Una sencilla melodía habanera (A Simple Habana Melody)

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Corre el año 1947, e Israel Levis - un compositor cubano cuya vida había sido un ensue&o de música, amor y tristeza - regresa a Cuba después de haber sido equivocadamente encarcelado durante la ocupación nazista de Francia.

Cuando Levis regresa a La Habana, su mente vuelve al pasado al recordar su amor no correspondido por la hechizante Rita Valladares, una cantante para quien Levis había escrito su canción más famosa, "Rosas Puras." Esta composición que data de 1928, se ...

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Corre el año 1947, e Israel Levis - un compositor cubano cuya vida había sido un ensue&o de música, amor y tristeza - regresa a Cuba después de haber sido equivocadamente encarcelado durante la ocupación nazista de Francia.

Cuando Levis regresa a La Habana, su mente vuelve al pasado al recordar su amor no correspondido por la hechizante Rita Valladares, una cantante para quien Levis había escrito su canción más famosa, "Rosas Puras." Esta composición que data de 1928, se convirtió en la rumba más célebre del mundo, y cambió para siempre el gusto por la música y el baile.

Una historia de amor por el arte, la familia y patria, Una sencilla melodía habanera es una actuación de virtuosismo por parte de uno de nuestros más importantes escritores.

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Editorial Reviews

Kirkus Reviews
Del autor galardonado con el Premio Pulitzer por Los Reyes del Mambo Tocan Canciones de Amore , nos viene "una obra maestra en historia, música, admiración y tristeza, que ciñe a cabalidad un siglo lleno de grandes dificultades. Fascinante."
Criticas
Hijuelos won the Pulitzer Prize in 1990 for the best-selling Mambo Kings Play Songs of Love (Los reyes del mambo tocan canciones de amor, HarperLibros, 1996). This is the translation of his well-received 2002 novel, loosely based on the life of Moises Simons, the famous Cuban composer who paved the way for the international rumba craze of the 1930s with "El Manisero" ("The Peanut Vendor"). Here, Simons becomes Israel Levis and his song, the romantic "Rosas puras" ("Pure Roses"). A devout Catholic mama's boy, Levis suffers from a Madonna-whore syndrome, frequently visiting bordellos and nurturing a secret passion for Rita Valladares, the singer who inspired his hit song. Like Simons, Levis flees the political terrors of 1930s Cuba for the luxuries of Paris, only to stumble into a far more horrific world. Because of his Sephardic Catalan name and his relationship with a Jewish ballet teacher, the Nazis send him to Buchenwald for two years. Upon his return to Cuba in 1947, the musician writes down the reminiscences that make up this book. Hijuelos's poetic language creates a loving postcard to old times-Levis meets many of the icons of his era, including George Gershwin and Charlie Chaplin-and to a dreamlike and musical Havana, which, much like Rita, he never got to know well enough. This musical evocation seems more successful here than in the acclaimed Mambo Kings. Cuban-native Badu maintains the novel's poetic images and its nostalgia for a time "when the world was good." His easy-flowing, high-quality translation will appeal to readers interested in old popular music (not only Cuban) and in WWII Europe. Recommended for bookstores, libraries, and book clubs.
—Dolores M. Koch, NewYork City Copyright 2003 Reed Business Information.
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Product Details

  • ISBN-13: 9780060543532
  • Publisher: HarperCollins Publishers
  • Publication date: 6/17/2003
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 368
  • Product dimensions: 5.31 (w) x 8.00 (h) x 0.92 (d)

Meet the Author

Oscar Hijuelos was born of Cuban parentage in New York City in 1951. He is a recipient of the Rome Prize, the Pulitzer Prize, and grants from the National Endowment for the Arts and the Guggenheim Foundation, among others. His five previous novels have been translated into twenty-five languages.

Oscar Hijuelos nació de padres cubanos en Nueva York en 1951. Sus otras novelas incluyen Mr. Ives' Christmas, The Fourteen Sisters of Emilio Montez O'Brien, Our House in the Last World y A Simple Havana Melody (Una Sencilla Melodía Habanera). Vive en Nueva York.

