Cuatro puntos de vista sobre la Santa Cena [NOOK Book]

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John H. Armstrong is president of ACT 3 in Carol Stream, Illinois and served as a pastor for more than twenty years. He is an adjunct professor of evangelism at Wheaton College Graduate School. His online commentaries regularly appear at www.Act3online.com. He holds degrees from Wheaton College, Wheaton Graduate School, and Luther Rice Seminary. He is the author or editor of a number of books including The Catholic Mystery, Five Great Evangelists, Understanding Four Views on the Lord's Supper, and Understanding ...

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Cuatro puntos de vista sobre la Santa Cena

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John H. Armstrong is president of ACT 3 in Carol Stream, Illinois and served as a pastor for more than twenty years. He is an adjunct professor of evangelism at Wheaton College Graduate School. His online commentaries regularly appear at www.Act3online.com. He holds degrees from Wheaton College, Wheaton Graduate School, and Luther Rice Seminary. He is the author or editor of a number of books including The Catholic Mystery, Five Great Evangelists, Understanding Four Views on the Lord's Supper, and Understanding Four Views on Baptism

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Product Details

  • ISBN-13: 9780829782318
  • Publisher: Vida
  • Publication date: 12/21/2010
  • Language: Spanish
  • Series: Puntos de Vista Serie
  • Sold by: Zondervan Publishing
  • Format: eBook
  • Pages: 208
  • File size: 3 MB

Meet the Author

John H. Armstrong is president of ACT 3 in Carol Stream, Illinois and served as a pastor for more than twenty years. He is an adjunct professor of evangelism at Wheaton College Graduate School. His online commentaries regularly appear at Act3online.com. He holds degrees from Wheaton College, Wheaton Graduate School, and Luther Rice Seminary. He is the author or editor of a number of books including The Catholic Mystery, Five Great Evangelists, Understanding Four Views on the Lord's Supper, and Understanding Four Views on Baptism
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Table of Contents

Contents

Abreviaturas....................7
Introducción: Haced esto en memoria de mí JOHN H. ARMSTRONG....................11
1. EL PUNTO DE VISTA BAUTISTA La presencia de Cristo como recordatorio RUSSELL D. MOORE....................29
Una respuesta reformada I. JOHN HESSELINK....................45
Una respuesta luterana DAVID P. SCAER....................48
Una respuesta católica romana THOMAS A. BAIMA....................53
2. EL PUNTO DE VISTA REFORMADO La presencia real de Cristo I. JOHN HESSELINK....................59
Una respuesta bautista RUSSEL D. MOORE....................72
Una respuesta luterana DAVID P. SCAER....................75
Una respuesta católica romana THOMAS A. BAIMA....................79
3. EL PUNTO DE VISTA LUTERANO Encontrar la palabra correcta DAVID P. SCAER....................87
Una respuesta bautista RUSSELL D. MOORE....................102
Una respuesta reformada I. JOHN HESSELINK....................106
Una respuesta católico romana THOMAS A. BAIMA....................109
4. EL PUNTO DE VISTA CATÓLICO ROMANO La presencia verdadera, real y substancial de Cristo THOMAS A. BAIMA....................119
Una respuesta bautista RUSSELL D. MOORE....................137
Una respuesta reformada I. JOHN HESSELINK....................141
Una repuesta luterana DAVID P. SCAER....................144
Conclusión: Las dos preguntas más importantes JOHN H. ARMSTRONG....................153
Apéndice 1: Declaraciones sobre la Cena del Señor en credos, confesiones y catecismos....................160
Apéndice 2: Citas sobre la Cena del Señor....................179
recursos para estudios ulteriores....................200
Acerca de los colaboradores....................204
Preguntas para discutir y reflexionar....................206
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First Chapter

CUATRO PUNTOS DE VISTA SOBRE LA SANTA CENA

Puntos de Vista Serie

ZONDERVAN

Copyright © 2010 John H. Armstrong
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-5615-9


