluir lágrimas. Ella limpió sus ojos con un pañuelo y continuó: «Pero tu bendición de anoche me abrió los ojos, mostrándome lo que estaba haciéndole a mi hija y a mí misma, como también que no es demasiado tarde para cambiar. Como dijiste, puedo comenzar a enfocarme en lo que es bueno, afectuoso, y alentador. Puedo reflejar esta actitud en las respuestas que le dé a mi hija. Y al ir cambiando, guiaré a mi hija a hacerlo». Luego la mujer sonrió y me agradeció.

No estaba preparado para recibir una confesión personal como esa, pero realmente me compadecí de ella. Como padre de cinco niños, sé lo mucho que duele cuando un hijo se aleja de ti, aunque sea brevemente, a causa de una insignificancia como prohibirle ir al cine o a una fiesta. Podía imaginar el dolor que se siente cuando esa distancia se hace permanente.

Este tipo de respuesta se repitió varias veces esa noche, cada una con una historia diferente, pero todas con un tema en común. La oración de bendición había abierto sus ojos a una verdad de Dios que habían olvidado o descuidado, con resultados problemáticos o desastrosos. Los problemas que expresaban eran variados: matrimonios rotos, hijos distanciados, pérdida de empleo, penurias económicas, asuntos de salud, problemas sexuales, adicciones ... nombra el que sea, esa noche fueron mencionados todos.

Mientras persona tras persona me relataba sus heridas y remordimientos, las abrazaba y les ofrecía alguna palabra de aliento, diciéndoles que si abrían sus corazones a Dios, él con certeza los bendeciría del modo que más necesitaran. Dios ofrece ese regalo por gracia, gratuitamente. Nosotros solo tenemos que estirar nuestros brazos para recibirlo, y aceptarlo.

Al día siguiente recibimos tantos pedidos de copias de la bendición, que tuve que volver a mi habitación, editarla para hacerla más presentable, y pedirle a la tripulación del barco que imprima copias para casi todos los pasajeros.

Para mi mayor sorpresa, las respuestas no finalizaron esa noche. Continuaron concierto tras concierto y en el volumen creciente de correos electrónicos que recibí de personas que fueron alentadas por esa oración. Era como si el hecho de pronunciar esas palabras fuera un catalizador que los alentaba a cambiar el modo en que veían sus circunstancias y descubrir el sentido profundo del propósito de Dios para sus vidas. Recibí un correo electrónico de un hombre, que decía:

Estimado Sr. Smith:

Gracias por la hermosa bendición que oró sobre nosotros en su reciente concierto. Me dio una enorme sensación de paz y al mismo tiempo, me alentó a continuar descubriendo quién soy como hijo de Dios, y a discernir todo lo que Dios ha planeado para mí. ¡Es emocionante! Dios lo ha usado a usted y a su música como instrumentos para hablar sanidad y perdón a mi corazón. El regalo de Dios de esta bendición transmitida por usted es un recordatorio, no solo del maravilloso amor de Dios, sino de la importancia de cuidarnos mutuamente en lo físico, lo emocional y lo espiritual. Entiendo la bendición como el derramamiento del poder y el cuidado de Dios sobre alguien, por lo que, de un hijo de Dios a otro, pido la bendición de Dios sobre usted, su familia, su música y su ministerio.

Fue maravilloso ver a las personas infundidas con un nuevo sentido de la bondad de Dios, y contemplar cómo eso las inspiró para bendecir a otros. Por lo tanto, comencé a pronunciar esa bendición sobre mi público al finalizar cada uno de mis conciertos, y este tipo de respuestas abrumadoras continuaron.

EL VALOR DE UNA BENDICIÓN

Comencé a preguntarme qué significaba para las personas de mi público que orara una bendición sobre ellas. ¿El efecto que provocaba era solo un clímax emocional incitado por el éxtasis que la música puede provocar? ¿O podía llegar a ser algo más profundo y duradero?

No conocía íntimamente a estas personas. No sabía sus necesidades, problemas, valores, o si su relación con Dios tenía la profundidad de un océano o de una piscina inflable. Sin embargo, era evidente que de algún modo esta sencilla oración de bendición tocaba una fibra muy íntima de muchos corazones. ¿Por qué respondían de un modo tan positivo? No hacía nada para conocer sus necesidades de un modo tangible, físico. No solucionaba ninguno de sus problemas. No arreglaba sus matrimonios desechos ni reparaba sus relaciones rotas, no hacía que sus hijos adictos dejaran las drogas ni cancelaba las deudas de sus tarjetas de crédito.

Entonces, ¿cómo los ayudaba mi oración de bendición? ¿Ayudaba? Quizás solo era una frase de ruidosa obviedad a la altura del ejemplo de oración superficial de Santiago: «Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse» (Santiago 2:16). Ese temor acechaba en algún lugar oscuro de mi mente. ¿La oración de bendición hacía algo más que provocar un sentimiento de bienestar momentáneo? La duda que más me inquietaba era esta: ¿hay algún valor real en orar por personas que no conoces, sobre problemas que no puedes ver, y acerca de necesidades que no puedes satisfacer?

Como he reflexionado en ello desde entonces, estoy convencido de que este tipo de oración sí tiene sentido. Tenemos muchos ejemplos bíblicos de personas que oraron por quienes no conocían y por necesidades que no podían ver personalmente. Moisés oró para que Dios pasara «por alto la terquedad de este pueblo, y su maldad y su pecado» (Deuteronomio 9:27). El salmista urgió a Israel a «pedir por la paz de Jerusalén» (Salmo 122:6). El apóstol Pablo oró para que «la gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor imperecedero» (Efesios 6:24). Y urgió a Timoteo a que «se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos» y a orar «por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna» (1 Timoteo 2:1-2).

Así que si mi oración de bendición estaba haciendo algún bien, ¿cuál era ese bien? Las personas que asistieron a mis conciertos habían absorbido esta oración como esponjas secas, y estoy convencido de que esto expone una profunda necesidad de los cristianos de hoy en día que no está siendo atendida. Algo falta en su camino de fe ... algo vital. Y las respuestas a mis oraciones me han dado una pista de lo que es.

(Continues...)



Excerpted from Lo que aprendí de una sencilla bendición by Michael W. Smith Thomas Williams Copyright © 2013 by Michael W. Smith and Thomas Williams. Excerpted by permission of ZONDERVAN. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

Michael W. Smith ha ganado varios premios Grammy y Dove, además de haber grabado veintidós álbumes de música cristiana. Muchas de sus canciones han tenido gran éxito en el ambiente cristiano e incluso en la radio secular. Michael también se halla involucrado en numerosas obras de beneficencia en el mundo entero. Fundó Rocketown, una obra de alcance para adolescentes en el centro mismo de Nashville, Tennessee. Ha escrito varios libros que han alcanzado un gran éxito de ventas, como Old Enough to Know y Friends Are Friends Forever. Mike y su esposa Debbie tienen cinco hijos, y residen en Nashville.

Thomas Williams ha escrito catorce libros, entre ellos varios de ficción, tres de ellos con Josh McDowell. Ha ayudado a escribir una docena más a otros autores populares. Habiendo sido el director de arte de Word Publishing, ha diseñado más de dos mil portadas de libros, y es consultor de creatividad de varias editoriales. Thomas y su esposa Faye tienen tres hijas casadas y ocho nietos. Residen en Granbury, Texas, cerca de Fort Worth.

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