Biography

While reviewers often liken Oscar Hijuelos' dreamy, rich novels to the works of Gabriel García Márquez, Hijuelos himself takes exception to the comparison. These reviewers are "myopic," he told a writer for The New York Times. "I love Yeats and Flann O'Brien."

And the language in Hijuelos' novels is indeed as poetic as the language of his Irish heroes. When The Mambo Kings Play Songs of Love, the story of two Cuban brothers who move to Spanish Harlem in the 1950s to make their mark as singers, appeared in 1990, readers and critics waxed ecstatic about Hijuelos' writing.

Hijuelos, a second-generation Cuban-American who was born in New York City, writes about assimilation and identity, love and loss, and the power -- and pain -- of family life. In Our House in the Last World, Hijuelos' first book, he explores the world of memory and displacement, following the fortunes of a Cuban family transplanted to New York in the 1940s. In The Mambo Kings Play Songs of Love, for which Hijuelos received the Pulitzer Prize, Hijuelos created the Castillo brothers, Nestor and Cesar. Their story was recounted through Cesar's memories and fantasies, as he lived out his last days in a seedy hotel. In researching the book, Hijuelos steeped himself in Latin music from the period and in his own remembrances of his childhood on Manhattan's 118th Street. The result is a highly charged yet tender distillation of past, suffused with a crystalline sense of detail that brings Nabokov to mind.

Hijuelos attributes some of this obsession with memory to his heritage. "Latins are predisposed to thinking about the past," he told the Times. "Catholicism has a lot to do with it because Catholicism is a contemplation of the past, of symbols that are supposed to be eternally present."

With The Fourteen Sisters of Emilio Montez O'Brien (1993), he took his exploration of memory in a different direction, telling the story from the perspectives of several female narrators, and stretching them across several generations. In 1999s Empress of the Splendid Season, he switched perspectives again for the story of a cleaning woman whose life is a stark counterpoint to that of her wealthy employer's. Three years later in A Simple Habana Melody, Hijuelos returned to "when the world was good," in 1920s Havana with a love story told by a Cuban composer whose infatuation inspires him to write the most famous song of his career.

Good To Know

Writers Donald Barthelme and Susan Sontag were among Hijuelos's teachers at City College of the City University of New York.
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    1. Hometown:
      New York, New York
    1. Date of Birth:
      August 24, 1951
    2. Place of Birth:
      New York, New York
    1. Education:
      B.A., City College of the City University of New York, 1975; M.A.,1976

Read an Excerpt

Capitulo Uno

A principios del año 1947, cuando Israel Levis, el compositor de "Rosas Puras," la más célebre de todas las rumbas, regresó de Europa a La Habana, Cuba, en el vapor Fortuna, sus viejas amistades que no lo habían visto en más de diez años se asustaron cuando vieron su aspecto. Aún no había cumplido los sesenta, pero ya estaba blanco en canas y se había dejado crecer una barba despeinada, por lo que parecía un guajiro triste, o al pintor Matisse durante sus últimos años de vida. Ya que veía al mundo a través de las distorsiones que producían sus espejuelos de lentes gruesos y de armazón de alambre, la mirada le lucía perdida, como si estuviera bajo el agua. Además, se veía demacrado, quizá demasiado débil, y con una expresión de agobio en la cara. En todo caso, no fue fácil reconocerlo. Todo parecía una broma, puesto que en sus buenos tiempos en La Habana de los años 1920 y del principio de los treinta, había sido bastante alto de estatura, ancho de espaldas y tan corpulento que cuando andaba por las aceras estrechas de La Habana—para ir al conservatorio de música o al teatro Albizutenía que ceder el paso con la espalda pegada firmemente a la pared, o se tenía que meter dentro de un portal para dejar pasar a las señoras con sus sombrillas y carteras bordadas de cuentas. Tan ancha era su cintura e imponente su físico que con su bigote de estilo muy personal les recordaba a sus amistades al humorista del cine mudo Oliver Hardy, "El Gordo" (de "El Gordo y El Flaco"), apelativo que se había vuelto uno de sus apodos bien intencionados, y que con su buen carácter y muy buena fama—cuando visitaba los bares, restaurantes y salas de concierto capitalinos—siempre aceptó con calma.