Introduction

HACED ESTO EN MEMORIA DE MÍ

John H. Armstrong

Desde mis más tempranos recuerdos, mientras crecía en una iglesia cristiana evangélica, pensaba a menudo en la Cena del Señor. Cada semana, en un santuario sencillo y casi sin adornos, estaban frente a mí las palabras del Señor Jesús, grabadas en la mesa debajo del púlpito: «Haced esto en memoria de mí». Esta cena no se celebraba con mucha frecuencia en mi iglesia local, pero cuando se incluía en nuestro culto, ella tenía un fuerte atractivo para mí. Recuerdo que le preguntaba a mis padres: «¿Por qué hacemos esto?» y, «¿Qué significa esto?». (Recuerdo que incluso preguntaba: «¿Por qué hacemos esto con tan poca frecuencia?».) Las respuestas que recibía no eran enteramente satisfactorias. Pero la atracción que sentía por esta celebración crecía paulatinamente con el tiempo. Para muchos de mis amigos la ceremonia parecía sombría, pero para mí era emocionante, un momento lleno de esperanza y gozo. Entendía que ella tenía una importancia vital para mi vida como cristiano, pero no tenía idea por qué. También sabía que quería participar de ella como un cristiano que ama de veras al Señor.

Qué extraño que a nosotros los cristianos se nos tenga que recordar lo que somos a través de una simple y recurrente comida. Hemos sido redimidos por la sangre de nuestro Mesías, Jesús, pero a pesar de eso somos proclives a olvidar su gran acto de sacrificio. Pero nuestro Señor comprende perfectamente bien nuestras debilidades y por eso hace provisión por nosotros, para que vengamos una y otra vez de manera que no nos olvidemos.

Más de cinco décadas después todavía pienso en esta simple y asombrosa comida. ¿Por qué esta ceremonia es tan importante para nosotros los cristianos? ¿Cuál es el encanto de la acción de tomar el pan y el vino para recordar la muerte de Cristo en nuestros nutridos encuentros eclesiásticos? ¿Y por qué esta comida particular se practica todavía por casi todos los cristianos vivos hoy en día cuando los cristianos han discrepado constantemente sobre su significado exacto por casi veinte siglos?

Donald Bridge y David Phypers, en una útil panorámica de la Cena del Señor, describen a un espectador imaginario que observa un canal religioso por televisión. Ve muchas señales, sonidos y formas que proceden de diversos grupos cristianos de todo el mundo. En medio de esta amplia diversidad, toma nota de lo siguiente:

[Ahí] hay una cosa que los diferentes grupos sí tienen curiosamente en común. Todos hacen un uso más bien especial del pan y el vino. El uso que hacen de estos es asombrosamente diferente, pero todos los usan. Si [este espectador] se fija en el programa durante algunas semanas, pronto descubrirá que los cristianos no solo han hecho cosas diferentes con el pan y el vino, sino que se han hecho de forma mutua cosas terribles a causa de ello. Hombres y mujeres han sido encarcelados, azotados, atormentados, torturados, y quemado vivos debido a opiniones que difieren sobre lo que en realidad sucede cuando los cristianos comen pan y beben vino y recuerdan a su Señor.

Todos los cristianos a través del mundo trazan su práctica de la Cena del Señor desde esa noche anterior a la horrible muerte de Jesús en que él compartió una última comida con sus discípulos en un amplio «gran aposento alto» (Lc 22:12, RVR). Durante esa comida Jesús dijo a sus seguidores, primero del pan que les dio: «Este es mi cuerpo» (Mt 26:26), y después, de la copa que también les dio: «Esta mi sangre del pacto» (Mt 26:28). Al hacerlo, Jesús mandó a sus seguidores que debían hacer «esto en memoria de mí» (Lc 22:19). Parecía que deseaba que ellos celebraran esta comida una y otra vez. Así es como el apóstol Pablo comprendió este evento, pues leemos que tanto se deben tomar el pan como la copa «en memoria de mí [Jesús]», tal como Jesús ordenó (1 Co 11:24-25).

A esta comida se le han dado varios nombres apropiados. La más simple expresión ocurre en 1 Corintios 11:20, donde se le llama «la Cena del Señor». En 1 Corintios 10:21 se le llama «la mesa del Señor». En 1 Corintios 10:16 es una koinonia (una «comunión»), o una «participación». La mayoría de los eruditos está de acuerdo en que una alusión a esta misma comida tiene lugar también en Hechos 2:42, donde se hace referencia a ella como «el partimiento del pan». Más tarde la iglesia llamó a esta comida la «Eucaristía», debido a que esta palabra particular expresaba el elemento más característico de la Cena del Señor, o sea, la acción de gracias (Mt 26:27; 1 Co 11:24; cf. la eucharisteõ griega. «dar gracias»). (El término «Misa», que viene de la terminación latina del rito romano, llegó más tarde y se lo tomó de las palabras: «Ve, estás despedido».) Cierto número de alusiones a esta Cena tiene lugar también en el Nuevo Testamento.

Lo principal que hay que notar en todos estos textos es la rica variedad de expresiones para la Cena del Señor, y que todas apuntan a Jesús y su sacrificio. Casi todo cristiano, con independencia de cómo comprende esta Cena, está de acuerdo por lo menos en esto: Cristo la instituyó, y el Nuevo Testamento comanda a sus seguidores a celebrarla. La misma palabra que estaba sobre la mesa en la iglesia de mi infancia decía que debíamos «hacer» esto, no «debatir» esto. Tanto la repetición como el mandato están ubicados en esta única palabra, «hagan». Aun más, la creencia de que todos debemos venir a esta mesa tiene simplemente sus raíces en las instrucciones que el apóstol Pablo le diera a una de las primeras congregaciones cristianas cuando escribió: «Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga» (1 Co 11:26).

Leer estas palabras hace parecer todo muy simple, muy obvio. De seguro que los mandatos de Cristo no son complicados ni onerosos. Pero los más sinceros y fieles cristianos han disentido. Disienten sobre el significado de la Cena así como sobre su importancia. Están en desacuerdo sobre quiénes deben tomarla y cuándo. Y están completamente en desacuerdo sobre lo que sucede a los propios elementos cuando se ora sobre ellos y el pueblo de Dios los toma. Un cuidadoso análisis de los textos bíblicos y de las prácticas de los primeros cristianos revelan que casi toda acción y frase del texto bíblico tiene un «significado vívido y una implicación vibrante».

UNA REMEMBRANZA ORDENADA

«Haced esto en memoria de mí». El mandato de nuestro Señor parece muy simple, como he dicho. Cualquier cristiano sencillo puede cumplir con él si lo desea. Pero la comprensión de lo que estas palabras significan, y cómo debemos obedecerlas, no ha sido tan simple a lo largo de los dos mil años de la historia de la iglesia. Por momentos parecería que la mejor parte de la verdadera sabiduría sería dejar de lado todas las controversias y obedecer el mandato.

Las más tempranas referencias que tenemos de cristianos que recuerdan a Cristo en esta sagrada comida ocurren en el libro de los Hechos. Aquí leemos que ellos «se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles ... en el partimiento del pan y en la oración» (Hch 2:42). Los especialistas bíblicos no tienen dudas de que esta referencia al «partimiento del pan» era una referencia a la Cena del Señor.

En Hechos 20, leemos que los cristianos de Troas se reunían «el primer día de la semana» ... «para partir el pan» (Hch 20:7). Aquí el manifiesto propósito de las reuniones de la iglesia parece haber sido «partir el pan», lo que indica que esta comida era algo central para la asamblea pública de la iglesia. Lucas, el autor humano de estas palabras, es el mismo autor que registró en el tercer evangelio el claro mandato del Señor de celebrar esta comida (Lc 22:19). Esto hace muy obvio que él entiende la reunión de la iglesia para «partir el pan» como el cumplimiento del mandato de Jesús de «haced esto en memoria de mí».