Cuando Israel Levis pasó más allá del Castillo del Morro y su faro, al navegar su barco hacia los muros de La Punta y los esplendores de La Habana -- con sus fachadas neoclásicas tan regias como las de Cartagena de Indias -- ya había pasado por algunas transformaciones, debido a que los acontecimientos de su pasado reciente no concordaban con las comodidades y los placeres que su vida burguesa en París y su fama como compositor y director de orquestas le habían facilitado, y a los cuales estaba acostumbrado. Con hombros encorvados y la espalda doblada, parecía que se había encogido a la mitad de su tamaño original y adelgazado tanto durante la guerra que ahora flotaba por dentro de los espacios de sus viejos trajes de hilo. De hecho, él, cuya opinión de lo que era una dieta era privarse de una segunda porción de natilla o de una torta de fresas después de una fuerte cena de cinco platos en el Ritz de París, ahora estaba tan o más flaco que Stan Laurel, el acompañante torpe de "El Gordo"; y, si se atrasara el reloj a su época dorada, y si los eventos de sus últimos años no hubieran sido tan trágicos ni le hubieran desconcertado tanto el alma, lo habrían llamado "El Flaco."

Nunca fue un hombre bien parecido, incluso ni en su mejor época; nunca tuvo el buen tipo de español que tuvo Fernando, su hermano mayor. Al contrario, sabía que su encanto era el producto de su conducta galante, de su afabilidad y de la atención que les prestaba a los demás al mirarlos fijamente en los ojos, salvo cuando se sentía cegado -- o indignado -- por la más bella de todas las mujeres o el hombre más extraordinariamente atractivo. En esas ocasiones sentía en el corazón una mezcla de envidia y admiración por aquellos hijos e hijas de la vida quienes ambulaban por el mundo con aires de grandeza y poco esfuerzo, y que eran la encarnación de las mismas cualidades de belleza a que siempre había aspirado por medio de su música. Algunas de estas mujeres eran como zarabandas maravillosas de ojos oscuros e intensos, tan misteriosos como los tonos más penetrantes de un aria operística. Las otras, más dispuestas a la lujuria—aquellas mujeres baratas que tantas veces disfrutó en su juventud—eran como las alegres rumbas y los giros desenfrenados del charleston. ¿Y los hombres? Algunos eran tan elegantes como el tango o se movían por la vida de manera segura y caprichosa como una habanera, mientras él, laborioso, incómodo, y siempre cauteloso, había sido siempre el equivalente de un vals o de un sencillo paso del cuadradito. Por muchos años supo que esto era cierto al llevar la mayor parte de su gracia por dentro. Cuando era joven pasó numerosas horas criticándose a sí mismo, queriendo cambiarse esto u otro de la cara u otra parte de su cuerpo, como si no fuera suficiente atraer a los demás por la fuerza de su timidez y un carácter que le encantaba a la mayoría de la gente. Ahora pensaba en lo bobo que había sido por haberse gastado tanto tiempo en esas tonterías.

Zarpó del puerto gallego de Vigo la semana anterior, y el barco hizo una escala en las Islas Canarias de una sola mañana de duración para recoger a otros pasajeros. Trajo un solo baúl negro que contenía los efectos personales que pudo rescatar de los últimos años que pasó en París durante la ocupación alemana: las cartas que valoraba -- entre las cuales se encontraba la correspondencia que recibió de Stravinsky y Ravel -- y un legajo grueso de correspondencia recibida de sus viejos amigos compositores en La Habana, como por ejemplo, de Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig, por sólo nombrar a dos. Y por supuesto, también traía la correspondencia que había recibido de su familia en La Habana y en Santiago de Cuba: cartas cuyos significados nostálgicos y valor aumentaron cuando comenzó la etapa de sus problemas. Cabe señalar que entre los tesoros que pudo sacar clandestinamente con amistades que estaban de su parte—entre ellos el bondadoso pero inepto encargado de la embajada española ...

Una Sencilla Melodia Habanera. Copyright © by Oscar Hijuelos. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.
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