Algunos de los especialistas bíblicos han supuesto que la iglesia primitiva celebraba la Cena del Señor diariamente (Hch 2:46-47). Esto indicaría que la Cena se separó inmediatamente de la Pascua, que solo se celebraba anualmente. Está claro que, tras varias décadas de la era cristiana, parece que los creyentes estaban recibiendo el pan y la copa cada semana, el primer día, que se convirtió en el Día del Señor (cf. Hch 20:7, 11; 1 Co 16:2). Y tanto en 1 Corintios 10 como en 1 Corintios 11, donde Pablo dedica a la Cena el material textual más descriptivo de todo el Nuevo Testamento, hay pocas dudas de que esta celebración del cuerpo y la sangre de Cristo era un evento regular. A pesar de eso, virtualmente todos los especialistas bíblicos concuerdan en que no hay un mandato claro en relación con la frecuencia de la Cena del Señor dentro del Nuevo Testamento. Pablo simplemente dice: «Yo recibí del Señor ...» (1 Co 11:23), lo que significa que había recibido una encomienda de un modo directo del mismo Señor Jesús. De hecho, una manera de leer esta declaración sería: «Yo, yo mismo, Pablo, he recibido del Señor [Jesucristo] eso que ahora les trasmito. (Se concuerda por lo general en que recibido y trasmitido eran términos técnicos utilizados para describir el traspaso de una tradición oral. Dónde Pablo recibió esto no lo sabemos, pero bien podría haber sido tanto en la iglesia de Damasco como en la iglesia de Antioquia.) De manera que creo que de nosotros se requiere que demos gran importancia a esta comida precisamente porque Jesús y sus fieles apóstoles, que laboraron para edificar el único fundamento de la iglesia sobre él, le concedieron gran importancia.

¿Qué es la Cena del Señor?

¿Qué es exactamente la Cena del Señor? Dicho de manera simple: Es una ceremonia sencilla en la cual los creyentes reunidos toman el pan y el vino en un acto sagrado de comunión, remembranza, y acción de gracias. Este acto sagrado está enraizado en las palabras y acciones de Jesús. Justino Mártir, escribiendo en su clásica obra Apología, lo dijo de esta manera: «No recibimos estas cosas como pan o bebida comunes, sino como a Jesucristo, nuestro Salvador, quien se encarnó por virtud del Verbo de Dios para nuestra salvación ...».

No hay dudas acerca de este simple hecho histórico: A través de los siglos esta comida ha sido el acto central y característico de la iglesia en la adoración. Si la iglesia es una comunidad que recuerda a Jesús como Señor, entonces la forma principal en que se ha hecho esto en la adoración pública ha sido a través de esta Cena. Y este recordatorio no está destinado a una reflexión sentimental, sino a un «recuerdo» divinamente invocado del acontecimiento histórico de la vida y la obra de Cristo, en particular de su pasión, resurrección, y ascensión.

Los orígenes de la Cena del Señor

La mayoría de los especialistas concuerdan en que la Cena del Señor tiene sus raíces en la celebración de la Pascua judía. La comida de Pascua consistía en cordero, hierbas amargas, y pan sin levadura. Esta fue instituida para celebrar y conmemorar la liberación de los israelitas por Dios de la esclavitud en Egipto. La historia se cuenta en Éxodo 28. La comida se celebraba como una acción de gracias por los dones del alimento, compañerismo, y libertad. Cuando los niños israelitas preguntaran más tarde a sus padres: «¿Qué significa para ustedes esta ceremonia?» (Éx 12:26), los padres debían remitirlos a estos grandes acontecimientos.

Cuando Jesús instituyó la comida que llamamos la Cena del Señor, esta no era una comida de Pascua la que él celebraba, sino más bien una ceremonia enteramente nueva dentro del contexto de la Pascua. Esta no se celebraba cada año, como la Pascua, y comprendía solo dos elementos simples: pan y vino. Y aunque Jesús es «el Cordero de Dios», que se sacrifica a sí mismo por nuestros pecados (Jn 1:29), en la Cena del Señor no participaba un cordero de Pascua en sentido literal, como en la Pascua. En importante notar la diferencia entre las dos comidas, pero los paralelos también merecen importante consideración:

Durante la comida de Pascua, a alguien, generalmente al hijo más joven, se le designaba para hacer la pregunta: «¿Por qué esta noche es diferente de las otras noches?». En este punto el anfitrión contaría de nuevo la historia de la liberación de Israel de Egipto y el significado de los distintos elementos de la comida. Como anfitrión de la Última Cena, Jesús ha vuelto a contar la historia. Más adelante, los paralelos entre la Pascua y la Última Cena que Jesús establecía serían bien evidentes.

UNA REMEMBRANZA VISIBLE

Aunque a veces lo olvidamos, esta comida no es una ceremonia privada. Es una celebración eclesiástica en la cual los creyentes recuerdan a su Señor juntos de una manera visible. En esta comida familiar colectiva celebramos el sacrificio de Cristo por nuestros pecados.

Durante muchos siglos la celebración de esta comida eclesiástica se hizo más y más elaborada. Las razones serán exploradas, hasta cierto punto, en los capítulos que siguen. Parte de la razón por la que los cristianos difieren sobre el significado de la comida está vinculada a la manera en que ellos deciden celebrarla. Pero nunca debe perderse de vista en nuestros desacuerdos esto: que la Cena del Señor hace énfasis en la participación de toda la congregación en la comida. La norma se establece con claridad en Marcos 14:23, donde leemos: «Después tomó una copa, dio gracias y se la dio a ellos, y todos bebieron de ella». Esta es una comunión que expresa la unidad de la familia de Dios y por esta razón anticipa el fin de esta era, la unidad final y completa de todos los cristianos y su Señor.

Pero ¿qué significa realmente esta remembranza para nosotros como cristianos? Sugiero que estén a la vista claramente por lo menos tres cosas.

1. Conmemoración

Como Jesús nos instruyó a celebrar siempre esta comida «en memoria de mí» (1 Co 11:24), la Cena del Señor nos debe recordar siempre la última comida que Jesús celebro con sus discípulos antes de morir en la cruz. Cuando estos textos se leen y comprenden en su contexto redentor, las palabras del Señor tienen un poderoso significado. Están simplemente destinadas a traer a las mentes de los discípulos, y las nuestras también, todos los eventos de su increíble vida, sus sufrimientos e ignominiosa muerte, y su gloriosa y victoriosa resurrección. De ese modo, por medio de esta comida, ahora reconocemos, observamos, y recordamos su vida y su muerte por nosotros.

2. Renovación

Con tanta certeza como conmemoramos y recordamos el sacrificio de Cristo por nuestra salvación, también renovamos nuestra fe y nos consagramos de nuevo a él cuando venimos a esta mesa (cf. Ro 12:12). La Cena del Señor enriquece nuestras vidas cristianas a través de nuestro encuentro con Cristo en este señalado lugar. Aquí recibimos otra vez su gracia, y aquí él nos revela que le pertenecemos a través de una unión mística. Esto nos inspira a ser seguidores dedicados del Salvador. Cada uno de nosotros tiene la obligación de amar y servir al Salvador y ministrarnos unos a otros. Reunidos en torno a esta mesa, recibimos la capacidad de amar a Dios y a nuestros prójimos. Habiendo recibido estas muestras de amor, en el pan y el vino se nos dan los dones que nos capacitan para servir. Se renueva nuestra fe.

3. Acción de gracias

En Marcos 14:23 se lee: «Después tomó [Jesús] una copa, dio gracias y se la dio a ellos [los discípulos]». Note con cuidado que le dio a ellos la copa después de haber dado gracias. Así vemos un motivo obvio por el cual la iglesia siempre ha visto, como un elemento central de la Cena del Señor, la idea de la acción de gracias. De ese modo la palabra Eucaristía, que viene del griego eucharisteõ, y que significa «dar gracias», ha estado siempre asociada con la Cena del Señor por una razón muy buena. Es aquí donde damos gracias y alabamos a Dios a través de nuestra oración. Es aquí que agradecemos a Dios por crearnos, por hacernos a imagen de Dios, por ser un Dios bueno y fiel, por perdonar nuestros pecados a causa de Cristo, y por darnos un futuro y una esperanza que se revelará del todo en el reino de Cristo, tanto ahora como en la era por venir.

(Continues...)



Excerpted from CUATRO PUNTOS DE VISTA SOBRE LA SANTA CENA Copyright © 2010 by John H. Armstrong. Excerpted by permission.
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